miércoles, 21 de enero de 2009

APRISMO Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN


APRISMO Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

En el Perú del siglo XX, muchos militantes y líderes del histórico Partido del Pueblo fueron privados del derecho a la libertad de sufragio (elegir y ser elegido), a las libertades de opinión, expresión y difusión de su filosofía, ideología y doctrina, y a la publicación de su periódico “La Tribuna”. Pero también fueron expulsados del país, encarcelados, perseguidos y fusilados.

El joven revolucionario, Haya de la Torre, al responder al dictador Augusto B. Leguía dijo: “Yo creo en la libertad. Nadie me convencerá de que la dictadura es un buen gobierno”. Posteriormente, en su mensaje a los obreros de El Callao, puntualizó que “Toda dictadura de hombre o de clase es una negación de la libertad, y el designio del hombre es ser libre”.

La derecha conservadora y la zurda totalitaria, por mucho tiempo, usaron medios violentos contra los apristas para acallar sus voces de protesta o silenciar sus propuestas, en el vano intento de “dar muerte al Apra”. Manuel Seoane, nos recuerda que “Nuestro movimiento avanzó, cayendo y levantándose, como una pasión por el camino de la libertad y la justicia, y largo tiempo incluso vivimos en la cruz” (En “Obras Apristas”).

Pero los apristas, conscientes de su gran misión y responsabilidad histórica, respondieron con la fuerza de la razón, utilizando los medios legales que le daba la Constitución y las leyes de la República. Defendieron su derecho a la libertad,-derecho consubstancial a toda naturaleza humana y política-, manteniendo vigente sus lemas “El Apra nunca muere” y “A más censura y represión, más aprismo”.

El APRA, como partido moderno antimperialista, de izquierda democrática y policlasista, sólo ha pedido y pide libertad de sufragio para preguntar al electorado si su programa, su ideología o sus principios cuentan o no con el apoyo nacional; ha demandado y exige libertad de organización para poner en funcionamiento sus comités políticos en todo el país y la Universidad Popular González Prada, para transitar por el territorio nacional recogiendo las inquietudes, preocupaciones, necesidades, aspiraciones y problemas de los pueblos.

Desde sus años aurorales, el Aprismo defendió la libertad para fundar medios que permitieran desarrollar su acción y capacitación política; libertad para que los líderes desterrados vuelvan a la patria y continúen sus jornadas revolucionarias.




Víctor Raúl Haya de la Torre, escribió en “Pensamientos de crítica, polémica y acción”, que estas libertades las pedía no sólo para los apristas: “Queremos que todos los ciudadanos del país puedan ejercerlas, salvo los que estén condenados por los jueces. Consecuentemente reclamamos el efectivo restablecimiento de los derechos humanos individuales, no como gracia sino como justicia, sin privilegios para nadie”.

“Nosotros– afirmó Haya- no creemos que somos poseedores de la verdad absoluta, pero estamos listos a discutir en el terreno de los principios con los hombres y grupos que nos oponen. Justamente es lo que pedimos: discusión libre de los problemas nacionales ante la Nación misma…”

Para los apristas, los principios de la libertad democrática garantizan el derecho de cada cual, limitado por el derecho de los demás, y la soberanía de cada Nación, limitada por la soberanía de las otras. En una democracia la libertad sólo debe estar limitada por la justicia y el interés del país.

“Robar el dinero de una nación y robarle sus derechos, - según Haya de la Torre- , son crímenes que exigen sanción severísima. Los derechos ciudadanos son el tesoro moral de una Nación; el dinero Fiscal, su tesoro material. Los ladrones de uno u otro deben ser castigados igualmente”

Lima, 21 de enero de 2009.