sábado, 14 de febrero de 2009

HAYA DE LA TORRE: UNA VIDA AL SERVICIO DEL PUEBLO


HAYA DE LA TORRE: UNA VIDA AL SERVICIO DEL PUEBLO

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete



En la parafernalia aprista, el Día de la Fraternidad quedó establecido el 22 de Febrero de 1946, cuando Manuel Seoane, en un emotivo discurso pronunciado en el Estadio Nacional de Lima, le dice a Haya de la Torre que le traía un recado que viene del corazón del pueblo y que “ El pueblo aprista esta vez sin consulta ni congreso, por mandato imperativo de abajo hacia arriba, ha resuelto consagrar que de hoy en adelante y hasta cuando seamos polvo en viaje a las estrellas, el día 22 de febrero como el Día Aprista de la Fraternidad”.
En esta fecha histórica los apristas recuerdan a Víctor Raúl Haya de la Torre, en su vida, pensamiento y obra , como el máximo líder y fundador del aprismo, a la vez que le renuevan lealtad a su filosofía y doctrina en aras de la emancipación económica, espiritual y mental del pueblo peruano e indoamericano.

1931: DISCURSO PARA LA HISTORIA

El 15 de agosto de 1931 el pueblo de Lima recibió multitudinariamente a Víctor Raúl, joven trajeado con chaqueta de cuero, la cabeza descubierta, en alto la mano izquierda, trayendo como dijo el poeta, “la nueva aurora”.

Más de cien mil ciudadanos lo acompañaron entre vítores y cantos, con ramas de palma en las manos, agitando pañuelos blancos y entonando a pie firme las sagradas notas del Himno Nacional.

Desde un balcón de la Plaza San Martín, el joven revolucionario Víctor Raúl Haya de la Torre, expresó: “En el ejército civil que es el Aprismo, vengo como soldado dispuesto a marchar al frente y a llegar al sacrificio que se me pida. Ni venganza ni amenaza están escritas en las banderas del Aprismo: sólo queremos y realizaremos justicia…”

Explicó que el Estado antimperialista será un “Estado técnico, Estado de participación de todos aquellos que en una forma y otra contribuyan con su trabajo a la formación de la riqueza nacional”.

1934 Y 1946: EL JUBILEO APRISTA

En los años de 1934 y 1946, como ningún otro partido político, la dirigencia nacional acordó liberar a todos sus militantes de la responsabilidad y la promesa de ser miembros del Partido Aprista Peruano, en una especie de jubileo.

En 1934 declararon disuelto el partido aprista y las filas volvieron voluntariamente a engrosarse por nueva afiliación. Y en 1946 repitieron la disolución y todos se reincorporaron decididos a seguir formando parte del Partido del Pueblo con mayor fe, unión, disciplina y acción.

HAYA: CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

El primer domingo de septiembre de 1931, Haya de la Torre compite a la presidencia de la República con el Comandante Luis Sánchez Cerro, quien había depuesto a Leguía, perdiendo la elección debido a problemas en el cómputo y a la falta de garantías en las mesas de sufragio.

En 1962 volvió a postular a la presidencia y un golpe de Estado anuló las elecciones en la que Haya de la Torre había resultado ser el vencedor. El Ejército y la oligarquía plutocrática le arrebataron nuevamente la victoria.

QUE CADA UNO VOTE SEGÚN SU CONCIENCIA

Con Haya la Torre, el aprismo siempre levantó la bandera de la convivencia pacífica y la fraternidad con todos los peruanos, propugnó nuevas formas de convivir y de coexistir sin dictadores ni tiranos y convocó a la ciudadanía a cerrar filas contra el imperialismo, enemigo común de los pueblos indoamericanos.

Cuando los dictadores de turno censuraban a los candidatos del Apra por temor a ser vencidos, Haya de la Torre y los dirigentes apristas pudieron darse el gusto y el lujo de decir a sus militantes, antes de una elección que “cada uno vote según su conciencia”.

1946: OTROS PARTIDOS Y MEJOR DEMOCRACIA

Desde la Plaza de Toros de Lima, en 1946, Haya clamó la necesidad de que existiera mejor democracia sostenida con partidos políticos bien organizados, con libertad de criterio y derecho a la oposición: “¡Necesitamos otros partidos! No queremos ser solos. No se nos tache de partido único por el hecho de que los otros no saben organizarse. Es necesario que se organicen”.

1978: PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

El 18 de junio de 1978, Víctor Raúl fue elegido Presidente de la Asamblea Constituyente del Perú, con más de un millón de votos. Y a los 84 años de edad, el 28 de julio de 1978 es ungido Presidente por larga mayoría, llegando a ocupar un cargo oficial por primera vez en su vida, recibiendo como emolumento y a su solicitud la simbólica suma de un sol mensual.

Haya no fue jamás dignatario público, ni concejal ni diputado ni senador ni ministro, pero fue uno de los más importantes líderes políticos y de mayor influencia en América Latina durante el siglo XX.

CONDECORACIONES RECIBIDAS

El 31 de agosto de 1977 recibió la condecoración de la Orden Francisco de Miranda, en su Primera Clase, de manos del presidente de la República Carlos Andrés Pérez.

Haya agradeció la condecoración con estas palabras: “Señor Presidente: es para mí un gran honor recibir de sus manos esta condecoración, la primera y única que he recibido en mi vida. Me propongo hoy más que nunca seguir la obra de Miranda como un humilde y devoto cumplidor de su consigna histórica…Seguiremos manteniendo la consigna histórica que él nos dio: Unir a nuestros pueblos que en la dimensión de su grandeza, pueden llegar a ser la primera nación del mundo”.

Poco antes de su muerte, Haya de la Torre recibe la más alta condecoración que se otorga en el país, “El Sol del Perú”, de manos del presidente Francisco Morales Bermúdez.

EL QUE DIVIDE, ENEMIGO ES…

Y en este persistente esfuerzo, decía Víctor Raúl: “Nada ha podido dividirnos, ni la intriga de dentro ni la de fuera. Nuestras clases trabajadoras, conscientes del peligro cercano y revolucionarios realistas han desechado todo divisionismo. Saben que el que divide, enemigo es... Estamos todos juntos. Formamos la falange revolucionaria que nada ni nadie va a destruir”.

UNA VIDA AL SERVICIO DEL PUEBLO

Haya de la Torre, por más de sesenta años, sin prisa y sin pausa, demostró su heroísmo en la adversidad, en tenaz lucha con la muerte como “experto doctorado en adversidades”.

Desbordó entusiasmo en el trabajo por los que menos tienen, dentro de un ambiente de convivencia constructiva, despreciando el dinero y el bienestar material y legando el ejemplo de su honestidad pública y privada.

Al final de la jornada extendió sus manos limpias a la historia, cual vencedor gigante cubierto con el manto de valores éticos.

Logró calar hondo en la conciencia del pueblo, por la conquista de las 8 horas de trabajo diario y de los derechos humanos; por la gratuidad de la enseñanza; por impulsar la revolución integral y la justicia social; por la creación de becas para estudiantes pobres; por fundar las Universidades Populares González Prada; por promover la unidad política y económica de los países de América Latina; por forjar y crear una doctrina de cambio social realista y flexible dentro de un Estado descentralista y regionalizado; por la organización y conducción de un Partido policlasista, disciplinado y bien organizado, emancipado de toda imitación europea y que agrupe a todas las fuerzas seccionadas, pero a la vez que proteste también efectúe propuestas para la gran transformación para que los peruanos tengamos el derecho a una vida digna, libre y justa.