jueves, 12 de febrero de 2009

HAYA Y LA FRATERNIDAD



HAYA Y LA FRATERNIDAD

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete




Como todos los años, los apristas celebran el Día de la Fraternidad, en conmemoración al nacimiento de Víctor Raúl Haya de la Torre, jefe y fundador del APRA.

Haya nació el 22 de febrero de 1895 en Trujillo y murió el 2 de agosto de 1979 en la ciudad de Lima.

“Cuando nació Víctor Raúl Haya de la Torre, su hogar, igual que el Perú era escenario de una ardiente guerra civil. Mientras afuera combatían sin cuartel Caceristas y Pierolistas, el Ejército y el Pueblo, en aquella casa discutían hasta el paroxismo los Cárdenas, los hayas, los De la Torre y los González Orbegozo, en airadas contiendas familiares”, refiere Luís Alberto Sánchez en su obra “Haya de la Torre y el APRA”.

Desde su juventud Haya de la Torre empieza por recorrer el territorio peruano de Norte a Sur, y de Oeste a Este, llevando el mensaje de reforma social y de lucha contra los males, problemas y vicios de la sociedad: el imperialismo, la oligarquía, el extremismo ideológico, el analfabetismo, la amenaza o el abuso de los dictadores y la antipatria.

Haya de la Torre es el espíritu creador, de inmensa capacidad para irradiar su pensamiento; gran patriarca de las luchas democráticas sin desfallecimientos ni claudicaciones; predicador de la América indígena y autónoma, sin déspotas criollos ni tutores extranjeros; agitador de las conciencias juveniles hacia la justicia y padre de la democracia latinoamericana. Haya se definió a sí mismo como un “Ciudadano indoamericano”.

El I Congreso de Estudiantes Latinoamericanos, celebrado en Santiago de Chile el 8 de octubre de 1937, reconoció y nominó a Haya de la Torre como “Maestro de la Juventud y Ciudadano de América”.

La convocatoria a la fraternidad fue planteado por Víctor Raúl: “Quiero decirles a todos los peruanos que al fundar nuestro Gran Partido nosotros dijimos que abríamos los brazos a todos los ciudadanos que quisieran cooperar con nosotros en el esfuerzo unánime de transformar al país; yo quiero decirles que nuestro llamamiento está en pie; y que nosotros mantenemos nuestra voz de fraternidad y que esa fraternidad no excluye la discrepancia o la disidencia; pero sí rechaza y recusa el odio y el golpe proditor y el juego sucio en la política” (Obras completas, Tomo 5).

Decía, además: “Puesto que si los pueblos más distanciados, más enconadamente enemigos se reconcilian y se abrazan ¿por qué entre peruanos no nos vamos a tender las manos? ¿Por qué hemos de seguir alimentando odios, exaltando rencores, desangrándonos, en esta lucha sin perdón y explotándola para beneficio de egoísmos, de candidaturas o de subalternas aspiraciones? (Op.cit.).

El 23 de agosto de 1931, por vez primera Haya de la Torre expone los lineamientos del “Programa Mínimo” del PAP y analiza la situación económica y social del país, poniendo los ojos en los problemas con sentido realista y constructivo, en un mensaje de insurrección constructiva y creadora que proclamó la democracia funcional de izquierda “basada en las categorías del trabajo”, aspirando a que todos los peruanos tengan derecho a la vida, a la seguridad, al trabajo, a la educación, al bienestar y al futuro, sin excluir a nadie que esté listo al servicio sacrificado y altruista del país.

En el Día de la Fraternidad los apristas recuerdan las palabras de su máximo líder, Haya de la Torre, quien tratando de significar que los improvisados confinan con los aventureros y por tanto no tienen derecho a formar parte de un gobierno científico manifestó: “Nosotros sostuvimos que la política es una ciencia, una tecnología, es un conocimiento que requiere hombres capacitados, preparados para su ejercicio; de expertos y especialistas; de ciudadanos que realmente tengan el autorizado título y la verdadera aptitud de dirigentes del Estado” (20/02/1971).

Haya de la Torre fue deportado del país el 9 de octubre de 1923, por el gobierno de Leguía; arrestado el 6 de mayo de 1932 en un suburbio de Lima y permaneció incomunicado hasta el 30 de abril de 1933, durante el gobierno de Sánchez Cerro; durante la etapa de la Gran Clandestinidad, entre noviembre de 1934 y mayo de 1954, sufrió persecución por los gobiernos de Benavides, Prado y Odría.

Como ningún otro político peruano e indoamericano del siglo XX, Haya soportó heroicamente las adversidades, las calumnias y los exilios; supo perdonar a sus adversarios en todo tiempo y lugar; y, defendió la Constitución política y los derechos humanos.

“El APRA es como el amor serrano, mientras más lo golpean más lo quieren los peruanos”, decía “El Cachorro”, Manuel Seoane Corrales, el 22 de febrero de 1963.