miércoles, 11 de marzo de 2009

EL HOMBRE ES UN SER SOCIAL

EL HOMBRE ES UN SER SOCIAL
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


El hombre, en su proceso evolutivo, ha pasado por tres etapas o fases: estado de naturaleza, estado salvaje y estado social. Y sólo al volverse sociable se convierte en ser moral, animal razonable, rey de los demás animales e imagen de Dios en la tierra (Rousseau, El Contrato Social y Emilio). O las palabras de Natorp: «El hombre no llega a ser hombre sino gracias a la comunidad humana», en el sentido que el hombre llega a ser hombre sólo en contacto con otros hombres dentro de una determinada comunidad.
El hombre tiene que vivir rodeado de sus semejantes, de sus familiares, de sus vecinos, hasta llegar a participar en las diferentes instituciones de la sociedad. La mayoría de las acciones que realiza lo hace en relación con otros hombres para asegurar y garantizar el éxito esperado y mayores posibilidades de supervivencia y convivencia armoniosa y productiva.
En virtud de su condición de sociabilidad es posible que el hombre canalice sus impulsos, desarrolle sus fenómenos psíquicos o anímicos, forjar y modelar su personalidad, satisfacer sus necesidades y alcanzar su humanidad propiamente dicho.
«La familia, la escuela y el trabajo son los espacios que van a dar al hombre la oportunidad de aprender a vivir en sociedad» puntualiza Regina Tagliabue Ganoza en su obra «Psicología».
El hombre es un producto de su sociedad y su cultura. «Al nacer el ser humano – refiere Ely Chinoy en una de sus más acariciadas obras Introducción a la sociología- posee un capital físico más o menos señalado que incluye la potencialidad de crecimiento y maduración; posee necesidades tanto psíquicas como fisiológicas y una capacidad de aprender cuya amplitud es un rasgo característico del organismo humano. Pero los rasgos genéticos y las actitudes individuales se desarrollan y vuelven significativas sólo a través de la experiencia en un medio social y cultural. El ser humano es enormemente plástico; posee muy pocas pautas heredadas, fijas, de conducta... Los individuos adquieren su personalidad a través de la interacción social; se convierten en personas en lugar de meros organismos biológicos, como miembros de grupos sociales. Hasta la noción del yo, la conciencia individual de su identidad, tanto personal como social, surge de la experiencia social...Ningún individuo escapa durante su vida a la influencia de la cultura y de la sociedad...»

El hombre es un ser simbólico

El concepto de hombre como ser simbólico es propuesto por el filósofo neokantiano alemán Ernest Cassirer (1874-1945), en sus obras Antropología Filosófica y Filosofía de las Formas Simbólicas. Cassirer escoge la definición funcional del hombre, es decir lo que el hombre hizo a lo largo de la historia.
Y según Cassirer, el hombre es un «animal simbólico», esto es: un ser que no vive, como el animal, en un puro universo físico, sino que construye un universo simbólico formado por el mito, el arte, la religión y todos los demás productos culturales. En el hombre, el elemento que caracteriza el lenguaje son los signos que tienen una referencia objetiva o un sentido. En el animal hay un lenguaje de tipo emotivo. En el hombre el lenguaje es de tipo proposiciones, y aquí radica la diferencia sustancial entre el hombre y el animal.
«La característica sobresaliente y definitiva del hombre no es una naturaleza metafísica o física sino su obra», afirma Cassirer. El mundo simbólico es la cultura, que es obra creativa del hombre. La cultura es un producto del hombre, algo que el hombre hace o puede no hacer.