domingo, 22 de marzo de 2009

EL PERIODISTA Y LA VERDAD INFORMATIVA


EL PERIODISTA Y LA VERDAD INFORMATIVA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

En nuestra vida diaria nada raro resulta escuchar expresiones como estas: «no se puede creer en lo que dicen los periodistas», «los periodistas jamás dicen la verdad», «los periódicos mienten» y cosas por el estilo.
Expresiones como las mencionadas no le hacen nada bien al periodismo como carrera, como profesión universitaria. El pueblo debe saber que un buen periodista es un señor profesional de la información y la comunicación que comporta una conducta ética respetable, admirable y digna de émulo.
La preocupación por los intereses de la comunidad no deben hacer que en un periódico o medio de comunicación se distorsione y falsee los hechos.
Servir a la verdad y a los intereses colectivos es misión principal de todo buen periodista, a fin de que la población pueda tomar decisiones acertadas y oportunas en bien del desarrollo y progreso de su país.
Los medios de comunicación son portadores del análisis y la difusión de la información que se genera en la sociedad. El pueblo tiene derecho a saber la verdad. Estas responsabilidades conllevan obligaciones que exigen a los periodistas desempeñarse con inteligencia, con espíritu de igualdad y justicia, exactitud y objetividad, con más cerebro y menos sentimiento. Los periodistas deberán practicar la libertad con responsabilidad social, ética y jurídica, en su sagrada función profesional de recopilar información, emitir sus comentarios y críticas, indagar y cuestionar acciones y pronunciamientos de las instituciones, empresas, autoridades del gobierno y de la población.
Los hombres de prensa están libres de obligaciones hacia cualquier interés que no sea el derecho del pueblo a saber la verdad. La verdad es su meta suprema. Por eso es que no le falta razón a Joseph Folliet cuando afirma: «El verdadero periodista es el caballero de la verdad»., es decir, el que indaga, descubre, porta y difunde la Buena Nueva, la verdad de las cosas y de los hechos de la sociedad contemporánea..
Desantes, llegó a decir que «...Si se tiene derecho a la información y la verdad es un elemento constitutivo de la información, se tiene derecho a la verdad informativa».
La mayoría de los profesionales de la información concuerdan en considerar a la verdad y la objetividad como requisitos que debe tener la información para gozar de la tutela jurídica.
El periodista jamás debe mentir, por el contrario siempre debe decir toda la verdad y nada más que la verdad, la verdad poliédrica e íntegra, la verdad verdadera.
J. Folliet, en su obra «Tú serás periodista», manifiesta que «Cuando creas tener una verdad, tu deber profesional es decirla, cueste lo que cueste, a menos que la justicia o la caridad evidentemente te lo prohiban. «No es bueno decir toda verdad», esta máxima no gobierna nuestra profesión ». Y agrega: «Para nosotros, toda verdad es, en principio, buena para decir, desde el momento en que es verdad porque el público tiene necesidad de verdad...»
El periodismo es una sagrada profesión de servicio social, cuyo público invoca, reclama y exige del periodista veracidad en la información, en el comentario, en la crítica y en la página editorial de un medio.
El deber de informar que tiene el periodista conlleva el derecho del público a exigir asimismo la verdad completa, no las medias verdades. El periodista para cumplir su función profesional está obligado a ceñirse estrictamente a los hechos, a expresar con buena fe sus opiniones y comentarios críticos.
Su deber moral es examinar, en la medida de lo posible y antes de difundirlas, la exactitud de las informaciones, sin prejuicios ni intereses creados.
Por desgracia, no es demasiado difícil encontrarse con llamativos ejemplos de cómo la verdad es despreciada por algunos «informadores». I
Francisco Iglesias, en su "Guía de los estudios universitarios. Ciencias de la Información" (España, 1984:158 y 159), nos recuerda que las historias del Periodismo suelen aludir a casos bien elocuentes, como es el referido al famoso magnate de la prensa americana de finales de siglo, Mr. Hearst. Este había enviado a Cuba un dibujante, Remilton, con el encargo de que le remitiese trabajos sensacionales sobre la presumible situación de guerra en aquel país. Nada más al llegar a La Habana, Remilton telegrafió al periódico: «Todo tranquilo. No hay aquí desórdenes. No habrá guerra. Quiero volver». A lo que contestó Mr. Hearst: «Quédese. Usted suministra los dibujos y yo suministraré la guerra».
El periodista que miente a sabiendas, el que hace afirmaciones conscientemente mentirosas, el periodista que inventa o fabrica noticias o informaciones, que por ganar primicia deforma la realidad de los hechos, que no espere alcanzar credibilidad, buena imagen, respeto y confianza de su público.
El periodista que miente deja de ser periodista, pues al mentir no se informa sino que se deforma y la misión del periodista es informar y no deformar. El periodista mentiroso es un profesional de mala fe e indigno de llevar la denominación hermosa y elevada de periodista. El periodista mentiroso queda expuesto a la burla, a la denuncia, a la censura y a la condena por atentar contra la verdad de las cosas, el buen nombre y el prestigio de las personas, autoridades e instituciones.
Este tipo de "periodista", así entre comillas, es la persona que deshonra a la profesión, es el que le resta importancia, fuerza y poder a su rol sagrado en la sociedad; es el individuo que se ha equivocado de profesión y que por un simple plato de lentejas se vende al mejor postor para ganar efímeras y minúsculas amistades en un pedacito de universo donde le dan la mano los integrantes de la prensa amarilla, los grupos de poder económico y político , los grupos de presión y los progenitores de los bajos fondos.
El periodista mentiroso, fácilmente mancha honras ajenas y se vale de una serie de recursos y medios innobles para alcanzar sus objetivos. Así, por ejemplo, se vale de la mentira estadística ( falsificación de datos ), de la mentira fotográfica (montajes, retoques o pies de foto que desnaturalizan el contenido informativo gráfico), de la ambigüedad del lenguaje, ( para que el público entienda de forma contraria lo dicho o expresado); hace mal uso de la titulación de informaciones, y falta a la verdad informativa a través de mantener el silencio intencionado, la calumnia, la injuria, la difamación y la transgresión del deber de ocultación, etc.
En periodismo, no es suficiente publicar el hecho con veracidad. Es necesario también dar a conocer la verdad acerca del hecho. James Reston, del Diario The New York Times observaba que «Usted no puede simplemente publicar la verdad textual. Debe también aclararla».
Sin verdad, no hay información. Si una «información» no es verdadera, si no coincide con la realidad, no es información. Es desinformación, porque en lugar de orientar, desorienta y confunde a lectores u oyentes.
Si el periodista no conoce aquello de lo que informa comete un delito moral y profesional, un fraude con el público y la sociedad.
El buen periodista debe saber distinguir la verdad de la falsedad, la realidad de la fantasía.
Luka Brajnovic manifiesta que la verdad informativa «es una verdad posible, humanamente alcanzable según las circunstancias, particularidades y condiciones en las que se encuentra la propia materia de la información en el momento de darla a conocer por el informador, de divulgarla o difundirla»
El periodista habrá de procurar que en sus informaciones lo dudoso se exprese como dudoso, lo probable como probable y lo cierto como cierto. En ningún caso el periodista debe inducir a engaño haciendo que la gente considere como verdad lo que solamente tiene quizá un cierto grado de presunción.
Las faltas de veracidad corrompen a quien las comete y constituyen una injusticia, ya que impiden la satisfacción del derecho que los demás tienen a la verdad, de ser correctamente informados sobre el acontecer diario.
Para Pieper «verdad quiere decir manifestación y mostración de las cosas reales. En consecuencia, la verdad es algo segundo, subordinado. No existe una verdad por sí sola. Lo primero que siempre la precede son las cosas que son, lo real».
José María Desantes afirma que «una formación profesional adecuada de los informadores, científica, técnica, jurídica y moral constituye la más rentable inversión humana para garantizar el cumplimiento del deber de la verdad informativa, requiere profunda formación humana que lleve a tener una clara escala de valores, sólidos criterios éticos y un sentido trascendente de la vida».
Algunos autores coinciden en afirmar que la verdad informativa puede quebrar en los siguientes casos:Por incapacidad del sujeto para aprehenderla; porque la inadecuación no ha sido esencialmente tal; por mala intención del informador o emisor; por la no transmisión conveniente debido a razones intrínsecas o extrínscecas, gramaticales incluso al mismo sujeto, con lo cual no llega a expresar semánticamente la verdad; y, por falta de adecuación en el entendimiento del sujeto «receptor» o diciéndolo con terminología de la Teoría de la Comunicación por «inapropiada decodificación».
Según el pensamiento cartesiano lo que sí debe quedar claro es que el conocimiento verdadero no es compatible con el conocimiento falso. El que el conocimiento no se complete o sea perfecto no significa situarlo en un término medio entre verdad o falsedad, que son irreconciliables, irreductibles, incomunicables. La verdad es una, aunque se adquiera en distinta complección, la verdad es inmutable, aunque se vaya reafirmando en el conocimiento, la verdad es indivisible porque no admite grados de aproximación o deformación. La verdad es o no es. Y si es enseña que es aquella realidad que efectivamente es.