lunes, 23 de marzo de 2009

ÉTICA EXISTENCIALISTA

ÉTICA EXISTENCIALISTA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

Para la ética existencialista, la existencia del ser humano está antes o por encima de su esencia. Los representantes máximos de la ética existencialista son los filósofos Sören Kierkegaard, José Miguel de Unamuno y Jean Paul Sartre.
SÖREN KIERKEGAARD (1813-1855). Para este filósofo, en el hombre ético es más valioso el deber que el amor, la ley moral que la religión, la existencia social que la divinidad y la existencia humana se explica a través de tres etapas: estético, ético y religioso.
En la etapa estética el hombre vive sobre la superficie de la vida, en el plano sensible, procurando sólo el placer sin obligaciones ni compromisos.
La etapa ética constituye un salto en profundidad, en ella la persona cumple con su deber y sus compromisos, une lo singular con lo general.
En la etapa religiosa el hombre vive lo auténtico, bajo el signo de la fe y la mirada de Dios. Aquí emerge al máximo la culpabilidad y el sentimiento de finitud; la razón resulta absurda frente a los dictámenes de la fe.
Según Kierkegaard, la verdad hace al hombre libre y “la verdad sólo existe para el individuo cuando él mismo la produce actuando”.
JOSÉ MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1935), egregio escritor y profesor español, pensaba que “Sólo existe el hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere, el que come y bebe, el que juega y duerme, el que piensa y quiere; el hombre a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano”.
Para Unamuno cada hombre individual es un fin en sí mismo y no un medio. Él siempre abogó siempre por los hechos “concretos”, “experimentales” del hombre vivo individual.
JEAN-PAUL SARTRE (1905-1980), afirmaba que “La existencia precede a la esencia”, es decir, que el hombre comienza por existir, se encuentra, surge en el mundo y después se define. El hombre es un proyecto que va determinándose a través de su existencia. El hombre no es otra cosa que lo que él se hace.
Considera que la existencia es la fundamental actividad del hombre, en donde se van articulando las ideas y las cosas. La existencia humana es actividad y movilidad por doquier.
Existir o vivir equivale a elegir entre diferentes propósitos y objetivos. La existencia no es un estado, sino un permanente llegar a ser.
En opinión de Sartre, el hombre está condenado a ser libre, es decir los hombres no somos libres de dejar de ser libres. El hombre es íntegramente libre y enteramente responsable de sus actos, absolutamente incondicionado. Sólo nuestros actos nos juzgan : son irreversibles.
Decía que los seres humanos somos una libertad que escoge, pero no escogen ser libres, están más bien condenados a la libertad.
“Yo estoy obligado a desear, al mismo tiempo que mi libertad, la libertad de los otros. El hombre es lo que él hace de sí mismo”.
Por lo tanto, afirmaba Sastre, nuestra ética debe consistir en querer ser libres, en serlo nosotros y en querer que los demás lo sean: obrar en todo momento para que esta libertad se realice de modo efectivo.
La angustia, según Sartre, proviene de que el hombre no es sino que se hace y al hacerse asume responsabilidad, porque se resuelve en actos absolutamente suyos y libres.