miércoles, 11 de marzo de 2009

SÓCRATES Y LOS SOFISTAS

SÓCRATES Y LOS SOFISTAS
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


La actividad de la escuela de los sofistas se desarrolla en Ática (Atenas) en pleno siglo V antes de Cristo, teniendo por máximos representantes a Protágoras, Gorgias, Hipias, Pródico, Hipodamo, Antifonte, Trasímaco, Eutidemo, Diágoras, Calicles y Critias. Los sofistas abandonan la cosmogonía y la cosmología y dan un nuevo rumbo a la filosofía griega al fijarse sólo en el hombre y sus problemas e introducen un nuevo concepto denominado eudaimonía o felicidad del ser humano.

El término sofista procede de la voz griega Sophia, que significa sabiduría. Inicialmente, a los sofistas se les consideró como los nobles en las letras, la poesía y el canto o como los Siete Sabios, eran los profesionales de la enseñanza de la sabiduría.

Sophistés significa sofista, sabio o “maestro en sabiduría y elocuencia”. En este sentido el término fue utilizado por el historiador Herodoto para referirse a Solón, a Pitágoras y a los Siete Sabios de Grecia.

Los sofistas actuaron en la segunda mitad del Siglo V antes de Cristo, eran casi todos extranjeros, por lo cual carecían de derechos políticos en la ciudad de Atenas, pero algunos de ellos lograron notoriedad por cuanto ejercían las funciones diplomáticas como especie de embajadores de sus ciudades de origen.

Los sofistas se jactaban saber de todo (astronomía, política, geometría, aritmética, fonética, música, pintura, dialéctica, etc.), afirmaban la imposibilidad de la ciencia o de la verdad objetiva; en no preocuparse por investigar la verdad. Eran hombres sin convicciones definidas y propias, les interesaba principalmente aprovechar al máximo todas las situaciones por más adversas que fueran para encumbrarse en la democracia frágil y voluble de aquél entonces.

En un primer momento, el término sofista fue sinónimo de “sabio”, de “hombre de ciencia”; empero, debido a que daban demasiada importancia a la dialéctica, a las argumentaciones relativistas y escépticas, sin importarles el fondo de la verdad, el término sofista derivó en “hombre falaz”, en “comerciante de la cultura”, en “embaucador profesional”, en hombre que sin saber nada pretendía saberlo todo. Eran expertos en el uso de “sofismas” o razonamiento falsos, con la intención de inducir al error a sus interlocutores.

Con Platón y los poetas cómicos la palabra sofista adquiere el sentido peyorativo de hábil engañador. El término sofista se endilgó a aquella persona que filosofa con contenido vacío para ganar la polémica o adquirir fama.

Los sofistas fueron individuos cosmopolitas y apátridas, que viajaban por todo el mundo conocido hasta entonces sosteniendo el pro y el contra de cualquier proposición o tesis. Hicieron uso de la erística y del buen lenguaje. Defendían y refutaban al adversario, percibiendo previamente un salario o una remuneración, con tarifas elevadas; estaban relacionados estrechamente con familias pudientes económicamente.

Rechazaron la filosofía de la naturaleza de los presocráticos; fueron los fundadores de la demagogia política (conducción del pueblo); de la psicagogía (conducción de almas); del escepticismo, al negar la posibilidad del conocimiento; del subjetivismo o relativismo, al considerar que “El hombre es la medida de todas las cosas” (Protágoras) y “la verdad de la cosa conocida es relativa al sujeto que la conoce”.

Concerniente a la sofística, I. Blauberg y otros (Breve diccionario filosófico), explican que en ella: “se utiliza todo tipo de juegos de palabras y errores lógicos: tergiversación de conceptos, empleo de palabras con doble sentido, eliminación del contenido en provecho de la forma. Se recurre a todo tipo de ardides de palabras, cuyo objetivo es sembrar la confusión, cuyo objetivo es sembrar la confusión, hacer pasar lo negro por blanco y viceversa.”.

Los sofistas no se preocupaban por conocer la verdad, sólo les interesaba ganar la discusión o la polémica, el arte de defender el pro y el contra de todas las cuestiones, para poner su elocuencia al servicio de los ambiciosos que buscaban alcanzar honores, fama y popularidad política. Se orientaron a “popularizar los conocimientos” y trataban de ayudar a los jóvenes a lograr el éxito político. Los sofistas sólo creían en verdades relativas, no en verdades absolutas.

“Estos filosofantes, aunque independientes unos de otros, - decía P. Dionisio Domínguez, S.I en su Historia de la Filosofía- convenían: a) En afirmar la imposibilidad de la ciencia o verdad objetiva; b) En dar de mano a las investigaciones cosmológicas; c) En reducir toda ciencia a una falsa oratoria, agudezas dialécticas y locomaquia, habilidad de palabra; d) En disfrutar las ventajas de la ciencia, sin preocuparse de investigar la verdad”.

Entre los sofistas famosos figuran Protágoras de Abderas, Gorgias de Leoncio (Sicilia), Hippias de Elis, Polo, Trasímaco de Calcedonia, Eutidemo, Critias, Jeníades de Corinto y Calicles.

Cabe referir en dos palabras el pensamiento de los sofistas Protágoras y Gorgias. El pensamiento de Protágoras es el siguiente: a) “El hombre es la medida de todas las cosas: de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en tanto que no son”; b) Según cada cosa se me aparece, tal es para mí; según a ti se te muestra, tal es para ti, pues tú eres hombre y yo también lo soy”; c) “Con respecto a los dioses, no se si existen, pues el problema es difícil y la vida humana muy corta para resolverlo”; d) “La verdad, el bien y la belleza son relativos a cada hombre y no valores universales”.

Gorgias, es autor de tres proposiciones básicas en su obra “Del no ser”: “1º) Que nada es; 2ª Que si algo fuese o existiese, sería incognoscible; 3ª. Que si algo fuese o existiese y lo conociésemos, sería incomunicable a los demás”. Asimismo dijo que lo que uno puede conocer jamás puede ser entendido o conocido por los demás hombres.

Se cuenta que Sócrates viendo a Euclides dedicarse con mucho empeño a la práctica de la dialéctica, le dijo: “Querido Euclides: tú podrás hacer sofistas, pero no hombres”, como fiel expresión de su rechazo a toda vana palabrería (Platón, Euthydemo).

Enrique López-Dóriga Oller (1925), madrileño de nacimiento y catedrático por muchos años en la Universidad Del Pacífico (Perú), explica en su obra Lecciones de Filosofía que Sócrates era un adversario radical de los sofistas, cuyas falacias desenmascaraba y a los que irritaba frecuentemente con su ironía. “Esto le creó numerosas enemistades, -dice López-Dóriga- que al fin lo acusaron de corromper a los jóvenes y de no reconocer a los dioses de la ciudad. Platón recoge todo el proceso en tres obras: la Apología de Sócrates, que es el discurso de defensa que Sócrates pronunció ante sus jueces; el Critón, en el que Sócrates expone las razones, por las cuales no puede aceptar la huída de la cárcel, como le proponían sus amigos; y el Fedón, en el que se narra cómo Sócrates, inmediatamente antes de morir, conversó con sus amigos y discípulos sobre la inmortalidad, y cómo bebió la cicuta “sin repugnancia y sin dificultad”.

Sócrates jamás se creía sabio, a tal punto que comenzó por buscar a un hombre más sabio que él. Se dirige a un político, a un orador y a un poeta, y finalmente comprobó que los que decían saber mucho, muy poco sabían o nada sabían, es decir creían saber no sabiendo, y jamás confesaban en público y en privado su ignorancia. Y Sócrates decía que él parecía ser más sabio que los demás aunque sea en este detalle: Saber que no sabía nada, “Sólo sé que nada sé”.

Sócrates rechazó la retórica, que era el arte de bien decir, el arte de usar el lenguaje para deleitar, persuadir o conmover a las personas. Y rechazó la retórica precisamente para oponerse a los sofistas, por cuanto éstos lo usaban como herramienta para ganar al adversario en las polémicas que entablaban.

Frente a los sofistas, para quienes la actividad educativa era un arte y una función utilitaria remunerada, Sócrates, según Rodolfo Mondolfo (Breve historia del pensamiento antiguo), se opone por su concepto de la enseñanza “como misión sagrada y que debe ser cumplida aun al precio de la vida (misión que la deriva de una inspiración religiosa, por la cual hasta afronta la muerte), por su método y por las teorías sobre el conocimiento y la moral”.

Sócrates se opone también al nihilismo teorético de los sofistas con su teoría gnoseológica; el término nihilismo, procede del latín nihil y significa “nada”, es la negación absoluta de toda creencia o de todo principio religioso, social o político.

Como se sabe los sofistas percibían honorarios por sus enseñanzas, en una época en que se consideraba este pago como una sumisión degradante: “Ya el hecho de que percibieran honorarios - indica Augusto Messer en su obra Filosofía antigua y medieval- pareció a muchos una innovación censurable; pues para los griegos toda producción remunerada (especialmente de naturaleza espiritual) aparecía como una sumisión degradante”.