miércoles, 9 de septiembre de 2009

Militar y político tarmeño
PEDRO PABLO BERMÚDEZ ASCARZA

Escribe:
Dr. Eudoro Terrones Negrete


Pedro Pablo Bermúdez Ascarza nació en Tarma el 27 de junio de 1793 y murió en Lima el 30 de marzo de 1852.

Hijo de Justo Bermúdez y Teresa Ascarza, fue militar, político, vicepresidente de la Confederación Peruano-Boliviana, jefe supremo provisorio del Perú, y presidente del Perú por tres meses.
“Fue presidente del Perú durante un breve período de enero a abril de 1834. Su gobierno fue paralelo al de Luis José de Orbegoso y Moncada, quien fue elegido como Presidente de la República. Se enfrentó a él por el control del país y fue vencido. Contaba con el apoyo del mariscal Agustín Gamarra. Estuvo exiliado en Costa Rica en dos oportunidades y casó allí con la dama costarricense Rosalía Escalante Nava, perteneciente a una influyente familia de ese país (http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro Pablo Bermudez).
Fue Jefe Supremo Provisorio del Perú, desde el 4 de enero de 1834 hasta el 28 de enero del mismo año, cargo que ocupó por un golpe de estado reconocido en algunas ciudades del territorio nacional.
Cursó estudios en el Seminario Conciliar de Santo Toribio de Lima; al egresar obtuvo plaza de subteniente en el batallón de milicias de Tarma, acantonado en Lima. Al presentarse en Pisco, al Ejército Libertador, obtiene el grado de teniente.

A las órdenes del general Juan Antonio Álvarez de Arenales emprendió la campaña de penetración en la sierra central del Perú. Participó en la batalla de Pasco el 6 de diciembre de 1820. Cooperó con José Félix Aldao en la movilización de las guerrillas. Fue uno de los pocos oficiales que afrontó el ataque realista en Huancayo el 29 de diciembre de 1820 y logró contener la deserción de las milicias bisoñas.

Luchó por la independencia de Perú, asistiendo a la batalla de Pasco en 1820, al sitio del Callao, a la batalla de Ayacucho y a la de Portela.

Luego de marchar hasta el cuartel general de Huaura, asistió a la segunda campaña de la sierra; y después que Lima fue ocupada y proclamada la Independencia, participó en el I sitio del Callao.

Fue ascendido a capitán el 30 de enero de 1822. Marchó con la expedición que el general Domingo Tristán condujo hacia Ica y concluyó en el desastre de La Machacona el 7 de de abril de 1822.

Durante la reorganización del ejército, permaneció en los acontecimientos próximos a Lima; asistió a la presión ejercida sobre el Congreso, para obtener la elección de José Mariano de la Riva Agüero como Presidente de la República; y durante la II Expedición a Intermedios, a órdenes del general Andrés Santa Cruz, combatió en la batalla de Zepita el 25 de agosto de 1823 y secundó la “campaña del talón”.

Se unió al ejército que Bolívar estaba organizando en el norte del país, para iniciar la ofensiva contra las fuerzas realistas. Obtuvo la efectividad en la clase de sargento mayor el 4 de enero de 1824. Participó eficazmente en las acciones de Junín el 6 de agosto de 1824 y en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824.

En 1825 cooperó para la pacificación del Alto Perú y en las operaciones dirigidas contra los indígenas que se rebelaron en las montañas de Huanta, haciendo flamear las banderas del Rey (1826-1827)

Ascendido a coronel, y encargado del Estado mayor General, pasó al ejército que se preparaba en el norte para afrontar la amenaza de una guerra contra Colombia; y declarada ésta, colaboró con el presidente José de La Mar en las alternativas de la campaña y a su lado se halló en el discutido combate del Portete de Tarqui el 27 de febrero de 1829.

En su compañía pasó al cuartel general establecido en Piura; ambos fueron allí apresados, cuando el general Agustín Gamarra decidió deponer al Presidente el 7 de de junio de 1829; y juntos fueron desterrados a Costa Rica.

Fue tomado prisionero en la ciudad de Piura y deportado a Costa Rica. Beneficiado por una ley que dispuso la repatriación de los expatriados el 17 de mayo de 1831, volvió al Perú en 1832, para asumir la cartera de Guerra, cargo al que renunció seis meses después para ser nuevamente nombrado en 1833.

Fue nombrado Ministro de Guerra el 24 de abril de 1832, pero renunció debido a la extrañeza que ello produjo. Fue ascendido a General de Brigada el 31 de octubre de 1832, y también declinó aunque infructuosamente; y nombrado Ministro de Guerra el 31 de diciembre de 1832, por segunda vez, colaboró con el general Agustín Gamarra hasta el término de su mandato el 20 de diciembre de 1833.

Con el voto de los liberales fue entonces elegido Presidente Provisorio el general Luis José de Orbegoso; e incitado por el expresidente, el general Pedro Bermúdez encabezó un golpe de estado y se proclamó Jefe Supremo de la República el 4 de enero de 1834. Pero hostigado por el pueblo de Lima, se retiró hacia la sierra el 28 de enero de 1834, y no obstante su triunfo en el combate de Huaylacucho (17 de abril de 1834), la indecisión que demostrara para sostener su causa determinó la unión de las fuerzas contendientes en el llamado “abrazo de Maquinguayo” el 24 de abril de 1834 y el reconocimiento del Presidente Provisorio.

Nuevamente salió hacia el destierro. Retornó en 1837, a la sombra de las garantías que le ofreciera el general Andrés Santa Cruz: aceptó su designación como vicepresidente del Estado Nor-Peruano el 2 de agosto de 1838, durante la crisis afrontada por la Confederación Perú-Boliviana, ante la presencia de la expedición restauradora que dirigió el general Agustín Gamarra; participó en la campaña que enfrentó a las dos fuerzas en las vertientes andinas del Norte y en la decisiva batalla de Yungay (20 de enero de 1839) quedó herido y prisionero.

Pedro P. Bermúdez Ascarza fue separado del ejército, al igual que los jefes militares adictos a la Confederación Perú-Boliviana. Se consagró a la explotación de su hacienda de Patria, y a negocios mineros. Y, aunque su actuación pública no había sido acertada, frecuentemente se lamentaba porque no le tomaban en cuenta sus méritos.
Quizá por esto acogió hospitalariamente al desterrado general hondureño Francisco Morazán; y le prestó 18 mil pesos (23 de noviembre de 1841) para facilitar la empresa revolucionaria que debía restablecer su poder en Centro América, y que en verdad lo llevó a la muerte.

Pronto fue reincorporado otra vez al servicio, debido a los imprevistos resultados de la batalla de Ingavi (18 de noviembre de 1841) y la muerte del presidente Gamarra; y, adscrito al ejército del Sur, secundó el pronunciamiento del general Francisco de Vidal (28 de julio de 1842).

Depuesto Francisco de Vidal, por el general Manuel Ignacio de Vivanco (4 de abril de 1843), Pedro P. Bermúdez Ascarza se negó a prestarle juramento de obediencia y cooperó a la campaña de restauración constitucional.

Más tarde es elegido diputado por la provincia de Tarma (1845), prefecto del departamento de La Libertad (17 de noviembre de 1846); es ascendido a general de división (1848), asume el cargo de prefecto de Junín (1848) y es elegido senador por Junín (1851).

Pedro P. Bermúdez Ascarza sitió la plaza del Callao en enero de 1834, siendo derrotado después de un sangriento combate de aproximadamente seis horas. Y viaja a Centro América.

Posteriormente asume el cargo de vicepresidente del Estado Nor-Peruano. Combate a los chilenos y a los bolivianos. Secunda el movimiento revolucionario iniciado por los generales Nieto y Ramón Castilla, para restablecer el régimen constitucional, y finalmente es ascendido a General de División en el año de 1848.