martes, 13 de octubre de 2009

LA ÉTICA EN LA NUEVA ECONOMÍA

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete (*)

La Ética es una ciencia social que se ocupa del “ethos” de las personas y de los pueblos y busca regular la actuación de los seres humanos para alcanzar su plenitud y desarrollo integral, previo cultivo de las capacidades, talentos y actitudes.

La ética trata sobre el valor moral de las acciones del ser humano. La nueva economía se ocupa sobre el valor monetario de los bienes, de los servicios y del trabajo, sobre la producción y el intercambio de los bienes y servicios necesarios para la satisfacción de las necesidades humanas.

NUEVA ECONOMÍA

Andrés S. Suárez Suárez, en su obra “Nueva Economía y Nueva Sociedad. Los grandes desafíos del Siglo XXI”, Prentice Hall, España, 2001), refiere que “El término Nueva Economía comenzó a utilizarse durante los años noventa para referirse a las nuevas actividades productivas relacionadas con la nueva sociedad de la información y el conocimiento, las cuales encuentran en Internet su principal instrumento de trabajo, y en el NASDAQ (National Association of Security Dealrs Automated Quotations), el mercado de valores de referencia. Y, por añadidura, se denomina Nueva Economía a lo que el resto de los países del mundo intentan hacer en este campo siguiendo el ejemplo americano”.

La nueva economía que se configura a mediados del siglo XX y que se extiende al mundo desde Chicago, parte de la asunción de la superioridad del mercado como mecanismo de asignación eficiente de recursos económicos, y “considera que la existencia de fallos de mercado más que a las deficiencias o debilidades de éste son debidos a la ausencia de las condiciones idóneas para que el mercado pueda operar libremente” Andrés S. Suárez Suárez, op.cit.).

ADAM SMITH, MILTON FRIEDMAN Y GEORGE STIGLER

Adam Smith (1723-1790), el padre de la economía y profeta del liberalismo económico, entre 1759 y 1776 planteó en sus obras "Teoría de los sentimientos morales" y "Sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones" problemas éticos complejos y profundos, al poner en el tapete de la discusión la relación entre los individuos y la sociedad, entre el egoísmo y el altruismo, entre el conflicto y la cooperación social.

Sostenía Smith, que para que la gente pueda vivir en sociedad, en calidad de individuos libres, era necesario un elemento perceptible de interés común, que permita hacer tolerable y posible la auténtica vida social.

Al padre de la economía le interesaba la libertad de los individuos, no la libertad de las empresas; la libertad dentro de las relaciones sociales, no en un mercado caracterizado por relaciones abstractas.

Milton Friedman (1912-2006), economista estadounidense, defensor del libre mercado y exponente del monetarismo neoclásico de la Escuela de Economía de Chicago, pensó que "La economía positiva debe ser independiente de cualquier juicio normativo y en particular de cualquier postura ética".

Y agrega: “Las empresas no se tienen que torturar con el tema de la ética, su principio moral básico es que ganen dinero y que no se preocupen de lo demás, porque en la medida en que ganen dinero y apoyándose en la mano invisible, ya serán capaces de crear riqueza, la cual se irá distribuyendo por toda la sociedad”.

Coincidentemente con el referido economista, George Stigler sostuvo que "no parece necesario repasar un terreno familiar para demostrar que la economía como ciencia positiva es éticamente neutral, y por lo tanto políticamente neutral".

PRINCIPIOS Y VALORES ÉTICOS

Son principios éticos de la nueva economía: honestidad; respeto a la ley, a la constitución política y a los derechos humanos; integridad; rentabilidad social a través del uso racional y equitativo del dinero; recusar y renunciar al lucro como fin supremo del individuo para dar paso al interés social.

Propender a la promoción humana y social, hacer primar la “ley del valor solidario” y no la “ley del valor monetario”, realizar inversión financiera y reinversión de los excedentes económicos con fines de inserción socio-laboral de personas desfavorecidas, proteger el medioambiente, fomentar programas de integración de minorías étnicas y atender a las personas en riesgo de exclusión social.

Practicar la transparencia en el manejo de las empresas públicas y empresas privadas, informar sobre su funcionamiento y las decisiones adoptadas, participar en la toma de decisiones empresariales, mantener la independencia de criterio y de actuación respecto de las instituciones financieras, los poderes públicos y los partidos políticos.

Finalmente, responsabilizarse en el consumo y uso de bienes, equipos y servicios, buscar la mayor eficiencia en la gestión de los recursos económicos y recursos financieros para mejorar la calidad de vida de la inmensa mayoría de seres humanos.

El problema de la reducción de la jornada laboral por efectos de la innovación tecnológica debe ser superado o resuelto por los Gobiernos de manera concertada con los trabajadores de las empresas y los empresarios (sindicatos y organizaciones patronales), pero sin merma de sus remuneraciones. Es necesario, en todo caso, suscribir contratos a tiempo parcial estables.

El encarecimiento del trabajo asalariado debe conllevar a impulsar y desarrollar el trabajo autónomo o trabajo por cuenta propia y del trabajo libre asociado, en forma de cooperativas, fundaciones y sociedades anónimas laborales.

Las relaciones de competencia y dependencia bien podrían ser reemplazadas por las relaciones óptimas de cooperación, dentro del marco de una economía de protección social, con subsidios de desempleo y rebaja de la edad de jubilación.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL CONSENSO DE WASHINGTON

“En 1989, el economista John Williamson elaboró una lista con las diez recomendaciones que reflejaban las ideas inspiradas en los economistas clásicos liberales que circulaban en la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos, en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial. No es extraño que su autor denominara Consenso de Washington a sus recomendaciones, que éstas fueran acogidas con entusiasmo en el ámbito del desarrollo, y que a partir de entonces ningún país obtuviera apoyo de estas instituciones sin someterse al Decálogo del Consenso. Algunos años después, Williamson se esforzó en aclarar las limitaciones de sus recomendaciones, pero nadie le hizo caso. El Consenso había pasado ya a ser la política oficial del desarrollo global.El Decálogo incluía lo siguiente: la eliminación de los subsidios, la ampliación de la base impositiva y la reducción de tasas impositivas, la desregulación de los mercados financieros, la determinación de un tipo de cambio “competitivo” con el fin de reforzar las exportaciones, la liberalización comercial, la reducción de tarifas aduaneras, la estimulación a la inversión extranjera directa, la privatización de las empresas públicas, la desregulación para inhibir la corrupción e incentivar a las empresas más pequeñas y el fortalecimiento de los derechos de propiedad”( Hugo Beteta, “América Latina, una economía sin ética: un continente sin desarrollo”, http://www.envio.org.ni/articulo/2164).

TAREAS EN EL SIGLO XXI

En el presente Siglo XXI se trata de lograr la eficiencia económica en términos de acumulación material de recursos, de bienes y de servicios para el bienestar del mayor número de personas y sobre bases de una real equidad, de lo que realmente se necesita para la satisfacción de las necesidades humanas y sobre las bases de valores éticos de solidaridad, reciprocidad, fraternidad, libertad, participación, justicia, solidaridad, responsabilidad, lealtad, altruismo, uso racional-productivo del ocio, equidad social y competitividad empresarial, en aras del interés social.

Se trata de recuperar la dimensión ética para que la nueva economía en cuanto ciencia social afecte en menor medida a la vida de la gente y contribuya al logro del bienestar y la felicidad de las personas.

Sobre la cuestión de la ética en el mercado, Raúl González Fabre S.J. considera que se requiere "una rica vida moral" para poner orden y controles a los mercados, que no deben regularse sólo por la negociación de los intereses económicos en juego. E invita a desarrollar "una tarea de resistencia y creación cultural, además de política", y plantea la posibilidad de ir hacia una “economía de mercado no capitalista” (http://www.lainsignia.org/2006/mayo/econ_001.htm)

Nos ubicamos en el lugar de quienes piensan y están plenamente convencidos que no todo lo puede el libre mercado, que hay la necesidad de buscar un sólido equilibrio y una relación permanente entre ética y nueva economía, para evitar o frenar los excesos del mal uso del capital y ganar sí lo necesario mediante métodos lícitos y éticos, dentro de la leal competencia, distribuyendo racional y equitativamente la riqueza, respetando la jornada laboral diaria y pagando al trabajador lo justo, respetando los derechos humanos y de la comunidad nacional y mundial.

El “derecho de piso” de los inversionistas, las ventajas del comercio deben regularse mediante normas éticas que ponga los intereses de las personas y los pueblos por encima del lucro y el dinero. En asuntos de ética de la nueva economía no todo debe ser permitido, ni tampoco todo debe ser prohibido.

(*) Docente universitario, periodista y actual miembro de la Comisión organizadora y de adecuación de la Universidad Jaime Bausate y Meza.