sábado, 24 de diciembre de 2011

AMÉRICA LATINA Y LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA DE CALIDAD

AMÉRICA LATINA Y LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA DE CALIDAD

Por: Eudoro Terrones Negrete
Inicialmente debemos indicar que en el siglo XXI el recurso económico ya no es el capital, los recursos naturales ni siquiera el trabajo, como fueron tradicionalmente; es y será el conocimiento y la inteligencia de éxito.
Cuando abordamos el problema de la desigualdad en la educación superior en América Latina y El Caribe es oportuno y válido destacar las expresiones del doctor Claudio Rama, director del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), cuando manifiesta que “la iniquidad de las sociedades latinoamericanos es el resultado de su heterogeneidad estructural histórica, de su inserción subsidiaria en los circuitos de la economía mundial, de las modalidades desiguales del proceso de mercantilización, de la debilidad de las estructuras de los Estados para redistribuir las rentas excedentes y de las estructuras de concentración de los bienes y servicios y de la muy reciente consolidación de las democracias. Estos parecen ser los ejes centrales de América latina, el continente más desigual medido por el índice de Gini” ( En: Revista Universidad Nº 8- ANR- Comisión de Coordinación Inter-Universitaria- Dirección General de Desarrollo Académico. Lima-Perú, 2005)
Dentro de este contexto los países latinoamericanos vienen realizando sumos esfuerzos contra las inequidades en la educación universitaria y por el mejoramiento de la educación. Están abogando por la autonomía, la regionalización y la descentralización de los procesos educativos, por la aplicación de políticas educativas de equilibrio y cohesión social y con responsabilidad social, por una educación continua e inclusiva, educación con sentido social, axiológico y ético.
Lograr una educación universitaria de calidad que contribuya decididamente con el desarrollo de los países de América Latina implica reducir la brecha tecnológica entre inforricos e infopobres,  universalizar las nuevas tecnologías en los procesos pedagógicos, erradicar el analfabetismo, generar mayores fuentes de trabajo permanente para la juventud, democratizar el ingreso a las universidades, desarrollar la educación continua e inclusiva y gozar los beneficios de la educación conforme a criterios de excelencia reconocidos internacionalmente, sin discriminación por razón de idioma, raza, sexo, religión, capacidad física, entre otros.
Pensar en una educación universitaria de calidad  implica unir esfuerzos entre los Estados para distribuir equitativamente y con oportunidad la riqueza y el ingreso nacionales. Las universidades, sean públicas o privadas, requieren de presupuesto público suficiente para realizar investigación científica, efectuar el equipamiento de laboratorios, talleres y bibliotecas, incrementar significativamente las remuneraciones del personal docente, administrativo y de servicios.
Educación universitaria de calidad es el gran reto que, desde hace una década, vienen asumiendo con  decisión y perseverancia los estados latinoamericanos. Las universidades están comprometidas en aplicar estructuras de gestión educativa descentralizada y flexibles, desarrollar sistemas pedagógicos desburocratizantes, incrementar la matrícula sin sacrificar la calidad, sin excederse en las pensiones de enseñanza ni saturar el mercado interno con profesionales.
Hay múltiples razones que justifican este compromiso histórico. Sólo la educación de calidad es la clave y la herramienta fundamental para mejorar e incrementar los niveles de producción y de productividad en los países de América Latina. Con la educación de calidad será posible generar nuevos conocimientos, nuevas teorías de enseñanza-aprendizaje, nuevas tecnologías, incrementar la calidad de vida de la población, desarrollar óptimamente la democracia funcional con pleno respeto a los Derechos Humanos y competir con eficacia en la nueva sociedad global.
Y para ser de calidad la educación universitaria tiene que ser inclusiva, participativa, innovadora, equitativa, desburocratizante, descentralista e impulsora de la investigación científica, incentivadora de las aptitudes creativas de profesores, estudiantes y egresados.
No sólo eso. La educación universitaria tiene que ser renovadora de métodos y técnicas de orientación-aprendizaje, forjadora de profesionales, investigadores sociales y  especialistas con empleo bien remunerado, con oportunidades de realización y desarrollo de su personalidad y de sus proyectos de vida. Asimismo tiene que responder a las necesidades de crecimiento y desarrollo integral de la sociedad en lo científico, tecnológico, social, económico, político, cultural, ecológico, axiológico y ético; tiene que contar con planificación estratégica racional, confiable y responsable, como producto de la participación horizontal de la comunidad académica universitaria.
La educación universitaria de calidad es superación de altos estándares, gestión y cultura de calidad total,  aplicación de la filosofía de prevención, creatividad  e innovación institucional, trabajo académico y administrativo en quipo, incorporación de los mejores estudiantes y profesores. También, mejores recursos didácticos, metodológicos y tecnológicos, satisfacción de las exigencias, expectativas y necesidades de los estudiantes, del mercado laboral y de los países.
La educación universitaria de calidad en el Siglo XXI es una educación tecnológica, inclusiva, pluricultural, polivalente, interdisciplinaria, multidisciplinaria, axiológica, competitiva, continua, medida sobre la base de resultados, participativa horizontalmente, autónoma, con libertad institucional y académica, receptiva de la cooperación internacional y centrada en los intereses de los estudiantes. Utiliza métodos formativos basado en la acción y en el enfoque globalizador, desarrolla el pensamiento holístico y el pensamiento complejo, aplica la enseñanza basada en las competencias (EBC) y en la solución de problemas (EBSP),  incrementa las zonas de desarrollo próximo de los estudiantes y aplica un horario flexible en las sesiones de aprendizaje.
En la educación universitaria de calidad se aplica las estrategias didácticas para formar competencias: el método constructivista de Kolb, el método clínico de Piaget, el método de mapas conceptuales, las estrategias metacognitivas, las pasantías, el análisis crítico, el portafolio, la simulación, la clase magistral, las monografías y los ensayos.

Educación Universitaria de Calidad para el Desarrollo Humano Integral
En la medida que se logre una educación universitaria de calidad en todas las universidad públicas y privadas, las universidades públicas y privadas estarán contribuyendo a incrementar la calidad de vida de la población, a forjar profesionales que los países en vía de desarrollo necesitan, a erradicar los índices de frustración profesional y a garantizar un desarrollo humano integral.                       La educación de calidad es un elemento clave e insustituible para el desarrollo humano integral. Solamente con educación universitaria de calidad las sociedades podrían alcanzar mayores niveles de desarrollo, mayor empleo con mejores remuneraciones, corrupción cero y mayor justicia social.                 La educación de calidad proporciona al ser humano los horizontes, las herramientas y estrategias necesarias para desplegar y desarrollar sus actitudes, potencialidades, aptitudes, destrezas y habilidades para su plena realización como persona en una sociedad global cada vez más cambiante.            Quiero concluir mis reflexiones transcribiendo las expresiones de CELADIC: “En un mundo donde lo predominante es el cambio, ejemplificado por los desarrollos científico-técnicos y el dinamismo del mercado, los procedimientos e instrumentos más idóneos son aquellos que integran lo básico-permanente con lo creativo y crítico. Por ello, debemos rescatar una formación humanista, en la que la atención a lo procesal se conjugue con y fundamentalmente en una educación filosófica y ética basada en lo absoluto de la persona como guía curricular y eje central de la temática en los diferentes niveles formales de una educación atenta a su contextualización histórico-social, pedagógica, productiva” (Celadic, Capítulo 4. La dimensión ético-cultural del desarrollo. Julio 2008)