sábado, 24 de diciembre de 2011

LA ÉTICA DEL LENGUAJE, PARA EL BUEN VIVIR
Por: Eudoro Terrones Negrete

“Periodista es el hombre intelectualmente honesto que domina las artes del buen decir”. J. L. Martínez Albertos.
El filósofo griego Aristóteles advirtió, por primera vez, la conexión existente entre lenguaje y ética:  “Sólo el hombre, entre los animales, posee la palabra. La voz es indicación del dolor y del placer; por eso también la tienen otros animales. (...) En cambio, la palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y las demás apreciaciones.”
 Y no sólo el hombre está dotado de lenguaje, también los medios de comunicación tienen su propio e inconfundible lenguaje especializado, y que concuerdan necesariamente con las normas gramaticales, éticas y jurídicas  para comunicar con sabiduría un mensaje o difundir una opinión en aras del bien común.
Desde el punto de vista ético, en el lenguaje están prohibidas las expresiones vulgares, ofensivas, peyorativas, procaces, soeces, obscenas y malsonantes, en aras del respeto al buen gusto y la decencia del público.
EL COMERCIO, diario peruano, en su Libro de Estilo, señala que “no publica groserías” y “Eventualmente podrá incluirlas, si ello fuera necesario para obtener la claridad y el rigor. En tal caso se publica la palabra malsonante y no sus iniciales o formas indirectas que impidan o dificulten conocer exactamente el término en cuestión” Y también precisa que “El Comercio no publica términos ofensivos. El periodista deberá tener especial cuidado en el caso de personas o comunidades. Ejemplo: “un provinciano ganó el primer puesto”.
A su vez el diario argentino, LA NACIÓN, precisa: “Es necesario desterrar las palabras y expresiones malsonantes, salvo en el caso de que no se entienda la noticia sin su mención o hayan sido pronunciadas en circunstancias muy especiales que justifiquen su inserción en el texto”.
THE WASHINGTON POST, respeta el buen gusto, la decencia, a la vez que puntualiza: “Evitaremos publicar palabras soeces y obscenidades a menos que su utilización sea tan esencial para una crónica significativa que su sentido se pierda sin ellas. De ninguna manera las obscenidades se utilizarán sin la aprobación del editor ejecutivo o del secretario general de redacción o su adscripto”. 
En virtud a la ética del lenguaje quedan prohibidas el uso de frases o clichés que tienen connotaciones racistas o sexistas (“la encantadora mujer”, “un tipo de crueldad muy oriental”, o desprecio social (“el hijo de una humilde modista” (Le Monde, Le Style du Monde, Reglas y Usos, París, 2002). Deberá desecharse los rumores, los “se dice”, “se asegura”, “según fuentes no confirmadas”, “según lo dicho por ahí”, “según los analistas políticos”, “a juicio de analistas políticos”, etc.,  para afirmar aquello de que se tenga convicción con pruebas y documentos.
Éticamente el comunicador tiene por misión informar, interpretar y comentar  acontecimientos relevantes y trascendentes para la colectividad; asimismo incrementar los niveles culturales de la población para que la lengua siga siendo el vínculo de unión entre los pueblos civilizados.
“El idioma español se habla cada vez peor”, declaró Fernando Lázaro Carreter, ex director de la Real Academia Española de la Lengua. Asimismo, responsabilizó del deterioro del lenguaje principalmente a los medios de comunicación, por ejercer un efecto multiplicador de los errores, difundirlos y llevarlos al gran público.
La deformación y el deterioro del lenguaje hablado y escrito no es de exclusiva responsabilidad de periodistas, comunicadores sociales, sino también de todas las personas que utilizan permanentemente los medios de comunicación.
En un registro sobrio se descubre, por ejemplo, el continuo mal uso de las preposiciones (de acuerdo a…, ingresará a…, distinto a…), el empleo reiterativo de es como que… o es como si…, el defectuoso uso del verbo haber (hubieron muchas personas…; si habría sabido…), las deficiencias en la conjugación del subjuntivo, las muletillas tales como ¿viste? o ¿sabés?, el dequeísmo, el mal empleo de las formas pronominales le, lo y la, el constante más nada, el tan común detrás mío –en vez de detrás de mí-, el olvido del correcto uso del gerundio, o del participio requerido por recién.
Por la ética del lenguaje el comunicador deberá corregir todo error o falta gramatical advertida. Deberá escribir con buen gusto, no abusar de la libertad de palabra,  difundir mensajes sobre hechos reales e informar con independencia de criterio, imparcialidad, responsabilidad y pluralismo.
La ética del lenguaje exige del comunicador fidelidad al interés público, respeto a las personas en su naturaleza biológica, espiritual y moral, preservación de la dignidad del ser humano, uso de  palabras o símbolos que no desprecien a grupos raciales, religiosos y nacionales  y que no inciten a las personas a hacer algo malo, perjudicial o violento para la sociedad (Lima,17 diciembre 2011)