martes, 20 de noviembre de 2012

“HAY HAMBRE DE ÉTICA EN EL MUNDO”

“HAY HAMBRE DE ÉTICA EN EL MUNDO”[1]
Escribe: Eudoro Terrones Negrete

CHERNOBYL Y LA FALTA DE ÉTICA
En una de sus concurridas conferencias, Rushworth Kidder, fundador y presidente del Instituto para la Ética Global afirmó: ““No sobreviviremos en el siglo XXI con la ética del siglo XX”.
La explicación al respecto no se dejó esperar. Kidder dijo que hace algunos años, en 1989, se    encontró una mañana de lunes, en marzo, a poca distancia de la pared del Reactor Nº 4 de la planta nuclear de Chernobyl, en la Unión soviética… “La precipitación radiactiva del desastre había sido detectada en todos los países del mundo capaces de detectar la radiactividad atmosférica. La explosión y sus efectos posteriores mataron a miles de ciudadanos soviéticos. ¿Por qué ocurrió? Esa noche (del desastre), en 1986, había dos ingenieros eléctricos a cargo de la sala de control. Tal vez la manera más caritativa de decirlo es que estaban “jugando” con los reactores. Querían saber qué ocurriría si realizaban un experimento no autorizado. De acurdo con los informes soviéticos, estaban tratando de ver por cuanto tiempo la turbina seguirá andando por su propio impulso si cortaban la energía. Para cortar la energía, tuvieron que apagar el reactor. Para lograrlo, evadieron manualmente seis sistemas separados de alarma manejados por computador. Cada uno de esos sistemas debería reaccionar diciendo: “Paren. No lo hagan. Es terriblemente peligroso”.
Y continuó expresando que en lugar de cancelar sus experimentos, cancelaron las alarmas. “Obviamente eran personas brillantes. Los trabajos de Chernobyl son del más alto nivel. Ellos sabían lo que hacían. Si el conocimiento fuera lo único importante, lo habrían estado haciendo bien. ¿Entonces qué estuvo mal? A mí me parece que antes que ellos hubieran podido sobrepasar cualquier sistema de alarma computarizada, debería haber habido una barrera ética. Ellos no podían ignorar las consecuencias posibles de lo que estaban haciendo. Lo que hizo estallar Chernobyl no fue una falta de conocimiento. Fue la falta de ética”, puntualizó.
Resulta que el hombre es por naturaleza un ser racional, simbólico, dialógico, social, político, religioso, histórico y ético. Y es ético, porque es un ser libre, que elige y decide, que realiza actos racionales conscientes, voluntarios, responsables, honestos y justos, a la vez que emite juicios de valor sobre sus actos y los actos de sus semejantes.
Con las palabras de Esperanza Guisán ratificaríamos que “El hombre es un animal moral no programado, al menos no totalmente programado, condenado a elegir o, al menos, a tomar algunas decisiones”.
LA CRISIS DE VALORES DE LA HUMANIDAD
Para nadie es novedad que desde hace varias décadas estamos viviendo una raigal crisis de valores, crisis de la cotidianidad y del desbarajuste moral, expresados en actos de corrupción e inmoralidad en todo orden de cosas.
¿No será, que las expresiones de Krishnamarti son cada vez más ciertas al afirmar categóricamente que “El mal de nuestro tiempo consiste en la pérdida de la conciencia del mal?, “Todo se permite si puedo llegar al éxito” (Peter A. Sorokin). O la sentencia de un anónimo: “La tierra sufre hoy de cáncer. Ese cáncer se llama el hombre sin moral”.
Hay autores que consideran como una de las principales causas de la crisis de valores de la humanidad es el fracaso de las metodologías educacionales porque no se desarrolla una educación con contenido ético y sentido social que permita al individuo ser autónomo, con independencia de juicio, altruista y responsable. Otros, entre ellos Ruth Lerner de Almea[2]1 argumentan que no es posible “enseñar” valores morales, sino que éstos son características que el ser humano asimila como resultado de su vida dentro de una sociedad determinada.
TECNOLOGÍA Y DILEMAS ÉTICOS
Observadores sociales e investigadores científicos estiman que se avecina un futuro en el que la tecnología continuará creando nuevos dilemas éticos en casi todos los sectores económicos y que la tecnología sofisticada aislará más a los individuos, incluso en lugares públicos y permitirá que extraños tengan acceso a los secretos más íntimos de las personas y las corporaciones.
Ante este reto hay la necesidad de anticiparse y elaborar nuevas reglas de comportamiento so cial, laboral y profesional a tono con los adelantos científicos y tecnológicos, para apoyar la libertad individual, asegurar la calidad de vida, preservar la vida privada, alcanzar el desarrollo humano integral en paz  y con justicia social.
LA INDIFERENCIA DEL HOMBRE CONSIGO MISMO
 Erick Fromm, ante la pregunta ¿existe un problema moral característico de nuestro tiempo? Responde que nuestro problema moral es la “indiferencia del hombre consigo mismo”, problema que radica en el hecho “que hemos perdido el sentido del significado y de la individualidad del hombre, que hemos hecho de nosotros mismos los instrumentos de propósitos ajenos a nosotros, que nos experimentamos y nos tratamos como mercancías y que nuestros propios poderes se han evadido de nosotros”. Y no contento con lo manifestado, agrega: “Nos hemos transformado en objetos y nuestros prójimos también se han transformado en objetos (…). Dado que no confiamos en nuestro propio poder, no tenemos fe en el hombre, fe en nosotros o en aquello que nuestros propios poderes pueden crear (…). Deambulamos en la oscuridad y conservamos  nuestro valor porque oímos que los demás silban como nosotros”.

BÚSQUEDA DE UNA ÉTICA DEL FUTURO
En la búsqueda de una ética del futuro es bueno empezar por construir desde ahora un mundo “menos antropocéntrico y más egocéntrico” como lo propugna Hans Jonas, que tiene por centro el hogar-Tierra o el medio ambiente planetario, en una relación productiva y creadora de hombre-naturaleza, hombre-mundo, como unidualidad permanente y de por vida.
Así como la planta sólo crece vigorosa cuando hunde sus raíces en la tierra, así también el hombre sólo crecerá moralmente en el siglo XXI con una nueva ética cuando impregne de sentido ético y social a su conducta cotidiana. No olvidemos que la vida humana es base, no cúspide; la base de la vida humana son los bienes morales o espirituales, fundamentalmente, y no sólo los bienes materiales o económicos.

Y para el buen vivir en el siglo XXI se requiere saber elegir bien. Elegir bien es procurarse todo aquello que es adecuado, bueno, honesto, digno y justo. La vida es un afanarse constante por querer ser de una manera correcta, con clara conciencia de responsabilidad social, jurídica y ética, conciencia plena de las posibilidades de llegar a ser lo que uno se propone ser.

Bernardo Kliksberg manifiesta que “Frente a los agudos problemas de pobreza y desigualdad que presenta América Latina –y por qué no también el mundo-, valores éticos básicos tales como la responsabilidad de los unos por los otros, la sensibilidad frente a la pobreza, el respeto profundo a la dignidad del pobre, la sensación de urgencia frente a los daños irreversibles que causa la pobreza y ayudar al otro de manera tal que no necesite más ayuda, deberían orientar el diseño de políticas y los esfuerzos por el desarrollo”.

No olvidemos que la falta de ética repercute en la economía y la política de una sociedad. Falta de ética es falta de transparencia, de credibilidad, de confianza, de veracidad y de honestidad. La falta de ética denota la carencia de reglas claras y precisas en el mercado, en el manejo de la cosa pública, en el desempeño de las profesiones, en el comportamiento laboral.

La experiencia internacional indica que los países con más capital social y valores éticos han tenido y tienen mejores resultados en términos de desempeño social y económico, de producción y productividad, de calidad de vida y de maduración democrática.

HAY HAMBRE DE ÉTICA EN EL MUNDO

Enrique V. Iglesias, del BID, convencido de la necesidad, importancia y trascendencia de la ética reveló: “¡Hay hambre de ética en el mundo!”. Por nuestra parte agregaríamos también: hay necesidad de empleo digno y salario justo, de respeto a los derechos humanos, de distribución equitativa y justa de la riqueza mundial, de globalización económica con rostro humano y de revolución moral.

Para satisfacer el hambre de ética en el mundo se requiere de una nueva ética ciudadana y ética comunicativa o dialógica, es decir de la existencia de un ámbito de ideas y de conductas en las que todos puedan coincidir, independientemente de sus diferencias.

Estamos atravesando por una época de confusión e incertidumbre. No hay consenso real en las sociedades sobre cuál es el verdadero significado del quehacer económico, político y social, y sobre cómo debería llevarse a la práctica en la vida privada y en la vida pública. Faltan mecanismos adecuados y precisos para que la sociedad dialogue y pueda consensar los contenidos  y valores mínimos fundamentales de la ética ciudadana y ética comunicativa.

Y los valores mínimos de la ética cívica son la tolerancia, la libertad, la igualdad, la solidaridad y el respeto por los Derechos Humanos.

ÉTICA COMUNICATIVA

Para K.O. Apel y J. Habermas, el diálogo y la comunicación son los únicos medios a que puede recurrir el hombre para saber si los intereses subjetivos pueden convertirse en normas universales. La ética comunicativa se fundamenta en la autonomía de las personas, que confiere al individuo el carácter de auto-legislador; en la igualdad de todas las personas, con el mismo derecho y el mismo deber de buscar normas mínimas universales por consenso y mediante el diálogo; los miembros de la comunidad deben reconocerse como interlocutores del diálogo; y, las normas mínimas, logradas por consenso, regulan el comportamiento moral en una sociedad democrática y pluralista y permiten lograr el perfeccionamiento de la sociedad.



[1] Artículo publicado en el Diario DEL PAÍS, de Lima-Perú, el martes 20 de noviembre de 2012.
[2] Ruth Lerner de Almea, Los valores morales en el contenido de la educción (Estudio caso Venezuela).