martes, 15 de enero de 2013

A LOS 90 AÑOS DE 4 HECHOS HISTÓRICOS

A LOS 90 AÑOS DE 4 HECHOS HISTÓRICOS (*)
Por: Eudoro Terrones Negrete
Hace noventa años ocurrieron cuatro hechos históricos en un mismo año, 1923. El pueblo aprista peruano e indoamericano no olvida:  El bautizo de fuego de los líderes del pueblo, sellándose con sangre la alianza obrero-estudiantil. El líder y fundador del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre cae prisionero. Se efectúa el primer paro general de trabajadores en el Perú. Y Haya de la Torre es deportado a Panamá.
1.    EL BAUTIZO DE FUEGO DE LOS LÍDERES DEL PUEBLO
El primer hecho histórico acontece el 23 de mayo de 1923, cuando el dictador Augusto B. Leguía (1919-1930) expide un decreto supremo consagrando a la República del Perú el Sagrado Corazón de Jesús.
Ante esta decisión de Leguía, los estudiantes universitarios, apoyados por los obreros y campesinos y la militancia del Partido Aprista Peruano, acordaron protestar públicamente.
La noche del 22 de mayo, se reunieron en el local de la Federación de Estudiantes del Perú los delegados de las Universidades Populares González Prada (U.P.G.P.),  para dar los toques finales al mitin convocado para el siguiente día.
El entonces rector de la U.P.G.P.,  Víctor Haya de la Torre, les dijo: “Mañana vamos a dar una lección práctica al demostrar que nuestra pedagogía es algo vital. El que flaquee debe perder su puesto y será castigado. Si yo flaqueo: que se me castigue o que se me suprima. En esta lección viva nosotros tenemos el deber de ser los primeros. Mañana vamos al laboratorio de la acción para una gran experiencia. Si no sabemos conducirla, seremos indignos de ser vuestros maestros. Vosotros debéis ser dignos discípulos cumpliendo hasta el fin vuestro deber, y cuidando, con toda energía, de que nosotros lo cumplamos”.
Y así fue, todos acudieron al llamado. Lamentablemente, una asamblea estudiantil pacífica que desfiló por las calles centrales de Lima, fue atacada con armas de fuego por la Guardia Republicana al mando del Rufino Martínez, a las 7:00 de la noche, en la calle de Huérfanos, hoy cuadra séptima del jirón Azángaro de Lima. Cayeron muertos cinco soldados, un estudiante de Letras, Manuel Alarcón Vidalón, y un obrero aprista, el tranviario Salomón Ponce.
El escritor chileno, Alberto Baeza Flores, al describir el hecho histórico en su obra “Haya de la Torre y la revolución constructiva de las Américas” asevera que el régimen de Leguía había iniciado una “prototípica maniobra de alta demagogia” y para atraerse a la Iglesia Católica anunció que a ella consagrará la capital del Perú. Refiere, asimismo: “Haya de la Torre se ha educado en un colegio religioso, no es un anti-católico, pero comprende que se ha de luchar por la libertad de los credos y que la medida de Leguía es un atentado contra los libre pensadores, los otros credos religiosos y la libertad de conciencia. Se opone. Tras él los estudiantes y los obreros. Frente a él: el régimen de Leguía con todas sus fuerzas represivas, la reacción con toda su propaganda e influencias. Las jornadas son sangrientas. El régimen de Leguía lanza a la Guardia Republicana y a sus agentes contra los estudiantes y obreros. En la Universidad de San Marcos se enfrenta Haya de la Torre a los esbirros: “¡Esta es una casa de la cultura y no una cueva de bárbaros!”. En las calles hay encuentros sangrientos. Víctor Raúl está en las calles. El obrero Eduardo Colfer salva a Haya de la Torre de un feroz golpe de sable de los policías. Haya de la Torre se pone en frente de una manifestación hacia la plaza de Armas. Lima es una capital de luchas. El régimen de Leguía tiembla”.
Víctor Raúl se enfrenta a los soldados y les manifiesta: “No son ustedes los responsables de las medidas de terror que han masacrado a nuestros compañeros. El culpable es el sombrío tirano que se esconde ahí”.
Felipe Cossío del Pomar, califica esta jornada heroica como la iniciación del indestructible Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales: “Fue el 23 de mayo el bautizo de fuego de los líderes del Apra, pero también lo fue de los “neo-caballeros” de la reacción”.
José Carlos Mariátegui, en sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, explica la trascendencia del hecho: “El 23 de mayo reveló el alcance social e ideológico del acercamiento de la vanguardia estudiantil a las clases trabajadoras. En esa fecha tuvo su bautizo histórico, “la nueva generación…” En Lima, algunos estudiantes portavoces del nuevo espíritu, crearon hace cinco años las Universidades Populares, e inscribieron en su bandera el nombre de González Prada”.
A su vez, Percy Murillo Garaycochea, en  “Historia del Apra” refiere que frente a estos luctuosos sucesos “Lo cierto es que la ceremonia fue suspendida y que la enorme estatua del Corazón de Jesús, que debió erigirse en la Plaza Principal y ante quien todo el Ejército, la Marina, los poderes ejecutivo y judicial, las cámaras legislativas, todos los funcionarios públicos debían desfilar el día 30, quedóse en los talleres donde había sido fabricada”.
2.    LA CAPTURA DEL LÍDER
El segundo hecho sucede el 2 de octubre de 1923, cuando por engaño del comisario de Miraflores de la ciudad de Lima, Haya de la Torre cae prisionero, reducido al violento silencio y es conducido a la Isla de San Lorenzo, isla en la que se pudren muchas víctimas, de todas las clases sociales, arrojadas allí por sospechas o por venganza. En esta isla, Haya de la Torre se declara en huelga de hambre durante 8 días. Los estudiantes y obreros de Lima, Vitarte, Trujillo y otros puntos del país levantaron su unánime voz de protesta y de censura al dictador Leguía.
La misma noche que el voto de los estudiantes elegía a Haya de la Torre, por segunda vez, para la presidencia de la Federación de Estudiantes del Perú, el líder aprista fue arrestado.
“El Textil”, órgano clandestino del movimiento obrero, reprodujo una carta que misteriosamente y violando la insultante incomunicación le hizo llegar Haya de la Torre, desde la prisión de San Lorenzo, el 3 de octubre de 1923.
En la misiva Haya decía así: “A los estudiantes y obreros: Si estas líneas logran violar la insultante incomunicación en que se me tiene desde la media noche de ayer, llegue a vosotros mi saludo. El tan largo tiempo madurado proyecto de mi prisión y destierro, se consumó, al final, aprovechándose de una de las muchas intrigas de Bajo Imperio, que nuestros prohombres de las diferentes jaurías políticas promueven periódicamente, cada vez que el estómago les grita”
A renglón seguido revela el móvil de su captura: “Fui capturado por medio de un engaño del comisario de Miraflores, que, después de prometerme que se trataba de algo personal con él, resultó cómplice inconsciente o no, del plan de prisión que consumó el Intendente Elías en persona. Con rapidez y cuidado fui traído. Comprendo que de lo que paga el Estado, lo que mejor marcha son los automóviles cuando arrebatan la libertad a un hombre”.
Luego, Haya de la Torre da a conocer el compromiso que asume en bien del pueblo: agitar las conciencias hacia la conciencia y producir la revolución de los espíritus.  “No sé cuál será mi suerte, ni me interesa pensar en ella. Agito y agitaré las conciencias hacia la justicia. Lucho por producir la precursora revolución de los espíritus, y maldigo, con todo el calor de mi convencimiento a los explotadores del pueblo, que hacen del Gobierno y de la política, vil negociado culpable”.
Finalmente, confiesa que retornará al Perú llegada la hora de la Gran Transformación y por la Justicia Social: “Si he de marchar al destierro, algún día he de volver. Retornaré a mi tiempo, cuando sea llegada la hora de la gran transformación. Ya lo he dicho y lo repito: sólo la muerte será más fuerte que mi decisión de ser incansable en la cruzada libertadora que América espera de sus juventudes, en nombre de la Justicia Social”.
3.    EL PRIMER PARO NACIONAL DE TRABAJADORES EN EL PERÚ
 El tercer hecho se registra al día siguiente, el 3 de octubre de 1923. Por primera vez en la historia política de Lima y del Perú se produce un paro general de 48 horas en protesta a la persecución política que era objeto Haya de la Torre, dispuesto por el dictador Augusto B. Leguía. Los trabajadores manuales e intelectuales piden inmediata “Libertad para el Maestro”. El gobierno, como represalia, dispone la clausura de las Universidades Populares Manuel González Prada y de los locales obreros. La situación política se torna muy difícil, no hay acuerdo entre Leguía y los trabajadores manuales e intelectuales. Leguía pierde los papeles, no sabe qué hacer por momentos, hasta que decide deportar al líder de las multitudes.
4.    LA DEPORTACIÓN DE HAYA DE LA TORRE A PANAMÁ
El cuarto hecho histórico es la deportación de Haya de la Torre a Panamá. El 8 de octubre de 1923 Víctor Raúl es deportado a Panamá en el barco “Negada”. Ante la negativa de aceptar inyecciones y su estado de salud declinaba, tuvieron que cargarlo en brazos, demacrado y frágil.
Cuando el capitán quiso entregarle 5 libras, por orden del tirano Leguía, Haya de la Torre le devuelve el dinero, claro que sí indignado, y le responde a Leguía en los términos siguientes: “Que prefería arañar la tierra antes que recibir oro del tirano”.
Al respecto, Haya de la Torre declaró en aquél entonces: “”Quiero significar así mi protesta de hombre libre. Me muero en huelga de hambre o me dejan en libertad…Cuando mi resistencia física flaqueaba y surgió –por afirmación de los médicos que el gobierno enviaba- el peligro de un síncope mortal por alteraciones cardíacas, se me embarcó precipitadamente, sin más equipaje que mi ropa puesta, en un transatlántico alemán, en el que, hasta el límite del litoral peruano, permanecí incomunicado por una comisión policial compuesta de seis agentes. El destierro era para mí una forma de libertad, quizá la única forma de libertad, ya que en el Perú no existe” (Haya de la Torre, Obras completas, tomo 1).
Qué duros y sacrificados tiempos iniciales los de la tercera década del siglo XX, en el que hacer vida política constituía poner en riesgo la vida propia y ser deportado, sólo por defender la democracia y el derecho de los trabajadores a vivir en paz, con empleo digno, salario justo y libertad de credos.
Diferente los tiempos actuales, ¿verdad?, tiempos en el que para formar “partidos políticos” sólo se requiere de dinero, de unos cientos de firmas no bien depuradas, de militantes que migran cada cinco años de uno a otro partido, sin importar para nada la calidad intelectual y moral y la experiencia de sus líderes máximos y dirigentes de base.
Abriguemos la esperanza, por el bien del país, que este partido histórico, el APRA, siguiendo el ejemplo de su máximo líder, Haya de la Torre, continúen su pensamiento y obra, y empiece por aplicar la necesaria reingeniería de proceso en su organización política. ¡Mañana puede ser tarde!, aun cuando hay quienes piensan que más vale tarde que nunca.
(*) Artículo publicado en el diario DEL PAÍS, Lima, 15 de enero del 2013, pàg.10.