lunes, 25 de febrero de 2013

RENOVACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL PERÚ

RENOVACION DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN EL PERÚ
Escribe: Eudoro Terrones Negrete

SINOPSIS DE LA POLÍTICA PERUANA
 No se ha reparado quizá todavía en el hecho de que ningún país sudamericano llegó a sumar en el siglo XIX una cantidad de luchas internacionales tan grande como el Perú. Ellas fueron las siguientes: invasión de Bolivia (1828); guerra con la Gran Colombia (1829); choques civil-internacionales entre peruanos, bolivianos y chilenos (1836-1837); última guerra con Bolivia (1841-42), campaña del Ecuador (1859), conflicto con España (1866); fuera del Pacífico (1879-83). En total, se sucedieron nueve guerras, abarcando quince años”, refiere el historiador Jorge Basadre en “La promesa de la vida peruana”, pero todas estas guerras fueron libradas con carácter defensivo.
En el siglo XIX y hasta las dos terceras partes del siglo XX, la democracia en el Perú nació y murió muchas veces. Guerras, tiranías, dictaduras y breves tiempos de democracia vivieron los peruanos. Más pudieron las bayonetas, metralletas y tanques blindados de militares ambiciosos de poder político que las inmensas aspiraciones de justicia de la población. La sociedad se volcó a las calles sin rumbo y sin destino, sin un objetivo humanista que integre sus demandas y reivindicaciones y sin posibilidades de manifestarse libremente ante las pretendidas “reformas estructurales del Estado” que imponían ajustes, sacrificios y encarecimiento de la vida.
Históricamente, cogobernaron el Perú  los militares -vía golpe de Estado- y los civiles en su mayoría de derecha. Cuando la fuerza de la razón entraba en crisis, de repente se levantaba algún militarista para imponer la razón de la fuerza, argumentado que los civiles no estaban preparados para gobernar el país. Y así poco a poco se adormecía la conciencia ciudadana y se incrementaba la desconfianza colectiva en la política y los políticos. La democracia no podía estabilizarse, regenerarse y expandirse, y gobierno tras gobierno aumentaba la pobreza, la desigualdad, la exclusión, el desempleo, la corrupción y la injusticia en todos los poderes del Estado. Los derechos humanos y las libertades individuales entraron en sus cuarteles de invierno.
Decía el maestro Luis Alberto Sánchez: “En mi país se hizo célebre una dolorosa frase antipatriótica. Vivíamos los amargos días de la guerra del Pacífico. El desbarajuste nacional era causa directa de los fracasos; surgió en medio del desorden un caudillo tratando de ordenar el país: Piérola. Y yo no sé si es cierto, pero no ha sido negado jamás, el hecho de que sus enemigos, el civilismo peruano, enunció su consigna de odio: “Primero los chilenos que Piérola”.
Ulteriormente, desde 1931 se hizo duradera la consigna promovida por los agentes nativos del imperialismo yanqui y del comunismo internacional: “Primero la dictadura militar que el Aprismo”. ¿Y cuál fue su efecto? Por muchos años a los apristas les fueron cerradas las puertas de la legalidad, sus derechos políticos estuvieron disminuidos, no se les permitió organizarse libremente, sólo pudieron elegir y no ser elegidos para cargos públicos en las elecciones municipales y nacionales. Su máximo líder Haya de la Torre, fue permanentemente desterrado, calumniado en los medios de la derecha y del comunismo.
Los grupos de poder económico tras capturar el poder político convirtieron el Palacio de gobierno en un club de compadres en busca del presupuesto nacional, con el fin de amasar fortunas, pagar favores políticos y perpetrar las más detestables corrupciones, inmoralidades y desfalcos. Así tuvimos gobiernos entreguistas, serviles del imperialismo e insensibles a las demandas del pueblo.
Advino entonces  la desnacionalización, la esclavitud económica y el colonialismo mental. El Estado era representante de los intereses extranjeros y sirviente del imperialismo, hipotecador de los recursos naturales a las empresas transnacionales. El Estado centralizó por mucho tiempo los servicios y las inversiones en la capital de la República, privando a los pueblos del interior del país la solución oportuna de sus ancestrales problemas de tierra, luz, agua, vivienda, educación, salud, pan y libertad.
El Apra fue el único partido político en Perú y América Latina que más ha sufrido terror, persecución, martirio y cuyas victorias electorales le fueron desconocidas por el atropello, el veto o el fraude con el propósito de impedir su llegada a Palacio de gobierno. Algo más: fue el único partido político que fue llevado ante la Corte Internacional de La Haya, en la persona de su Jefe y Fundador Víctor Raúl Haya de la Torre, acusado de “crímenes comunes”, para después de una rigurosa e imparcial investigación ser absuelto por cuanto el gobierno de Odría no pudo demostrar que los delitos de que acusaban a Haya de la Torre sean delitos comunes, según el fallo de la Corte Mundial del 20 de noviembre de 1950.
Algo más. Las tiranías militares persiguieron a los apristas en forma sangrienta. Más de seis mil de sus afiliados cayeron bajo las balas de la represión reaccionaria; muchos de sus líderes fueron ejecutados, murieron en las prisiones. Derechas e izquierdas totalitarias se aliaron tratando de exterminar este movimiento histórico. Y no pudieron conseguir sus malévolos objetivos.
De esta lucha ideológica, entre el comunismo internacional y el APRA, éste último salió triunfante. El primero se atomizó en varios minipartidos y no llegó a ser gobierno en el Perú; en cambio, el Apra mantuvo su unidad y ya fue dos veces gobierno con Alan García Pérez como presidente de la República (1985-1990; 2006-2011).
DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN
Desde 1821 nacieron y desaparecieron movimiento políticos, porque nacieron sin ideología, sin doctrina, sin filosofía, sin planes de gobierno y sin dirigentes capacitados para las funciones de gobierno, con escasa representatividad ciudadana, con precaria organización, con poca o nula formación política de sus militantes y sin planes de gobierno que coadyuven a la solución de los problemas nacionales.
La vida republicana estuvo signada por gobiernos de facto (militares) y gobiernos democráticos que se distribuyeron y compartieron el poder político vía la razón de la fuerza o la fuerza de la razón, sin haber superado la polarización social, las conductas antiéticas, menos aún la marginación, la exclusión social, el desempleo, la pobreza, los conflictos sociales y la fragmentación de la representación en el Congreso de la República.
El carácter vertical, autoritario y anti-partido de la mayoría de los gobiernos militares de Perú, ha creado una conciencia contraria al régimen democrático y a los partidos políticos, contribuyendo a su desacreditación y atomización. Aquí están los gobiernos de Leguía, Sánchez Cerro, Odría y Velasco Alvarado, principalmente durante el siglo XX. Resultado: el fracaso de los intentos de modernización del Estado y de creación de una cultura democrática; se incubó el Estado corrupto y sirviente de las oligarquías económico-financieras y de los intereses transnacionales pro-imperialistas. Por eso es que la ciudadanía percibió a estos movimientos como orientados a sólo satisfacer sus intereses de grupos y mantener los lazos de dominación y dependencia.
Unos partidos muertos y otros inactivos
Muchos partidos políticos se fundaron en el Perú, los mismos que después de un breve tiempo de vigencia desaparecieron, y algunos se mantuvieron inactivos.
Cabe referir al Partido Nacional Democrático (1915), Partido Democrático Reformista (1920), Partido Laborista del Perú (1925), Partido Socialista del Perú (1928), Partido Nacionalista del Perú (1933), Partido Sindicalista Rural Urbano del Perú (1939), Partido Social Cristiano del Perú (1945), Movimiento Democrático Peruano (1956), Frente de Liberación Nacional (1960), Unión Nacional Odriista (1961), Movimiento de Izquierda Revolucionaria (1962), Frente Obrero Campesino, Estudiantil y Popular (FOCEP) (1977), Acción Política Socialista (1980), Partido de Integración Nacional (PADIN) (1982), Solidaridad y Democracia (SODE) (1985), Frente Democrático (FREDEMO) (1988), Movimiento Obras (1989), Coordinadora Democrática (CODE) (1992), entre otros.
A partir de las elecciones generales de 2006 los partidos políticos que no lograran superar la valla electoral fueron cancelados en su inscripción ante el JNE. En esta situación están: En el 2007, Avanza País, Con Fuerza Perú, Frente Independiente Moralizador, Fuerza Democrática, Partido Justicia Nacional, Partido por la Democracia Social, Partido Reconstrucción Democrática, Partido Renacimiento Andino, Partido Socialista, Perú Ahora, Progresemos Perú , Proyecto País, Resurgimiento Peruano y Se llama Perú. En el 2012: Agrupación Independiente Sí Cumple, Cambio Radical, Despertar Nacional, Frente Popular Agrícola Fía del Perú, Fuerza Nacional, Movimiento Nueva Izquierda, Nueva Mayoría, Participación Popular, Partido Descentralista Fuerza Social, Partido Fonavista del Perú y Partido Político Adelante.
Partidos que mantienen vigente su inscripción
 Ante el Jurado Nacional de Elecciones mantienen vigente su inscripción: Partido Aprista Peruano (PAP), Acción Popular (AP), Alianza para el Progreso, Cambio 90, Fuerza Popular, Partido Democrático Somos Perú, Partido Humanista Peruano (PHP), Partido Nacionalista Peruano (PNP), Partido Popular Cristiano (PPC), Perú Posible, Restauración Nacional, Siempre Unidos, Solidaridad Nacional, Tierra y Dignidad, Todos por el Perú y Unión por el Perú.

A la fecha, la democracia en el Perú adolece de una serie de problemas: aparición de figuras “independientes”, anti-sistémicas y anti-políticas; improvisación e inexperiencia de dirigentes; imprevisiblidad e incertidumbre; conductas antiéticas con signos de corrupción e inmoralidad; divorcio de los partidos con los intereses colectivos; permanente transfuguismo político; altos niveles de desconfianza ciudadana hacia los partidos; bajos niveles de aceptación y aprobación popular a los dirigentes políticos; carencia de democracia interna y de renovación de los cuadros de dirigentes en la casi totalidad de los partidos, entre otros.
Las Constituciones políticas y la Carta Democrática Interamericana (2001) señalan como esencial para la vigencia de la democracia el fortalecimiento de los partidos y organizaciones políticas como medios de expresar la voluntad popular, los valores democráticos y una cultura democrática en la población.
El derecho de la inmunidad que tienen los parlamentarios debería ser revisado y regulado legalmente para que a través de ella no se cometan abusos con falsas denuncias de corrupción a ciudadanos y ejecutivos por no pertenecer a las filas de su partido político y no sirva sólo para la protección entre los mismos parlamentarios deviniéndolo en impunidad. Por otra parte, por las cosas desatinadas que efectúan y la baja calidad de las leyes que aprueban y el incremento desmedido de sus remuneraciones mensuales que de cuando en cuando aprueban, están muy desacreditados ante la opinión ciudadana, cuyo índice de confianza no llega ni siquiera al 15 %.
Convenimos, finalmente, en que la democracia no funciona sin partidos. La calidad de la democracia depende de la calidad de los partidos. La debilidad y el descrédito de los partidos implica la debilidad y el descrédito de la democracia.  Que son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el régimen plural de partidos y organizaciones políticas y la separación e independencia de los poderes públicos. Y que el fortalecimiento de los partidos y de otras organizaciones políticas es prioritario para la democracia.
NUESTRA PROPUESTA DE RENOVACIÓN
Frente a la actual situación de los partidos políticos, urge que los demócratas optemos por formular algunas propuestas:
-          Revisar y llenar algunos vacíos de reingeniería de proceso de la ley de partidos políticos aprobada en el 2003.
-          Aprobar un código general de ética de los partidos políticos  y velar por su aplicación estricta en cada partido político.
-          Determinar el 10 por ciento del total de la población electoral como uno de los requisitos fundamentales para ser reconocido como partido político en el Jurado Nacional de Elecciones.
-          Renovación política del parlamento por tercios, evitando la reelección de autoridades por un periodo consecutivo.
-          Revocar al presidente y vicepresidente de la República y a los congresistas por no responder a las expectativas de las poblaciones que los eligió en sus respectivas circunscripciones territoriales, por incumplimiento de sus promesas electorales, por alentar el levantamiento armado de los campesinos, por no rendir cuenta documentada sobre sus viajes al extranjero, por estar involucrados en casos de corrupción, inmoralidad o lavado de activos, por no reconocer la paternidad de sus hijos fuera del matrimonio, entre otras causas.
-          Instituir en cada partido el Escalafón del Dirigente Político, con fines de seguimiento de su gestión, rendición pública del trabajo realizado, evaluación y capacitación permanente y evaluación de su comportamiento ético.
-          Retornar al bicameralismo (Cámara de Diputados y Cámara de Senadores) con un parlamento meritocrático, menos burocrático, con mejores filtros para la aprobación de leyes y más productivo.
-          Reducir el requisito de mayoría absoluta para ganar en las elecciones de segunda vuelta.
-          Eliminar el voto preferencial, para fortalecer las estructuras de los partidos.
-          Implementar el régimen de seguimiento, control, fiscalización y sanción a los malos militantes y dirigentes de los partidos políticos.
-          Sancionar legalmente el “transfuguismo” político, para que ninguna autoridad por elección popular,  dirigente, alcalde, presidente de gobiernos regionales, una vez elegido por un partido se pase a otro partido por fines personales, traicionando la confianza de sus electores.
-          Universalizar la revocatoria de autoridades: Presidente y vicepresidente de la República, parlamentarios (diputados y senadores), presidentes y consejeros de gobiernos regionales,  alcaldes y regidores, jueces de paz no letrados.
-          “Hoy el desafío es imaginar formas de representación que recojan la pluralidad y la diversidad dentro de la unidad de la Nación” (Nelson Manrique Gálvez, en “Democracia y Nación. La Promesa pendiente”).
MÁS Y MEJORES LÍDERES POLÍTICOS
La mayoría de la población peruana exige una nueva hornada de líderes políticos, con más cerebro que corazón, más mística y espíritu de servicio al bien común, más vocación y conciencia integracionista, más  principios y valores éticos, más ideas nuevas para dar solución a los antiguos y nuevos problemas del presente siglo.
El Perú necesita de líderes políticos que piensen y actúen por el Perú y para el Perú, que se pongan la camiseta del Perú y sin tener que recurrir al plagio o al calco de revoluciones que corresponden a otras latitudes.
La renovación de los partidos políticos debe llevar al Perú de una democracia de electores hacia una democracia de ciudadanos (ciudadanía civil y social), no sólo con amplias libertades y derechos a decidir por sí mismos, sino también para que los derechos de los ciudadanos se tornen efectivos y contribuyan a mejorar la calidad de vida y a lograr la justicia social plena.
No más organizaciones políticas electoreras que nacen en el día y mueren al siguiente día.
González Prada, en sus Ensayos escogidos, afirma: “Viendo de qué lugar salimos y dónde nos encontramos, comparando lo que fuimos y lo que somos, puede calcularse adónde llegaremos y lo que seremos mañana”.
(*) Artículo publicado en el Diario DEL PAÍS, Lima, 25 de febrero de 2013 y en el diario virtual Generacción.com.