lunes, 9 de marzo de 2015

LA ÉTICA DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO EN EL SIGLO XXI

LA ÉTICA DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO EN EL SIGLO XXI

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

No cabe duda que, felizmente, a nivel de todas las carreras profesionales, la ética es universalmente reconocida en su verdadera dimensión, sentido, importancia y trascendencia y como ciencia fundamental e irremplazable para la formación de los profesionales en los diferentes centros de enseñanza superior no universitaria y universitaria.

Todo ser humano tiene pensamiento (teoría) y acción (praxis). El pensamiento es el conjunto de ideas que permiten valorar moralmente una acción en términos de buena, mala, justa, injusta, honesta, deshonesta, responsable, irresponsable, leal, desleal, honesto, deshonesto, digno, indigno, etc.

Para la difusión del pensamiento los seres humanos utilizan un determinado medio: la palabra, el escrito o el medio de comunicación. La acción se expresa a través de una serie de hechos cuantitativos y cualitativos, hechos materiales que son observables y valorables y que tienen una causa y un fin que les motiva. La valoración moral de la acción se efectúa mediante la expresión de un juicio.


Son, pues, los hechos humanos en general y los hechos de los estudiantes universitarios en particular, que requieren ser juzgados o valorados a la luz de los principios de la ética para justificar con sentido social su razón de ser en la vida de las personas y de las sociedades de acuerdo a sus múltiples intenciones, fines o metas.

Las constituciones políticas de los países democráticos del mundo amparan, reconocen y protegen los derechos de los ciudadanos a expresar y difundir libremente los pensamientos, las ideas y las opiniones mediante la palabra, el escrito, o cualquier otro medio de reproducción, bajo las responsabilidades de ley y limitado sólo por el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar, a la seguridad nacional, a la imagen individual y a la protección de la infancia y de la juventud.

La libertad de expresión, que es derecho consubstancial de toda naturaleza humana, es una herramienta ineludible para el ejercicio de la profesión periodística. Su uso y explicación debe ajustarse a los principios de la ética, a ciertas regulaciones, para que los periodistas no incurran en libertinaje, no abusen con este derecho y sean capaces de garantizar el ejercicio ético de la libertad en aras del bien común.

Una vez más, se justifica la enseñanza de la ética en la formación profesional de los periodistas. La información veraz y objetiva es un bien público y social que requiere ser conocida por la sociedad, a través de cualquier medio de difusión, para contribuir a la mejor y oportuna toma de decisiones que conlleven a la solución de dilemas y de problemas de diversa naturaleza.

La ética y el derecho son las principales ciencias que fundamentan y justifican de manera racional y legal todos los demás derechos humanos, entre los cuales están, principalmente, el derecho a la información y el derecho de información.

La ética, bien entendida y aplicada en el campo de las comunicaciones, es la ciencia que garantiza a la sociedad el derecho de contar con informaciones y comentarios veraces, imparciales, pluralistas, responsables y con independencia de criterio, que contribuyen a la formación de una opinión pública saludable, respetable y de calidad, liberada del engaño, de la mentira, del sensacionalismo, de los conflictos de intereses y de la pornografía, de los chismes, de las intrigas y de los rumores, de los chantajes y sobornos, de toda forma de manipulación y de corrupción informativas.

En la nueva sociedad del conocimiento actuar éticamente es una necesidad imperiosa e ineludible. Hay múltiples razones para ello. La ética es una necesidad social y sumamente útil para innovar, cooperar y construir una sociedad solidaria, igualitaria, digna, libre y justa. La ética sirve para resolver moralmente los conflictos y problemas que se derivan de la  acción o del comportamiento de las personas. La ética permite recuperar el sentido de comunidad frente al individualismo. La ética es útil para conseguir un liderazgo democrático que sea moralmente excelente en todo sentido.  La ética sirve para asumir la responsabilidad de las decisiones  y para recuperar la credibilidad y la confianza perdidas.

El hecho de estar viviendo en un tercer milenio en el que predomina el uso de equipos y  herramientas de comunicación altamente sofisticadas – producto de los avances de la ciencia y la tecnología-, implica necesariamente que los estudiantes universitarios estén provistos de sólidos principios y valores éticos para superar con éxito los conflictos de intereses, los problemas y dilemas éticos y los posibles daños de incalculable magnitud que podrían ocasionar a las personas e instituciones.

Por eso es que hoy todo el mundo habla de ética, habla de la necesidad de volver a sus fuentes primigenias o de formular nuevas normas éticas concordantes con los avances de la ciencia y la tecnología de la actual sociedad del conocimiento, con el fin de enfrentar a necesidades nuevas derivadas de una sociedad de derechos y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Tanto es así que Rushworth Kidder, experto norteamericano en temas éticos, llegó a decir lo siguiente: “No sobreviviremos en el siglo XXI con la ética del siglo XX. Pienso que a medida que la situación se haga peor, nos vamos a dar cuenta de la necesidad de tomar aún más en serio el tema de la ética”.

Resulta que, nunca antes como ahora, el tema de la ética deviene en una permanente preocupación. La ética es un tema omnipresente. Cada vez crece más el interés por la ética en los parlamentos, universidades, poderes del Estado, tribunales internacionales, colegios profesionales, partidos políticos, congregaciones religiosas, sindicatos, asociaciones. Organizaciones no gubernamentales, empresas públicas, empresas privadas, medios de comunicación, editoriales, etc. El tema de la ética se ha diversificado en casi la totalidad de los campos del actuar humano y es analizado en sus alcances, dimensiones, sentidos, orientaciones, razones teóricas, bondades y consecuencias prácticas.

La enseñanza de la ética en las carreras profesionales universitarias se justifica plenamente dentro de las competencias que el futuro periodista deberá demostrar para enfrentar con éxito los riesgos, los retos, las innovaciones y los cambios del mundo del trabajo y que se originan como producto de los avances científicos y tecnológicos de la sociedad del conocimiento, combinando las exigencias de las tecnologías con sus saberes adquiridos (saber ser, saber hacer, saber lograr, saber convivir, saber emprender). Dentro de la serie de competencias[1] están las de compromiso ético, los conocimientos de los valores morales, culturales y estéticos

La formación de los nuevos profesionales universitarios en los diferentes campos del saber humano  no deben reducirse a simples aspectos técnicos ni deben ser despojadas de contenido humanístico, ideológico, social e histórico de la realidad de los pueblos del plantea.

La ética, como asignatura incluida en el currículum básico del plan de estudio de las diversas carreras profesionales universitarias de permite analizar y desarrollar de manera sostenida y profunda los problemas, dilemas, teorías, principios, valores y códigos éticos.

La enseñanza de la ética en las aulas universitarias  requiere de mucho debate, de mucha investigación sobre conductas éticas y antiéticas de los estudiantes universitarios, que conlleven al mismo tiempo a redefinirla e reinventarla dentro del nuevo mundo virtual en que se vive.

Precisamente, la deontología es la parte de la ética especializada que estudia las acciones humanas en relación con la profesión, estudia sus consecuencias morales, proyecciones ético- sociales, posibilidades, potencialidades y limitaciones éticas.

Ética y formación profesional universitaria siempre marcharon, marchan y seguirán marchando de la mano en procura del bien común, del bienestar y de la felicidad individual y colectiva.

La enseñanza de la ética en las profesiones universitarias se justifica porque la ética es una ciencia teórica y ciencia práctica que tiene que ver no sólo con la reflexión filosófica acerca de los problemas y dilemas éticos que origina el comportamiento del futuro profesional sino que se trata que los estudiantes universitarios aprendan normas, principios y valores para ser capaces de aplicarlos en la realidad profesional.

La enseñanza de la ética en las universidades permite al estudiante formar su propia conciencia respecto a la moralidad de los actos. Y para este fin los docentes universitarios encargan a los estudiantes la recopilación de la información sobre los fallos de tribunales de ética de los medios y de las Comisiones de ética de las universidades para que lleguen a conocer de manera directa las faltas éticas en que incurren los estudiantes y las vulneraciones a las normas éticas y normas jurídicas, respectivamente.

En la medida en que los estudiantes universitarios comprueben fehacientemente que los principios y valores éticos y sociales son respetados en la práctica, les resultará fácil comprender y explicarse mejor que la ética es una parte sustancial e importante en el quehacer del futuro profesional y que a través de ella se ponen al servicio de los valores éticos en aras de una sociedad mejor organizada y desarrollada desde sus cimientos.

La formación ética debe ser una de las principales competencias en la formación de profesionales universitarios para un mundo cada vez más cambiante y complejo.
Ante la pregunta ¿por qué es necesaria hoy la enseñanza de ética en la universidad?, el periodista y director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de la Santísima Concepción de Chile, Mario Urzúa Aracena, responde con claridad meridiana lo siguiente: “La enseñanza de la ética en la universidad debe ser parte de todos los planes de estudio, ya que es el marco de buen desempeño profesional que debe guiar a todos los titulados universitarios. Hay exigencias éticas mayores para algunas profesiones, como las que tienen que ver con la vida humana y con los derechos de las personas, pero en general si la universidad tiene un deber con la sociedad es entregar a ésta profesionales capacitados y a la vez responsables, siendo esto último propio de la ética profesional…”[2]

Pero la  utilidad, la trascendencia y la eficacia de los códigos de ética del estudiante universitario depende en mucho del compromiso de los estudiantes por su aplicación correcta. Pero si los mismos estudiantes ponen en duda de la eficacia de los códigos, lo subestiman y no se esfuerzan por conocerlos y aplicarlos en su labor académica cotidiana, muy poco o nada podrá esperarse de su utilidad.

En la enseñanza de la ética a los estudiantes de las carreras profesionales universitarias no sólo se analiza los problemas y dilemas éticos que deberá afrontar el estudiante cuando sea profesional sino también se le informa sobre las teorías o doctrinas éticas, los códigos de ética, las faltas a la ética, los dilemas éticos, etc.

La ética debe también abordarse no sólo en las aulas universitarias, sino también fuera de ellas, en permanentes coloquios, mesas redondas, foros, seminarios-talleres, reuniones “de café”, convenciones y congresos, etc.

El estudiante universitario, tiene el deber y la exigencia moral de prepararse con seriedad, responsabilidad y profundidad para ejercer con éxito sus futuras funciones profesionales, pero también tiene el deber de mantener al día su preparación mediante su reciclaje continuo (actualización y capacitación profesional) en concordancia con las innovaciones y avances de la ciencia y la tecnología y estar informado de los acuerdos, sugerencias o recomendaciones de eventos académicos para perfeccionar o mejorar su actividad profesional en sus centros de trabajo.



[1] Competencias lectoras en el orden semántico, pragmático, textual, enciclopédico, crítico e intelectual; comunicación oral y escrita en lengua materna y extranjera; competencia digital; competencias interpersonales, interculturales y sociales; competencia cívica; espíritu de empresa; aprender a aprender; aprender a emprender; capacidad de aplicar los conocimientos en la práctica; capacidad de análisis y de síntesis; capacidad para adaptarse a las nuevas situaciones y a los nuevos avances de la ciencia y la tecnología; capacidad para generar nuevas ideas (creatividad); toma de decisiones; capacidad de crítica y de autocrítica; capacidad de trabajar en equipo interdisciplinario; conocimientos básicos de la profesión periodística; habilidades de investigación; apreciación de la diversidad y multiculturalidad; habilidades metodológicas para el autoaprendizaje permanente, etc.