jueves, 26 de marzo de 2015

LA SOCIEDAD GLOBAL Y LA TRANSITORIEDAD


SOCIEDAD GLOBAL Y TRANSITORIEDAD

Escribe: Eudoro Terrones Negrete


        Inusitados cambios vienen produciéndose en la sociedad globalizada, como producto del gran avance tecnológico mayormente forjado en los laboratorios de investigación americanos, cambios que llegan a alterar el medio intelectual del hombre, su modelo mental del mundo, su ritmo de vida individual, sus motivaciones y expectativas, su forma de vivir, de sentir, de pensar, de querer, de aspirar, de obrar y de percibir el mundo circundante. Las relaciones hombre-cosas, hombre-instituciones, etc., son cada vez menos duraderas que en el pasado.
        En opinión de algunos pensadores e investigadores, actualmente se estaría produciendo una determinada pérdida de contacto con la propia realidad  ocasionado por el fenómeno de la aceleración del movimiento. E inclusive ya se habla en círculos académicos de deslocalización espacial o desubicación en el espacio que puede generar ambientes «a-dimensionales», es decir sin las dimensiones tradicionales.
        En épocas pasadas se construía cosas para que durasen, la permanencia era el ideal máximo del hombre. Pues al acelerarse el ritmo general de cambio en la sociedad globalizada, la economía de permanencia es reemplazada por la economía de transitoriedad y de la novedad.
        Si el hombre de hoy y del futuro tienen que adaptarse positivamente al ambivalente mundo global, ha de acelerar el ritmo de su formación de imágenes interiores y exteriores, ha de sopesar la información importante para sus deseos, intereses, aspiraciones y necesidades. Ha de renovar la colección de imágenes, ponerse al día cada segundo, minuto, hora, semana, mes y año o aprender de nuevo la realidad.
        No debemos olvidar que en 1965, en un artículo publicado en Horizon, Alvin Toffler, brillante periodista, maestro universitario y asesor de importantes organizaciones,  inventó el término «shock del futuro» para designar la desastrosa tensión y desorientación que se provoca en los individuos al obligarles a un cambio excesivo en un lapso de tiempo demasiado breve.
        Puntualiza el referido autor que «Para sobrevivir, para evitar lo que hemos denominado «shock» del futuro, el individuo debe convertirse en un ser infinitamente más adaptable y sagaz que en cualquier tiempo anterior. Debe buscar maneras totalmente nuevas de fijarse, pues todas las viejas raíces - religión, nación, comunidad, familia o profesión- sienten ahora la sacudida del impacto huracanado del impulso acelerador. Sin embargo, antes de que pueda hacerlo debe comprender más detalladamente la manera en que los efectos de la aceleración influyen en su vida personal, se deslizan en su comportamiento y alteran la calidad de la existencia. En otras palabras debe comprender la transitoriedad».
        El término transitoriedad es entendido por Toffler como temporabilidad de la vida diaria del ser humano como «ciudadanos de la Era de la Transitoriedad», entendida en términos de velocidad con que cambian nuestras relaciones con las cosas, los lugares, la gente, las organizaciones y las ideas, entendida «como la rapidez de giro de las diferentes clases de relaciones en la vida de un individuo... La vida de algunos se caracteriza por una rapidez de giro mucho menor que la de otros...»
        Tal transitoriedad del conocimiento y de las imágenes de la realidad, en una sociedad tecnoglobalizada, obligan a los interesados a «reorganizar su almacén de imágenes», les obliga «a aprender de nuevo, hoy, lo que ayer creían saber», pues las verdades de ayer se convierten súbitamente, hoy, en ficciones y que deben ser reemplazadas, renovadas, revisadas, revitalizadas cada vez más de prisa. El nuevo conocimiento llega a alterar el conocimiento viejo. El conocimiento también se vuelve cada vez más fugaz, más temporal, más transitorio. Los mismos vocablos de los diversos idiomas caen en desuso y son sustituidos por palabras nuevas a una velocidad varias veces mayor que en periodos anteriores.

        Resulta que ahora inclusive hay quienes clasifican el desarrollo y progreso de los países del mundo teniendo en cuenta la variable velocidad globalizante: «Países rápidos» y «países lentos». «Países rápidos», son aquellos que se adaptan fácilmente al cambio, al proceso de la globalización, disfrutan de sus beneficios, gozan de los avances de la ciencia y de la tecnología, están integrados y tienen futuro. «Países lentos» son aquellos que se muestran incapaces de insertarse en el mercado mundial y por tanto están a la zaga de los avances científicos y tecnológicos, están desintegrados, son sobrantes para el sistema y carecen de sentido y de futuro en la economía globalizada. O también: países «conectados» y países «desconectados» a nivel de Internet. Países globalizados «desde arriba» y países globalizados «desde abajo».