domingo, 8 de marzo de 2015

Las teorías sobre la educación: TEORÍA DEL HUMANISMO INTEGRAL


Las teorías sobre la educación:

TEORÍA DEL HUMANISMO INTEGRAL

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Los humanistas en general nos ponen en guardia contra un pretendido progreso del hombre basado solamente en la técnica, la ciencia o la economía. La crisis de la sociedad moderna se debe precisamente al desequilibrio producido por el escaso perfeccionamiento moral junto al enorme adelanto científico que aumenta los recursos y las comodidades. Cuando se descuidan las virtudes morales, formativas del carácter y fundamento de toda virtud social, el progreso técnico no hace más que dar armas a quienes son incapaces de usarlas para el bien por no haber aprendido a liberarse del exclusivismo egoísta de sus intereses.
           
Para impulsar el perfeccionamiento del hombre, la pedagogía del humanismo aboga por una educación que alimente el pensamiento y el gusto del educando con lo más precioso y elevado de la cultura humana. Hay en el hombre una tendencia innata, espontánea hacia los ideales morales que superan el mundo de la materia, y también una aspiración religiosa a lo sobrenatural. Sofocar esas aspiraciones o simplemente prescindir de ellas en la educación, es desconocer el todo del hombre, es mutilarlo, es limitarlo arbitrariamente en sus elementos constitutivos, lo que equivale a negar u obstaculizar su formación integral. Por eso el humanismo exalta los ideales cuya utilidad consiste precisamente en su sublime inutilidad económica y rastrera, ya que el hombre no ha nacido para vivir como los animales sino para «la virtud y el conocimiento».
           
Jacques Maritain, en su obra «La educación en este momento crucial», señala cuatro normas del proceso educativo del humanismo: La primera consiste en alentar y favorecer las disposiciones naturales del educando para las cosas del espíritu. La segunda  se propone interiorizar la educación, o sea aprovechar las formas espirituales que duermen en la inteligencia y la voluntad y tienden a realizarse. Para ello procurará la liberación del poder intuitivo, que favorece el conocimiento y traerá de obtener la libre adhesión del espíritu a la realidad objetiva. La tercera norma expresa que la tarea de la educación debe ser ante todo un constante esfuerzo por asegurar y fortalecer la unidad interior del hombre. Finalmente, promoverá la libertad del espíritu, que sólo se logra por el predominio de la razón».
           
La educación, por estos motivos, en opinión de Morandi, debe formar al hombre integral: no sólo al hombre animal, o al económico o al científico, o al ciudadano, o al trabajador, sino al hombre completo, con su personalidad ético-religiosa. La perfección del hombre supone el dominio de sí, la posesión del equilibrio interior de un orden armónico. Tan sólo puede llegar a ella el educando que conozca y acepte la verdadera jerarquía de los bienes de la vida. Hay actividades humanas enteramente buenas, pero si no ocupan el lugar que les es propio, crean el desorden interior del espíritu. Por eso los humanistas insisten en la necesidad de proveer al educando de convicciones fundamentales que lo orienten hacia la finalidad suprema a través de los valores subordinados, y la permitan tender a ella con claridad, con fidelidad, con un alto sentido de responsabilidad y con un noble coraje moral.