lunes, 2 de marzo de 2015

LOS SOFISTAS DE LA GRECIA ANTIGUA

LOS SOFISTAS DE LA GRECIA ANTIGUA

Cuando las doctrinas teológicas y antropológicas de los Nuevos Físicos hacían presagiar nuevos avances, el desenvolvimiento progresivo de la filosofía griega quedó entorpecido por la Escuela Sofista.

Los sofistas aparecen en la Grecia del siglo V como producto de la situación social, educativa, cultural, política y moral de la época.

El término sophistes significa “maestro en sabiduría”, “maestría o pericia en alguna cosa”.

Hesíodo, utiliza el término sophíe con el significado de experiencia o maestría en el sentido espiritual y es quien utiliza por primera vez el verbo sophízesthai cuando se dispone a dar a su hermano Perses consejos sobre navegación, a pesar de no ser un experto en este arte (nautilíes sesophisménos).

Bertrand Russell refiere que “En una época en que había en Grecia muy escasa enseñanza sistemática, si es que había alguna, los sofistas realizaron esa labor. Eran maestros ambulantes, que daban lecciones sobre una base puramente profesional. La más respetable de sus actividades fue simplemente la provisión de una cultura literaria. Pero hubo otros que enseñaron materias de importancia práctica más inmediata”[1].

Los principales sofistas son Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontini (Sicilia), Hippias de Elis, Pródico de Keos, Trasímaco de Calcedonia, Calicles y Antifón.

Los sofistas, eran hombres elocuentes, dialécticos, conferenciantes públicos, filósofos prácticos,  precursores de la educación superior que estaban orientados a la aplicación del aspecto social de la ciencia; fueron maestros que arribaron a Atenas, procedente de ciudades extranjeras, con el fin de “popularizar los conocimientos”. Lograron incursionar en la política, la moral, la religión, la educación, el lenguaje y realizaron una permanente labor crítica de las instituciones.

Los sofistas sabían o simulaban muy bien saber de todo: aritmética, geometría, astronomía, música, retórica, política, fonética, pintura, música, arte, entre otros, pero centraron su filosofía en problemas antropológicos frente a lo cosmogónico y cosmológico de los filósofos presocráticos.

Inicialmente, los sofistas eran hombres prácticos,  enseñaban los métodos adecuados y eficaces para llegar al conocimiento, encontrar la verdad,  saber vivir bien, gobernar bien y vencer al adversario en las luchas políticas. Enseñaban la areté o virtud, el dominio de las palabras para ser capaces de persuadir a otros y ganar en una contienda política.

Con las palabras de Protágoras, diríamos que los sofistas se preocupaban en “poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles”.

Los sofistas practicaron el relativismo, al negar la existencia de una verdad universal, absoluta y necesaria ante el escepticismo de obtener un conocimiento verdaderamente objetivo de la naturaleza última del universo. Introducen en la Filosofía como nuevo tema de discusión el hombre y dudan de que haya algo universalmente válido en el dominio de la verdad y en el del bien.

Pero también cultivaron el escepticismo, pues no creían que el ser humano fuese capaz de conocer una verdad general y válida para todos; decían que “Cada quien tiene su verdad”, por lo que tantas verdades hay como personas pensantes. Protágoras afirmaba: “Como cada cosa me aparece, así es para mí; y como aparece a ti, así es para ti”.

No cabe duda que los sofistas eran expertos en la erística, es decir, en el arte de discutir; dominaron la retórica y el arte de pronunciar bellos y magníficos discursos; percibieron honorarios por sus enseñanzas a familias y jóvenes de poder económico, hecho por el cual Platón y Aristóteles los denominaron “mercaderes de la enseñanza”.

Los sofistas demostraron ser capaces de distinguir entre las leyes sociales (nómos) que son productos del hombre, y las leyes de la naturaleza (Phycis). Las leyes eran para ellos simples convencionalismos humanos, normas adoptadas para vivir como personas civilizadas y no como animales.

Los sofistas llegaron a introducir el nuevo concepto filosófico de Eudaimonía o felicidad del ser humano, aunque jamás constituyeron una escuela unitaria, precisamente porque eran un grupo heterogéneo con puntos concordantes en común, como el relativismo, empirismo, agnosticismo y ateísmo.

Los sofistas fueron reprochados por Aristófanes, Jenofonte, Platón, Isócrates y Aristóteles.  Para Aristófanes  los sofistas carecían de todo sentido ético y sabían cómo ganar las causas malas con tal de que se les pague. Jenofonte los califica de corruptores de la juventud y de simples eruditos recopiladores. Platón veía en los sofistas a comerciantes charlatanes que alaban sus mercancías para venderlas de cualquier manera y eran sabios en apariencia; Isócrates, por su parte, critica a los sofistas de su época al presentarlos como individuos de escasa talla intelectual y que tienen por meta el lucro personal. Finalmente, Aristóteles los califica de pseudofilósofos que tratan de impresionar con la prédica de una falsa sabiduría.




[1] Russell, Bertrand. La sabiduría de Occidente.