jueves, 9 de abril de 2015

CARACTERIZACIÓN DE LA FILOSOFÍA


CARACTERIZACIÓN DE LA FILOSOFÍA

Escribe: Eudoro Terrones Negrete 



La mayoría de los filósofos y estudiosos de la historia de la filosofía caracterizan a la filosofía, de una u otra manera, con palabras más o palabras menos. Por ejemplo, Aristóteles, José Ortega y Gasset, Martín Heidegger, Ángel Vasallo, Karl Jaspers, José Ferrater Mora, Leopoldo Zea y Fernando Savater.

La filosofía tiene una serie de características singulares, que lo distinguen de las demás ramas del saber humano.

Para el filósofo griego, Aristóteles,  la filosofía es el estudio del ser en tanto que ser, una ciencia de lo universal y necesario.

José Ferrater Mora[1], trata de condensar las características fundamentales de la filosofía, desde la antigüedad hasta nuestros días, en los términos que siguen: “Muy característico de la filosofía, ya desde sus primeros pasos en Grecia, es una serie de condiciones dobles. Por un lado la filosofía manifiesta un interés universal; por el otro revela escasa atención por la diversidad de los hechos. Por un lado subraya la superioridad de la razón; por el otro se inclina a una intuición del ser de índole a veces más mística que discursiva. Por un lado destaca la importancia de la teoría; por el otro señala el carácter fundamental de la virtud y de la conducta. Por un lado es altamente especulativa; por el otro, decididamente crítica. Por un lado no quiere dar nada por supuesto; por el otro está sumergida en toda clase de suposiciones. Por un lado quiere identificarse con el puro saber y con lo que luego se llamará la ciencia; por el otro destaca el afán de salvación. Por un lado se presenta como una serie de proposiciones; por el otro, como una actitud humana. Todas estas condiciones persistirán a lo largo de la historia hasta nuestros días”.

El filósofo mexicano Leopoldo Zea[2] caracteriza la filosofía  como una ciencia universal, difícil, rigurosa, didáctica, preferible, principal y divina: “1.Es una ciencia universal, “el sabio posee hasta donde cabe la ciencia de todas las cosas, sin poseer la ciencia de cada una individualmente”; 2. Es una ciencia difícil, “quien puede conocer las cosas arduas y no fáciles de conocer para el hombre, es sabio”; 3. Es una ciencia rigurosa; 4. Es una ciencia didáctica: “También, que el más riguroso y el más capaz de enseñar es, en toda ciencia, más sabio”; 5. Es una ciencia preferible, “de las ciencias, la preferible por ella misma y en gracia al conocimiento es sabiduría en mayor grado que la preferible por sus consecuencias”; 6. Es una ciencia principal, “la principal es sabiduría con mayor propiedad que la subordinada; porque no está bien que el sabio sea mandado, sino que mande, ni que él obedezca a otro, sino a él el menos sabio”; 7. Es una ciencia divina por su objeto y por su sujeto. “La más divina es también la de más alto rango y la de esta índole la única que puede serlo de dos maneras. Aquella que puede tener más que nadie Dios es la divina entre las ciencias, y la que pudiera hablar de las cosas divinas; ahora bien, ésta, pero ella sola, resulta ser ambas cosas: todos consideran a Dios una de las causas y un cierto principio y Dios solo, o más que nadie, puede tener una ciencia de esta índole”.

Luego de revisar infinidad de textos filosóficos,  el autor de la presente obra, Eudoro Terrones Negrete, identifica una serie de características como las siguientes:
  • Actitud natural e investigativa.
  • Actitud indagadora.
  • Afán de método.
  • Analítica y sintética.
  • Carencia de fines utilitarios.
  • Ciencia autónoma.
  • Concepción del yo y del mundo.
  • Conjunto de conocimientos.
  • Constancia y sobriedad.
  • Criticidad y dialéctica.
  • Democrática.
  • Desinterés.
  • Falibilidad.
  • Historicidad.
  • Instrumento de información y comunicación.
  • Interdisciplinariedad.
  • Lenguaje propio.
  • Liberadora.
  • Meditación sobre la muerte.
  • Objeto propio.
  • Problemática.
  • Profundidad y proyecto de vida.
  • Racionalidad.
  • Saber de segundo grado, saber práctico, saber profesionalizante, saber sin supuestos, saber teórico y saber radical.
  • Sistemática.
  • Teoría de los valores.
  • Universalidad.
  • Veracidad.
  • Vitalidad.
  • Voluntad de sacrificio auténtico.


Actitud natural e investigativa

Hacer filosofía es propio de todas las personas con uso de razón. La filosofía es producto del filosofar del hombre, por el hombre y para el hombre. Son los orígenes y problemas del hombre, sus inquietudes, experiencias, necesidades,  preocupaciones, inquietudes y proyectos de vida los que mueven insistentemente al hombre a pensar en sí mismo y en los demás, a cuestionarse a sí mismo, a  interpretar y explicar lo que ocurre a lo largo de su existencia, etc. Y el hombre asume una actitud filosófica frente al hombre, a la sociedad y al mundo.

“La filosofíadice Rafael Gambra[3]- responde, pues, a la actitud más natural del hombre. En rigor, todo hombre posee, más o menos confusamente, una filosofía. Piénsese, por ejemplo, en la India, ese pueblo apático, indiferente, que se ha dejado siempre gobernar por extranjeros sólo por no tomarse el trabajo de hacerlo por sí mismo; en el fondo de su actitud ante la vida hay toda una concepción filosófica: ellos son panteístas, creen que el mundo es una gran unidad, de la que cada uno no somos más que una manifestación, y a la que todos hemos de volver. Ante este fatalismo que anula la personalidad, la consecuencia natural es el quietismo. Los pueblos de Occidente, en cambio, han sido siempre activos, emprendedores. También les mueve una filosofía, que es en ellos colectiva: creen en la personalidad de cada uno como distinta de las cosas y de Dios, y como perfectible por su propio obrar. A su semejanza de aquel que escribía en prosa sin saberlo, todo hombre es filósofo aunque no se dé cuenta”.

La filosofía implica una actitud indagadora de parte del filósofo o del hombre cuando permanece constantemente interrogándose sobre los problemas, dificultades, conflictos, anomalías,  dilemas, enigmas, dudas, situaciones, paradojas,  retos o desafíos que experimenta en el ser de las cosas, en sus relaciones consigo mismo y con sus semejantes y en el mundo, que urgen de respuestas adecuadas que conlleven a las soluciones oportunas.

Sobre la actitud de investigación que compete al campo de la filosofía son muy esclarecedoras las palabras de Heráclito: “Es necesario que los hombres filósofos sean buenos indagadores (istoras) de muchas cosas” (Heráclito), y la de Tucídedes, cuando hace decir a Pericles de sí mismo y de los ciudadanos de Atenas: “Nosotros amamos lo bello con sencillez y filosofamos sin timidez”.

Afán de método

El método filosófico viene a ser el conjunto de actividades intelectuales que, establece los procedimientos lógicos, formas de razonar, reglas, normas, etc., que permiten al estudioso de la filosofía o al filósofo investigador captar o conceptuar la realidad, comprenderlo y explicarlo racionalmente hasta alcanzar los objetivos, fines y metas trazados.

La filosofía utiliza una serie de métodos propios de acuerdo al tipo de problema que investiga, analiza, describe o explica. La filosofía permite descubrir la verdad y explicar todo cuanto hay en el universo mediante el uso de una serie de métodos propios: método mayéutico o socrático, método dialéctico, método inductivo, método deductivo, método fenomenológico, método histórico, método de lectura y comentario de textos, método de análisis lingüístico,  método hipercrítico, método irracionalista, método metafísico, método inmanente (cartesiano o de la duda metódica),  entre otros.

Por ejemplo, la duda metódica es un método creado por Descartes para descubrir o investigar la verdad y explicar los fenómenos sociales, naturales y sobrenaturales y llegar al auténtico saber de las cosas. “La buena filosofía comienza con la duda y nunca termina con la obstinación” (Abate Galiano); “El que más sabe, más duda” (Enea Silvio Piccolomini (Papa Pío II).

Según el filósofo positivista francés, Augusto Comte[4],  cada rama de nuestros conocimientos pasa sucesivamente por tres estados teóricos diversos; el estado teológico o ficticio; el estado metafísico o abstracto; el estado científico o positivo. “En otros términos –indica- el espíritu humano, por su naturaleza emplea sucesivamente en cada una de sus “investigaciones tres métodos de filosofar, cuyo carácter es esencialmente diferente e incluso radicalmente opuesto; primero el método teológico, después el método metafísico, y por fin el método positivo. De ahí tres clases de filosofía o de sistemas generales de concepciones sobre el conjunto de los fenómenos que se excluyen mutuamente: el primero es el punto de parte necesario de la inteligencia humana; el tercero su estado permanente y definitivo; el segundo está destinado únicamente a servir de transición”.

Analítica y sintética

Para un adecuado y mejor estudio de la realidad, para un riguroso, metódico y profundo análisis conceptual el filósofo logra descomponerla en sus partes constitutivas para, finalmente, relacionarlas e integrarlas en un nuevo todo unitario, armónico y coherente a manera de síntesis, a fin de hacer inteligible la realidad y, a la vez, trascenderla.

“El pensamiento crítico -dice Mario Bunge[5]- comienza por analizar las ideas y los procedimientos y culmina con síntesis tales como las clasificaciones, las teorías, los diseños de experimentos y los planes. El análisis puede tener cualquiera de los siguientes resultados: la disolución de problemas mal concebidos; un replanteamiento preciso de problemas mal propuestos; el descubrimiento de presuposiciones; la elucidación; la definición; la deducción; pruebas de consecuencia o inconsecuencia; prueba de compatibilidad o incompatibilidad con algún cuerpo de conocimientos; la reducción; el restablecimiento de relaciones y más. El análisis es el sello de la racionalidad conceptual. En consecuencia, la familia de las filosofías puede dividirse en dos: las analíticas o racionalistas y las antianalíticas o irracionalistas…”.

En lenguaje filosófico la síntesis hace posible la “composición”, la fusión, la integración o la síntesis de los diversos y múltiples elementos particulares, de temas, contenidos cognoscitivos, productos mentales, hechos, situaciones o problemas abordados que conllevan a su inteligibilidad, comprensión, descripción y explicación de manera concluyente.

Carencia de fines utilitarios

“La filosofía – dice Jaspers[6]- prescinde de toda cuestión de utilidad y nocividad mundanal, y que se realizará mientras vivan los hombres”.

A través de la filosofía se plasma un rasgo de desinterés en el filósofo. Al respecto, argumenta Joaquín Iriarte[7]:“Ni el dinero, ni el sexo, ni el mundo han hecho mella en él. Dominarlo al menos, no han podido…Lo hemos indicado; los filósofos, en buena parte al menos, han estado sujetos a la tiranía del cerebro, sin tiempo ni humor para los suaves imperativos del corazón. Sin familia y casi sin patria, viven levantados sobre los sentimientos o afectos exclusivistas. Platón, Zenón, Epícteto, Plotino, Epicuro, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche, Bergson, Santayana, permanecieron célibes…El filósofo exige para sí la augusta prerrogativa de una soledad antecedente y consiguiente. La primera, porque sus estudios y su preparación piden vivir con los libros mejor que con los hombres. La segunda, porque una vez constituido en filósofo, categorizado como tal, los respetos y veneración a que se ha hecho acreedor deben traducirse en un acceso difícil a su persona, so pena de desgastarse. La insociabilidad del filósofo tiene pues, doble razón de ser: una cualidad temperamental o condición de trabajo, y una recompensa que ha de saberse valorar y explotar”.

 La filosofía no tiene fines utilitarios, porque no es ciencia empírica. Solamente sirve para la búsqueda de la Verdad, del Saber, del Ser en sí y por sí. La filosofía sólo sirve para encontrar la esencia de las cosas, del hombre, de la sociedad y del universo, de todo lo real y del espíritu, en sus principios, causas y efectos. La filosofía es una ciencia especulativa y desinteresada.

Al respecto, F.M. Sciacca[8] escribe: “La filosofía no es una ciencia como todas las demás. Ante todo no lo es porque, como acertadamente observó Aristóteles, se distingue de las ciencias empíricas: pues, en efecto –cuando es verdadera filosofía y no granjería de falsos filósofos y de semifilósofos-, no tiene fines utilitarios. En ese sentido, la filosofía, “la sabiduría deseada por sí misma y por amor al saber”, es una ciencia inútil: no sirve para nada que sea extrínseco o extraño a la búsqueda de la Verdad en sí y por sí. Los que bromeando dicen que la filosofía es “inútil” ignoran que están formulando su más bello elogio: es inútil y, por ello, libre y liberadora”.

Ciencia autónoma

Se dice que la filosofía es ciencia porque  es un conjunto de principios y conocimientos sistematizados, acerca de la naturaleza, el hombre, el pensamiento, la sociedad, Dios y el universo. Es ciencia también porque tiene su propio objeto de estudio (la comprensión general del hombre y del mundo) y método de investigación.

La filosofía es “ciencia” en cuanto que es “un conjunto de principios y conocimientos ordenados y que proceden de lo conocido a lo desconocido por medio de demostraciones”.[9]

La filosofía como ciencia versa sobre conclusiones generales arrancados de principios obtenidos a la luz natural de la razón. Intenta establecer la esencia, las propiedades, causas y efectos de las cosas, las relaciones y finalidades últimas del hombre y del universo mediante la reflexión y el razonamiento.

A lo largo de su historia la filosofía es un saber autónomo, no ligado a determinaciones e imposiciones conceptuales de ideologías y doctrinas políticas; tiene su propia iniciativa y capacidad para determinar con independencia sus normas, principios, leyes, objetos, métodos y fines propios que guían sus acciones gnoseológicas.

La filosofía es un cuerpo de doctrinas, propio, exclusivo pero no excluyente, diferente de las ramas del saber humano; por lo que en un principio la filosofía fue denominada “ciencia universal” o “madre de todas las ciencias”. En el s.XIX, Hegel denominó a la filosofía la “ciencia absoluta”.

La filosofía no es en Grecia ni en Occidente, como si lo fue en Oriente, el patrimonio y privilegio de una elite o casta aristocrática pensante, sino potestativo de todo ser humano dotado de facultades cognoscitivas.

Todo ser humano provisto de razón puede filosofar y tiene la posibilidad de buscar, investigar, encontrar, valorar y difundir la verdad y el saber de forma autónoma. Recordemos las expresiones de Aristóteles: «Todos los hombres tienden por naturaleza al saber».

Se dice que la filosofía es una ciencia autónoma porque no se apoya en una verdad revelada sino en la fuerza de la razón, a la que reconoce como su único y propio medio, instrumento, herramienta o guía fundamental para alcanzar sus objetivos, fines y metas trazadas en el campo de la investigación filosófica.

Concepción del Yo y del mundo

Tantas teorías, sistemas y opiniones de los filósofos se vierten, tantas filosofías existen. Todo ser humano tiene su propia filosofía, tiene su peculiar forma de ver o de encarar las cosas, de enfocar, interpretar, valorar, investigar y resolver los problemas existenciales, tiene su singular manera de encarar la fenoménica social, educativa, política y económica, las situaciones y circunstancias de la vida.

Con las palabras del filósofo británico, Karl Popper (1902-1994), diríamos que todos los hombres tienen una filosofía, sabiéndolo o sin saberlo, y también cada cual tiene su propia teoría del conocimiento.

Es por eso que se produce la existencia heterogénea de formas de concebir el mundo, la vida, las cosas, el hombre y todo cuanto hay en el universo, aun cuando pueden existir puntos comunes o coincidencias a nivel de las concepciones diversas, como también profundas discrepancias o serias contradicciones.

“Cuando el microcosmos constituye el objeto a que se dirige la filosofía, se da la filosofía en el sentido de una concepción del Yo” puntualiza Johann Hessen[10].

Se explica, entonces, que cada filósofo tiene también un concepto propio, singular de lo que debe ser la ocupación filosófica. Por eso es que hay tantas filosofías como filósofos existen, que se inscriben en diversas corrientes o escuelas filosóficas: idealismo, materialismo, humanismo, vitalismo, pragmatismo, existencialismo, historicismo, etc., dentro de las cuales pueden desarrollarse determinadas tendencias filosóficas.

En cuanto ciencia la filosofía surge de la necesidad perentoria de elaborar una concepción general del universo o  cosmovisión, que trate de investigar, explicar y valorizar sus principios, postulados y leyes generales en que se funda, uniendo así el Pensar con el Ser.

En el siglo XIX, Guillermo Dilthey definió a la filosofía como una “concepción del mundo y de la vida”.  El término concepción del mundo, originariamente se deriva de la expresión latina contemplatio mundi, significa: la pura estimación contemplativa del mundo circundante y la conducta que el sujeto realiza en la vida; la peculiar manera de conocer, de sentir y de actuar en la vida, en el mundo; el original modo de interpretar el sentido y el valor del mundo y de la conducta humana; el sistema de ideas, conceptos, imágenes, creencias, símbolos o representaciones filosóficas sobre el mundo que circunda al hombre. La concepción del mundo viene a ser una respuesta espontánea que da la conciencia del hombre al impacto que cotidianamente recibe del mundo frente a los diversos y complejos problemas, desafíos y enigmas. La concepción del mundo brota de la conducta vital, de la experiencia de la vida y de la estructura de la totalidad psíquica del ser humano

Una particular concepción del mundo y de la vida tienen, por ejemplo, Sócrates, Platón, Aristóteles, Hegel, Dilthey, Marx, Goethe, Buda, Confucio, José Ingenieros, Oswald Spengler, Martín Buber, José Ortega y Gasset, todos los filósofos y científicos de todas las épocas, por qué no también los peruanos Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Francisco Miró Quesada Cantuarias, Augusto Salazar Bondy.

A la filosofía le interesa todo el saber humano, para que amalgamando los hechos naturales y sociales, políticos, económicos, culturales, etc., sea capaz de generar una concepción general del mundo, que le permita penetrar la realidad más profunda de las cosas y responder a las exigencias de la razón, a las necesidades de una sociedad más igualitaria, libertaria, digna y justa.


Conjunto de conocimientos

La filosofía es  un conjunto de conocimientos metódicos Y el filósofo es un ser cognoscente por naturaleza.

Toda filosofía posible es “intelectualista, cualquiera sea su resultado en cuanto al contenido” (Max Scheler). Y llevado el filósofo al campo profesional es, esencialmente, “el hombre profesional del conocimiento, y por eso coloca a éste en el primer plano de la vida” (José M. Rubert Candau).

La filosofía comprende un conjunto de conocimientos de diverso orden y matiz, que pretende ser válido universalmente y no como una simple opinión individual del filósofo y para los filósofos.

En un principio la filosofía comprendió la totalidad de los conocimientos que correspondían a las diversas ramas del saber humano, inicialmente la cosmogonía, cosmología, astrología, física general o naturaleza, luego las matemáticas, la metafísica, la lógica, la moral y la política, y poco a poco fueron apareciendo nuevas disciplinas, desprendidas de la filosofía, en la medida que éstas alcanzaron y definieron su esfera propia de objetos y métodos adecuados.

Precisamente, la filosofía tiene como una de sus disciplinas fundamentales la gnoseología o teoría del conocimiento (del griego gnosis, conocimiento, y lógos, discurso, palabra). Esta disciplina estudia, describe y explica el origen, la naturaleza, la validez, los límites, elementos, fundamentos, métodos, formas o clases del conocimiento, así como también la verdad, los caminos para descubrirla y conocerla. El término gnoseología fue introducido por el filósofo alemán  Manuel Kant


Constancia y sobriedad

Wilhelm Szilasi[11] caracteriza a la filosofía por la “constancia” y la “sobriedad” en estos términos: “Pero la filosofía se caracteriza por su “constancia”, la cual se manifiesta en todos los casos en que el hombre se llama a capítulo a sí mismo a cerca de sus propias posibilidades y de la estructura de estas posibilidades. Se caracteriza, además, por la “sobriedad” con que fundamente las interrogaciones que la conciencia humana dirige hacia fuera. Esta constancia o continuidad con que penetra en todos los asuntos humanos y esta sobriedad con que anhela las preguntas allí donde comienza la interrogación científica, determinan la exactitud propia de la filosofía, que no la abandona ni cuando investiga los últimos fundamentos del ser y los límites extremos de lo cognoscible…”.


Criticidad

La filosofía cuestiona todo tipo de afirmación; filosofar es disentir, el disenso es el que permite crear la teoría crítica tanto en la filosofía como en la ciencia, respecto a los problemas que se enfrenta el ser humano. La filosofía se encarga de criticar todo tipo de saber, de pensar y de actuar, sean de orden filosófico o no filosófico. La filosofía se opone a los mitos, dogmas, intereses creados, sofismas, medias verdades y se eleva por encima del sentido común, de lo dado, de lo inmediato y de lo perecedero. 

Criticar filosóficamente significa emitir un juicio de valor positivo o negativo, verdadero o falso, bueno o malo, sobre un hecho, un fenómeno, una forma de pensar o de actuar del ser humano. La filosofía es crítica del entendimiento, de la literatura, de la moral, del arte, de la axiología, de los males y problemas del hombre y de la colectividad.

A través de la filosofía se trata de encontrar  y examinar críticamente la naturaleza y los principios básicos de los fenómenos naturales y sociales, sus orígenes, contradicciones, limitaciones, posibilidades, potencialidades y aceptarlos cuando se está convencido de que son ciertos y no hay razón alguna para rechazarlos. Dewey puntualiza que la filosofía es esencialmente crítica de los valores: “La crítica-dice- es un juicio discriminador, una apreciación cuidadosa, y un juicio es llamado propiamente crítica siempre que el contenido objetivo de la discriminación concierna bienes o valores”.

En la filosofía mucho se aprende de las objeciones, cuestionamientos o críticas de los demás filósofos. Y las críticas por un proceso dialéctico llegan a generar nuevas ideas, planteamientos y alternativas de solución a diversidad de problemas de índole filosófica.


Dialéctica

El DRAE define la dialéctica como el “arte de dialogar, argumentar y discutir”. Platón, en su obra “Cratilo”, lo define de este modo:“Habilidad para discutir por preguntas y respuestas. El que sabe interrogar y responder, ¿no es lo que llamas un dialéctico”.

La filosofía es producto del filosofar y el filosofar es a su vez producto de la reflexión sobre el objeto de la filosofía. Pero este pensar no puede ser otro que de carácter dialéctico que se mueve entre cuestionamientos, contradicciones, oposiciones, afirmaciones, negaciones, correcciones, rectificaciones y superaciones.

El desarrollo del proceso dialéctico de la filosofía sólo es posible mediante una tesis (afirmación), una antítesis (negación de la afirmación) y una síntesis o conclusión (superación y asimilación de la oposición; negación de la negación), a fin de lograr sus objetivos, fines y metas trazadas.

La dialéctica es histórica, dinámica, transformadora y trascendental; promueve el cambio, la superación y la transformación, así también lo es la filosofía.


Democrática

El saber filosófico no es potestativo de una casta de filósofos, sino que todos los hombres tienen por naturaleza la capacidad de filosofar de una u otra manera durante el fluir de su existencia. La filosofía no es propiedad de determinadas clases sociales, de pueblos ni de razas específicas.

Todo hombre en cuanto hombre filosofa. Filosofa el pobre o el rico, filosofa el blanco o el negro, filosofa el peruano, el latinoamericano, el norteamericano o el ruso. Todos filosofan, unos más y otros menos, unos bien y otros regular, unos filosofan por cumplimiento de sus funciones profesionales y otros filosofan por vocación. Filosofa el joven, el adulto  y el anciano; filosofa el cristiano y el ateo; filosofa el partidario de ideas capitalistas y de ideas socialistas… ¡sólo no filosofa el que ha dejado de filosofar y punto!.

La filosofía no tiene un carácter excluyente, por ser democrático mantiene viva su preocupación inclusiva e interés participativo en el quehacer filosófico de todas las personas, sin exclusiones ni exclusivismos.

El espíritu democrático de la filosofía se expresa en el hecho de que abre al hombre el horizonte infinito de la vida espiritual, axiológica, estética y ética, para definir, valorar y orientar su existencia hacia mejores horizontes de una vida plena y auténtica, de perfección humana.  Bertrand Russell[12] afirma al respecto:”Si la filosofía puede ayudarnos a sentir el valor de esas cosas, habrá que representar el papel que le corresponde en la obra colectiva de la humanidad”.


Falibilidad

La filosofía es un conjunto de conocimientos adquiridos por el hombre en su condición de ser racional y pensante, pero imperfecto. Por tanto dichos conocimientos carecen del don de la infalibilidad, son conocimientos falibles, que llevan el germen del error pero también la posibilidad de la perfectibilidad.


Historicidad

El término historicidad, según Max Müller y Alois Hálder[13] significa “Modalidad fundamental del hombre, que se halla situado entre un pasado dado ya anteriormente a él, que lo determina y configura y al mismo tiempo se le escapa, y un futuro que todavía está pendiente y, sin embargo, exige su acción; y sólo en esta tensión entre determinación y libertad puede y debe el hombre realizarse a sí mismo”.

El término historicidad en el contexto de la filosofía significa que la Filosofía se hace, se forma, se desarrolla y se perfecciona en el curso de su propia evolución histórica. Toda filosofía tiene un pasado, un presente y un futuro, tiene un período de evolución en el tiempo y en un determinado espacio o área geográfica. Toda historia tiene su filosofía, toda filosofía tiene su historia, no hay corriente filosófica abstraída de su contexto histórico. La historia de la filosofía permite analizar, comprender y explicar cualquier concepto o estructura social, cualquier hecho natural o social; el origen histórico de un concepto y sus adecuaciones, transformaciones y superaciones en el tiempo son parte de ese concepto y le dan sentido y orientación histórica. La filosofía de la historia es la explicación en profundidad y extensión de todos los hechos o actos históricos que son propios de la reflexión y la acción de los filósofos en particular y de los seres humanos en general.

La filosofía como toda ciencia tiene su historia. La historia de la filosofía viene a ser el estudio científico de los conocimientos filosóficos, elaborados por el hombre a través de todos los tiempos de la humanidad; es el estudio crítico y profundo de lo que pensaron e hicieron los filósofos e investigadores de la filosofía  desde los inicios de la civilización hasta nuestros días. ¿Qué sería de la filosofía sin una ciencia como la historia que se encargara de registrar o investigar, narrar, describir y explicar en forma secuencial y cronológica lo producido por las distintas doctrinas filosóficas que han existido en diferentes escenarios geográficos y que le permita determinar las fuentes auténticas (obras escritas por los autores sobre filosofía o la relación de una doctrina con otra dentro de su época y de su espacio, etc.)?

La primera Historia de la Filosofía fue escrita por el griego Diógenes Laercio y que lleva por título “Vida y opiniones de los filósofos más famosos”.

La filosofía a través del tiempo tiene un comienzo y un fin, pero también tiene un espacio geográfico en el que se desarrolla, en el que se relacionan unos hechos con otros o unas corrientes, doctrinas, tendencias y escuelas filosóficas con otras, y en el que se niega, se supera, se perfecciona y se transforma. Así hablamos entonces de una división histórica de la filosofía por edades: Edad Antigua, Edad Media, Edad del Renacimiento, Edad Moderna y Edad Contemporánea. Aunque también hay historiadores de la filosofía que nos hablan de una Prehistoria de la Filosofía, una Filosofía propiamente dicha y de una Protohistoria de la Filosofía.

“La historia de la filosofía – escribe Mario Bunge[14]- es la recuperación, el repensamiento y la situación en el contexto del pensamiento de los filósofos desde la antigüedad hasta el presente. Como todas las recuperaciones, ésta seguro que es parcial y se interpreta y reinterpreta en términos contemporáneos. De ahí que su tarea nunca se acabe: pueden existir historias no definitivas de la filosofía –o de cualquier otra cosa… La historia de la filosofía es la historia de la emergencia, inmersión y reemergencia de problemas filosóficos y los esfuerzos por resolverlos…”

Instrumento de información y comunicación

La filosofía es la reflexión seria y responsable sobre los hechos informativos con fines de sistematización, selección, valoración y difusión hacia la comunidad. Pero al mismo tiempo, es comunicación de verdades filosófico-científicas, métodos, sistemas, teorías, escuelas, paradojas, dilemas, cosmovisiones, conciencia crítica y dilemas,  para que cada ser humano pueda formarse de manera racional y autónoma su propio concepto o juicio crítico. La filosofía es el permanente diálogo comunicativo de conocimientos, ideas, conceptos y pensamientos, luego de un trabajo intelectual serio, honesto, responsable y realista.


Interdisciplinariedad

En la era de la globalización del conocimiento (siglo XXI), era de la sociedad informatizada, la interdisciplinaridad se constituye en una condición indispensable para el progreso de las investigaciones en cualquier orden de cosas y en cualquier rama del saber humano, mejor aún en la investigación filosófica. En una investigación se incorpora los resultados de las diversas disciplinas a partir de esquemas conceptuales de análisis, que luego de su comparación y enjuiciamiento crítico, se logra integrarlas, así se logra el concurso de varias ciencias. Recordemos que Piaget expresó al respecto que “La investigación interdisciplinaria puede nacer de dos clases de preocupaciones, una relativa a las estructuras o a los mecanismos comunes, y otras a los métodos comunes, pudiendo ambas, naturalmente, intervenir a la vez”.

Se dice que la filosofía se caracteriza por ser un saber interdisciplinar, porque recibe y emplea los aportes de diversas ciencias y de diferentes tipos de saberes, sin limitarse a ninguno de ellos. Podemos mencionar algunas ciencias: Metafísica, Ontología, Epistemología, Lógica, Ética, Axiología, Estética, Historia, Psicología, Antropología, Cosmología, Lingüística, Ecología y Teodicea.

La filosofía se caracteriza por tener un carácter interdisciplinario al analizar, interpretar, describir y explicar la diversidad de problemas filosóficos y que se relacionan con la diversidad de las ciencias naturales, sociales, espirituales o humanas.

Al respecto, Jesús Mosterín[15] explica el carácter interdisciplinario de la filosofía en los siguientes términos: “La filosofía es contraria a la especialización. Es necesariamente interdisciplinaria. Por ejemplo, los nuevos problemas éticos se refieren a la manipulación genética de embriones, a la ingeniería genética, a la destrucción de los ecosistemas, a las barreras políticas que traban el libre comercio y la migración, etc. Es obvio que estos problemas no pueden abordarse sin conocimiento de biología, economía, politología, etc. Lo mismo, hoy día no es posible hacer metafísica y filosofía en serio sin relación con la física y la cosmología. En la ciencia el especialista sabe cada vez más sobre cada vez menos, el filósofo tiene que seguir planteándose cuestiones globales, ese es su rol”.

El filósofo para abordar los problemas gnoseológicos, cosmológicos, ontológicos, teológicos, antropológicos, éticos, ecológicos, axiológicos, estéticos, existenciales  y epistemológicos tiene que acudir a una serie de ciencias, para una mejor comprensión, interpretación y explicación: gnoseología, cosmología, ontología, teología, antropología filosófica, ética, filosofía de la ecología, axiología, estética y  epistemología.

E. Mayr[16] puntualiza que “el análisis del problema de las especies progresaría considerablemente si, partiendo de términos empíricos tales como fenotipo, morfológico, genético, filogenético o biológico, pudiésemos penetrar hasta los conceptos filosóficos básicos. En estos últimos decenios ha habido un profundo abismo, que tal vez se ha ensanchado, entre la filosofía y la biología empírica. Parece que el problema de las especies es un tema en el que es posible una fecunda colaboración entre ambos campos”.

Lenguaje propio

Cada filosofía tiene su propio método de trabajo y elabora su lenguaje propio para dar a conocer los resultados de las elucubraciones e investigaciones de los filósofos.

Resultante del trabajo productivo mental de los filósofos son, por ejemplo, entre otros, los términos siguientes: doxa, epísteme, aporía, adiáfora, anagogía, apeirón, ataraxia, circunvalante, dasein, diorisma, epifenómeno, eudaimonía, hilozoísmo, filodoxia, homeomerías, nomoético, nouménico, mathema, mathesis, nóema, nóesis, sicofante, apetición, mónadas, etc.

Hace años ya que Platón expresó: “Si nos viéramos privados del lenguaje, cosa extremadamente grave, nos veríamos privados de la filosofía” (obra “El Sofista”).

El fundador de la filosofía moderna, descubridor del método fenomenológico y primera figura del idealismo postkantiano, Juan Teófilo Fichte[17] afirma que “La Idea encaja en el lenguaje como en su propia vestidura carnal…Cuando la idea vive encuentra su lenguaje apropiado y cuanto más fuerza de expresión adquiere el lenguaje la Idea adquiere a su vez más claridad”.

Así como toda filosofía es la filosofía de su época, así como toda época acuña e imprime su idiosincrasia y su fisonomía, toda época crea su propia terminología filosófica mediante el ejercicio mental de los propios filósofos.

A su vez, José Ingenieros[18] explica con claridad meridiana que “Quien comienza a estudiar filosofía se sorprende de las heterogéneas y contradictorias acepciones con que suelen usarse las palabras del vocabulario filosófico; el que resiste, y sigue estudiando, pierde la mitad del tiempo en comprender las palabras que cada filósofo emplea. Los diversos lexicólogos no han podido uniformar el arte de descifrar esos nebulosos jeroglíficos. La falta de clave homogénea impide el progreso de estos estudios, dejando a cada filósofo la libertad de pronunciar palabras que los demás entienden cada uno a su manera. ¿Dicen lo mismo los que hablan de razón, idea, realismo, categoría, intuición, espíritu, energía, espacio?”.

Ingenieros, señala también que en el terreno puramente conjetural, “es posible que una escuela, capaz de realizar una renovación total de la filosofía, consiga imponer a sus sucesores un nuevo vocabulario filosófico, en que cada término sólo tenga una acepción precisa y en que se excluyan todas las acepciones figuradas”.

Razones le sobran, entonces, al famoso Rabelais cuando declara que “Verdaderamente se hará posible en el futuro agarrar a los leones por la melena, a los caballos por sus crines, a los búfalos por el hocico, a los bueyes por los cuernos, a los lobos por la cola, a las cabras por la barbilla, a los pájaros por las patas, pero jamás podrán los filósofos ser cogidos por sus propias palabras”.


Liberadora

La filosofía como teoría y como práctica contribuye en gran medida a liberar al hombre y a la humanidad de los mitos, dogmas, prejuicios, supersticiones, errores, parcializaciones, conflictos, trabas sociales, intereses subalternos; liberar de la alienación, del colonialismo mental, de las tinieblas cavernarias, de los poderes dominantes, de los temores limitados, del vasallaje intelectual, de ambiciones innobles y de actitudes autoritarias.  “Si la autenticidad de la filosofía depende de su función liberadora, - indica Antonio Aróstegui[19]- se sigue de ahí que la lucha filosófica es fundamentalmente una lucha por la libertad”.


Meditación sobre la muerte

Qué filósofo no habrá reflexionado en su respectivo espacio-tiempo histórico sobre el sentido, significado, límite, alcance, orientación y dimensiones de la muerte. En la maratón intelectual desfilaron filósofos de distintas corrientes, doctrinas o escuelas, cabe mencionar, por ejemplo a Cicerón, Gracián, Montaigne, Goldsmith, Graf, Tillier y Jaspers.

 “Toda la vida de los filósofos es una meditación sobre la muerte” (Cicerón). “La misma Filosofía no es otra que la meditación de la muerte, que es menester meditarla muchas veces antes, para acertar a hacer bien una sola después” (B. Gracián). “Filosofar no es otra cosa que prepararse para la muerte”(Montaigne). “Para un filósofo, ninguna circunstancia, por mínima que sea, es despreciable” (Goldsmith).  “No es filósofo quien teniendo una filosofía en la cabeza no la tiene además en el corazón” (A. Graf).

 “El que no pone un poco de filosofía en medio de las miserias de este mundo, es un hombre que camina con la cabeza descubierta en medio de un aguacero. En cambio, el filósofo dispone de un buen paraguas que le protege del temporal” (C. Tillier).

“Entonces es el filosofar un aprender a vivir y saber morir. A causa de la inseguridad del existir en el tiempo es la vida constantemente un ensayar. Si filosofar es aprender a morir, este saber morir es justamente la condición de la vida recta. Aprender a vivir y saber morir es uno y lo mismo” (Karl Jaspers).


Objeto propio

El objeto de la filosofía es aquel campo del saber filosófico del que tenemos conciencia directa y que pretendemos conocer más detalladamente, de manera amplia, profunda y con mayor exactitud.

El objeto que se asigna a la filosofía nunca fue el mismo a lo largo de las etapas de la historia de la filosofía. Las diversas corrientes filosóficas han generado toda una discusión interminable sobre el objeto de la filosofía. Según la corriente filosófica que profesa el filósofo tal es el tipo de objeto que asigna a la filosofía, aun cuando el objeto de sus investigaciones está sujeto a controversias.

Si bien es cierto que en las ciencias naturales no se discute si existe o no el objeto que estudian, sucede lo contrario con la filosofía, el objeto de sus investigaciones está sujeto a graves controversias, señala Eduardo Pallares[20].

Dichos objetos de estudio de la filosofía pueden ser de diversas clases: objetos reales, objetos ideales, objetos metafísicos, objetos cuy ser consiste en el valor. Todo lo que existe, todo lo que no existe realmente y todo lo que puede existir es objeto de la filosofía.

Algunos autores, entre ellos Joel Rodríguez Patiño,  explican que el objeto de la filosofía es de dos clases: objeto material y objeto formal. “En el caso de la filosofía, su objeto es de doble: 1) Objeto material, que es de lo que trata la filosofía en general; es decir, el estudio de los seres en su totalidad; 2) Objeto formal, que es el aspecto particular que la filosofía estudia de los seres y que toma del objeto material. El objeto formal material, por tanto, es el estudio de los seres por sus causas más universales o de sus primeros principios”.

La filosofía tiene su objeto propio de análisis y estudio: el hombre, Dios, el alma, el mundo, el espacio, el tiempo, el conocimiento, el pensamiento, la conducta moral del hombre, los valores, la estética, la vida, la muerte, el Ser, el universo, la realidad, los hechos científicos,  entre otros.

La filosofía estudia su objeto por las razones últimas o más generales. El objeto de la Filosofía no es dado, es más bien descubierto. Entre los objetos de la Filosofía se consideran los siguientes: objetos reales o propiamente dichos (Ontología), objetos suprasensibles (Metafísica).

En opinión de Marco Tulio Cicerón la filosofía tiene por objeto “la enseñanza de la virtud, el deber y la vida recta”. El objeto de la filosofía no es algo sensible o empírico, sino suprasensible o metaempírico.

La relación de filósofos y estudiosos de la filosofía resultaría interminable si quisiéramos mencionar a todos aquellos que se preocuparon por explicar el objeto de la filosofía. Cabe mencionar a algunos de los filósofos que abordaron el objeto de la filosofía Aristóteles, Fingermann, Locke, Hegel, Ingenieros, Zubiri, Kant, Bergson, Comte, Dilthey, Husserl y Heidegger.

Locke, en su obra “Ensayos sobre el Entendimiento Humano”, limitaba el objeto de la filosofía a lo siguiente: “Estudiar el origen, la certeza y el alcance del conocimiento humano; hacer ver por qué medios llega nuestro entendimiento a formarse las ideas que tiene de las cosas; determinar los límites de la certidumbre, definir lo que separa la opinión del conocimiento; examinar qué reglas es preciso observar para determinar exactamente los grados de nuestra persuasión con respecto de las cosas de que no tenemos conocimiento cierto”.

Gregorio Fingermann[21] considera que es muy difícil determinar el objeto de la filosofía: “porque cualquier objeto puede servir para la reflexión filosófica. Así, al lado de la historia, como ciencia particular, tenemos la filosofía de la historia; al lado de las ciencias naturales está la filosofía de la naturaleza; al lado de las matemáticas tenemos la filosofía de las matemáticas, etcétera”.

El fundador de la doctrina liberal del Estado y del empirismo inglés, de los siglos XVII y XVIII, John Locke, en su obra “Ensayo sobre el Entendimiento Humano”,  limita el objeto de la filosofía a “Estudiar el origen, la certeza y el alcance del conocimiento humano; hacer ver por qué medios llega nuestro entendimiento a formarse las ideas que tiene de las cosas: determinar los límites de la certidumbre, definir lo que separa la opinión del conocimiento; examinar qué reglas es preciso observar para determinar exactamente los grados de nuestra persuasión con respecto de las cosas de que no tenemos conocimiento cierto”.

Según Hegel “La filosofía tiene por objeto la esencia de las cosas, no los fenómenos, la cosa en sí, como existe en la representación. La filosofía no considera esta representación, sino la esencia del objeto, y esta esencia es el pensamiento. La filosofía tiene por objeto también el pensamiento mismo. Pero la esencia es lo eterno, lo general, lo que siempre es así. Así la esencia de la Naturaleza son las leyes de la misma. En el pensar tenemos que ver sólo con lo universal, puesto que esto lo general existe en lo interior de cada ser mezclado con lo particular, con lo sensible. Lo universal es el producto del pensar”.

José Ingenieros, en su obra “Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía” manifiesta que “el verdadero objeto de la filosofía es formular hipótesis legítimas acerca de los problemas que exceden la experiencia”.

En las líneas que siguen Xavier Zubiri[22] presenta un resumen sobre el objeto de la filosofía en la historia de la filosofía: “Primero, para Aristóteles el saber filosófico es el saber que recae sobre el ente. Segundo, en Kant recae sobre algo más circunscrito, sobre el objeto. Tercero, en Augusto Comte la filosofía recae sobre algo más circunscrito aún: sobre los hechos científicos. Cuarto, en Bergson se trata de hechos, pero los hechos inmediatos de una conciencia. Quinto, para Dilthey el objeto del saber filosófico es la vida. Sexto, para Husserl el objeto de la filosofía es la vida entera y sus objetos reducidos a esencia fenomenológica. Séptimo, finalmente, Heidegger piensa que el objeto de la filosofía es el ser puro. En cada pensador el objeto que ha asignado a la filosofía ha configurado de distinta manera su mente” (“Cinco lecciones de filosofía”, 1980). Para Zubiri la “filosofía tiene como objeto propio el ente en cuanto ente”.

Ludwig Wittgenstein, en su “Tractatus Logico-Philosophicus” señala que el objeto de la filosofía es la clarificación lógica de los pensamientos o el esclarecimiento lógico de las ideas; la filosofía por ser una actividad humana y una obra filosófica consta de aclaraciones y deberá clarificar y delimitar las ideas. La filosofía sigue valiendo, pero tiene por objeto único y exclusivo la crítica teórica: crítica de los valores morales (Nietzsche) o culturales (Escuela de Frankfurt).

Problemática

La filosofía a lo largo del tiempo no es un cuerpo de conocimientos de simples fenómenos naturales y sociales; no es un manojo de ideas inconexas, incoherentes, caprichosas o absurdas; no es un conjunto de verdades establecidas sobre el cual todos los filósofos se hayan puesto de acuerdo; no es la pura descripción y explicación de cualquier cosa; no es un millón de proposiciones incoherentes, insustanciales y desligadas unas de otras; ni un manojo de respuestas aceptados por todos; no es un conjunto de cavilaciones sobre objetos sin sentido que poco o nada importa

La filosofía es un conjunto de problemas filosóficos de orden natural o sobrenatural, sobre las que debe meditarse de manera raigal, seria, crítica, responsable y cuidadosamente para no caer en el escepticismo ni en la frustración filosófica.

Y este carácter problemático de la filosofía según Edmundo Husserl[23] se explica porque “En ella todo es controvertido, cuestión de “convicción individual, concepción de escuela, punto de vista”.

En la filosofía todo es problema. La filosofía siempre ha sido problemático y no menos polémico en cuanto a su propio significado, a su origen, a su objeto de estudio y a sus métodos de investigación y el mismo hecho de establecer los períodos y el tiempo de duración de la historia de la filosofía; y el hombre, en sus dimensiones de ser racional, biológico, psicológico, social, histórico, político, económico, educativo-cultural, ecológico y técnico, constituye también un serio problema para la filosofía. Los problemas de la filosofía son de orden cognoscitivo, lingüístico, epistemológico, ético, estético, axiológico, antropológico y metafísico.

La filosofía es problematización del conocimiento, del hombre, del mundo, de Dios  y de las cosas. En la filosofía todo se problematiza progresivamente, todo de convierte en problema. Toda respuesta que da el filósofo se convierte en una nueva pregunta, pero también procura en su quehacer intelectual  desproblematizarlo todo. Cuando el filósofo, por ejemplo, aborda los diversos tipos de problemas: gnoseológico, epistemológico, ético, axiológico, estético, metafísico y antropológico, asume el compromiso ipso facto de encontrar las posibles respuestas verdaderas.

“No se hace filosofía simplemente por cuestionar y convertir en problema una situación objetiva, ni por buscar explicaciones de los hechos a través de la duda y la escrupulosa depuración de criterios y pruebas, o por limitar al mínimo posible la carga de convicciones emocionales que puede haber en el discurso persuasivo. Se hace filosofía cuando se plantea problemas filosóficos, cuando se problematiza filosóficamente. Lo mismo ocurre en la enseñanza. La problematización didáctica es filosófica cuando reúne los caracteres de la filosofía y sólo en ese caso” escribe el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy[24].

Profundidad

La filosofía trata de explicar los fenómenos, hechos o situaciones más allá de lo que se presenta a la experiencia sensible, trata de encontrar las causas mediatas, últimas causas, omniabarcantes y sus efectos o consecuencias, en la medida en que la razón natural puede alcanzar tal conocimiento posible. La filosofía se orienta a encontrar y explicar todo lo que hay y lo que ocurre dentro del universo, sin recurrir a sus detalles o a las parcialidades de las cosas.

Proyecto de vida

La filosofía es el gran proyecto de lo que el hombre quiere crear, quiere ser, quiere hacer, quiere transformar y quiere alcanzar objetivos, fines y metas que deparen a su existencia la paz, la libertad, la justicia, la felicidad y el bienestar individual y colectivo y le permita dar sentido socio-ético y orientación fructífera a su existencia.

Racionalidad

La filosofía es un saber racional, un conocimiento racional del universo, de todo cuanto hay. La filosofía es susceptible de una demostración racional. El filósofo crea su obra con su intelecto. La filosofía es racionalidad concreta en cuanto incluye a la razón, la voluntad, el sentimiento, el corazón, la intuición como facultades cognoscitivas.

Pero la filosofía no es todo lo analizado. Es algo más, es un saber propiamente dicho. Saber, como verbo designa el acto de conocer las cosas con verdad y certeza inobjetable; saber filosófico es un conjunto de conocimientos ciertos, adquiridos mediante la razón y lógicamente sistematizados de toda la realidad, empezando de sus primeros principios y sus primeras causas. Kant[25] define el saber como “el asentimiento suficiente, tanto desde el punto de vista subjetivo como desde el punto de vista objetivo”.

 ¿Qué tipo de saber es la filosofía? Es lo que vamos a precisar a continuación: la filosofía es un saber de segundo grado, saber práctico, saber profesionalizante, saber sin supuestos, saber teórico y saber radical.

La filosofía se caracteriza asimismo por ser un saber de segundo grado, saber práctico, saber profesionalizante, saber sin supuestos, saber teórico y saber radical, que explicamos rápidamente en las siguientes líneas.

Saber de segundo grado

Se dice que la filosofía se caracteriza por ser un saber de segundo grado porque emplea datos y contribuciones de las ciencias.

La filosofía presupone otros tipos de saber previos (saber político, saber científico, saber técnico, saber económico, saber biológico, saber psicológico, etc.), para lograr una mejor y cabal comprensión, interpretación, descripción y explicación de las cosas, del mundo, del hombre, etc.

Saber práctico

La filosofía se hace de manera posible y abierta y se forma en el transcurso de su propia historia.

La filosofía consiste en sólo saber o conocer, sino en hacer, en un saber dirigido a la praxis o acción, en un saber aplicado en las diversas actividades del hombre. La filosofía se hace. La filosofía tiene ahora una dimensión práctica en el cotidiano vivir del ser humano y en función de los objetivos, fines y metas concretas que persigue alcanzar para una plena realización de su personalidad y como un medio para alcanzar la vida feliz. San Agustín lo sintetizó con claridad meridiana: “Comúnmente todos los filósofos estudiando, investigando, disputando y viviendo apetecieron alcanzar la felicidad”. Pero también no solo la filosofía aplicado para el mejoramiento de las condiciones de vida del individuo sino proyectada a la sociedad con el fin de transformarla o modificarla. Sócrates condensa la praxis de la filosofía cuando señala que al hacer filosofía busca mejorar la ciudad mejorando a los ciudadanos y modificando las leyes de ser necesario.

La filosofía como saber práctico es la respuesta a las preguntas que tienen que ver con la praxis, acción o hacer del hombre: ¿Cómo dominar las cosas? ¿Qué es el bien y el mal? ¿Para qué es útil la filosofía? ¿Qué debo hacer para llegar a ser lo que me propongo ser? ¿Cómo debo hacer bien las cosas?

Se dice, por ejemplo, que para Voltaire la filosofía tiene una dimensión práctica porque se la utiliza para combatir las supersticiones, los prejuicios, los dogmas, el fanatismo, la ignorancia, la tortura, los conflictos de intereses la tiranía y la intolerancia, a la vez que sirve para  mejorar la calidad de vida de los seres humanos y alcanzar la solidaridad entre los humanos y la felicidad individual y colectiva.

Saber profesionalizante

La filosofía es una rama del saber humano que se desarrolla como carrera profesional durante cinco años en las instituciones de educación superior universitaria.

Séneca[26]49 considera la filosofía como una profesión, es decir, una manera de vivir cuando dice: “La filosofía atiende primeramente a formar el sentido común y a regular los deberes de la vida y de la sociedad, y de esta profesión nos separamos si vivimos de otra manera que los demás”.

Bertrand Russell[27], al abordar sobre la “filosofía profesional”, explica  que “Filosofía” significa “amor a la sabiduría”, y filosofía en este sentido es lo que los hombres deben adquirir, si las nuevas fuerzas inventadas por los técnicos, y entregadas por ellos a hombres y mujeres ordinarios, no han de sumir a la humanidad en un espantoso cataclismo. Pero la filosofía que debería formar parte de la educación general no es la misma que la filosofía de los especialistas. No sólo en la filosofía, sino en todas las ramas de los estudios académicos, hay una distinción entre lo que tiene valor cultural y lo que es sólo de interés profesional”.

Saber sin supuestos

Supuesto es un término que proviene del latín sub, “debajo”; ponerse, “colocar”; literalmente significa “lo puesto debajo”.

El supuesto es un enunciado que se considera como verdadero sin análisis previo, aun cuando no se haya demostrado si lo es o no.  Y la filosofía es un saber sin puesto, porque el filósofo al plantearse un problema absoluto no parte de creencias previas, no da nada por sabido anticipadamente, toda vez que lo que es sabido ya no constituye un problema.

Hegel[28] decía que “No goza la filosofía, como otras ciencias, de la ventaja de poder presuponer sus objetos como inmediatamente dados por la representación, y como ya admitido, en el punto de partida y en su curso sucesivo ,el método de su investigación…”

Pallares[29], al respecto, manifiesta: “De igual manera que Descartes quiso fundar una ciencia apodíctica, sin presupuestos, universalmente válida, evidente, libre de prejuicios, Husserl apela también a la intuición con el mismo propósito: “Será una ciencia sin supuestos, basada sobre algo que responda al principio de todos los principios, al de la intuición; tomando la intuición como se da y sólo dentro de los límites en que se da” “A esta aspiración responde la Fenomenología que no es teoría explicativa sino especulación pulcra y desinteresada, constatación lista y llana del Ser o no Ser de las cosas”.

La filosofía no acepta ni tolera supuestos, pues en ella  todo es problema y no acepta nada sin previo análisis. La filosofía fija su contenido, su tema, su problema, sus límites y posibilidades durante el acto del conocimiento.

Max Scheler[30] da sus razones sobre el por qué la filosofía es un saber sin supuestos que no puede presuponer como verdadero ningún tipo de conocimiento: “Si presupone como verdadero el conocimiento histórico desde cualquier ángulo, se llama “tradicionalismo”; si presupone como verdadero el conocimiento científico, “cientificismo”; si presupone como verdadero el conocimiento de la revelación, “fideísmo”; si presupone como verdadero los resultados de la cosmovisión natural “dogmatismo del santo entendimiento humano”. En cambio, a una filosofía que se constituye a sí misma auténticamente, sin supuestos, y que evita tales faltas, la llamaré en adelante filosofía autónoma, es decir, filosofía que busca y encuentra su esencia y su legitimidad exclusivamente “por sí misma”, en sí misma y en sus elementos”.

Ortega y Gasset[31], en similar posición, sostiene que la filosofía es una ciencia sin suposiciones cuando manifiesta: “Entiendo por tal un sistema de verdades que se ha construido sin admitir como fundamento de él ninguna verdad que se da por probada fuera de ese sistema. No hay, pues, una admisión filosófica que el filósofo no tenga que forjar con sus propios méritos”.

Pero también hay quienes opinan que la filosofía es un saber con supuestos, como por ejemplo Sciacca[32], cuando escribe lo siguiente: “Luego, también la filosofía tiene sus supuestos, aun cuando sea menos dogmática que la ciencia…También el modo mismo de conducir la investigación filosófica implica supuestos… Si la filosofía, como toda otra ciencia humana, pudiera explicar todos los supuestos sin presuponer ninguno, no sería ya filosofía sino Sofía, la Sabiduría frente a la que retrocedió espantado Pitágoras; y el hombre no sería filósofo sino Sofo. Sofo, sin embargo, sólo es Dios, que no es filósofo. Los hombres no tienen la capacidad necesaria (y aquí reside la razón de ser de la filosofía) para construir una ciencia cualquiera de orden absolutamente perfecto)”.

Saber teórico

La filosofía es un saber teórico que expresa la relación activa y multifacético del hombre hacia la búsqueda del ser auténtico de la realidad, de la esencia de las cosas,  de la verdad poliédrica y la interpretación, descripción y explicación de las cosas, del hombre, del universo, de Dios y de todo cuanto hay, a través de una serie de conceptos, categorías e hipótesis filosóficas.

Por ejemplo, para el filósofo español Ortega y Gasset[33] “La filosofía no es, pues, más que una actividad de conocimientos teorético, una teoría del Universo… Una teoría intentamos, o lo que es igual, un sistema de conceptos sobre el Universo. Nada menos, pero también nada más. Hay aquellos conceptos que colocados en un cierto orden nos permiten decir cuanto nos parece que hay o el Universo…”

La filosofía como saber teórico responde a una serie de preguntas tales como, por ejemplo, las siguientes: ¿Qué soy yo? ¿Qué es mi circunstancia? ¿Qué es lo circunvalante? ¿Qué son las cosas? ¿Qué es el conocimiento? ¿Es posible el conocimiento sin límites? ¿Qué es el ser? ¿Por qué hay ser y no más bien nada? ¿Qué es la filosofía? ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es el hombre? ¿Qué es Dios? ¿Qué es la vida? ¿Qué es el universo? ¿Qué es lo que subsiste a todos los cambios y muertes de las cosas y los seres? ¿Qué es la categoría? ¿Qué es la potencia? ¿Qué es el acto? ¿Qué son la sustancia y el accidente? ¿Existe realmente el mundo exterior o es una simple invención del hombre? ¿Qué es lo que mueve al hombre a filosofar? ¿Cómo produce el hombre las ideas? ¿Cómo conoce el hombre? ¿Qué mecanismos desarrolla el hombre para pensar? ¿Existe una causa originaria del universo, del hombre y de la vida? ¿De qué están hechas todas las cosas? ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿Qué es lo verdadero? ¿Qué es lo falso?

Saber  radical

Se dice que la filosofía es un saber radical – llamado también saber trascendente, meta-empírico o metafísico- precisamente porque trata de ir más allá de lo observable, del campo de la realidad natural y social o de la experiencia, para llegar no solo a la existencia sino también a la esencia de las cosas, de los objetos (reales e ideales), del hombre (como ser espiritual y no sólo biológico y social), del mundo terrenal (pero también celestial). Por eso se dice con sobradas razones y con mucho espíritu de justicia que “la filosofía comienza allí donde la ciencia termina”.

El filósofo, en su permanente afán por conocer la esencia de las cosas o de todo cuanto hay en el universo, se ve obligado a plantearse preguntas y respuestas radicales. Juan Carlos González García[34], refiere que “Una pregunta radical es aquella cuya respuesta sabemos que nunca nos va a satisfacer. Cuando nos preguntamos por qué existe algo en vez de nada, qué es el bien o qué es la felicidad, sabemos que no vamos a encontrar una respuesta que nos llene por completo” Y agrega: “A pesar de saber que nuestra pregunta no va a obtener una respuesta perfecta, la seguimos formulando como si nos viniera impuesta por algo más fuerte que nuestra voluntad. Podemos decir que una pregunta radical es aquella que necesitamos plantearnos de forma insoslayable. Una pregunta radical es aquella que aspira a una respuesta radical, a un conocimiento esencial de la realidad. Nuestro deseo de saber nos lleva a conocer lo real, lo verdadero, aquello que está más allá de las apariencias. Deseamos saber todo, cómo son ciertas cosas y por qué son así. Necesitamos explicaciones globales que reúnan de forma sistemática todas las explicaciones parciales. Esto nos conduce a pensar sobre el mismo pensar, a reflexionar sobre nuestra forma de reflexionar. La filosofía busca el fundamento de nuestro conocimiento, del uso de la razón. Es un saber sobre el saber”.

A través de la filosofía se trata de llegar hasta las últimas certidumbres o evidencias del saber, de la experiencia humana en su relación con el ser. El filósofo peruano Augusto Salazar Bondy[35] explica esta característica de la manera siguiente: “Por otro lado, al investigar los principios últimos que dan razón de los hechos observados en todos los dominios de la realidad, la filosofía sobrepasa el terreno circunscrito en que trabaja cada ciencia y en general el campo entero de la experiencia, dentro del que, como sabemos, se mueve siempre el conocimiento científico. Así pues, la filosofía se interroga necesariamente por lo que está más allá de lo observado y no puede prescindir de esta interrogación si quiere cumplir su función propia. Este ir más allá de lo observable, este trascender el campo de la realidad natural que caracteriza esencialmente al pensamiento filosófico, es lo que se quiere dar a entender cuando se afirma que la filosofía es un saber trascendente o metafísico”.

Sistemática

La filosofía no es un conjunto de conocimientos aislados, particulares y desagregados, sino por el contrario, es un conjunto de proposiciones de elementos, verdades y de principios unidos entre sí por relaciones lógicas coherentes, interdependientes y organizadas con el fin de explicar algún problema, enigma, misterio o dilema o la propia realidad.

Para el filósofo Manuel Kant[36] “La filosofía es el sistema de todo conocimiento filosófico. Hay que tomarla objetivamente si por ella se entiende el modelo que nos sirva para valorar todos los intentos de filosofar y toda filosofía subjetiva, cuyo edificio puede ser tan diverso y cambiante. De esta forma, la filosofía es la mera idea de una ciencia posible que no está dada en concreto en ningún lugar, pero a la que se trata de aproximarse por diversos caminos hasta descubrir el sendero único, recubierto en gran parte a causa de la sensibilidad, y hasta que consigamos, en la medida de lo concedido a los hombres, que la copia hasta ahora defectuosa sea igual al modelo. Mientras esta meta no haya sido alcanzada, no es posible aprender filosofía, pues ¡dónde está, quién la posee y en qué podemos reconocerla? Sólo se puede aprender a filosofar, es decir, a ejercitar el talento de la razón siguiendo sus principios generales en ciertos ensayos existentes, pero siempre salvando el derecho de la razón a examinar esos principios en sus propias fuentes y a refrendarlos o rechazarlos”.

La filosofía requiere de la estructuración sistemática, ordenada, coherente y lógica de su discurso durante el proceso evolutivo y desarrollo de la investigación filosófica.

Teoría de los valores

La filosofía  es teleológica, es una teoría de los valores y no una teoría de hechos concretos. La filosofía responde, entre otras, a las preguntas siguientes: ¿Qué son los valores? ¿Los valores son objetivos o subjetivos? ¿Hay valores más importantes que otros? ¿Se puede conocer los valores? ¿Qué métodos se utilizan para conocer los valores? ¿Qué relación existe entre la conducta del hombre y los valores? ¿Los valores son cualidades o relaciones o ambas cosas a la vez? ¿Qué tipos de valores existe? ¿Qué son los valores éticos fundamentales? ¿Qué son los valores éticos especiales? ¿Qué es la ética material de los valores? ¿Existe o no existe jerarquía en los valores? ¿Por qué el hombre es el único ser capaz de realizar valores?

Universalidad

Se dice que la filosofía tiene el carácter de universalidad, generalidad, unicidad o totalidad porque abarca la totalidad de los entes, porque considera los aspectos más simples y complejos de las cosas, sus razones más profundas y universales y el sentido profundo y general de la realidad.

Las ideas filosóficas tienen la pretensión de validez en todo momento y lugar, en todo tiempo y en toda circunstancia. El filósofo trata de encontrar los fundamentos o principios válidos y explicativos sobre la esencia de las cosas sin excepción, los elementos comunes a todos los hombres, a los animales, a las piedras y a las plantas y las reglas generales del actuar del hombre.

La filosofía es una aspiración al saber total posible y concreto y que no excluye nada, pues todo lo incluye; la Filosofía circunscribe su estudio sobre la totalidad de sentido -no de partes- de lo que hay en el Universo o en la realidad natural y realidad social. La filosofía abarca la totalidad de lo existente, desde lo inmediato y cercano hasta lo trascendente. La filosofía en cuanto saber general y totalizante permite analizar cuestiones y problemas generales sobre la realidad, – no de una esfera particular de la realidad-,y  la relación del hombre con el mundo y ofrecer respuestas generales, manteniendo una perspectiva totalizante sobre los mismos. La filosofía se ocupa de las cuestiones y problemas generales y no de una esfera particular de la realidad.

Por ejemplo, desde el punto de vista científico el hombre es estudiado como ser físico, ser biológico, ser psicológico o ser social, desde el punto de vista filosófico se reflexiona sobre el hombre y se trata de describirlo y explicarlo como ser unitario o ser total, es decir como una unidad biopsiosocial. Para la filosofía el todo es más importante que la parte; el todo es ilimitado en extensión, no tiene confines, es ilimitado en “intensidad problemática”, el todo es un problema absoluto y como tal hay la posibilidad de que sea incognoscible.

La filosofía busca los fundamentos, los principios y las primeras causas de todo cuanto hay en el universo, hasta lograr captar la esencia de la cosas y profundizar la aprehensión de las cosas. La extrañeza de la filosofía es radical en cuanto se extraña de todo.

La filosofía por mucho tiempo abarcó todos los conocimientos humanos, comprendía a todas las ciencias, era entonces denominada ciencia universal.

Simmel, Dilthey, Maritain y Ortega y Gasset nos ilustrarán en líneas siguientes con sus reflexiones sobre el carácter de universalidad de la filosofía.

Viene al caso la expresión feliz de J. Simmel, cuando dice que “el filósofo es aquel que tiene un órgano de reacción para la totalidad del ser”.

Wilhelm Dilthey, manifiesta que la filosofía se caracteriza por su universalidad por cuanto tiende a “relacionar lo aislado, a establecer conexiones y extenderse sin considerar los límites de las ciencias particulares y a alcanzar la última fundamentación de la ciencia”.

Jacques Maritain piensa que la filosofía “es el instrumento más perfecto, a nuestra disposición, para una mirada de conjunto sobre la totalidad del ser”.

En fin, la filosofía persigue la raíz de todo fundamento. Con las palabras del filósofo español, José Ortega y Gasset, diríamos: “el afán intelectual, hacia el todo, lo que yo llamo pantonomía”.


Veracidad

El término verdad significaba para los griegos lo mismo que estar descubierto, no tener velos o develar. El filósofo empezó siendo, entonces, el amante de la verdad, el enamorado de “mirar” las cosas, el encaramelado de la esencia de las cosas, el caballero de la verdad, el investigador y descubridor de la verdad, el ser humano predispuesto en todo momento y lugar a saber lo que son íntegramente las cosas, el hombre, Dios, el alma, los astros, el movimiento, etc.

La filosofía se ocupa de separar la verdad de la mentira, lo verdadero de lo falso, la verdad verdadera de la verdad aparente, semiverdad o media verdad.

En filosofía, el filósofo opta muchas veces hacer dormir una respuesta antes de apresurar una declaración falsa, antes que el común de las personas le ponga en su oído, la expresión ya popular “En boca del filósofo mentiroso hasta lo cierto se torna dudoso”.

Por eso es que se exige, nada menos, que el filósofo sea un auténtico caballero de la verdad, a fin de no perder credibilidad, confianza, reputación o popularidad.

En filosofía no es lícito mentir ni admitir falsedades. El filósofo o estudioso de la filosofía debe ser un investigador infatigable de la verdad, del saber y de la cultura, debe ser el descubridor, revelador y explicador de la verdad total en todo momento y en toda circunstancia, a sabiendas que producir mentiras, importar y exportar falsedades en el quehacer intelectual es faltar el respeto al público lector, es atentar contra la honestidad y pureza intelectual e integridad profesional. La mentira, que es la “locutio contra mentem” (palabra que no corresponde a lo que se piensa), no es buena consejera para el filósofo, como tampoco para  profesional o persona alguna.

“La primera y más necesaria parte de la filosofía – escribe Epícteto- es aquella que trata de la práctica de los preceptos; como por ejemplo del que establece que no debemos mentir. La segunda es la que hace las demostraciones; por qué no debemos mentir. Y la tercera es la que hace la prueba de estas demostraciones”.

Buscar, decir y difundir la verdad es el imperativo categórico de todo buen filósofo; la verdad constituye para el filósofo un bien moral de incalculable valor que no puede conducirlo a justificar una mentira. Filosofía que se fundamente en teorías, principios, axiomas, hipótesis, indicadores e índices falsos, no es filosofía auténtica, puede ser cualquier cosa, menos filosofía propiamente dicha.

El filósofo, más que ningún otro profesional del saber, está convencido que para comunicar la verdad ésta debe ser moralmente buena y debe responder al qué, cómo, cuándo, por qué, para qué y para quién debe comunicar. Y la respuesta a estas preguntas lleva implícita el deseo de hacer un bien a la humanidad, asegurándoles la posesión de un conocimiento verdadero, sin dudas ni murmuraciones.

Renato Descartes, durante la Edad Moderna de la filosofía, busca una verdad o evidencia que resista a toda duda posible y que le permita edificar sobre ella la ciencia. Y así llegó a manifestar que podía dudar de la realidad del mundo físico, de la naturaleza, y hasta de la verdad de las matemáticas, pero no podía jamás dudar de la realidad de su propia existencia en tanto y en cuanto está pensando y dudando: “Cogito ergo sum” (Pienso, luego existo”).

Grandes filósofos han filosofado sobre la verdad en cuanto a su (s) origen, significado, límites, clases, importancia, fines, funciones y teorías de la verdad. Grandes debates filosóficos se produjeron a través de todos los tiempos sobre la verdad, constituyendo un verdadero problema aún no resuelto del todo. Aquí desfilaron los filósofos Sócrates, Platón, Aristóteles, Nietzsche, James, Santo Tomás de Aquino, Descartes, Leibniz, entre otros.

Vitalidad

La filosofía constituye una forma de vida del ser humano y que le permite comprender, interpretar, traducir, describir y explicar todo cuando acontece durante el transcurrir de su existencia y conducirse de una u otra forma sobre la base de apropiados principios y valores éticos. La filosofía constituye una concepción del hombre frente al mundo y un conjunto de rigurosos principios, reglas, normas y leyes sobre cómo vivir auténticamente.

Jaspers[37] expresa con claridad meridiana que “filosofar significa… no ya limitarse a elaborar conceptos o a idear sistemas, sino elegir, decidir, comprometerse, apasionarse: vivir auténticamente y ser auténticamente sí mismo… Es imposible separar el ser hombre y el filosofar (a diferencia de la posibilidad de separar al hombre de su conocimiento). Todo hombre en cuanto hombre filosofa”.

El hombre y el filósofo están comprometidos existencialmente con la búsqueda reflexiva, desinteresada,  humilde, honesta, sincera y responsable de la verdad filosófica o verdad poliédrica, perenne e integral; búsqueda del saber auténtico y de la cultura, para una mejor comprensión y explicación de su vida, del sentido y la orientación de su libertad, de sus proyectos de vida, de su orientación y relación de por vida dentro del mundo. El hombre y el filósofo se entregan a la búsqueda infatigable de la verdad, del saber y de la cultura con todo su ser, con todas sus facultades cognitivas, con el todo de sí mismo.

Es decir, que el hombre o el filósofo compromete el todo del sujeto para encontrar la verdad poliédrica, verdad total de todo cuanto hay en su objeto de estudio, para una mejor y superada realización humana en el mundo terrenal.

Sciacca[38] precisa que “La filosofía es comprometedora. El filósofo que asume la terrible tarea de reflexionar sobre el conocimiento común, de someterlo a examen y crítica, de objetivar su vida para así examinarla profundamente, no ya vivida en su inmediatez sino puesta como problema, ese filósofo se identifica con su filosofía, con su verdad, que es su vida. Todo filósofo es una fórmula, pero su fórmula no es una abstracción; es la riqueza total y radical de su vida; la fórmula es la cruz en que se crucifica y de donde perennemente renace”.

El hombre logra enriquecer las fibras de su existencia en la medida que reflexione filosóficamente sobre el sentido, origen y destino de su ser en el universo, en la medida que encuentre explicaciones concretas sobre su misión y fin es este mundo terrenal.

Xavier Zubiri, en “Naturaleza, Historia, Dios”, ha escrito que “La filosofía no es una ocupación suplementaria, ni tampoco la mejor ocupación del hombre, sino un modo fundamental de su existencia intelectual”.

Voluntad de sacrificio auténtico

La filosofía tiene por motor de las acciones a la voluntad del hombre, voluntad creadora y libre que le estimula a asumir la elección y realización de sus actos, de sus pensamientos y deseos, que le conlleva a descubrir y a revelar la verdad, el saber, en su cotidiana existencia.

La filosofía responde a la acción intelectual del filósofo, del estudioso de la filosofía, acción que lejos de ser determinada por las circunstancias externas, es una consecuencia de decisión voluntaria del sujeto, aunque en parte limitado y estimulado por el medio ambiente, por los sufrimientos y peripecias que tiene la existencia y por las circunstancias históricas de la época en que vive.

En el campo de la filosofía, el filósofo o el estudioso de la filosofía requieren de una voluntad de sacrificio auténtico, exteriorizada en una actividad reflexiva profunda y consciente que implique a su vez una evocación de motivos y problemas filosóficos, una asunción de responsabilidades sociales, jurídicas y éticas, una deliberación y decisión oportunas y una ejecución de ideas confiables y válidas para la solución de dichos problemas.

Kant,  define la voluntad como aquella facultad que tiene el hombre para determinarse a sí mismo a obrar conforme a la representación de ciertas leyes; en cambio, para Arturo Schopenhauer, la voluntad es el deseo de ser y seguir siendo, es el ansia de vivir.

Sciacca[39] refiere que “La filosofía es voluntad de sacrificio: quien filosofa es consciente de ser víctima de la verdad. Por eso es renuncia a cuanto estorbe al amor y a la posesión interior del unum necessarium; dolorosa renuncia a veces, y aun entonces humanísima. Es sacrificio auténtico, que no se lamenta por las cosas caducas, perdidas, que no espera de los hombres ni el bien ni el mal y conoce tan sólo el ansia de la verdad experimentada”.












[1] Ferrater Mora, José. Diccionario de filosofía. Tomo I. Editorial Sudamericana, 5ª. Edición, Buenos Aires, 1969.
[2] Zea, Leopoldo. Introducción a la filosofía. La conciencia del hombre en la filosofía. Imprenta Universitaria, México, 1960.
[3] Gambra, Rafael. Historia sencilla de la filosofía. Ediciones RIALP, Madrid, 1998.
[4] Comte, Augusto. Sistema de filosofía positiva. En “Lecturas sobre historia de la filosofía”, Universidad de La Habana, La Habana, 1973.
[5] Bunge, Mario. Diccionario de Filosofía. Siglo Veintiuno Editores, Argentina, S.A., 2005.
[6] Jaspers, Karl. La Filosofía. Edit. cit.
[7] Iriarte, Joaquín. El problema filosófico. Ser, sujeto y funcionamiento del alto saber humano. Luis Miracle, Editor, Barcelona, 1953.
[8] Sciacca, F.M. La filosofía y el concepto de la filosofía. Ediciones Troquel, S.A., Buenos Aires, 1962.
[9] Salomón Rahaim M., Compendio de filosofía, Progreso, México, 1966, p.14, n.1
[10] Hessen, Johann. Teoría del conocimiento.
[11] Szilasi, Wilhelm. ¿Qué es la Ciencia? Breviarios del Fondo de Cultura Económica. Tercera edición en español, México, 1956, p.125.
[12] Russell, Bertrand. Fundamentos de Filosofía.
[13] Müller, Max y Alois Hálder. Breve diccionario de filosofía. Empresa Editorial Herder, S.A., España, 2001.
[14] Bunge, Mario. Diccionario de Filosofía. Edic. cit.
[15] Jesús Mosterín   en declaraciones a Lucas Lavado en el VI Congreso Nacional de Filosofía, realizado en la ciudad de Iquitos-Perú el 5 de octubre de 1996, cuyo texto completo de la entrevista fue incluido en la obra “Tareas de la Filosofía” cuyo autor es precisamente el maestro universitario Lavado.

[16] Mayr, E. The Species Problem, 1957.

[17] Fichte, Juan Teófilo. El destino del sabio.
[18] Ingenieros, José. Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía.
[19] Aróstegui, Antonio. Curso de concienciación filosófica. Editorial Marsiega, S.A., Madrid, 1977.
[20] Eduardo Pallares en su obra “Introducción a la Filosofía ¿Qué es la Filosofía?”  explica el problema de la definición del objeto de la Filosofía formulando algunas interrogantes como las siguientes: “No sabemos a ciencia cierta si ese objeto existe o no, y cómo existe. ¿Las substancias son entes reales o simplemente creaciones de la fantasía? ¿Existe el mundo de los valores, o éstos, como productos de la conciencia humana, cambian y se transforman con el curso del tiempo? ¿La razón pura de Kant es una quimera? ¿La intuición husserliana es una divagación buena para los filósofos de gabinete? ¿El Universo existe como un todo y puede ser objeto de una interpretación científica como lo quieren los positivistas? En todas estas preguntas se agita la cuestión fundamental de la filosofía: ¿Es válido el objeto que ella se propone? ¿Existe realmente ese objeto? Mientras estas preguntas no sean contestadas de una manera que satisfaga a la razón humana el derecho de la filosofía a la existencia está sub-júdice; aun no ha alcanzado la autoridad de la cosa juzgada.” Ediciones Botas, Tercera edición corregida y aumentada, México, 1957, p.37.
[21] Fingermann, Gregorio. Lecciones de Psicología.2ª. Edición, Librería “El Ateneo” Editorial, Buenos Aires, 1959.
[22]  Zubiri, Xavier. Cinco lecciones de filosofía, 1980.

[23] Husserl, Edmundo. La filosofía como ciencia rigurosa.
[24] Salazar Bondy, Augusto. Didáctica de la filosofía. Editorial Universo, S.A., Lima, 1967.

[25] Kant, Manuel.  Crítica de la razón pura. Trad. P. Ribas, Alfaguara, Madrid, 6ª.Edición, 1988.
[26] Séneca, Lucio Anneo. Obras completas. Trad. Lorenzo Riber, Madrid: Aguilar, 1940.
[27] Russell, Bertrand. Diccionario del hombre contemporáneo. Edic.cit.
[28] Hegel, G.W. Enciclopedia de las ciencias filosóficas. Ebisa Ediciones. Selección Homiga. Primera edición, Lima, 2010, p.33.
[29] Pallares, Eduardo. Introducción a la filosofía. Ediciones Botas, 3ª. Edición corregida y aumentada, México, 1957, p.241.
[30] Scheler, Max. La esencia de la Filosofía.
[31] Ortega y Gasset, José. ¿Qué es filosofía?
[32] Sciacca, F.M. La filosofía y el concepto de la filosofía. Edic.cit.
[33] Ortega y Gasset, Op.cit.
[34] González García, Juan Carlos. Diccionario de Filosofía. Biblioteca Edad, España, 2ª. Edición, 2004.
[35] Salazaar Bondy, Augusto. Introducción a la Filosofía. Editorial Universo, S.A., 12ª. Edición, Lima, 1968.
[36] Kant, Manuel. Crítica de la razón pura. Edic. cit.
[37] Jaspers, Karl. Op.cit.
[38] Sciacca, F.M. La filosofía y el concepto de la filosofía. Ediciones Troquel, S.A., Buenos Aires, 1962.
[39] Sciacca, F.M. Op.cit.