viernes, 10 de abril de 2015

NO HAY “JAURÍA DE COBARDES” EN UNA DEMOCRACIA


NO HAY “JAURÍA DE COBARDES” EN UNA DEMOCRACIA

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

De un tiempo a esta parte, la vida política peruana viene deteriorándose en mayor medida precisamente porque quienes participan en ella no están a la altura de su sagrada misión y función para representar a la población y defender sus intereses y derechos a una vida con dignidad, justicia y bienestar. 

Para muestra basta un botón. Cómo es posible que el actual mandatario del Perú, Ollanta Humala, en su discurso en la inauguración de obras en Ayacucho, haya tenido que utilizar la expresión “jauría de cobardes” para calificar a aquellos que critican la gestión de su esposa o que piden se le levante el secreto de sus cuentas bancarias para efectuar la investigación por supuestos delitos.

Las expresiones vertidas por el presidente de la República, en un momento que su primer Ministro Pedro Cateriano está dialogando con los representantes de importantes partidos políticos  como el APRA, Fuerza Popular, PPK, Partido Popular Cristiano, Perú Posible y otros, para encontrar el camino de la concertación y tratar de lograr el voto de confianza en el Congreso de la República, resultan a todas luces excesivas, de mala práctica, inoportuna y que no abona al diálogo democrático.

¿Quién pierde más con este tipo de expresiones? ¡El país! ¡La democracia!. ¡El futuro de todos los peruanos, señor Presidente!

En una democracia hay ciudadanos con todos sus derechos y deberes, dispuestos a defenderla y respetarla. En una democracia todos los ciudadanos tienen el deber de exigir que sus autoridades rindan cuenta detallada de todos sus ingresos y egresos al empezar, durante y al finalizar sus períodos de gobierno. En una democracia todos los ciudadanos tienen el derecho de opinar y criticar a sus autoridades y políticos para evitar el abuso del poder, la corrupción e inmoralidad con los recursos del Estado.

En una democracia las autoridades y los políticos deben saber comportarse como líderes de la sociedad, medir sus palabras y utilizar un lenguaje ejemplar para evitar confrontaciones inoficiosas y devaluación de la democracia y de la política.


Por lo expuesto, señor presidente, lo invocamos no volver a cometer excesos en el uso de sus palabras. El idioma castellano es muy rico. El uso adecuado de palabras une a la familia peruana y así la democracia se fortalece. El futuro de los peruanos se construye con buenas palabras y con un mensaje educador.