domingo, 26 de abril de 2015

TAREA HISTÓRICA DE LA JUVENTUD PERUANA Y LAS ELECCIONES GENERALES DEL 2016



TAREA HISTÓRICA DE LA JUVENTUD PERUANA Y LAS ELECCIONES GENERALES DEL 2016

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

A un año de las elecciones generales del 2016 las fuerzas políticas en el Perú se encuentran en pleno proceso de movilización nacional con el fin de renovar sus cuadros de dirigentes distritales, provinciales y regionales y estar en condiciones óptimas de participar en el proceso electoral nacional.

Hay un encendido debate entre las fuerzas políticas del Partido Nacionalista, su aliado fáctico Perú Posible y los partidos de oposición Partido Aprista Peruano, Partido Popular Cristiano, Fuerza Popular, PPK, Acción Popular y otros. Se acusan de todo, tratando de jalar agua para su molino.

La percepción ciudadana sobre el gobierno “familiar” de Ollanta Humala es negativa mayoritariamente, por cuanto ha decepcionado a sus militantes al abandonar su inicial plan de reformas de la Gran Transformación y reemplazarlo por la denominada Hoja de Ruta, que no es más que la ruta equivocada en política y en economía. Si no fuera por los votos condicionales de Perú Posible hace tiempo que la mayoría de Congresistas de la República habrían tomado alguna decisión radical. Felizmente tal decisión radical no ha ocurrido para bien de la democracia y del futuro de los peruanos.

En cuanto a inseguridad ciudadana, el barómetro de las Américas el Perú es el país más inseguro del continente. La tasa de victimización por delincuencia asciende a 30 por ciento, superando a los países de Ecuador, Argentina y Venezuela.

Los congresistas de la República se han pasado el tiempo inútilmente, en actitud de confrontación y no de concertación, persiguiendo a  supuestos corruptos con sendas comisiones y megacomisiones investigadoras, que derrochan el presupuesto nacional y sin llegar a sancionarlos con todo el peso de la ley.

Se olvida en el Perú el dicho popular: “quien no tiene de inga tiene de mandinga”,  pero también “no solo hay que ver la paja en el ojo ajeno sino también la viga que se lleva dentro”. En el Perú, para ser moralizador hay que ser incorruptible de verdad y a plenitud, porque de no ser así sólo se manchan honras gratuitamente, motivados por fines político-electoreros. Y todo esto produce mucho “ruido político” y, consecuentemente, inestabilidad política y devaluación de la política científica.

El presidente Alan García Pérez, en su segundo gobierno (2006-2011) dejó un país bien parado social y económicamente, con crecimiento sostenido, con significativa reducción de la pobreza, con analfabetismo cero (0), con seguridad ciudadana, con grandes inversiones, con miles de obras de electrificación, transportes, educación, servicios de agua potable y alcantarillado, creciente empleo, inflación controlada, etc.,etc., que aún no ha podido ser igualado, menos aún superado por el actual gobierno de Ollanta Humala.

¿Pero qué está ocurriendo ahora?  Hay contracción y paralización de las grandes inversiones, incremento de la pobreza,  desaceleración económica, subempleo y desempleo, denuncias  en los medios de comunicación en el sentido que se estarían utilizando los programas sociales con fines de proselitismo político, la capacidad adquisitiva de la población se ha congelado, el dólar sigue subiendo, la inseguridad ciudadana se dispara, sube la temperatura de la protesta social contra los proyectos mineros por “contaminación”, hay falta de liderazgo gubernamental, el SUTEP está anunciando una huelga indefinida para el mes de mayo por incumplimiento por parte del gobierno de lo ofrecido en materia de reivindicaciones laborales y profesionales.

Lo positivo del momento, es que el nuevo presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, reciba el voto de confianza en el Congreso de la República, por la apertura del diálogo democrático y por su cambio de actitud favorable a la concertación social y empresarial. Ojalá que este cambio de actitud no sea flor de un día y se mantenga durante el año que resta al gobierno para culminar su periodo de cinco años.

 “Cada vez que una generación envejece y reemplaza su ideario por bastardeados apetitos, la vida pública se abisma en la inmoralidad y en la violencia. En esa hora deben los jóvenes empuñar la Antorcha y pronunciar el Verbo: es su misión renovar el mundo moral y en ellos ponen su esperanza los pueblos que anhelan ensanchar los cimientos de la justicia. Libres de dogmatismos, pensando en una humanidad mejor, pueden aumentar la parte de felicidad común y disminuir el lote de comunes sufrimientos” (José Ingenieros, “Fuerzas Morales”).

Con todo lo ocurrido en los últimos treinta años en el Perú se necesita una profunda e     irreversible reforma de los poderes del Estado. Una nueva conciencia histórica, política, cultural, jurídica, ecológica y educativa para apuntalar el progreso sin exclusiones ni exclusivismos.

El país está cansado de transfuguismo, improvisación, voluntarismo y aventurerismo, de falsos líderes políticos que sólo destilan el enfrentamiento, la desunión, el odio para seguir engañando a las masas con políticas asistencialistas que antes de fomentar la independencia y la libertad generan la dependencia y la sumisión en vastos sectores marginados del territorio patrio. Se les da el pescado, pero no se les enseña a pescar. Y aquí está el problema por el que no se logra vencer a la extrema pobreza. Por sobre todas las cosas, al pueblo necesitado hay que enseñarle a pescar y no regalarle pescado.

Ya es tiempo que la juventud preparada, portando una antorcha lucífera,  empuñe la bandera de la justicia, de las organizaciones sociales, políticas, empresariales, deportivas y como una generación nueva se desprenda de cualquier tentación de encontrar satisfacciones inmediatas y rechazar firmemente el mal que los rodea.

Ya es tiempo que la juventud que estudia, que trabaja, que piensa, que actúa sin complicidad con el pasado pero asociando el ingenio y la voluntad comprometida con el bien común, juventud que asimila nuevas ideas para viejos y nuevos problemas, jamás arríe sus principios y siempre entone sus himnos constructivos contra la adversidad, la impunidad y la injusticia.

A esta altura de la vida peruana la juventud no debe perder su tiempo esperando pasivamente que los cambios vengan de falsos líderes, chaveteros verbales, contaminados por los intereses creados y la ambición desmedida del poder.  

La nueva juventud  debe ser más cerebro que sentimiento, más acción constructiva, más inclusivo que excluyente, capaz de encender en el ánimo de las multitudes el deseo de lo mejor para el país.

Corrompen el alma de la juventud quienes infunden el mal ejemplo, quienes entienden la política como el arte de hacer dinero, de sacar ventaja personal o grupal o de enriquecerse y enriquecer a los demás de su entorno, olvidando que científicamente la verdadera política es el arte y la ciencia del buen gobierno.

El joven, a lo largo de su existencia desarrolla y perfecciona su ser en la medida en que afirma (tesis), niega (antítesis) y efectúa la negación de la negación (síntesis). Pues todo momento histórico, por acción de la juventud fundamentalmente, contiene su propia negación dialéctica que permite el tránsito a una realización superior, a mejores niveles de libertad, dignidad, fraternidad, bienestar y felicidad. Esto explica la existencia en la vida de los jóvenes de una «razón histórica» o de una «lógica histórica», que justifica su existencia en un espacio y tiempo histórico del Perú del siglo XXI.

El joven peruano es un ser con orientación prospectiva. Para trazar una prospectiva es necesario que mire y examine el presente y el pasado para deducir los posibles futuros y de entre ellos elegir el más deseable, que además de ser factible sea alcanzable. Luego procede a trazar el camino que posibilite alcanzar ese futuro en el curso del tiempo preestablecido. La prospectiva es el arte de actuar y de pensar en el presente en función del futuro y tomar en cuenta los conocimientos holísticos del pasado para no incurrir en errores. A más conocimiento holístico del pasado, mejor podrá el joven peruano programar el futuro del país, proyectarse al futuro posible, sentirse seguro en el presente e incluso cambiar el futuro posible elegido. El joven de hoy se halla comprometido con ampliar su conciencia política, cultural, histórica, axiológica y ecológica para reubicarse con éxito en el universo del mañana.


Aristóteles definió a la democracia como el gobierno de los más, y de los más pobres que forman las mayorías que son a su vez la base institucional de la soberanía popular, fuente de todo derecho. Reivindicar el significado político y económico del gobierno del pueblo es  tarea histórica de la juventud peruana para asegurar el triunfo de la justicia social sin inmolar la libertad.