miércoles, 20 de abril de 2016

Libro: EL APRISMO SEGÚN HAYA DE LA TORRE

XXIV

EL APRISMO ES UN PARTIDO ANTIDEMAGOGICO

El Aprismo no jugó jamás frívolamente con los problemas nacionales; no hizo de  ellos el fácil juguete de la demagogia; los planteó en su verdadera dimensión de importancia y de respetabilidad. El Aprismo no engañó jamás al pueblo; no le prometió lo que no podía cumplir; no le dijo nunca que en 90 días podía resolver asuntos que son de muy difícil solución.

Porque es pecado mortal de gobernante, de estadista o de buen político decir lo que no se cumple; prometer lo que no se realiza. E igual pecado es hacer demagogia sobre problemas a los cuales corresponde una dialéctica seria y una docencia diferente. (142)

Ahora nosotros le decimos al pueblo peruano: no creas en los demagogos, no creas en quienes te dicen que somos capaces nosotros de movernos aisladamente por nosotros mismos en este mundo de la era atómica, de la energía nucelar, de los satélites y de los astronautas. (143)

Mi anhelo como fundador del APRA ha sido siempre que ella oriente a los pueblos latinoamericanos hacia sus verdaderos problemas. Que no nos desviemos con demagogias ineficaces, con gritos inútiles, con arrogancias de gesto que nada construyen. (144)

Pero, naturalmente, nosotros no podemos tener la mentalidad de un Partido chico. Los Partidos chicos pueden ofrecer porque saben que están muy lejos de la oportunidad de dar. Si yo fuera el jefe de un pequeño Partido cuántas cosas no prometería. A veces la demagogia es un recurso fácil; pero cuando se tiene la responsabilidad de un Partido mayoritario y cuando se sabe que los problemas de un país no son fácilmente solubles sin el concurso de todos, sin la planeación de un estudio, es necesario tener muy en cuenta que un Partido mayoritario debe medir muy bien sus pasos y debe encaminarse seguramente hacia su destino pero no dando traspiés. (145)

Somos un Partido que nunca hicimos demagogia. Nunca adulamos a las masas con falsas promesas y siempre dijimos clara y terminantemente que la democracia significa una ecuación de deberes y derechos, y, que ser aprista significa asumir responsabilidades muy graves. Porque quien es miembro de un Partido mayoritario debe pensar como tal; en grande y con grandeza, puesto que es la expresión mayoritaria del país. (146)

No cabe, pues, fanatización demagógica de las masas en un Partido en el que tan bien se equilibran la fe y la razón, el ímpetu emocional y la concepción científica. (147)

Todo Partido político trata de captarse las masas presentándoles los problemas nacionales y orientándolas a su mejor solución de acuerdo con un Programa. No creo - ni nunca lo ha aceptado el Partido Aprista Peruano - en la demagogia como medio de propaganda. Durante nuestras campañas pre y  postelectorales hemos demostrado que el Partido Aprista Peruano no ha abandonado nunca el punto de vista objetivo al tratar los problemas del país. Nunca hemos aceptado el lema jesuítico de que «el fin justifica los medios». Nuestra línea de acción ha demostrado claramente nuestro realismo y nuestro espíritu constructivo. (148)

Esto no es demagógico. Ustedes saben bien, compañeros, que yo jamás he adulado a las masas; ustedes saben que el secreto de mi fuerza y de mi autoridad en el Partido consiste en que yo siempre digo la verdad descarnada y jamás adulé, porque nosotros queremos hacer enseñanza constructiva y no labor destructiva, transitoria y disolvente, como la de quienes dirigen fuerzas precarias para que se desmoronen después. (149)

El pueblo aprista sabe muy bien que una de las garantías de la perennidad del Aprismo, de su responsabilidad, de su capacidad para educar políticamente al pueblo, se debe a que nosotros, los líderes y el fundador del Partido, nunca hicimos demagogia. Nunca adulamos a las masas con falsas promesas... (150)

El Apra repugna demagogias engañosas y rechaza a los que desnaturalizan nuestra causa. (151)

La demagogia es el venenito que yo le llamo algunas veces la «pimienta». La demagogia, como lo he dicho en mis lecciones en la Escuela de Dirigentes, es como la pimienta, que a veces sirve para condimentar un plato; pero nadie se come un plato de pimienta. (152)

El Partido Aprista que salió de la Universidad Popular, jamás engañó al pueblo. ¡Nunca la demagogia, nunca la adulación!. ¡Jamás decirle al pueblo que es merecedor de todo, sino presentarle la realidad; que la democracia y la libertad se conquistan siempre sabiendo que cada garantía ocasiona una responsabilidad, que a cada derecho corresponde un deber, que a cada privilegio una obligación!... (153)


XXV

EL APRISMO ES UN PARTIDO AUTOCRITICO

Somos ya más que nunca un Partido adulto, en la plenitud de nuestra responsabilidad, que ha dejado atrás la infancia y la adolescencia. Posiblemente hemos cometido errores. ¿Quién no los comete?.No se trata de una organización de ángeles sino de hombres de carne y hueso. (154)

Claro está que hay que lamentar hechos dolorosos, claro está que en nuestra Historia, hemos cometido errores, - ¿quién no? -. No somos un Partido de ángeles ( y ya lo dije alguna vez) ni de San Francisco de Asises. Somos un Partido de hombres susceptibles de errar y de pecar que han querido redimirse y reeducarse. Pero nadie puede negar que este Partido ha logrado la hazaña histórica de conformar un movimiento cívico que ha sabido arrostrar todos los embates, todas las persecuciones, todas las asechanzas, que ha sido vencedor de la adversidad y que ha redimido cada vez a más grande altura una calidad ciudadana que es ejemplar para todos los peruanos y que a sotto voce, o declaradamente, es también reconocido por todos los peruanos con el corazón bien puesto. (155)

De un pueblo que ha sido educado en el padecimiento y en la enseñadora experiencia; en la experiencia del suceso y del fracaso. De un pueblo al que se le ha dicho siempre que nuestro Partido como nuestro país, no son un Partido ni un país de ángeles; porque somos hombres de carne y hueso, susceptibles de pecar y de equivocarnos, sin necesidad de evocar a Terencio. Porque somos susceptibles de equivocación puesto que somos hombres, pero al mismo tiempo somos un poco más que el hombre común cuando tenemos la hidalguía y la voluntad de confesar y reconocer errores, y decir ante el supremo juez de nuestro Partido, que es el Pueblo, que estamos listos a rectificarnos y superarnos con humildad y decisión de trabajar siempre en la mejor forma y con el mayor beneficio para los intereses nacionales. (156)

Que la autocrítica debe ser una condición fundamental en nuestro planteamiento. (157)

XXVI

EL APRISMO ES EL PARTIDO DE UNIDAD NACIONAL

El Aprismo que es credo de justicia, que es credo que supone nobleza y sabiduría, no puede caer en la venganza o el encono. Nosotros abrimos los brazos a todos aquellos que quieran discutir nuestras ideas. Estamos dispuestos a responder a todos aquellos que quieran oponer principios a nuestros principios. Nosotros no somos ni exclusivistas ni oportunistas. Nuestra fuerza justamente por tener un gran arraigo en la conciencia pública, justamente por ser verdadera, tiene que demostrar generosidad y tiene que contestar al ataque insidioso sin violencia... (158)

En este sentido amplio es que nuestra palabra de orden: «Sólo el Aprismo Salvará al Perú», es más que una admonición exclusivista contra los que no son miembros del Partido, un llamado fraternal a todos aquellos que sobre bases de sincera devoción al país puedan venir a nuestras filas a ayudarnos en la gran tarea de hacer prácticos nuestros principios y luchar organizadamente por el fin común que el Partido se propone alcanzar. (159)

Porque ese es el sentido fraterno del Aprismo. Recuerden ustedes cuántas veces han oído decir que el Aprismo no es solamente un Partido político, sino también una Gran Fraternidad. Porque los partidos políticos no pueden sobrepasar lo humano y nosotros aspiramos al gigantesco rol de sobrepasar lo humano y de sobrepasarlo por la acción heroica, por la magnífica gesta de todos los días, elevándonos, superándonos, purificándonos, haciendo de nuestra obra algo nuevo, algo bello, algo eterno en que nuestros dolores se hagan fuerza, energía, creación, algo que constituye para el Perú la suprema ambición, algo que surge del alma misma de un pueblo que quiso ser el forjador de su futuro y el remediador de sus males. (160)

Somos el Gran Partido del Perú, pero porque somos el Gran Partido del Perú tendemos una y mil veces las manos a todos los peruanos que quieran acompañarnos en esta cruzada de renovación democrática, de rectificación política, de rescate de los valores morales, de exaltación de las normas jurídicas de libertad nacional. (161)

Pero, compañeros, el Aprismo tiene no sólo la misión de defender y de resguardar los intereses y los derechos de sus afiliados, sino tiene que ser además la fuerza viva de aquellas otras masas que todavía están demandando justicia y dirección. (162)

Y el Aprismo ha enarbolado siempre la bandera de paz, de reconciliación, de reconstrucción del Perú y ha dado lecciones patentes, inequívocas de cómo sabe reconsiderar sus actitudes, sus criterios, sus puntos de vista respecto del adversario. (163)

No se puede vivir del odio, no se puede vivir de la venganza, no se puede vivir de memorias, cuando ante todo y sobre todo está el destino y los designios de la Patria.

Nuestra voluntad, nuestra decisión de hacer del Perú un país en el cual no sea el odio la bandera negra que Darwin vio, es una decisión firme, tenaz, a la cual no se ha respondido siempre fervorosamente, pero que nos ha deparado la complacencia de lograr algunas victorias. (164)

Yo tengo que decir que el Partido mantuvo siempre esta  fe de confraternidad peruana, que por eso fuimos a las recientes elecciones, que antes de saber cuántos votos obtendríamos dijimos que había que gobernar con todos. (165)

Puesto que si los pueblos más distanciados, más enconadamente enemigos se reconcilian y se abrazan ¿por qué entre peruanos no nos vamos a tender las manos?. ¿Por qué hemos de seguir alimentando odios, exaltando rencores, desangrándonos, en esta lucha sin perdón y explotándola para beneficio de egoísmos, de candidaturas o de subalternas aspiraciones?. (166)

Pero vamos a unirnos, vamos a juntarnos, vamos a reconciliarnos, vamos a construir un Nuevo Perú. No a costa del dolor y de la injusticia. Vamos a juntarnos para crear, para hacer, para elevar las condiciones de vida de este país, tanto material como espiritual, tanto económicas como políticas. ¡Vamos a darle al Perú una nueva dimensión! (167)

Trabajemos por la confraternización de los peruanos, ennoblezcámonos en el ejemplo de darnos todos a esta lucha generosa por tendernos la mano y llamarnos compatriotas. (168)

Si consideramos que la fuerza  de la clase trabajadora es aún grande y su complicidad con el imperialismo cada vez más clara, comprenderemos que es necesaria la organización de un gran Partido, disciplinado, que capte todas las fuerzas  seccionadas, que una todos los bandos, que agrupe en un solo Gran Frente a todos los luchadores dispersos. (169)

Nada ha podido dividirnos, ni la intriga de dentro ni la de fuera. Nuestras clases trabajadoras, conscientes del peligro cercano y revolucionarios realistas han desechado todo divisionismo. Saben que el que divide, enemigo es... Estamos todos juntos. Formamos la falange revolucionaria que nada ni nadie va a destruir. (170)

Con el Aprismo han de fusionarse todas las tendencias renovadoras, todas las aspiraciones anticentralistas, todos los anhelos constructivos hacia una efectiva y profunda transformación económica, política, social y cultural en el país.

Nada podrá destruirlo, porque él representa la voluntad inalienable de un pueblo que exige justicia. Debemos, pues, estar seguros de su victoria. (171)


XXVII

EL APRISMO ES UN PARTIDO CON FUERZA ESPIRITUAL Y MORAL

El Aprismo es ahora, en este instante, aunque está determinado por condiciones económicas y sociales, una realidad espiritual formidable, un movimiento espiritual de proporciones colosales que asegura al Perú por su fe, por su fuerza y por su disciplina, la mejor garantía de que ha de cumplir su obra. (172)

El movimiento es pues, un concepto nuevo en el léxico de la filosofía política de la América. A su exégesis ideológica vale unir su gran contenido espiritual, su poderoso plan místico. El Aprismo cree en el misticismo social y político como expresión colectiva del imbíbito fondo religioso del individuo. Y en este aspecto, la disciplina aprista expresa una ética puritana y nueva. Todo lo que hay de elevado y de profundo en la emoción mística de los pueblos latinoamericanos, es movido por el Aprismo como fuerza de superación y de liberación espiritual. (173)

Nuestra disciplina, nuestra organización, nuestra unidad, nuestro absoluto desinterés personal, son medios morales de educación individual, social y política, absolutamente necesarios en un pueblo como el nuestro al que faltó siempre el ejemplo saludable de directores preclaros. Porque es necesario repetirlo: tan importante como la obra de reorganización material del país, consideramos la de su moralización. Una y otra están relacionadas. Los mejores programas económicos y políticos fracasarían sin una enérgica tentativa para la educación moral del Perú. Ambos son para nosotros primordiales. (174)

El Aprismo es, como obra de espíritu, como obra social, como obra histórica, una magnífica transformación del dolor en ímpetu afirmativo. (175)

Y nada pudo el hierro y nada pudo el oro. Y el Aprismo resurge y se agiganta, con nuevos impulsos y va abriendo su camino y va cumpliendo su misión y va realizando su destino. Y el Aprismo avanza y el Aprismo vence con la fuerza luminosa y aleteante de un ideal común. (176)

Por eso, compañeros, la obra de nuestro Partido es también una gran obra moral; y por eso necesitamos estar juntos para mirarnos siempre cara a cara, para examinarnos la conciencia, para saber si somos leales soldados, leales apóstoles, leales intérpretes de nuestra obra. (177)
        
El APRA es el resultado de la lucha de los buenos ciudadanos de América Latina contra los que la traicionan y venden. (178)

Sólo organizando una fuerza política y moral latinoamericana que tienda a crear un sistema de resistencia antimperialista y de renovación interior nos salvaremos. Esa es la doctrina del APRA en esencia. Todo lo que tienda a destruir o minar nuestra acción defensiva debemos combatirlo implacablemente. (179)

No perder energías y hacer del APRA una poderosa fuerza de moralización y de cura política que traiga como consecuencia justicia y bienestar. (180)

Lo prometemos ante la Nación una vez más: quien delinca será dos veces culpable y dos veces castigado, porque recibirá la maldición del pueblo aprista y la maldición de la Patria. Puedo decir ante esta magnífica asamblea, puedo decirles a todos los peruanos: cuando un aprista delinca ¡acúsenlo!, no tengan miedo, que se encontrará en el Partido los mejores fiscales para condenar al culpable. Por tal razón, está demás el dicterio, el ultraje. Porque nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos. Pero exigimos del otro lado no profanar la verdad. Es necesario que cuando alguien pueda levantar el dedo para acusar a un aprista, que sea en verdad una acusación justificada. Nosotros garantizamos que un movimiento como el nuestro no puede tolerar pillos en su seno. (181)

XXVIII

EL APRISMO ES UN PARTIDO RENOVADOR

Y el pueblo siente el fenómeno de su dolor, conoce el fenómeno de su injusticia, palpa, ve, sigue el camino amargo de sus diarios sufrimientos. El pueblo sabe que hay mucho que hacer en este país; el pueblo intuye que es necesaria una obra que renueve y desinfecte. Por eso el pueblo sigue al Aprismo, porque vio en él, desde el primer instante, el afán de lavar algo y es que el Aprismo comenzó por lavarse a sí mismo, lavarse con la sangre de su sangre.(182)

Nuestro movimiento cívico es un movimiento ágil, dúctil, elástico e inteligente y juvenil. Tenemos que adaptarnos a la realidad peruana, tenemos que hacer de la realidad peruana algo nuevo, recreando en este país los ideales constructivos de justicia y de democracia, no sólo en las palabras sino en los hechos. (183)

Para nuestro Partido, la renovación es más honda y supone también en cada uno de nosotros el afán de una tarea ejemplar de sinceridad, de decisión, de disciplina, de sacrificio. La obra toda del Partido Aprista Peruano, ha sido hasta hoy un ejemplo admirable de lealtad y de tenacidad del que debemos estar satisfechos. (184)

Nuestro Partido representa ahora, la fuerza nueva a la que le estaba reservada la victoria. Tengamos fe y trabajemos. (185)

El Apra es un Partido renovador que ha traído profundas transformaciones; que ha marcado en la historia del país un largo capítulo de lucha y de ejemplo de lo que debe ser una agrupación política moderna. Hemos vivido una experiencia incomparable como movimiento, disciplina cívica y esfuerzo para demostrar que puede hacerse una verdadera transformación social, económica y política, dándole plena vigencia a la democracia. Creo que el Apra tiene ese mérito histórico, y le reclamo el título de Partido profundamente renovador en un país que, como el nuestro, no tenía movimientos de principios, no poseía partidos políticos organizados y donde no se había dado a la política una validez y un contenido educador y docente. (186)
  
XXIX

EL APRISMO ES UN PARTIDO HEROICO

Nosotros, como la historia del Partido lo demuestra, tenemos la experiencia larga y bien aprovechada de un movimiento que no se rinde al susto. Ya hemos pasado, hemos vivido y hemos sufrido todos los embates de la adversidad. Nada sería nuevo para nosotros en la dimensión de la violencia. Pero tenemos fe y mucha fe en esta hora del mundo que está más próxima a la hora de la inteligencia que a la hora de la violencia. (187)

Que no adulamos nunca al pueblo, ofreciéndole lo que no podía dársele. Y que antes, mucho antes de que Churchill dijera a los ingleses de que su quehacer era «Sangre, sudor y lágrimas», nosotros ya lo habíamos padecido, sudando, sangrando y llorando. (188)

Nosotros debemos llevar a todos los apristas del Perú esta gran consigna heroica: Estamos firmes, sin arrogancias, sin altanerías fatuas e insostenibles, dentro de las razones fundamentales de nuestro programa, dentro de la lógica de nuestro programa, dentro de la lógica de nuestra doctrina. Estamos aquí firmes, defendiendo los verdaderos postulados de la justicia social en el Perú. (189)

Por eso es que el Aprismo, Partido moderno, extrajo lo esencial de todos los dolores y ha ido también escribiendo su propia historia con la sangre de su sangre, con la entraña de su entraña, con los huesos de sus huesos. (190)

Hemos sabido soportar las adversidades, hemos sabido perdonar a los adversarios; hemos sabido guiarlos con lealtad. (191)

Nadie puede negarnos ni honradez personal y política, ni decisión profunda de sacrificio. Justamente, por nuestra fe en la redención del Perú, por nuestra firmeza en el servicio de esa causa, quienes son incapaces de comprender las grandes devociones, nos han llamado fanáticos y sectarios. No olvidemos que toda religión o que toda causa política entendida de fervores auténticos, ha merecido el nombre de secta de quienes no podían comprenderla o sentirla. (192)



XXX

EL APRISMO ES UN PARTIDO CON MARTIROLOGIO

Este es el movimiento aprista auténtico, genuino, señero, peculiar. Este es el Partido cuya razón de existir radica precisamente en su supervivencia. Este es el Partido al que se le quiso decapitar siempre, porque ese tipo de decapitación por el dicterio y la calumnia, es un propósito muy practicado por los reaccionarios; aunque nunca logró nada con nosotros. Porque aunque se nos quiso corromper,  intimidar y dividir; aunque se nos quiso cerrar los medios de propaganda y de difusión, y se nos vetó, y se nos llevó al Tribunal Mundial de La Haya acusándonos, - único caso en la historia del mundo -, de delincuencia común; éste es el Partido que tiene como título de legitimidad, como verdadera y sublime expresión de su poder moral, un martirologio ilustre, glorioso, bienaventurado, un martirologio que significa la ofrenda voluntaria de un pueblo, listo a dar su sangre porque los ideales apristas se mantengan en su egregia aspiración de justicia y de libertad. ¡Este es lo que nosotros somos!. ¡Título que nadie nos puede arrebatar!. Esto es lo que hemos sido y somos. Pero esto es lo que lleva implícito la responsabilidad de todos ustedes y de todos los apristas. (193)

Nuestro Partido ha superado gallardamente la etapa lírica de los impulsos iniciales. Ha vivido su tragedia y tiene su martirologio. No necesitamos ir muy lejos para hallar tumbas de compañeros sobre las cuales jurar y sentirnos fuertes. No tenemos que leer libros europeos para aprender cómo se sufre y cómo se lucha por la libertad y por la justicia. No necesitamos prestar consignas o importar credos. Aquí en ámbitos de América, en suelo del Perú, se mueven nuestros luchadores y duermen nuestros caídos. De la sangre de éstos y de la acción creadora y autóctona de aquellos, surgirá la victoria. (194).


                                                                                                    XXXI

EL APRISMO ES UN PARTIDO RELATIVISTA

El Aprismo no es un dogmatismo cerrado y arbitrario, sino una línea de acción hacia el infinito, hablando filosóficamente y aplicando este concepto relativo a nuestra historia, vale decir: si curvo es el infinito (Einstein), curva será nuestra línea: si recto, recta. ¿Me explico?. (195)

Quizás porque nuestro movimiento no miró nuestros problemas a través de un periscopio, desde allá para aquí, es decir, desde los bordes del mundo viejo, o de Europa, o de los países más desarrollados, observando nuestra realidad a través de ellos, sino al contrario. Quizá por este simple trastrueque de ángulo o de visión en el enfoque de nuestros problemas, hemos acertado. Y hemos acertado en lo que constituye la base de una perennidad orientadora en la solución de nuestros problemas. Nosotros establecimos como normas primarias del Aprismo que los problemas de Europa eran diferentes de los problemas de nuestra América. Y que, por consiguiente, las soluciones también tenían que ser diferentes. (196).


XXXII

EL APRISMO ES EL PARTIDO DEL PUEBLO

Es necesario recordar que el Partido Aprista no ha sido nunca ni será instrumento de la oligarquía; es el Partido de los Pobres, es el Partido de los Trabajadores, es el Partido del Pueblo...(197)

El APRA no es un Partido chico, no es un Partido de área limitada y de ambiciones excesivas. Nosotros somos el Partido del Pueblo, el Partido más poderoso del Perú. (198)
Nuestra pobreza es el mejor título de nuestra idoneidad democrática y revolucionaria. (199)

El APRA es el resultado de un espontáneo anhelo de nuestros pueblos para defender unidos su libertad, venciendo a los enemigos de dentro y a los de fuera. (200)

El Aprismo, representa la fuerza política popular mejor organizada y más constructivamente programada del país. (201)

Contra la confabulación reaccionaria, que usufructuando la ignorancia y haciendo de la barbarie su baluarte, sirve a los más bajos egoísmos, el Aprismo había dado ya a los pueblos de América una nueva ideología y erigido en el Perú un Gran Partido. En él encuentra nuestro pueblo el legítimo intérprete de sus grandes anhelos y el conducto certero de su lucha por la Justicia. (202)

Porque nuestro Partido tuvo como razón de ser la amargura de un pueblo, su anhelo de justicia y la orientación realista y efectiva hacia el verdadero camino para conseguir su libertad. Porque es fácil reconocer la injusticia; pero es muy difícil encontrar la ruta verdadera para poder suprimirla. Por eso nosotros hemos buscado en nuestra propia realidad el verdadero camino, que es el único: la respuesta de las masas, el fervor de las masas. La fuerza formidable del Aprismo es la respuesta histórica, es el grito humano que consolida y confirma nuestra doctrina. (203)

En este país de vicios, corrupción y peculados; en este país de crímenes y de vergüenza ha aparecido una fuerza empujada por el pueblo, que es todo pureza, todo espíritu de justicia, todo sentido de realidad. Los miopes no supieron comprenderla. Eso ha pasado siempre en la Historia. Cuando nace una fuerza formidable que parece romper los ritmos y las leyes de su vida, aquellos que son abogados de la mezquindad quieren enfrentársele con palabras. Y eso es como intentar detener la ola del mar con un golpe de mano. (204)

Testimonio histórico del acierto del Aprismo es su fuerza popular. Y razón de ser de su fuerza popular es que por conciencia o por eminente instinto, el hombre que trabaja con las manos o con el cerebro sabe perfectamente que el Aprismo ha planteado, sin lugar a dudas, la solución integral de los problemas nacionales en el campo económico y social. (205)

En todo el país, el Aprismo es hoy el credo político del pueblo. (206)

XXXIII

EL APRISMO ES UN PARTIDO QUE NUNCA MUERE

Más, de todos modos, yo pienso que el Aprismo tiene altos títulos, que explican el secreto de su vigencia y popularidad. La pregunta de todos los corresponsales y observadores extranjeros que ahora están viniendo a ver qué pasa en el Perú, siempre coinciden en este interrogante: ¿Cómo es posible que haya vivido, tanto tiempo combatiendo y enfrentándose a tan brutales injusticias un Partido como éste?.Pobre, de honrosa pobreza, mayoritariamente popular, un Partido sin empresarios, sin oligarcas, sin que jamás contara con ningún apoyo crematístico ni material. Un Partido que fue por cuarenta años odiosamente atacado por la plutocracia, por el imperialismo, las facciones comunistas y la fuerza, y que sólo tuvo alma y voluntad, entusiasmo y persistencia. ¿Por qué esto?. Y la respuesta viene clara. Porque hay una fe que lo anima. Porque hay una intuición que lo vertebra. Porque en este movimiento, que suma la sabiduría que se nutre en la experiencia del hombre que trabaja, que proviene de la enseñanza ganada por el hombre que sufre, permanece esa sobrecarga de tantos dolores que la épica lucha por la justicia nos ha convertido en una voluntad de rescate. Nosotros tenemos esa voluntad de rescate. Y por ello la fuerza no podrá jamás, como no pudo antes, prevalecer contra nosotros.(207)

¿Por qué el Aprismo nunca muere?.Porque nunca aduló al pueblo con mentiras, y que siempre le dijo que realizar la obra de transformación del Perú y de América, era difícil tarea; pero que siempre le dijo también que unidos, resueltos, firmes y sinceros podríamos nosotros realizar las mayores tareas y vencer los más grandes obstáculos que se opusieran al gran propósito de redimir al Perú de su sometimiento, de su injusticia, y sobre todas las cosas, de la ignorancia en que lo tienen, los regímenes que han querido en todos los momentos postergar al pueblo para que no aprenda a descubrir ni sus derechos ni sus obligaciones. Porque cada aprista sabe que nuestro mensaje no fue una consigna, no fue una papeleta de empeño, ni fue una prenda de hipoteca. El Apra le dijo al pueblo: «Anda tú, con tus propios conocimientos. Sé libre y marcha hacia adelante, porque tú serás el autor de tu propia liberación. (208)

Y «caducan» aquellos movimientos que impulsan y enrumban el interés menor, la ambición y el oportunismo, pero no los idearios como el nuestro, que a lo largo de cuarenta años han demostrado, con su supervivencia y el mantenimiento de su fidelidad principista, lo que vale la conciencia de su pueblo y lo que importa un Partido que no transige ni claudica; que no es mercenario; que mantiene invicta e insobornable su auténtica conciencia revolucionaria. (209)

Este Partido, compañeros, no tiene miedo ni tendrá miedo, ni perecerá por el miedo... (La multitud grita: «El Apra nunca muere»!). ¿Por qué el Apra no muere?. Porque ha habido muchos que han muerto por el Apra. (210)

Que no tenemos nada de qué avergonzarnos. Que nuestra lucha fue sincera y certera y que no caímos nunca en los extremismos demagógicos y engañosos, embusteros «de ensarte» político. (211)

Aquí está nuestra resolución de ser el Partido vigilante y alerta de los destinos del país; nadie podrá negarnos ese derecho, hemos vivido largos años de martirio, de sufrimiento, de persecución en que  se nos quiso exterminar por todos los medios, pero ¡Aquí estamos!, cada vez más fuertes y cada vez más dispuestos a luchar en defensa de estos derechos que son inherentes para la vida del pueblo peruano. (212)

Los muertos, nuestros muertos, levantaron a nuestro Partido al plano de las obras inmortales. Y nosotros les debemos a ellos eso: que nuestro Partido sea, como fuerza histórica, algo eterno. De allí que nuestro Partido nos imponga a los apristas hacernos gigantes, transformarnos, purificarnos, limpiarnos, bañarnos en nuestra propia sangre, ser limpios y buenos, ser grandes y fuertes porque somos los Padres de una nueva etapa de la Historia. (213)

Nosotros somos luz siempre y hemos de llevar luz siempre en todas las horas, luz hasta en las mismas tumbas. Nosotros hemos de ser siempre portadores de este espíritu fuerte e inflamado de los que tienen el ansia infinita de crear algo grande. Y cómo no hemos de crear algo grande, si todos sentimos sobre nuestras espaldas la cruz que ha de redimir al Perú viejo, de sus pecados. Todos sentimos sobre nosotros esa cruz redentora. Todos hemos sufrido ya las caídas y los azotes. (214)

El Partido ha logrado formar muchos hombres, hemos hecho escuela veteranos que fundamos este movimiento. Hacia él vienen y vendrán hornadas de elementos nuevos. El Aprismo no morirá con sus fundadores. Los ensayos que para matarlo se han hecho han fracasado todos. El Aprismo debe proseguir su gran andadura histórica y dentro de esta buena avanzada hacia el futuro hay que pensar que por más que yo sea el Fundador del Partido hay algo que vale más que eso. (215)

Y nosotros debemos pensar siempre que el único juicio valedero para nuestra obra ha de ser el juicio de la Historia. No trabajamos sólo para el presente; nuestro esfuerzo está también dirigido hacia el futuro. (216)

Aquí estamos todos unidos, compactamente unidos, para discutir nuestros problemas, para luchar por nuestros ideales. No importan los años, no importan las canas si algunos las tengan, no importa que los años transcurran; el Aprismo es imperecedente, el Aprismo es imperecedero y cuando llegue la hora de que tengamos que marcharnos a nuestro camino definitivo, pues ahí quedarán los otros y ahí quedarán ustedes, pero el Partido no morirá. (217)


NOTAS

(1)    Obras Completas. Víctor Raúl Haya de la Torre. Librería Editorial Juan Mejía Baca, 2ª. edición, 1984, impreso en España, Tomo 4, pág. 114.
(2)    Víctor Raúl Haya de la Torre, Op.cit., Tomo 1, pág. 158.
(3)    Op.cit., Tomo 1, pág.175.
(4)    Ibídem, Tomo 1, pág. 194.
(5)    Ibídem, Tomo 1, pág. 195.
(6)    Ibídem, Tomo 1, pág. 200.
(7)    Ibídem, Tomo 1, pág. 282.
(8)    Ibídem, Tomo 4, pág. 99.
(9)    Ibídem, Tomo 4, pág. 104.
(10)          Ibídem, Tomo 4, pág. 105.
(11)          Ibídem, Tomo 4, pág. 195.
(12)          Ibídem, Tomo 5, pág. 38.
(13)          Ibídem, Tomo 5, pág. 263.
(14)          Ibídem, Tomo 5, pág. 97.
(15)          Ibídem, Tomo 5, pág. 257.
(16)          Ibídem, Tomo 5, pág. 260.
(17)          Ibídem, Tomo 5, pág. 261.
(18)          Ibídem, Tomo 5, pág. 262.
(19)          Ibídem, Tomo 5, pág. 303.
(20)          Ibídem, Tomo 1, pág. 84.
(21)          Ibídem, Tomo 1, pág. 355.
(22)          Ibídem, Tomo 1, págs. 354 y 355.
(23)          Ibídem, Tomo 7, pág. 426.
(24)          Ibídem, Tomo 5, pág. 488.
(25)          Ibídem, Tomo 1, pág. 135.
(26)          Ibídem, Tomo 1, pág. 130.
(27)          Ibídem, Tomo 1, pág. 408.
(28)          Ibídem, Tomo 5, pág. 47.
(29)          Ibídem, Tomo 5, pág. 77.
(30)          Ibídem, Tomo 5, págs. 322 y 323.
(31)          Ibídem, Tomo 4, pág. 105.
(32)          Ibídem, Tomo 7, pág. 326.
(33)          Ibídem, Tomo 7, págs. 378 y 379.
(34)          Ibídem, Tomo 7, pág. 434.
(35)          Ibídem, Tomo 4, págs. 83 y 84.
(36)          Ibídem, Tomo 4, pág. 113.
(37)          Ibídem, Tomo 5, págs. 36 y 37.
(38)          Ibídem, Tomo 5, pág. 118.
(39)          Ibídem, Tomo 1, pág. 202.
(40)          Ibídem, Tomo 4, pág. 27.
(41)          Ibídem, Tomo 7, pág. 329.
(42)          Ibídem, Tomo 7, pág. 337.
(43)          Ibídem, Tomo 7, pág. 443.
(44)          Ibídem, Tomo 1, pág. 318.
(45)          Ibídem, Tomo 1, pág. 361.
(46)          Ibídem, Tomo 7, pág. 364.
(47)          Ibídem, Tomo 7, pág. 440.
(48)          Ibídem, Tomo 7, pág. 461.
(49)          Ibídem, Tomo 5, pág. 447.
(50)          Ibídem, Tomo 1, pág. 363.
(51)          Ibídem, Tomo 2, pág. 473.
(52)          Ibídem, Tomo 5, pág. 42.
(53)          Ibídem, Tomo 5, pág. 79.
(54)          Ibídem, Tomo 5, pág. 322.
(55)          Ibídem, Tomo 7, pág. 487.
(56)          Ibídem, Tomo 5, págs. 501 y 502.
(57)          Ibídem, Tomo 5, págs. 123 y 124.
(58)          Ibídem, Tomo 5, pág. 417.
(59)          Ibídem, Tomo 5, pág. 418.
(60)          Ibídem, Tomo 7, pág. 402.
(61)          Ibídem, Tomo 5, pág. 90.
(62)          Ibídem, Tomo 5, págs. 148 y 149.
(63)          Ibídem, Tomo 5, pág. 323.
(64)          Ibídem, Tomo 7, pág. 330.
(65)          Ibídem, Tomo 7, pág. 421.
(66)          Ibídem, Tomo 7, pág. 426.
(67)          Ibídem, Tomo 5, pág. 118.
(68)          Ibídem, Tomo 1, pág. 303.
(69)          Ibídem, Tomo 1, pág. 349.
(70)          Ibídem, Tomo 2, pág. 334.
(71)          Ibídem, Tomo 5, pág. 154.
(72)          Ibidem, Tomo 1, pág.302
(73)          Ibídem, Tomo 2, pág. 48.
(74)          Ibídem, Tomo 2, pág. 45.
(75)          Ibídem, Tomo 4, pág. 72.
(76)          Ibídem, Tomo 4, pág. 75.
(77)          Ibídem, Tomo 4, pág. 107.
(78)          Ibídem, Tomo 5, pág. 44.
(79)          Ibídem, Tomo 5, pág. 66.
(80)          Ibídem, Tomo 5, pág. 101.
(81)          Ibídem, Tomo 5, pág. 122.
(82)          Ibídem, Tomo 2, págs. 174 y 175.
(83)          Ibídem, Tomo 2, pág. 463.
(84)          Ibídem, Tomo 7, pág. 339.
(85)          Ibídem, Tomo 5, pág. 404.
(86)          Ibídem, Tomo 2, pág. 52.
(87)          Ibídem, Tomo 2, pág. 54.
(88)          “Después de mi muerte…la victoria”, pág.17
(89)          “Obras Completas”, B.R.H.T., edic. cit. Tomo 7, pág.457.
(90)          Op.cit., Tomo 7, pág.494.
(91)          Ibídem, Tomo 7, pág. 494.
(92)          Ibídem, Tomo 5, pág. 422.
(93)          Ibídem, Tomo 5, pág. 43.
(94)          Ibídem, Tomo 1, pág. 279.
(95)          Ibídem, Tomo 4, pág. 355.
(96)          Ibídem, Tomo 5, pág. 43.
(97)          Ibídem, Tomo 5, pág. 398.
(98)          Ibídem, Tomo 5, pág. 477.
(99)          Ibídem, Tomo 5, pág. 491.
(100)      Ibídem, Tomo 2, pág. 464.
(101)      Ibídem, Tomo 5, pág. 75.
(102)      Ibídem, Tomo 5, pág. 75.
(103)      Ibídem, Tomo 2, págs. 456 y 457.
(104)      Ibídem, Tomo 7, pág. 425.
(105)      Ibídem, Tomo 1, pág. 312.
(106)      Ibídem, Tomo 1, pág. 319.
(107)      Ibídem, Tomo 5, pág. 420.
(108)      Ibídem, Tomo 5, pág. 422.
(109)      Ibídem, Tomo 5, pág. 440.
(110)      Ibídem, Tomo 5, pág. 477.
(111)      Ibídem, Tomo 5, pág. 128.
(112)      Ibídem, Tomo 2, pág. 46.
(113)      Ibídem, Tomo 1, pág. 102.
(114)      Ibídem, Tomo 2, pág. 17.
(115)      Ibídem, Tomo 2, pág. 473.
(116)      Ibídem, Tomo 2, pág. 488.
(117)      Ibídem, Tomo 5, pág. 496.
(118)      Ibídem, Tomo 1, pág. 268.
(119)      Ibídem, Tomo 1, págs. 268 y 269.
(120)      Ibídem, Tomo 1, págs. 324 y 325.
(121)      Ibídem, Tomo 5, pág. 411.
(122)      Ibídem, Tomo 7, pág. 327.
(123)      Ibídem, Tomo 7, pág. 423.
(124)      Ibídem, Tomo 4, págs.107 y 108
(125)      Ibídem, Tomo 1, pág. 365.
(126)      Ibídem, Tomo 5, pág. 47.
(127)      Pablo Silva Villacorta, “Adónde van las ideas de Haya de la Torre”, pág.35.
(128)      V.R.H.T., “Revolución sin balas”, pág. 207.
(129)      Luis Alberto Sánchez, “Haya de la Torre o el Político”, pág. 183.
(130)      Luis Alberto Sánchez, Op.cit., pág.184.
(131)      Víctor Raúl Haya de la Torre, Obras Completas, Tomo 1, edic.cit., pág.363.
(132)      Víctor Raúl Haya de la Torre, Op.cit., Tomo 1, edic.cit., pág.361.
(133)      Ibídem, Tomo 7, pág. 206.
(134)      Ibídem, Tomo 5, pág. 418.
(135)      Ibídem, Tomo 1, pág. 201.
(136)      Ibídem, Tomo 1, pág. 201.
(137)      Ibídem, Tomo 5, pág. 354.
(138)      Ibídem, Tomo 7, pág. 389.
(139)      Ibídem, Tomo 6, págs. 17 y 18.
(140)      Ibídem, Tomo 7, pág. 416.
(141)      Ibídem, Tomo 5, pág. 403.
(142)      Ibídem, Tomo 5, pág. 492.
(143)      Ibídem, Tomo 5, pág. 493.
(144)      Ibídem, Tomo 1, pág. 201.
(145)      Ibídem, Tomo 5, pág. 419.
(146)      Ibídem, Tomo 5, pág. 416.
(147)      Ibídem, Tomo 5, pág. 319.
(148)      Ibídem, Tomo 5, pág. 314.
(149)      Ibídem, Tomo 5, pág. 347.
(150)      Ibídem, Tomo 5, pág. 416.
(151)      Ibídem, Tomo 4, pág. 154.
(152)      Haya de la Torre, III Congreso Nacional PAP, 27 de julio de 1957.
(153)      Haya de la Torre, Día de la Fraternidad. Lima, 25 de febrero de 1961.
(154)      Víctor Raúl Haya de la Torre. Obras Completas, Tomo 5, edic.cit., págs..
               423 y 424.
(155)      Ibídem, Tomo 5, pág. 462.
(156)      Ibídem, Tomo 5, pág. 495.
(157)      Ibídem, Tomo 1, pág. 361.
(158)      Ibídem, Tomo 5, pág. 76.
(159)      Ibídem, Tomo 5, pág. 324.
(160)      Ibídem, Tomo 5, pág. 332.
(161)      Ibídem, Tomo 5, pág. 350.
(162)      Ibídem, Tomo 5, págs. 422 y 423.
(163)      Ibídem, Tomo 5, pág. 459.
(164)      Ibídem, Tomo 5, pág. 461.
(165)      Ibídem, Tomo 5, pág. 464.
(166)      Ibídem, Tomo 5, pág. 472.
(167)      Ibídem, Tomo 5, pág. 473.
(168)      Ibídem, Tomo 5, pág. 475.
(169)      Ibídem, Tomo 1, pág. 138.
(170)      Ibídem, Tomo 2, pág. 17.
(171)      Ibídem, Tomo 2, pág. 51.
(172)      Ibídem, Tomo 5, pág. 159.
(173)      Ibídem, Tomo 1, pág. 273.
(174)      Ibídem, Tomo 5, pág. 123.
(175)      Ibídem, Tomo 5, pág. 334.
(176)      Ibídem, Tomo 5, pág. 335.
(177)      Ibídem, Tomo 5, pág. 156.
(178)      Ibídem, Tomo 1, pág. 197.
(179)      Ibídem, Tomo 1, pág. 199.
(180)      Ibídem, Tomo 1, pág. 201.
(181)      Haya de la Torre, Discurso Plaza de Acho, Lima, 7 de setiembre de 1946.
(182)      Víctor Raúl Haya de la Torre, Obras Completas, Tomo 5, edic.cit., pág. 155.
(183)      Víctor Raúl Haya de la Torre, Op.cit., Tomo 5, edic.cit., pág.424.
(184)      Ibídem, Tomo 2, pág. 53.
(185)      Ibídem, Tomo 2, pág. 488.
(186)      Haya de la Torre. Después de mi muerte…la victoria. Edic.cit., pág. 152.
(187)      Víctor Raúl Haya de la Torre, Obras Completas, Tomo 7, edic.cit., pág. 337.
(188)      Ibídem, Tomo 7, pág. 392.
(189)      Ibídem, Tomo 7, pág. 392.
(190)      Ibídem, Tomo 5, pág. 336.
(191)      Ibídem, Tomo 5, pág. 466.
(192)      Ibídem, Tomo 5, pág. 118.
(193)      Ibídem, Tomo 7, pág. 390.
(194)      Ibídem, Tomo 2, pág. 336.
(195)      Ibídem, Tomo 7, pág. 205.
(196)      Ibídem, Tomo 1, pág. 350.
(197)      Ibídem, Tomo 7, pág. 418.
(198)      Ibídem, Tomo 7, pág. 420.
(199)      Ibídem, Tomo 7, pág. 442.
(200)      Ibídem, Tomo 4, pág. 81.
(201)      Ibídem, Tomo 5, pág. 95.
(202)      Ibídem, Tomo 5, págs. 128 y 129.
(203)      Ibídem, Tomo 5, pág. 154.
(204)      Ibídem, Tomo 5, págs. 154 y 155.
(205)      Ibídem, Tomo 1, pág. 302.
(206)      Ibídem, Tomo 2, pág. 48.
(207)      Ibídem, Tomo 7, pág. 336.
(208)      Ibídem, Tomo 7, págs. 350 y 351.
(209)      Ibídem, Tomo 7, págs. 358 y 359.
(210)      Ibídem, Tomo 7, pág. 391.
(211)      Ibídem, Tomo 7, pág. 392.
(212)      Ibídem, Tomo 7, pág. 424.
(213)      Ibídem, Tomo 5, pág. 332.
(214)      Ibídem, Tomo 5, pág. 339.
(215)      Ibídem, Tomo 5, pág. 469.
(216)      Ibídem, Tomo 2, pág. 53.
(217)      Ibídem, Tomo 5, pág. 422.




                                                              ÍNDICE


Partes
Introducción
Pág.
I
Partido Antimperialista

II
Partido Revolucionario

III
Partido de Integración Latinoamericana

IV
Partido con doctrina original y de emancipación mental y política

V
Partido Escuela

VI
Partido con conciencia y misión de gobierno

VII
Partido del Perú y para todos los peruanos

VII
Partido Histórico

IX
Partido de la Justicia Social

X
Partido realista y programático

XI
Partido de Frente Único de Clases

XII
Partido Nacionalista

XIII
Partido de mayorías nacionales

XIV
Partido de Izquierda Democrática y Funcional

XV
Partido Descentralista y Regionalista

XVI
Partido Antitotalitario

XVII
Partido de la Juventud

XVIII
Partido dialéctico y antidogmático

XIX
Partido de lucha y con disciplina

XX
Partido Anticaudillista

XXI
Partido Líder

XXII
Partido con vocación pacifista

XXIII
Partido de la Reforma Social en el Perú

XXIV
Partido Antidemagógico

XXV
Partido Autocrítico

XXVI
Partido de Unidad Nacional

XXVII
Partido con Fuerza Espiritual y Moral

XXVIII
Partido Renovador

XXIX
Partido Heroico

XXX
Partido con Martirologio

XXXI
Partido Relativista

XXXII
Partido del Pueblo

XXXIII
Partido que Nunca Muere














BIBLIOGRAFÍA


Haya de la Torre, Víctor Raúl. Obras Completas, Tomos 1 al 7. Librería Editorial Juan Mejía Baca, Segunda edición, 1984, Impreso en España. Los subtítulos que aparecen en el Capítulo I “El Aprismo según Haya de la Torre” fueron puestos por Eudoro Terrones Negrete.

Haya de la Torre. Después de mi muerte…la victoria. 20 reportajes, 1 testimonio. Ediciones Okura, Lima, 1985.

Okura Editores, S.A. Revolución sin balas. 15 discursos de Haya de la Torre. Lima-Perú, 1984.

Sánchez, Luis Alberto. Haya de la Torre o el Político. Lima-Perú, 1979. Santiago de Chile, Biblioteca América, 1934.

Silva Villacorta, Pablo. Adónde van las ideas de Haya de la Torre. Lima-Perú, 1966.