martes, 21 de febrero de 2017

EL PARADIGMA DE GALILEO GALILEI

EL PARADIGMA DE GALILEO GALILEI

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

      Galileo Galilei (1564-1642), italiano de nacimiento, astrónomo, físico, matemático, filósofo y maestro universitario,  férreo opositor de Aristóteles y fiel defensor de la teoría heliocéntrica de Copérnico, negó que podamos conocer la esencia de las cosas, aunque reconoció expresamente la existencia de Dios como ser supremo y creador de todas las cosas.

      Galileo es uno de los representantes ilustres  y polémicos que dio origen a la ciencia moderna.

Después de haber llevado años  enfrentándose a la Iglesia, el 22 de junio de 1633 la Inquisición romana[1] dictó su sentencia por herejía en  contra de Galileo por la cual fue procesado, condenado y obligado a retractarse de sus enseñanzas acerca de sus conceptos sobre el Génesis de la Creación y de que la Tierra giraba en torno al Sol. No fue torturado ni encarcelado, pero sí condenado a arresto domiciliario y prohibido de difundir sus heréticas concepciones. “Cuenta la leyenda que una vez terminado el juicio, dio una patada en el suelo y se le oyó mascullar: “¿Y sin embargo, la Tierra se mueve!”[2], refiriéndose a que la Tierra no es un planeta inmóvil en el centro del universo.

La obra de Galileo “Diálogo sobre los sistemas máximos del mundo: el ptolemaico y el copernicano” (1632) fue prohibida por la Iglesia en Roma, y la inquisición obligó a Galileo a retractarse. En su abjuración Galileo indica: “Yo, Galileo, hijo de Vicenzo de Florencia, a los 70 años de edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vosotros, eminentísimos y reverendísimos cardenales generales inquisidores contra la herética maldad en toda la república cristiana, teniendo ante mis ojos los sacrosantos Evangelios que toco con mis propias manos, juro que siempre he creído, creo ahora y con la ayuda de Dios, creeré en lo porvenir, todo lo que defiende, precisa y enseña la santa Iglesia católica y apostólica (…) Con corazón sincero y de fe no fingida abjuro, maldigo y detesto los susodichos errores y herejías (…) y juro que en lo porvenir nunca diré ni afirmaré de viva voz o por escrito tales cosas (…)”.

“Durante el proceso que le abrió la Inquisición, Galileo refuta inteligentemente las escrituras de la Iglesia Católica. Afirma lo siguiente: A) lo divino nos ha dotado de razón para conocer el universo a través de la astronomía, de la cual muy pocos datos traen las escrituras. B) las escrituras no mienten ni admiten replica en materias de salvación y de fe. Pero sus intérpretes pueden errar. C) las escrituras como están escritas para el vulgo en lenguaje metafórico se adaptan a las creencias comunes, pero no a las científicas. Por tanto, es mejor atenerse a los hechos verificados por la ciencia natural. D) las escrituras son buenas respecto a la fe, pero no en la ciencia. Porque en ciencia son mejores (superiores a las escrituras) la geometría y la aritmética. Y E) las verdades divinas fruto de la autoridad no pueden ser objeto de ciencia, sino las leyes naturales producto de la razón”[3].

En las expresiones que siguen, Jaime Barylko explica el motivo de la persecución a Galileo[4]: “¿Por qué fue tan perseguido Galileo? ¿Por qué la Inquisición lo amenazó con la muerte a menos que se retractara de sus afirmaciones? Es que Galileo, indirectamente, rompía todo un mundo de estructuras y de jerarquías. Si la Tierra no era más el centro del universo, entonces todas las jerarquías, todos los órdenes podían alterarse. Lo que estaba en peligro era el poder, el poder religioso, político, económico. El poder necesita ejes y rotaciones en torno de los ejes. Como lo señaló con metafórica previsión Bertolt Brecht en su Vida de Galilea: “Cuando el Todopoderoso lanzó su gran ´hágase´ al Sol le dijo que, por orden suya, portara una lámpara alrededor de la Tierra como una criadita en órbita regular. Pues era su deseo que cada criatura girara en torno a quien fuera mejor que ella. Y empezaron a girar los ligeros en torno a los pesados, los últimos en torno a los primeros, así en el cielo como en la Tierra, y alrededor del Papa giran los Cardenales. Alrededor de los Cardenales giran los Obispos, alrededor de los Obispos giran los secretarios, alrededor de los servidores giran los perros, las gallinas y los mendigos…”

Galileo Galilei, que había conocido las teorías de Copérnico y de Kepler y había sido el primero en utilizar un telescopio para mirar el cielo,  fue considerado como “un auténtico representante de la defensa de la ciencia” (Raúl Tafur Portilla),  el creador de la Física moderna, dando a la ciencia natural su fundamento cuantitativo a través del método inductivo, utilizando con acierto su método basado en la observación, el experimento y el análisis matemático en todas sus instancias. Ha sido uno de los primeros científicos en practicar la Física como en la actualidad.

“Entre las hipótesis científicas –refiere J.M. Rubert Candau- admitió como tal la teoría atómica, pronunciándose también a favor de la subjetividad de las cualidades sensibles llamadas secundarias. Es decir, que solamente la figura, la magnitud, el número, el movimiento y el reposo fueron considerados por él como realidades objetivas existentes en el mundo real de los cuerpos”.[5]

Las reglas del método inductivo utilizado por Galileo son: a. Observación de los fenómenos físicos. b. Elaboración de la hipótesis. c. Recopilación de datos informativos. d. Clasificación y ordenamiento lógico de dichos datos. e. Verificación o rechazo de las hipótesis. f. Elaboración final de una Ley o Teoría científica.

A Galileo Galilei se debe el perfeccionamiento del telescopio multiplicando en 32 veces el alcance que tenía. Además los descubrimientos siguientes: la ley de la caída de los cuerpos, descubierto experimentalmente en 1604; la ley de la inercia, formulada en 1638; la ley del péndulo; los montes y valles de la Luna; las fases de Venus y Mercurio; las manchas del Sol; los anillos de Saturno y los cuatro satélites de Júpiter. 

Galileo descubrió el principio de similitud o de similaridad dinámica,  fue el iniciador de la neumática y de la teoría de la elasticidad y el inventor de la balanza hidrostática y del compás de proporción. Y en 1609 descubrió que la trayectoria de un proyectil es una parábola.

Galileo Galilei explicó lo siguiente: a. Que la Luna, en vez de tener una superficie lisa, tiene montañas y cráteres, que la Luna carecía de luz propia y que esta luz le venía del Sol, en contraposición a las afirmaciones de Aristóteles. b. Que la Vía Láctea está formada por miríadas de estrellas y no por polvo, vapores y nubes. c. Que los satélites de Júpiter, descubierto el 7 de enero de 1610, giraban en torno del planeta. d. Utilizando la Torre inclinada de Pisa demostró al mundo entero que los cuerpos de pesos diferentes caen con igual velocidad.

Para Galileo “la filosofía está escrita en este grandísimo libro que continuamente está abierto ante nuestros ojos: el universo. Pero no puede entenderse si antes no se procura entender su lengua y conocer los caracteres en los cuales está escrito. Este libro está escrito en lengua matemática, y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es totalmente imposible entender humanamente una palabra, y sin las cuales nos agitamos vanamente en un oscuro laberinto.”[6]

El maestro universitario e investigador peruano, Raúl Tafur Portilla[7], subraya y enfatiza: “El aporte de Galileo a la concepción del método científico consiste sobre todo en superar la postura filosófica necesaria pero general de sus antecesores y prácticamente contemporáneos: Bacon y Descartes. Tal superación puede representarse en los siguientes términos: a) Es necesario una actitud que supere la especulación –que imperó hasta comienzos de la modernidad- por la cual se construían teorías apriorísticas basadas en analogías y en simbolismos matemáticos que procedían tanto de la tradición platónica como de la pitagórica cuyo punto de partida estaba en la experiencia inmediata y el sentido común. b) La propuesta de que la experiencia científica se elabora a partir de modelos matemáticos. Según esta tesis los teoremas expresan propiedades reales de los cuerpos y fenómenos de la experiencia. Esta propuesta de Galileo es la concepción básica experimental, o en otros términos la razón humana práctica, experimental, calculadora y creativa, vigorosa y exacta. c) Más allá de la observación y de las simples conjeturas, el trabajo científico exige la tarea esencial de la ciencia: el ejercicio de formulación de hipótesis y su prueba experimental. Tafur Portilla subraya que “la propuesta galileana de conocer más allá de la observación y a partir de ella formular hipótesis y probarlas experimentalmente fue una postura que no sólo dio éxitos a la ciencia moderna y transformó a las ciencias naturales sino que además permitió más adelante, en los siglos XVIII y XIX, que las disciplinas sociales lograran la categoría de ciencia, es decir, se independizaran de la filosofía, empezando con la economía en un proceso de independización relativa que se prolonga hasta nuestros días”.[8]

Galileo formula una nueva visión o concepción de la naturaleza estrictamente científica y experimental, llegando a superar la limitada concepción teológica y metafísica medieval y a postular que la observación, la experiencia y la verificación son pasos indispensables y necesarios para lograr el conocimiento científico coherente con la naturaleza, utilizando los métodos inductivo y deductivo para verificar experimentalmente (bajo el dominio de la matemática) las hipótesis.



[1] El Tribunal de la Inquisición certificó en su condena lo siguiente: “La proposición de que el Sol es el centro de la Tierra y está inmóvil en su lugar, es absurda, filosóficamente falsa y formalmente herética, por ser expresamente opuesta a la Sagrada Escritura”.
[2] Savater, Fernando. Historia de la Filosofía. Sin temblor ni temor. Editorial Espasa Calpe, S.A., Madrid, 2009, p.90.
[3] Luis Carrera Honores, en su escrito: “Galileo y el cambio de paradigma conceptual”. http://cefsanmarcos.blogspot.pe/2007/06/galileo-y-el-cambio-de-paradigma.html
[4] Barylko, Jaime. La filosofía, una invitación a pensar. Ediciones B, Buenos Aires, 2009, p.126.
[5] Rubert Candau, José M. Diccionario Manual de Filosofía. Editorial Bibliográfica Española, Madrid, 1946, p.308.
[6] “il saggiatore”, Galileo. Florencia, G. Barbera  Editore, 1864.59 y 60 págs. Traducción de José Babini. El “il saggiatore” fue publicado originalmente en 1623.
[7] Tafur Portilla, Raúl. Introducción a la Investigación Científica. Editorial Mantaro, Lima, primera edición, 1994, p.78.
[8] Tafur Portilla, Raúl. Op. cit., p.79.