sábado, 30 de septiembre de 2017

EPÍLOGO DE LA OBRA "INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFRICA", POR EL DR. ROBERTO MEJÍA ALARCÓN

EPÍLOGO DE LA OBRA 

"INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA"

Dr. Roberto Mejía Alarcón[1]



Con mucho agrado recibí el pedido de escribir el epílogo de esta última obra de mi dilecto y apreciado amigo, el Dr. Eudoro TERRONES NEGRETE, que lleva el título “Iniciación en la Investigación Científica”, lo que me ha exigido leerla completamente.

Puedo señalar en primer término, al margen de la amistad recíproca y siendo fiel a mi objetividad académica; que la obra que nos entrega en esta oportunidad el Dr. Eudoro TERRONES NEGRETE, está orientada como su mismo nombre lo indica, a servir como texto de contacto inicial entre el estudiante universitario y la Ciencia y la Investigación Científica.  Contiene, las nociones básicas para la comunicación científica, diversas definiciones y clasificaciones de la ciencia y su metodología; la actitud y el lenguaje científico entre otros importantes temas; concluyendo con un manual, que servirá para ayudar paso a paso a los estudiantes, a confeccionar sus proyectos de investigación y el informe final de los mismos.

Tengamos presente que la nueva Ley Universitaria (Ley Nº 30220 del 09-07-2014), plantea el desarrollo de la ciencia y la investigación científica desde el pre-grado, lo cual  mejorará la calidad de los egresados universitarios, al exigirles desarrollar el pensamiento científico, crítico y problematizador desde los primeros años en la universidad.  Ello, porque para iniciarse en la investigación científica, se requiere previamente determinar lo que se sabe respecto de algún aspecto de la realidad, lo que no se sabe del mismo y finalmente fijar que es lo relevante y que se puede llegar a conocer a través de la investigación científica.

En el texto, también podemos encontrar importantes reflexiones, sobre la necesidad de la lógica, la epistemología, la ética de la ciencia y la metodología de la investigación científica, como pilares fundamentales en nuestro mundo actual, que es cambiante, competitivo, contradictorio y complejo.

Es una obra necesaria para el estudiante universitario, para los que recién ingresan a ella es de gran utilidad, porque los inicia de manera adecuada en la ciencia y la investigación científica y para los egresados y estudiantes de posgrado, porque les permitirá repasar los conceptos y teorías básicas que sustentan el lenguaje de la ciencia y la metodología de la investigación científica.  En esta obra se ha resumido sistemáticamente, muchos siglos de estudio y conocimiento del mundo de la teoría científica y de su metodología.


Por otro lado, revisando el contenido de la obra, he podido reflexionar sobre los fines de la educación universitaria, que entre otras son: buscar la perfección humana, desarrollar las  capacidades y talentos de los estudiantes hasta alcanzar sus máximos niveles; lograr el desarrollo de la sociedad humana en su conjunto, superando las limitaciones naturales del hombre hasta alcanzar nuevas dimensiones.

También, sobre el resultado de una buena o excelente educación universitaria, que debe  verse reflejada en sus egresados: En su actuación como técnicos, profesionales, científicos o filósofos; en su calidad humana y don de gentes, en la cortesía y trato digno hacía sus semejantes; en su capacidad para resolver problemas viejos y nuevos, para hacer frente a los desafíos de la vida, la profesión,  el trabajo, la  familia y la vida en sociedad; en su capacidad de llevar al hombre hacía nuevos escenarios, superando sus limitaciones naturales, mejorando su calidad de vida, procurando el bien común y la inmortalidad trascendiendo con su ejemplo de vida.

La Ciencia y la Investigación Científica han sido y seguirán siendo las bases del progreso de la humanidad en su conjunto, por lo que debemos cultivarla y desarrollarla permanentemente. No olvidemos jamás el legado de Sócrates a la humanidad, haciéndonos recordar que “Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”.



[1] Dr. Roberto Mejía Alarcón…………………………………………………………………………………………………………………
PALABRAS DEL AUTOR DE LA OBRA "INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA"

Dr. Eudoro Terrones Negrete



 La investigación científica implica la investigación de hechos, temas o problemas importantes de orden científico, de interés general, que ocurren en la realidad natural o social  y que requieren de solución, tras la utilización de métodos, técnicas y procedimientos científicos.

Cuando se investiga científicamente se generan nuevos conocimientos, nuevas teorías y nuevas leyes científicas, a la vez que se confirma, rechaza o supera investigaciones anteriores.

Todo proceso de investigación científica se enfrenta con algo desconocido u ocultado, que es necesario descubrir para ponerlo en conocimiento de la opinión pública. En este sentido la investigación constituye una actividad profesional especializada, de alto nivel de responsabilidad social, jurídica y ética.

No puede haber  investigación científica seria y confiable si no hay libertad de expresión, libertad de opinión, libertad de difusión y libertad de acceso a las fuentes de información.

La investigación científica es una radiografía de los hechos o problemas que ocurren en  un determinado espacio y tiempo. Se sustenta en datos comprobados a través de métodos,  técnicas, procedimientos e instrumentos científicos rigurosos y confiables.


Los avances inusitados que se vienen produciendo en los ámbitos de la ciencia y la tecnología durante el siglo XXI,  constituye un gran reto a los educadores para asumir el compromiso de laborar a tono con los lineamientos de la educación científica, educación que plantea la necesidad de impulsar el avance de las ciencias y la tecnología intelectual, de las cuales debe desprenderse la especialización, los oficios y las profesiones diversas, dentro de un marco de educación en valores, con el fin de elevar el nivel cultural individual y colectivo , actuar con eficacia en una sociedad cambiante y contribuir al desarrollo auto-sostenido, consolidado, sustentable y permanente de las naciones.

Esta obra, Iniciación en la investigación científica, comprende temas relevantes que permiten sentar las bases teóricas para que los estudiantes, de los diversos niveles y modalidades educativas, puedan iniciarse con relativo éxito en la tarea de la investigación científica.

La obra contiene los temas siguientes: ¿Qué es la ciencia?; la comunicación científica y el artículo científico; el espíritu científico; la actitud científica; el lenguaje científico; la verdad científica; el conocimiento científico; el pensamiento científico; la metodología de la investigación científica; el método científico; la sociedad del conocimiento y la eclosión del conocimiento.

También la filosofía de la ciencia en un mundo cambiante; decálogo del divulgador de la ciencia;  las técnicas de investigación científica; el periodismo científico; la investigación científica; la ética en la investigación; los  anteproyectos y proyectos de investigación científica; la monografía; la investigación científica en la universidad y un Manual para la elaboración del Informe Final de Investigación Científica.

Expreso mi especial agradecimiento y gratitud:

Al Dr. Luis Alberto Rodríguez de los Ríos, Rector de la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle, por la elaboración del Prólogo de la obra y el permanente apoyo pedagógico brindado al autor.


Al Dr. Roberto Mejía Alarcón, Rector de la Universidad Jaime Bausate y Meza, por la elaboración del Epílogo de la obra y su gestión en la toma de decisión institucional para la edición  respectiva, con el fin de fomentar e impulsar el desarrollo de la investigación científica en la comunidad universitaria del Perú.

PRÓLOGO DE LA OBRA "INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA", POR EL DR. LUIS ALBERTO RODRÍGUEZ DE LOS RÍOS, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN ENRIQUE GUZMÁN Y VALLE

PRÓLOGO DE LA OBRA “INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA”  POR EL DR. LUIS ALBERTO RODRÍGUEZ DE LOS RÍOS, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN  ENRIQUE GUZMÁN Y VALLE

Luis Alberto Rodríguez de los Ríos[1]





Una de las funciones sustantivas de la universidad es la investigación en general y  la investigación científica en particular; vale decir, la producción y difusión de saberes superiores, por lo que no puede concebirse una universidad sin investigación, la misma que debe convertirse en el eje integrador de los procesos curriculares de la enseñanza, evaluación y gestión pedagógica implementado por sus actores principales, como son los profesores y estudiantes.

Además del desarrollo científico, tecnológico y humanístico de la investigación en la universidad, otro de sus propósitos es contribuir a la formación de profesionales eficientes, eficaces, proactivos, críticos y comprometidos con el desarrollo local, regional, nacional y mundial.

En este sentido, hay consenso entre los educadores sobre el significado de la enseñanza activa en el proceso de la formación académico-profesional de los estudiantes. La educación universitaria debe estimular y desarrollar, en el mayor grado posible, el pensamiento crítico; debe contribuir a lograr la independencia de criterio; debe poner en relieve la creatividad de los estudiantes en la forma más acabada; debe crear confianza en las potencialidades mentales y físicas, y enseñar a utilizarlas constructiva y eficientemente. Todas estas características que configuran en su conjunto la enseñanza activa, pueden hacerse presentes a través del cultivo de la investigación científica.

Esta concepción nos lleva a reafirmar la estrecha relación existente entre investigación y docencia en la formación universitaria, privilegiando a la que se desarrolla y establece en el pregrado, sin esperar que se estimule y promueva solo en el posgrado. La incorporación de la investigación a la docencia de pregrado, ha recobrado actualidad a partir de las exigencias que tienen las universidades contemporáneas frente a las metas y desafíos de la transformación de la educación superior (basada en la calidad, pertinencia, equidad e internacionalización) y en la puesta en marcha de sistemas de aseguramiento de la calidad en la región de Latinoamérica y el Caribe; apostando por procesos de evaluación y autoevaluación con fines de mejora y acreditación y que por sus estándares de exigencia implican cambios.

Precisamente tales cambios se enuncian a partir de la institucionalización de la investigación reconociendo en no pocos casos la necesidad de construir una concepción diferente frente a la investigación, sus alcances, la importancia de cada uno de los actores involucrados en ella, la materialización de sólidas infraestructuras, la creación de programas, líneas y proyectos de investigación, la asignación y consecución de recursos, el diseño de procesos de formación docente en investigación, la apertura de espacios de experimentación y el establecimiento de políticas que determinan las formas y niveles de participación de docentes, estudiantes, investigadores, docentes investigadores, personal académico administrativo, comunidad académica, etc.

Esta preocupación ha generado la implementación de una modalidad de investigación denominada investigación formativa, la misma que constituye un medio y estrategia de formación de los actores educativos de la universidad que en el futuro generarán conocimiento. La investigación formativa, en una primera aproximación, se refiere a la formación en y para la investigación a través de actividades propias de investigación, pero que no necesariamente están involucrados en proyectos que pretenden lograr resultados científicos (Consejo Nacional de Acreditación de Colombia), Alude a la dinámica de la relación con el conocimiento que debe existir en todos los procesos académicos y pedagógicos en el marco de la construcción y sostenimiento de una cultura de la investigación e innovación.

El texto Iniciación en la Investigación Científica, escrito por el dilecto amigo Eudoro Terrones Negrete, constituye un significativo apoyo bibliográfico al desarrollo de la cultura investigativa en el contexto de la educación superior y en el marco de la investigación formativa y la alfabetización académica, pues el propósito principal es aproximar didácticamente a los potenciales lectores no especializados al quehacer de la ciencia en sus aspectos formales, lógicos, teóricos, metodológicos y comunicativos, de acuerdo con las normas o estándares nacionales e internacionales consensuadas por las comunidades científicas.


Consideramos que la presente obra viene a cubrir un vacío de información en la literatura propedéutica sobre investigación científica existente en nuestro medio, cuya intención final es la formación del estudiante en el proceso de investigación en todas sus fases y modalidades que permita el desarrollo de actitudes y habilidades básicas positivas acerca del mundo de la investigación científica.

En buena cuenta, se trata de un texto redactado de forma sistemáticamente organizado, secuenciado y claro en su contenido, cuya lectura resulta amena y provocadora de los procesos de motivación intrínseca por actualizar o poner en práctica las habilidades investigativas, cambiando la creencia, muy generalizada, que la investigación es una tarea compleja y difícil, y que es propia de algunas mentes iluminadas o singulares.

El autor por el contrario, merced a sus acendradas competencias profesionales y didácticas, nos hace percibir que los procesos de investigación se pueden aprender y realizar con relativa facilidad manteniendo los criterios de rigurosidad, honestidad y visibilidad.

Conocedores de la fecunda trayectoria docente y de producción académica del colega Eudoro Terrones, no dudamos que en un futuro cercano nos sorprenda con nuevas entregas editoriales e investigativas que incrementen “el corpus” teórico y metodológico del proceso enseñanza-aprendizaje en el ámbito de la educación universitaria, desde una perspectiva activa, interactiva e investigativa.









[1] El doctor Luis Alberto Rodríguez de los Ríos es actual Rector de la Universidad Nacional de Educación “Enrique Guzmán y Valle”. Desempeñó anteriormente los cargos de Vicerrector Académico y Director de la Escuela de Posgrado. Es doctor en Psicología y en Ciencias de la Educación, Past decano del Colegio de Psicólogos del Perú, ex secretario general del Colegio de Doctores en Educación, miembro de la Sociedad Interamericana de Psicología y de la Asociación Latinoamericana de Análisis y Modificación del Comportamiento, destacado investigador peruano, Premio Nacional de Psicología Educativa.

INTERVENCIÓN DEL DR. EUDORO TERRONES NEGRETE DURANTE LA PRESENTACIÓN DE SU OBRA “INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA”

Señor doctor Roberto Mejía Alarcón, rector de la Universidad Jaime Bausate y Meza;
Señor doctor Luis Alberto Rodríguez de los Ríos, rector de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle;
Señor doctor Oscar Rubén Silva Neyra, Coordinador del Centro de Investigación del Instituto de la Calidad de la Educación de la Universidad San Martín de Porres;
Señor doctor Julio César Vladimir Elguera Cabrera, rector de la Universidad Marítima del Perú;
Distinguidas autoridades de diferentes universidades, queridos estudiantes y público presente.

Sean mis primeras palabras para expresar el agradecimiento especial a los señores rectores de la Universidad Jaime Bausate y Meza y  la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, por haber hecho posible la edición de la obra “Iniciación en la investigación científica”.




Respecto a la problemática de la lectura en los países de América Latina debo manifestar que la investigación realizada por la UNESCO refiere que el Perú ocupa uno de los últimos lugares en índice de lectoría entre los países de América Latina. Ocho de cada diez estudiantes peruanos no comprenden lo que leen; el índice de lectoría general en el Perú es de 5 a 8 por ciento, y esto constituye un serio problema, toda vez que la lectura es la principal vía de acceso al conocimiento, a la cultura nacional y universal; la lectura de buenos libros siembra la semilla para futuras cosechas intelectuales en aras del desarrollo del país.

En el Perú la enseñanza universitaria en el pregrado es profesionalizante, vincula el aprendizaje mayormente con la transmisión de conocimientos y es poco investigativa en lo básico y lo aplicado, situación ésta que nos ubica distante para adecuar el ser y el quehacer de la educación universitaria a su deber ser.

Referente a las titulaciones, cabe revelar que persiste la existencia de una notoria inadecuación al mercado laboral, hay más oferta educativa y menos demanda laboral, situación que condena a muchos profesionales a la condición de desempleado.

Preocupa seriamente que en algunas universidades los cursos de Metodología de la Investigación o Seminarios de Tesis I y II, no concluyan en informes de proyecto de investigación o tesis, requisito fundamental para acceder al respectivo título profesional, por lo que los egresados recurren a otras formas para obtener los mismos como son los cursos de actualización.

En la mayoría de las universidades públicas y privadas el presupuesto anual que se asigna para investigación científica y tecnológica es bajo e ineficiente, en muchos casos estanca y desalienta el trabajo investigativo. Y a esto se agrega que hay pocos docentes calificados dedicados a la investigación científica y con tiempo limitado, a la vez que, en promedio, hay baja producción intelectual y científica de los docentes asociados y principales.

Ante esta evidente y lamentable situación no hay forma de salir del “asalto neoliberal”, o de salir de nuestra condición de “país lento”,  si no se desarrolla la teoría y la práctica intensiva de investigación científica y tecnológica.

Todos sabemos que el fin principal de la universidad es la investigación científica y tecnológica. Pero todos debemos coincidir en afirmar que el Perú requiere de una educación universitaria pertinente e investigativa, es decir, de aquella educación superior teórico-práctica que permita formar técnicos, profesionales, expertos e investigadores de calidad, capaces de ayudar a superar los problemas, las debilidades y los riesgos de inviabilidad de nuestras sociedades; pero también es necesario una mayor coherencia entre lo que las universidades proclaman en su visión y misión y lo que realizan cotidianamente.

Federico Mayor Zaragoza, no con poca razón y visión de futuro decía: es fundamental que en la universidad se desarrolle la “capacidad prospectiva, predictiva y por tanto preventiva”; pero también creo, personalmente, que debería incorporarse programas de innovación aditiva (añadir lo nuevo a lo antiguo) y desarrollar nuevos tipos de pensamiento: pensamiento crítico, pensamiento creativo, pensamiento circular o sistémico, pensamiento holístico y pensamiento complejo, este último propuesto por el filósofo francés Edgar Morin.

La ciencia, la humanística y la tecnología avanzan cuando se descubren nuevos conocimientos, nuevas teorías y nuevas leyes científicas que permitan la solución de problemas de las sociedades y esto sólo es posible aprendiendo a investigar, enseñando a investigar, haciendo o produciendo ciencia.

Los avances científicos y tecnológicos en los campos de la información y la comunicación, la telemática, la biotecnología, la ingeniería genética, la sustitución de materiales, la nanotecnología, la tecnología intelectual, etc., obligan a revisar los paradigmas convencionales que rigen sobre el rol de la educación universitaria en el Perú y la sociedad del futuro, con el fin de poder insertarse de manera definitiva y competitiva en la nueva sociedad del conocimiento.
           El doctor José García Sosaya, Vicerrector académico de la Universidad Jaime Bausate y Meza,                     recibe un ejemplar de la obra donado por  su autor.


Debo finalizar mi intervención expresando el cordial agradecimiento al público presente y, a la vez, anunciarles que como estímulo a su participación se les entregará gratuitamente un ejemplar de "Iniciación en la investigación científica", con la seguridad de recibir sus valiosos comentarios que permitirán enriquecer el contenido de la obra para una segunda edición.
Mil gracias por su amable atención.

Lima, 29 de setiembre de 2017


COMENTARIO AL LIBRO “INICIACIÓN A LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA”, POR EL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD MARÍTIMA DEL PERÚ, Dr. JULIO CÉSAR VLADIMIR ELGUERA CABRERA


COMENTARIO AL LIBRO “INICIACIÓN A LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA”, POR EL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD MARÍTIMA DEL PERÚ, Dr. JULIO CÉSAR VLADIMIR ELGUERA CABRERA



El libro del doctor Eudoro Terrones Negrete constituye un documento importantísimo para toda la actividad de investigación; es una obra que orienta la actividad de investigación, tanto en el aspecto teórico como también práctico. Por lo tanto, la lectura e interiorización de todos los temas que él nos presenta, son una motivación e ilustración permanente, tanto para los estudiantes universitarios como también para los docentes y demás profesionales.

Al reflexionar sobre el tema del origen de la actividad científica, siempre nos encontramos con la historia del conocimiento científico, frente a una situación muy común, ya que para poder investigar, es necesario que el investigador quiera investigar. Esa actitud de querer investigar depende de cada persona; y se le puede llamar vocación, interés por descubrir lo que nos interesa, o aquello que ha despertado nuestro interés.

Quiero recalcar, que no se trata de cualquier interés o de una curiosidad circunstancial, sino, de un interés profundo, apasionado. Ese interés es el que ejerce una profunda motivación en gran parte de nuestra vida psíquica (emocional, intelectual, imaginativa, volitiva, etc.).

En relación con este tema, el doctor Eudoro Terrones Negrete cita al filósofo griego Aristóteles, y agrego, que dicho filósofo, en uno de los párrafos de su obra “Metafísica”, dice: “el hombre siente por necesidad, el deseo de conocer”…
Por eso, en nuestra propia naturaleza tenemos las condiciones para investigar, sólo falta la decisión personal.

En lo concerniente a las definiciones sobre lo que es la ciencia, encontramos interesantes conceptos que nos presenta el doctor Eudoro Terrones Negrete en la obra que comentamos. Una de esas definiciones corresponde al doctor Mario Bunge, en su obra “La ciencia, su método y su filosofía”, dice al respecto: “La ciencia es un conocimiento sistemático, racional, exacto, verificable, falible…”

La ciencia está constituida por un conjunto de investigaciones correspondientes a los diferentes campos científicos, y por lo tanto, dichos conocimientos están clasificados por áreas. Además, el conocimiento es racional, porque a pesar que tiene en cuenta los datos sensibles de los objetos investigados, establece la generalización, mediante el criterio racional, y por eso se dice que la ciencia es racional. También debe ser exacta, no puede ser dubitativa. Debe comprobarse, tanto teórica como prácticamente. Y es falible, porque la ciencia se va perfeccionando. Ningún científico considera que la verdad científica que ha descubierto sea una verdad eterna.

Para terminar, quiero referirme a unos temas interesantísimos que nos presenta de manera amplia el doctor Terrones Negrete, temas como 1. La hipótesis científica. 2. La teoría científica. 3. Las leyes naturales. 4. Las leyes científicas.



Esta parte del comentario deseo realizarlo con un ejemplo tomado de la historia científica del primer tercio del siglo XX. El científico Gamow presentó ante la comunidad de científicos de física, su hipótesis sobre el origen del universo, y dijo que todo el universo surgió de la explosión de una determinada materia de hidrógeno puro, que era lo único que existía en todo el cosmos; y que por el hecho de ser hidrógeno puro, no pudo existir mucho tiempo en ese estado; entonces, explotó, y dicha explosión constituye el inicio del actual universo.

Al terminar su exposición Gamow, uno de los miembros de la comunidad científica de los físicos le preguntó, de ser como usted sostiene, debe decirnos, ¿dónde está el Helio?, ya que esa explosión del hidrógeno puro tendría que hacer producido Helio de inmediato.

Gamow no supo qué responder, y su hipótesis quedó sólo como hipótesis por falta de pruebas.

Luego, transcurrieron unos 20 o 25 años, hasta que unos científicos norteamericanos Wilson y Penzias, que conocían la hipótesis de Gamow, y trabajaban en un laboratorio de antenas espaciales, con las cuales lograron captar unos ruidos persistentes en lugares alejados del espacio; entonces prepararon un geisser y lo enviaron en la dirección que sugerían las antenas espaciales. Ese geiser trajo la respuesta esperada. El ruido era producido por una masa de Helio.

Ese hallazgo lo presentaron ante la comunidad científica de los físicos, quienes en una nueva reunión quedaron conformes con la prueba de la existencia del Helio; y por lo tanto, la hipótesis científica de Gamow sobre el origen del universo pasó a convertirse en la teoría científica sobre el origen del universo, también conocida, como la teoría científica del Big Bang, que desde esa época sigue vigente en los medios científicos.

Con esta experiencia, concluimos, que el hecho que un investigador obtenga una hipótesis en relación con el tema que investiga, y lo tenga claro, eso no es tener aprobada la hipótesis, la cual debe ser aprobada por la comunidad científica respectiva.


Felicito al doctor Eudoro Terrones Negrete por hacer producido esta obra de plena necesidad en la actualidad, y de gran valor académico e investigativo. Asimismo, le agradezco por haberme invitado como uno de los comentaristas de su obra. Gracias.

EN UNIVERSIDAD JAIME BAUSATE Y MEZA SE PRESENTÓ LA OBRA "INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA", DE EUDORO TERRONES NEGRETE

EN UNIVERSIDAD JAIME BAUSATE Y MEZA SE PRESENTÓ LA OBRA INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, DE EUDORO TERRONES NEGRETE



El 29 de setiembre de 2017, ante una nutrida asistencia de estudiantes, educadores,  investigadores y autoridades universitarias se presentó en el auditorio de la Universidad Jaime Bausate y Meza la obra “Iniciación en la investigación científica”, del periodista, escritor y maestro universitario Eudoro Terrones Negrete.


El acto académico estuvo presidido por Roberto Mejía Alarcón, rector de la Universidad Jaime Bausate y Meza; lo acompañaron en la mesa, Eudoro Terrones, autor del libro, y los maestros universitarios que efectuaron el comentario, doctor Rubén Silva Neyra, Coordinador del Centro de Investigaciones del Instituto de la Calidad de la Educación de la Universidad San Martín de Porres y el doctor Julio César Vladimir Elguera Cabrera, rector de la Universidad Marítima del Perú.



El rector, Roberto Mejía Alarcón, destacó la importancia y trascendencia de la obra INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, cuando dijo: “Esta obra será de suma utilidad y servirá como fuente de consulta para los estudiantes que inician su carrera profesional y para los maestros e investigadores que desean superar sus dudas sobre algún aspecto básico de la investigación científica”; al mismo tiempo resaltó y estimuló la personalidad del autor: “ El doctor Eudoro Terrones Negrete es un periodista y un maestro de vocación y acción pedagógica, imbuido de principios y valores éticos, persistente en la producción intelectual y merece cualquier tipo de apoyo para que continúe en su irrenunciable misión educadora”.

Por su parte, el doctor Eudoro Terrones Negrete reveló que "la enseñanza universitaria en el Perú a nivel de pregrado es fundamentalmente profesionalizante, vincula el aprendizaje con la transmisión de conocimientos y es poco investigativa en lo básico y lo aplicado, por lo que se está lejos de adecuar el ser y el quehacer de la educación universitaria a su deber ser”.


También expresó: "Las universidades públicas y privadas cuentan con poco e insuficiente presupuesto para la investigación científica e innovación tecnológica; hay pocos docentes dedicados a la investigación y con tiempo limitado; a la vez que, en promedio, hay baja producción intelectual y científica de los docentes asociados y principales”. 

Y ante esta lamentable situación, acotó: “No hay forma de salir del “asalto neoliberal”, o de salir de nuestra condición de “país lento” si no se impulsa y desarrolla la teoría y la práctica intensiva de la investigación científica”.


Después de cumplirse el programa central, el autor de la obra hizo entrega gratuita de un ejemplar a cada uno de los asistentes al acto, como estímulo a su participación durante el encuentro con la educación y la cultura de la investigación en la Universidad Jaime Bausate y Meza.

La opinión crítica de los comentaristas de la obra, Oscar R. Silva Neyra y 
Julio C.V. Elguera Cabrera, se publicará textualmente en líneas aparte.







miércoles, 27 de septiembre de 2017

MARIO BUNGE Y SUS REFLEXIONES ACERCA DE CÓMO HACER CIENCIA


MARIO BUNGE Y SUS REFLEXIONES 

ACERCA DE CÓMO HACER CIENCIA

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Mario Bunge, físico, filósofo científico y epistemólogo argentino, maestro universitario en la cátedra de Lógica y Metafísica en la Universidad McGill de Montreal. Su concepción filosófica se ubica dentro del realismo científico, el cientificismo, el materialismo y el sistemismo.

Mario Bunge, en su obra “Ciencia y desarrollo”, expresa:  “Puesto que la investigación científica es tarea de la comunidad científica, y puesto que ésta no puede existir en un vacío social, si nos interesa estimular o inhibir el desarrollo científico debemos enfocarlo como un aspecto del desarrollo integral de la sociedad humana. A su vez, como se vio en el Capítulo 1, toda sociedad humana, cualquiera sea su estado de desarrollo, puede analizarse como un sistema compuesto de cuatro subsistemas. Estos son el sistema biológico, el económico, el cultural y el político…”[1]

El científico hace ciencia para el pueblo

“…En principio toda ciencia básica es ciencia para el pueblo, o sea, potencialmente beneficiosa para el público, sea por sí misma (como bien cultural), sea por sus aplicaciones. Producir y difundir ciencia básica son servicios sociales. En suma, todo buen científico hace ciencia para el pueblo sin que se lo pidan. Pero si se lo piden explícitamente, y en particular si le piden que produzca cosas o procedimientos de utilidad práctica inmediata, tendrá que dejar de hacer ciencia básica para dedicarse a una actividad para la cual no está preparado: lo más probable es que le obliguen a convertirse de científico bueno o mediocre, en mal técnico. Lo dicho no implica que el científico pueda hacer oídos sordos a su responsabilidad social. En efecto, puesto que la actividad científica se inserta en la vida social, no puede dejar de tener aspectos morales…”[2]

Se puede hacer ciencia en países en desarrollo

Bunge, tras analizar las posibilidades de hacer ciencia, particularmente investigación básica, en países en desarrollo, concluye que sí es posible aun cuando “es mucho más difícil” y que requiere de ciertas “condiciones mínimas”: “¡En suma, se puede hacer investigación básica en países en desarrollo, y de hecho se vienen haciendo, si bien es cierto que es mucho más difícil hacerla que en países desarrollados. Las condiciones mínimas para hacerla en cualquier parte del mundo son: poseer talento científico, estar libre de preocupaciones económicas angustiantes, tener acceso a publicaciones, gozar de libertad académica, estar en contacto con otros investigadores del país y del extranjero, y no requerir equipos excesivamente costosos”.[3]

Condiciones para hacer ciencia en la Universidad del Tercer Mundo

Bunge, luego de preguntarse ¿Puede haber ciencia en la Universidad del Tercer Mundo? responde: “Debiera haberla y a veces la hay, aunque pocas veces con continuidad. Que debiera haberla parece obvio, ya que una universidad no es tal si no produce conocimiento nuevo, en particular conocimiento científico. Pero eso no es fácil: construir teorías, calcular, diseñar experimentos, y efectuar mediciones es más difícil que comentar textos escritos por otros o debatir cuestiones ideológicas. Para hacer ciencia es menester una preparación especializada que exige largos años de aprendizaje difícil. También hacen falta bibliotecas al día, laboratorios, gabinetes de estudio, seminarios y coloquios, así como personal auxiliar competente. En una palabra, hace falta gente competente a diversos niveles, e instalaciones adecuadas. Pero ni esto, que ya es difícil de obtener, basta. También se necesita tranquilidad, estabilidad y continuidad. Y esto es muy difícil de lograr allí donde la Universidad es una isla de libertad acosada por adversarios exteriores y minada por dentro por activistas que, aunque acaso bien intencionados, no se proponen tanto la mejora de la Universidad como su utilización como arma política. Es posible que la mayoría de los científicos que han emigrado del Tercer Mundo lo han hecho en busca de la tranquilidad indispensable para trabajar” [4]

El filósofo argentino, luego de realizar un análisis crítico y objetivo puntualiza y subraya la existencia de tres grandes males en la Universidad del Tercer Mundo: “En suma, la Universidad del Tercer Mundo está aquejada de tres grandes males entre muchos otros: la preparación insuficiente de sus alumnos, la improvisación de sus profesores y la politización de unos y otros. Por estos motivos algunos investigadores sueñan con institutos de investigación independientes de las universidades, al estilo de las academias y centros científicos de Europa occidental (en particular la República Federal Alemana) y oriental (la U.R.S.S.)[5].

Se hace ciencia en universidades e institutos extraordinarios

“Se hace ciencia, buena o mediocre, en universidades y en institutos extraordinarios. Pero estos últimos, si dependen de la industria o de ministerios no especializados en ciencia (o al menos en cultura), suelen especializarse en ciencia aplicada con descuido de la básica. Se entiende: a un dirigente de empresa, o a un ministro de salud pública (o de industria y comercio, o de desarrollo, o de defensa) se le hace difícil justificar gastos en ciencia básica: sólo la aplicada le resultará evidentemente “relevante” a las actividades centrales de la unidad que administra. En cambio, la Universidad no puede legítimamente cuestionar la investigación básica (a menos, claro está, que caiga en manos de gentes incultas, o de delincuentes culturales, o de políticos demagógicos). Por este motivo la ciencia básica tiene más posibilidades de florecer dentro de la Universidad que fuera de ella, siempre que sea una Universidad auténtica y no sólo de nombre”[6].

“En resumen – indica Bunge-, no hay Universidad moderna, que merezca el nombre de tal, a menos que albergue a investigadores activos en el área de la ciencia (y de la técnica y de las humanidades). Allí donde la Universidad no ofrece las condiciones necesarias para el trabajo científico serio y sostenido, se podrá ensayar la formación de un instituto extrauniversitario de ciencias. Pero ésta no será una solución ideal ni permanente, a menos que responda a necesidades regionales. (Y aun en este caso es posible que la solución óptima se obtenga reuniendo a investigadores por períodos limitados a la realización de planes precisos de investigación). La única solución posible es global, o sea, consiste en mejorar las condiciones económicas, culturales y políticas de la sociedad íntegra, de modo que esté en condiciones de sostener a una Universidad que funcione regularmente (no espasmódicamente) y que esté organizada en torno a la investigación en todas las áreas del conocimiento”[7]

La comunidad de científicos se ajusta a un código de conducta

Mario Bunge indica que de cuando en cuando la comunidad de científicos vigila a los investigadores para que se ajusten a un código de conducta que incluye los siguientes imperativos:
Esforzarse por hacer buena ciencia. (El investigador que no hace este esfuerzo estafa al público).
Esforzarse por difundir conocimientos y métodos científicos dentro y fuera de su lugar de trabajo. (El investigador que no lo hace es egoísta).
Criticar creencias anticientíficas y seudocientíficas dentro y fuera de su lugar de trabajo. (El investigador que no lo hace no es una persona culta, o es indiferente al rumbo que tome su cultura, o no tiene coraje, o no tiene libertad).
No servir a opresores económicos, políticos o culturales. (El investigador que ayuda a los enemigos del pueblo se convierte él mismo en enemigo público y desprestigia la ciencia).”[8]

El filósofo científico argentino concluye manifestando enfáticamente: “Pero no puede haber desarrollo científico técnico integral y sostenido a menos que haya cierta holgura económica, cierta tolerancia intelectual, y cierta libertad política. En suma, el desarrollo científico y técnico requiere del desarrollo de la sociedad en todos sus aspectos: biológico, económico, cultural y político…”[9]




[1] Bunge Mario. Op.cit., p.51
[2] Bunge, Mario, Ibídem, p.74.
[3] Ibídem, p.82
[4] Ibídem, pp. 86-87
[5] Ibídem, p.87
[6] Ibídem, p.88
[7] Ibídem, p.89
[8] Ibídem, pp.74-75
[9] Ibídem, p.124