Artículos periodísticos y de investigación

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29 de abril de 2019

VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE, EL MAESTRO


VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE,  EL MAESTRO

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Víctor Raúl antes que político fue maestro, pedagogo social que modelaba conductas rectas para la acción transformadora de la sociedad y que a través de sus Coloquios cotidianos y la Universidad Popular González Prada, -de la que fue su primer Rector y profesor principal-, llegaba a los afiliados del Partido Aprista Peruano y a los sectores sociales y sindicales, para analizar los problemas de la época y postular alternativas de solución. Sus compañeros, con mucho cariño, admiración y respeto le decían “El Maestro”, por considerarlo un líder político ejemplar, de amplio bagaje cultural, de espíritu revolucionario inclaudicable y de conducta moral intachable e insuperable.

Recuerda Luis Alberto Sánchez que a Haya de la Torre “Se le vio muchas veces flanqueado por deslealtades y herejías: nunca respondió con violencia excepto cuando las dictaduras le ataron las manos y le prohibieron toda forma de comunicación. En otros casos fue amplio y tolerante, escuchando atentamente a los más modestos críticos y a los más altos censores dentro y fuera de su partido, tratando siempre de encontrar un punto de sintonía, sin despertar enconos ni humillaciones, tratando de no hacer sentir su autoridad, que era evidente, para lograr un clima de armonía y de cooperación creadora”[1]

Después de egresar del Seminario de San Carlos y San Marcelo, incursiona en la docencia. Es así que en 1921 se incorpora a la docencia en el Colegio Anglo Peruano (San Andrés) que dirigía el doctor John Mac Kay, enseña a los niños menores de diez años y en los que pudo observar “la inferioridad de aquellos que vivían o se alimentaban mal”. Tal vez sea esta su primera experiencia pedagógica que lo llevó a pensar seriamente en los grandes problemas del país y cómo resolverlos.

Al año siguiente, invitado por los estudiantes visita Argentina, La Paz, Buenos Aires y Santiago de Chile, con el objeto de difundir los ideales de la naciente reforma universitaria y promover la participación directa de la juventud en el proceso de renovación estructural de los países de América Latina.

Roque Benavides Ganoza, llegó a decir: “Mi tío Víctor Raúl tenía alma de educador permanente”, “para mí lo más saltante de Víctor Raúl era su dedicación completa al partido”, “la dedicación que él le ponía a los peruanos que se involucraban en los temas políticos y también la atención que le brindaba a los ciudadanos de a pie”, “él estaba siempre en la mesa principal”, “la labor de apóstol que hacía Víctor Raúl, de estar ahí permanentemente recibiendo a la gente, orientándolos y ayudándolos en su formación”. “Por conversaciones familiares, sé que a Víctor Raúl le interesó desde niño la educación. Tan es así que organizó una escuela en su casa y hacía participar como profesores a sus hermanos ´Cucho´, ´Piño´, y a su primo Macedonio – hermano de mi abuela Mercedes, que era dos años mayor que él. Sus alumnos, eran los niños del barrio que vivían cerca de su casa…” (Mochero Vásquez, “Haciendo Memoria”, 2016:33-38).

Por mucho tiempo Víctor Raúl  cumple con éxito funciones de profesor emérito y profesor visitante en universidades americanas y europeas en América, dicta conferencias magistrales en México, Costa Rica, Chile, Venezuela, Argentina, Colombia, Uruguay y Estados Unidos., en las universidades de Oxford, Columbia, Harvard, La Sorbona, Kent, Roma, Universidad de Texas y Universidad Autónoma de México. .Y es designado para representar a universidades europeas en sendos debates y congresos estudiantiles internacionales.

En su discurso del 6 de junio de 1946, en Lima, ante miles de trabajadores, Víctor Raúl explica que el aprismo se fundó como escuela de educación de la voluntad, como universidad popular y fue la persecución de la tiranía que les obligó a ser políticos para defender su obra cultural y sindical y los derechos de los trabajadores manuales e intelectuales, de jóvenes y obreros que “no sabían de dónde venían y adónde iban”, para prevenirlos del riesgo de caer en infantilismo demagógicos y en mentiras desaprensivas de promover lo que no podrían cumplir.

Quince años después, el 25 de febrero de 1961, al conmemorarse el Día de la Fraternidad en la “Avenida de los pañuelos blancos” (Alfonso Ugarte), Víctor Raúl vuelve a recordar el origen del APRA como escuela para el pueblo y universidad popular: “Será preciso recordar que no surgimos como un amontonamiento de gentes, ni como una urgencia de ambiciones. Surgimos como una escuela para el pueblo, surgimos como la Universidad Popular, que fue la obra de un apostolado juvenil y gallardo, que fue la obra de reunir a los hombres y decirles, ante todo: ¡Salvemos al Perú de la tiranía de la ignorancia que es la peor de las tiranías y la madre de todas…!”

A la pregunta ¿por qué Haya fue maestro antes que político? Marco Antonio Corcuera responde con una razón muy simple: “Amó a su pueblo sobre todas las cosas, con la profundidad y la efusión del lenguaje evangélico. Extendió el lado más sensible de su alma hacia el hombre. Esto fue posible porque hizo pedagogía de la política, la dignificó hasta el extremo de purificarla. Sus ideas se plasmaron en la novísima Constitución que él inspiró y redactó situando a la persona humana en el centro de la sociedad y del Estado como su única beneficiaria. Creía firmemente, como los fisiócratas de la revolución francesa, que todo poder emana del pueblo, única e insustituible fuente de poder”.[2]

Víctor Raúl fundó las Universidades Populares González Prada, fue su primer rector y profesor principal, desempeño los cargos de Consejero de la Comisión política del PAP y de Relacionista Público al acercarse al pueblo y dialogar con él. También fue dirigente activo del aprismo, fundador de una biblioteca obrera, promotor de la reforma universitaria en 1919, creador de la Fiesta de la planta y de la Navidad del Niño del Pueblo. En 1979 ha sido elegido democráticamente, con las tres cuartas partes de la votación nacional, presidente de la Asamblea Constituyente del Perú.

Preguntado por unos periodistas peruanos ¿Considera Ud., que la educación que recibió en el Trujillo de principio de siglo, en el seno de su familia, influyó en su vocación política posterior y si fue una educación liberal…conservadora…estricta…? Haya de la Torre respondió: “Trujillo tiene una tradición patriarcal, pero al mismo tiempo una tradición muy humana. Yo me crié en el medio trujillano de las familias tradicionales en las cuales el respeto al servidor, la consideración por el trabajador fue siempre una norma. Al mismo tiempo he sido educado en un hogar conservador y tengo dos gratitudes en lo que se refiere a la educación: primero a la liberalidad de mi padre, que tuvo la mejor biblioteca privada de Trujillo, que me enseñó el amor de comprenderlo todo, de conocerlo todo, de preocuparme por todo. En segundo lugar me eduqué en un colegio religioso, de padres franceses, en el Seminario de Trujillo, donde vivieron pro-hombres de la educación. Hicimos entonces una vida intelectual, al mismo tiempo que una vida deportiva y aquellos padres franceses nos enseñaron a amar la naturaleza, y nos dieron esa vitalidad humana y ese sentido social que me llevó fácilmente a tender por la admiración por el pasado. Cuando después fui al Cuzco, como estudiante, muy joven, vi el contraste social del Perú, la falta de justicia al mismo tiempo que el contraste cultural de un Perú que nosotros no habíamos superado. Todo esto influyó en mi carrera”.[3]

En 1935, Armando Villanueva del Campo y varios dirigentes visitaron al “compañero jefe” en la casa en que vivía, una quinta de la calle Bolívar, en Miraflores y dialogaron con Haya más de una hora. Hecho que fue recordado por Villanueva del Campo, en su artículo “Evocación de un maestro”: “Fue la primera vez que observé que en la personalidad íntima de Víctor Raúl predominaba el maestro sobre el político. Poco después, en el Seminario de Oradores y propagandistas Túpac Amaru lo escucharía decir: “Yo soy un reformador social, accidentalmente un político”.[4]

En el referido artículo periodístico Villanueva del Campo revela también: “Por vivir siempre al filo de lo culto, de lo intelectual, Víctor Raúl, que podía improvisar un soneto como redactar un volante de agitación y protesta, usaba del verso para zaherir y apostrofar a los tiranos. Recuerdo, a propósito de uno de ellos, los que siguen, que “levantaron roncha”, y más agresividad.

Fue el gran Bolívar, quien dijo lo que voy a repetir:
“Si un traidor procura un hijo
no hay que dejarlo surgir.
Los judas traen semilla
en la sangre y en la herencia.
De tal palo tal astilla
dice la sabia sentencia”
y agregaba don Simón
este principio de Honor:
“Desgraciada la Nación
que honre a un hijo de traidor,
Pues por instinto rastrero
del atavismo racial,
el hijo del traicionero
será siempre un criminal y
traicionará de nuevo
si la traición lo hizo rico.
Gallina que come huevo
aunque le quemen el pico”…

“De todos los honores que le confirieron después de salir del asilo diplomático (enero de 1949 hasta abril de 1954), - indica Eugenio Chang-Rodríguez- el más significativo se le ofreció en Bogotá, en la Universidad de América, el 15 de mayo de 1954. El Consejo Directivo de esa institución, presidido por el rector Baldomero Sanín Cano (1861-1975), resolvió: “Exaltar el nombre de Víctor Raúl Haya de la Torre como ejemplo para las juventudes de América; Conferirle el título de Doctor Honoris Causa en la Especialidad de Humanidades, de acuerdo con los estatutos y acuerdos de la Universidad, y celebrar en acto público la conferencia de este título”[5]

En el año de 1968 la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV) confiere el título de Doctor Honoris Causa a Víctor Raúl Haya de la Torre. En el acto de académico, el rector de la UNFV, Dr. Oscar Herrera Márquez, además de destacar su pensamiento multifacético, la amplia y variada producción intelectual, sus dotes de orador, de estadista, de político y de maestro, expresó lo siguiente: “Los estudiosos del futuro deberán evaluar a Haya de la Torre como el filósofo que iluminó con luz desconcertante las profundidades que unen y separan el pensamiento y la materia. Los estudios del mañana deberán valorar el aporte original y extraordinario que significa la sistematización de las relaciones entre la ciencia y la cultura, entre la ciencia y la filosofía, entre la filosofía y el medio en cada una de las etapas de su evolución. Los exégetas del mañana deberán estudiar a Haya de la Torre como el autor inflamado de la teoría sociológica de la inevitabilidad de la unidad continental. Futuros analistas deberán evaluar su prédica frente a la nueva actitud que deberá asumir el proletario en un mundo de cambios inesperados. Los escritores del mañana deberán someter a prueba  el ilustre aporte de Haya de la Torre de la teoría el Espacio-Tiempo-Histórico en la interpretación de los fenómenos sociales. Los críticos del porvenir deberán recoger, catalogar y trabajar sobre las tesis literarias de Haya de la Torre: el crítico erudito y novedoso de Garcilaso de la Vega, Ricardo Palma, Manuel González Prada y César Vallejo. Exégetas del futuro encontrarán una veta insospechada cuando tengan que analizar el estilo de Haya de la Torre como periodista y como escritor. En fin, Haya de la Torre deberá ser estudiado como cronista acucioso, como visitante curioso, como narrador extraordinario, como viajero imponente, como estilista de mensaje fácil, castizo y elegante”.

En enero de 1979 Víctor Raúl recibe la más alta condecoración, Orden al Mérito de la República Italiana.

En su lecho de muerte, Víctor Raúl Haya de la Torre, fue condecorado con la Orden El Sol del Perú, en el grado de Gran Cruz, el 2 de agosto de 1979.

Ignacio Campos, autor de los “Coloquios” de Haya de la Torre, nos recuerda lo siguiente:  “Uno de los concurrentes, -Daniel Guillén Benavides-, planteó al Maestro este reto a su privacidad: Permítame suponer – le dijo- que usted no es Jefe del partido. Que no es político ni estadista. Algo más: supongamos que no ha sido nada de esto. ¿Qué le habría gustado ser, de no ser estadista? La respuesta llegó rápida, categórica, como si el Maestro hubiera estado esperando la pregunta y, aún más, como si la contestación estuviera a flor de labio: ¡Maestro de escuela!”.

Víctor Raúl tenía frases históricas preferidas, he aquí algunas de ellas: “El Perú necesita de sabios y de buenos profesionales”, “Joven, prepárate para la acción y no para el placer”, “Si sabes mucho, enseña; si sabes poco, aprende”, “Ama Llulla, Ama Kella y Ama Súa”, “Justicia Social con Pan y Libertad”, “No podemos cambiar al Perú, si también no cambiamos nosotros mismos”.

A mediados de 1997, un grupo de periodistas europeos eligió a Víctor Raúl Haya de la Torre como “el hombre del siglo en el Perú”. Dos años después, a finales del siglo XX, la BBC de Londres y sus emisoras asociadas en América, el 31 de diciembre de 1999 anunciaron que Víctor Raúl Haya de la Torre ha sido elegido con la más alta votación como “la mejor personalidad latinoamericana del milenio”.[6]

Víctor Raúl siempre propugnó el aprovechamiento de la experiencia cultural-educativa, de los adelantos científicos y tecnológicos del mundo en sus valores universales, pero asimilados, adaptados, aplicados, adecuados a nuestros pueblos en cuanto sean posibles y viables, es decir, “metabolizados”, frente a un mundo cambiante y a un continente que tienen que realizar cambios urgentes en todo orden de cosas para arribar a la Gran Transformación.



[1] Luis Alberto Sánchez, en su artículo periodístico: “Haya de la Torre y la Fraternidad”, Lima, 16 de febrero de 1981.
[2] Marco Antonio Corcuera, en su artículo “Haya: maestro integracionista”, publicado en el diario La Industria, Trujillo, 2 de agosto de 1985.
[3] “75 años en la vida de un líder”, entrevista realizada por Mario Castro Arenas, Elsa Arana Freire y Luis Enrique Tord, publicada en “7 Días del Perú y del Mundo”, Suplemento Dominical del diario La Prensa, Lima, 22 de febrero de 1970, pp.42-47.
[4] Armando Villanueva del Campo, artículo “Evocación de un maestro”, Santiago de Chile, marzo de 1984.
[5] Chang-Rodríguez, Eugenio. “Víctor Raúl Haya de la Torre: Bellas Artes, Historia e Ideología”. Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, Impreso en Tarea Asociación Gráfica Educativa,  Primera edición, Lima, abril de 2018, p.196. Publicado por El Tiempo (Bogotá), 25 junio 1954, y reproducido por Repertorio Americano, 48 (15),232.
[6]  Chang-Rodríguez, Eugenio. Op. cit. p.196.


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