jueves, 2 de mayo de 2019

SABER PENSAR Y ENSEÑAR A PENSAR


SABER PENSAR Y ENSEÑAR A PENSAR

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

En la sociedad del conocimiento, para poder desenvolverse con el máximo de eficiencia y tener éxito en las diversas actividades y gestiones personales, profesionales, empresariales e industriales, es necesario primero saber pensar para después poder enseñar a pensar.

La finalidad primordial de la educación, en todos los niveles y modalidades educativas, es enseñar a los alumnos a pensar correctamente y aplicar las diversas clases de pensamiento para encontrar la solución de problemas durante el proceso de enseñanza-aprendizaje de por vida.

Enseñar a pensar es proveer a los estudiantes los instrumentos intelectuales necesarios para mejorar sus habilidades vinculadas con el pensamiento: razonamiento, toma de decisiones y resolución de problemas.

No le falta razón a César Augusto Bernal Torres cuando expresa: “La sociedad actual está exigiendo individuos con mayor capacidad analítica y reflexiva, por consiguiente, más que el conocimiento, se torna prioritaria la capacidad para comprenderlo, interpretarlo, procesarlo, usarlo y, en especial, construirlo. Lo anterior significa que la educación debe orientarse a enseñar a pensar y a formar personas con actitud de crítica constructiva y responsable con su propio desarrollo y el de la sociedad. Se trata de formar a individuos que aprendan a apropiarse del conocimiento existente y construir conocimiento propio, que responda a las necesidades y los retos que la sociedad le demanda en el proceso de su propio proyecto de vida y de la sociedad misma” (2006:6).

En una sociedad nueva del Siglo XXI, sociedad compleja, de inusitados cambios, intensiva en conocimiento, con nuevas tecnologías de la información y la comunicación, cuyos contenidos se desplazan a la velocidad de la luz, se requiere de personas y profesionales cada vez más y mejor capacitados para la apropiación y la generación de nuevos conocimientos en las diferentes disciplinas del saber humano, dentro de un nuevo contexto científico, humanístico y tecnológico de alta competitividad. Pero, a la vez, se requiere de nuevos profesionales con dominio teórico y práctico de la Gnoseología, la Lógica,  la Epistemología, la Metodología de la Investigación y la Psicología del pensamiento, forjados en las universidades con nueva mentalidad favorable al cambio social, a la solución de problemas, desde un enfoque y una perspectiva integral, interdisciplinaria, multidisciplinaria y transdisciplinaria, para estar al servicio del ser humano y de una sociedad libre, digna y justa.

“Cuando el hombre sepa pensar realmente, desaparecerá la impulsividad, la excesiva dependencia del profesor o de los padres, la incapacidad para concentrarse y captar significados, la rigidez y la falta de flexibilidad, la resistencia a pensar, entre otros” señala Jorge Lazo Arrasco, Gran Amauta del Perú, en su obra “Metodología del Trabajo Universitario” (1984:68).

Para el cumplimiento de este fin A1 de la educación, los alumnos deberán estudiar la gnoseología, psicología del pensamiento, la psicología del aprendizaje, la neurociencia, la neuropsicología, la tecnología intelectual, entre otras disciplinas, y aplicar adecuadamente las facultades cognitivas, las actividades intelectuales y los métodos y técnicas de estudio.