martes, 18 de junio de 2019

SIMONE DE BEAUVOIR Y "EL SEGUNDO SEXO"


SIMONE DE BEAUVOIR Y "EL SEGUNDO SEXO"

Escribe: Eudoro Terrones Negrete


Simone de Beauvoir nació en París el 9 de enero de 1908 y falleció a la edad de 77 años en París el 14 de abril de 1986, siendo enterrada en el cementerio parisino de Montparnasse, al lado de Jean-Paul Sartre, su compañero y “amor necesario”. “Simone de Beauvoir fue enterrada llevando en su mano el anillo de plata que le regaló su amante Nelson Algren al despertar de su primera noche de amor”.[1]

Es la hija mayor de George Bretrand y de Françoise de Beauvoir; formó pareja sentimental e intelectual con el filósofo existencialista ateo Jean-Paul Sartre.

Estudió Filosofía en la Universidad de la Sorbona, logrando obtener su bachillerato y doctorado.

Filósofa, escritora, profesora, feminista, periodista, ensayista y crítica literaria, infleixible y perseverante crítica de la derecha francesa, incorporó el existencialismo ateo al feminismo de la igualdad, se convirtió en la precursora del movimiento feminista[2] con mayor audiencia mundial de mediados del siglo XX.

Se relacionó con Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Merleau-Ponty, Claude Lévi-Strauss, Raymond Aron, Fidel Castro, Che Guevara, Mao Zedong o Richard Wright y recibió las influencias de Nietzsche, Sartre, Marx y otros grandes filósofos.

Ejerció la docencia en el Liceo Janson-de-Sailly, en Marsella, París y Rouen. A raíz de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la ocupación nazi de París fue destituida de su puesto por el gobierno, se alejó de la enseñanza e integra el movimiento de la Resistencia Francesa.

En 1954 obtuvo el premio Goncourt por su novela Los mandarines. Colaboró en la fundación de la revista Les Temps Modernes (1945) y en funcionamiento del Movimiento de Liberación de las Mujeres Francesas (1973).

Escribió novelas, ensayos, biografías, memorias y monografías, etc. Y entre otras obras, escribió las siguientes:  La invitada (19434), La sangre de los otros (1944), Pyrrhus y Cineas (1944), Todos los hombres son mortales (1946), Para una moral de la ambigüedad (1947), Norteamérica al desnudo (1948); El segundo sexo (1949); Memorias de una joven formal (1958), La vejez (1970), Final de cuentas (1972), La ceremonia del adiós (1981), Para una moral de la ambigüedad (1947), La invitada. (1943), La sangre de los otros (1945), Todos los hombres son mortales (1946), Los mandarines (1954), Memorias de una joven formal (1958), Una muerte muy dulce (1964), Las bellas imágenes (1966), La mujer rota (1968), Cuando predomina lo espiritual (1979), Para qué la acción (1944), Para una moral de la ambigüedad (1947), El existencialismo y la sabiduría de los pueblos (1948), América al día (1948), El segundo sexo (1949), El pensamiento político de la derecha (1955), La larga marcha (Ensayo sobre China) (1957),  La plenitud de la vida (1960), La fuerza de las cosas (1963),  Las bellas imágenes (1966), La mujer rota (1968), La vejez (año 1970), Cuando predomina lo espiritual (1979),  y La ceremonia del adiós (1981).

Para Simone de Beauvoir el hombre es libre porque es un “ser-para-sí”, tiene “conciencia de ser libre”, es capaz de realizarse y de hacerse a través del tiempo y en función a sus propios fines y metas individuales. El hombre asume la absoluta libertad de elección con responsabilidad  espontánea individual según sus proyectos de vida, asumiendo el riesgo y la incertidumbre que conllevan,  y no por injerencia de autoridad externa en sus acciones. Las acciones del hombre deben tener en cuenta a los otros como ejes de su libertad. Sin los otros, dice Simone de Beauvoir, yo no podría ser libre.

La obra El segundo sexo, escrita entre los años 1948-1949 por Simone de Beauvoir, fue incluida en la relación de libros prohibidos por la Iglesia Católica. Esta obra constituye toda una enciclopedia sobre el papel que cumple la mujer en la sociedad, basado en la literatura, la historia y la mitología.

“Cuando aparece el libro están ya superadas –por haber alcanzado sus objetivos- las reivindicaciones sufragistas, por lo que hay que considerar esta obra como explicativa, no reivindicativa. Simone de Beauvoir expone el desarrollo de la opresión masculina a través del análisis de la historia, la literatura y los mitos, atribuyendo los efectos contemporáneos de esta opresión al haberse establecido lo masculino como norma positiva. El mundo masculino se ha apropiado de lo positivo (ser hombre) y lo neutro (ser humano) y ha considerado lo femenino como una particularidad negativa, la hembra. A consecuencia de esto se ha identificado a la mujer como “lo otro”, lo que ha llevado a una pérdida de su identidad social y personal. El sexo femenino está limitado por el conjunto entero del patriarcado. De acuerdo con la filosofía hegeliana y sarteana, la autora está de acuerdo con que el sujeto necesita de “lo otro” para definirse. El problema es que la mujer ha sido constantemente definida por el mundo masculino como “lo otro”.[3]

“Su libro El segundo sexo (1949) significó un punto de partida teórico para distintos grupos feministas, y se convirtió en una obra clásica del pensamiento contemporáneo. En él elaboró una historia sobre la condición social de la mujer y analizó las distintas características de la opresión masculina. Afirmó que al ser excluida de los procesos de producción y confinada al hogar y a las funciones reproductivas, la mujer perdía todos los vínculos sociales y con ellos la posibilidad de ser libre. Analizó la situación de género desde la visión de la biología, el psicoanálisis y el marxismo; destruyó los mitos femeninos, e incitó a buscar una auténtica liberación. Sostuvo que la lucha para la emancipación de la mujer era distinta y paralela a la lucha de clases, y que el principal problema que debía afrontar el "sexo débil" no era ideológico sino económico”.[4]

Simone de Beuvoir, tras analizar lo que es la mujer desde el punto de vista biológico, psicoanalítico, materialista, histórico, literario y antropológico, llega a la conclusión sobre la insuficiencia para tener una definición completa, no obstante que cada uno de ellos nos da una definición de lo que es la mujer como la “Otredad”, “lo otro” frente a lo masculino. “Una no nace mujer: se hace mujer”.

La filósofa busca la reivindicación, la emancipación de la mujer, aboga por la igualdad de deberes, de derechos y de oportunidades entre hombres y mujeres y que la mujer trascienda a través de sus propios proyectos de vida y no constituya la tradicional sierva y esclava de los hombres ni se mantenga históricamente bajo el yugo de los hombres o su mera utilización como objeto sexual de la publicidad y de los hombres.

Después de la segunda guerra mundial, junto con Simone de Beauvoir lucharon por la emancipación de la mujer Betty Friedman, Kate Millett, Gloria Steinem y Germaine Greer.

La concepción antropológica puede extraerse y deducirse de la reflexión y del análisis de las frases y de los pensamientos de Simone de Beauvoir y que presentamos a continuación[5]:

Simone de Beauvoir piensa que la naturaleza del hombre es malvada, su bondad es cultura adquirida, las personas felices no tienen historia, es absolutamente imposible encarar problema humano alguno econ una mente carente de prejuicios, y todo niño que nace es un dios que se hace hombre.

Porque el hombre es trascendencia, jamás podrá imaginar un paraíso. El paraíso es el reposo, la trascendencia negada, un estado de cosas ya dado, sin posible superación. Lejos de que la ausencia de dios autorice toda licencia, al contrario, el que el hombre esté abandonado sobre la tierra es la razón de que sus actos sean compromisos definitivos.

En sí, la homosexualidad está tan limitada como la heterosexualidad: lo ideal sería ser capaz de amar a una mujer o a un hombre, a cualquier ser humano, sin sentir miedo, inhibición u obligación.

Enfatiza que no hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida.

Piensa que el día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal.

No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino.

El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres. La mujer no es nada más que lo que el hombre decide que sea; así, se le llama "el sexo" queriendo decir con ello que aparece esencialmente ante el hombre como un ser sexuado: para él, ella es sexo, y lo es de un modo absoluto. Se determina y se diferencia en relación al hombre y no en relación a lo que ella misma es; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el sujeto, el absoluto: ella es "lo otro".

Lo que es seguro es que ahora es muy difícil para las mujeres asumir a un tiempo su condición de individuo autónomo y su destino femenino; es la fuente de estas torpezas y malestares que a veces las presenta como "un sexo perdido". Y sin duda es más cómodo sufrir la esclavitud ciega que trabajar por la liberación: los muertos también están mejor adaptados a la tierra que los vivos.

El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacía cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir.

La perfección de su ser no deja ningún lugar al hombre porque el hombre no podría trascenderse en Dios si Dios ya está todo entero dado. En tal caso el hombre no es más que un accidente indiferente a la realidad del ser; está en la tierra como un explorador perdido en el desierto; puede ir a la derecha o a la izquierda, puede ir a donde quiera; jamás irá a ningún lugar y la arena cubrirá sus huellas.

Mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle al hombre una libertad completa El hecho de que exista una minoría privilegiada no compensa ni excusa, la situación de discriminación en la que vive el resto de sus compañeros. La familia es un nido de perversiones. Lejos de que la ausencia de Dios autorice toda licencia, al contrario, el que el hombre esté abandonado sobre la tierra es la razón de que sus actos sean compromisos definitivos.
                                                  


[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Simone_de_Beauvoir
[2] En 2008 se creó en su honor el Premio Simone de Beauvoir por la Libertad de las Mujeres, más conocido simplemente como Premio Simone de Beauvoir La actividad de Simone de Beauvoir fue, junto con la Gisèle Halimi y Elisabeth Badinter, central para obtener el reconocimiento de los maltratos sufridos por las mujeres durante la guerra de Argelia, así como para la obtención del derecho al aborto en Francia. Fue una de las redactoras del Manifiesto de las 343, publicado en abril de 1971 por la revista Le Nouvel Observateur. Con Gisèle Halimi, fundó también el movimiento Choisir, que tuvo un papel determinante en la legalización del aborto. https://es.wikipedia.org/wiki/Simone_de_Beauvoir
[3]La Enciclopedia del Estudiante. 19. Historia de la Filosofía. Santillana Educación, S.L., Buenos Aires, julio de 2011, p.265.
[4] Simone de Beauvoir. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/beauvoir.htm
[5] http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/simone-de-beauvoir.html