lunes, 26 de abril de 2010

POSMODERNIDAD Y UNIVERSIDAD

POSMODERNIDAD Y UNIVERSIDAD (*)
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete (**)

POSMODERNIDAD
La posmodernidad o transmodernidad es una etapa que se diferencia de la modernidad y la sucede. Es la superación de la sociedad industrial por la sociedad postindustrial en tanto y en cuanto “cuestiona las nociones clásicas de “verdad, objetividad, razón, progreso, de emancipación universal y de los sistemas únicos” (Eagleton, 1998), “intenta pensar históricamente el presente en una época que ha olvidado cómo se piensa históricamente” (Jameson, 2001), “es lo que queda cuando el progreso de modernización ha concluido y la naturaleza se ha ido para siempre. Es un mundo más plenamente humano que el antiguo, pero en él la cultura se ha convertido en una auténtica segunda naturaleza” (Ernâni Lampert).
El término posmodernidad es laxo, complejo, ambiguo, ambivalente y que aglutina cosas diferentes y diversos significados. Apareció por primera vez en la década de los treinta en el mundo hispánico. El crítico literario Frederico Onis lo introdujo para calificar un reflujo conservador dentro del propio modernismo. Se popularizó en 1979 con la publicación de la obra La condición postmoderna: Informe sobre el saber, del filósofo Jean-Francois Lyotard, aun cuando muchos representantes de corrientes filosóficas, políticas, culturales y religiosas lo emplearon con anterioridad significando una ruptura con la modernidad que conlleva una “nueva totalidad social”.
La posmodernidad, que es el tercer gran cambio paradigmático que predomina en la segunda mitad del siglo XX (premoderno, moderno y posmoderno), cuestiona la teoría cartesiana, considera que hay muchas formas de interpretar la realidad, sostiene que la duda es condición indispensable para la reflexión y el conocimiento es la principal fuerza de producción cuya principal fuente es la información.
El posmodernismo defiende la necesidad de modelos y sistemas de análisis abiertos con causas múltiples de los problemas de la sociedad y en cuyo mundo todo lo que se le presenta al ser humano es temporal, mutable, complejo, sin certezas absolutas y en la que es posible pasar de la tolerancia a la indiferencia y a una vida sin ideales, pero con pluralidad ideológica.
Según Gonzáles Radío (1994), en la posmodernidad es posible vivir sin ideales. La vida no tiene presente ni imperativo categórico. Hay un declive sistemático del imperio de la razón y todo está permitido o, en otras palabras, nada está prohibido. Es el tiempo del nihilismo, de la presencia del individuo fragmentado, donde no se trata de hacer, sino de estar; pero, además, se pasa de la tolerancia a la indiferencia y es el momento del retorno a los mitos y creencias. En definitiva, es el tiempo del "débil" y del "light".
Ernâni Lampert manifiesta que “La posmodernidad tiene una vinculación con el posindustrialismo y con todo el arsenal de nuevas ideas. La cultura de la sociedad capitalista avanzada pasó por un profundo cambio en relación a la estructura y al pensamiento. El conocimiento se constituye en la principal fuerza de producción. La fuente de todas las fuentes se llama información… La enseñanza y la investigación, funciones históricas de la universidad, que antes buscaban preparar hombres para descubrir la verdad, hoy en día buscan, principalmente, formar individuos competentes para insertarlos en el mercado capitalista”.
Santos Filho (1998) presenta las siguientes características del posmodernismo: la presencia o la necesidad de sistemas abiertos; el principio de indeterminación en la ciencia; la incredulidad en las metas narrativas; el foco en el universo; la denuncia de los medios masivos en la representación del mundo; la explosión de la información y el crecimiento concomitante de las tecnologías de la información; el capitalismo global; la humanización del mundo en todas las dimensiones; la integración entre Estado y economía o mercado, y la tendencia a la hegemonía del mercado; el individualismo irónico, cínico, fragmentado y esquizofrénico; la caída del sujeto y la nueva concepción del tiempo y de la historia; la complementariedad entre alta y baja cultura”.
UNIVERSIDAD
Consideramos que la universidad, principal laboratorio vivencial y de investigación científica de las naciones, para adaptarse rápidamente a los grandes cambios que genera la sociedad del conocimiento requiere reflexionar profundamente sobre el fenómeno de la posmodernidad con puertas abiertas al crecimiento, al desarrollo y al futuro, dentro de la pluralidad ideológica de enfoques y dejando atrás la unilateralidad, el sectarismo, el dogmatismo, la atomización de los individuos y las pretensiones de pensamiento único en el planeta.
Toda vez que los fundamentos modernos están siendo cuestionados, la universidad de hoy requiere de nuevos fundamentos filosóficos para responder a los retos y desafíos de los incesantes cambios científicos y tecnológicos, como ocurrió cuando el pensamiento de Kant, Fichte, Schleiermache, Humboldt, Comte, Taine, Descartes, entre otros, permitieron la reorientación de la universidad medieval por nuevos rumbos a través de la hegemonía de la razón y del Estado.
La universidad, para justificar su existencia o razón de ser, deberá mantenerse abierta a las nuevas alternativas ante los grandes cambios que vienen ocurriendo en lo gnoseológico, científico, tecnológico, profesional, comunicacional, empresarial, ecológico, político, social, económico, cultural, educativo y ético.
La postmodernidad ya no sólo exige el diploma que acredita al estudiante la condición de profesional en determinada rama del saber humano, sino también la idoneidad, el dominio de competencias y contenidos significativos para una vida de calidad, dentro de un mercado laboral cada vez más exigente y competitivo.
La posmodernidad exige reformas profundas en el sistema universitario para lograr una formación profesional integral y polivalente. Exige nuevos currículos de carácter flexible y emergente que incorpore los beneficios de la globalización, nuevos métodos de enseñanza-aprendizaje, flexibilidad en los horarios de estudios, atención a las expectativas de la sociedad, nuevas habilidades metodológicas como "saber leer, saber hablar y escribir", "saber pensar”, “saber continuar aprendiendo", “saber emprender”, “saber convivir armónicamente y en paz con sus semejantes, “saber promover la libertad y la justicia”, "aprender a relacionarse”, “entender el mundo laboral" y “aplicar los conocimiento teóricos”.
La posmodernidad requiere de un nuevo tipo de estudiante más consciente y crítico de su espacio y tiempo histórico, de la mundialización de la cultura, sin perder sus originarias raíces culturales. Requiere de un nuevo tipo de profesor universitario con capacidad analítica, crítica y dialógica, actitud investigativa y de servicio social, premunidos - como ciudadanos del mundo- de una educación de calidad, con valores éticos y que posibiliten la edificación de un mundo mejor para todos en igualdad de condiciones y oportunidades.
(**) Artículo publicado en el DIARIO DEL PAÍS, Lima, 27 de abril de 2010.
(*) Periodista colegiado, docente universitario y coordinador académico de la Escuela Profesional de Periodismo de la Universidad Jaime Bausate y Meza.