sábado, 15 de junio de 2019

TEMAS Y PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN ÉTICA DEL FUTURO


TEMAS Y PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN ÉTICA DEL FUTURO
Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Luego de la revisión de la literatura existente podemos manifestar que constituyen grandes temas, entre otros, para la reflexión ética del futuro: la sociedad autista, la competencia desenfrenada y desigual entre países desarrollados y en vías de desarrollo, la ambición desmedida del capitalismo de acumular dinero para seguir ganando más dinero y haciendo más pobres a los pobres, la manipulación de conciencias y de la vida, la alienación colectiva, el mal uso y abuso de la libertad a través de Internet, la «brecha» digital entre inforricos e infopobres, la incomunicación humana, la gobernabilidad ética de los países, un modelo global de acción humana que armonice los aspectos sociales, políticos, económicos, jurídicos, ecológicos, educativo-culturales y éticos, centrándolos en una vocación de responsabilidad y solidaridad social compartidas. Finalmente la carrera armamentista, el narcotráfico, el terrorismo, la corrupción e inmoralidad en los poderes del Estado y la concentración de la propiedad de los medios de comunicación social.
Para el debate académico y la reflexión ética del futuro hay preguntas que requieren de respuestas éticas, si lo que aspiramos los seres humanos es a vivir y a investigar científicamente con libertad, dignidad, igualdad y justicia.
¿Sirve para algo elegir democráticamente a quienes nos han de gobernar, cuando las empresas transnacionales o las mega-corporaciones son las que toman las decisiones que afectan a países y continentes, sin que a nadie tengan que consultar ni dar cuenta de sus actos?
Con los adelantos científico-tecnológicos, que permiten manipular la vida y reproducir en serie nuevos seres humanos, ¿sirve para algo la libertad de elección y decisión y la responsabilidad de las personas e investigadores?
¿Sirve para algo la libertad del investigador cuando éste se encuentra atrapado y robotizado por un mundo virtual dominado por las leyes del libre mercado?
¿Cuáles deben ser los límites de la manipulación de la vida?
¿Es ético justificar los genocidios que cometen las principales potencias del mundo para apropiarse de sus recursos naturales no renovables?
¿Los progresos de la revolución genética traerán consigo una especie de auto-domesticación del ser humano?
¿Cómo justificar los valores éticos en un mundo en el que se promueve el individualismo y la competitividad entre desiguales a nivel de personas, organizaciones,  empresas y países y en el que prima el “don dinero es don caballero”?
¿Es que aún pervive una ética relegada a la esfera de lo privado y en el que no se articula el desarrollo de una ética política, económica, empresarial, ecológica y profesional con verdadero «rostro humano» y al servicio de las mayorías?
En un mundo  cada vez más sometido a los móviles de interés económico y lucrativo y los valores materialistas y narcisistas de consumo, hedonismo y satisfacción a corto plazo ¿podría vislumbrarse en el futuro el surgimiento y desarrollo de valores éticos alternativos en procura de un mundo mejor?

FUNDAMENTOS ÉTICOS DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO


FUNDAMENTOS ÉTICOS DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO
Escribe: Eudoro Terrones Negrete

En una época impregnada de realizaciones científico-técnicas, es necesario que el “soberano”, el pueblo, que la mayoría de los seres humanos cobren conciencia de la importancia y trascendencia de la actividad científica, que se conviertan en seres creadores e innovadores, premunidos de valores morales, que incorporen a su saber la cultura científica y a su formación profesional el conocimiento de la filosofía de la ciencia, de la metodología científica y de la suficiencia científica.
[1].
El investigador científico debe intervenir en el proceso de humanización de la ciencia[2], de democratización de la ciencia, de sensibilización de la sociedad sobre los nuevos fenómenos de nuestro tiempo y de creación de la conciencia pública sobre el valor de la ciencia y de los valores axiológicos en el siglo XXI.

Y ante el espacio marginal e insignificante que ocupa la ciencia en los medios de comunicación social, éstos están llamados a realizar un esfuerzo notable de divulgación científica y tecnológica[3], con el fin de  despertar vocaciones científicas, despertar el interés y lograr que el hombre del pueblo y el público tengan conocimiento de los resultados de la investigación científica que se realizan en los ámbitos académicos y a nivel de la comunidad científica nacional y mundial. Este solo hecho sería determinante para que las universidades públicas y privadas, los medios políticos y económicos de los países pasen, de la política científica de escritorio y puramente declamatoria, a la política científica participativa, efectiva y resolutiva de problemas.

La Declaración de Derechos del Hombre, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 dice: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”.

Según la Conferencia Mundial de Educación Superior celebrada en 1998, el crecimiento, el desarrollo y el progreso de las sociedades y de la humanidad están determinados por el avance del conocimiento, de la ciencia y la tecnología. En esta misma conferencia mundial se afirmó categóricamente que “promover, generar y difundir el conocimiento por medio la investigación debe ser parte de los servicios que la universidad ha de prestar a la comunidad, para proporcionar las competencias adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de las sociedades, fomentando y desarrollando la investigación científica y tecnológica, a la par que la investigación en el campo de las ciencias sociales, las humanidades y las artes creativas”.

Todo investigador enmarca su quehacer profesional en una serie de fundamentos éticos básicos que contribuyen a asegurar su credibilidad o buena imagen dentro de la comunidad de científicos y la población en general.

Constituyen fundamentos éticos del investigador científico:
·         Buscar el entendimiento, la paz, la fraternidad e integración entre los pueblos.
·         Callar, antes que deformar o desinformar.
·    Contribuir con la formación correcta y crítica de la opinión pública y de actitudes positivas para la transformación social.
·         Decir toda la verdad y no medias verdades.
·   Demostrar imparcialidad, responsabilidad y pluralismo en los actos de investigación, de crítica y de comentario, siempre ajustados a la verdad, la lógica, la justicia y al bien común.
·    Guardar el secreto profesional, mantener la independencia de criterio, mantenerse inflexible frente a presiones, prejuicios e intereses en conflicto.
·         No ceder posiciones a los intereses de grupos de poder y grupos de presión.
·         No intrigar, no murmurar ni adular a las personas.
·       No revelar públicamente informaciones, testimonios y documentos recibidos de manera confidencial, salvo casos cuando esté de por medio un interés mayor de bien común, cuando se trate de prevenir un grave daño a la comunidad y cuando es el único medio para defender la inocencia o el buen nombre de una persona, de la autoridad o de la institución que financia la investigación y que es atacado de manera injusta públicamente.
·        Efectuar el desarrollo de los proyectos de investigación con lealtad a la institución que lo financia y lealtad al bien común.
·         Promover y defender los derechos humanos.
·     Defender y practicar las libertades de pensamiento, opinión, expresión, difusión e investigación, con las responsabilidades establecidas por las Constituciones políticas y leyes de cada país.
·         Respetar, defender y difundir la Constitución política y las leyes de los países.
·         Servir al público y no servirse de él.
·         Usar con claridad, precisión, sencillez y corrección el lenguaje de la investigación.
·         Usar los equipos y medios de investigación en óptimas condiciones.
·    Usar medios lícitos y éticos para obtener informaciones, declaraciones, documentos, fotografías e imágenes.
·       Vulgarizar la ciencia, la tecnología, la educación y la cultura.



[1] Suficiencia científica es la capacidad para comprender el vocabulario científico lo bastante bien como para poder seguir debates públicos concernientes a temas científicos o tecnológicos, y si es necesario, participar en los mismos (Richard P. Brennan, “Diccionario Básico para la Actualidad Científica”, Celeste Ediciones, España, 1994).
[2] El proceso de humanización de la ciencia consiste en hacer que el hombre común participe como usuario en el proceso de la ciencia y la tecnología (Da Costa Bueno) y difundir la idea de que la ciencia es el del hombre y para el hombre, que la ciencia debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la ciencia.
[3] “El periodismo científico consiste en divulgar la ciencia y la tecnología a través de los medios informativos. Es una especialidad reciente del periodismo: Nace más o menos en los años veinte, cuando empieza la gran explosión científica y al mismo tiempo, surgen los grandes diarios informativos. Tiene la importancia de acercar el saber y los conocimientos de la minoría hasta la mayoría” (Manuel Calvo Hernando).

PRINCIPIOS Y VALORES ÉTICOS DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO UNIVERSITARIO


PRINCIPIOS Y VALORES ÉTICOS DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO UNIVERSITARIO
Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Son principios y valores éticos del investigador científico:
Buscar, respetar y defender la verdad por sobre todas las cosas, en cualquier espacio, circunstancia y tiempo histórico.
Rechazar las conclusiones prejuiciosas, manipuladas y alienantes.
Investigar con objetividad, independencia de criterio, honestidad intelectual, imparcialidad, pluralismo y responsabilidad social, política, jurídica y ética.
Abstenerse de promover intereses privados que estén en contra del bien común.
Respetar la propiedad intelectual ajena y los compromisos contraídos.
Recusar el soborno, el cohecho, la extorsión o el chantaje durante el proceso de las investigaciones que realiza.
Rechazar toda remuneración ilícita e injusta, sea directa o indirecta.
Acudir al mayor número posible de fuentes verídicas y creíbles, para un mejor conocimiento y una cabal explicación de los hechos.
No recurrir a recursos inmorales o no éticos ni a recursos ilícitos (delictivos) como son los siguientes: soborno, engaño, plagio, interceptación telefónica, violación de la correspondencia, incursión en la vida privada de las personas, uso de cámaras ocultas (sin la autorización del personaje de la noticia), realizar investigación encubierta (presentación del investigador bajo identidad falsa) para asuntos que no son de interés público; ingresar físicamente a los recintos privados, a hurtadillas o por medios electrónicos, sin la debida autorización, con el fin de observar, escuchar, fotografiar, grabar o captar palabras o imágenes que están protegidas por el derecho a la vida privada.
Guardar reserva o silencio de la identidad de la fuente informativa en cumplimiento de la palabra empeñada (derecho al secreto profesional).
Respetar las convicciones políticas, religiosas y morales, tanto en la forma como en el fondo de las informaciones.
Impedir la identificación de niños implicados en delitos o vicios sociales (alcoholismo, drogadicción, atentado a las buenas costumbres, etc.), en protección al bienestar futuro que les asiste.
Ninguna investigación deberá violar la ley, afectar al orden público, a la seguridad nacional, a las buenas costumbres, tradiciones y formas de vida.
Según Shamoo y Resnik (2003) algunos de los principios fundamentales que cualquier científico debe exhibir son los siguientes: honestidad, objetividad, integridad, ser cuidadoso (por ejemplo con el manejo de los datos) y disponer de apertura (i.e., compartir ideas, datos, recursos, herramientas de trabajo), saber mantener la confidencialidad, libertad de expresión y búsqueda, eficiencia, ser competente en su campo, y tener un sentido de responsabilidad social. A los últimos agregaríamos otros valores, que aunque no exclusivos del ámbito académico, deberían al menos en nuestro concepto, formar parte integral del repertorio de conductas de un científico: humildad (i.e., reconocer nuestros errores), educación cívica (e.g., saludar, agradecer, ser amable y cortés), disciplina, tenacidad, lealtad, escrupulosidad, decencia, honorabilidad, generosidad, nobleza, tolerancia, valentía, y saber trabajar en equipo (i.e., no ser individualista). Todos estos valores, inculcados a los estudiantes desde que inician sus estudios profesionales, darían como resultado personajes de la ciencia más humanos y nobles. Por otra parte, no deberíamos olvidar que afortunadamente el científico sigue gozando de enorme credibilidad ante la sociedad y como consecuencia de esto último, aparece en los primeros lugares en las encuestas que miden la percepción del ciudadano común sobre las diferentes profesiones en cuanto a honestidad y prestigio. Es por ello importante mantener y de ser posible, mejorar, esa imagen positiva que nos envuelve[1].



[1] Aluja, Martín y Andrea Birke (Coordinadores). El papel de la ética en la investigación científica y la educación superior. Academia Mexicana de Ciencias. Fondo de Cultura Económica, México, segunda edición, 2004, p.90.

INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO UNIVERSITARIO


INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO UNIVERSITARIO
Escribe: Eudoro Terrones Negrete

La ética es la rama de la filosofía que se ocupa del estudio de los actos del individuo según determinados principios normativos, que establecen lo que está bien y lo que está mal. Se ocupa del estudio de los hábitos, de las costumbres o  de la manera de ser del hombre. La ética estudia el comportamiento moral del hombre en sociedad. La ética tiene como objeto de reflexión la moral del ser humano. La ética trata de reflexionar, fundamentar y esclarecer la moral como experiencia humana. La ética investiga qué es una conducta buena y qué condiciones deben cumplir las instituciones humanas para moralizar al individuo, a las instituciones, a los poderes del Estado y a la sociedad.
La ética del investigador científico universitario es un  conjunto de normas, reglas, proposiciones, principios y valores que regulan su comportamiento ético en el campo de la investigación y en sus relaciones con los miembros de la comunidad universitaria científica y la sociedad en general.
“Tanto en el ámbito del hacer científico (empírico y formal) como en el artístico –refiere Alfredo Marcos-hay una ineludible dimensión axiológica. Filósofo de la ciencia como Larry Laudan o Javier Echevarría han orientado su reflexión en las últimas décadas hacia la cuestión de los valores en ciencia. Podemos distinguir entre valores epistémicos (como la verdad), morales (como la bondad) y estéticos (como la belleza). Pues bien, no se pueden considerar los valores estéticos como privativos del arte, sino que están presentes también en ciencia y sirven como apoyo para la adopción de decisiones científicas, como han apuntado, entre otros, dos filósofos con sensibilidad histórica: Pierre Duhem y Thomas Kuhn. Para ambos, la simplicidad, la elegancia, la belleza formal, la armonía…son criterios útiles y legítimos para la elección de teorías. Los más destacados científicos (Copérnico, Galileo, Kepler, Einstein y otros muchos) han mantenido siempre alerta su sensibilidad estética a la hora de hacer ciencia, y muchas veces han tomado decisiones en función de lo que dicha sensibilidad les indicaba”.[1]
No cabe duda que hay una relación e integración directa entre la ciencia, la ética y la estética en los procesos de producción de la ciencia como actividad humana y social.
Acabamos de dar vuelta al siglo XX, un siglo cargado de enormes avances en ciencia y tecnología que nos han acercado a las partículas más íntimas de los seres vivos, así como a revelaciones insospechadas de la dinámica del universo. Este conocimiento formidable de nosotros mismos y de nuestro universo se acompaña del dominio de medios que han mejorado ostensiblemente la calidad de vida de la humanidad, pero que también le han dotado, irremediablemente, de mecanismos para autodestruirse como especie (Cari Sagan, 1996).[2]
Los aspectos éticos o las buenas prácticas del investigador científico tienen relación con todos los campos y áreas de  su quehacer profesional y la actividad científica.
El comportamiento ético de los investigadores es un requisito para la credibilidad de la ciencia y del propio investigador científico, para avanzar en la excelencia de las investigaciones o para mejorar la calidad en las investigaciones y sus relaciones con las instituciones y la sociedad y para el reconocimiento que se merece por parte de la sociedad y el Estado.                                                     
La ciencia moderna, aplicada a la investigación, da como resultado mayores logros a la humanidad y teniendo en cuenta que se vive en un mundo basado en la investigación y gobernado por ideologías fundamentadas en la ciencia y en el uso de instrumentos creados por la ciencia, es necesario ser conscientes de que dichas ideologías e instrumentos pueden ser utilizados de forma objetiva o subjetiva, o correcta e incorrectamente, es decir, de un modo ético o no. Por este motivo, es importante hablar de una ética de la investigación, es decir, de una investigación con conciencia. Una investigación cuyos resultados sean correctamente utilizados, puntualiza Manuel Galán Amador.[3]
Estamos viviendo en la era de la información y la comunicación con una gran cantidad de información  que fluye a la velocidad de la luz y que no puede ser decodificada a plenitud y que influye positiva o negativamente en la vida de las personas e instituciones, por lo cual necesitamos adaptarnos a una postura cada vez más crítica y analítica, para así lograr ser un buen investigador que satisfaga las expectativas de las personas y las sociedades del planeta.
La ciencia debe estar al servicio de la vida, de las necesidades, del bienestar y la felicidad de los seres humanos, al servicio de las relaciones óptimas del investigador en su centro laboral con sus colaboradores y otros científicos.
El investigador asume un comportamiento con rasgos éticos que es, por esencia, racional, libre, consciente, voluntario y responsable de las consecuencias de sus actos. El investigador científico posee altos estándares éticos en su comportamiento, actividad científica y al momento de tomar decisiones éticas  y resolver los dilemas éticos.
La ciencia es imperfecta, falible y perfectible,  precisamente porque está construida por los seres humanos. Y los seres humanos, que son muchos de ellos científicos, son  seres imperfectos y falibles, pero a su vez perfectibles.
La ética de la investigación es una subdivisión especial de la metodología de la investigación, que trata de minimizar las desventajas, problemas éticos o consecuencias negativas de los resultados de una investigación y de maximizar las ventajas, beneficios o aportes positivos a favor de las personas, instituciones y la humanidad. Esto implica necesariamente que el investigador científico en su actividad profesional tenga en cuenta la ética durante el proceso de selección de problemas y de modelos; la ética en el acopio y la selección de datos o informaciones; la ética en el proceso de elaboración de la publicación; y la ética en la aplicación de los resultados de la investigación.
Desde el punto de vista ético el investigador científico aspira alcanzar la verdad sobre los hechos, fenómenos, situaciones y problemas que investiga; procura saber cómo y por qué se presenta el fenómeno ético, cuáles son sus causas y posibles efectos,  para luego de un análisis riguroso con la aplicación de métodos y técnicas científicas concluir en la formulación sistemática de sus principios y leyes comprobables.
La ética del investigador científico norma y regula la conducta moral que cada uno de los investigadores de las diferentes disciplinas del saber humano está obligado a cultivar y desarrollar en una sociedad inclusiva, participativa, pluralista, de responsabilidad solidaria y con valores mínimos.
La preocupación por los problemas morales acerca de la ciencia no es nueva. Entre otros, científicos con inclinaciones filosóficas y filósofos con inclinaciones científicas que se ocuparon del tema, se puede mencionar a Lucrecio, Spinoza, Hume, Kant, Feuerbach, Engels, Dewey y Schlick. Y los escrúpulos de conciencia de los científicos fueron expresados ya en la primera guerra mundial, por ejemplo, por Albert Einstein y Bertrand Russell, haciéndose más intensos cuando nazis y comunistas trataron de controlar y avasallar a la ciencia. En principio, los problemas morales y éticos no son atemporales. Hay una gran disparidad de códigos morales, que en la actualidad están confluyendo a un cierto corpus de ideas básicas que son aceptadas por la mayor parte de la humanidad como más o menos universales, como las expresadas en las diversas declaraciones de derechos humanos.[4]
La ciencia llega a corromperse cuando se pone al servicio de los privilegios, de los intereses creados, de la destrucción, de la opresión, del dogma, de las ideologías, del poder económico, la degradación del medio ambiente, de la guerra, del armamentismo, del narcotráfico, del terrorismo, de gobiernos despóticos, de la delincuencia, de las mafias, de la opresión del pueblo, de teorías conspirativas, de intenciones perversas y del prurito de hacer el daño a las demás personas.
“La ética del científico no es diferente de la ética del político o del periodista; no es ni más culpable ni más inocente que todos los demás, porque su ética no depende de su actividad profesional sino de su participación en la vida de la sociedad como otro ser humano. Es curioso que se acuse a la ciencia y a los científicos, cuando no se lo hace con los políticos y los militares que emplean los productos científicos para la destrucción y la muerte, o a los empresarios por depredar el medio ambiente en busca de ganancias” refiere Pablo Schulz en su artículo “La ética en ciencia”.[5]
Para que una conducta sea ética en términos de investigación, el investigador deberá responder, actuar e investigar correctamente, utilizando medios lícitos o permitidos, liberado de presiones y de intereses monetarios.
La ética en la investigación científica tiene que ver con la responsabilidad moral de los investigadores acerca del uso que le dan a sus investigaciones, y a la forma de desarrollar el proceso de la investigación, redactar todo el texto y las conclusiones.
“Las últimas dos décadas – indican Martín Aluja y Andrea Birke- se han caracterizado por un aumento en el reporte de violaciones a la integridad científica (National Academy of Sciences, 1992; Steneck, 2000). La opinión generalizada (e.g., Macrina, 2000; y Shamoo y Resnik, 2003) es que este incremento se debe a factores tales como: a) aumento de científicos y académicos en proporción al decremento de posiciones laborales en la industria, gobierno y academia; b) recursos financieros limitados (competencia por proyectos, espacio físico, equipo, técnicos, competencia por obtener reconocimiento o créditos, etc.); c) presión por publicar que genera el síndrome conocido en los Estados Unidos como “Publish or Perish” (Kleschick et al., 2000; Bostanci, 2002; Shamoo y Resnik, 2003); d) evaluación del científico en términos de la habilidad de éste por generar recursos y e) necesidad de cumplir con cada vez más engorrosos requerimientos administrativos (Stanley-Samuelson y Higley, 1997)...”
“Durante los años sesenta y setenta los casos de fraude o plagio eran considerados para la sociedad como “actos no representativos de una comunidad científica” (LaFollette, 1996). En los años ochenta comenzaron a presentarse los primeros casos de “fraude” en universidades reconocidas como Harvard y Yale en Estados Unidos. En respuesta a estos hechos, aparecen libros como Betrayers of the Truth (Broad y Wade, 1982) y Cantor´s Dilemma (Djerassi, 1991, El dilema de Cantor, FCE, 1993), que criticaban a una comunidad científica que, ante sucesos escandalosos de fraude y plagio, se mostraba indiferente”.
“Entre los casos más recientes de conducta éticamente inaceptable, destaca en Estados Unidos el del reconocido cardiólogo Robert Slutsky de la Universidad de California-San Diego (UCSD), quien produjo 137 artículos en 7 años (ca. 1 artículo por cada 13 días laborales). Después de un exhaustivo análisis por un panel de revisores, se determinó que de los 137 artículos publicados, la validez del 56 % de éstos era dudosa y 9 % era fraudulenta (Whitely et al., 1994). Otros acontecimientos que también han encabezado los titulares de periódicos y revistas son los casos de los alemanes Friedhelm Herrmann y Marion Branch, y los de los doctores Jan Hendrik Schön y Anders Pape Moller, acusados de alteración, fabricación y falsificación de datos (Bostanci, 2002: Service, 2002; Vogel et al., 2004)”.[6]
Por todas las consideraciones expuestas, y otras más que nos reservamos para una segunda edición de esta obra, consideramos que la investigación científica, la investigación humanística y la investigación tecnológica, tanto en sus procesos y resultados como también durante su divulgación, deben estar enmarcados y ajustados a los lineamientos éticos.
“El Código de Nüremberg (1947) es la primera declaración internacional sobre investigación en seres humanos, estableciendo con claridad la finalidad, el diseño, el riesgo, las precauciones y la necesidad de evitar sufrimiento o daño cuando se realiza un experimento, y también establece el consentimiento del ser humano con el que se experimentará (consentimiento informado), la calificación científica del que conduce el experimento así como su responsabilidad, la conveniencia de suspender la prueba cuando el científico estime que existe peligro, y asimismo la libertad del sujeto de experimentación para decidir en cualquier momento del curso de la investigación que ésta ha llegado a su fin” refiere Roberto M. Cataldi Amatriain (1998:44).
A partir de esta declaración internacional se dieron muchos documentos, se aprobaron declaraciones nacionales, códigos de ética de universidades, códigos de ética de institutos de investigación y de centros de investigación, leyes que protegen el derecho de propiedad intelectual de los autores, la privacidad de las personas, la protección del anonimato del paciente y que regulan el comportamiento ético de los investigadores en general. Cabe referir, por ejemplo: La Declaración de Helsinki I de la Asociación Médica Mundial (1964); la recomendación de la UNESCO sobre la situación de los investigadores científicos (1974); la Declaración de Tokyo-Helsinki II (1975); la Declaración del Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas (San Francisco, 1991) sobre la protección del anonimato del paciente; las Guías éticas internacionales para investigación; la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos aprobada por la Conferencia General de la UNESCO (1997); la Declaración Internacional sobre los Datos Genéticos Humanos aprobada por la Conferencia General de la UNESCO (2003) y la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (2005).


[1] Marcos, Alfredo. Ciencia y Acción. Una filosofía práctica de la ciencia. Fondo de Cultura Económica, México, primera reimpresión, 2013, p.322.
[2] Ospina G., Luis Fernando.  Ética en la investigación. http://www.bdigital.unal.edu.co/783/20/263_-_19_Capi_18.pdf
[3] Galán Amador, Manuel, en su artículo Ética en la investigación. http://www.rieoei.org/jano/3755GalnnJano.pdf
[4] Pablo C. Schulz, en el artículo La ética en la ciencia. http://www.ehu.eus/reviberpol/pdf/JUN05/schulz.pdf
[5] http://www.ehu.eus/reviberpol/pdf/JUN05/schulz.pdf
[6] Aluja, Martín y Andrea Birke (Coordinadores). El papel de la ética en la investigación científica y la educación superior. Academia Mexicana de Ciencias. Fondo de Cultura Económica, segunda edición, México, 2004, pp.92 y 93.

EL CONFLICTO DE INTERÉS EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA


EL CONFLICTO DE INTERÉS EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
Escribe: Eudoro Terrones Negrete

EL CONFLICTO DE INTERÉS

 El conflicto de interés es una situación en la que el juicio del investigador sobre una investigación puede ser influido por un interés secundario o ganancia económica, hecho que le resta imparcialidad y credibilidad a dicho juicio.

“En el caso de la investigación científica, se considera como conflicto de interés a aquellas condiciones en las cuales el juicio profesional que concierne al interés primario de la integridad científica, tiende a estar influenciado negativamente por un interés secundario, como pudiera ser el interés monetario” (Dra. Sofía P. Salas, Directora Escuela de Medicina. Universidad Diego Portales de Chile).

Constituye conflicto de interés:
1.      Utilizar bienes de la empresa, universidad, instituto o centro de investigación para beneficio personal del investigador;
2.      Aceptar sobornos o coimas de clientes y proveedores de la universidad;
3.      Participar simultáneamente en la gestión de otro instituto o centro de investigación ajeno al de la universidad en la que trabaja el investigador.

“Algunos de los métodos y condiciones que pueden ser utilizados por las instituciones para evaluar y controlar los conflictos de intereses (CI) incluyen la declaración pública de intereses económicos, las revisiones externas de las investigaciones llevadas a cabo en el seno de cada institución, la modificación de proyectos de investigación inadecuados y la disolución de relaciones financieras que generen CI potenciales o reales, entre otras[1].

La tolerancia o el manejo inadecuado del conflicto de intereses afectan la confianza en la ciencia y la credibilidad de los científicos.

CÓMO EVITAR LOS CONFLICTOS DE INTERÉS

No solicitar ni aceptar regalos, favores o agasajos de parte de los estudiantes,  egresados, personal administrativo, profesores, familiares o relacionados de estos, durante el tiempo en que dure la realización de los trabajos de investigación y que puedan poner en duda su imparcialidad y credibilidad.

Abstenerse de tomar decisiones, evaluar y calificar proyectos o trabajos de investigación en las que estén involucrados parientes hasta el tercer grado de consanguinidad y segundo de afinidad, a menos de que tenga autorización del superior inmediato o esté bajo supervisión.

Actuar y evaluar con transparencia, objetividad e imparcialidad según los intereses de la universidad y no según los intereses personales del investigador o de grupos ajenos a la universidad.


[1] Groeger JS, Barnes M. Conflict of interest in human subjects research. Crit Care Med. 2003;31:137-42.

EL PLAGIO EN EL CAMPO DE LA INVESTIGACIÓN


EL PLAGIO EN EL CAMPO DE LA INVESTIGACIÓN

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

El plagio consiste en copiar al pie de la letra, transcribir y difundir conceptos, escritos, manuales, obras, libros, tratados, imágenes y videos ajenos para darlos como si fueran de uno mismo, sin indicar la fuente original ni respetar la propiedad intelectual.

El plagio es un serio problema en los ámbitos intelectual, académico, artístico, educativo, cultural, creativo e investigativo. Esta práctica antiética, de deshonestidad académica e investigativa,  constituye una falta grave censurable y sancionable por los códigos de ética y las leyes de los países.

El plagio es la negación del proceso de creación y de investigación que debe animar a toda persona, profesional o intelectual. Al plagiar un texto la persona o el investigador está repitiendo lo que otros crearon o descubrieron con mucho esfuerzo y constante dedicación al pensamiento reflexivo. Al plagiar la persona o el investigador está negando su capacidad de generar nuevas ideas y propuestas independientes y colectivas para la solución de problemas.
“Durante los años sesenta los casos de fraude o plagio eran considerados para la sociedad como “actos no representativos de una comunidad científica” (LaFollette, 1996). En los años ochenta comenzaron a presentarse los primeros casos de “fraude” en universidades reconocidas como Harvard y Yale en Estados Unidos. En respuesta a estos hechos, aparecen libros como Betrayers of the Truth (Broad y Wade, 1982) y Cantor´s Dilemma (Djerassi, 1991, El dilema de Cantor, FCE, 1993), que criticaban a una comunidad científica que, ante sucesos escandalosos de fraude y plagio, se mostraba indiferente”. “Entre los casos más recientes de conducta éticamente inaceptable, destaca en Estados Unidos el del reconocido cardiólogo Robert Slutsky de la Universidad de California-San Diego (UCSD), quien produjo 137 artículos en 7 años (ca. 1 artículo por cada 13 días laborales). Después de un exhaustivo análisis por un panel de revisores, se determinó que de los 137 artículos publicados, la validez del 56 % de éstos era dudosa y 9 % era fraudulenta (Whitely et al., 1994). Otros acontecimientos que también han encabezado los titulares de periódicos y revistas son los casos de los alemanes Friedhelm Herrmann y Marion Branch, y los de los doctores Jan Hendrik Schön y Anders Pape Moller, acusados de alteración, fabricación y falsificación de datos (Bostanci, 2002: Service, 2002; Vogel et al., 2004)”.[1]
 Por todas las consideraciones expuestas, y otras más que nos reservamos, consideramos que la investigación científica, la investigación humanística y la investigación tecnológica, tanto en sus procesos y resultados como también durante su divulgación, deben estar enmarcados y ajustados a los lineamientos éticos.

“Son formas de plagio no sólo la apropiación indebida de ideas de otros como propias, sino también otras formas más sutiles como el denominado autoplagio que consiste en no citar la fuente original en donde se publicó anteriormente una idea propia o la denominada replicación que consiste en presentar un mismo texto para diversas publicaciones sin el consentimiento del editor original. También son formas más sutiles de plagio el denominado parafraseo libre de una frase ajena, aun cuando sea menor, sin citar la fuente de inspiración original o la denominada citación indirecta que consiste en tomar o parafrasear un texto citado por un autor sin indicar que la cita no se tomó de modo directo sino que fue tomada del autor que la citó”[2] (Código de Ética en la Investigación Científica de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas).

Yolanda Angulo Bazán[3] en su artículo “Problemas éticos en investigación científica estudiantil. Política editorial de la revista CIMEL expresa: Estudios en el primer mundo estiman la frecuencia de plagio en un 91%, con un porcentaje de plagio de un 10% (definido este como la división de los párrafos no propios sobre la totalidad de párrafos)[4] (4), lo que concuerda con estudios latinoamericanos anteriores, que describen frecuencias de plagio de hasta 95.8 % [5].

HERRAMIENTAS DE INTERNET PARA COMBATIR Y SANCIONAR EL PLAGIO

Felizmente en las universidades públicas y privadas de Perú ya se utiliza herramientas de Internet que permiten identificar, combatir y sancionar el plagio o esta conducta impropia del investigador. Entre estas herramientas figura el portal TURNITIN que indica qué porcentajes de un texto fueron copiados de otro y de qué textos.

TURNITIN ofrece tres herramientas esenciales: OriginalitiyCheck, GradeMark y PeerMark

OriginalitiyCheck, asegura y comprueba la originalidad antes de que se dedique tiempo a calificar el trabajo y genera el informe en cuestión de minutos, fomenta el correcto empleo de métodos de investigación y citación.

GradeMark, realiza inclusión rápida de correcciones y comentarios en trabajos de manera clara, legible y pertinente, permit4e crear y compartir rúbricas personalizadas, registra el progreso del estudiante con el tiempo y es un sistema de calificaciones 100 % libre de papel.

PeerMark facilita la inclusión de revisión y opiniones por parte de compañeros, permite la configuración de preguntas de revisión estándar de cualquier tema, permite la distribución anónima de opiniones, entre otros.


[1] Aluja, Martín y Andrea Birke (Coordinadores). El papel de la ética en la investigación científica y la educación superior. Academia Mexicana de Ciencias. Fondo de Cultura Económica, segunda edición, México, 2004, pp.92 y 93.
[2] Código de Ética en la Investigación Científica de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.http://sica.upc.edu.pe/sites/sica.upc.edu.pe/files/INV-COD-CODIGODEETICAENLAINVESTIGACION-UPCfirmado.pdf
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