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Comentarios de la Obra SÓCRATES: EL MAESTRO, EL FILÓSOFO Y EL MÁRTIR DE LA FILOSOFÍA

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domingo, 17 de octubre de 2021

Comentarios de la Obra SÓCRATES: EL MAESTRO, EL FILÓSOFO Y EL MÁRTIR DE LA FILOSOFÍA


COMENTARIOS DE LA OBRA

SÓCRATES: EL MAESTRO, EL FILÓSOFO Y EL MÁRTIR DE LA FILOSOFÍA”

En la foto, de izquierda a derecha: Alfonso Cueva Sevillano, Gerente General de A.F.A. Editores Importadores; Dr. Roberto Mejía Alarcón, Rector de la Universidad Jaime Bausate y Meza; Dr. Jorge Lazo Arrasco, Gran Amauta del Perú y ex rector de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega; y, Dr. Eudoro Terrones Negrete, autor de la obra "Sócrates: El Maestro, el Filósofo y el Mártir de la Filosofía". 

 

PRÓLOGO

Dr. Carlos Díaz Hernández

 Me cumple el honor de prologar esta obra del doctor Eudoro Terrones Negrete, a quien tuve la gran fortuna de conocer personalmente en Lima, prodigio de laboriosidad e inteligencia, pues amén de otras actividades docentes y publicistas, ha sido capaz de mantener la pasión y la alegría por el saber hasta unos límites insospechables e inalcanzables por la casi totalidad de las gentes. ¿A quién pudiera extrañar, teniendo en cuenta tales hábitos, que ahora nos regale un hermoso libro sobre Sócrates precisamente, libro al que desde mi condición de filósofo "académico" o "profesional" (¡perdón maestro Sócrates!) reputo serio, riguroso y, por si ello fuera poco, sumamente didáctico.

Doctor en Educación, Magíster en Docencia Universitaria, Periodista profesional colegiado y Profesor Principal en la Universidad Jaime Bausate y Meza, nuestro autor ha publicado la mágica cifra de cuarenta y cinco libros desde el año 1969, es decir, a un ritmo de un libro al año, y no de libros de ocasión, sino de fuste y sentencia, de reflexión e investigación, bien documentados en sus fuentes.

Cuando se estudia a Sócrates como aquí se hace, lo de menos es concordar o discrepar del gran maestro griego, yo mismo dudo de eso que se llama socratismo moral, compartido por Confucio desde el remoto Oriente, y que defiende que quien sabe es bueno, y por ende que sólo el ignorante hace mal, algo que a su vez le exculparía de toda responsabilidad penal. Esta afirmación, como todos sabemos, se desarrollará en muchos diálogos de su discípulo Platón, el cual atribuye un papel casi divino al filósofo sabio, hasta el punto de presentarlo cual único digno de dirigir los gobiernos de los países con justicia y pudor. Ahora bien, según mi particular opinión, tal idea es más bella que la realidad, sobre todo cuando se tiene delante a políticos incultos y voraces, pero la realidad no la avala: quienes saben leer y fuman, no dejan de hacerlo aunque en la cajetilla se recuerde con grandes caracteres: fumar mata.

Pero eso es de menos, lo verdaderamente importante es el genio, la magnitud y la impronta antropológica que la muerte de Platón nos dejó en heredad y pervivencia. Y digo la muerte, porque ella sella la maestría y el magisterio de quienes elaboran ideas y pronuncian palabras: será maestro de humanidad el que muera defendiendo la verdad, no solamente diciéndola, porque sólo así se sobrepasa a la muerte y se la vence. He aquí lo inmortal de una vida: emparentar con el martirio la verdad, sólo así sirve de base para el comportamiento de la humanidad. "Amigo Sócrates, pero más amiga la verdad". Por eso Sócrates enseñaba la virtud personalizadamente: «Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la construye uno mismo solamente con la buena conducta». De ahí estos corolarios socráticos básicos, que el presente libro nos recuerda: “La virtud produce agrado, el vicio desagrado. Hay que renunciar a los vicios” y “El mayor mal no es sufrir la injusticia, sino padecerla”.

Mientras tanto, lejos de enfatizar el saber y muy cerca de reconocer la necesidad de estudiar, recordamos que el entendimiento alumbra como las velas, derramando lágrimas, y no hay saber que no tenga 99% de transpiración y 1% de inspiración: “El maestro Confucio dijo: El primer absurdo consiste en pretender alcanzar el bien prescindiendo del estudio, y su consecuencia es la decepción; el segundo consiste en intentar alcanzar la ciencia sin entregarse al estudio, lo que conduce a la incertidumbre; el tercero consiste en el deseo de ser sincero prescindiendo del estudio, lo que provoca el engaño; el cuarto consiste en pretender obrar rectamente sin haber recibido la instrucción adecuada, con lo que se cae en la temeridad; el quinto consiste en querer compaginar el valor con la incultura, lo que da lugar a la insubordinación; finalmente, si se desea alcanzar la perseverancia prescindiendo del estudio, se cae en la testarudez y obcecación”. Mucho de lo que pasa por sabiduría no es sino pedantería.

Así pues, para pensar con profundidad hay que estudiar mucho y muy mucho, aseguraba también Confucio: “Cuando se penetró en la razón de las cosas, la conciencia se desplegó al máximo y los pensamientos se hicieron sinceros. Cuando eso ocurrió, el corazón se hizo recto. Cuando eso ocurrió, cada uno se perfeccionó a sí mismo. Cuando eso ocurrió, el orden comenzó a reinar en la familia. Cuando eso ocurrió, el Estado fue bien gobernado. Cuando eso ocurrió, la paz se extendió por el universo. Los antiguos príncipes se esforzaban primero en gobernar con rectitud sus propios reinos. Para ello, se aplicaban ante todo en ordenar bien sus familias. Para ello, procuraban previamente corregirse a sí mismos. Para ello, ponían un especial cuidado en adornar su alma de todas las virtudes. Para ello, se esforzaban en conseguir la rectitud y sinceridad de todas sus intenciones. Para ello, se entregaban con ardor al perfeccionamiento de sus conocimientos morales, que consiste en descubrir los móviles de las acciones. Si alcanzamos la perfección personal, se establecerá el orden en nuestra familia. Entonces, el reino será rectamente gobernado. Y cuando todos los reinos son bien gobernados, el mundo entero goza de paz y armonía. Desde el más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser. El perfeccionamiento de uno mismo es la base de todo progreso y desarrollo moral”.     

Así de rigurosamente tomada en serio, la filosofía ayuda a vivir una vida buena. Como en el caso de Sócrates, ella propicia la actitud serena y prudente, el discernimiento desapasionado enseñando a vivir. En su deseo de hacer el bien, proporciona contenidos formativos que nos ayudan a ser plenos, y no simplemente felices a cualquier precio, por eso propone un corazón alegre, encantado con la realidad pese a las desventuras, porque un corazón triste sería un triste corazón; un corazón liberador que supera aquellas esclavitudes que destruían; un corazón esencial que se conforma con poco para ser feliz; un corazón modesto que se abre a lo grande y lo saluda; un corazón bueno  en el buen sentido de la palabra bueno, que no echa nada al fuego, que espera, disculpa, acompaña y se esfuerza por ponerse enérgicamente en positivo: la antítesis del corazón duro; que perdona y permite rehacer la experiencia de estrechar vínculos.

La “vida buena” aporta también esa convivencia amistosa que según Cicerón constituye el mayor placer de la vida. En orden a ello el filósofo trabaja por los derechos humanos y rechaza las discriminaciones sociales y laborales, mostrando una efectiva preocupación y sensibilidad con las personas desfavorecidas. Desde luego no solamente la filosofía puede trabajar en esta línea, pero la filosofía intentará también fundamentar racionalmente esas actitudes: al filósofo se le ha de pedir un esfuerzo de profundización y de sistematización.  La búsqueda de la vida buena no concluye en la perfección de este mundo, pues todo pensamiento que no se decapita desemboca en la trascendencia, en lo eterno. Ahora bien, no cabe búsqueda de lo eterno sin alguna esperanza en la bondad de la realidad de esta vida. A diferencia de quien contempla a los humanos como seres egoístas y orgullosos inmersos en el mal y destinados a la náusea o a la nada, el filósofo ayudará a encontrar razones para la esperanza y a renacer de nuevo a quien parecía destruido y roto.        

La filosofía ayuda mucho a conocerse a sí mismo, algo para lo cual hay que bajar a las profundidades del propio espíritu, convicción básica también para el mundo oriental. Un discípulo entregó a Buda una flor y le pidió que le explicara su doctrina. El maestro tomó la flor, la contempló en silencio durante un largo rato, y, sin mediar palabra, con un gesto indicó al discípulo que se retirase. Al parecer, de esta anécdota se deriva el zen: el misterio no se alcanza con palabras ni con razonamientos, sino mediante la contemplación. Ella produce la imperturbabilidad. Cierto ejército rebelde irrumpió en una ciudad y hasta los monjes del templo budista de la localidad huyeron. Todos, excepto el abad. El general quedó atónito: “¿No sabes, rugió, que estás viendo a un hombre que puede traspasarte con su espada sin un parpadeo?” “¡Y tú, replicó el abad, estás viendo a un hombre que puede ser traspasado por una espada sin un parpadeo!” El general, desconcertado, pasado un momento se inclinó reverencialmente y se marchó.

Quien se conoce a sí mismo ha de ser crítico de sí mismo (autocrítico, autoirónico diríamos con Sócrates) y de los demás (heteroirónico). Criticar no es destruir. Sin amor, la crítica es envidia. La filosofía enseña a denunciar al gato que quiere pasar por liebre, y a tal efecto no tiene pelos en la lengua. Esto entraña vivir en el riesgo, pues “donde hay poca justicia es peligroso tener razón” (Quevedo). Sólo supero los propios errores que reconozco. Por lo demás, el verdaderamente crítico con su propio yo compañero sabe aceptarse a sí mismo (¿para qué despedazarse a sí propio?) y reconocer en los otros sus aspectos positivos. No echemos la culpa de nuestra cojera al empedrado: ¿no estaría mejor reconocer las cosas, a fin de cambiarlas cuando podamos y de aceptarlas si no podemos?                   

La filosofía de raíz socrática ayuda a saber vivir, convivir y dialogar construyendo un mundo mejor, como el maestro nos enseñara a todos a través de su discípulo Platón. Para los filósofos presocráticos saber era entender, para Sócrates discernir, para Platón definir, para Aristóteles demostrar, para Kant es trabajar en favor de toda la humanidad.  La acción es la hora de la verdad; sin la acción, todo se nos vuelven excusas y lamentos, como indica Quevedo en su Sueño del Infierno: “Y llegando a una cárcel oscurísima oí gran ruido de cadenas, grillos y fuego, azotes y grillos. Pregunté a uno de los que allí estaban qué estancia era aquella, y me dijeron que era el cuartel de los ¡oh, quién hubiera..'. Son gente necia que en el mundo vivía mal y se condenó sin entenderlo, y ahora aquí se les va todo en decir: '¡oh, quién hubiera dado limosna! ¡oh, quién hubiera oído misa! ¡oh, quién hubiera callado! ¡oh, quién hubiera favorecido al pobre! ¡oh, quién hubiera confesado'”. Por eso no fueron filósofos. “Yan-kieu dijo a Confucio: “Tu doctrina me complace, maestro, pero no me siento con fuerzas para practicarla”. El maestro le contestó: “Los débiles emprenden el camino, pero se detienen a la mitad; tú ni siquiera tienes voluntad para iniciar el camino; no es que no puedas, sino que no quieres”. No basta, pues, con saber, por muy importante que ello sea: hay que actuar, y actuar bien; cuando debes hacer una elección y no la haces, esto ya es una elección. Así que, cuando no tengas otra cosa que hacer, planta un árbol: irá creciendo mientras tú duermes.

La filosofía, pues, ayuda a querer saber, para saber querer. Tanto Confucio como Sócrates, coetáneos, recordemos, defendieron que la bondad se aprende y, una vez bien aprendida, no cabe portarse mal: “El maestro dijo: si nuestras palabras son sinceras y se hallan conformes con la recta razón, cuantos nos escuchen modificarán su conducta y entrarán por el camino de la virtud. Si nuestra conversación resulta agradable y persuasiva, induciremos a todos los hombres a buscar la verdad. Es imposible que tras una conversación persuasiva el hombre no se sienta incitado a la búsqueda de la verdad. No creo que pueda existir nadie que, tras haber escuchado unas palabras sinceras y conforme a la recta razón, deje de convertirse hacia la virtud”. Tal vez Sócrates y Confucio exageraban, pues una cosa es conocer lo que es mejor y otra llevarlo a cabo; en lo que no exageraban es en que saber y querer forman unidad ¿Te has preguntado qué haría contigo quien supiese pero no (te) quisiera? Para que tal cosa no ocurra, recuerda: “¿Para qué te sirve, Sócrates, aprender a tocar la lira si vas a morir?” “Me sirve para tocar la lira antes de morir”.

En Occidente existen dos tipos de actitudes casi sin término medio, la de quienes no saben parar y la de quienes viven inmóviles, parados-paralizados, abúlicos hastiados que se limitan a vegetar, a comer del subsidio fácil, y al final terminan con una especie de anorexia existencial, como la que Herman Melville describe en su célebre Bartleby el escribiente, que muere de autoconsunción:

«-¿Quiere decirme, Bartleby, dónde ha nacido?

-Preferiría no hacerlo.

-¿Quiere contarme algo de usted?

-Preferiría no hacerlo.

-¿Cuál es su respuesta, Bartleby?

-Por ahora prefiero no contestar».

A cada día le basta su afán, que es la virtud del esfuerzo en el esfuerzo por la virtud. Ansia de superación, diría Ortega: «Varias veces he dicho que yo no he pretendido venir a enseñar nada a vuestros estudiosos, no porque estos lo sepan todo, lo cual no es verdad, sino porque yo apenas si sé algo, y aun para enseñar ese algo me falta una autoridad que no he tratado nunca de conquistar. Conozco muy bien no ser sabio y dudo mucho que deba ser llamado profesor. Cuando miro a retrotiempo y veo mis años mozos, hallo que fue mi alma, a defecto de mejores cualidades, un incendio perdurable de entusiasmo que no sabía acercarse a cosa alguna sin intentar centrarla y abrillantarla con su fuego interior. Me ha poseído siempre una como fe profunda en que todas las cosas son susceptibles de ilimitada mejora y que nos basta con fijar los ojos en el más humilde objeto para que aparezcan sobre sus flancos prodigiosas reverberaciones. Nada hay mísero ni sórdido si sabemos contemplarlo y, como dice el viejísimo ‘purana’ indio, dondequiera que el hombre pone en el suelo la planta, pisa siempre cien senderos. Después de todo, es esta fe en que el universo es susceptible de infinita mejora el sentido radical que da Platón a la Filosofía cuando hacía nervio de ella el ‘Eros’, la aspiración de amor» (Meditación del pueblo joven). Sólo así podremos comenzar a salir de la industria de la inercia y de la queja.

¿Nos hace felices la virtud? Como dijera Erich Fromm, «la felicidad es una adquisición debida a la productividad interior del ser humano. Felicidad y gozo no son la satisfacción de una necesidad originada por una carencia fisiológica o psicológica; no son el alivio de una tensión, sino el fenómeno que acompaña a toda actividad productiva en el pensar, en el sentir y en el hacer. El gozo y la felicidad no son diferentes en calidad; difieren solamente en cuanto que el gozo se refiere a un acto singular, mientras que la felicidad es una experiencia continua o integrada de gozo; podemos hablar de gozos en plural, pero solamente de felicidad en singular. La felicidad es la indicadora de que la persona ha encontrado la respuesta al problema de la existencia humana: la realización productiva de sus potencialidades siendo simultáneamente uno con el mundo y conservando su propia integridad. Al gastar su energía productivamente acrecienta sus poderes, se quema sin ser consumido. La felicidad es el criterio de excelencia en el arte de vivir. Aunque se la  considera frecuentemente como lo opuesto al pesar y al dolor, el sufrimiento físico o mental es parte de la existencia humana y el experimentarlos es algo inevitable. Rehuir la pena a toda costa sólo puede lograrse al precio de un aislamiento total, el cual excluye la capacidad para experimentar la felicidad. Lo opuesto a la felicidad no es, por consiguiente, el pesar o el dolor, sino la depresión que resulta de la esterilidad interior y de la improductividad» (Ética y psicoanálisis). Y por eso, por el carácter abierto y transitivo de la productividad interior, felicidad y afectividad son como el mar y los peces, y al supuesto derecho a la felicidad le correspondería en todo caso la contrapartida del deber de corresponder.

Lo admirable es que el ser humano siga luchando a pesar de todo y que, desilusionado o triste, cansado o enfermo, siga trazando caminos, arando la tierra, luchando contra los elementos y hasta creando obras de belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil. “Esto debería bastar para probarnos que el mundo tiene algún misterioso sentido y para convencemos de que, aunque mortales y perversos, los hombres podemos alcanzar de algún modo la grandeza y la eternidad. Y que, si es cierto que Satanás es el amo de la tierra, en alguna parte del cielo o en algún rincón de nuestro ser reside un Espíritu Divino que incesantemente lucha contra él, para levantamos una y otra vez sobre el barro de nuestra desesperación” (Ernesto Sábato). En este sentido cabria esforzarse siempre por descubrir el valor del sufrimiento sin masoquismo ni victimismo, ni miserabilísimo: «Un atardecer de 1947 –escribe Sábato-, mientras iba camino de una aldea de Italia a otra, vi a un hombrecillo inclinado sobre su tierra, trabajando todavía afanosamente, casi sin luz. Su tierra labrada renacía a la vida. Al borde del camino se veía todavía un tanque retorcido y arrumbado. Pensé qué admirable es a pesar de todo el hombre, esa cosa tan pequeña y transitoria, tan reiteradamente aplastada por terremotos y guerras, tan cruelmente puesta a prueba por incendios y naufragios y pestes y muertes de hijos y padres».

Me escribía Chema Berro respecto de los militantes obreros que ambos hemos conocido: «Murieron tras una vida dedicada a la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores). Es el caso de cantidad de compañeros mayores, gran parte de los cuales van viviendo y muriendo en el exilio. Sus nombres aparecen en nuestros humildes periódicos, en una breve nota que casi con seguridad anuncia que su fallecimiento se ha producido arropado por sus familiares y por sus compañeros, sus hermanos de la CNT. Son nombres que no nos dicen casi nada, pero todos ellos esconden una biografía impresionante. Hicieron lo que se les pidió con una capacidad asombrosa. Se codearon, tuvieron que codearse, con los grandes personajes de la historia sobresaliendo por su capacidad y por su dignidad, ganándose la consideración y el aprecio de todos ellos, de sus propios contrincantes en el campo de las ideas. Pero ese reconocimiento quedó en el círculo de sus contactos directos, sin traspasar el umbral de la historia, sin entrar en los libros o haciéndolo de refilón y de paso, sin quedar individualmente, como legado para las futuras generaciones. Salieron del anonimato y volvieron al anonimato para seguir haciendo lo que tenían que hacer, de nuevo en tareas más humildes. Dedicaron la vida a la CNT y ésta se convirtió en un buen medio para dedicarla a su clase, a su causa y, de una forma más general, a su país y a toda la humanidad. Seguramente esa capacidad de anonimato, esa capacidad de enterrarse para dar fruto, esa renuncia a su prodigiosa individualidad para convertirse en una parte, sólo una parte, de algo colectivo, sólo puede darse en gente que tiene una misión, una causa, algo por lo que vivir y luchar y morir y enterrarse. Buena lección, no aprendida, para la situación actual ¡tan distinta! Hoy cualquiera está dispuesto a hacer de su pequeña diferencia un abismo insalvable; y si nos tocaran nuestro ego, nuestra individualidad, ello se convertiría en el centro de todos los problemas. Actuamos en función de nuestros deseos, reducidos a apetencias cada vez más inmediatas, más absorbentes y absorbidas por un mundo que no ha aprendido, que ha olvidado que la realización, si se reduce a satisfacción de las apetencias, se convierte en locura y en huida hacia ninguna parte, y que sólo se realiza en la medida en que se convierte en entrega, en renuncia hasta el enterramiento, en la medida en que se somete a esa misión que traspasa y ordena las apetencias y les da sentido, y nos lo da a nosotros... Pero el futuro no se ve desde el presente sin la perspectiva que da el pasado. La memoria es parte del ser, parte de la posibilidad de ser y del futuro. Renunciando a nuestro pasado no tendríamos sentido, ni tan siquiera existiríamos. Ellos son nuestro pasado, y recuperar su memoria y proyectarla, darle continuidad, es nuestra tarea y nuestro mejor homenaje. El único que seguramente quieren y esperan. Conseguir, en definitiva, que el anónimo ‘Fulano de tal, militante de la CNT’, siga siendo el mejor de los epitafios».

Pero el Banquero (el existente y el que muchos desean llegar a ser: demasiados soldados llevan en su mochila el bastón de mariscal) tendrá que decirnos cuáles son esos otros valores no puramente económicos a los que él alude sin especificar, pues la verdad es que todos los valores del Banquero del dinero provienen, al dinero se dirigen, y con dinero se compran (es decir, tienen valor porque tienen precio): también con dinero se apesebran artistas, intelectuales, políticos, y todo lo que haga falta, incluso la misma madrileña Universidad Complutense premiando al Banquero rodeado de reyes, gobierno, etc., a los pocos meses encarcelado por corrupto y por estafador. Irresistible es el prestigio de los Salones para aquellos que sólo saben ser si se visten con el ropaje de la cortesanía, siempre necesitada de dinero. ¡El dinero, el dinero es el hombre!, gritaban ya los primeros tímidos Banqueros de Grecia, sin que en modo alguno hayan desaparecido de nuestros oídos sus ecos. Suerte que este libro del Dr. Eudoro Terrones nos lo recuerda impagablemente haciendo honor a su nombre: Eudoro, regalo bueno.

Madrid, septiembre de 2011.

 

 

Dr. CARLOS DÍAZ HERNÁNDEZ,

EL FILÓSOFO DEL PERSONALISMO COMUNITARIO[4]

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

Con el saludo cordial quiero expresar la cálida y fraternal bienvenida a nuestra Universidad,  al doctor Carlos Díaz Hernández, con motivo de su visita a Perú para sustentar sendas conferencias magistrales en varias universidades de Lima, y particularmente en la Universidad Jaime Bausate y Meza.

El doctor Carlos Díaz Hernández es el principal investigador y difusor del pensamiento personalista comunitario en lengua española. Es profesor titular en la Universidad Complutense de Madrid, profesor visitante permanente de la Universidad Pontificia de México, fundador del Instituto Mounier de España, México, Argentina y Paraguay, actual Presidente de la Fundación Emmanuel Mounier, miembro del Consejo de Redacción de la revista “Acontecimiento” y de la Colección “Persona”.

Este influyente filósofo en la juventud, el más productivo de estos tiempos, es un conferencista polémico que ha vertido sus ideas en universidades de América latina, Europa, África, entre oros. Defiende por doquier el personalismo comunitario de Emmanuel Mounier y el anarquismo cristiano.

Mostrando una extraordinaria vitalidad intelectual, Díaz Hernández, a sus 65 años de edad es autor de más de 200 libros, los mismos que fueron traducidos a varios idiomas.

Es autor de una serie de libros:  Memoria y deseo; Personalismo obrero: presencia viva de Mounier; Hombre y dialéctica en el marxismo-leninismo; Del anarquismo como fenómeno político-moral; Pro y contra Stirner; Julián Besteiro o el socialismo en libertad; El anarquismo como fenómeno político-moral; La actualidad del anarquismo; Contra Prometeo; Sabiduría y locura; La buena aventura de comunicarse; ¿Qué es ser joven?; El sujeto ético; El sueño hegeliano del estado ético.

Asimismo, Nihilismo y estética. Filosofía de fin del milenio; De la razón dialógica a la razón profética; La política como justicia y pudor; Cuando la razón se hace palabra; Releyendo el anarquismo; Manifiesto para los humildes; Víctor García: El Marco Polo del anarquismo; Diez miradas sobre el rostro del otro; Valores del futuro que viene; La filosofía, sabiduría primera; Diego Abad Santillán; Mi encuentro con el personalismo comunitario; Pedagogía de la ética social. Para una formación en valores; El nuevo pensamiento de Franz Rosenzwei  y Cómo hacer el amor filosóficamente.

Carlos Díaz Hernández  no es un filósofo alejado de la realidad y de la vida social, no es un filósofo de escritorio que se encierra en sus cuatro paredes para dar a luz sus ideas y lanzarlas a posteriori a los cuatro vientos sin saber quien las recoja. Es un filósofo social, con conciencia social y conciencia profesional, de pensar y actuar a favor de los que más sufren, de los que menos tienen y de los que más aspiran a una vida digna y con justicia social.

Alguna vez declaró para la prensa: “Yo vivo como un monje en medio de la civilización. Estudio y escribo como orino, como una necesidad fisiológica. Apenas me ocupo de muchas cosas. No conduzco un coche, ni voy a un banco, ni tengo idea de cuestiones cotidianas para millones de personas... Lo mío es una suerte de antena de orientación que, permanentemente cuando salgo a la calle, apunta a los más pobres, a los desfavorecidos. A escribir sobre cómo cambiar; a eso dedico mi vida…. A mí me duele la miseria, el ser humano".

Confiesa con toda sinceridad: “Soy diferente al filósofo de academia, al ratón de biblioteca, que sólo sabe hablar con cuatro colegas de cuatro arcanos propios de su especialidad. No soy así. Busco estar cerca de los pobres, también físicamente… El nivel de cercanía que se siente con la viuda, el huérfano y el extranjero del Antiguo Testamento, no hay que perderlo de vista. Ese primer nivel es básico. No hacer las cosas para los pobres, sino desde y con ellos.”.

Como es de dominio público, el personalismo es una doctrina filosófica que reconoce a la persona humana como valor absoluto por sobre todas las cosas, la persona es un fin y no un instrumento, una cosa o un cliente. Es una actitud y búsqueda constante porque lo único estable en la sociedad es el cambio y lo único permanente en el hombre es su “hacerse”, su continua creación en todas las latitudes y circunstancias.

Al respecto, el filósofo español Díaz Hernández explica enfáticamente: “La base sobre la que se asienta el personalismo comunitario es que el ser es el centro de la realidad. Y no el tener. Hoy, todo se mide por los parámetros del tener. Evidentemente algo tenemos que tener, tenemos que comer. Pero no me distraigo en acumular dinero: quiero que haya justicia social; es para eso para lo que trabajo".

Díaz Hernández, el filósofo de los más pobres, afirma: "el personalismo comunitario  de lo que trata es de que la persona sea el centro, que a uno no lo midan por los parámetros económicos, que pueda vivir con dignidad; que no sean el centro la vanidad, la tontería, la estupidez del mundo”.

Concluyo estas breves palabras de presentación y de bienvenida, pero sin agotar el tema sobre la vida y obra del filósofo, manifestando que el doctor Carlos Díaz es un pensador profundo e innovador, que realiza cotidianamente sendas reflexiones críticas respecto a lo que tienen en común las cosas detrás de su aparente diversidad, pero fundamentalmente sobre el ser humano en su esencia y existencia vital.


 

PALABRAS DEL AUTOR DE LA OBRA

Dr. Eudoro Terrones Negrete

 

“Los filósofos y los hombres “capaces de morir por una idea”, han sido las grandes fuerzas de la historia, cuyos vaivenes y altibajos son la expresión o personificación de determinada mentalidad. Las ideas, son entonces, los resortes de la humanidad y de la historia y no precisamente “el hambre y el miedo” como se expresa Lenin”.  Samuel Vargas Montoya

Pocas figuras representativas hubieron en la antigüedad clásica, como las de Sócrates,  Platón y Aristóteles, que despertaron y aún siguen despertando amplias y profundas resonancias e impactos en la cultura  de Occidente y en la cultura universal, precisamente por su elevada calidad humana,  integridad espiritual, grandeza moral, pedagogía social y por hacer accesible a públicos diversos sus aportes intelectuales y la filosofía de aquella civilización.

Seguramente no hay entre todas las figuras que llenan la historia de la cultura humana ninguna tan popular como Sócrates, ninguna que haya sido tan traída y llevada por el oleaje de la literatura universal y cuyo conocimiento haya llegado hasta los rincones más apartados en que vive el espíritu.

Sócrates era el ideal de sabiduría en las escuelas filosóficas griegas, en la literatura romana, en los pueblos europeos y entre los judíos y mahometanos.

Donde quiera que haya destilado aunque sea una gota del espíritu helénico, nos encontramos con Sócrates como con una personalidad venerada por todos. Hasta los relatos más superficiales y someros de la llamada historia universal se detienen un momento en él. Los resúmenes más fugaces del panorama histórico del mundo le dedican una rápida ojeada. Los estudiantes, profesionales y lectores de todos los tiempos han oído hablar algo sobre Sócrates; todo el mundo sabe cómo vivió, qué enseñó y cuál fue su muerte. En estas condiciones, ¿vale realmente la pena hablar de Sócrates?”, pregunta Wilhelm Windelband [1]

Y la respuesta es: Claro que sí vale la pena hablar y seguir hablando de Sócrates. Resulta que ¡Sócrates es Sócrates!, se trata  de una de las figuras más paradigmáticas de la filosofía occidental. Sócrates es uno de los más grandes filósofos de la humanidad. Y no obstante el tiempo transcurrido de más de dos mil cuatrocientos años, y a sabiendas de no encontrar un solo artículo o una sola obra de su autoría, aún seguiremos hablando y escribiendo sobre la vida, el pensamiento y la obra de Sócrates, fundamentalmente por las razones que pasamos a exponer.

Sócrates es el hombre más sabio y el filósofo moralista más famoso de la Grecia Antigua, de sobresaliente personalidad humana y el maestro de todos los filósofos que existieron después de él.

Sócrates es  el defensor del cosmopolitismo  y del igualitarismo ateniense;  es una de las figuras extraordinarias en la historia de la filosofía de Occidente; es “el primero de los filósofos que murió condenado por la justicia” (Diógenes Laercio) y es “el fenómeno pedagógico más formidable en la historia de Occidente” (Werner Jaeger).

Sócrates es el Jesucristo de Grecia para el poeta Shelley y un maestro de todos para el obispo Agustín de Hipona.

Sócrates no sólo significa algo para los seguidores de Cristo, sino también para los enemigos del cristianismo: “Sócrates es el Jesucristo de Grecia para el poeta Shelley y un maestro de todos para el obispo Agustín de Hipona; es el serio intelectual para los modernos y el agudo ironista para los críticos de la modernidad, de Kierkegaard a Derrida, según refiere Venustiano Reyes Reyes, catedrático de la Universidad Iberoamericana, en su obra La Apología de Sócrates.

Se ha dicho incluso que la muerte del pensador abrió un litigio entre los aspirantes a su herencia filosófica que no sólo marcó el siglo que se iniciaba ( s.IV a.C.), sino también el devenir entero de la filosofía[2]

Escribir una obra para un extraordinario filósofo griego, como es el caso de Sócrates, que nunca escribió nada, resulta siendo una tarea muy complicada y difícil, pero no imposible si compartimos las expresiones del filósofo y escritor español Fernando Savater: “A lo largo de los siglos se han compuesto miles de libros sobre él, pero él no escribió ninguno, ni siquiera unas pocas páginas explicando su forma de pensar. ¿Cómo podemos saber entonces lo que realmente dijo? La verdad es que no podemos estar seguros. Algunos de quienes le escucharon tomaron nota de sus palabras, así como de sus gestos y de su forma de comportarse: fueron ellos los primeros que escribieron sobre Sócrates y todos los que han venido luego se han basado en su testimonio. Lo mismo pasó también con otros importantes maestros en el campo de la religión, como Buda o Jesucristo. Sus enseñanzas no nos han llegado directamente de su puño y letra sino a través de lo que sobre ellos cuentan varios de sus discípulos. Quizá no todos esos oyentes sean igualmente fiables, pero comparando lo que dicen unos y otros podemos hacernos una idea razonablemente aproximada de cómo fueron y qué enseñaron esos notables personajes.”[3]

Tales de Mileto, el primer filósofo de la Grecia Antigua, tampoco dejó escritos ni tuvo un sistema filosófico definido; el conocimiento que se tiene de él procede de lo que se cuenta en la Metafísica de Aristóteles.

Para realizar este ensayo de investigación filosófica sobre Sócrates: El maestro, el filósofo y el mártir de la filosofía, no fue una tarea fácil.  Hemos tenido que recurrir a testimonios documentales provenientes de personalidades de la filosofía griega, por cuanto Sócrates no escribió una sola línea y todo su pensamiento lo trasmitió oralmente a través de sus diálogos con la población. Frente a esta situación sólo quedó el camino de acudir a las obras escritas por Platón, Jenofonte, Aristófanes y Aristóteles, quienes trataron de interpretar y explicar el pensamiento de Sócrates. Algunos escritos sobre Sócrates se han perdido, como es el caso de los siete Diálogos escritos por Esquines el Filósofo (no el orador).

Para el acopio, el procesamiento, la interpretación y la explicación de los conceptos sobre la vida y obra de Sócrates en sus dimensiones de filósofo, de maestro y de mártir de la filosofía se ha utilizado los métodos filosóficos siguientes: método de análisis conceptual, método lingüístico, método analógico, método analítico, método sintético, método deductivo, método inductivo, método de lectura y comentario de textos, método especulativo, método dialéctico y el método histórico.

Asimismo tuvimos que confrontar los textos escritos por los discípulos de Sócrates: Platón y Jenofonte,  por Diógenes Laercio, por Aristóteles y por sus opositores, entre ellos Aristófanes. Pero también consultamos los testimonios valiosos de otras fuentes independientes, tratando en todo momento de establecer su grado de fiabilidad.

Consultamos las obras de Platón: Eutifrón, Apología de Sócrates, Critón, Fedón y Carta VII. Eutifrón, por ejemplo, es una obra que versa sobre las acusaciones a Sócrates; Apología de Sócrates, describe el proceso judicial a Sócrates; Critón, describe la visita en la cárcel del amigo más querido de Sócrates; Fedón o Del Alma, narra los últimos instantes de la vida de Sócrates y sobre su discurso respecto a la inmortalidad del alma; y Carta VII. En esta última obra Platón reprocha a los Treinta Tiranos de la época porque “entre otras tropelías que cometieron, estuvo la de enviar a mi amigo, el anciano Sócrates, de quien yo no tendría reparo en afirmar que fue el más justo de los hombres de su tiempo, a que, en unión de otras personas, prendiera a un ciudadano para conducirle por la fuerza a ser ejecutado; orden dada con el fin de que Sócrates quedara, de grado o por fuerza, complicado en sus crímenes; por cierto que él no obedeció, y se arriesgó a sufrir toda clase de castigos antes que hacerse cómplice de sus iniquidades”.

Asimismo recurrimos a las obras del historiador Jenofonte, Apología de Sócrates y Memorables; de Aristófanes, Las Nubes; de Diógenes Laercio,  Vida de los filósofos más ilustres. Finalmente, se consultó las obras de Aristóteles y de varios autores y estudiosos de la historia de la filosofía.

Cabe adelantar algunas conclusiones básicas que hemos recogido de diferentes textos que abordan la vida y obra de Sócrates: Sobre su educación y el desarrollo filosófico de Sócrates no sabemos nada en concreto y nada con exactitud y de manera definitiva,  no sabemos cuándo ni de qué forma llegó a descubrir su “verdadera profesión”, porque precisamente es como pocos de la historia de la filosofía de todos los tiempos un personaje ágrafo.


Sócrates

El propósito central de este ensayo es aportar y difundir relevante información histórica sobre la personalidad de Sócrates en su triple dimensión: como filósofo, maestro y mártir de la filosofía, en clara posición de diferenciación con los cosmólogos y los sofistas de su época, y describir brevemente el proceso  de acusación, condena y muerte del filósofo. Pero al mismo tiempo, el propósito de destacar la importancia, trascendencia e influencia de la vida y del pensamiento de Sócrates dentro del proceso evolutivo de la historia de la filosofía, de la educación y la pedagogía social.

A Sócrates se le acusó de no creer nunca en los dioses y sólo en los dáimones (demonios), por haber dicho alguna vez: “son las nubes, y no Zeus, quienes provocan la lluvia; de otro modo, si solo dependiera de Zeus, veríamos llover también cuando el cielo está sereno”. Sócrates fue denunciado por corromper a los jóvenes, simplemente por haber manifestado en algún tiempo que “el Sol es una piedra y que la Luna está hecha de tierra”. Y otras acusaciones, entre ellas las que provenían de sus opositores Anito, Melito y Licón, y de Aristófanes, su enemigo declarado, que aún siguen siendo motivo de riguroso análisis, pero también de severas críticas al poder judicial griego, por haber dado muestras de parcialización e injusticia, al condenar a muerte a Sócrates, sin las mayores pruebas objetivas.

La obra, Sócrates: El maestro, el filósofo y el mártir de la filosofía, se desarrolla en cinco capítulos. El primer capítulo, Sócrates en su espacio y tiempo histórico, comprende una referencia de Atenas de los años 500 a 323 antes de Cristo; la situación social, económica, política y educativa, y la filosofía griega. El segundo capítulo: El maestro Sócrates, describe los rasgos biográficos de Sócrates, los discípulos de Sócrates, Sócrates como maestro, el método mayéutico, Sócrates y los sofistas. El tercer capítulo: Sócrates, El filósofo,  incluye el pensamiento de Sócrates, la concepción ética y los principios éticos de Sócrates, las cinco anécdotas socráticas. El cuarto capítulo: Sócrates, el mártir de la filosofía, comprende la represión a los filósofos a través de la historia y a Sócrates como mártir de la filosofía. El quinto capítulo aborda aspectos claves sobre la acusación, la defensa y la condena a muerte de Sócrates.

Queremos culminar estas palabras  manifestando enfáticamente que las dotes y el talento sin par de Sócrates, hacen de él un personaje de imperecederas estimaciones, un símbolo de alta calidad humana y de grandeza espiritual y uno de los filósofos cumbres de la humanidad.

Lima, 22 de noviembre de 2010.

Dr. Eudoro Terrones Negrete

 



[1] Windelband, Wilhelm. Preludios Filosóficos. Figuras y problemas de la filosofía y de su historia. Santiago Rueba, Buenos Aires, 1949, p.39.

[2] Cfr. Luri Medrano, Gregorio. El Proceso de Sócrates. Sócrates y la transformación del socratismo. Editorial Trotta, Madrid, 1998, p.13.

[3] Savater, Fernando. Historia de la Filosofía sin temblor ni temor. Editorial Espasa Calpe, S.A., España, 2009, p.29.

[4] El Dr. Carlos Díaz sustentó dos concurridas conferencias magistrales en el auditorio de la Universidad Jaime Bausate y Meza , en Lima-Perú, el día 19 de mayo de 2010 con la asistencia de estudiantes, maestros universitarios y público en general, abordando los temas “Filosofía de la comunicación y valores del futuro”  y  ”El pensamiento personalista comunitario en el Siglo XXI”, en los horarios de 11.00 a.m. y 7.00 p.m., respectivamente. Las palabras de bienvenida estuvo a cargo del Coordinador Académico de la Universidad,  doctor Eudoro Terrones Negrete, cuyo texto se transcribe en esta obra.

Comentarios de la obra EL APRISMO SEGÚN HAYA DE LA TORRE

                                       Comentarios de la Obra                                            "EL APRISMO SEGÚN HAYA DE LA TORRE"




PRÓLOGO

Guely Villanueva Díaz

 

Mi entrañable compañero y amigo, Dr. Eudoro Terrones Negrete, me ha sorprendido gratamente, al solicitarme que escriba unas líneas prologales a este su nuevo libro. Entiendo que lo hace, porque sabe bien cuánto admiro y valoro todo esfuerzo relacionado con la difusión del Aprismo, en sus contenidos filosófico, ideológico, doctrinario e histórico, que aquí es tratado con puntual devoción.

Como escritor y académico, Eudoro Terrones Negrete ha logrado sistematizar el contenido de su obra en dos capítulos: El primero, “El Aprismo según Haya de la Torre”, que nos lleva al placer de leer o releer aquellas tesis escritas y sustentadas por el Maestro, que definen al APRA como un gran movimiento político: con filosofía, ideología y doctrina propias, autóctonas y autónomas, libre de toda influencia extranjera y que sólo responde a la realidad única e intransferible de nuestra América morena, acertadamente llamada por Víctor Raúl: Indoamérica. Y el segundo capítulo, desarrollado por el autor, titulado “Filosofía, Ideología y Doctrina del Aprismo”.

Eudoro Terrones Negrete ha tenido que escudriñar en los siete tomos de las obras completas de Víctor Raúl Haya de la Torre; pero también en otras fuentes, con agudeza ferviente de leal discípulo. Precisamente él mismo registra, al inicio de este libro, sus impresiones del líder y fundador del APRA, desde cuando lo conoció en 1970, en la casona de Villa Mercedes, reducto donde vivió el Maestro hasta su deceso, ocurrido nueve años después.

Qué importante es que salga a la luz un nuevo libro, pleno de enseñanzas y que seguramente atraerá a la lectoría juvenil, justamente hoy en que la política nacional necesita adecentarse, entonces, qué mejor referente que la trayectoria y el pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre.

Pero quisiera hacer aquí una digresión, sobre la importancia que ha tenido el libro, en la historia del APRA y del Partido Aprista Peruano.

Creo que los periódicos y revistas antecedieron o fueron precursores del libro aprista. Así tenemos que en 1923 apareció Claridad, revista fundada y dirigida por Víctor Raúl Haya de la Torre, como vocero de la “Universidad Popular González Prada” y que, cuando él fue desterrado, asumió la dirección José Carlos Mariátegui. El mismo año se publicó “EL NORTE”, en Trujillo, fundado por Antenor Orrego.

En 1926 apareció “APRA”, Revista de la Célula Aprista de París, dirigida por Felipe Cossío del Pomar.

En 1927, Honda, publicación doctrinaria de la Célula Aprista de Buenos Aires. Atuey, salió en Cuba, en tanto Indoamérica fue publicada en México, por los desterrados apristas.

1927, Amauta, fue fundada por Mariátegui como tribuna aprista hasta septiembre de 1928.

1929, Meridiano, publicada en Bolivia, por los desterrados apristas.

1930, “APRA”, revista fundada por Serafín del Mar (Reynaldo Bolaños) como órgano del naciente Partido Aprista Peruano. También lo dirigió Víctor Raúl, en 1933, en la clandestinidad y en 1934 el c. Ismael de la Peña.

1931, La Tribuna, diario fundado por Manuel Seoane. Sufrió clausuras, sacó ediciones clandestinas, que el propio Víctor Raúl escribía, imprimía y distribuía, a pesar de la persecución. En 1970 la dictadura militar lo intervino y remató su maquinaria para silenciarla. Después se ha publicado eventualmente.

Sin embargo, el primer libro aprista publicado es “Por la Emancipación de América Latina” de Víctor Raúl Haya de la Torre, editado en 1927, por los desterrados apristas en Buenos Aires.

Pero el libro fundamental del Aprismo, que remeció el pensamiento político latinoamericano, es “El Antiimperialismo y el APRA”, escrito por Víctor Raúl Haya de la Torre en México, en 1928; pero que sólo es publicado en Chile en 1936 por los desterrados apristas, mientras el líder luchaba desde la clandestinidad contra las tiranías imperantes.

En todo caso, el libro aprista tuvo una gran connotación en la formación ideológica de la militancia. Desde el inicio se inculcó el deber de formar sus bibliotecas personales. Se editaban libros de igual formato, que recogían incluso las conferencias expuestas en la “Escuela de Oradores” y lo difundían, en un afán por fortalecer la ideologización del militante o simpatizante. Sin embargo, al imponerse las sucesivas dictaduras, no sólo fueron perseguidos y sus casas saqueadas; sino que sus libros y revistas serían quemadas, ante lo cual algunos compañeros alcanzaron a esconderlos y hasta enterrarlos, para salvarlos de la barbarie. Así, el libro aprista adquirió una connotación de perseguido, sufriendo los mismos abusos que los militantes. Pero al final el Libro Aprista sobrevivió y triunfó.

Gracias compañero Eudoro Terrones Negrete, por enriquecer con su gran libro la bibliografía aprista; noble, fecunda y heroica.

Chiclayo, setiembre de 2021. 

 

EPÍLOGO

Hugo García Salvatecci

 

El Dr. Eudoro Terrones Negrete nos presenta una síntesis sumamente profunda del Aprismo, en su obra titulada “El Aprismo según Haya de la Torre”. Su ortodoxia aprista está descontada.

El historiador inglés Cole señala que el Aprismo es la mayor contribución de filosofía política que se dio en el tercer mundo durante el siglo XX. Lo que es resaltado por nuestro amigo Terrones Negrete. De lo que se trata ahora es de proyectar ese riquísimo pensamiento a una realidad histórica que se ha modificado cualitativamente.

El Papa Juan Pablo II, al analizar la “Rerum Novarum”, se inspiró, aunque enriqueciéndola, en la metodología de interpretación propuesta por el marxista francés Luis Althusser. Siguiendo al Papa Juan Pablo II, hablaremos de las tres lecturas que se deben  hacer de las obras de Haya de la Torre.

La primera lectura consiste en leer su obra, ubicándola en su tiempo, con el fin de evidenciar cuál era históricamente el problema social y político que se quería solucionar. Para lograrlo, es indispensable tener presente las principales fuentes en las que inicialmente se nutrió la ideología aprista.

Lo más resaltante es que Haya rechazó al Marxismo no por su carácter revolucionario, sino porque su pensamiento estaba de espaldas al avance de la ciencia, porque era producto de una interpretación histórica hecha bajo una perspectiva que no es la nuestra, y fundamentalmente porque su posición ideológica se había congelado. Cuando algo se congela se vuelve anacrónico, y si ello se vincula con una posición política deviene en reaccionario, a pesar de lo que se trate de decir en contrario.

Cerca de cincuenta años después, los grandes pensadores progresistas de Francia llegaron a la misma conclusión. Sartre, en la década de los setenta, no hablaba del marxismo congelado, pero sí del marxismo con arterioesclerosis. La obra de Sartre “Crítica de la razón dialéctica” es una obra sumamente académica y profunda, pero tardía con relación a Haya, pues termina exponiendo, con lucidez extraordinaria, lo que había dicho Víctor Raúl, cincuenta años antes. Podríamos decir que, si hay una obra que expresa plenamente la posición de Haya de la Torre sobre la dialéctica hegeliana y sobre el proyecto del marxismo-leninismo es la “Crítica de la razón dialéctica” de Sartre, lo que tendría que ser debidamente analizado.

Tal como señalé en mi obra “El Aprismo y la doctrina social de la Iglesia”, la posición de Haya, expuesta cuarenta o cincuenta años antes, es similar a la que, desde la década de los sesenta, se encuentra en las encíclicas sociales de la Iglesia. Estas encíclicas incluso utilizan la terminología difundida por Haya, como sería: bivalencia del imperialismo, la conciencia histórica vinculada a las diferentes velocidades de la producción, el recalcar que la experiencia marxista-leninista se relacionaba con el capitalismo de Estado y no con el auténtico socialismo, etc.

A partir de la revolución de mayo de 1968, ya no podía existir duda alguna sobre la debacle ideológica y política del marxismo-leninismo. Dos grandes pensadores de avanzada, Bertrand Russell y Sartre, lo proclamaron expresamente. Ambos, después de reconocer que ya el marxismo-leninismo no tenía futuro, señalaron, hace ya más de cuarenta años, que estaba surgiendo una nueva posición radicalmente revolucionaria que, inspirándose en Marx y en Mao, encarnaría una posición más extremista que la del marxismo-leninismo. Dicho movimiento se incubó en Francia y no en China, a pesar que se denominó “Maoísmo”.

Los mismos Russell y Sartre señalaron cuál sería su nueva táctica política: aplicar nuevamente la denominada “propaganda por el hecho” (terrorismo) propiciada por los anarquistas nihilistas del siglo XIX. Vale decir, realizar los actos terroristas más sangrientos, provocar permanentemente al Estado para fomentar intencionalmente la represión, en el entendido que en ninguna represión se pueden respetar plenamente el estado de derecho y los declarativos derechos humanos. Se dejaron todos los viejos sueños y los objetivos de los que se había hablado hasta el cansancio. La táctica maoísta sólo tiene dos momentos: primero el terrorismo nihilista más sangriento e inhumano, para luego buscar la protección de los burgueses derechos humanos y del estado de derecho. Lo que persigue el movimiento terrorista es que los agentes del orden pierdan completamente la moral sobre sus responsabilidades, puesto que se les pone en el dilema: morir en el combate o podrirse en la cárcel.

Llama la atención que todo ello fuera advertido hace más de cuarenta años, sin que todavía se le haya dado una respuesta ideológica contundente al fenómeno terrorista. Es a la posición maoísta a la que el día de hoy tenemos que dar respuesta, pues el marxismo-leninismo ya pertenece sólo a la historia.

La segunda lectura se centra en leer la obra de Haya en función de nuestra realidad actual, después que, relativamente en un breve tiempo, se han dado históricos saltos cualitativos de suma importancia. Es necesario, con lealtad y objetividad, contraponer el pensamiento de Haya con la realidad histórica en que nos encontramos, para adecuar el espíritu o los propósitos por los que fue creado el Apra a la nueva realidad histórica. Esta segunda etapa se constatación con la nueva realidad, nos permitirá la tercera lectura para proyectar el pensamiento aprista a un futuro ya no inmediato sino de mediano alcance.

Mi segunda lectura de la obra de Haya se encuentra en mi libro “El Apra entre dos orillas: ochenta años de Aprismo”. En estos momentos estoy preparando la obra que exprese mi tercera lectura y que denominaré: “Los nuevos retos de la democracia: cien años de Aprismo”.

Entre los puntos a reflexionar para propiciar la “reconstrucción del Aprismo”, se pueden señalar:

1)                     Estudiar detenidamente la situación internacional. Al parecer se dan todos los síntomas que evidenciarían que estamos frente al término de una etapa histórica y al inicio de otra. Danilevsky, Spengler y Toynbee precisaron que sus dos síntomas fundamentales son: la completa desaparición de una escala de valores, que termina propiciando la denominada “invasión de los bárbaros” en todos los niveles e instituciones públicas y privadas, y, en segundo lugar, los grandes cambios climatológicos.

En la Antigüedad, Platón, Aristóteles y Tucídides habían anotado que todas las grandes culturas han aparecido y desaparecido debido a los grandes cambios climatológicos. Todo ello fue reiterado por los grandes estudiosos de la historia del siglo XX. El estudio del medio ambiente, y su proyección histórica, es imprescindible en todo proyecto político actual.

2) Con la misma responsabilidad con la que estudió Haya de la Torre el fenómeno imperialista, se debe estudiar el fenómeno de la globalización, que lo ha reemplazado. Así como la lucha de pueblos reemplazó a la lucha de clases dentro del imperialismo, la globalización ha trastocado toda la dialéctica de la lucha de clases, internacionalizando sus antagonismos en el interior de todos los países del mundo. Se trata de un tema de suma importancia, puesto que, como ya lo había señalado Proudhon y luego lo repitiera Marx, para interpretar históricamente una sociedad es indispensable conocer el “sistema de contradicciones” que le da origen, y que se refleja en el antagonismo de las clases sociales.

La globalización es la expresión de la ley histórica de la internacionalización creciente de la humanidad. Jaspers, hace más de medio siglo, apuntó que recién estamos entrando dentro de una historia realmente universal. Mientras las clases desplazadas por la globalización, en los países ricos, han creado el movimiento de la “antiglobalización”, todavía nuestros pueblos indoamericanos no han tomado una posición ideológica y política para enfrentar dialécticamente a la globalización, incluso nuestra antítesis dialéctica, no cuenta todavía ni siquiera con el nombre. Pero estamos convencidos que nuestra única respuesta aprista a la “globalización” está en la integración indoamericana.

3) Desde hace más de dos siglos los más destacados pensadores de Occidente vienen sosteniendo la necesidad de un gobierno o Estado universal. Resalta sobre todo la figura de Kant, quien señaló rotundamente que el ideal del Estado universal tiene toda la fuerza de un postulado histórico, planteamiento que han repetido los tres últimos Pontífices. La posición de Kant fue determinante en el pensamiento de Proudhon y de nuestro libertador Simón Bolívar.

Desde sus inicios, nuestro gran ideal de integración es conformar una gran Confederación, para luego, con otras cuatro o cinco grandes confederaciones, conformar el Estado Universal. El tema de la integración Indoamericana, tiene, por consiguiente, que ser profundamente estudiado, dentro de esta dimensión universal, que por la globalización cada día está más cercana.

4) Haya de la Torre bosquejó también las diferentes subregiones económicas de Indoamérica que debía confederarse como primera etapa para la plena confederación Indoamericana. Una de ellas está conformada por los países andinos que ya cuentan con un convenio de integración: el “Acuerdo de Cartagena”. Nuestra primera e inmediata tarea es integrarnos plenamente con Ecuador, Bolivia y Colombia. 

5) En los últimos cincuenta años, de modo creciente, se viene señalando que el sistema democrático actual ya es anacrónico. Víctor Raúl lo señaló desde la década de los veinte del siglo pasado. La crítica más significativa que se le hace es que, en el fondo, no tiene nada de democrático. Estamos en una situación similar a la que se encontró Platón en el siglo IV a,d,C., cuando en defensa de los ideales auténticamente democráticos se propuso destruir la democracia de Atenas de ese entonces que se apoyaba en el principio irracional que disponía que el único modo democrático para acceder a los puestos públicos era el sorteo.

Lo que está en tela de juicio es el modelo de Estado que rige en el Occidente. El Papa Juan Pablo II, en su encíclica “Centesimus Annus”, llegó a decir que desde la Revolución Francesa hasta la actualidad, la humanidad viene tanteando nuevas formas estables de gobierno, que reemplacen al Estado absolutista de la Edad Moderna, sin que hasta la fecha lo haya logrado. El estudiar el tema de lo que hoy se denomina la reforma del Estado es algo imperativo.

6) La reforma del Estado debe iniciarse partiendo del municipio. Es a partir de esta reorganización del Estado desde el que se debe iniciar el proceso de integración.

Desde Kant, se tiene casi la certeza que el ideal razonable del Estado universal, que podría ser aceptado por todos los pueblos, tendría el modelo de Estado confederado. De otro modo, se corre el peligro que el Estado universal sea el producto de la imposición y la dictadura de una potencia militar. La integración de Indoamérica debe seguir el modelo confederado, lo que exige que previamente cada uno de nuestros países se organice confederativamente a partir del municipio.

Se trata, sin duda, de un proyecto de largo alcance, por lo que podrían darse etapas intermedias. Por ejemplo: ¿no sería mejor para el país que los municipios provinciales se conformen por la confederación de los municipios distritales y que las regiones por la confederación de los municipios provinciales?

7) Siguiendo el ejemplo de Proudhon, Haya propuso el Congreso Económico, llamado así fundamentalmente para diferenciarlo del Congreso político. Se trata de asegurar la participación de la sociedad en el manejo de la cosa pública. Son varias las atribuciones que debería tener, que no es el momento de analizar, pero hay un aspecto, señalado tanto por Proudhon como por Haya de la Torre, que es de suma importancia y de actualidad creciente: el tema de la moral pública.

En “El principio Federativo”, Proudhon profetizó que el estado socialista terminaría en la dictadura más férrea y que el estado burgués llevaría a las inmoralidades más vergonzantes. Su profecía lamentablemente se cumplió.

El Papa Juan Pablo II diagnosticó que el sistema democrático formal del Occidente está herido de muerte por el cáncer de la inmoralidad tanto pública como privada, que ya se encuentra en su fase terminal.

Acá en el Perú, contamos con el “Acuerdo Nacional”. Se le podría potencializar y darle las atribuciones del Congreso Económico. El tema del nombre puede pasar a un segundo lugar, lo que interesa es el concepto.

De modo urgente, del “Acuerdo Nacional” deberían depender todos los organismos de control. Ninguno de ellos debería estar subordinado a un poder del Estado. Si el “Acuerdo Nacional” eligiese al Contralor, al Directorio del Banco Central de Reserva, al Superintendente de Banca y Seguros, a los magistrados, y dichas instituciones estuviesen bajo su control, no va a significar que todos los problemas quedarán solucionados, pero se daría un paso gigantesco en la lucha contra la corrupción.

8) Otros de los angustiosos temas a ser estudiados es el de la demarcación de las regiones. Consideramos como uno de los mayores errores de toda nuestra historia republicana la decisión irresponsable de haber dado el nivel de regiones a los departamentos. Ese error debe ser cuanto antes corregido, antes que destruya más al país.

Si optamos por el modelo confederativo de González Prada y de Haya de la Torre se solucionaría, en gran parte, el problema de la regionalización. Pero de modo transitorio se debería partir de la demarcación de las regiones que puso en marcha el primer gobierno aprista.

En la tumba de Víctor Raúl se dice “Aquí yace la luz”. La expresión puede resultar equívoca, porque la luz, por su misma naturaleza, jamás puede yacer. Desde la tumba de Haya de la Torre resurge, siempre nueva, la luz que puede iluminar todo nuestro accionar humano, y no sólo político. En el silencio de su aparente descanso, podemos oír su grito clamoroso y angustioso que nos dice: yo construí el Aprismo, el deber de ustedes es reconstruirlo de acuerdo a la nueva realidad.

Lima, setiembre de 2021.

  

PALABRAS DEL AUTOR

Eudoro Terrones Negrete

 

El aprismo es una ideología política proyectada a escala continental, ideada por el pensador y político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, mediante la Alianza Popular Revolucionaria Americana, cuyo fin era el de formar un pensamiento auténticamente latinoamericano que funcionase como alternativa a la cosmovisión eurocentrista americana, adaptado y adaptable a su realidad espacio-temporal y como foco de lucha antimperialista y antioligárquica en el que se uniesen en un frente único los "Trabajadores Manuales e Intelectuales"1, término por el cual se incluían a todas las clases sociales. Con la concepción de alcanzar “la emancipación mental indoamericana de los moldes y dictados europeos”, Haya de la Torre quiso que el aprismo fuera, como doctrina política, una línea de interpretación histórica del proceso latinoamericano, capaz de descubrir las leyes de su desenvolvimiento social, que comienza en la Antigüedad y culmina en la era del proletariado (https://es.wikipedia.org/wiki/Aprismo).

Verdad inobjetable es afirmar que el pensamiento de Raúl Haya de la Torre mantiene vigencia y continuidad histórica, liberada de toda influencia, dependencia o sumisión a dictados y moldes clásicos de interpretación histórica extranjera.

Desde una perspectiva histórica y orientación indoamericana el aprismo nace y florece en el siglo XX como un movimiento de negación dialéctico-conceptual de aquellas corrientes políticas  importadoras de filosofías, ideologías y doctrinas foráneas, de métodos y programas políticos copiados de otras latitudes.

La obra, El Aprismo según Haya de la Torre (Filosofía, Ideología y Doctrina), ha sido elaborada principalmente sobre la base de las Obras Completas (7 Tomos) de Haya de la Torre; las obras Después de mi muerte…la victoria. 20 reportajes; Revolución sin balas. 15 discursos de Haya de la Torre; Haya de la Torre o el Político, de Luis Alberto Sánchez; Adónde van las ideas de Haya de la Torre, de Pablo Silva Villacorta; El APRA entre dos orillas. Ochenta años de Aprismo, de Hugo García Salvatecci; Haya por Haya. Apuntes para sus Memorias, de Guely Villanueva Díaz;

Asimismo utilizando las obras Víctor Raúl, El hombre del siglo XX, de Roy Soto Rivera; Haya de la Torre. Testimonios de vida y obra, de Alfonso Cueva Sevillano; Haya de la Torre, una vida ejemplar y ejemplarizadora, de Alberto Vera La Rosa; Víctor Raúl…toda la vida, de José Olaya Correa; Haciendo memoria, de Mochero Vásquez (Lucio Antonio Vásquez Sánchez); Haya de la Torre o la política como obra civilizadora, de Jorge Nieto Montesinos; Vida y obra de Víctor Raúl Haya de la Torre, de Juan Manuel Reveco del Villar, Hugo Vallenas, Rolando Pereda Torres y Rafael Romero Vásquez; Haya de la Torre y la revolución constructiva de las Américas, de Alberto Baeza Flores; y, Víctor Raúl Haya de la Torre. El Ser Humano y Víctor Raúl, Docencia y decencia, de Roque Benavides Ganoza y Mochero Vásquez.

La obra que está en vuestras manos, contiene tres capítulos. El primer capítulo desarrolla la investigación monográfica sobre “El Aprismo según Haya de la Torre”. Y el segundo capítulo, “Filosofía, Ideología y Doctrina del Aprismo”, escrito por Eudoro Terrones Negrete, comprende aspectos  básicos sobre la vida y obra de Víctor Raúl Haya de la Torre, precisiones conceptuales sobre el aprismo y su relevancia en lo filosófico, económico, social, político, educativo-cultural, y en materia de libertad de expresión,  humanismo integral, globalización, entre otros.

En la parte del Anexo se ha consignado dos aspectos importantes sobre cooperativismo escolar. En el Anexo 1 A, la fundamentación preliminar del proyecto de ley sobre enseñanza del cooperativismo y la organización de cooperativas escolares. Y en el Anexo 1 B el texto de la Ley N° 24535, Ley para fomentar y promover la organización de cooperativas escolares en el Perú y su Reglamento que regula el funcionamiento de éstas a partir de 1986.

El propósito de esta obra es contribuir a la comprensión y difusión de la filosofía, ideología y doctrina del aprismo,  promover el debate y la confrontación con otras corrientes políticas, generar la mayor toma de conciencia, definición y participación  política de simpatizantes, militantes y dirigentes en la tarea común de construir un Perú con libertad, pan, democracia  funcional y justicia social para todos y una mejor patria indoamericana, a la luz del pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre, que aún mantiene vigencia y continuidad histórica, liberada de toda influencia, dependencia o sumisión a dictados y moldes clásicos de interpretación extranjera.

El aprismo se origina, nutre y retroalimenta de la investigación científica de fenómenos sociales e históricos; de las recónditas fibras del sentimiento y de la conciencia popular; de la lucha política responsable, disciplinada, fraternal y con valores axiológicos;  del descubrimiento y la interpretación de la realidad de los pueblos; y del común objetivo de lucha frontal contra toda forma de dependencia, dominación, opresión e injusticia social.

Con el correr del tiempo el movimiento aprista reviste un carácter procesal y fecundo. Como proyecto histórico-social genera inagotables posibilidades de transformación y claro designio de gobierno de Frente Único de Clases y en aras de la democracia funcional, la libertad y la justicia social.

El aprismo representa una tesis política, una ideología y una doctrina completa, realista y original para el cambio permanente y responsable del Perú. En el aprismo caben todas las ideas, todos los pensamientos, todas las iniciativas, colaboraciones y propuestas de ciudadanos demócratas que desean elaborar y desarrollar un plan constructivo conjunto,  realista, renovador y con visión de futuro para el Perú.

El aprismo es la mejor opción política para forjar ciudadanía con igualdad de deberes y derechos; fomentar el liderazgo político y social con pensamiento estratégico, equidad, libertad y espíritu de justicia; promover la integración económica y política de los países latinoamericanos; asegurar la paz laboral, el orden interno, la seguridad ciudadana, la tranquilidad de las mayorías ciudadanas, el empleo con remuneración digna y justa, el pleno respeto a los derechos humanos, la erradicación de los privilegios y de la corrupción e inmoralidad en las esferas de los poderes del Estado y solucionar de manera progresiva e integral los problemas del Perú.

Las expresiones de Víctor Raúl Haya de la Torre nos liberan de mayores comentarios: “El aprismo, como doctrina política, supone fundamentalmente estos principios: defensa de la riqueza nacional, porque la riqueza de un pueblo es el respaldo de su soberanía; defensa que supone desarrollo y progreso nacional de esa riqueza, como base de la felicidad y bienestar del pueblo que debe conservarla e impulsarla para beneficio de su mejoramiento material y cultural. En segundo término: sobre la base de este concepto económico de la seguridad y el desarrollo nacionales, la organización del Estado, teniendo en cuenta al ciudadano como participante manual e intelectual en la producción de la riqueza, base de la economía, principio que responde al concepto de la Democracia Funcional. En estos dos grandes enunciados se basa todo el programa de acción política del aprismo”. (1)

Mi agradecimiento especial a Guely Villanueva Díaz, por el Prólogo de la obra. Villanueva Díaz es un reconocido escritor e investigador sociopolítico, ex embajador de Perú en Guatemala, autor de las obras Dinámica Aprista; Reportajes al APRA (dos volúmenes); Víctor Raúl. Semblanzas de una vida en el siglo; Poemas y canciones apristas; Voces de homenaje; Perfiles apristas; Víctor Raúl en Lambayeque. Historia social del APRA; Haya por Haya. Apuntes para sus Memorias; Osado peregrino, entre otros valiosos textos.

Mi agradecimiento especial a Hugo García Salvatecci, por el excelente Epílogo de la obra. García Salvatecci es ilustre profesor universitario, filósofo e investigador científico, autor de obras trascendentes, entre ellas, Sorel y Mariátegui (1979), Haya de la Torre y el Marxismo Indoamericano (1981), El Aprismo y la doctrina social de la Iglesia (1987), Vizcardo y Guzmán: precursor del ideal americanista (1987), Páginas Apristas (1991) y El APRA entre dos orillas. Ochenta años de Aprismo (2009).

Culminamos estas palabras introductorias con la recomendación de Haya de la Torre: “Hay que prepararse para el ejercicio del gobierno, si la misión del aprista es salvar la Patria de los que medran con ella”.

Lima, setiembre de 2021.