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Así fue Víctor Raúl Haya de la Torre

  ASÍ FUE VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE Víctor Raúl Haya de la Torre y el joven dirigente aprista Eudoro Terrones Negrete Escribe: Dr. Eudoro...

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domingo, 28 de noviembre de 2021

Así fue Víctor Raúl Haya de la Torre

 ASÍ FUE VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE


Víctor Raúl Haya de la Torre y el joven dirigente aprista Eudoro Terrones Negrete

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

Fuente: Artículo extraído de la obra "El Aprismo según Haya de la Torre. Filosofía, Ideología y Doctrina" (2021).

Conocí a Víctor Raúl, en Villa Mercedes, escenario éste de nutridas concentraciones de jóvenes apristas, un domingo de mayo de 1970, ante la vieja casona de una sola planta, una antigua mesa de cedro y la presencia de su inolvidable Tony.

Llegábamos a Villa Mercedes un grupo de dirigentes juveniles de diversos departamentos del país, y lo hacíamos entonando la canción: 

“Un domingo cualquiera, te espero en la casa de Víctor Raúl.

Compañeros y amigos, unidos cantamos con voz liberal.

Un domingo cualquiera te espero en la casa de Víctor Raúl.

Compañeros y amigos, unidos cantamos con voz liberal.

Si quieres ir a Vitarte, vamos en mi grupo… yo te llevaré.

Diez soles es el pasaje…que no es casi nada sólo pagarás.

Cinco soles de ida y cinco de vuelta sólo gastarás.

También tú comerás y el estómago te llenarás.

También tú comerás y el estómago te llenarás.

Reirás y cantarás como no lo puedes imaginar.

Un domingo cualquiera…te espero en la casa de Víctor Raúl.

Un domingo cualquiera…te espero en la casa de Víctor Raúl.

Un domingo cualquiera… te espero en la casa de Víctor Raúl.”


Pero también la canción “El globo rojo era ese amigo, a todas partes

iba con él…”:

“Era un niño muy bueno y solitario,

un amigo tenía nada más,

iban juntos por todos los lugares,

tenía la felicidad……..

siempre juntos en todos los momentos,

muy unidos se amaban de verdad,

tan felices tenían todo el día, no tenía nada más…..

Coro (1)

El globo rojo era ese amigo a todas partes iba con el

lo acompañaba hasta la escuela a la plaza también

(bis)

Pero un día llegaron otros niños

que no eran tan buenos como el

le robaron el globo y lo rompieron

que horrible fue lo que pasó

ya el globo despacio agonizaba

muy pronto el aire se escapó

y el niño llorando amargamente con pena triste se quedó.

Coro (2)

El globo rojo era su amigo

y estaba lejos solo como el

pero algo hermoso se acercaba

que iba suceder

vinieron todos los globos del mundo

y se llevaron al niño también

se lo llevaron al cielo volando con su amigo tal vez.

El globo rojo era su amigo, El globo rojo era su amigo, El globo rojo

era su amigo...”

Conocí a Víctor Raúl Haya de la Torre, el líder de multitudes, de estatura normal, de ojos penetrantes en el mirar, discreto en el vestir, generoso y amable con todos, de autoestima elevada y actitud dialogante con las personas de todas las edades y condiciones sociales.

Acaso por el brillo que despedían sus ojos, se decía que había nacido con el don de hipnotizar a las multitudes, los mismos que conjugaban muy bien con sus calidades de orador, maestro, politólogo y estadista. Irradiaba luz de sabiduría, nobleza de espíritu, afecto, confianza y bondad.

Víctor Raúl Haya de la Torre vivía metódicamente y con suma modestia. Dedicó su vida al servicio del pueblo. Y lo hizo con inteligencia, honestidad, sacrificio, dedicación y responsabilidad. Jamás obtuvo ventajas adjetivas de la política. Nunca aspiró a lograr algo para su beneficio personal, porque según sus palabras ha “querido abrir una nueva ruta al porvenir del país”.

Víctor Raúl Haya de la Torre era un personaje de amplia cultura, asiduo lector, poseía capacidad poco común para redactar cualquier escrito y en las que fustigaba al imperialismo, a las dictaduras, al centralismo como forma de gobierno, combatía a los impuestos directos que gravaban al pueblo, planteaba las estrategias y tácticas de lucha contra la explotación del campesino, el analfabetismo y la pobreza de las mayorías nacionales.

Víctor Raúl Haya de la Torre era afable y conversador. Gustaba compartir con sus compañeros, amigos e inclusive adversarios políticos sobre cualquier tema. Leía bastante y variedad de temas y de títulos, dormía poco, se acostaba tarde y se levantaba temprano.

Muy pocas personas lo superaban en capacidad de bondad, optimismo, sacrificio, desprendimiento, generosidad y espíritu de bien social. Jamás doblegó sus rodillas ante el temor y la adversidad, menos aún ante los dictadores y tiranos.

La autoridad del jefe y fundador del aprismo se notaba en todo tiempo, lugar y circunstancia, allí donde las condiciones fuesen más favorables o desfavorables. Orador extraordinario, líder inteligente y experimentado, seguro y audaz en sus decisiones y propuestas. Tenía predilección por dirigir a las juventudes con el ejemplo y la palabra. Poseía don de mando y mucha autoridad sobre los líderes y militantes del aprismo.

En sus tareas políticas de organización del Partido y de capacitación de dirigentes transcurría diariamente más de doce horas, sin perder el humor y la paciencia. Este tiempo lo usaba asimismo para transmitir a todos su vigor y contagiar su energía y optimismo, conciliar voluntades, avivar los espíritus hacia la acción revolucionaria y elevar a su más alto nivel todo el objetivo del programa aprista.

“Ya llegó el Jefe”, se oía decir en los pasillos de la Casa del Pueblo, en las primeras horas de la noche. Todos se acercaban presurosos hacia él, con la mano izquierda en alto, para expresarle el saludo fraternal “Bienvenido, compañero Jefe”…a la vez que coreaban las maquinitas “¡Víctor Raúl!, ¡Víctor Raúl!, ¡Víctor Raúl!”, “¡Contigo, hasta la muerte!, ¡Contigo hasta la muerte y después de la muerte!”… La juventud aprista entraba en acción y se disponía a escuchar las palabras del Gran Líder de la Juventud Indoamericana.

Víctor Raúl fue un pedagogo social entusiasta, de risa contagiosa, de cortesía refinada, de gran carisma, de amplia cultura y de agilidad dialéctica. Jamás arrió banderas ni flaqueó en sus sanos objetivos, fines y metas. Tenía por consigna ¡vencer o morir! Siempre permaneció resuelto a superar los problemas y dilemas de la vida mediante el diálogo democrático.

Siempre se mantuvo decidido a ganar la victoria, sin claudicar sus ideales ni hipotecar su conciencia al sistema opresor imperante. Hombre con capacidad de comunicación inigualable, de movilización y de tolerancia política. Utilizaba el mayor tiempo del día para meditar, leer, escribir, capacitar a militantes y dirigentes apristas y conducir constructivamente el Partido del Pueblo.

Los mejores compañeros de su vida fueron los mejores libros que alimentaban su alma, sensibilizaban su ser y enriquecían su bagaje cultural y político. No cabe duda alguna Víctor Raúl fue en vida un lector empedernido, un convicto y confeso devorador de libros clásicos o de los más o menos recientes.

Cuando hablaba colocaba sus manos entre el chaleco y se inclinaba a uno y otro lado en movimiento oscilatorio, manteniendo las respuestas a flor de labio.

En la Escuela de Dirigentes del Partido Aprista Peruano se comentaba mucho sobre la exitosa participación de Víctor Raúl en diferentes universidades nacionales y extranjeras. Y todo esto debido a que los medios de comunicación informaban que los estudiantes, maestros universitarios, investigadores sociales y trabajadores le tributaban grandes homenajes, aplausos prolongados y simpatías por su alta calidad humana, profesional, moral y liderazgo político.

Víctor Raúl expresaba su adhesión más decidida a quienes luchaban contra todo tipo de imperialismo, de divisionismo, de amenazas y discriminaciones, de dictaduras e injusticias sociales.

Para Víctor Raúl el pesimismo, la inercia, el conformismo, la apatía y la mediocridad eran crímenes imperdonables en el contexto de una sociedad de grandes avances científicos y tecnológicos.

Víctor Raúl cifraba sus esperanzas en una nueva generación revolucionaria, con convicciones y principios arraigados, con capacidad de afirmar energías tenaces para la gran transformación que los pueblos reclamaban desde el hondón de sus conciencias.

A Víctor Raúl le gustaba discutir ideas con ideas, no con insultos. Invocaba a la población a unirse “para lavar manchas, castigar culpables, defender la justicia, salvarnos del barbarismo capitalista yanqui”, porque pensaba firmemente en una América unida en el amor y con justicia social. 

En el acto de clausura del Primer Seminario Nacional de Capacitación} de Dirigentes Políticos responsables de la Defensa de la Democracia Social en el Perú e Indoamérica, realizado en Lima, en el mes de mayo de 1970 y al que tuve el honor de asistir, Víctor Raúl Haya de la Torre expresó a los líderes juveniles presentes su máximo anhelo por una América unida, grande, digna, libre y justa. Respecto al Perú, Víctor Raúl invocó a los líderes juveniles a seguir luchando por un Estado Antimperialista y un Estado docente, defensor de las mayorías de la Nación. Les instó a seguir luchando sin pausa por una democracia funcional, por el equilibrio moral de derechos y deberes para todos los peruanos, por el rescate para la civilización de nuestra gran raza indígena, por el control nacional de la producción y la distribución de la riqueza, por un Perú en que fuera posible que el hombre piense o hable, sin las mordazas que limitan la expresión de sus conciencias.

En su mensaje de clausura del referido seminario nacional Víctor Raúl recordó que los apristas sólo responden y deben responder al mandato del pueblo, precisamente porque al tener un origen peruano, una ideología, con programa de gobierno propio y un origen indoamericano, popular, criollo y mestizo, no son súbditos ni colonia de ningún partido político extranjero, ni los financia nadie desde los Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Rusia, China y Japón.

Convocó a la juventud a formar el Gran Frente Único de la Justicia, sin burocratizarse, sin entregar la causa de los pueblos al snobismo demagógico o al snobismo extranjero y sin contagiarse de la conciencia feudal menos aún de la conciencia colonial.

Víctor Raúl reclamó a la juventud, insistentemente, sobre la necesidad de acumular mucha cultura efectiva, mucha ciencia, mucha técnica, mucha conciencia geográfica, conciencia histórica, conciencia política, conciencia cultural y conciencia ecológica. Instruyó a los militantes y dirigentes apristas a mantener al tope la moral, el espíritu de superación profesional: “Teniendo al libro útil como el mejor compañero de sus días, y al Aprismo santo y mártir como el supremo ideal de vida”.

En uno de los pasajes de su conferencia magistral sobre el aprismo manifestó que los verdaderos apristas tenían el deber de luchar contra los políticos burgueses, los gobiernos de facto, los calumniadores profesionales, la clase dominante y opresora, los tiranos impúdicos, los distorsionadores de la verdadera historia de los pueblos y los traficantes del patriotismo.

Víctor Raúl, en opinión del maestro Luis Alberto Sánchez, “nunca conoció el valor del dinero. Los honorarios que recibía de sus libros y colaboraciones, los distribuía de inmediato entre compañeros necesitados y en su gran hobby, los comedores del pueblo y mantener permanente diálogo con la juventud” (En 7 días, Lima, 1970).

A Víctor Raúl no se le veía nunca triste. Dominaba el violín y el piano, gustaba practicar deporte, caminar, nadar, montar a caballo y conversar sobre temas sociales, educativos, culturales, ecológicos, científicos y tecnológicos.

Alberto Vera La Rosa (2), dijo de Víctor Raúl: “Frente a la realidad dolorosa de nuestro país, entendió y practicó la política como un medio para alcanzar democráticamente el poder y, desde él, erradicar injusticias construyendo una sociedad de hombres libres, creadora y dinámica, respetuosa de los derechos humanos y del ordenamiento legal. Haya de la Torre ejercitó la política docentemente, con sentido de apostolado, sin escarceos demagógicos, enseñando que cuando se la practica asépticamente, en el ámbito de las luchas populares, no es faena de mercaderes. Por eso se desposó con su partido y también se desposó con la pobreza. Por eso quemó todo aquello que lo ataba a la mundanidad: dinero, hogar, familia, bienes y concupiscencias”.

Víctor Raúl hombre multifacético, líder con gran autoridad y riqueza cultural, espiritual y moral, dominaba los idiomas español, inglés, francés, italiano y alemán, este último idioma lo escribía tan bien como hablaba.

Antenor Orrego, filósofo aprista y ex rector de la Universidad Nacional de Trujillo, en un artículo titulado “Haya: encarnación de la autoridad”, escrito el 21 de febrero de 1958, expresó: “¿Cuál es el rasgo distintivo y característico que mejor precisa la fuerte personalidad y la acción del jefe del aprismo? ¿Cuál es ese foco centralizador que aglutina alrededor de sí todas las otras cualidades de su espíritu? ¿Por qué la palabra y el pensamiento de Haya despliegan tanta eficacia operante en la conciencia más avanzada del país? ¿Por qué la juventud y las grandes masas sienten en este hombre el guía político por excelencia de una nueva época que adviene? ¿Por qué a través de un lapso tan prolongado, sus admoniciones conservan la plenitud de su vigencia creadora, sin haberlas menguado la inextricable complejidad de los acontecimientos que se han producido en el Perú? Yo respondo a todas estas interrogaciones con una sola palabra, que da una respuesta plural y sintética a la vez: autoridad. Es la palabra que en el caso de Haya asume la múltiple dimensión de su significado espiritual y moral. La ha asumido y realizado a lo largo de treinta años de enseñanza y apostolado sin tregua. A través de una vida entera que se ha desplegado como oriflama de heroísmo y de persistencia infatigable en su faena, hasta convertirse en una total ejemplaridad personal”.

Y a renglón seguido continúa: “En un país en que se ha falsificado sistemáticamente la autoridad por el fraude, por la figuración social, por el dinero, por el humano bombástico de la prensa, era preciso que apareciera una poderosa personalidad con efectiva y auténtica autoridad. En un país en que la autoridad fue siempre autoritarismo, en una patria en que los hombres carecieron de esta valoración directiva, hubo de producirse un hombre que por su sola virtualidad humana, sin puestos oficiales, sin cuenta bancaria, sin figuración y sin fraude, encarnase el supremo magisterio moral, la máxima autoridad política de la Nación. Porque no ha habido caso que ningún pueblo pueda salvarse, es decir, construirse hacia el porvenir, forjarse una gran patria futura sin autoridad verdadera, sin un equipo selecto de autoridades auténticas. Y este ha sido el anhelo y la faena central de Haya de la Torre: el surgimiento de autoridades genuinas y verdaderas en todos los grupos políticos, en todas las agrupaciones de opinión que deben asumir la forja y la dirección de nuestra democracia. Porque las autoridades fraudulentas en cualquier orden de actividad: en el gobierno, en la política, en la literatura, en el arte, en el pensamiento, surgen del caos, medran en el caos, y continúan en el caos”.

Finalmente, subraya Antenor Orrego (3): “En el Perú, sin duda alguna, ha habido hombres inteligentes, hombres sabios y hombres honestos, pero no ha habido muchos hombres con autoridad moral en su múltiple dimensión creadora, salvo, entre otros, el caso de González Prada. Con esa autoridad que no se rinde ante el halago, ni ante el soborno, ni ante la amenaza, ni ante el terror, ni ante la calumnia, ni ante la muerte. Esa autoridad que es autoridad, solamente porque tiene una misión impersonal que cumplir. Solamente porque es la encarnación de las fuerzas vitales de un pueblo que son sus fuerzas de liberación histórica”.

VIDA Y OBRA D

jueves, 25 de noviembre de 2021

Comentario de la obra PERFIL Y ÉTICA DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO UNIVERSITARIO

COMENTARIO DE LA OBRA 

PERFIL Y ÉTICA DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO UNIVERSITARIO

Autor de la obra: Dr. Eudoro Terrones Negrete




 PRÓLOGO

Dr. LUIS RODRÍGUEZ DE LOS RÍOS

Rector de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle


 

Por nuevos que sean, así, los avances científicos y tecnológicos,

                                                             y sean también nuevos los horizontes que ellos abran, tendrán

                                                           que regirse siempre por el más universal imperativo ético: cuidar

                                                               la “humanidad” misma del hombre, su humanitas: su libertad y

                                                        su dignidad. Julián Gonzáles: Valores éticos de la ciencia.

 

He tenido el agrado de leer el trabajo del distinguido profesor y amigo Eudoro Terrones Negrete titulado Perfil y ética del investigador científico universitario, título oportuno y necesario en las circunstancias actuales del proceso de licenciamiento y luego acreditación de las universidades peruanas. El impulso y fortalecimiento de las investigaciones básicas y principalmente aplicadas y tecnológicas requieren ideas y propuestas que permitan su adecuada institucionalización.

La obra está dividida en cuatro partes: la primera es una visión panorámica de la investigación universitaria con la inclusión de autores peruanos y sus aportes en los diferentes campos del saber; la segunda parte hace énfasis en la importancia de la investigación científica universitaria donde destacan sus características y tipología; en la tercera parte formula sus planteamientos acerca del perfil del investigador científico universitario, finalmente en la última parte plantea la ética del investigador universitario. Cada una de las partes y en conjunto conforma una visión sobre lo que ha sido la investigación universitaria y lo que se espera de ella en el futuro.

Vivimos una etapa de impulso y desarrollo universitario que entre sus múltiples facetas resalta su explosivo crecimiento, que paradójicamente no ha impulsado la investigación congruente con este crecimiento. Hecho que se debe a múltiples factores entre los que destacan el financiamiento en laboratorios y talleres para las prácticas, el desarrollo de perfiles de proyectos dentro de líneas de investigación para hacer posible la competición a nivel internacional y el lento crecimiento de patentes de investigaciones tecnológicas y, finalmente, congruente con todo lo anterior la escasez de investigadores con amplia experiencia tanto en ciencia básica como en tecnologías donde la ética juega un papel decisivo.

Una apreciación del panorama general de las investigaciones permite destacar el incremento de las investigaciones en humanidades y ciencias sociales, pero un lento crecimiento de las investigaciones en física, química, biología, medioambiente, etc. y sus correspondientes investigaciones tecnológicas. Este es una tarea pendiente que las universidades peruanas deben resolver en el mediano plazo.

La ética de la investigación científica y tecnológica ocupa actualmente un lugar relevante por razones valederas: en primer lugar, la defensa de la verdad es un valor decisivo para la armonía social, en segundo lugar, la defensa de los ecosistemas y los derechos humanos es un componente central del desarrollo sostenible y en tercer lugar, de manera especial y enfática, no existe justicia sin verdad.

El libro de mi distinguido amigo Eudoro Terrones es un manojo de ideas que permite pesar y discutir problemas de investigación en los diferentes campos y la docencia universitaria. Le auguro los mejores éxitos puesto que hay motivos más que suficientes para que los lectores se interesen por los importantes temas que aborda.

Lima, enero del 2020.

Dr. LUIS RODRÍGUEZ DE LOS RÍOS

Rector de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle

 

 

PRESENTACIÓN

Florentino Mayurí Molina[1]

Presidente fundador de la Academia Iberoamericana de Doctores en Educación-AIBDE-Perú, Profesor principal y Director del Instituto de la Calidad Educativa de la Universidad San Martín de Porres.

 

Me complace de manera especial, presentar el producto de un acucioso trabajo académico expuesto en esta obra titulada Perfil y Ética del Investigador Científico Universitario, cuyo autor es el destacado académico, docente universitario e investigador Dr. Eudoro Terrones Negrete, miembro activo de la Academia Iberoamericana de Doctores en Educación.

En este trabajo intelectual, a decir del  propio autor, se destaca la importancia de abordar contenidos exhaustivamente elaborados sobre el perfil multidimensional del investigador científico universitario, una introducción a los paradigmas en su aspecto teórico – conceptual, taxonómico y analógico, y enfatiza sobre la necesidad de la filosofía moral en el quehacer del investigador científico.

La obra ha sido estructurada en cuatro partes relevantes, debidamente concatenadas y coherentes.

Más allá de estas líneas  introductorias, considero también de vital  importancia el aporte que nos brinda el Dr. Eudoro Terrores Negrete con la experiencia ganada en la enseñanza universitaria, comprendiendo la necesidad de motivarnos a seguir profundizando los conocimientos relacionados con el papel del investigador científico universitario y los decálogos del investigador científico.

En esta era del conocimiento y con las bondades extraordinarias del Internet, las comunidades universitarias se mueven vertiginosamente en redes académicas y estas nuevas circunstancias nos retan a profundizar la investigación científica en las universidades para contribuir con el crecimiento, el desarrollo y el progreso de los países y mejorar la calidad de vida de las personas.

Luego de haber revisado con detenimiento y especial interés el contenido de cada una de las páginas de esta obra me permito sugerir su lectura a los docentes, estudiantes, egresados, graduados y público en general, con la seguridad y esperanza de abrir nuevos caminos y contribuir de manera significativa en la construcción de la cultura de la investigación científica fundamentalmente en el Perú, América Latina y el Caribe.

 

Lima, enero del 2020.

Dr. Florentino Mayurí Molina 

 

 

PALABRAS DEL AUTOR

Dr. Eudoro Terrones Negrete

 

La investigación científica es la función principal de la universidad; constituye la actividad intelectual fundamental para la enseñanza, la extensión universitaria y proyección social, orientada a generar nuevos conocimientos, nuevas leyes y nuevas teorías, a emplear creativamente los existentes y a solucionar  problemas en los diversos campos del saber humano.

En la era de la sociedad global el profesor universitario ya no es el transmisor tradicional de conocimientos, métodos y técnicas de investigación o de teorías descubiertas en siglos pasados. Ahora es el orientador del proceso enseñanza-aprendizaje, el motivador de buenas prácticas en la investigación, el generador de nuevos espacios para la reflexión constructiva y el acopio de información relevante que permita la formación de profesionales con calidad académica, creatividad y pensamiento crítico, a la luz de los valores éticos y los nuevos paradigmas científicos.

Desde que el ser humano se agrupó en sociedades tuvo necesidad de contar con normas, disposiciones, reglas, principios, valores morales, deberes y derechos con el fin de regular su conducta, asegurar el buen vivir en unión y paz comunitaria. Es así como surgieron y se desarrollaron las nuevas ramas de la Filosofía: la Axiología, la Ética, la Deontología y la Bioética.

Los hombres de todos los tiempos, todos y cada uno de los hombres, por poco o nada filósofos que sean, tienen que conducirse éticamente, tienen que dar un sentido ético y una valoración a su existencia y, para ello, proyectar primero lo que van a hacer y realizarlo a continuación, elegir entre varias posibilidades, ejecutar unos actos y abstenerse de otros, tomar decisiones y adquirir hábitos, asumir o modificar actitudes, hacer cosas y, al par, ir haciendo su propia vida y haciéndose a sí mismos... En suma, el hombre, todo hombre, como veremos luego con mayor rigor, es siempre, es inevitablemente moral, en el sentido primario de esta palabra. Es el responsable de su vida, puesto que la hace y haciéndola responde con ella y de ella. El hombre se hace a sí mismo, a lo largo de su vida y la humanidad a lo largo de su historia. Este sentido, individual y social, histórico siempre, es el primario de la palabra “moral”: moral vivida, moral que no consiste en theoría, sino en la praxis del hacerse (agere) a sí mismo a través del hacer (facere) cosas.[2]

Para vivir bien es necesario saber elegir bien. Elegir bien es procurarse todo aquello que es adecuado, correcto, bueno, honesto, digno y justo. La vida es un afanarse constantemente por querer ser de una manera correcta, con clara conciencia de la auténtica responsabilidad social, política, jurídica y ética, conciencia plena de las potencialidades y posibilidades de llegar a ser, para poner en práctica el deber ser y el deber hacer bien las cosas, con el fin de alcanzar lo que uno se propone ser.

Así como la planta sólo crece vigorosa cuando hunde fuertemente sus raíces en la tierra, así también el hombre y el investigador científico sólo crecen moralmente cuando impregnan de sentido ético y sentido social su conducta cotidiana. La vida humana es base, no cúspide, la base de la vida humana son los bienes morales o bienes espirituales, fundamentalmente, y no sólo los bienes materiales y bienes económicos.

La sociedad en que vivimos atraviesa por una crisis de valores, cuya máxima expresión es la corrupción y la inmoralidad que se manifiesta en personas, organizaciones sociales, empresas públicas, poderes del Estado, partidos políticos  e inclusive en algunos investigadores científicos.

A la pregunta de si ¿existe un problema moral característico de nuestro tiempo? Erick Fromm respondió en su obra Ética y psicoanálisis (1947) que nuestro problema moral es la “indiferencia del hombre consigo mismo” y lo explica así: “El problema radica en el hecho de que hemos perdido el sentido del significado y de la individualidad del hombre, que hemos hecho de nosotros mismos los instrumentos de propósitos ajenos a nosotros, que nos experimentamos y nos tratamos como mercancías y que nuestros propios poderes se han evadido de nosotros. Nos hemos transformado en objetos y nuestros prójimos también se han transformado en objetos (...) Dado que no confiamos en nuestro propio poder, no tenemos fe en el hombre, fe en nosotros o en aquello que nuestros propios poderes pueden crear (...) Deambulamos en la oscuridad y conservamos nuestro valor porque oímos que los demás silban como nosotros”.

Nosotros diríamos que la crisis de valores, acumulada a través del tiempo y aún no superada, es producto de la fetichización de la economía, el lavado de dinero, la manipulación genética, la carrera armamentista, la cultura de la muerte, la guerra mediática, los monopolios y oligopolios, la lógica pura del mercado,  los intereses de grupos económicos y políticos, el contrabando, la impunidad a casos de corrupción, la inmunidad parlamentaria mal usada, las “coimisiones” por contratos de obras públicas y privadas, entre otros, que responden a la filosofía política del “capitalismo salvaje”.

La crisis de valores es también el producto de la filosofía política del “capitalismo salvaje”: se olvida que la vida, la dignidad y la libertad son valores supremos de todo ser humano; la alteridad del ser es sustituida por la alteridad del tener; más vale la persona o el profesional que dispone de dinero, sin importar cómo lo gana, de dónde lo obtuvo y en qué lo invierte.

Esta lamentable situación no hace más que ensanchar y consolidar la brecha de orden socio-digital (inforricos e infopobres), la brecha entre ricos y pobres, la explotación del hombre por el hombre y del hombre por el Estado, acentuándose la desigualdad, la pobreza crítica, la exclusión e injusticia social.

El quehacer de la investigación científica, no escapa a la contaminación por el virus de la antiética, en unos países más que en otros y según la calidad de educación recibida por sus profesionales e investigadores.

Gerardo Hanlon afirma al respecto: “Ninguna investigación es moralmente neutral o desligada de implicaciones axiológicas. En el mundo de hoy ninguna persona, político, científico, artista, puede trabajar aisladamente, sin tener en cuenta las repercusiones de sus investigaciones y descubrimientos. En nuestra  ´aldea global´ todo lo que hacemos afecta a los demás, la vida humana y el planeta”.[3]

Como producto de esta contaminación de antivalores se puede constatar en diferentes escenarios la existencia de investigadores científicos universitarios carentes de principios y valores éticos, que por el prurito de hacer dinero fácil recurren al sensacionalismo, a las medias verdades, a la ausencia de objetividad, a la ocultación interesada y deliberada de resultados, al chantaje, al soborno, a la injerencia desmedida e incontrolada en la vida privada de las personas, al favoritismo, a la parcialidad manifiesta, a la revelación del secreto profesional, a conflictos de intereses y a pactos secretos con manifiesta intención de hacer daño a personas, empresas, instituciones, hombres de Estado, entre otros.

Coincidimos con las expresiones de Rushworth Kidder, fundador y presidente del Instituto para la Ética Global, cuando afirma: “No sobreviviremos en el siglo XXI con la ética del siglo XX. ¿Por qué lo digo? Hace algunos años, en 1989, me encontré una mañana de lunes, en marzo, a poca distancia de la pared del Reactor N° 4 de la planta nuclear de Chernobyl, en la Unión soviética...La precipitación radiactiva del desastre había sido detectada en todos los países del mundo capaces de detectar la radiactividad atmosférica. La explosión y sus efectos posteriores mataron a miles de ciudadanos soviéticos. ¿Por qué ocurrió? Esa noche (del desastre), en 1986, había dos ingenieros eléctricos a cargo de la sala de control. Tal vez la manera más caritativa de decirlo es que estaban “jugando” con los reactores. Querían saber qué ocurriría si realizaban un experimento no autorizado. De acuerdo con los informes soviéticos, estaban tratando de ver por cuanto tiempo la turbina seguirá andando por su propio impulso si cortaban la energía. Para cortar la energía, tuvieron que apagar el reactor. Para lograrlo, evadieron manualmente seis sistemas separados de alarma manejados por computadora. Cada uno de esos sistemas debería reaccionar diciendo: “Paren. No lo hagan. Es terriblemente peligroso”. Pero en lugar de cancelar sus experimentos, cancelaron las alarmas. Obviamente eran personas brillantes. Los trabajos de Chernobyl son del más alto nivel. Ellos sabían lo que hacían. Si el conocimiento fuera lo único importante, lo habrían estado haciendo bien. ¿Entonces, qué estuvo mal? A mí me parece que antes que ellos hubieran podido sobrepasar cualquier sistema de alarma computarizada, debería haber habido una barrera ética. Ellos no podían ignorar las consecuencias posibles de lo que estaban haciendo. Lo que hizo estallar Chernobyl[4] no fue una falta de conocimiento. Fue la falta de ética”.

Frente a esta lamentable realidad nuestra época exige un replanteo y una redefinición axiológica. La niñez y la juventud se resisten a crecer y vivir en una sociedad que crea culpa, que produce malos ejemplos, que genera actos de impunidad e inmunidad en amplios sectores de la población.

Somos conscientes que son los valores éticos los que, -concordantes con la misión educativa y humanista del investigador científico-, iluminan y enriquecen las posibilidades de desarrollo de trabajos de investigación científica en armonía con el interés social, premunidos de veracidad, objetividad, responsabilidad, solidaridad social, honestidad intelectual, fidelidad a la palabra empeñada, transparencia, independencia de criterio, imparcialidad, respeto a los pactos y contratos suscritos y la vida privada de las personas, la tolerancia a las ideas y creencias ajenas, y el sentido de justicia conmutativa, distributiva y social.

Mientras que para unos la ética poco sirve o no sirve para nada en la investigación científica por carecer de fundamentos objetivos y basarse en cuestiones subjetivo-costumbristas de la época; para otros, como para el autor de la presente obra, la ética reviste relevante y trascendental importancia, toda vez que sirve para: a) Normar, regular y perfeccionar el comportamiento moral del investigador en aras del interés social; b) Crear conciencia de cooperación, responsabilidad y solidaridad social, de respeto a la dignidad, a la vida privada, a los derechos y a las libertades fundamentales de la persona humana; c) Prevenir y solucionar conflictos de interés, dilemas éticos, deudas éticas, déficits éticos y problemas éticos; d) Mejorar la calidad de los proyectos y trabajos de investigación en armonía con la necesidad de crecimiento, desarrollo y progreso de los pueblos y naciones del mundo; e) Proteger, defender y dignificar el quehacer científico universitario de críticas malintencionadas, injustificadas y sin fundamento; f) Garantizar el ejercicio normal y sin problemas, de la libertad académica, libertad de investigación, libertad de expresión, opinión y difusión de la producción científica universitaria.

Pensando en la necesidad de contribuir con el análisis académico y dar respuesta a la crisis de valores en el ámbito de la investigación científica, escribimos esta obra, que tiene por objetivos los siguientes:

a.    Explicar el significado de perfil y de ética del investigador científico universitario.

b.    Conceptualizar la filosofía de la ciencia en un mundo cambiante  y de la ética científica;

c.    Reflexionar sobre aspectos relevantes de la ética en la investigación científica: el investigador ético, principios y valores, prohibiciones, criterios, fundamentos, faltas y problemas éticos;

d.   Abordar los fundamentos  jurídicos y éticos de la investigación clínica y los temas y principios que guían el comportamiento bioético;

e.    Explicar la importancia y trascendencia del  Código de ética en la investigación científica;

f.     Formular conclusiones básicas sobre la ética en la investigación científica.

La obra Perfil y Ética del Investigador Científico Universitario contiene cuatro partes: I. Introducción a la investigación científica universitaria en el Perú, II. El investigador científico universitario, III. El perfil del investigador científico universitario, IV. La ética del investigador científico universitario; finalmente, las conclusiones básicas y la bibliografía.

 

Lima, enero del 2020.

Dr. Eudoro Terrones Negrete

 



[1] Presidente fundador de la Academia Iberoamericana de Doctores en Educación-AIBDE-Perú, Profesor principal y Director del Instituto de la Calidad Educativa de la Universidad San Martín de Porres.

[2] Enciclopedia Metódica Larousse. Volumen 4, Ediciones Larousse, S.A., México, 1964, p.208.

[3] Hanlon, Gerardo. El libro de la Ética. Valores para una vida plena. Centro de Estudios y Publicaciones (CEP), Lima-Perú, junio 1996, p.122.

[4] Después de la explosión del reactor nuclear en Chernobyl (1987) los estudiosos, filósofos y científicos de la Universidad de Marburgo en Alemania, debatieron sobre la moralidad del uso de la energía nuclear. Llegaron a la conclusión de que “no se puede recomendar responsablemente el uso de la tecnología atómica en el futuro”. Notemos que su argumento se fundamenta en el concepto de la “responsabilidad”. Gerardo Hanlon, El libro de la Ética. Valores para una vida plena. Centro de Estudios y Publicaciones (CEP), Lima-Perú, junio 1996, p.122.



Comentario de la obra "PERIODISMO ÉTICO Y DEONTOLÓGICO"

 

COMENTARIO DE LA OBRA 

“PERIODISMO ÉTICO Y DEONTOLÓGICO”

Autor de la obra: Eudoro Terrones Negrete


 

PRÓLOGO


Manuel Jesús Orbegozo[1]

 

Manuel Jesús Orbegozo Foto: ANDINA/Archivo.

 

Acaso la ética, como norma de vida social antes que como categoría filosófica, se encuentra entre los valores más cuestionados en estos días de crisis moral en que se debate el hombre en todos los ámbitos de la tierra.

No es éste un mal del siglo XX, pero sí cuando está agonizando este siglo es cuando más se nota el olvido o el atropello a los principios más elementales de la ética, en general. Acaso, porque el sistema de comunicación entre los hombres ha alcanzado niveles que antes nunca fueron ni soñados es que nos apercibimos más fácilmente de tales violaciones sea en países en desarrollo o desarrollados. Aquí, nadie puede tirar la primera piedra.

En todas las funciones protagonizadas por el hombre siempre hubo descalabros en ese sentido. Pero, tales infracciones eran la excepción que confirmaba la regla. Ahora, no es así. Ahora, sucede lo contrario: los hombres éticos son la excepción.

Especialmente, en el ejercicio de la profesión cada vez más importante de la comunicación social o, de manera más específica, del periodismo, es cuándo y dónde se enseñorea lo antiético.

Esta no es la oportunidad para incluir ejemplos concretos sobre la falta de ética con que actúan algunos periodistas en el Perú y el mundo, pero cualesquiera personas pueden corroborar este aserto. Cotidianamente, se comprueba de manera fehaciente que se inflan las noticias, se recortan los hechos por voluntad malévola, se especula irresponsablemente sobre los acontecimientos, se mella la honorabilidad de personajes cualesquiera que sean su nivel social, económico o cultural; se manipula, se miente, se exagera, en fin, se cometen toda clase de faltas contra la ética, o más específicamente, contra la deontología periodística. Los infractores creen saberlo y conocerlo, pero no lo practican. Muchos se escudan detrás de la libertad de prensa o expresión para cometer sus fechorías. Alegan derechos, pero muy pocas veces, deberes u obligaciones.

El problema, lógicamente, es muy complejo. Tiene muchas aristas, porque, por ejemplo, en lo que al periodismo se refiere, todos sabemos que las faltas de comportamiento no les atañen sólo a los periodistas, sino también a los dueños de los medios donde se desempeñan. Este no es descubrimiento. Cossío afirmaba que desde cuando el periodismo o la prensa, como se denominaba antes, se convirtió en un negocio a veces infame, aquel o aquella se convirtió en un mercenarismo puro.

El problema tiene pues muchos meandros.

De lo que se trataría aquí solamente es de tocar lo que corresponde a la ética profesional, es decir, a procurar que los comunicadores sociales cumplan con su rol de la manera más correcta posible.

Este es un problema que preocupa constantemente a los especialistas, a los interesados en la problemática de la ética y la mora de los periodistas de la prensa, radio o televisión, desde cuando a fines del siglo pasado, los norteamericanos en especial, empezaron a romper las amarras de la honestidad y responsabilidad profesionales, tanto que inventaron el llamado “periodismo amarillo” de tan nefastas consecuencias sociales. Desde entonces, hay una honda preocupación por tratar de encontrar el remedio para enderezar lo que cada vez se tuerce más.

Esta preocupación ha hecho que el profesor periodista Eudoro Terrones Negrete, vuelva a tocar el tema en un nuevo libro llamado justamente Periodismo Ético y Deontológico.

Considero de suma importancia este nuevo aporte suyo no solamente porque toca un tema que resulta lacerante y negativo para nuestra sociedad sino cuando la falta de ética periodística se ha convertido aquí, en una cosa común y corriente, y creciente, que es lo peor.

No es ésta una acusación de forma ni de fondo sino la afirmación de algo que es conocido no sólo por los periodistas que se acogen a las normas deontológicas, sino por quienes son ajenos a la profesión.

Baste, nomás, observar todas las mañanas, la gran cantidad de periódicos que cuelgan en los puestos de venta extendidos en toda la ciudad, para observar la miasma periodística a la que Terrones Negrete se refiere en este su nuevo libro, mostrándola con todos sus pelos y señales.

Periodismo Ético y Deontológico viene, pues, a sumarse a otros libros suyos y de otros autores, que se ocupan del problema, aunque escrito el de ahora, de manera muy didáctica, como si estuviera dirigida sólo a estudiantes. Considero que esto es resaltante porque es a ellos a quienes los profesores de periodismo debemos enfilar nuestras enseñanzas para inculcarles la obligación de cumplir aunque sea con las normas más elementales que reglan la profesión.

El libro contiene dos capítulos, cada uno de los cuales está desarrollado de forma divulgativa muy didáctica. Decía que la obra está aparentemente dirigida a los estudiantes de periodismo, pero considero que también, dirigida a los profesionales, en especial, a los que consciente o inconscientemente nos hacemos los suecos y hacemos caso omiso de las normas que deben regir rigurosamente nuestro trabajo.

Veo que Terrones Negrete, entre otros temas, toca dos muy importantes correspondientes al problema profesional, el de la verdad y el de la veracidad periodísticas. Considero que es fundamental distinguir cada vez con mayor claridad la diferencia que existe entre una y otra categoría. Soy de los que coincido con el profesor Francisco Vásquez Fernández,- por supuesto que luego de cerner apreciaciones de Santo Tomás, Bentham, Russell, Fromm, etc.- en creer que lo contrario de verdad es error y lo contrario de veracidad es mentira. Esto porque la verdad es un valor que debemos buscarlos aunque es considerada inefable, mientras que lo veraz es más objetivo, más asequible a nuestros sentidos y más humanamente comprobable. La mentira o mendacidad, es decir, lo contrario a veracidad, y no lo contrario a verdad, “es una traición social porque contradice a los principios éticos más esenciales”, dice Luis Lavalle. Y Umberto Eco afirma que “la diferencia entre la “inteligencia artificial” de la computadora y la inteligencia humana consiste en que, la primera no es humana al cometer errores, mientras la condición humana está esencialmente medida por una insoslayable tendencia a cometer errores”, es decir, a faltar a la verdad.

En definitiva, “sólo le es dado al hombre ser veraz o ser mendaz como capacidad ética, consciente y deliberada, mientras que la verdad es un eterno tema metafísico, siempre discutible y discutido por todas las filosofías”, dice Vásquez Fernández.

El profesor Terrones Negrete ha realizado una magnífica compilación de propuestas de maestros universalmente conocidos para darle más valor a su trabajo, aunque todo sea tocando tangencialmente porque creo que su libro, tampoco es un tratado.

La última parte de Periodismo Ético y Deontológico contiene importantes códigos deontológicos de la prensa nacional e internacional e inserta los códigos o decálogos que funcionan bajo las etiquetas de sus autores como el correspondiente al Premio Nobel, Camino José Cela, entre otros.

En suma, una vez más, me permito alabar la inquietud didáctica de Terrones Negrete, justamente, cuando es clamorosa la falta de ética con la que están trabajando muchos periodistas en nuestro país. Tanto en la prensa, como en la radio y la televisión, al lado de un grupo de extraordinarios como honestos profesionales, desarrollan una labor miserable otro grupo de periodistas totalmente antiéticos. El insigne maestro, Alfredo Vignolo Maldonado, afirma que el periodista es el comunicador social más auténtico precisamente por todos los medios que emplea…y porque la habilidad de su palabra puede cambiar en favor o en contra, en bien o en mal, el sentido y la realidad de los acontecimientos, un problema absolutamente ético, como se observará, una cuestión de absoluta responsabilidad moral.

El libro Periodismo Ético y Deontológico, aparece muy oportunamente, porque en ningún momento podría ser más útil que ahora, cuando, repito, la ética profesional, la deontología periodística, continúa por las patas de los caballos.

Lima, octubre de 1998.

MANUEL JESÚS ORBEGOZO.

 

 

INTRODUCCIÓN



Eudoro Terrones Negrete


El mundo de hoy atraviesa por una aguda crisis. Al desarrollo científico y tecnológico se contrapone el resquebrajamiento de los principios y valores éticos en la sociedad, que originan una serie de problemas y delitos sociales expresados fundamentalmente en los sectores de la economía, la política, la educación y la comunicación.

La crisis moral de la sociedad se debe en gran parte al deterioro de la escala de los valores a nivel de gobernantes y de gobernados, expresados en actos de corrupción y de inmoralidad, en el faltamiento a la verdad, en acusaciones o denuncias públicas lanzadas sin pruebas, en el irrespeto a la dignidad de las personas, en la manipulación de conciencias, en el recorte de los derechos humanos, en las interrupciones periódicas del orden constitucional para amparar el abuso del poder y en la realización de procesos electorales nada limpios y legítimos.

Todo ello no hace más que minar el orden jurídico del país, frustrar las esperanzas y expectativas de los profesionales y del hombre común y corriente, así como también obstaculizar la pacífica convivencia política y social que requieren los pueblos para alcanzar su crecimiento, desarrollo y progreso.

El periodismo no escapa a esta crisis moral e histórica. La ética del periodismo empieza a ser un tema de discusión, análisis y debate públicos, que concita la atención y remueve la conciencia ciudadana. Ahora se discute con mayor énfasis sobre el comportamiento de los periodistas y la influencia de los medios de comunicación social. Se analiza el pro y el contra de las libertades de expresión, de prensa y de empresa, el rol del autocontrol informativo, el papel que juegan las asociaciones, federaciones y colegios de periodistas en el desarrollo educativo-cultural de la población, las bondades y los peligros de la sociedad informatizada, de la globalización de la información y la incorporación de tecnología sofisticada a nivel de medios de comunicación social.

La vida del periodista, como la de cualquier ciudadano, requiere de la vigencia de normas o de principios, a las cuales ajustar su conducta para cumplir mejor la función profesional. Normas que pueden ser sociales, religiosas, políticas, jurídicas y morales, siendo estas últimas las que rigen la conducta del periodista, y que lo permiten distinguir el bien del mal, lo bueno de lo malo, lo digno de lo indigno, lo verdadero de lo falso, para alcanzar una vida personal y profesional con bienestar y felicidad.

La moral es el cartabón que mide el bien y el mal. Hombres virtuosos, sociedades progresistas. El periodista sin principios morales, es como una pluma que se lo lleva el viento, sin que haya quien lo recoja. El viento que sople lo llevará fácilmente a uno u otro lado. Un periodista por muy capaz y experimentado que sea dentro de su profesión, pero carente de sentido ético y sentido social muy poco podrá contribuir a consolidar la democracia. Antes bien, los mass media y el país se verán desprestigiados por sus actitudes e ideas. Pero también la ciencia desprovista de moral, conduce a la mecanización del hombre y a la destrucción de la humanidad.

Se dice que las noticias malas o peores son las que más se venden, que “las mejores…son las peores noticias”, que el “sexo más violencia es igual a más ventas”, que “los periódicos nunca dicen la verdad”, “la verdad de los mass media es la verdad de sus propietarios” y cosas por el estilo. Si aceptamos estas expresiones como ciertas entonces el periodismo no sirve para nada edificante en una sociedad de la globalización del conocimiento y de la información. Así el periodismo sólo serviría para hacer dinero y más dinero hasta convertir el dinero en poderoso don caballero. El servicio social, la auténtica razón de ser del periodismo, estaría demás.

A decir verdad, de nada sirve saber escribir o interpretar correctamente un hecho, si no se respeta y practica los principios de la ética periodística, si no se actúa en función al bien común, si no se defiende, protege y promueve los derechos humanos, si no se preserva la dignidad o el fuero interno de las personas, si no marchan de la mano lo que se piensa con lo que se hace en la vida de relación profesional, si no se mantiene distancia o independencia con respecto a los poderes de presión y de opresión social y si no se erradica los conflictos de intereses creados.

Una vez más afirmamos, la razón de ser del periodismo es el servicio social, su contribución al bien común. De ahí la gran importancia y necesidad de contar con una buena formación ética y deontológica del periodista. Tal importancia se manifiesta en la existencia de un elevado número de códigos de ética periodística, nacionales y supranacionales, elaborados por los gremios profesionales, por los medios de comunicación escrita, radial, televisiva y cinematográfica e inclusive por el Magisterio de la Iglesia.

Asimismo la razón de ser del periodismo se expresa en los planes de estudios de las universidades que consideran a la Ética y la Deontología como disciplinas básicas para una adecuada formación integral de los futuros profesionales.

Francisco Iglesias, en su Guía de los estudios universitarios, Ciencias de la Información, señala que la buena formación de la conciencia y el conocimiento de la ética profesional no pueden darse por supuestos y “No se poseen por el hecho de haber nacido, ni se adquieren sin más con el ejercicio rutinario de la profesión. Es algo que para poder vivirlo, antes hay que aprenderlo. Desentenderse, activa o pasivamente, de esta obligación, supondría una irresponsabilidad tal que bastaría por sí sola para la auto-descalificación profesional de quien así actuase”.

Es que el tratamiento de las informaciones en el mundo de hoy exige una gran responsabilidad social y una alta e integral formación profesional y ética del periodista. Para ello se requiere de centros de enseñanza superior que incorporen en el currículo sólidos principios éticos, de educadores que no sólo prediquen la ética sino que traten de convertirse en paradigmas de comportamiento ético. Se necesita, además, de empresas e instituciones periodísticas bien organizadas, dirigentes de conducta intachable, que ejerciten un periodismo docente, ético, creíble y de buena imagen.

No debe olvidarse que la credibilidad del periodista y de los medios se sustenta en la independencia económica, en la calidad científica y ética de los enfoques, comentarios y críticas, en la objetividad y la veracidad informativas, en el pluralismo y la sensibilidad social. La credibilidad se sustenta en el uso apropiado del lenguaje y en valoraciones liberadas de prejuicios, de sentimentalismos o de intereses de grupo. La credibilidad se sustenta en una sana y alturada competencia empresarial, en el respeto permanente a las opiniones ajenas, en la eliminación de los sobornos al profesional de la información y la comunicación.

La ética nos enseña que el periodista no debe influenciar al público, si uno ofrece un punto de vista sobre determinado hecho de interés colectivo también tiene el deber moral de mostrar el otro punto de vista discrepante sobre el asunto. No debe olvidarse que la ética se sustenta en la libertad y responsabilidad informativas, en el libre acceso a las fuentes de información para elaborar y emitir los despachos informativos, para obtener el material informativo que producen las entidades gubernamentales.

Es incompatible con la ética periodística los juicios y las llamadas amenazantes, los documentos y escritos anónimos, las agresiones físicas con propósitos de intimidación, los delitos de prensa, la persecución política, la mordaza directa o indirecta a los medios, la selección del personal y la marginación de los periodistas en razón a sus ideas o creencias.

Para predicar la moralización en la sociedad, a través de un medio de comunicación, hay que ser ante todo un periodista ético. Y ser periodista ético es ser paradigma de honestidad y de limpieza en los actos públicos y privados, es no hacer demagogia con el dolor humano. El periodista ético denuncia y combate todo acto de corrupción e inmoralidad; contribuye a reorganizar, renovar y desinfectar aquellas instituciones, empresas, sindicatos, medios de comunicación, etc., que estén viciadas por la corrupción y el fraude, manchadas por el crimen y la violencia o infectadas por el robo.

El periodista ético es un luchador social que combate a quienes hacen del poder negociado, entreguismo, hip0oteca, prebenda y burocracia dorada. ES partidario de una educación y conciencia moral permanente que despierte en el ciudadano la conciencia de la responsabilidad (pedagogía de la responsabilidad) y un elevado espíritu de lucha por la transformación estructural del p0aís (pedagogía sociopolítica para el cambio), en el entendido que el engrandecimiento de una sociedad o de un país depende del engrandecimiento moral de sus ciudadanos.

El buen periodista asume posiciones éticas valientes y sin temor alguno, aun a riesgo de perder su propia fuente de trabajo y sus buenas relaciones amicales. Existencialmente está comprometido con los intereses de la sociedad al que sirve, dando a los hechos su exacta dimensión, importancia y trascendencia, sin levantarlos o inflarlos exageradamente. Tiene derecho al libre acceso a las fuentes de información para poder cumplir con eficiencia y eficacia sus funciones profesionales.

Por tanto, el ocultar informaciones a los periodistas por parte de instituciones públicas sólo favorece al incremento del rumor, de la corrupción e inmoralidad, de los vicios sociales, del abuso de poder y de la injusticia, frustrando con ello la fiscalización y toda posterior acción correctiva en la gestión gubernamental. Y un periodismo ético no debe de ninguna manera fundarse en rumores, en bolas, en voladas, en informaciones no confirmadas, en conjeturas, en supuestos, en meras hipótesis, no puede cumplir su labor sobre la base de intermediarios de la verdad de los hechos noticiosos.

Así como se exige al periodista informar con veracidad y responsabilidad, asimismo se exige a las fuentes oficiales dar los datos reales, veraces, confiables, sin prejuicio político y sin exclusiones ni exclusivismos.

El periodismo ético es una síntesis de conocimientos, de informaciones y de opiniones que el periodista, a través de los medios, divulga y enjuicia en forma crítica y constructiva la conducta humana, la fenoménica social, de importancia colectiva, en procura de su perfección, bienestar y felicidad.

Carlos Septien García precisa que por dos razones necesita el periodista una sólida formación moral: “en primer lugar, porque la tarea periodística tiene por fin, una vez obtenida la información, enjuiciada a la luz de los principios morales sobre los cuales reposa la existencia del hombre y de las instituciones de toda índole que la favorecen, la sostienen y la perfeccionan, en segundo término, por el poder del alma de expresión del periodista, que es la palabra escrita”.

Periodismo Ético y Deontológico, se estructuró en dos capítulos. En ellos se desarrolla aspectos relacionados con la persona moral; la ética en el periodismo; el público tiene necesidad de verdad; el periodismo amarillo y la libertad de prensa; la manipulación publicitaria e informativa; la comunicación social, alienación y desalienación, y el secreto profesional en el periodismo. Finalmente se transcribe una serie de códigos deontológicos de la prensa nacional e internacional.

Los temas abordados en esta obra estamos seguros que convocarán a la reflexión sobre la imperiosa necesidad e importancia de la formación ética y deontológica para un eficiente desempeño profesional en el campo del periodismo impreso, radiofónico y televisivo, fundamentalmente.

Lima, setiembre de 1998. 

EUDORO TERRONES NEGRETE



[1] MANUEL JESÚS ORBEGOZO, Premio Nacional de Periodismo de los años 50, maestro de generaciones de periodistas durante 36 años en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), director de la Escuela de Comunicación Social sanmarquina ( 2004 al 2007), jefe de la Oficina de Relaciones Públicas de la UNMSM, reportero polémico que recorrió con su libreta de campo y cámara fotográfica en mano por casi cien países del mundo, escritor de pluma fecunda e incisiva, director del diario oficial El Peruano (1999-2001), corresponsal de revistas y diarios nacionales e internacionales. En el Suplemento Dominical del diario El Comercio  trabajó más de 30 años,  fue Jefe de Redacción de este diario y laboró también en los diarios La Crónica y Expreso. Recibió la Medalla Cívica de la Ciudad de Lima e infinidad de distinciones. El 30 de setiembre del 2010, la UNMSM lo nombra Profesor Emérito. Es autor de las obras: Periodismo: texto de teoría y práctica; Reportajes, entre otras; Nació el 8 de enero de 1923 en Otuzco, La Libertad (Perú) y murió a los 88 años de edad, el 12 de setiembre del 2011.