sábado, 18 de mayo de 2019

EL PAPA FRANCISCO Y EL ROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL


EL PAPA FRANCISCO Y EL ROL DE LOS MEDIOS DE 

COMUNICACIÓN SOCIAL

Escribe: Eudoro Terrones Negrete
En un mundo de permanentes cambios y en el que se abre paso el uso de los modernos medios de comunicación, cuya información se desplaza a la velocidad de la luz, vale la pena meditar de manera responsable y seria sobre las expresiones del Papa Francisco con respecto al rol histórico-social que cumplen dichos medios.
El Papa Francisco, en sus mensajes y entrevistas insiste en manifestar que las herramientas de comunicación “son un don de Dios”, son “canales vivos de espiritualidad” para Dios, para con los excluidos y necesitados que claman libertad, justicia y bienestar en cualquier lugar del mundo. Consecuentemente deben ser usados con absoluta responsabilidad social, responsabilidad jurídica, responsabilidad ética y con sentido social cristiano.
El Pontífice pide a los medios de comunicación social, a sus propietarios y a los comunicadores sociales no promover ni incurrir en delitos contra el honor de las personas (injuria, calumnia y difamación), “estar al servicio de la verdad rechazando los prejuicios”, “difundir esperanza y confianza en nuestro tiempo”, transmitir la “buena noticia” rompiendo “el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las ‘malas noticias’ (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano)”.También les exhorta que eviten el odio, los intereses creados, la represalia, el espíritu de venganza, el silencio cómplice con los casos de corrupción, la guerra mediática,  la desinformación, la coprofilia (el amor a la cosa sucia), la trasmisión de una imagen negativa de la sociedad, y no ignorar “el drama del sufrimiento humano”, menos aún magnificar “el escándalo del mal”.
El Santo Padre advierte sobre los efectos perniciosos de “un sistema comunicativo donde reina la lógica según la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fácilmente se hace espectáculo del drama del dolor y del misterio del mal”, ya que “se puede caer en la tentación de adormecer la propia conciencia o de caer en la desesperación”.
Remarca la importancia y el rol trascendente de los medios de comunicación. Buscan ser “antenas de espiritualidad” para encontrar y difundir la “justicia divina”, la solidaridad y el bienestar entre los semejantes. Son los difusores de  “la Buena Nueva en medio del drama de la historia”,  son los “narradores que no caigan en el chisme”, son los “educadores de los jóvenes en la escuela del Evangelio”, pero sin hacer “proselitismo”. Procesan y difunden lo que acontece en la realidad natural y espiritual, lo hacen con veracidad, objetividad y  responsabilidad, como antídoto más eficaz para combatir las noticias falsas, las llamadas fake news.
Los medios de comunicación social, – dice el Papa Francisco-, son la voz de los que no tienen voz, están dispuestos “a la escucha y al diálogo sincero con las personas”, están “alejados de los modelos reductivos” para lograr una información constructiva y de calidad, que informe de sus interlocutores y entrevistados no sólo  sobre sus fracasos sino también acerca de sus  éxitos, triunfos, sueños y esperanzas.
Si lo expuesto ocurre en la realidad natural y la realidad social,  los medios de comunicación están en condiciones óptimas de promover un periodismo de paz, de armonía social, de rechazo a “los prejuicios contra los demás” y de fomentar “una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con “auténtica confianza y esperanza” en un futuro mejor.

miércoles, 15 de mayo de 2019

APUNTES SOBRE LA DEMOCRACIA LATINOAMERICANA


APUNTES SOBRE LA DEMOCRACIA LATINOAMERICANA

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

El término democracia proviene del griego demos, “pueblo” y cratos, “fuerza, poder, autoridad”.  La democracia es un régimen político o una forma de gobierno del Estado. La frase que mejor sintetiza y define a la democracia es la expresada por Abraham Lincoln: “Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Pueblo es un conjunto de habitantes de un lugar, región o país que tienen un gobierno propio. Cada pueblo tiene su prehistoria, protohistoria, intrahistoria, historia y posthistoria que lo definen, caracterizan y diferencian de los demás pueblos del mundo.
De todos los regímenes políticos, la democracia es el mejor, con todos sus defectos, limitaciones, problemas e imperfecciones, por cuantos mantiene intacta las libertades ciudadanas y propende al rescate, la defensa y la consolidación de los derechos fundamentales de las personas como condiciones indispensables para el logro de la justicia social y la felicidad de la población.

“Todos los intentos para organizar política y culturalmente a nuestros pueblos, – refiere  el filósofo peruano Antenor Orrego-, nos vinieron anteriormente de la periferia extraña, como simples reflejos y remedos importados del Viejo mundo y, por eso, todos fracasaron. Nos vino de la periferia extracontinental el liberalismo romántico y se produjeron esos broncos caudillos personalistas que implantaron la anarquía desolada de las facciones sangrientas y turbulentas en los primeros años de la Independencia. Nos vino como norma mimética el positivismo europeo y se instauraron esos tiranos ilustrados, como Porfirio Díaz, que oprimió a México treinta años en nombre del “progreso” y de las “luces”, o como el doctor Francia, en Paraguay, que reeditó la dictadura paternal y conventual de los jesuitas que, también empapó en sangre a su país con harta frecuencia. Estos sujetos “providenciales”, “necesarios” e “ilustrados” son los que han desgarrado a sus pueblos con más acerba crueldad”.[1]

Pero también, afirma Antenor Orrego, “se consolida el predominio de las oligarquías criollas que, en nombre de la democracia, han cometido los crímenes más execrables. No necesitamos aludir al hecho escandaloso que Juan Vicente Gómez, en Venezuela, Sánchez Cerro, en el Perú, el general Melgarejo en Bolivia, y todos los tiranos y dictadores más recientes, irrumpen directamente del desorden y de la anarquía que se produjeron a raíz de la Independencia, como hijos putativos de la Enciclopedia, cuyo espíritu, se intentó trasladar a este Continente”[2].

En países de América Latina, en los que por mucho tiempo se aplicaron y  se aplican políticas equivocadas, mal dirigidas, pésimamente concebidas y realizadas en función de intereses oligárquico-plutocráticos y del imperialismo, no fue difícil comprobar hasta dónde ha ido la imprevisión, la ignorancia, el entreguismo de los gobernantes, las contemplaciones y los paños tibios, la negligencia e insensibilidad social, el descuido de quienes llegaron al Gobierno en “asalto al presupuesto de la República”, para beneficiar a corruptas megaempresas oligopólicas extranjeras y no para dar solución a las necesidades de los pueblos.

Por muchos años, la democracia ha sido mal utilizada por la extrema derecha y la extrema izquierda, quienes hicieron de las organizaciones políticas Partidos de contubernios, de grandes negociados, empresas electoreras a favor del mejor postor primordialmente de intereses foráneos. Convirtieron a los gobiernos democráticos en Clubes de Compadres en busca del Presupuesto nacional para pagar favores políticos; convirtieron en centros de poder desde los cuales amasaban ingentes fortunas y se cometían las más detestables corrupciones e inmoralidades. Convivieron con oligarcas y latifundistas, con tecnócratas y burócratas dorados, con contrabandistas y narcotraficantes. La esclavitud económica e intelectual se mantuvo por mucho tiempo en pie firme.

“Los civilistas dijeron de Perú que es un pueblo de “eunucos, sin hombres bravos” y que “en este país basta un poco de látigo para que todos se arrodillen”. Los colonos mentales europeos, es decir, los totalitarios nos calificaban como uno de los países “de eco y de reflejos”. Dictadores y tiranos nos motejaban como “pueblo de cobardes”. La derecha reaccionaria nos miraba como el “país para los negocios ilícitos”. Oligarcas, latifundistas y golpistas de estado, nos tenían como “el país incapaz de gobernarse”. Los escépticos y pesimistas, los derrotistas y agentes de la bancocracia han dicho siempre que “en este país todo se compra y todo se vende”, que “en este país todos comienzan las cosas pero nunca las completan”[3].

Antenor Orrego llegó a decir: “Nunca hemos oído mayor inepcia que, para negar el ejercicio de la democracia, se diga que el pueblo no está preparado todavía para ejercitarla. Este es un pretexto o argumento de tiranos y de mercaderes sin escrúpulo, acostumbrados a lograr espléndidos beneficios personales en un ambiente de fuerza, de privilegio y a trueque de la opresión y del sufrimiento de su pueblo”[4].

En el contexto histórico latinoamericano podemos observar principalmente la existencia de dos clases de democracia: democracia directa, pura o plebiscitaria y democracia indirecta o representativa, cada uno con sus propios métodos, tácticas y estrategias para generarla, regenerarla, desarrollarla, purificarla, controlarla. La democracia directa, llamada también democracia pura o democracia plebiscitaria,  se realiza a través de mecanismos de participación del pueblo en el ejercicio del poder: asambleas, plebiscito, referéndum, iniciativa popular, votaciones de todo el pueblo. En la democracia  indirecta o democracia representativa se expresa el ejercicio de la soberanía a través de los dirigentes, las autoridades o los representantes elegidos por el pueblo en comicios electorales libres y periódicos mediante el voto de la mayoría.

En un país democrático hay libertad de opinión, expresión y difusión del pensamiento, de iniciativa y de crítica; el ciudadano apoya lo bueno de la acción de Gobierno y combate, censura y critica con métodos democráticos aquellas acciones que le parece mal; las libertades civiles están garantizadas por el poder judicial; el poder del gobierno tiene limitaciones; predomina el Estado de derecho, con respeto y acatamiento de la Constitución, de las leyes y la autonomía de los poderes del Estado; los ciudadanos gozan de los mismos derechos en la vida política, económica y cultural y participan en la dirección y los servicios del Estado; hay subordinación de la minoría a la mayoría; se reconoce el principio de igualdad de derechos de los ciudadanos; las instituciones representativas y los partidos políticos se basan en la voluntad de las mayorías ciudadanas expresadas en elecciones libres.

En los países latinoamericanos la  verdadera democracia hace posible la concertación de esfuerzos, iniciativas e ideas de las minorías y las mayorías para asegurar y lograr la justicia social, el bienestar general y la felicidad de la población; hace posible conciliar el gobierno con la libertad, el buen uso del poder político con la voluntad y la aspiración de los ciudadanos, dentro de un Estado de derecho, descentralizado y civilizado.

En un estado democrático moderno es posible el respeto a los derechos fundamentales de la persona humana; es posible la protección de las libertades civiles y los derechos individuales; es posible la igualdad de oportunidades en la participación en la vida social, educativa, cultural, política y económica de la sociedad. También es posible la unión del poder económico y el poder político  en aras del bien común, siempre que exista un clima de mutuo entendimiento, comprensión y tolerancia entre el gobernante y los gobernados.

En una democracia el sufragio es el mecanismo primordial de participación de los ciudadanos, sufragio que se caracteriza por ser universal, libre, igual, directo y secreto y a través del cual se elige a dirigentes, autoridades o a  representantes para un determinado período  establecido en la Constitución política, las leyes y los reglamentos de los países.

En la democracia latinoamericana no es raro observar que, las clases dominantes, los opinólogos empíricos y los propietarios de la concentración de medios de comunicación encaramados en ideologías europeizantes y ultraviolentistas, en lugar de defender los intereses de las mayorías ciudadanas defienden en muchos casos sus propios intereses del “tanto tienes, tanto vales”, para seguir engañando, oprimiendo y explotando a los pueblos. Utilizan la democracia para sus fines maquiavélicos y con mentalidad extranjera y antidemocrática hacen circular la especie “Cerremos el Congreso”.

Fernando Savater, en su obra “Ética y Ciudadanía” decía que en una democracia, “la peor corrupción que hay es la que secuestra el poder que tienen los ciudadanos, y se la guarda un señor porque dice que va a hacer un mejor uso con él que el que van a hacer los ciudadanos…La primera corrupción que combate la democracia es la corrupción de los que quieren robar el poder y hacer con él lo que les parezca adecuado”.

Pero no sólo se secuestra el poder o se roba el poder, también se roba el dinero del pueblo a vista y paciencia de sus autoridades o en complicidad con las autoridades. La corrupción más grande del siglo XX lo perpetró la megaempresa brasileña ODEBRECHT, que involucró a presidentes de la República, congresistas, ministros, políticos, funcionarios de los gobiernos imperantes y cuyo proceso de investigación, procesamiento y sanción judicial llevará muchos años, con incalculables pérdidas económicas y devaluación moral para los países y gobiernos  latinoamericanos.

Para que la democracia funcione bien y perdure como forma de gobierno en América Latina se requiere de mucha educación política y de mucha educación axiológica de las personas, desde la educación inicial hasta la educación superior no universitaria y universitaria; se requiere de autoridad moral ejemplar y ejemplarizadora de maestros, autoridades, gobernantes y gobernados; se requiere de un sistema de control permanente y de sanción jurídica imparcial; se requiere de partidos políticos con principios y valores éticos, partidos políticos refundados, incorruptibles, transparentes, renovados, modernizados o regenerados, más cercanos y abiertos a la ciudadanía, a sus necesidades, problemas y demandas.

Concluimos este artículo siguiendo las expresiones de Fernando Savater: “La política es la que intenta mejorar las instituciones y la ética intenta mejorar a las personas; a lo mejor, si hay mejores personas también habrá mejores instituciones”. Un estado democrático funciona bien cuando hay educación política científica y ética gubernamental, educación política y ética ciudadana.








[1] Orrego, Antenor. Hacia un humanismo americano. Librería-Editorial Juan Mejía Baca, Lima, 1966, pp.24-25.
[2] Antenor Orrego, Op.cit. p.25.
[3] Terrones Negrete, Eudoro. Revolución sin remedos (Posición anticolonialista mental del aprismo). Impreso en Ind.Gráfica de la Sociedad de Beneficencia Pública de Huancayo, abril, 1986, p.8.
[4] Antenor Orrego, Op.cit. pp.32-33.

lunes, 13 de mayo de 2019

EL DERECHO A LA INFORMACIÓN EN UN ESTADO DEMOCRÁTICO


EL DERECHO A LA INFORMACIÓN EN UN ESTADO DEMOCRÁTICO

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

La información[1] es objeto de un derecho subjetivo que se conoce como derecho a la información, derecho necesario para la vida, para la relación correcta entre las personas, para la convivencia armoniosa y pacífica en la comunidad, para la existencia, la consolidación, el crecimiento, el desarrollo y el progreso de la sociedad.

La información es un bien público que representa un interés social. Por tanto el periodista tiene el deber de recibir y de difundir libremente informaciones que sean veraces y útiles para la comunidad. La comunidad, todas y cada una de las personas, tiene el derecho a la información, y en satisfacer ese derecho dando una información de calidad y con principios y valores éticos consiste la justicia.

“El derecho a la información no consiste solamente en el derecho a recibir la información. La facultad de recibir no es más que una de las tres que constituyen el derecho a la información. La Declaración de Derechos Humanos de la ONU de 10 de diciembre de 1948, en su artículo 19, enumera otras dos facultades: la de investigar y la de difundir. La Declaración, de los documentos de la Iglesia que tratan de este derecho –a partir de la Constitución Cum mirifica del Concilio Vaticano II, que es la que por primera vez le llamó derecho a la información-, y las Constituciones y leyes del mundo que lo recogen, no podemos pensar que constituyan una cruel ironía, una oferta o reconocimiento de unas facultades irrealizables. El derecho a la información se extiende a la investigación de informaciones y a la difusión de informaciones. Y como las personas que constituyen el público carecen de la formación técnica y de los medios para investigar y difundir, solamente pueden realizar su derecho en plenitud si delegan tácitamente en los informadores el ejercicio de esas facultades. El informador, en cuanto persona, tiene un derecho originario a la información. El informador en cuanto profesional, no tiene un derecho originario, sino derivativo, a investigar y difundir información. Su derecho deriva del de todos los que forman parte –él incluido- de la comunidad. De ese modo, el cumplimiento de la justicia en que consiste el acto informativo tiene una doble raíz: el contrapunto del derecho a recibir información y el mandato del público para investigar y difundir información…”, explica José María Desantes Guanter[2].

El derecho a la información brinda a los periodistas o comunicadores sociales mayores posibilidades para el desarrollo personal o profesional. Este derecho se considera como parte de los derechos civiles, políticos e inclusive culturales de las personas y permite mejores condiciones para el desenvolvimiento de los ciudadanos dentro de la sociedad.

La justicia consiste en la realización del derecho subjetivo. Y una ley informativa será justa si favorece la realización del derecho a la información. Y será injusta, si la desfavorece.

La función del periodista profesional es informar, dar forma a los mensajes, poner en forma ordenada, racional y lógica los mensajes informativos, interpretativos y de opinión para que pueda difundirse adecuadamente a través de los medios orientada al bien común. In-formar o dar forma es una modalidad de rectificar, es decir hacer las cosas rectas. En consecuencia, el periodista no es un parabolano, es decir no es una persona que inventa o fabrica noticias falsas o alarmantes.

La información es un derecho humano, es un derecho natural, conforme a la doble dimensión individual y social del hombre.

El periodista para informar primero tiene el deber de informarse de lo que ocurre en la sociedad o en el mundo, para poder satisfacer la necesidad instrumental de su público objetivo, la necesidad de desarrollo espiritual y cultural dentro del proceso de socialización de los individuos.

El derecho a la información o el acceso a la información pública es el derecho de todo ser humano e inherente a la condición de vida en toda sociedad democrática y civilizada.

Este derecho inmanente a toda naturaleza humana no debe ni puede ser impedido u obstaculizado por intereses oficiales y subalternos, privados, político-partidarios o de grupos particulares.

Los medios de comunicación estatales y privados deberán divulgar la realidad de los hechos como obligación social y deberán difundirla con responsabilidad social, jurídica y ética.

La censura o la autocensura de los medios de comunicación es un delito social que se caracteriza como crimen contra la sociedad democrática.

Siendo el ejercicio de la profesión periodística una actividad social y de finalidad pública en aras del bien común, es derecho del periodista tener libre acceso a las fuentes de información para ejercitar su deber de informar con la verdad de los hechos, por tanto el periodista tiene el deber de enfrentar cualquier tipo de censura venga de donde venga.

“De nada vale que la libertad de expresión tenga, en un país como el nuestro, su pleno reconocimiento, si el “poder de la empresa” le resta una esencial capacidad de informar al periodista” puntualiza Francisco Vásquez Fernández[3].
El acceso a la información es el derecho instrumental y fundamental que tiene toda persona de buscar, acopiar, recibir y difundir información de los poderes del Estado de un país y que sirve para garantizar el cumplimiento de otros derechos básicos del ser humano y la evaluación de las acciones de los gobernantes y los gobernados, respectivamente.
Al respecto, la Organización de las Naciones Unidas señala que: “la libertad de información es un derecho fundamental y... la piedra angular de todas las libertades a las que están consagradas las Naciones Unidas”.
 “También se conoce como Acceso a la Información al área de la informática y la bibliotecología que se refiere a garantizar el acceso libre y gratuito a la información. El Acceso a la Información abarca muchos temas, como los derechos de autor, el Código abierto, la privacidad y la seguridad” [4].
Los países europeos casi en su totalidad ya cuentan con una ley de acceso a la información. En el Perú rige la ley N° 27806 - Ley de transparencia y acceso a la información pública que promueve la transparencia de los actos del Estado y regula el derecho del acceso a la información consagrado por la Constitución Política.





[1] Información: En términos generales es la noticia que se proporciona de un hecho, persona o cosa. Según la conocida fórmula periodística debe responder a seis cuestiones, esto es, debe decir el qué, el quién, el cuándo, el dónde, el cómo y el porqué (Domingo Buonocore, Diccionario de Bibliotecología, Ediciones Marymar, segunda edición, Buenos Aires, Argentina, 1976, p.259.
[2] José María Desantes Guanter, artículo “Ética y derecho en el control del contenido de los medios” en la obra “Periodismo y Ética, 2° Encuentro Internacional del Programa de Graduados Latinoamericanos /PGLA, realizado en Viña del Mar, Chile, setiembre de 1985, p. 29.
[3] Vásquez Fernández, Francisco, Ética y Deontología de la Información, Editorial Paraninfo, S.A., Madrid, 1991, p.266.
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Acceso_a_la_informacion.

HACIA UNA CONCEPCIÓN GLOBAL DEL HOMBRE EN EL SIGLO XXI


HACIA UNA CONCEPCIÓN GLOBAL DEL HOMBRE 
EN EL SIGLO XXI

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Desde su aparición en el planeta Tierra, el hombre trata de encontrar la respuesta a una serie de preguntas: ¿Qué es el hombre? ¿Qué tipo de ser es el hombre? ¿Cuál es su origen? ¿Cuáles son las teorías que explican el origen del hombre? ¿Quién creó al hombre? ¿De dónde vino el hombre y hacia dónde va? ¿Cuál es su destino? ¿El hombre nace con su destino o hace su destino? ¿Cuál es la posición del hombre en el universo?

¿Por qué el hombre es un ser imperfecto? ¿Qué es lo que diferencia al hombre del resto de los seres vivos? ¿Qué debe hacer el hombre para llegar a ser lo que se propone ser? ¿Cuánto es capaz de saber el hombre durante la brevedad de su existencia? ¿Realmente el hombre sabe todo lo que es? ¿Es el hombre un ser cerrado o abierto ante el mundo? ¿Es el hombre un ser indiferente o comprometido frente a sus problemas?

¿Es el hombre un ser nacido por contrato o por amor verdadero? ¿Por qué son tan diversos los seres humanos? ¿Qué relación tienen los individuos con los universales (especies, géneros) y qué tipo de realidad corresponde a los universales? ¿Es el hombre sólo individuo, sólo persona o ambas cosas a la vez? ¿Por qué el hombre está condenado a morir?

¿La especie humana tiene naturaleza o carece de ella? ¿Hay una naturaleza humana o varias naturalezas? ¿Es cierto que el hombre viene al mundo como una hoja en blanco? ¿Es verdad que todo el conocimiento del hombre procede de los órganos sensoriales y de la experiencia? ¿Los seres humanos nacen con las mismas capacidades, tendencias y talentos? ¿Hasta qué punto debe aceptarse que la naturaleza humana y su transformación integral es producto exclusivo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción? ¿Es cierto que los seres humanos son libres de elegir su propia naturaleza? ¿Es verdad que los seres vivos son las únicas entidades del universo que llevan dentro de sí la descripción de lo que son?

Y en este mar de interrogantes en pleno siglo XXI, se suele escuchar en círculos académicos universitarios y extrauniversitarios que el hombre se ha cosificado, que ha perdido su belleza interior y exterior, que se ha materializado, que peligra su futuro por la carencia de una educación de calidad, religiosa y con valores, que el hombre está más dependiente de la tecnología y al servicio de ésta, situación que le lleva a pensar cada vez menos sobre sus problemas y su verdadera esencia y existencia.

Resulta que, concordante con las expresiones de la licenciada cubana Ana Méndez Mariño: “Vivimos inmerso en un cambio de época, que nos induce a pensar sobre el hombre y el mundo de una manera diferente, el pensamiento y la lógica moderna que nos gobernó durante estos últimos siglos se ve discapacitada para enfrentar nuevos dilemas, al decir del profesor Núñez Jover estamos en presencia de un terremoto epistemológico, las ciencias se cuestionan sus objetos y métodos de investigación, el pensamiento positivista sobre verdad y error comienza a cuestionarse, la fragmentación del saber es criticada, y exige la necesidad de un pensamiento holístico que integre y comunique áreas del saber que años atrás parecían excluyentes, es en este momento donde surge la Bioética primero como puente, luego global y más tarde profunda, pero que tiene como impronta la necesidad de interpretar al mundo no como algo dado y equilibrado, sino bajo el prisma de su complejidad”[1].

Y para tener una concepción global del hombre en el siglo XXI es necesario recurrir a la filosofía, en su significado de conjunto de conocimientos naturales, racionales y metódicamente adquiridos y ordenados, que pretende dar una explicación fundamental de todas las cosas por sus supremas causas, de la sociedad, del hombre, de la vida, de Dios y del universo. En otras palabras, la filosofía es el estudio de qué, del cómo, del por qué, del para qué y de todo cuanto hay en el universo. Siguiendo a Kant diríamos que la filosofía es la ciencia de los fines últimos de la razón humana, y a Hegel, que la filosofía “es la investigación de las cosas por el pensamiento”.

“La tarea de la filosofía es darle al hombre una visión integrada de la vida, una visión que sirva como base y referencia para todas sus acciones, físicas o mentales, psicológicas o existenciales. Esta visión le dice la naturaleza del universo con el que tiene que lidiar (metafísica); los medios con los que lidiar con él, es decir, los medios de adquirir conocimiento (epistemología); los criterios por los cuales ha de elegir sus objetivos y sus valores, bien sea en cuanto a su propia vida y carácter (ética) o en cuanto a la sociedad (política); y la forma de concretar esta visión (estética), el estudio del arte y su papel en la vida humana”[2].

Los antropólogos sostienen que los parientes vivos más cercanos a la especie humana son los grandes simios: el gorila, el chimpancé, el gibón y el orangután.

El hombre es un mamífero del orden de los primates, en el que se incluyen los monos y los lémures o prosimios, que ha evolucionado cerebralmente, lo que le ha permitido disponer de la palabra articulada, inventar y perfeccionar los medios para dominar sobre el resto de la naturaleza. Se distingue en su conducta por el lenguaje, la civilización y el empleo de utensilios, equipos e instrumentos de trabajo.

Las cosas y las ideas solamente se revelan a través del hombre concreto que las vive, siente, piensa, prefiere o rechaza. En el hombre las cosas cobran su auténtico significado, valor, importancia y utilidad, tanto en su esencia como en su existencia. En este sentido el hombre es objeto de la filosofía, pero al mismo tiempo es sujeto que piensa, razona, emite juicios de valor sobre el comportamiento de sus semejantes y de todo cuanto ocurre a su derredor.

El hombre es, por su naturaleza, una ontología de la vida, es decir, un ser biológico, físico, religioso, social, cultural, psicológico, político, económico, histórico, ecológico, axiológico, ético, filosófico y metafísico. Pero también el hombre es un fin en sí mismo y no un simple medio para alcanzar intereses subalternos o de grupos de poder económico y político.

El hombre, -el más numeroso de las especies de mamíferos-, tiene por esencia la racionalidad, la aptitud de captar todo tipo de verdades, de descubrir y producir nuevos conocimientos, de construir equipos, máquinas e instrumentos de trabajo para dominar la naturaleza, comprenderla y transformar la realidad.

Característica exclusiva del hombre es la de formar conceptos, meditar respecto de sí mismo y de todo cuanto hay en el universo, fiscalizar su comportamiento e investigar su posición entre los seres vivos y las cosas.

Como producto de nuestra investigación filosófica, hemos identificado  sesenta (60) ciencias que estudian el hombre, y que tratan de explicar su origen, estructura, naturaleza, fines, metas, dimensiones y sus relaciones con los demás semejantes, con los seres del reino animal, las cosas y con Dios.

En la actual sociedad del conocimiento, en la que el hombre se fascina por los grandes adelantos científicos y tecnológicos y el conocimiento progresa considerablemente, resulta provechoso robar unos minutos del tiempo disponible para fijar la atención sobre el hombre en sí, para filosofar sobre su razón de ser en el mundo, sobre las dimensiones de su ser,  sus potencialidades, aptitudes, capacidades, cualidades, propiedades, características, posibilidades presentes y perspectivas futuras.

Con las palabras de John Dewey (Filosofía de la Educación, 1930) diríamos: “la Filosofía se recobra a sí misma cuando deja de ser un invento para tratar los problemas de los filósofos y se convierte en un método cultivado por éstos para afrontar los problemas de los hombres”. O también con las de Wilhelm Dilthey: “la última palabra del filósofo es la Pedagogía, pues toda especulación debe servir a la acción. Floración y finalidad de toda verdadera Filosofía es Pedagogía, en su sentido más amplio: teoría de la formación del hombre”. Más aún si tenemos en cuenta las precisiones de E. Krieck: “El objeto de la educación es el hombre: el objeto de la ciencia de la educación es la esencia y el devenir del hombre”.



[1] Ana Méndez Mariño, en su trabajo final del curso sobre Etnología “La unidualidad del hombre”, Universidad de La Habana, http://letras uruguay.espaciolatino.com/aaa/mendez_marino_ana/la_unidualdiad_del hombre.htm
[2] http://objetivismo.org/filosofia

AUGUSTO SALAZAR BONDY Y SU CONCEPCIÓN ACERCA DEL HOMBRE


AUGUSTO SALAZAR BONDY Y SU CONCEPCIÓN 

ACERCA DEL HOMBRE

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Augusto Salazar Bondy fue un destacado filósofo peruano, maestro universitario sanmarquino y autor de  importantes textos universitarios.
Su pensamiento se plasmó en abundantes y trascendentes obras: Irrealidad e idealidad (1953), La filosofía en el Perú (1954),  Mitos, dogmas y postulados en la Reforma Universitaria (1957), Irrealidad e idealidad (1958),  La reforma de la Facultad de Letras y los estudios de filosofía (1958), La epistemología de Gastón Bachelard (1958), La educación peruana en el mundo contemporáneo (1959),  Introducción a la filosofía (1960), Filosofía marxista de Merleau-Ponty (1961), Bases para un socialismo humanista peruano (1961) e Introducción a la filosofía (1961), Tendencias contemporáneas de la filosofía moral británica (1962), Iniciación filosófica (1964), Proyecto de la Facultad de Estudios Generales (1964), En torno a la educación (1965), Historia de las ideas en el Perú contemporáneo. El proceso del pensamiento filosófico (2 tomos, 1965), Lecturas filosóficas (1965),  Didáctica de la enseñanza universitaria (1966), Apuntes sobre el pensamiento de Wittgenstein (1966), La cultura de la dependencia (1966), ¿Qué es filosofía? (1967), Breve antología filosófica (1967),  Breve vocabulario filosófico (1967) y  Iniciación filosófica (1967).
Finalmente, ¿Existe una filosofía en nuestra América? (1967),  Didáctica de la filosofía (1968), Entre Escila y Caribdis, reflexiones sobre la vida peruana (1969 y 1973), Para una filosofía del valor (1971), Bartolomé o de la dominación (1977), Filosofía de la dominación y filosofía de la liberación (1973), Las ideas del saber y Dios en el pensamiento de Hipólito Unanue, La filosofía peruana del positivismo al bergsonismo,  La filosofía contemporánea del Perú y La filosofía de Alejandro Deustua.
El énfasis puesto por Salazar Bondy “en lo esencial del hombre” nos remite, para terminar esta apretada síntesis de su significativa obra, a mencionar su Antropología filosófica, en cuya preparación se encontraba trabajando en el momento de su prematura y lamentable desaparición; por eso queremos relievar aquí la preocupación de Augusto Salazar Bondy por la condición del hombre peruano y latinoamericano inserto en un mundo cultural que actúa sobre él impidiéndole el normal desenvolvimiento de su ser”, apunta la filósofa peruana María Luisa Rivara de Tuesta en su obra “Tres ensayos sobre la filosofía en el Perú” (Lima,2000:46).
La concepción del hombre según Augusto Salazar Bondy podemos resumirla en los términos siguientes: No todos los hombres filosofan. La mayor parte de ellos no sobrepasa el nivel del conocimiento vulgar; un grupo, cada vez más numeroso, se dedica al esforzado ejercicio de la ciencia. Por otra parte, cuando se trata de dar respuesta a los grandes problemas del mundo y de la vida, la mayoría recurre a la religión, que le da las seguridades de la fe, o se conforma con una concepción espontánea, no crítica del mundo. Sólo unos pocos abordan filosóficamente esos problemas fundamentales. Pero si bien la severa actitud filosófica es de hecho adoptada sólo por una minoría, cualquier hombre puede llegar a hacerla suya por el esfuerzo y la disciplina del pensamiento.[1]
Por la filosofía, -indica Salazar Bondy-, el hombre intenta conocer cuál es su situación y su misión en el mundo, qué debe hacer y qué debe esperar en la existencia, cuál es el destino que corresponde al ser de hombres. Así podrá alcanzar la más justa orientación racional de su existencia.
Son formas esenciales de la actividad del hombre el conocimiento, la valoración, la conducta moral y la experiencia estética. El estudio del hombre es el verdadero centro y la culminación del filosofar.
En su obra “Introducción a la filosofía”, Salazar Bondy expone la concepción del hombre como ser natural y como ser espiritual. Visto desde la perspectiva de las ciencias naturales, el hombre es un ser constituido de acuerdo a las leyes que rigen el conjunto entero de la naturaleza. Las ciencias biológicas lo consideran como una especie incluida dentro del orden zoológico de los primates. Ningún biólogo pone hoy en duda la hipótesis de la evolución, según la cual unas especies han surgido de las otras, siguiendo un proceso de desenvolvimiento que se remonta a la aparición de la vida sobre la tierra hace no menos de mil millones de años. Ningún biólogo duda tampoco en incluir al hombre en este proceso de la evolución de la vida y en reconocerlo como una especie zoológica surgida por una mutación iniciada hace alrededor de un millón de años. El hombre actual, el Homo sapiens, al que antecedieron otros tipos pre-humanos y humanoides (por ejemplo, el Pithecanthropus, el Australopithecus, el Sinanthropus u hombre de Pekín, el Homo Neanderthalensis, etc.), es para el científico la última forma surgida en el árbol de la vida, la más compleja y rica seguramente, pero que es al fin y al cabo una especie zoológica[2].
¿En qué consiste la originalidad biológica humana? Ella puede determinarse teniendo en cuenta los siguientes rasgos: posición vertical, erecta, constitución y uso de la mano como órgano de aprehensión, cara pequeña en relación con el volumen del cráneo, un cerebro excepcionalmente grande y órganos de fonación especiales. Es su unidad dinámica la que da al hombre originalidad biológica.
Augusto Salazar Bondy aportó en la reflexión filosófica de la problemática peruana y latinoamericana, fundamentalmente respecto al fenómeno de la dominación, la alienación y la liberación del hombre.  En su Breve vocabulario filosófico, Salazar Bondy define la alienación como “la pérdida de ser del hombre cuando éste es tratado como cosa o sujeto a otra instancia con la pérdida de su libertad o de su identidad personal” (Lima, 1974:13). Concibe al hombre como un ser sometido a relaciones sociales de dominación al servicio de grandes grupos de poder económico y político         y que lo utilizan como instrumento productivo al servicio de sus nefastos intereses, por tanto el hombre deviene en un ser sujeto a otro, ser dominado, devaluado, manipulable, sojuzgado, oprimido, explotado, alienado, carente de personalidad, no libre y con pérdida de conciencia de sí mismo y de su ser auténtico.
La dominación del hombre es multidireccional: social, económica, educativa, cultural, política y tecnológica.
En su obra Introducción a la Filosofía, capítulo IX, Salazar Bondy aborda y desarrolla su pensamiento sobre “El problema del hombre”, incursionando así en el terreno de la Antropología filosófica. Al respecto inicia sus reflexiones manifestando que es “fácil reconocer el interés y la importancia que este tema tiene para nosotros, pensando en que de su correcto planteo y examen depende la cabal comprensión de nuestro propio ser.”[3]
Salazar Bondy define al hombre como ser natural y como ser espiritual, recurriendo para ello a las ciencias naturales (naturalismo o materialismo) y ciencias humanas o sociales (espiritualismo).

EL HOMBRE COMO SER NATURAL: El hombre es una especie incluida en el orden zoológico de los primates, dentro de un proceso evolutivo biológico, con sus rasgos originales considerados biológicamente y que la ciencia actual perfecciona día a día. Explica la originalidad biológica humana teniendo en cuenta los siguientes rasgos: “posición vertical, erecta, constitución y uso de la mano como órgano de aprehensión, cara pequeña en relación con el volumen del cráneo, un cerebro excepcionalmente grande y órganos de fonación especiales…Es su unidad dinámica la que da al hombre originalidad biológica. Cada uno de ellos está vinculado con los otros en su surgimiento evolutivo…Considerando todos estos caracteres y sus interconexiones se puede pues decir que el tipo humano es una nueva estructura biológica en movimiento.[4]
“Pero hay otro rasgo biológico especialmente notable en el hombre: su lento proceso de maduración. El hombre es el animal de niñez más larga y más general, pues su maduración dura mucho y se extiende a todas las funciones orgánicas del individuo. Al nacer, el vástago humano no puede hacer nada; comparado con cualquier animal, es completamente desvalido y tendrá que esperar mucho tiempo para hacer valer su capacidad. Esta condición está estrechamente vinculada con la elección biológica que representa el tipo orgánico humano. Biológicamente el hombre no ha seguido el camino del sistema musculas sino del nervioso; no ha elegido el poder por el músculo sino por el nervio. El tipo animal se presenta siempre con alguna especialización muscular bien desarrollada, el hombre con ninguna. De allí la debilidad e impotencia del recién nacido. La única especialidad del organismo humano, la cual absorbe toda su energía, es el cerebro, y ella necesita un largo proceso para ponerse en vigor. Esta inmadurez y debilidad inicial condiciona caracteres tan esenciales del hombre como la agrupación, o sea, la vida en un conjunto social estable, sin el cual el niño no podrá sobrevivir; y la educación, gracias a la cual alcanza su maduración y desarrollo cabales. Pero la impotencia inicial, la necesaria espera que demanda el cultivo del cerebro, va a ser la gran carta de triunfo del hombre. Porque la especialización en el cerebro le permite un gran desarrollo de la inteligencia y le abre la puerta a todo tipo de actividad…”[5]
Otro rasgo biológico del ser humano es la capacidad del lenguaje, capacidad de significar y aprehender todas las cosas sin necesidad de estar en contacto con ellas y que “coordinado con el uso de la mano, este poder simbolizador del lenguaje hace al hombre apto para crear objetos nuevos (herramientas, utensilios, casas, etc.), combinarlos y establecer entre ellos conexiones según su finalidad y sentido, y afianzar y enriquecer los lazos entre los individuos de la especie. Dicho con otras palabras, por el lenguaje el hombre funda la cultura y la sociedad.”[6]

EL HOMBRE COMO SER ESPIRITUAL:  Salazar Bondy aborda y explica lo que es el hombre considerando a su vida interior o psíquica,  su capacidad consciente y reflexiva, su conocimiento intelectual y  manifestación a través del lenguaje, su  experiencia moral y experiencia estética, “como muestra de la capacidad del hombre para superar los límites de la realidad material” y así “el hombre vive por el pensamiento en todos los mundos posibles”.
“La sociedad y la cultura – señala Salazar Bondy- en fin, adquieren un nuevo sentido en este enfoque: la sociedad humana es una relación de personas, con normas, ideales, valores e instituciones que tienen una significación espiritual, y la cultura es una novedad en el mundo, una creación total, no natural, que el hombre ha sobrepuesto a la naturaleza.”[7]

POSICIÓN DINÁMICA E INTEGRADORA DEL HOMBRE
Salazar Bondy, se pregunta, entonces: “¿Cuál de las estas posiciones tiene la razón? ¿pueden reducirse todos los caracteres del hombre a los meramente naturales, como piensan los naturalistas? ¿puede afirmarse que el ser del hombre es ajeno o esencialmente diferente al ser natural, como piensan los espiritualistas?”
Dichas preguntas son respondidas por el filósofo adoptando una tercera posición dinámica e integradora del hombre en su realidad natural-espiritual, dentro de una concepción filosófica humanista, luego de efectuar una crítica a las dos posiciones por considerarlas “extremas y excluyentes”, “igualmente equivocadas” y por conducir a “conclusiones evidentemente erróneas”. El filósofo es consciente que la tercera posición integracionista presentará dificultades, como ocurre con toda teoría filosófica, pero que serán “menores” a la de las dos anteriores, toda vez que “tomará en cuenta los datos relativos de la experiencia humana”.
Y a renglón seguido  Salazar Bondy precisa que los datos efectivos relativos de la experiencia humana son los siguientes: “la necesidad del cuerpo para la existencia del hombre, la preparación biológica de la especie humana y la estrecha conexión que la obra del hombre mantiene con la realidad material, y en suma todos los demás fenómenos naturales de la realidad humana. De otro lado, tenemos: la conciencia reflexiva y racional, la capacidad creadora del lenguaje y el arte, la sociabilidad y la cultura, o sea todos los datos de la vida espiritual. Se trata de comprender cómo se armonizan estos datos, cómo se conjugan y complementan mutuamente en la existencia real. Ahora bien, esto no puede hacerse si de antemano, abstractamente, aceptamos dos ideas completamente separadas: la materia y el espíritu. Y es que una vez enfrentadas como entidades extrañas la una a la otra, no tenemos más remedio que o bien negar una y quedarnos con la otra sola (y esto es lo que hacen los naturalistas y los espiritualistas), o bien concebir el hombre como un ser dividido, en el que se dan dos partes irreconciliables, que es lo que hacen las doctrinas llamadas dualistas (del latín “dualis”: cosa doble, dos)”.[8]
“Si, por el contrario, adoptamos un punto de vista dinámico e integrador, concebiremos al espíritu como un momento superior de la materia viva, como algo en que se prolonga el ser biológico, pero con nuevas virtualidades y otros caracteres esenciales. El espíritu estará basado así en lo biológico, pero no podrá ser reducido a lo biológico, del mismo modo como la materia viva está basada en la inerte, pero no se puede reducir a ella. Entre una y otra se ha producido un tránsito, una transformación que eleva el nivel del ser real. La condición espiritual del hombre no estribará pues en estar provisto de una substancia distinta y completamente independiente de la materia viva, sino en un modo nuevo de ser y actuar de la vida biológica. Es pues esta vida misma llevada a un orden superior y por tanto enriquecida y ampliada”.[9]
“Interpretar así nuestro ser, -puntualiza Salazar Bondy-, dando cuenta de todas sus manifestaciones efectivas, sin ceder a la tentación de divinizarlo, sin pensarlo como una esencia extraña a la materia, pero tampoco aceptando su simplista asimilación a la materia, es aproximarse al ideal de una concepción humana del hombre, es decir, al ideal filosófico humanista.”

EL HOMBRE ES UN SER HISTÓRICO
Pero no se queda aquí el filósofo y tiene que recurrir a las diversas filosofías de la historia parar lograr una mejor y cabal comprensión del hombre. Y así trata de explicar por qué el hombre es un ser histórico, considerando el interés que despierta en el hombre su pasado, los acontecimientos vividos, el curso de la vida, el pasado de los pueblos, el origen, sentido y alcance de la historia humana, por cuanto “El hombre quiere saber quién ha sido, para estar seguro de quién es y para preparar mejor el ser que será mañana.”
“¿Qué queremos decir cuando afirmamos que el ser humano es histórico? Queremos decir, en primer lugar, que la existencia de cada persona se desenvuelve dentro del proceso general de la sociedad y la cultura. Su carácter, sus actos, sus ideas, están impregnadas de la forma de vida, del estilo de existir de un pueblo y una época. Pero queremos decir también que cada hombre, como cada pueblo, tiene una historia y que su ser propio consiste en esa historia; queremos decir que los hombres no son algo hecho y conformado desde el principio, pues aquello que los singulariza y distingue es resultado de un proceso de libre y abierta creación que se desenvuelve a lo largo del tiempo. Estas dos cosas que queremos dar a entender cuando decimos que el hombre es histórico no son independientes entre sí; por el contrario, se hallan estrechamente entrelazadas. En efecto, por estar el individuo inmerso en la existencia de su grupo y en el proceso temporal de la cultura, se va formando gradualmente, va haciéndose a través del tiempo. E inversamente, porque el individuo no es algo conformado y acabado desde el principio, por eso mismo existe un movimiento, un proceso general de la sociedad y la cultura a través de las edades. Se trata así de dos aspectos, de dos caras de una misma realidad básica: el hombre como historia, la historicidad esencial de nuestro ser.[10]
“Vemos entonces que el hombre tiene un ser que no se reduce al pasado y al presente. El hombre no es simplemente ese conjunto de rasgos y caracteres que ha adquirido y posee en un determinado momento, sino que es esencialmente también lo que va a ser, lo que espera y proyecta ser. El futuro es fundamental para la esencia humana. El ser de cada hombre está configurado por sus planes de vida, su vocación, sus ideales, sus metas y fines, todo lo cual se refiere al futuro. Este futurismo esencial del hombre es posible por la intencionalidad de la conciencia que, como sabemos, consiste en el proyectarse el sujeto hacia ciertos objetos y términos, un proyectarse que no se limita sin embargo a lo presente y pasado, sino que alcanza también lo porvenir. Vivir conscientemente, vivir humanamente es por esto dirigirse hacia el futuro, anticiparlo, planearlo e ir realizándolo según sus fines e ideales previa y libremente concebidos. Vivir humanamente es vivir en libertad de construir su propio ser y esto es también la historicidad.”[11]


[1] Salazar Bondy, Augusto. Introducción a la Filosofía. Editorial Universo, Doceava edición, Lima, 1968, p.25.
[2] Salazar Bondy, Augusto. Op.cit., p.236.
[3] Salazar Bondy, Augusto. Introducción a la filosofía. Editorial Universo, S.A., doceava edición, Lima-Perú, 1968, p.235 y 236.
[4] Ibídem, pp.237 y 238.
[5] Ibídem, pp.238 y 239.
[6] Ibídem, p.239.
[7] Ibídem, p.241.
[8] Ibídem, p.245.
[9] Ibídem, p.246.
[10] Ibídem, pp.248 y 249.
[11] Ibídem, pp.253 y 254.