Artículos periodísticos y de investigación

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3 de febrero de 2024

A los 100 años de vigencia del Apra (XI) El Perú Nuevo que insurge con puertas abiertas a todos los ciudadanos

 A los 100 años de vigencia del Apra (XI)

EL PERÚ NUEVO QUE INSURGE CON PUERTAS ABIERTAS A TODOS LOS CIUDADANOS

 

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

 

 EL PERÚ NUEVO QUE INSURGE

 Decía el fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre: «El aprismo, pues, no es sólo una bandera política; el aprismo, todos los sentimos, es una fuerza que responde a un anhelo nacional. Es una fuerza que responde a un viejo dolor del Perú. El aprismo significa el Perú nuevo que insurge, que quiere tomar su puesto, que quiere peruanizarse, según reza nuestro apotegma».

 Al anochecer del 20 de septiembre de 1930, después que regresaron los dirigentes apristas exiliados por el oncenio de Augusto B. Leguía, arranca la primera sesión de Instalación del Partido Aprista Peruano, en Lima, con la concurrencia de unos cuarenta ciudadanos, la mayoría jóvenes peruanos, con su primer secretario general Carlos Manuel Cox.

 No cabe duda que el aprismo es un partido político auténticamente peruano: por sus orígenes intelectuales; por su raíz popular, criollo y mestizo; por su ideario, por su organización y por sus líderes capaces, honestos, emprendedores y con visión de futuro.

 Los orígenes intelectuales del aprismo, se encuentran en los sucesos y en las ideas del siglo diecinueve. Tres hombres peruanos fueron la fuente de inspiración de Víctor Raúl Haya de la Torre y de los forjadores del aprismo: Francisco de Paula González-Vigil (1792-1875); Manuel González Prada (1844-1918) y José Carlos Mariátegui (1895-1930).

 Un equipo de líderes juveniles, dirigidos por Haya de la Torre, prendió en el Perú y en el continente la llama de la rebeldía, despertaron conciencia adormecidas por el yugo imperialista norteamericano y sembraron las semillas del aprismo en el territorio del Perú.

 Al aprismo no lo dirige nadie que no sea la voluntad soberana del pueblo peruano, cuyas necesidades e intereses defiende y cuyos derechos las protege. Carne y espíritu de un pueblo peruano con fe y esperanza en un futuro diferente y mejor.

 PUERTAS ABIERTAS A TODOS LOS PERUANOS

 En uno de sus históricos discursos Haya de la Torre recalcó: «Nuestro Partido no excluye de sus rangos a nadie que esté listo al servicio sacrificado y altruista del país».

 El aprismo es un partido democrático,  antisectario y de participación del pueblo. No cierra el camino a ninguna posibilidad realista del presente o del futuro para arribar al cambio estructural del Pueblo Continente Indoamericano. Mantiene sus puertas abiertas a todos los ciudadanos de buena voluntad que estén dispuestos a participar en aras del bien común. En el APRA prevalece el Documento Nacional de Identidad personal y no el carné del Partido.

 Promueve la participación política de todos aquellos que permanecieron al margen del Estado y que reclaman ahora que se respete sus derechos y se les haga justicia.

 Alberga en su organización a quienes de una u otra forma contribuyen con su trabajo creativo y honesto a la formación de la riqueza nacional y al proceso de industrialización del país.

 Propicia el libre juego y debate público de las ideas con ideas, enfrentando combatiendo al adversario político a la luz de los principios y programas.

 Busca y anhela construir una sociedad mejor con el esfuerzo y la iniciativa de todos. El aprismo ha luchado, viene luchando y seguirá luchando por dar mayor participación a la clase trabajadora en los asuntos del Estado antimperialista y descentralista. El Partido lleva obreros al Parlamento, a los gobiernos regionales, a los municipios  y los educa técnicamente en la función dirigente y empresarial para un buen cumplimiento de sus responsabilidades para con el desarrollo y progreso de los pueblos del Perú.

 Cuando a fines de 1924 se enuncia el Programa del Apra, se presenta ya todo un plan revolucionario de acción política, de llamamiento a todas las fuerzas dispersas para unirse en un solo Frente Único de Clases, de ofensiva y defensa contra el peligro común de la conquista que significaba el imperialismo con el campo externo y del feudalismo en el orden interno.

 El nuevo Estado de Participación fue enunciado oficialmente en el Programa aprista de 1931, que es el primer Programa de Gobierno del Partido Aprista Peruano y que fue acordado por el primer Congreso Nacional del PAP reunido en Lima de agosto de septiembre de 1931. El 9 de octubre de 1931 el candidato a la Presidencia de la República del Perú por el Partido Aprista Víctor Raúl Haya de la Torre recibió del Comité Ejecutivo Nacional este Programa, ante una asamblea de más de ochenta mil apristas reunidos en la Plaza San Martín de Lima, siendo la primera vez en el Perú que un candidato aceptara el programa que fue preparado por la dirigencia y militancia de este Partido político, programa, que dicho sea de paso, fue leído por el propio Haya de la Torre en su gira electoral.

 Dijo, entonces, el jefe y fundador del Aprismo: «Nosotros los apristas propiciamos un nuevo tipo de Estado, basado no en el ciudadano como cantidad sino en el ciudadano como calidad. Por eso nuestro Estado tenderá a ser un Estado de participación de tipos aquellos que en una forma o en otra contribuyan con trabajo, es decir, a la formación de la riqueza nacional. Queremos un Estado en el cual cada hombre participe, sin abandonar su función vital de trabajador…».[1]

 Propicia el aprismo un nuevo Estado de participación de todas las clases sociales, razas y pueblos, sin distinción alguna. Estado de Participación del hombre como ciudadano (cuantitativamente) y como trabajador (cualitativamente) en la creación, producción y en los servicios y beneficios de la riqueza nacional.

 «El aprismo no excluye de sus rangos a nadie que esté listo al servicio sacrificado y altruista del país. Sólo no caben en él los egoísmos y los traficantes, los fariseos de la democracia y los sórdidos servidores del despotismo y la injusticia», señala Haya de la Torre.

 Dicha participación no es exclusiva de una clase ni excluyente de las otras clases sociales. No es exclusivo de las clases productoras ni excluyente de las clases consumidoras. No es exclusivo de los trabajadores manuales ni excluyentes de los trabajadores intelectuales. Tiende a comprometer la participación de todas las clases sociales, sean productoras y consumidoras, sean manuales o intelectuales, en la gestión, decisión y conducción del Estado. De un Estado de minorías y para las minorías, se convierte en un Estado de mayorías y para las mayorías.

 De un Estado de participación de una sola clase (ya capitalista, ya proletaria – socialista) se convierte en un Estado de participación de todas las clases (Frente Único de Clases o policlasismo) y para todas las clases que sufren la agresión imperialista.

 Es así como es el nuevo Estado la participación reviste un carácter democrático, totalizador, aglutinante de todas las fuerzas sociales, auto determinante y un interés predominante social. Una orientación de enmienda de los errores del pasado y una responsabilidad histórica de afirmación y profundización de la democracia participativa. Su carácter y dimensión disciplinante determina su orientación unificante a la vez que cooperadora de fuerzas en conflicto que buscan su liberación de las garras capitalistas y comunistas opresoras.

 Es función del nuevo Estado el de procurar que la población, que los estamentos de gobierno nacional, que las instituciones públicas y privadas, que las organizaciones sociales de base participen en todas sus formas, niveles, modalidades e instancias. Para ello tratará de guiar, preparar y organizar los mecanismos de participación, los estímulos a la participación social.

 Para que la participación organizada del pueblo surta los mayores efectos positivos que demanda una sociedad de cambios, tiene que ser libre, voluntaria, consciente, horizontal, flexible diversificada, organizada, disciplinada, permanente y concertada, tiene que ser una participación crítica y mutuo-crítica, creadora y sin intermediarios ni mecanismos de manipulación social, participación que llega a dividir el trabajo dando a cada uno su misión, su labor y su camino a seguir para llegar a ser lo que se proponen ser.

 En el nuevo Estado de Participación plena, no es posible la supervivencia de ciudadanos y de pueblos pasivos, dóciles, en silencio cómplice, sumisos, dependientes, dominados y doblegados en sus iniciativas e intereses. Los ciudadanos y pueblos permanecen en diálogo y consulta con el Gobierno, como protagonistas históricos que van a ser favorecidos con las políticas de reformas o cambios estructurales que se pretende implantar. Los ciudadanos y pueblos permanecen vigilantes y alertas de lo que hace o deja de hacer el Gobierno que eligieron.

 HACIA LA GRAN TRANSFORMACIÓN

 Eso ya lo dijo Haya de la Torre” o “Eso ya lo ha planteado el Apra”. Son dos frases muy comunes en el Perú. Corrientemente surgen no sólo de labios apristas, sino que es frecuente escucharlas en la voz de personas independientes, pero enteradas. Cuando alguien en nuestro país lanza alguna idea de índole política, económica, social, de alcance ideológico, de acción gubernamental, de organización partidista que considera original, no es raro que le digan a boca de jarro: “Eso ya lo dijo Haya de la Torre”, o “Eso ya lo ha planteado el Apra”, refiere Pablo Silva Villacorta.[2]

 El  Partido del Pueblo –llámese también Apra, Partido Aprista Peruano o Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales- aportó a la vida política del país toda una original maquinaria de ideas, conceptos, postulados, iniciativas, principios, planes y programas de gobierno, maquinitas y slogans de campaña que surgieron del pensamiento de su líder máximo, Haya de la Torre, de sus dirigentes y militantes.

 En honor a la verdad histórica, sobre la expresión “La Gran Transformación”, cabe recordar y precisar  que  Víctor Raúl Haya de la Torre la  utilizó por vez primera en el año de 1924. La reiteró  al exponer sus puntos de vista sobre “La Gran Transformación Continental y Peruana” el 20 de agosto de 1931, durante el Primer Congreso Nacional de Partido Aprista Peruano, cuando era candidato a la Presidencia de la República de Perú. Y volvió a utilizarla el 18 de junio de 1978 en su discurso como Presidente de la Asamblea Constituyente del Perú.

 Pruebas al canto. Haya de la Torre, en su discurso del 20 de agosto de 1931, expresó: “Por estos ideales vamos a trabajar, a luchar, si es preciso a morir. Porque sólo dándonos íntegros a esta sagrada causa aprista con la que adviene “la gran transformación”, podremos realizar la segunda revolución de la Independencia del Perú y de América que sólo será posible cuando conquistemos nuestra paz y nuestra libertad, nuestra superación material y espiritual…”[3]

 El 18 de junio de 1978, Haya de la Torre, en su condición de Presidente de la Asamblea Constituyente del Perú, enfatizó: “Aquí estamos, con un claro mandato y un eminente designio, como resultado de esta revolución pacífica, cuyas raíces vienen muy de atrás. Se nos ofrece en 1978, la oportunidad de realizar aquella “Gran transformación” con que soñamos las juventudes rebeldes de 1923 y por la que vivieron luchando y muriendo con gloria, millares de peruanos en los últimos cincuenta años”.[4]

 “…Si el aprismo ha de conducir el movimiento político del Perú, lo conducirá revolucionariamente, con un sentido creador de la gran transformación, pero con el menor dolor posible para el pueblo, con el menor sufrimiento, no sacrificándolo a la ambición, a la violencia o al terror, como aquellos que no reparan ni respetan aquello que es un derecho inalienable del pueblo: su derecho a la vida, a la paz y la justicia con plenitud y libertad”.[5]

 “Queremos que dentro del régimen y gobierno apristas no haya pueblos olvidados ni aldeas retrasadas…este movimiento recobra todos los valores del pueblo peruano para que tengan la certeza de que si triunfamos, la gran transformación empezará por las provincias”[6]

 No con poca razón el APRA es un Partido Escuela, que proviene del gran movimiento cultural forjado al calor de las Universidades Populares Gonzales Prada, como producto social de la continental Reforma Universitaria iniciada en 1918. Partido Escuela o Partido Docente, que enseña al que no sabe para liberarlo de la ignorancia e incorporarlo a una nueva sociedad participativa, inclusiva, productiva, digna y justa.

 En un país de “analfabetos de abajo”, “analfabetos de arriba” y “alfabetos-analfabetos”, el primer paso para hacer una verdadera revolución social por los que menos tienen era emprender la Gran Transformación de los espíritus, liberar a las masas de la ignorancia, mediante la justa distribución de la riqueza educativa y cultural que lleva implícita la de la riqueza material.

 EL APRISMO Y EL FUTURO DEL PERÚ

 Ahora el futuro del Perú está en manos de todos los peruanos. Y el aprismo como movimiento que integra en su organización a trabajadores manuales e intelectuales, a estudiantes, obreros, campesinos, profesionales, comerciantes, industriales, empresarios, etc., está llamado a cumplir su rol protagónico mediante la construcción de una democracia funcional (social, política, económica, educativo-cultural y moral) que depare mayores niveles de justicia distributiva,  de libertad plena, de  solidaridad social y de respeto a los derechos humanos.

 Hoy como ayer, está llamado a defender los derechos de la inmensa mayoría nacional  para mejorar sus condiciones de vida con un pan más en la mesa, con un trabajo permanente y estable, con remuneración digna, vivienda cómoda y decorosa, educación gratuita, etc.

 El aprismo aspira a erradicar políticas de gobierno de corte populista, demagógico o que están al servicio de los grandes grupos de poder económico, de empresas oligopólicas transnacionales y de la nefasta oligarquía plutocrática nacional.

 Este histórico movimiento político no se cansará de realizar todos los esfuerzos y las iniciativas posibles, para resolver, progresivamente, los problemas fundamentales de desempleo, subempleo, oligopolio, contaminación ambiental, inseguridad ciudadana,  analfabetismo, salubridad, corrupción  e inmoralidad en la administración pública,  narcotráfico, terrorismo, etc., y superar definitivamente la auto-explotación del hombre, la explotación del hombre por el hombre y la explotación del hombre por el Estado.

 Mal hacen, entonces, aquellos voceros y dirigentes de la izquierda totalitaria e irresponsable o de la derecha reaccionaria y conservadora, que se tapan la cara y los oídos para no ver ni escuchar el eco resonante por doquier de los triunfos apristas,  que tratan de negar irracionalmente la vigencia de la filosofía, doctrina e ideología del aprismo fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre.

 El aprismo se mantiene vigilante ante las intrigas, mentiras y maquinaciones de los enemigos políticos; permanece alerta a las malintencionadas e injustas críticas de algunos medios de comunicación comprometidos con los tradicionales o renovados grupos de poder económico.

 El aprismo, en su compromiso histórico con el futuro del Perú, no claudicará jamás su consigna de lucha por la defensa de la libertad, la democracia funcional, el Estado de Derecho, el derecho de los trabajadores manuales e intelectuales y la justicia social para todos los peruanos e indoamericanos.

 Creo interpretar y explicar con lo expuesto el compromiso histórico del APRA con el pueblo peruano e indoamericano, ahora más que nunca a los 100 años de su vigencia. 

Lima, 4 de febrero de 2024 / ETN.



[1] Haya de la Torre, Víctor Raúl. Obras completas. Tomo 5, Editorial Juan Mejía Baca,  segunda edición, Lima, 1984,  pág.68.

[2] Silva Villacorta, Pablo. Adónde van las ideas de Haya de la Torre. Una nueva visión sobre las ideas que conforman la doctrina del APRA. Lima-Perú, 1966, pág.13.

[3] Haya de la Torre, Víctor Raúl. Política Aprista. Editorial Imprenta Amauta, segunda edición. Lima –Perú, 1967, pág.54

[4] En: Víctor Raúl Haya de la Torre y la Fraternidad. Ediciones “22 de Febrero”, Prólogo de Ignacio Campos. Lima, 1987, pág.127

[5] Sánchez, Luis Alberto. Correspondencia Luis Alberto Sánchez-Haya de la Torre, tomo I, Ed. Mosca Azul,  Lima, 1982, p.294

[6] Sánchez, Luis Alberto. Op.cit., tomo 1, pág.296

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A los 100 años de vigencia del Apra (X) La revolución social que el Perú necesita

          A los 100 años de vigencia del Apra (X)

LA REVOLUCIÓN SOCIAL QUE EL PERÚ NECESITA 


Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete 

“El Aprismo proclama la necesidad de llegar al Poder para operar desde él la revolución, en un sentido de transformación, de evolución, de renovación, pero sujeta siempre a los imperativos y limitaciones de la realidad”. Haya de la Torre. 

La Academia de la Lengua Española define el término revolución como el cambio violento en las instituciones políticas de una nación. El Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de Manuel Osorio explica que lo que caracteriza a la revolución no es el derrocamiento de los gobernantes; porque ella podría no pasar de un golpe de Estado, sino el cambio de la estructura fundamental de la organización política de la nación, como sería convertir una Monarquía en República o viceversa, una Autocracia en una Democracia, un régimen Federal en uno Unitario, etc. Y agrega: Lo esencial de la revolución es su carácter popular y por eso, cuando triunfa, abre una nueva legalidad, contrariamente a lo que sucede con el golpe de Estado, que casi siempre, por no decir siempre, tiene carácter militar y por eso, por no significar una revolución popular es, aun triunfante, irremisiblemente ilegal. Así lo demuestra la Historia”.

El Aprismo concibe el término revolución como cambio radical de las injustas y arcaicas estructuras del Estado, cambio radical pero en democracia y con plenos derechos humanos, a través de un Programa científico, coherente y realista de gobierno, cambio integral preparado y conducido de abajo hacia arriba, con fiel respeto a la dignidad personal, la libertad de expresión,  la Constitución política y las leyes de la República.

Como partido revolucionario, el Aprismo se propone arribar a la auténtica y profunda transformación del país. Como partido revolucionario el Aprismo es la alternativa política y económica para solucionar de manera integral y progresiva la problemática nacional; la liquidación de privilegios, de corrupción, de vicios y de males sociales; la igualdad de deberes y derechos entre los trabajadores manuales e intelectuales y clases sociales; la capacidad para gobernar con equidad y espíritu de justicia; y, el firme compromiso por la desaparición del poder hegemónico de grupos dominantes.

Para el Aprismo, la realidad económico-social de América Latina es el punto de partida de su acción política. Y descubrir esa realidad ha sido, es y seguirá siendo, de por vida, su primera misión revolucionaria.

Haya de la Torre señala que en el Perú culminó la revolución emancipadora en 1924, consecuentemente el aprismo es el anunciador del Nuevo Ayacucho; es una fuerza revolucionaria de acción y no de palabrería, capaz de llegar a las más extremas realizaciones pero de acuerdo en todo instante con la realidad de cada país latinoamericano, a fin de no provocar a la reacción y dar origen, por tácticas falsas, a movimientos fascistas.

El Aprismo es la fuerza revolucionaria capaz de imponer la revolución del campesino, y de establecer la lucha organizada de esa revolución contra el imperialismo, que es el capitalismo, opresor del obrero, y contra el latifundismo, que es la explotación del campesino.

Este fenomenal movimiento político, que fue capaz de resistir y de subsistir a todo tipo de dictadura y de gobernantes reaccionarios,  niega el absurdo principio de la violencia por la violencia o el simplismo de la revolución sólo para tener el poder.

“Pero el Poder – refiere Haya de la Torre- no puede conquistarse sin lucha, sin guerra. Toda lucha y toda guerra - a medida que el enemigo es más poderoso - necesitan su táctica y su estrategia. Táctica y estrategia primero, para conseguir el Poder, después para mantener la revolución en el Poder y hacer la revolución desde el Poder. Revolución como mera toma de Poder, es cuartelazo o montonera de éxito. Revolución como transformación fundamental en el orden económico y social es la obra que nosotros queremos resaltar, obra difícil antes y después de la toma del Poder”

Y agrega: “Lo que interesa al Apra es que la revolución se cumpla, tanto más amplia, tanto más radical, tanto más izquierdista, tanto más roja cuanto la realidad lo permita”.

El Aprismo proclama la necesidad de llegar al Poder para operar desde él la revolución, en un sentido de transformación, de evolución, de renovación, pero sujeta siempre a los imperativos y limitaciones de la realidad. El Aprismo tiene la responsabilidad histórica de conducir la verdadera revolución social al triunfo.

Para los apristas el sentido de la palabra revolución es sinónimo del vocablo «transformación», “disciplina en la acción para el cambio integral de la sociedad”. Revolución no como sinónimo de caos, de alboroto, de demagogia y de destrucción violenta, no como sepulturera de la historia. Revolución sí, pero revolución social, educativa, cultural y moral, revolución profunda en la conciencia del pueblo, que lo prepara y lo predispone a cambios trascendentes y permanentes. Revolución como “cambio de estructuras” del país, dentro de un proceso democrático, de manera pacífica y constructiva, con autonomía doctrinaria surgida de la realidad indoamericana, de abajo hacia arriba y que tiene por función estar al servicio de los sagrados e irrenunciables derechos, necesidades y aspiraciones de libertad y de justicia de las personas y de la colectividad nacional.

En este sentido, el término revolución debe entenderse como proceso irreversible de transformaciones constructivas y pacíficas en los campos económico, político, social, jurídico, cultura, educativo y moral. Debe entenderse como proceso de evolución y de renovación permanentes, con la participación de las organizaciones populares de manera disciplinada y con orden, pero “sujeta siempre a los imperativos y limitaciones de la realidad” (Haya de la Torre). El aprismo no sólo niega el simplismo de la revolución “sólo para tener el poder”. También proclama su negación al absurdo principio de “la violencia por la violencia”.

“Revolución – decía Haya de la Torre- no es caos; es más bien disciplina en la acción dirigida certeramente hacia nuevos rumbos. La lucha renovadora impone, más que ninguna otra, convicciones arraigadas capaces de afirmar energías tenaces” (Obras Completas. T.1:34) Puntualizaba que “El hombre moderno y el revolucionario auténtico, deben entregarse abiertamente a su obra sin permitir jamás en el seno de las entidades a que pertenezcan, actos de indisciplina interior, que son siempre manifestaciones histéricas y contraproducentes” (Op.cit. T. 1:20), por lo que la tarea de un revolucionario debe ser “ante todo y sobre todo, la acción y la lucha efectiva” y si no se hace esto –recalca- “todo se adormece, se apaga, se prostituye y la revolución se limita a discusiones metafísicas, a fantasías, a masturbaciones mentales” (Ibidem. T. 5:253).

La eficacia y eficiencia del nuevo Estado revolucionario dependerá de cómo el gobierno aplique un estilo nuevo en su quehacer diario, una ética superior en la conducción política, económica, educativa y cultural, buscando aproximar las acciones gubernamentales con la existencia misma de los grupos sociales y de la población en su conjunto.

Dependerá también de cómo se afecte y supere los errores y defectos de los gobernantes, de cómo se aliente y afirme las virtudes y cualidades ciudadanas, sin hacer la guerra interna entre los hombres del campo y de la ciudad. El yoyismo, el individualismo, los intereses creados y subalternos, la abulia y la apatía, la indiferencia y el conformismo deberán ser superados en un proceso de revolución social para asegurar mejores condiciones de vida y de bienestar de la población.

La clase gobernante tendría que agotar todos los esfuerzos posibles y las vías adecuadas que permitan encontrar, como lo quería Haya de la Torre, “nuestros propios caminos para realizar en nosotros mismos, con nuestros propios medios y con nuestras propias ideas la transformación social de nuestros pueblos”.

El proceso revolucionario tendría que incubarse en las bases mismas del pueblo,  tendría que ser propiciado, impulsado, querido, sentido, vivido y retroalimentado por la conciencia objetiva y conciencia subjetiva de las organizaciones e instituciones populares coaligados en el Frente Único de Clases Explotadas, y no por cúpulas de dirigentes o por la clase capitalista que sólo busca el Poder como botín de guerra y de ambición económica para acuñar cada vez más utilidades y riqueza para su propio bienestar.

El Apra, está obligado moralmente como partido mayoritario del Perú a cumplir su misión histórica de lograr la victoria definitiva de las clases explotadas sobre las clases explotadoras, de las clases productoras sobre las clases parasitaria y meramente consumidoras.

Para ello, más allá de satisfacer ambiciones personales de sus propios militantes y dirigentes por ocupar importantes cargos públicos cuando se encuentren en el Gobierno, tendrá que abrir las puertas de participación de los mejores cuadros técnicos aún no siendo apristas, tendrá que descubrir los mejores medios, tendrá que aprovechar las máximas oportunidades políticas y captar a los mejores luchadores profesionales, sindicales, políticos y sociales con el objeto de debilitar a los opresores, moralizar totalmente la administración pública y asegurar el triunfo de la revolución en favor de los oprimidos, marginados y de la inmensa mayoría nacional. Revolución sí empezando en la conciencia del pueblo, pero revolución de verdad, es decir “con ciencia”, sin reclutamiento de tránsfugas políticos que ya fueron envenenados por el oportunismo político y por ideologías importadas y que antaño traicionaron a sus propios electores.

No está demás recalcar que partido político que llega al Gobierno y no cumple su cometido histórico de transformar las anacrónicas estructuras socioeconómicas y  los inoperantes modos y sistemas de producción; partido político en el Gobierno que no cumple con erradicar los privilegios y las desigualdades sociales, que no promueve la inversión productiva con criterio más técnico que político, más social que de rentabilidad electoral, que no redistribuye de manera justa y oportuna los ingresos, recursos y riquezas de la nación, que mantiene intactas la administración defectuosa de la cosa pública, que convive con trusts, monopolios y oligopolios, que ampara los lazos de alienación, dominación y dependencia desencadenados por el imperialismo o la globalización económica y que sólo logra arrancarle al paso algunos frutos malogrados y algunas flores estériles a la sociedad decadente no es un partido político científico y revolucionario, porque sólo, entonces, existe en el papel para servir a los intereses y a las necesidades de los grupos de presión y de los grupos de poder económico de adentro y de afuera.

Lima, 3 de febrero de 2024 / ETN.

 

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A los 100 años de vigencia del Apra (IX) El Apra es el partido de las grandes reformas

 

A los 100 años de vigencia del Apra (IX)

EL APRA ES EL PARTIDO DE LAS GRANDES REFORMAS



Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

 

Al cumplirse los 100 años de vigencia del APRA, desde una perspectiva y orientación latinoamericana, el Aprismo deviene desde su origen y evolución histórica, en un movimiento de negación dialéctico-conceptual de aquellas tradicionales corrientes políticas generalmente conservadoras, caudillistas, autoritarias, importadores de ideologías e instrumentos de la plutocracia criolla nacional, de la oligarquía, del imperialismo, del neoliberalismo y de la globalización en sus efectos inhumanos.

No debe olvidarse que la esencia filosófica, ideológica y doctrinaria del aprismo reviste con el correr del tiempo, un carácter procesal, inagotable y fecundo en sus raíces germinales, un carácter de proyecto histórico-social con amplias posibilidades de poder y claro designio de gobierno en aras del desarrollo y la transformación de los pueblos indoamericanos.

En cuanto partido político, se origina, se nutre y se retroalimenta en la investigación científica de la fenoménica social e histórica del Perú e Indoamérica, en las recónditas fibras del sentimiento y de la conciencia popular, en la lucha disciplinada y fraternal, en el descubrimiento y la fiel interpretación de la realidad económica, social, política, educativa y cultural de los pueblos, bajo el común objetivo de batalla contra el imperialismo globalizante de los tiempos actuales y en la tarea precursora de federar los Estados desunidos del Sur, después de arrebatar el poder a quienes usufructúan y abusan de ella.

Con el aprismo, por vez primera nace en el Perú y en América Latina el partido político de Frente Único de Clases, la más grande organización política impregnada de mística, fe, unión, disciplina y acción heroica, dotado de novedoso sistema de organización y de movilización de masas. Nace, por primera vez, un verdadero partido político con  filosofía, ideología, doctrina y programa de gobierno propio.

Históricamente, no cabe duda, a través del programa máximo y programa mínimo del aprismo se lograron importantes conquistas sociales, laborales, profesionales, educativas, culturales y derechos ciudadanos, tales como: la planificación de la economía peruana, la descentralización y regionalización del país, la implantación del seguro social, la educación gratuita, los derechos políticos de la mujer en igualdad de condiciones que las del hombre y el reconocimiento de su facultad para desempeñar todos los cargos públicos obtenidos por elección o nombramiento.

Con la aparición del Aprismo, por vez primera se habla  del derecho al voto de los mayores de 18 años, por su capacidad económica creadora; el voto de los analfabetos; la separación de la Iglesia del Estado y la ciudadanía latinoamericana. Con el aprismo se aprueba la reforma tributaria, el fomento del cooperativismo, el fomento y la organización de cooperativas escolares, la creación del Banco de la Nación,  el impulso de la reforma agraria y la nacionalización de la minería, entre otros.

Con el aprismo se crearon las Universidades Populares “González Prada”, se incorpora al indio al proceso económico y desarrollo del país, se moderniza la comunidad indígena, el Poder Legislativo efectúa control sobre las acciones del Poder Ejecutivo.

Con el aprismo se hace realidad la jornada máxima de  ocho horas diarias para cualquier tipo de actividad humana; se logra el descanso de un día y el derecho de la mujer a ganar el mismo salario por el mismo tipo de trabajo; se conquista el pago del salario dominical para todos los trabajadores que hubiesen cumplido con su función los días hábiles de la semana y los periodistas obtienen una serie de derechos fundamentales.

Con el aprismo se conquista la igualdad de derechos entre hijos legítimos e ilegítimos, por cuanto éstos de padre y madre no casados se encontraban en inferioridad respecto a los legítimos, no sólo por la situación natural de la inexistencia de un hogar unido que vele por ellos, sino porque la ley los castigaba por el hecho éste que no han provocado.

Con la insurgencia del aprismo se hace posible la creación de las oficinas de Beneficencia Pública, los Botiquines Populares, la exoneración de impuestos a los asilos de ancianos, la creación de Colegios Profesionales y la construcción de cientos de escuelas técnicas en todo el Perú.

Haya de la Torre, en uno de sus discursos afirmó enfáticamente: “Nosotros propusimos en el Programa Aprista de 1931 todas las grandes reformas que establecen el principio de una verdadera mutación de estructuras económico-sociales y que sientan las bases de esta ansiada transformación del Perú. Pero nosotros hemos sostenido, y sostenemos, que todas las reformas sociales y económicas en el país, pueden y deben hacerse dentro de las instituciones democráticas, y consultando siempre al pueblo, que paga impuestos, al pueblo que trabaja y produce, vale decir, a los protagonistas históricos que van a ser favorecidos o no con el nuevo sistema de reformas que se pretende implantar. Entonces y así, es que hemos pedido el diálogo”.

Desde los primeros días de su fundación  el Apra no se equivocó y tuvo razón cuando aprobó su programa máximo y programa mínimo de gobierno, desde 1931, luego de un estudio científico de la realidad peruana, de sus necesidades y problemas más apremiantes. Y Haya de la Torre lo recuerda en su discurso de 1961: “…No nos equivocamos, el pueblo ha logrado enseñarle a muchos dirigentes de este país que no se equivocó cuando sostuvo que la América debía unirse económica y políticamente. Que el Perú era parte de América y América parte del Mundo y que vivimos en un universo de interdependencia. Que no se equivocó cuando dijo que nuestra riqueza debía nacionalizarse progresivamente. Que no se equivocó cuando dijo que había que darle tierra a quien la trabaje mediante una reforma agraria justa, limpia, verdaderamente satisfactoria para los intereses del país. Que no se equivocó cuando dijo que debía darse instrucción gratuita en la Escuela, el Colegio y la Universidad. Que no se equivocó cuando dijo que había que fomentar el cooperativismo en un pueblo como el nuestro que tiene una tradición cooperativista en la comunidad incaica que podría levantar el ritmo de esta economía retardada. Dijimos que en estos países existían dos velocidades económicas: una lenta, genuina y aborigen; y otra activa, que pertenece al mecanismo imperialista o extranjero; y que teníamos que coordinar esas dos velocidades. Tenemos que poner al hombre en el camino del trabajo bien remunerado, para que sea buen consumidor y buen productor. Tenemos que hacer la obra de higiene, de nutrición, de rescate de nuestro capital humano”.

No se equivocó el maestro, jefe y guía Víctor Raúl Haya de la Torre cuando manifestó: ”el programa aprista se adelantó a las realidades del Perú y América 50 años” y “bien podríamos reclamar derechos de autor…en el Perú”, programa por el cual los apristas habían sido proscritos 40 años, calumniados, perseguidos, zaheridos, vilipendiados y relegados a la ilicitud, condenados y atacados como un “partido internacionalista” . Programa que consideró la posibilidad de realizar una revolución integral en democracia, en libertad, con la participación del pueblo y que tuvo el acierto de la previsión y “trajo al Perú por primera vez la voz admonitiva y precursora de una GRAN TRANSFORMACIÓN” y “una nueva norma innovadora y verdaderamente revolucionaria para el futuro del Perú”, revolución educativa, revolución cultural, revolución social y económica, revolución ecológica, revolución científica, revolución tecnológica y revolución moral.

Todo lo referido fue posible porque el Apra  es un partido político organizado, que nació con una filosofía, una doctrina, una ideología y un plan de gobierno propio, elaborado por técnicos y profesionales con conciencia de responsabilidad histórica, con sentido realista, constructivo y social, con vocación de servicio y alto espíritu de justicia social, deponiendo intereses personales buscaban y aspiraban a consolidar la democracia funcional y continental y la Justicia Social de Pan con Libertad.

El Programa Máximo del APRA, pregonado en su programa de gobierno en 1924 y ratificada en 1931, constituye todo un aporte revolucionario a la ciencia política del siglo XX.

El Programa Máximo del APRA consta de cinco puntos generales: 1) Acción contra todo tipo de imperialismo. 2) Por la unidad política de la
América Latina. 3) Por la nacionalización de la tierra e industria. 4) Por la internacionalización del Canal de Panamá. 5) Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.

Precisamente por haber formulado la unión política y económica de América Latina fue declarado como partido internacional y puesto fuera de la ley y sus militantes perdieron sus derechos ciudadanos, unidad que antes era una herejía y que resultó en poco tiempo siendo una realidad, toda vez que el denominado Mercado Común o Zona de Comercio Libre no es otra cosa que la Unidad Económica que traerá como corolario la política del continente latinoamericano.

El Apra planteó en su programa de gobierno: Nacionalización progresiva de la riqueza, para mejorar las condiciones de vida de la población, en el marco de una política antimperialista constructiva. Haya, ante las preguntas de los trabajadores: “¿Nos van a devolver otra vez al latifundio, al patrón, a la situación anterior?, ¿Queremos saber si ustedes van a nacionalizar y ¿con qué capitales van a progresar y si nos van a obligar a nosotros a regresar a los campos de los hacendados de Huancavelica, de Ayacucho, etc., a ganar otra vez 20 centavos al día y a vivir en las condiciones en que antes vivíamos? Ante estas y otras preguntas más Haya de la Torre respondió: “Nosotros decimos nacionalización progresiva; lo que se pueda nacionalizar, lo que se debe ir nacionalizando, pero nunca sacrificando al trabajador, nunca haciéndole sufrir. Porque eso de “te voy hacer progresar, pero espera 43 años, podrá estar bueno para Rusia pero para nosotros no. (Aplausos). De allí, compañeros, que nosotros fuéramos desde 1931 muy claros y ahí está nuestra definición anticomunista…Nosotros no tememos la doctrina comunista porque la consideramos un resultado económico europeo, distinta de nuestra concepción de la justicia. No se va a la Justicia Social por un solo camino, ni por el camino de Moscú exclusivamente. Nosotros podemos escoger nuestra justicia, conseguir nuestra libertad, crear nuestra doctrina de salvación social, afirmar nuestra democracia por caminos propios sin tener que apelar a credos extranjeros, extra americanos. Esa fue nuestra primera formulación. La segunda, enfrentarnos al comunismo, afirmando que, por las condiciones históricas de la América Latina, el comunismo es inadaptable, inadmisible aquí”.

 

 

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