viernes, 27 de febrero de 2015

EL ESPÍRITU CIENTÍFICO

EL ESPÍRITU CIENTÍFICO

       El término espíritu proviene del latín spiritus, significa aliento, vida, alma, soplo, mente, espíritu.
Hablar de espíritu, es hablar de un ser inmaterial, incorpóreo y racional, que posee autoconciencia, libre autodeterminación y es capaz de realizar valores.
En nuestra vida diaria solemos escuchar que hay varias clases de espíritu, por ejemplo: espíritu objetivo, espíritu subjetivo, espíritu humano,.  espíritu divino, espíritu finito e imperfecto (alma), espíritu infinito y perfecto (Dios), espíritu absoluto, espíritu deportivo, espíritu cultural, espíritu religioso, espíritu filosófico, espíritu científico, espíritu crítico, espíritu de competencia, espíritu nacional, espíritu bueno y espíritu malo.
Paul Henri Boyer, en su Diccionario breve de filosofía, entiende por espíritu “un término contrapuesto a materia, a cuerpo; se usa en sentido teológico para expresar la característica de ciertos seres, que poseen un alma superior, ya se trate de espíritus puros (ángeles), o de espíritus encarnados (hombres. Metafísicamente es lo opuesto a materia, teniendo como caracteres el ser incorpóreo, simple, suprasensible, inmortal. El espíritu es el reino de la libertad, el mundo de la vida más profunda. Por ello los griegos acudían a la idea de soplo (pneuma) para manifestar el concepto de espíritu”.[1]
El espíritu científico es, una actitud o disposición subjetiva racional del investigador que busca soluciones confiables a situaciones problemáticas mediante el empleo de métodos adecuados al problema que pretende resolver. Esta disposición es adquirida o aprendida (no heredada) a lo largo de la vida del investigador, sobre la base de esfuerzo, dedicación y sacrificio. Desde luego que no es innata a la persona, se le conquista a lo largo de la vida a costa de trabajo e incluso de sacrificios.

El espíritu científico implica una mente crítica, responsabilidad, conciencia objetiva, educación en valores, permanente perfeccionamiento de la capacidad de juicio, capacidad para distinguir lo secundario de lo principal, para superar posiciones subjetivas como “yo creo que podría ser así y no de otra manera”.

El espíritu científico se sustenta en la racionalidad, la objetividad, la veracidad, la imparcialidad,  la fina sensibilidad social, la responsabilidad social, jurídica y ética y en el bien común.

El espíritu científico es un espíritu crítico que empieza por la duda metódica (que no es la duda puramente escéptica del que cree que no se puede llegar nunca a ninguna verdad), es decir, por la suspensión del juicio mientras se llegue a comprender mejor el tema, hecho, fenómeno o problema para encontrar la verdad y la solución del problema. Según Karl Popper el espíritu crítico implica además el cultivo de la verdad y la necesidad de la prueba.

Blanca Inés Prada Márquez escribe al respecto que “Hay una característica del espíritu científico que suele llamarse Libre examen, con lo cual se entiende que la ciencia no admite intromisiones de autoridades extrañas a su propio dominio (sean éstas religiosas o políticas), ni limitaciones en su propio campo de investigación.  Pero el “espíritu del libre examen”, no debe confundirse con la búsqueda de la originalidad a todo precio que domina a veces en el campo literario donde un pensamiento es tanto más original cuanto más paradójico y falso aparezca”.[2]

“Entendemos por espíritu científico la actitud de búsqueda, inquietud y cuestionamiento sobre la naturaleza (biótica y abiótica), actitud que es descubrimiento, es un acto creador, es asombro no contemplación del mundo pues en él no hay simplicidad ni cosas obvias, él necesita ser cuestionado, aprehendido, comprendido y transformado… Para que el espíritu científico se desarrolle se necesita un interés, que parte de la necesidad (signo interno) y se manifiesta por medio de la curiosidad (signo externo) que se proyecta a los otros”[3].

El espíritu científico debe empezarse a desarrollar desde el hogar y la escuela, enseñando a los hijos y a los estudiantes  el valor del método científico  en la solución de problemas de la vida cotidiana y del ámbito académico.

Se denomina espíritu científico a la predisposición del pensamiento para las ciencias o para el conocimiento objetivo y universal de las ciencias, libre de prejuicios,  dogmas, creencias, explicaciones teológicas o metafísicas.
El espíritu científico es el conjunto de disposiciones intelectuales y morales con afán de saber racionalmente y que se orienta a la búsqueda de la verdad objetiva en todo tiempo y lugar y que se da en los profesionales con vocación por la investigación en determinada rama del saber humano.
Julia Didier, en su Diccionario de Filosofía, entiende por espíritu científico la predisposición del pensamiento para las ciencias, es decir, para un conocimiento objetivo y universal. También se habla de espíritu positivo. Se caracteriza por el rechazo para confiar en las impresiones subjetivas, en la tradición (creencia, explicaciones teológicas, metafísicas); se identifica con el espíritu crítico, pero aplicado a un objeto real (los fenómenos de la naturaleza). Su ideal es colocar en lugar de la percepción de las cosas el conocimiento de sus leyes: “relaciones constantes” entre los fenómenos.[4]
El espíritu científico, según Goblot, está hecho principalmente de amor a la verdad, de conciencia intelectual, y de un predominio de la voluntad sobre el juicio que preserva de cualquier influencia ajena a la razón.
REQUISITOS DEL ESPÍRITU CIENTÍFICO
Son requisitos del espíritu científico la curiosidad siempre despierta, imparcialidad, la sagacidad que permite al observador elegir el material de sus observaciones e investigaciones y la facultad de admiración que permite encontrar motivo de sorpresa en algún hecho científico. No se equivoca Platón cuando afirma: “La admiración es el sentimiento propio del filósofo y el principio mismo de la filosofía y de todas las ciencias”.
“Además de requisitos intelectuales, el espíritu científico está integrado, sobre todo, por cualidades morales: amor a la verdad, sinceridad intelectual y un imperio de la voluntad sobre el juicio, que lo preserve de toda influencia extraña o interesada” señala E. Goblot en su  obra Traité de Logique.


[1] Boyer, Paul Henri. Diccionario breve de filosofía. Club de Lectores, Buenos Aires,1962, p.68-69.
[2]Prada Márquez, Blanca Inés, “Características del espíritu científico” (http://www.correvedile.com/blancaprada/espiritu-cientifico).
[4] Didier, Julia. Diccionario de Filosofía. Editorial Diana, México, 2ª.  impresión, marzo de 1987, México, p.50.