domingo, 21 de diciembre de 2008

HAYA DE LA TORRE: El ciudadano del Cuzco

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

En agosto de 1917, el carismático, inteligente, erudito y joven rebelde, Víctor Raúl Haya de la Torre , partió al Cuzco desde la ciudad de Lima para desempeñar el único y efímero cargo público que tuvo durante toda su vida: Secretario de la Prefectura del Cuzco, época en la que su tío, el coronel César González, era Prefecto.

A los pocos días de su permanencia en el Cuzco, Haya logra transferir su matrícula de la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos a la Universidad de San Antonio Abad del Cuzco para seguir estudios de Derecho. En esta ciudad muy pronto adquirió conocimientos sobre la tragedia del indio peruano y las acciones inhumanas desarrolladas por los gamonales.

Al salir elegido Presidente de la Federación de Estudiantes del Perú, no dudó un solo instante, tras derrotar a la reacción limeña, para que el Primer Congreso Nacional de Estudiantes del Perú se realizara en el Cuzco en 1920.

Fue, entonces, una legítima y bien merecida victoria provinciana y serrana, lograda por el liderazgo político de Haya. Sus palabras, en busca del “espíritu del Perú Nuevo”, nos obvian de mayores comentarios : “ solo o casi solo luché por llevar al Cuzco la primera Asamblea de la juventud peruana, buscando el lugar más difícil y más lejano para reunirla porque presentía que de ella saldría el espíritu del Perú Nuevo y porque sabía que sólo del Ande vendría esa renovación” (México, mayo de 1928).

Y agregaba: “Recuerdo que en alguna de esas sesiones admirables, mientras discutíamos, retumbaban los truenos y se vaciaban las nubes sobre el Cuzco eterno”. “Del Congreso del Cuzco –lo dije en los discursos de inauguración y de clausura de la asamblea por no se qué extraño acierto-, salió la nueva inspiración de la juventud peruana. De él, las Universidades Populares, de él el interés de la juventud estudiosa por el problema social, de él la devoción por la causa indígena, de él el magnífico sentimiento liberal que ofreció ya América la victoria anunciadora del triunfo definitivo del futuro, el 23 de mayo de 1923, de él el primer nexo con la juventud de trabajadores manuales…”

Pero también del referido congreso nació el cogobierno estudiantil, la libertad de cátedra, el derecho de tacha a los malos catedráticos, el espíritu revolucionario por las grandes reformas.

En 1921, Haya fundó la Universidad Popular González Prada, en Lima primero, y posteriormente se crearían en Vitarte, Arequipa, Cuzco, Trujillo y Salaverry.

El 9 de noviembre de 1923, recordaba, Haya de la Torre , desde La Habana , Cuba, en un discurso a los estudiantes de la Universidad Popular José Martí, que “En mayo de 1922 estuvo colgado por varios días en la Iglesia de Sauri, capital de la provincia de Espinar, perteneciente al Cuzco, el cadáver mutilado de un indio que sufrió, ante la impasibilidad de las autoridades políticas y judiciales y con anuencia del párroco, por el delito de encabezar una insurrección contra los terratenientes que incendiaban las chozas y robaban las mujeres de los indígenas de la región”.

El 20 de junio de 1925, en carta dirigida a Julio R. Barcos, desde la ciudad de Londres, Haya de la Torre revelaba que en el Perú “No ha habido un solo gobernante que se haya conmovido ante el horror de la situación del Indio. El Gamonalismo es en el Perú, un crimen organizado y legalizado. Yo he vivido ocho meses en el Cuzco, conozco Cajamarca, Apurímac y otros puntos de la sierra peruana. Usted no puede imaginarse los horrores que allí se comete. He visto indios con las carnes tajadas por las vergas con que les azotan…”

En México, el 29 de marzo de 1928, en Carta dirigida a A. J. Guillermo Guevara, Director de La Sierra , Haya hizo otra confesión y revelación trascendente cuando expresó que “El Cuzco transformó a la juventud nacional como me había transformado a mí, dos años antes. Por eso soy ciudadano del Cuzco, porque creo que el hombre nuevo que llevo en mí apareció en los principios de mi juventud durante mis largos meses de permanencia en el Cuzco. Yo no habría sentido devoción por la raza indígena ni amor por el Perú serrano, ni dolor por la injusticia social, ni rebeldía, ante la barbarie hecha sistema político, sino hubiera vivido de cerca la vida del Cuzco. Hijo de serrano, no había visto la sierra sino al pasar por los caminos empinados y bellísimos que llevan a Cajamarca. Pero en buena hora fui al Cuzco y recorrí casi toda la extensión para sus provincias y llegué hasta el Lago y crucé sus aguas para convencerme que las fronteras entre Perú y Bolivia serranos, serán borradas algún día por la reconquista de los hijos de los Incas. Entonces y sólo entonces comprendí el problema grandioso y decidí hacerme soldado de la causa que luchará po r la solución…”

Frente a esta explotación inhumana del indio por los terratenientes, en el mes de abril de 1930 y desde Berlín, Haya de la Torre señaló enfáticamente que los apristas peruanos insistían en su lema: “La tierra que el indio necesita para trabajar debe ser del indio”, cuando entonces las cuatro quintas partes de nuestra clase productora era indígena, se luchaba por la tierra y la libertad y por unificar a los trabajadores manuales e intelectuales en un gran Frente Único de la Justicia Social.