viernes, 12 de septiembre de 2008

Aprismo y Globalización


Escribe: Eudoro Terrones Negrete

El movimiento aprista coincide con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuando reclama por los cuatro vientos una reforma del actual orden económico mundial y una reforma del sistema multilateral de comercio más humano, cuyos beneficios sean distribuidos equitativamente, dentro de un marco de políticas más balanceado y en la que los países en desarrollo no permanezcan más en la defensiva en las conversaciones comerciales de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

“La globalización es un proceso real, pero sus leyes y tendencias no son el único medio de acción. Este gran proceso de fondo, cuyo motor último está en la información y la comunicación, debe ser complementado con políticas sociales concretas por parte del Estado para incluir en la justicia y el bienestar a la mayor parte de los ciudadanos”, señala Alan García Pérez, en su reciente obra “La revolución constructiva del aprismo / Teorí@ y pr@ctic@ de l@ Modernid@d” (Lima, 2008).

Siguiendo el pensamiento de Haya de la Torre , el Perú y los países en vía de desarrollo tienen un compromiso y destino histórico de luchar mancomunadamente por su independencia económica, política y cultural, dentro de un régimen político democrático. En este sentido, deberán realizar sumos esfuerzos por concertar políticas generadoras de más empleo, más inclusión social y bienestar, pero al mismo tiempo que protejan el medio ambiente, erradiquen la carrera armamentista, superen la pobreza, el narcoterrorismo, la corrupción y la violencia estructural, entre otros.

En la actual sociedad global, los gobiernos latinoamericanos no tienen otro camino que desarrollar acciones conjuntas contra los enemigos de fuera y de dentro, defender sus identidades culturales, afirmar sus soberanías nacionales, proteger el mercado interno, saber tratar con los inversionistas extranjeros en términos de equidad y de justicia social, alentar la inversión extranjera directa, suscribir tratados de libre comercio con Japón, China, la Unión Europea , Canadá, Estados Unidos, etc., lograr espacios de integración económica hacia adentro y hacia fuera con objetivo social, garantizar el crecimiento continuo y descentralizado, suspender las leyes antidumping que son usadas como medidas proteccionistas encubiertas y desarrollar un sistema de comercio multilateral.

El aprismo está por una globalización en su concepción ambivalente y con rostro humano, que tenga por eje central al hombre, con deberes, derechos y oportunidades de vivir como verdaderos seres humanos dentro de una sociedad abierta y una democracia funcional.

Ante una época de grandes transformaciones, de insólitos cambios y de marchas aceleradas en todo orden de cosas, tiene razón nuestro Presidente de la República , Alan García, cuando manifiesta que debemos utilizar “el mercado global y la inversión pero con un objetivo social, con un sentido aprista. Esa es la diferencia. Se fomenta la inversión no con el interés de aumentar las ganancias de un grupo social sino con el propósito de acumular máquinas, tecnología e infraestructura dentro del país para potenciar su presencia en el mundo y generar más empleo y bienestar. Con más inversión y mayor demanda por trabajadores y técnicos de empleo la tendencia a mejorar el salario y la calidad de las relaciones laborales será indetenible…” (www.eudoroterrones.com; eudoro.terrones@yahoo.com).