jueves, 23 de octubre de 2008

Cooperativismo: El Tercer Camino

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Pocos intelectuales, políticos, escritores e investigadores sociales trataron de identificar y explicar la explotación del hombre por el hombre y del hombre por el Estado, en los sistemas del capitalismo privado y capitalismo de Estado. Uno de ellos es Víctor Raúl Haya de la Torre , en su condición de jefe, fundador y guía del Aprismo.

El Aprismo, desde su fundación, planteó la necesidad de fomentar el cooperativismo en el Perú, en la medida que representa un nuevo orden socioeconómico pacífico, humanista y solidario, que devuelve al pueblo las funciones que le fueron arrebatadas por siglos de expansión autoritaria, individualista y capitalista.

“Contra el imperialismo, la nacionalización progresiva de las fuentes de riqueza, y contra el feudalismo criollo la cooperativización”, escribía Haya de la Torre en 1928.

Este insigne estadista, político con sólidos principios éticos y sentido social, reveló a su tiempo que la ausencia de grandes capitales nacionales, la necesidad de equilibrar la influencia económica extranjera que se desenvuelve sobre bases de fuerte capitalización y crédito, que no son nuestras ni están bajo nuestro contralor, impone la formación de un vasto y coherente organismo cooperativo nacional con la protección y promoción del Estado, en el entendido que el cooperativismo debe ser una de las grandes bases para la reorganización metódica y eficiente de la producción, la circulación y el consumo de la riqueza nacional.

El 13 de setiembre de 1960, Víctor Raúl Haya de la Torre escribió en el periódico El Tiempo de Bogotá, que entre las dos variantes del sistema capitalista: el capitalismo privado, dominante en los Estados Unidos, y el capitalismo de Estado, cuya más avanzada expresión es Rusia, aparece una tercera forma de organización económica a la que se le puede aplicar el epíteto, en inglés, de “middle-way”.

En aquél artículo titulado “El cooperativismo por el Tercer camino”, el jefe y fundador del aprismo explica, con claridad meridiana, que “En los dos no se retribuye al trabajo, fuente de toda riqueza, según “las necesidades del trabajador”, sino de acuerdo con escalas de salarios correspondientes a las tareas que realiza. En los dos, la plusvalía acumula ingentes capitales movidos por organizaciones bancarias, en los dos rige un sistema impositivo, más alto donde existe la propiedad privada que donde el gran propietario es el Estado. Pero, en uno y en otro el superindustrialismo ha determinado una tan alta acumulación del dinero que permite su exportación en forma de inversiones o préstamos a países que lo requieren para salir de su condición de “sub-desarrollados”.

Luego del análisis realista de las dos formas de organización económica imperantes en el mundo durante el siglo XX, Haya de la Torre se inclina por “El middle-way” o tercer camino.

En este sentido considera que el cooperativismo “tiende a liberar al hombre, como trabajador y como ciudadano, de la presionante predominancia de una “clase capitalista” o de un “Estado capitalista”. Vale decir de un capitalismo privado, o de un capitalismo de Estado, que por medio de un régimen monopolista representan la continuidad de la explotación injusta del trabajo humano.

El “tercer camino”,- puntualiza Víctor Raúl-, toma de los dos extremos lo que hay de bueno en ellos, pero tiende a encontrar nuevas formas de comportamiento, tanto económicas como estatales. Y como parte del principio incontestable de que no puede haber verdadera justicia social sin libertad, toda su concepción se fundamenta en las normas de la democracia integral”.

Enfatiza también que “Uno de sus logros reales, demostrativos de lo que puede llegar a ser una creadora sociedad futura con pan, libertad y paz, es el cooperativismo”. “El cooperativismo estimula la iniciativa privada, no restringe la libertad individual, deja campo abierto a la voluntad autonómica del cooperante, pero se norma en la regla ética del respeto al derecho ajeno como límite del propio. Por tanto, aparece como la concepción de veras práctica de una convivencia social liberada de las injusticias económicas, causa de todas las discordias humanas”

Concluye, afirmando: “Acaso una tercera solución sea lo que el mundo espere…Los cooperativistas confían en que por allí llegarán a su final victoria”.