viernes, 6 de mayo de 2016

EL APRISMO EN SUS 92 AÑOS (1924-7 de mayo-2016)

EL APRISMO EN SUS 92 AÑOS
 (1924-7 de Mayo-2016)

Escribe: Eudoro Terrones Negrete



«Ahora volvemos tan unidos como antes, pero más fuertes. Nuestro Partido del Pueblo es un enorme gigante que se alza de nuevo. Pero es un gigante que tiene la generosidad que sólo poseen los fuertes. Únicamente los débiles son rencorosos y mezquinos. Nosotros que soportamos tercos agravios, no vamos a mirar hacia atrás, como la bíblica esposa de Lot que se convirtió en estatua, sino miramos hacia delante, constructivamente, por donde están amaneciendo los caminos de la esperanza».Víctor Raúl Haya de la Torre.                                 

En las líneas que siguen explicaré  el significado del APRISMO desde los puntos de vista filosófico, económico, social, político, educativo y religioso, en homenaje a los 92 años de existencia y a su creador, fundador, jefe y guía Víctor Raúl Haya de la Torre.

APRISMO Y FILOSOFÍA

Filosóficamente, el aprismo es el partido de la negación dialéctica del marxismo, partido libertario que promueve y defiende todas las libertades del ser humano.

Desde sus orígenes, el aprismo busca transformar las arcaicas estructuras socioeconómicas y políticas y producir la «precursora revolución de los espíritus», en lucha organizada, disciplinada y frontal contra la explotación del hombre por el hombre y del hombre por el Estado. «El aprismo s el resultado de un espontáneo anhelo de nuestros pueblos para defender unidos su libertad venciendo a los enemigos de dentro y a los de fuera» (Haya de la Torre).

El aprismo, que es toda una concepción del mundo, de las cosas, del hombre y de la sociedad, basa su filosofía en la tesis del Espacio-Tiempo-Histórico, genial producción intelectual de Víctor Raúl Haya de la Torre.

Las normas de metodización filosófica del aprismo se fundamentan en el enunciado dialéctico de la Negación de la Negación. Reconoce así, el aprismo, el principio universal del eterno movimiento, cambio o devenir, como un proceso constante de contradicciones, negaciones y continuidad, pero reconoce también en el marxismo una escuela filosófica sujeta a la misma ley por ella descubierta y perfeccionada, pero no acepta sus conclusiones doctrinarias como dogmas inflexibles.

El aprismo niega dialécticamente al marxismo al rechazar la idea de partidos políticos clasistas  o dictaduras clasistas y reconoce en el imperialismo la primera y no la última etapa del capitalismo en los países en vía de desarrollo, como es el caso de Perú u de los países de América Latina.

El aprismo niega dialécticamente al marxismo cuando sostiene que en los países del mundo no existe un solo proceso histórico sino múltiples, caso América Latina, donde coexisten o conviven distintas etapas de la evolución social: comunismo primitivo, feudalismo, capitalismo incipiente. Por lo que la realidad de los países de América Latina es diferente a la realidad de los países de Europa.

El aprismo, al negar al marxismo, considera que la «revolución proletaria» y la profecía de una «sociedad sin clases» como fin de la «lucha de clases» sostenida por el marxismo puede ser superada en forma pacífica por la revolución democrática, científica, tecnológica, espiritual y cultural.

Filosóficamente, el aprismo es un partido político dialécticamente hegeliano, indeterminista, relativista, einsteniano, que supera al marxismo «negándolo y continuándolo al mismo tiempo, sin aceptarlo como dogma inmóvil como ortodoxia congelada», que recusa el determinismo histórico, determinismo económico y determinismo dialéctico del marxismo.

El aprismo recusa la tesis que sostiene que el imperialismo es la «última o superior» etapa del sistema capitalista, como generalizaba Vladimir Ilich Lenin.  Haya de la Torre niega este determinismo económico, al sostener que esta afirmación no puede aplicarse para todas las regiones de la tierra: «En efecto, es «la última etapa»; pero sólo para los países industrializados que han cumplido todo el proceso de la negación y sucesión de las etapas anteriores. Más para los países de economía incipiente, primitiva o retrasada a los que el capitalismo llega bajo la forma imperialista, ésta es «su primera etapa».

«Quien quiera entender lo que es el aprismo en su línea fundamental de interpretación histórica de la realidad indoamericana - señala Haya de la Torre- habrá de recordar la importancia fundamental que tiene en nuestra ideología la ubicación del observador con respecto a los fenómenos observados. Esta aplicación a la filosofía de la Historia de los principios científicos del Relativismo Moderno me llevaron a enunciar ya algunos años la tesis del Espacio-Tiempo-Histórico» («Espacio-Tiempo-Histórico», Lima, 1977). El espacio histórico y el tiempo histórico son inseparables entre sí, por ende se expresan en un solo término: Espacio-Tiempo-Histórico.

Así como Einstein dijo que no hay fenómeno físico sin su espacio y su tiempo, los apristas sostienen que no hay fenómeno histórico sin su espacio y su tiempo. La realidad de América es una cosa y ota diferente es la realidad de Europa. Mientras los europeos decían que en los pueblos desarrollados el imperialismo era la etapa superior o última del capitalismo, los apristas desde América dicen, desde el ámbito de una región subdesarrollada, que el imperialismo aquí aparecía como la etapa inicial del sistema capitalista, por lo que resulta estúpido y reaccionario querer implantar tácticas europeas en la lucha social en Perú y  en América Latina. La realidad no se inventa ni se trasplanta, se descubre. El principio de la negación de la negación dialéctica se cumple.

El aprismo, filosóficamente es relativista, por cuanto aplica la teoría de la relatividad de Albert Einstein, tanto a la Geometría Dinámica como a la Filosofía de la Historia. Y aplicando la tesis del Espacio-Tiempo-Histórico, el aprismo sostiene que no hay leyes universales de determinismo económico, social o político y que su aplicación es relativa a la realidad espacio-temporal de cada sociedad o región. «Nuestro Tiempo y nuestro Espacio económicos nos señalan una posición y un camino» sentenciaba Haya de la Torre.

Las normas de metodización filosófica del aprismo se fundamentan en el enunciado dialéctico de «la negación de la negación». Reconoce así, el principio universal del eterno movimiento, del permanente cambio o devenir, como un proceso constante de contradicciones, negaciones y continuidad, pero reconoce también en el marxismo una escuela filosófica sujeta a la misma ley por ella descubierta y perfeccionada, pero no acepta sus conclusiones doctrinarias como dogmas inflexibles.

El aprismo al recusar al marxismo ortodoxo, rechaza aquella arbitraria clasificación cronológica de la historia en edades Antigua, Media, Moderna y Contemporánea, con aspiraciones de universalidad absoluta, porque aquí en Indoamérica se yuxtaponen y coexisten todos los grados de evolución de las sociedades.

APRISMO Y ECONOMÍA

Económicamente, el aprismo preconiza una progresiva inversión del capital y el principio de la propiedad privada. Considera necesario el capital extranjero para la racional y equitativa explotación de la riqueza y alcanzar el desarrollo industrial de países poco desarrollados como el Perú y los de América Latina o Indoamérica.

El aprismo no es una doctrina política de chauvinismo latinoamericano contra el pueblo de Estados Unidos. El programa doctrinario del aprismo precisa bien que sólo combate el fenómeno del imperialismo en sus aspectos negativos, destructivos y opresivos.

Como partido antimperialista el aprismo sostiene que ningún país de Indoamérica podrá desarrollarse sin la presencia del capital, siempre y cuando el capital llegue para superar la pobreza, la miseria y la injusticia y no para cometer las más flagrantes violaciones del derecho de los pueblos débiles. Los apristas, afirman, no son enemigos del pueblo norteamericano, sino enemigos de la política imperialista en sus efectos de «franca agresión económica», de dominación, de dictadura política y de sumisión a nuestros países.

En consecuencia, sostiene Haya de la Torre: «Tomaremos de los países de más alta economía y cultura lo que requieren nuestro desarrollo material y el engrandecimiento de nuestra vida espiritual. Negociaremos con ellos, no como súbditos sino como iguales. Sabiendo que ellos necesitan de nosotros como nosotros de ellos, las leyes del intercambio deben cumplirse equilibradamente» («El Antimperialismo y el APRA», Chile, 1936).

APRISMO Y LO SOCIAL

Socialmente, el aprismo propugna y fomenta el cooperativismo, el Frente Único de Clases explotadas por el gran capital transnacional. No es un partido político de una sola clase, es un partido policlasista, de varias clases que se juntan,  que se organizan y se movilizan en procura de un futuro próspero y un mundo nuevo, el bienestar material y espiritual de los trabajadores manuales e intelectuales, la libertad religiosa y política, la organización del Estado sobre la base de la democracia funcional y la elevación del espíritu nacional.

El aprismo es el Partido del Pueblo, es el partido de los que menos tienen, de quienes cifran sus esperanzas en alcanzar a corto, mediano o largo plazo la satisfacción de sus máximas aspiraciones de libertad, de dignidad, de justicia, de educación y cultura.

El aprismo es una fuerza social sin precedente en la historia republicana del Perú y  de América Latina. El aprismo supo mantener siempre en alto y gallardamente la invicta bandera de sus principios y el paradigma de su lealtad, con realismo y responsabilidad, sin mentiras, sin demagogia, sin adulaciones ni engaños, a la luz de la verdad de una doctrina científica, de una filosofía original y de una fuerza juvenil que es consciente de su rol histórico y que está preparada desde sus años aurorales para dirigir los destinos del Perú con absoluta responsabilidad, sentido social, honestidad intelectual, sin antagonismo racial o prejuicio de razas, sin odios ni venganza y sin violencia.

Lo dijo Víctor Raúl: «Somos el partido del pueblo y la causa del pueblo vencerá».

APRISMO Y POLÍTICA

En el Perú y América Latina, los partidos de derecha  se agruparon en clubes de compadres en busca del presupuesto nacional, se agrupó en clubes políticos electorales de carácter eventual y transitorio, indisciplinada e individualista, que repugnaba la idea de crear un partido doctrinario y programático. Estiman más cómo financiar periódicamente golpes de Estado y colocar en el Poder gentes fieles a su mandato, postergando así el legítimo derecho del pueblo a elegir sus gobernantes.

Los partidos de derecha están integrados por representantes de grupos de poder económico, de bancos nacionales y extranjeros, de  empresas oligopólicas transnacionales, de grandes industriales que sólo buscan acuñar muchos beneficios económicos a costa de mantener en pie la miseria, la desocupación, el desempleo y la exigencia de mayores deberes y menores derechos de los trabajadores a una vida digna y justa.

Políticamente, el aprismo constituye la verdadera izquierda latinoamericana del siglo XX y siglo XXI en defensa de nuestras clases consumidoras y productoras,  en lucha frontal contra los usurpadores del poder, los grupos de poder económico y los gobiernos extranjeros  que tratan de mantener divididos a nuestros pueblos.

El aprismo es un partido revolucionario, de izquierda democrática, humanista, nacionalista, peruano, popular, policlasista, anticaudillista, antitotalitario y antimilitarista.

El aprismo es un partido de la integración latinoamericana y de la transformación nacional,  partido de participación popular en la que intervienen estudiantes, amas de casa, obreros, campesinos, profesionales, clase media, pequeños y medianos comerciantes, empresarios e industriales, en lucha frontal contra todo signo y contra toda manifestación de desigualdad, de injusticia social, de opresión y explotación en todos los campos de la actividad humana.

Educativa y culturalmente, el aprismo es un partido-escuela, partido anticolonialista, partido técnico y planificador, partido moralizador, promotor y defensor de la gratuidad de la enseñanza y de los principios y valores axiológicos.

La misión de todo dirigente y maestro es redimir a vastos sectores sociales de la ignorancia, del analfabetismo, de la exclusión social y formar ciudadanos y educandos comprometidos con la integración latinoamericana, el desarrollo nacional y la transformación del Perú.

APRISMO Y RELIGIÓN

El aprismo jamás ha declarado la guerra a la religión, nunca ha combatido la creencia religiosa de sus simpatizantes, militantes y dirigentes. El aprismo es partidario de la libertad religiosa y reconoce las más amplias garantías al catolicismo, «basándose en el principio democrático de que debe respetarse la voluntad de las mayorías y que el aprismo es sólo una organización política, en la que cada afiliado mantiene una independencia religiosa. Lo probó así cuando en las elecciones de 1936 apoyó la candidatura de un eminente católico: el doctor Luis Antonio Eguiguren» (Haya de la Torre).

El PAP, asumiendo su responsabilidad histórica, a partir del 10 de abril de 2016 entra en un proceso de profunda renovación de su organización y de su dirigencia a nivel nacional para ubicarse a la altura de los nuevos tiempos, en defensa del pueblo a mejores niveles de vida, de bienestar y de felicidad.

Lima, 7 de mayo de 2016.


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