Artículos periodísticos y de investigación

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14 de enero de 2012

LA GLOBALIZACIÓN Y EL CAMBIO EN LO ECONÓMICO[1]

LA GLOBALIZACIÓN Y EL CAMBIO EN LO ECONÓMICO[1]
Por: Eudoro Terrones Negrete

El mundo es ahora unipolar. La economía simbólica va tomando más trascendencia frente a la economía real. Finaliza las economías de planificación centralizada y la alternativa es la economía de mercado. El mercado es el que decide qué producir (producto), dónde producir (lugar), cuánto producir (demanda), para qué producir (objetivo) y cómo producir (medios o recursos). Surge la denominada «economía criminal» (negocio de la droga, de las armas, el narcotráfico y la prostitución). En épocas pasadas se construía cosas para que durasen, la permanencia era el ideal máximo del hombre, ahora la economía de permanencia es reemplazada por la economía de transitoriedad y de la novedad.
Se ha intensificado e incrementado el comercio mundial, dando origen a formas internacionales globales, a economías regionales y a zonas de libre comercio; y el desencadenamiento del boom del mercado del cuerpo humano, con prótesis, piezas sintéticas, siliconas e implantes de órganos.
Si tradicionalmente los partidarios del bolchevismo decían ¿Todo el poder a los soviets», ahora los partidarios y defensores de la globalización, entre ellos Milton Friedman, exigen ¡Todo el poder al mercado! Aseveración y pretensión ésta que convierte a la globalización en un dogma sacrosanto (no obstante a su carácter económico) y en una especie de totalitarismo de nuevo cuño, de pensamiento único.
Con mayor intensidad, los gobiernos compiten para acceder a los recursos financieros, a las tecnologías y a los mercados del mundo dentro del contexto de una nueva economía abierta, en busca de mejores horizontes y de niveles de vida para las poblaciones de todo el mundo o de un futuro practópico en términos de Toffler.
En los inicios del Siglo XXI, la globalización del mercado financiero es uno de los fenómenos transnacionales que viene arrancando la tradicional soberanía y amenaza al poder soberano de los países latinoamericanos, particularmente, al hacerles perder control sobre su propia moneda y sobre sus políticas fiscales. Decisiones fuera de los territorios nacionales determinan el comportamiento del déficit fiscal, las tasas de interés, el valor de la moneda, el precio de los productos primarios, el desempleo masivo (con la privatización de las empresas del Estado de manera indiscriminada) o la deslocalización de las industrias.
La globalización entendida como la integración económica de países de todo el globo es un proceso que incluye cuatro componentes fundamentales: “aumento del comercio internacional, incremento de los flujos financieros internacionales, mayor internacionalización de los procesos productivos y un avance hacia la armonización de las instituciones económicas nacionales” señalan Felipe Larrain B., y Jeffrey D. Sachs[2].
La internacionalización de la producción cambió definitivamente la estrategia de crecimiento económico de los países en desarrollo. Los autores referidos en líneas que anteceden puntualizan que “Una estrategia exitosa en algunos casos ha sido la de establecer Zonas de Procesamiento de Exportaciones (ZPEs) en los países en desarrollo. Estas ZPEs son parques industriales que resultan convenientes para que las multinacionales lleven a cabo sus operaciones productivas locales. Ofrecen al inversionista extranjero transporte confiable hacia el puerto marino o aéreo, servicios de telecomunicaciones, suministro estable de electricidad y agua potable, seguridad física para las operaciones de planta, administración expedita de aduanas para asegurar la rapidez en la importación y exportación de mercancías. Muchas veces las ZPEs también ofrecen un trato tributario favorable, como son los períodos de exención de impuestos que eximen al inversionista de pagar impuesto a la renta y los aranceles por un período prolongado, digamos de diez años”[3]
Con el fenómeno de la globalización económica se ha pasado de la organización productiva megaindustrial de tipo fordiano a la sociedad postindustrial basada en la centralidad de la información y la conformación de un nuevo modelo productivo fundado en el principio de la flexibilidad, en la alta automatización del trabajo con líneas de consumo diferenciales, aparte de la multiplicación de submercados de trabajo: mercado negro o ilegal, mercado gris o semiclandestino, mercado irregular o precario y el mercado rosa con mano de obra femenina de bajo coste. La flexibilidad implica la adaptación de la organización de la producción a las condiciones del mercado competitivo.
La globalización económica tiene su expresión en un cambio radical en el proceso productivo mediante la descentralización, deslocalización y el sistema internacional de producción que permiten realizar en sitios diversos fases diferentes de procesos productivos. También se manifiesta en la diversificación del proceso de la producción, la generación de polos de atracción de capital en innovación tecnológica, la desinstitucionalización de las relaciones laborales que convierten el concepto de trabajo en una bolsa de empleos por el que compiten a diario los trabajadores manuales e intelectuales según sus competencias y experiencias adquiridas.
En el mercado laboral se producen una serie de cambios: Redefinición en las relaciones de género; conciencia medio ambiental a nivel de los trabajadores; incremento y predominio de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) por ser más intensivas en mano de obra; la promoción de los trabajadores se basa en el mérito, la competencia y la capacidad de trabajo en equipo y la solución compartida de problemas.
Con la globalización se interconectan los mercados financieros; los flujos de capital se hacen más volátiles; las empresas motivadas por la presión surgida de la competencia global tratan de buscar la reducción de los costos de producción usando todos los medios posibles que estén a su alcance.
Asimismo se incrementan los grupos laborales inestables y precairzados; las organizaciones sindicales y partidos políticos pierden fuerza y arraigo popular, pierden capacidad de movilización y eficacia en sus demandas. Surgen nuevos tipos de contratación laboral.
Las empresas buscan trabajadores con mayor capacidad de respuesta a situaciones imprevistas o fluctuantes y que permitan mantener o bajar costes de producción en un mundo cada vez más cambiante y competitivo.
Surgen nuevas formas de relación laboral atípicas, surgen jornadas variables, incremento del trabajo temporal, el teletrabajo, la creación de la categoría singular de trabajadores seudodependientes.
“El contrato social entre el capital y el trabajo se ha roto. Bajo el eufemismo de la “flexibilidad laboral”, la nueva economía demanda la movilidad global del capital y la vulnerabilidad local del trabajo. El capital vuela sólo y se posa en cualquier lugar para explotar mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinarios. Globalmente, el capital es coordinado para acumular de forma descentralizada; localmente, el trabajo es desagregado en su desempeño, fragmentado en su organización, diversificado en su existencia y dividido en su acción colectiva”[4]




[1] Del libro “FILOSOFÍA DE LA GLOBALIZACIÓN. UN CAMBIO DE ÉPOCA Y UNA ÉPOCA DE GRANDES CAMBIOS” de Eudoro Terrones Negrete. Fondo Editorial Universidad Jaime Bausate y Meza. Lima-PERÚ. Primera edición, marzo del 2010, págs. 77 al 80, 100 y 101.
[2] Larrain B., Felipe y Jeffrey D. Sachs, “Macroeconomía en la economía global”. Pearson/Prentice Hall, Buenos ÇAires, setiembre de 2007, quinta reimpresión.
[3] Larrain B., Felipe y Jeffrey D. Sachs, Op.cit.
[4] http://pensardenuevo.org/accion-en-la-red/especiales/la -geopolitica-del-conocimiento-y-la-gestion-de-procesos-de-innovacion-en-la-epoca-historicaemergente/transformaciones-globales-en-el-contexto-del-cambio-de-epoca/
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