Artículos periodísticos y de investigación

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7 de marzo de 2009

LA FILOSOFÍA COMO SABER TOTAL

LA FILOSOFÍA COMO SABER TOTAL
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete
Se dice que la filosofía tiene el carácter de universalidad, generalidad, unicidad o totalidad porque abarca la totalidad de los entes, porque considera los aspectos más simples y complejos de las cosas, sus razones más profundas y universales y el sentido profundo y general de la realidad.

Las ideas filosóficas tienen la pretensión de validez en todo momento y lugar, en todo tiempo y en toda circunstancia. El filósofo trata de encontrar los fundamentos o principios válidos y explicativos sobre la esencia de las cosas sin excepción, los elementos comunes a todos los hombres, a los animales, a las piedras y a las plantas y las reglas generales del actuar del hombre.

La Filosofía es una aspiración al saber total posible y concreto y que no excluye nada, pues todo lo incluye; la Filosofía circunscribe su estudio sobre la totalidad de sentido -no de partes- de lo que hay en el Universo o en la realidad natural y realidad social.

La filosofía abarca la totalidad de lo existente, desde lo inmediato y cercano hasta lo trascendente. La filosofía permite analizar los problemas generales sobre la realidad y la relación del hombre con el mundo. La filosofía se ocupa de las cuestiones y problemas generales y no de una esfera particular de la realidad.

Por ejemplo, desde el punto de vista científico el hombre es estudiado como ser físico, ser biológico, ser psicológico o ser social, desde el punto de vista filosófico se reflexiona sobre el hombre y se trata de describirlo y explicarlo como ser unitario o ser total, es decir como una unidad biopsiosocial.

Para la filosofía el todo es más importante que la parte; el todo es ilimitado en extensión, no tiene confines, es ilimitado en “intensidad problemática”, el todo es un problema absoluto y como tal hay la posibilidad de que sea incognoscible.

La filosofía busca los fundamentos, los principios y las primeras causas de todo cuanto hay en el universo, hasta lograr captar la esencia de la cosas y profundizar la aprehensión de las cosas. La extrañeza de la filosofía es radical en cuanto se extraña de todo.

La filosofía por mucho tiempo abarcó todos los conocimientos humanos, comprendía a todas las ciencias, era entonces denominada ciencia universal.

Simmel, Dilthey, Maritain y Ortega y Gasset nos ilustrarán en líneas siguientes con sus reflexiones sobre el carácter de universalidad de la filosofía.

Viene al caso la expresión feliz de J. Simmel, cuando dice que “el filósofo es aquel que tiene un órgano de reacción para la totalidad del ser”.

Wilhelm Dilthey, manifiesta que la filosofía se caracteriza por su universalidad por cuanto tiende a “relacionar lo aislado, a establecer conexiones y extenderse sin considerar los límites de las ciencias particulares y a alcanzar la última fundamentación de la ciencia”.

Para Jacques Maritain la filosofía “es el instrumento más perfecto, a nuestra disposición, para una mirada de conjunto sobre la totalidad del ser”. En fin, la filosofía persigue la raíz de todo fundamento. Con las palabras del filósofo español, José Ortega y Gasset, diríamos: “el afán intelectual, hacia el todo, lo que yo llamo pantonomía”.
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LA FILOSOFÍA COMO SABER RADICAL

LA FILOSOFÍA COMO SABER RADICAL
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete
Se dice que la filosofía es un saber radical – llamado también saber trascendente, meta-empírico o metafísico- precisamente porque trata de ir más allá de lo observable, del campo de la realidad natural y social o de la experiencia, para llegar no solo a la existencia sino también a la esencia de las cosas, de los objetos (reales e ideales), del hombre (como ser espiritual y no sólo biológico y social), del mundo terrenal (pero también celestial). Por eso se dice con sobradas razones y con mucho espíritu de justicia que “la filosofía comienza allí donde la ciencia termina”.

El filósofo, en su permanente afán por conocer la esencia de las cosas o de todo cuanto hay en el universo, se ve obligado a plantearse preguntas y respuestas radicales.
Al respecto, Juan Carlos González García, refiere en su “Diccionario de Filosofía” que “Una pregunta radical es aquella cuya respuesta sabemos que nunca nos va a satisfacer. Cuando nos preguntamos por qué existe algo en vez de nada, qué es el bien o qué es la felicidad, sabemos que no vamos a encontrar una respuesta que nos llene por completo” Y agrega: “A pesar de saber que nuestra pregunta no va a obtener una respuesta perfecta, la seguimos formulando como si nos viniera impuesta por algo más fuerte que nuestra voluntad. Podemos decir que una pregunta radical es aquella que necesitamos plantearnos de forma insoslayable. Una pregunta radical es aquella que aspira a una respuesta radical, a un conocimiento esencial de la realidad. Nuestro deseo de saber nos lleva a conocer lo real, lo verdadero, aquello que está más allá de las apariencias. Deseamos saber todo, cómo son ciertas cosas y por qué son así. Necesitamos explicaciones globales que reúnan de forma sistemática todas las explicaciones parciales. Esto nos conduce a pensar sobre el mismo pensar, a reflexionar sobre nuestra forma de reflexionar. La filosofía busca el fundamento de nuestro conocimiento, del uso de la razón. Es un saber sobre el saber”.

A través de la filosofía se trata de llegar hasta las últimas certidumbres o evidencias del saber, de la experiencia humana en su relación con el ser.
Al respecto, el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy en su “Introducción a la Filosofía” explica esta característica como sigue: “Por otro lado, al investigar los principios últimos que dan razón de los hechos observados en todos los dominios de la realidad, la filosofía sobrepasa el terreno circunscrito en que trabaja cada ciencia y en general el campo entero de la experiencia, dentro del que, como sabemos, se mueve siempre el conocimiento científico. Así pues, la filosofía se interroga necesariamente por lo que está más allá de lo observado y no puede prescindir de esta interrogación si quiere cumplir su función propia. Este ir más allá de lo observable, este trascender el campo de la realidad natural que caracteriza esencialmente al pensamiento filosófico, es lo que se quiere dar a entender cuando se afirma que la filosofía es un saber trascendente o metafísico”.
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LA FILOSOFÍA COMO SABER TEÓRICO

LA FILOSOFÍA COMO SABER TEÓRICO
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

La filosofía es un saber teórico que expresa la relación activa y multifacético del hombre hacia la búsqueda del ser auténtico de la realidad, de la esencia de las cosas, de la verdad poliédrica y la interpretación, descripción y explicación de las cosas, del hombre, del universo, de Dios y de todo cuanto hay, a través de una serie de conceptos, categorías e hipótesis filosóficas.

Por ejemplo, para el filósofo español Ortega y Gasset, en su obra “¿Qué es filosofía” manifiesta que “La filosofía no es, pues, más que una actividad de conocimientos teorético, una teoría del Universo… Una teoría intentamos, o lo que es igual, un sistema de conceptos sobre el Universo. Nada menos, pero también nada más. Hay aquellos conceptos que colocados en un cierto orden nos permiten decir cuanto nos parece que hay o el Universo…”

La filosofía como saber teórico responde a una serie de preguntas tales como, por ejemplo, las siguientes:
¿Qué soy yo?
¿Qué es mi circunstancia?
¿Qué es lo circunvalante?
¿Qué son las cosas?
¿Qué es el conocimiento?
¿Es posible el conocimiento sin límites?
¿Qué es el ser?
¿Por qué hay ser y no más bien nada?
¿Qué es la filosofía?
¿Qué es la conciencia?
¿Qué es el hombre?
¿Qué es Dios?
¿Qué es la vida?
¿Qué es el universo?
¿Qué es lo que subsiste a todos los cambios y muertes de las cosas y los seres?
¿Qué es la categoría?
¿Qué es la potencia?
¿Qué es el acto?
¿Qué son la sustancia y el accidente?
¿Existe realmente el mundo exterior o es una simple invención del hombre?
¿Qué es lo que mueve al hombre a filosofar?
¿Cómo produce el hombre las ideas?
¿Cómo conoce el hombre?
¿Qué mecanismos desarrolla el hombre para pensar?
¿Existe una causa originaria del universo, del hombre y de la vida?
¿De qué están hechas todas las cosas?
¿Qué es el bien?
¿Qué es el mal?
¿Qué es lo verdadero?
¿Qué es lo falso?
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LA FILOSOFÍA COMO PROBLEMA

LA FILOSOFÍA COMO PROBLEMA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


La filosofía a lo largo del tiempo no es un cuerpo de conocimientos de simples fenómenos naturales y sociales; no es un manojo de ideas inconexas, incoherentes, caprichosas o absurdas; no es un conjunto de verdades establecidas sobre el cual todos los filósofos se hayan puesto de acuerdo; no es la pura descripción y explicación de cualquier cosa; no es un millón de proposiciones incoherentes, insustanciales y desligadas unas de otras; ni un manojo de respuestas aceptados por todos; no es un conjunto de cavilaciones sobre objetos sin sentido que poco o nada importa La filosofía es un conjunto de problemas filosóficos de orden natural o sobrenatural, sobre las que debe meditarse de manera raigal, seria, crítica, responsable y cuidadosamente para no caer en el escepticismo ni en la frustración filosófica.

Y este carácter problemático de la filosofía según Edmundo Husserl se explica porque “En ella todo es controvertido, cuestión de “convicción individual, concepción de escuela, punto de vista” (“La filosofía como ciencia rigurosa”).

En la filosofía todo es problema. La filosofía siempre ha sido problemático y no menos polémico en cuanto a su propio significado, a su origen, a su objeto de estudio y a sus métodos de investigación y el mismo hecho de establecer los períodos y el tiempo de duración de la historia de la filosofía; y el hombre, en sus dimensiones de ser racional, biológico, psicológico, social, histórico, político, económico, educativo-cultural, ecológico y técnico, constituye también un serio problema para la filosofía. Los problemas de la filosofía son de orden cognoscitivo, lingüístico, epistemológico, ético, estético, axiológico, antropológico y metafísico.

La filosofía es problematización del conocimiento, del hombre, del mundo, de Dios y de las cosas. En la filosofía todo se problematiza progresivamente, todo de convierte en problema. Toda respuesta que da el filósofo se convierte en una nueva pregunta, pero también procura en su quehacer intelectual desproblematizarlo todo. Cuando el filósofo, por ejemplo, aborda los diversos tipos de problemas: gnoseológico, epistemológico, ético, axiológico, estético, metafísico y antropológico, asume el compromiso ipso facto de encontrar las posibles respuestas verdaderas.

“No se hace filosofía simplemente por cuestionar y convertir en problema una situación objetiva, ni por buscar explicaciones de los hechos a través de la duda y la escrupulosa depuración de criterios y pruebas, o por limitar al mínimo posible la carga de convicciones emocionales que puede haber en el discurso persuasivo. Se hace filosofía cuando se plantea problemas filosóficos, cuando se problematiza filosóficamente. Lo mismo ocurre en la enseñanza. La problematización didáctica es filosófica cuando reúne los caracteres de la filosofía y sólo en ese caso” escribe el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy en su obra “Didáctica de la filosofía”.
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LA FILOSOFÍA Y SU OBJETO PROPIO DE ESTUDIO

LA FILOSOFÍA Y SU OBJETO PROPIO DE ESTUDIO
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete
El objeto que se asigna a la filosofía nunca fue el mismo a lo largo de las etapas de la historia de la filosofía. Las diversas corrientes filosóficas han generado toda una discusión interminable sobre el objeto de la filosofía. Según la corriente filosófica que profesa el filósofo tal es el tipo de objeto que asigna a la filosofía.

Dichos objetos de estudio de la filosofía pueden ser de diversas clases: objetos reales, objetos ideales, objetos metafísicos, objetos cuy ser consiste en el valor. Todo lo que existe, todo lo que no existe realmente y todo lo que puede existir es objeto de la filosofía.

La filosofía tiene su objeto propio de análisis y estudio: el hombre, Dios, el alma, el mundo, el espacio, el tiempo, el conocimiento, el pensamiento, la conducta moral del hombre, los valores, la estética, la vida, la muerte, el Ser, el universo, la realidad, los hechos científicos, etc.

La filosofía estudia su objeto por las razones últimas o más generales. El objeto de la Filosofía no es dado, es más bien descubierto. Entre los objetos de la Filosofía se consideran los siguientes: objetos reales o propiamente dichos (Ontología), objetos suprasensibles (Metafísica). En opinión de Marco Tulio Cicerón la filosofía tiene por objeto “la enseñanza de la virtud, el deber y la vida recta”. El objeto de la filosofía no es algo sensible o empírico, sino suprasensible o metaempírico.

La relación de filósofos y estudiosos de la filosofía resultaría interminable si quisiéramos mencionar a todos aquellos que se preocuparon por explicar el objeto de la filosofía. Cabe mencionar a algunos de los filósofos que abordaron el objeto de la filosofía Aristóteles, Fingermann, Locke, Hegel, Ingenieros, Zubiri, Kant, Bergson, Comte, Dilthey, Husserl y Heidegger.

Gregorio Fingermann: “Debemos declarar que es muy difícil determinar el objeto de la filosofía, porque cualquier objeto puede servir para la reflexión filosófica. Así, al lado de la historia, como ciencia particular, tenemos la filosofía de la historia; al lado de las ciencias naturales está la filosofía de la naturaleza; al lado de las matemáticas tenemos la filosofía de las matemáticas, etcétera” (“Lecciones de Psicología”).

El fundador de la doctrina liberal del Estado y del empirismo inglés, de los siglos XVII y XVIII, John Locke, en su obra “Ensayo sobre el entendimiento humano”, limita el objeto de la filosofía a “Estudiar el origen, la certeza y el alcance del conocimiento humano; hacer ver por qué medios llega nuestro entendimiento a formarse las ideas que tiene de las cosas: determinar los límites de la certidumbre, definir lo que separa la opinión del conocimiento; examinar qué reglas es preciso observar para determinar exactamente los grados de nuestra persuasión con respecto de las cosas de que no tenemos conocimiento cierto”.

Según Hegel “La filosofía tiene por objeto la esencia de las cosas, no los fenómenos, la cosa en sí, como existe en la representación. La filosofía no considera esta representación, sino la esencia del objeto, y esta esencia es el pensamiento. La filosofía tiene por objeto también el pensamiento mismo. Pero la esencia es lo eterno, lo general, lo que siempre es así. Así la esencia de la Naturaleza son las leyes de la misma. En el pensar tenemos que ver sólo con lo universal, puesto que esto lo general existe en lo interior de cada ser mezclado con lo particular, con lo sensible. Lo universal es el producto del pensar”.

José Ingenieros, en su obra “Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía” manifiesta que “el verdadero objeto de la filosofía es formular hipótesis legítimas acerca de los problemas que exceden la experiencia”.

Xavier Zubiri, nos presenta un resumen sobre el objeto de la filosofía en la historia de la filosofía al afirmar lo siguiente: “Primero, para Aristóteles el saber filosófico es el saber que recae sobre el ente. Segundo, en Kant recae sobre algo más circunscrito, sobre el objeto. Tercero, en Augusto Comte la filosofía recae sobre algo más circunscrito aún: sobre los hechos científicos. Cuarto, en Bergson se trata de hechos, pero los hechos inmediatos de una conciencia. Quinto, para Dilthey el objeto del saber filosófico es la vida. Sexto, para Husserl el objeto de la filosofía es la vida entera y sus objetos reducidos a esencia fenomenológica. Séptimo, finalmente, Heidegger piensa que el objeto de la filosofía es el ser puro. En cada pensador el objeto que ha asignado a la filosofía ha configurado de distinta manera su mente” (“Cinco lecciones de filosofía”, 1980). Para Zubiri la “filosofía tiene como objeto propio el ente en cuanto ente” (“Cinco lecciones de filosofía”, 1980).

Ludwig Wittgenstein (1889-1951) (“Tractatus Logico-Philosophicus”) considera que el objeto de la filosofía es la clarificación lógica de los pensamientos o el esclarecimiento lógico de las ideas; la filosofía por ser una actividad humana y una obra filosófica consta de aclaraciones y deberá clarificar y delimitar las ideas. La filosofía sigue valiendo, pero tiene por objeto único y exclusivo la crítica teórica: crítica de los valores morales (Nietzsche) o culturales (Escuela de Frankfurt).
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LA FILOSOFÍA Y SU CARACTERIZACIÓN

LA FILOSOFÍA Y SU CARACTERIZACIÓN
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

La mayoría de los filósofos y estudiosos de la historia de la filosofía caracterizan a la filosofía, de una u otra manera, con palabras más o palabras menos. Por ejemplo, Aristóteles, José Ortega y Gasset, Martín Heidegger, Ángel Vasallo, Karl Jaspers, José Ferrater Mora, Leopoldo Zea y Fernando Savater.

Para el filósofo griego, Aristóteles, la filosofía es el estudio del ser en tanto que ser, una ciencia de lo universal y necesario. La filosofía tiene una serie de características singulares, que lo distinguen de las demás ramas del saber humano.

El filósofo barcelonés, José Ferrater Mora, trata de condensar las características fundamentales de la filosofía, desde la antigüedad hasta nuestros días, en los términos que siguen: “Muy característico de la filosofía, ya desde sus primeros pasos en Grecia, es una serie de condiciones dobles. Por un lado la filosofía manifiesta un interés universal; por el otro revela escasa atención por la diversidad de los hechos. Por un lado subraya la superioridad de la razón; por el otro se inclina a una intuición del ser de índole a veces más mística que discursiva. Por un lado destaca la importancia de la teoría; por el otro señala el carácter fundamental de la virtud y de la conducta. Por un lado es altamente especulativa; por el otro, decididamente crítica. Por un lado no quiere dar nada por supuesto; por el otro está sumergida en toda clase de suposiciones. Por un lado quiere identificarse con el puro saber y con lo que luego se llamará la ciencia; por el otro destaca el afán de salvación. Por un lado se presenta como una serie de proposiciones; por el otro, como una actitud humana. Todas estas condiciones persistirán a lo largo de la historia hasta nuestros días” (“Diccionario de filosofía”).

El filósofo mexicano Leopoldo Zea (1912-) caracteriza la filosofía en las proposiciones siguientes: “1.Es una ciencia universal, “el sabio posee hasta donde cabe la ciencia de todas las cosas, sin poseer la ciencia de cada una individualmente”; 2. Es una ciencia difícil, “quien puede conocer las cosas arduas y no fáciles de conocer para el hombre, es sabio”; 3. Es una ciencia rigurosa; 4. Es una ciencia didáctica: “También, que el más riguroso y el más capaz de enseñar es, en toda ciencia, más sabio”; 5. Es una ciencia preferible, “de las ciencias, la preferible por ella misma y en gracia al conocimiento es sabiduría en mayor grado que la preferible por sus consecuencias”; 6. Es una ciencia principal, “la principal es sabiduría con mayor propiedad que la subordinada; porque no está bien que el sabio sea mandado, sino que mande, ni que él obedezca a otro, sino a él el menos sabio”; 7. Es una ciencia divina por su objeto y por su sujeto. “La más divina es también la de más alto rango y la de esta índole la única que puede serlo de dos maneras. Aquella que puede tener más que nadie Dios es la divina entre las ciencias, y la que pudiera hablar de las cosas divinas; ahora bien, ésta, pero ella sola, resulta ser ambas cosas: todos consideran a Dios una de las causas y un cierto principio y Dios solo, o más que nadie, puede tener una ciencia de esta índole” (“Introducción a la filosofía”).

Para el catedrático de la Universidad Jaime Bausate y Meza, doctor Eudoro Terrones Negrete, la filosofía reviste las características siguientes:
Actitud natural e investigativa.
Actitud indagadora.
Afán de método.
Analítica y sintética.
Carencia de fines utilitarios.
Ciencia autónoma.
Concepción del yo y del mundo.
Conjunto de conocimientos.
Constancia y sobriedad.
Criticidad y dialéctica.
Democrática.
Desinterés.
Falibilidad.
Historicidad.
Instrumento de información y comunicación.
Interdisciplinariedad.
Lenguaje propio.
Liberadora.
Meditación sobre la muerte.
Objeto propio.
Problemática.
Profundidad y proyecto de vida.
Racionalidad.
Saber de segundo grado.
Saber práctico.
Saber profesionalizante.
Saber sin supuestos.
Saber teórico.
Saber radical.
Sistemática.
Teoría de los valores.
Universalidad.
Veracidad.
Vitalidad.
Voluntad de sacrificio auténtico.
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EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA COMO PROBLEMA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete




Por origen de la filosofía debemos entender el punto de partida, la fuente de la que mana en todo tiempo el impulso que mueve a filosofar, debemos entender la fuente primigenia y fundamental del que procede el impulso que mueve a los hombres a filosofar.

A lo largo de la historia del pensamiento de la humanidad el origen de la filosofía constituye un complejo y controvertible problema de la filosofía. Hasta la actualidad no hay unanimidad de criterios, sólo hay respuesta parciale referente al origen de la filosofía, así como tampoco hay acuerdo unánime sobre el significado del término filosofía.

La filosofía no surgió de la nada, tuvo que surgir de algo como producto del ejercicio de las facultades cognoscitivas del ser humano. A través del proceso evolutivo histórico la filosofía no deja de tener su Prehistoria, su Historia propiamente dicha y su Protohistoria, en cuyos ciclos existenciales cumple su razón de ser, desarrolla el análisis y la autocrítica, resuelve sus problemas, logra sus objetivos, fines y metas.

“Es a partir de la polémica que suscitan los filósofos alejandrinos durante el período helenístico cuando el origen de la filosofía comienza a convertirse en un problema. Y será a lo largo del siglo XX cuando se comiencen a encontrar respuestas explicativas de la aparición del fenómeno filosófico” (http://www.webdianoia.com).


Origen diverso y múltiple

En las expresiones del filósofo alemán y existencialista cristiano, Karl Jaspers, el “Origen es la fuente de la que mana en todo tiempo el impulso que mueve a filosofar. Únicamente gracias a él resulta esencial la filosofía actual en cada momento y comprendida la filosofía anterior”. y que “Este origen es múltiple. Del asombro sale la pregunta y el conocimiento, de la duda acerca de lo conocido el examen crítico y la clara certeza, de la conmoción del hombre y de la conciencia de estar perdido la cuestión de sí propio” (“La Filosofía”).

Si repasamos un poco la historia de la filosofía nos daremos cuenta perfectamente que el origen de la filosofía es diverso o múltiple. Luego de una revisión de la abundante literatura existente podemos concluir que la filosofía se origina en el mito, las teogonías y religiones, el Primer Ser (Dios), el ocio, la admiración intelectual, la conciencia de impotencia, la duda metódica, la naturaleza humana, la angustia, la conciencia o la experiencia de las situaciones límites (muerte, padecer, sufrimiento, dolor, enfermedad, azar), la felicidad, y la satisfacción de las necesidades humanas. Una mayor explicación sobre dicho origen el lector podrá encontrarlos en la obra “El filósofo según los filósofos” (Lima, 2005).

El origen hebreo y oriental de la filosofía

Algunos estudiosos de la filosofía pretenden que la palabra philosophia, procede del hebreo, porque el sophos que entra en su composición tiene sus radicales en un verbo hebreo que significa “contemplar”.

Pero también existe otra hipótesis que sostiene el origen a partir de la filosofía oriental. Sin duda existe también en Oriente concepciones que pueden ser consideradas como filosóficas con características singulares. Por ejemplo, para el Dr. Franz-Josef Brecht, de la Escuela Superior de Manheim (“Enciclopedia Abreviada Labor”, Tomo 2,)“La estructura interna de las antiquísimas y venerables culturales de Oriente puede caracterizarse como una ilimitada unidad del alma con el todo, y se revela en la maternal envoltura del espíritu por una gran unidad comprehensiva y protectora”.

Brecht, al efectuar una diferenciación entre la filosofía de Occidente y la filosofía de Oriente, expresa lo siguiente: “Pero aquí radica precisamente el hecho decisivo en cuya realización y despliegue se basa la filosofía de Occidente: que el hombre, en su ser propio, se destaca de la unidad del todo por su razón autoconsciente y su libertad pugnante, se contrapone a ella y quiere ser él mismo. Este proceso se opera entre los griegos. Mientras en Oriente todas las esferas vitales se hallan encerradas en el elemento único y omnicomprehensivo de la religión, los griegos se crean una filosofía autónoma y con una legalidad propia, como una ciencia fundada en sí misma. Esta obra se realiza sobre el telón de fondo de la fe griega y en conflicto con la religión indígena”. Algo más: Francisco Nicoli Attimis, en su obra “Filosofía”, revela que “En la exploración de las raíces históricas de la filosofía, una tradición que se remonta a los pensadores judíos de Alejandría en el siglo I a.C., sostiene que la filosofía griega procede de Oriente. Esta tradición parece sustentarse en que los principales filósofos griegos Pitágoras, Parménides, Demócrito, Platón habrían hecho suyos los conceptos científicos y filosóficos egipcios, babilónicos, hebraicos e indostánicos. Pitágoras viajó a Egipto, Platón a Cirenaica y Egipto, Demócrito a Oriente”.

En la obra “Historia del Pensamiento – Filosofía Antigua” (Ediciones Sarpe) se refiere sobre el pretendido origen oriental de la filosofía en los términos siguientes: “Una tradición que se remonta a los filósofos judaicos de Alejandría (siglo I antes de Jesucristo) afirma que la filosofía griega procede de Oriente. Los principales filósofos griegos habrían tomado de doctrinas hebraicas, egipcias, babilónicas e indias, no sólo sus descubrimientos científicos sino también sus concepciones filosóficas más personales. Esta opinión se fue difundiendo cada vez más durante los siglos siguientes; culminó en la opinión del neopitagórico Numenio, que llegó a llamar a Platón “Moisés en versión ática”; y de él pasó a los escritores cristianos”

“Sin embargo, tal opinión no tiene fundamento alguno en testimonios más antiguos. Es cierto que se habla de viajes de varios filósofos a Oriente, especialmente a Egipto. A Egipto habría ido Pitágoras; Demócrito, a Oriente; a Egipto, Platón. Mas el propio Platón (República, IV, 435e) contrapone el espíritu científico de los griegos al afán de lucro, propio de egipcios y fenicios; y así excluye del modo más claro la posibilidad de que en las concepciones de estos pueblos se haya podido o se pueda hallar inspiración para la filosofía. Por otra parte, las indicaciones cronológicas de que se dispone acerca de las doctrinas filosóficas y religiosas orientales son tan vagas que ha de considerarse imposible establecer la prioridad cronológica de tales doctrinas sobre las griegas correspondientes”.

“Más verosímil parece a primera vista la procedencia oriental de la ciencia griega. Según Herodoto, la geometría habría nacido en Egipto a causa de la necesidad de medir la tierra y distribuirla entre sus propietarios después de las periódicas inundaciones del Nilo. Según estas tradiciones, la astronomía habría surgido entre los babilonios y la aritmética también en Egipto. Pero los babilonios cultivaban la astronomía como consecuencia de sus creencias astrológicas, o sea a fin de poder predecir el destino de los hombres; y la geometría y la aritmética conservaron entre los griegos su carácter práctico, completamente distinto del especulativo y científico de que estas doctrinas se revistieron entre los griegos”.

La religión y el supremo hacedor

Más allá de los conflictos habidos entre la religión y la filosofía en tiempos de la Grecia antigua, es una verdad monda y lironda que la religión ha precedido a la filosofía en todos los pueblos, países o naciones del mundo, a tal punto, - escribe Eduardo Pallares-, que “muchas sociedades no han salido del período que Comte llama teológico. En el conocimiento filosófico predomina la razón mientras que la religión descansa sobre la fe, los sentimientos y un especial modo de intuir el más allá del mundo visible…” (“Introducción a la Filosofía. ¿Qué es la Filosofía?”).

Para unos, el origen natural de la Filosofía radica en el Primer Ser o Supremo Hacedor que es Dios, argumentando que Dios es quien creó al hombre, a la naturaleza, al universo, a los animales, a las plantas, a todo cuanto hay en el mundo. Y es Dios el que infundió al hombre de su naturaleza de conocer, de su espíritu, logos o razón como una de sus facultades cognitivas. El hombre movido por la admiración que le producen los fenómenos naturales o sociales que lo circundan trata de indagar sus causas y consecuencias, de encontrar alternativas de solución a los mismos. “Puesto que Dios es la misma sabiduría, el verdadero filósofo es aquel que ama a Dios” sentenciaba San Agustín.


Lo mítico-religioso

Se puede afirmar, entonces, que la filosofía nació confundida con los misterios órficos, con la mitología, la astronomía, la dramática, la poética, la cosmogonía y la teogonía. En los pueblos más antiguos del Oriente (indios, persas, egipcios) algunos estudiosos afirman que hubo filosofía, pero estaba confundida con la religión y era como ésta una ciencia dogmática. En este sentido, la filosofía empezó siendo imaginaria, irracional e intuitiva. Así los primeros filósofos concibieron el origen de la filosofía como el paso del mito al logos, término éste que en griego significa razón, palabra, discurso, ciencia; era el paso fundamental e irrenunciable del saber irracional al saber lógico o racional.

F.M. Cornford defiende la tesis del desarrollo del pensamiento filosófico partiendo del pensamiento mítico-religioso de Grecia del siglo VI antes de Cristo. Para él existe “una continuidad real entre la primera especulación racional y las representaciones religiosas que entrañaba”, de tal modo que “las maneras de pensar que, en filosofía, logran definiciones claras y afirmaciones explícitas ya estaban implícitas en las irracionales intuiciones de lo mitológico”.

Cornford revela cómo la estructura de los mitos de Hesíodo en la “Teogonía” se mantiene en las teorías de los primeros filósofos, rechazando éstos el recurso a lo sobrenatural y la aceptación de la contradicción. Destaca la influencia educativa de Homero y Hesíodo en la constitución y posterior desarrollo de la civilización griega, y analiza también cómo algunos de los conceptos que serán fundamentales posteriormente en la filosofía (moira (hado, destino), diké (justicia), Phycis (naturaleza), ley, dios, alma, etc.) proceden directamente del pensamiento mítico-religioso griego (“De la religión a la filosofía”, http://www.webdianoia.com).

Aristóteles (“Metafísica”) afirma que Hesíodo fue probablemente el primero que buscó el principio de las cosas cuando manifestó que “lo primero de todo fue el caos, después fue la tierra del amplio seno… y el amor que resplandece entre los dioses inmortales”. Posteriormente, Ferécides de Siro fue el primer poeta cuya cosmología llegamos a conocer. Él sostiene que antes de cualquier cosa y eternamente existían los dioses Zeus, Cronos y Ctonos. Ctonos, era la tierra; Cronos, el tiempo y Zeus, el cielo, de los cuales el dios Zeus, transformado en el dios Eros, o sea en el dios del amor, procede a la creación del mundo.

El mito forma parte del pensamiento primitivo y de la evolución de la cultura humana. Toda cultura, toda época histórica tiene sus mitos propios, como lo tuvo el Imperio de los Incas en el Perú, por ejemplo, los mitos de Manco Cápac y Mama Ocllo, de los hermanos Ayar, de Wiracocha, de Rómulo y Remo, entre otros. “Una cultura sin mitos todavía no ha existido” dijo Alejandro Korn en sus “Apuntes filosóficos”.

La filosofía griega, que comprende cuatro etapas (cosmogónico, cosmológico, antropológico y sistemático), llegó a construir sus más grandes concepciones de la filosofía: sobre el origen del universo; sobre los problemas del universo; sobre los problemas y el destino del hombre; sobre la naturaleza y la filosofía como sistema propiamente dicho, desarrollándose una intensa y profunda actividad intelectual, llegando a interpretarse la naturaleza de una manera mítico-religiosa y tratando de obtener una visión del origen del mundo y de los fenómenos de la naturaleza. Así es como nace la filosofía como conocimiento racional de las últimas causas o de los primeros principios de la naturaleza.

Antes de la filosofía griega existía una forma de pensar prefilosófico, era el pensamiento mítico que pretendían dar explicaciones acerca del origen del mundo (Cosmogonía), de los problemas del universo (Cosmología) y problemas de la naturaleza (Física).

El mito, en la forma más antigua que llega hasta nosotros, surge en el siglo VI antes de Cristo y en el mito se halla presente la mentalidad primitiva, la explicación sobre el origen y la formación del mundo interior y exterior, sobre el secreto de la naturaleza, el enigma de la conciencia Hegel llegó a decir en su “Introducción a la Historia de la Filosofía” que “El contenido general de la filosofía ha existido antes en la forma de la religión, en la forma del mito, que en la forma de filosofía”.

Antiguamente se creía en deerminadas fuerzas naturales y superiores como el sol, la luna, las estrellas, el trueno, el viento, los cerros, las plantas, y fuerzas de índole artificial como los dioses y objetos creados por el hombre, a través de las cuales de pretendía dar la explicación a hechos, fenómenos, situaciones y problemas que ocurrían cotidianamente, y así se fue formando un cúmulo de creencias pre-racionales, como una necesidad, en el hombre antiguo para explicar la realidad. El mito era la pseudo-solución o la solución falsa) de los grandes enigmas filosóficos que planteaba el universo, en los inicios de la humanidad y las civilizaciones.

El gran Aristóteles, en el libro I de su Metafísica manifiesta que “el amigo de la filosofía lo es en cierta manera de los mitos, porque en el fondo de las cosas está siempre lo maravilloso”.


El arjé o principio de todas las cosas

Fueron los filósofos presocráticos, Tales, Pitágoras, Anaxímenes, Anaximandro, Parménides, Heráclito, Anaxágoras, etc., los que trataron de hallar una explicación última del cosmos, a través de un principio único, según pasamos a reseñar: Tales de Mileto: el agua es el arjé o principio de todas las cosas, el punto de partida infinito de todo cuanto hay en el mundo; Anaximandro fue el primero que utilizó en el sentido filosófico el término principio. Más tarde, el gran Aristóteles, en su Metafísica, nos describe lo que los integrantes de la escuela de Mileto, en la antigua Jonia (Asia Menor) entendían por principio: “Aquello de que son todas las cosas que existen, de dónde primeramente han nacido, y adónde se reducirán finalmente, permaneciendo la sustancia y mudándose los accidentes, tal es lo que dicen ser la materia y el principio de los seres”. Anaximandro indica que el apeirón es el origen de todas las cosas; Anaxímenes de Mileto: el aire; Pitágoras: el número; Jenófanes de Colofón: el Ser; Heráclito de Éfeso: el fuego o calor que da vida a todo; Parménides de Elea: la razón; lo mismo es Pensar y Ser; Anaxágoras de Clazómene: el “nous”; Empédocles de Agrigento: el fuego, el aire, la tierra y el agua.

Raíz etimológica

«El problema fundamental de la filosofía radica en su nombre», afirma Przywara, toda vez que, etimológicamente, equivale a amor (philein) a la sabiduría (sophia) y el amor todos muy bien lo sabemos puede ser interpretado de diversas maneras, por ejemplo, como un «buscar afanoso» lo que no se tiene (la sabiduría, in casu) o como una «amorosa posesión» del conocimiento o saber.

El origen de la voz castellana “filosofía” proviene de la voz latina philosophia, la misma que está compuesta de dos palabras: philo o philein, que significa “amor”; sophia o sapientia, “sabiduría”.

Etimológicamente, filosofía significa “amor a la sabiduría”, “tendencia a la sabiduría”, “deseo de saber”, “aspiración a la obtención del saber”, “deseo de conocimiento”.

La palabra griega philósophos (filósofo), como sustantivo se formó en oposición al adjetivo sophós (sabio).

En las escuelas filosóficas de Platón (“Academia”) y de Aristóteles (“Liceo”) el término filosofía significaba sabiduría. Platón expresó que sólo el conocimiento de las ideas como esencia de las cosas nos conduce a la sabiduría.

El término filosofía aparece por primera vez en la obra “Historia” de Herodoto. Este célebre historiador griego introdujo el verbo filosofar, entendido como actitud mental superior del hombre.

En cambio Santo Tomás de Aquino refiere que la palabra Filosofía en su sentido estricto fue utilizado por primera vez por el matemático y filósofo Pitágoras de Samos (580-500 a.C.), quien al ser interrogado sobre su profesión, respondió que era filósofo, es decir, amante o amigo de la sabiduría (viritatis amicus), pero no sabio o “sophos”. Pitágoras fundó, asimismo, una sociedad para el cultivo de la filosofía en la Italia meridional, durante la segunda mitad del siglo VI antes de Cristo.
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LOS SOFISTAS DE LA GRECIA ANTIGUA

LOS SOFISTAS DE LA GRECIA ANTIGUA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


El término sophistes significa “maestro en sabiduría, maestría o pericia en alguna cosa”. Hesíodo, utilizó el término sophíe con el significado de experiencia o maestría en el sentido espiritual y es quien utiliza por primera vez el verbo sophízesthai cuando se dispone a dar a su hermano Perses consejos sobre navegación, a pesar de no ser un experto en este arte (nautilíes sesophisménos).

Refiere Bertrand Russell que “En una época en que había en Grecia muy escasa enseñanza sistemática, si es que había alguna, los sofistas realizaron esa labor. Eran maestros ambulantes, que daban lecciones sobre una base puramente profesional. La más respetable de sus actividades fue simplemente la provisión de una cultura literaria. Pero hubo otros que enseñaron materias de importancia práctica más inmediata” (“La sabiduría de Occidente”).

Los sofistas, eran hombres elocuentes, dialécticos, conferenciantes públicos, filósofos prácticos, precursores de la educación superior que estaban orientados a la aplicación del aspecto social de la ciencia; fueron maestros que arribaron a Atenas, procedente de ciudades extranjeras, con el fin de “popularizar los conocimientos”. Lograron incursionar en la política, la moral, la religión, la educación, el lenguaje y realizaron una permanente labor crítica de las instituciones.

Sabían o simulaban muy bien saber de todo: aritmética, geometría, astronomía, música, retórica, política, fonética, pintura, música, arte, entre otros, pero centraron su filosofía en problemas antropológicos frente a lo cosmogónico y cosmológico de los filósofos presocráticos.

Los sofistas, inicialmente, eran hombres prácticos, enseñaban los métodos adecuados y eficaces para llegar al conocimiento, encontrar la verdad, saber vivir bien, gobernar bien y vencer al adversario en las luchas políticas. Enseñaban la areté o virtud, el dominio de las palabras para ser capaces de persuadir a otros y ganar en una contienda política. Con las palabras de Protágoras, diríamos que los sofistas se preocupaban en “Poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles”.

Los sofistas practicaron el relativismo, al negar la existencia de una verdad universal, absoluta y necesaria ante el escepticismo de obtener un conocimiento verdaderamente objetivo de la naturaleza última del universo. Pero también cultivaron el escepticismo, pues no creían que el ser humano fuese capaz de conocer una verdad general y válida para todos; decían que “Cada quien tiene su verdad”, por lo que tantas verdades hay como personas pensantes. Protágoras afirmaba: “Como cada cosa me aparece, así es para mí; y como aparece a ti, así es para ti”.

Pero también los sofistas fueron expertos en la erística, es decir, en el arte de discutir; dominaron la retórica y el arte de pronunciar bellos y magníficos discursos; percibieron honorarios por sus enseñanzas a familias y jóvenes de poder económico, hecho por el cual Platón y Aristóteles los denominaron “mercaderes de la enseñanza”.

Demostraron ser capaces de distinguir entre las leyes sociales (nómos) que son productos del hombre, y las leyes de la naturaleza (Phycis). Las leyes eran para ellos simples convencionalismos humanos, normas adoptadas para vivir como personas civilizadas y no como animales.

Los sofistas llegaron a introducir el nuevo concepto filosófico: Eudaimonía o felicidad del ser humano, aunque no constituyeron nunca una escuela unitaria, eran un grupo heterogéneo con puntos concordantes en común, como el relativismo, empirismo, agnosticismo y ateísmo.

Los sofistas fueron reprochados por Aristófanes, Jenofonte, Platón, Isócrates y Aristóteles. Para Aristófanes los sofistas carecían de todo sentido ético y sabían cómo ganar las causas malas con tal de que se les pague; Jenofonte los califica de corruptores de la juventud y de simples eruditos recopiladores; Platón veía en los sofistas a comerciantes charlatanes que alaban sus mercancías para venderlas de cualquier manera y eran sabios en apariencia; Isócrates, por su parte, critica a los sofistas de su época al presentarlos como individuos de escasa talla intelectual y que tienen por meta el lucro personal; finalmente, para Aristóteles los sofistas son unos pseudofilósofos que tratan de impresionar con la prédica de una falsa sabiduría.
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