Artículos periodísticos y de investigación

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18 de octubre de 2022

El poder del pensamiento

 

EL PODER DEL PENSAMIENTO

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

“El que puede cambiar sus pensamientos,

puede cambiar su destino”.

Stephen Crane.

 

CONCEPTO DE PODER

Poder quiere decir facultad, capacidad o jurisdicción que tiene la persona para controlar a otra, para influir sobre ella, para mandar o ejecutar una cosa o para resolver un problema o un dilema.

Poder es el acto o instrumento en que consta la facultad o autorización que uno da a otro para que en lugar suyo y representándole pueda hacer o ejecutar una cosa, analizar algo o resolver un problema. Poder es la posesión, por la persona o por un grupo de personas, de los medios necesarios e indispensables para alcanzar los objetivos, fines o metas que se propone, superando las dificultades, las resistencias activas y pasivas y las incomprensiones y malas interpretaciones de otras personas.

Basándonos en la doctrina de Alfred Adler, referida a la psicología individual, el poder es una tendencia fundamental del hombre a la autoafirmación o conservación propia de todo ser vivo. Con la expresión de Federico Nietzsche, Adler la denomina “voluntad de poder”.

Adler afirmaba que el móvil más poderoso de todos los actos humanos es el valer, ficticio o real, la superioridad, real o imaginaria, es el “hacerse valer”.

CLASES DE PODER

Hay diversas clases de poder según sus fuentes. Son fuentes de poder el pensamiento, el conocimiento, la riqueza o el dinero, la belleza, la fuerza física y la información. Así podemos hablar del poder del pensamiento, poder del conocimiento, poder económico, poder coercitivo, poder de referencia, poder legítimo, poder de competencia, poder de la información, poder telequinésico y poder de la minoría.



EL PODER DE LA INFORMACIÓN

La información es un gran poder positivo  cuando se la usa responsablemente.

Actualmente, en toda sociedad democrática se observa la lucha permanente por la captura y disputa de cuotas de poder entre la concentración del poder multimediático,-que está mayormente en manos privadas, que deciden y eligen lo que debe ser difundido muchas veces con poca o nada de credibilidad, sin independencia de criterio y sin pluralidad,   que manipulan las informaciones y declaraciones y la opinión pública, que defienden intereses económicos, políticos y religiosos-, la clase política, y los gobiernos, mientras la ciudadanía común y corriente como titular del derecho a la información continua demandando la democratización de los medios de comunicación como bien público, que den información de calidad y voz a todos los sectores  y estén al servicio de una sociedad en permanente crecimiento, desarrollo y progreso. 

Con el avance de las tecnologías de la información y la comunicación, “la política se hace en los medios y desde los medios, desde que éstos generan poder y son instrumento de poder” como lo señala María del Pilar Tello en su obra “El Poder de la información” (Lima, 2015).

El tener información privilegiada, información confidencial o información especializada constituye un poder informativo y que se manifiesta en el influjo de los medios de comunicación en la opinión pública, en la sociedad y en las decisiones del Estado.

“Es interesante hacer notar que Kelman y Hovland (1953) llamaron “sleeper effect”, fenómeno de cambio tardío. Consiste en que una persona percibida negativamente puede dar informaciones muy válidas y obtener resultados inmediatamente insignificantes o negativos; sin embargo, cuando la fuente de información ha sido olvidada, la comunicación tiene su efecto y la actitud cambia según la finalidad primera. Tal vez esto consuele a ciertos profesores, religiosos o autoridades, que percibidos negativamente, hacen esfuerzos inmensos por dar informaciones válidas y consistentes” refiere José Rafael Prada Ramírez en su obra “Sicología de grupos”[1]

Ante la presencia concentrada de grandes medios de comunicación privados que imponen sus contenidos y hasta eligen gobernantes que defiendan sus intereses, en un escenario de lucha frontal entre dos polos extremos “medios-gobiernos”, María del Pilar Tello reivindica el rol de la ciudadanía como el titular del derecho a la información: “La ciudadanía, en nombre de cuyos derechos funcionan los gobiernos y los medios de comunicación, es la titular del derecho a la información y por tanto debe asumir la tercería y ser empoderada para que funcione el triángulo medios, gobiernos, sociedad y se genera una comunicación política y social equilibrada”[2].

No cabe duda que lo que se busca es el poder equilibrado, armonioso y responsable entre los medios de comunicación, las redes sociales, los gobiernos y la ciudadanía en general para asegurar y garantizar la consolidación y profundización de los regímenes políticos democráticos.

De las diferentes clases de poder nos referiremos en esta obra de los poderes de referencia, de competencia, telequinésico y de la minoría.

Poder de referencia

El poder de referencia se funda sobre la identificación de una persona con otra. El poder de referencia cobra su mayor influjo para reducir al conformismo en personas con un yo débil, baja habilidad para liderar, alto nivel de autoritarismo, necesidad grande de afiliación, baja inteligencia, mucha extroversión, hijos primogénitos o hijos únicos, y que han tenido padres duros o castigadores, explica Prada Ramírez (1989:66).

Poder de competencia

Se basa en los conocimientos, técnicas y habilidades de un individuo para realizar las metas del grupo. En nuestra era industrial y automatizada, los científicos y técnicos poseen un gran poder de competencia, máxime entre la juventud (Prada Ramírez, 1989:67).

Poder telequinésico

La telequinesis o telequinesia (del griego  tele, «lejos» y  kínēsis, «movimiento») es, en el marco de la parapsicología, el fenómeno que consiste en el desplazamiento de objetos a través de  una acción a distancia sin la intervención de ningún medio físico.

Poder de la minoría

Alvin Toffler, en su obra “La Tercera Ola” (1980), al referirse al poder de la minoría dice lo siguiente: “El primer y herético principio del Gobierno de la tercera ola es el del poder de la minoría. Sostiene que el imperio de la mayoría, el principio legitimador fundamental de la Era de la segunda ola, se está tornando crecientemente anticuado. No son las mayorías, sino las minorías las que cuentan. Y nuestro sistema político debe reflejar crecientemente ese hecho”[3].

Precisa asimismo que “en la actualidad estamos dejando atrás el industrialismo y convirtiéndonos rápidamente en una sociedad desmasificada. En consecuencia, se va haciendo cada vez más difícil –a menudo, imposible- movilizar una mayoría e incluso una coalición gobernante”.

Alvin Toffler puntualiza que la tercera ola desafía todas las presunciones convencionales sobre la relación entre imperio de la mayoría y justicia social. “En lugar de una sociedad altamente estratificada, en la que unos cuantos bloques importantes se alía para formar una mayoría, tenemos una sociedad configurativa, una sociedad en la que miles de minorías, muchas de ellas temporales, se arremolinan y forman pautas nuevas y transitorias, convergiendo rara vez en un consenso de un 51 % sobre temas importantes. El avance de la civilización de la tercera ola debilita, así, la legitimidad misma de muchos Gobiernos existentes”[4]

“Por tanto, -indica Toffler-, el imperio de la mayoría no sólo no es adecuado ya como principio legitimador; tampoco es ya necesariamente humanizador ni democrático en las sociedades que se están adentrando en la tercera ola”[5].

La libertad de expresión del pensamiento

La libertad de expresión del pensamiento o libertad de palabra, que es consubstancial a toda naturaleza humana, es el derecho fundamental que tiene toda persona de expresar su pensamiento en público y de buscar formas de intercambio y de compartimento de sus pensamientos con otras personas en todo tiempo y lugar.

Este derecho de expresión libre del pensamiento está regulado por las Constituciones políticas y leyes de los países del mundo civilizado, con el fin de evitar el libertinaje y sus funestas consecuencias.

La libertad de expresión garantiza que no se viole la libertad de escribir, de opinar y de publicar responsablemente sobre cualquier materia. Que los límites de la libertad de expresión son la moral, la vida privada y la paz pública. Que ninguna autoridad, gobernante ni ley exija fianza o censura a sus autores.








 












EL PODER DEL PENSAMIENTO











        El hombre es un ser racional y como tal tiene las facultades claramente bien definidas que le distinguen de los órdenes inferiores del reino animal: el poder de pensar, el poder de expresar su pensamiento y el poder de las demás facultades cognoscitivas (razón, intuición, voluntad, memoria, inteligencia, imaginación, pensamiento, atención, percepción, órganos sensoriales).

A lo largo de los siglos, mediante el ejercicio de estos poderes fundamentales, el hombre viene acumulando lo que se conoce con el nombre de herencia social.

El pensamiento del hombre se divide en tres esferas del saber: el mundo material (universo físico), el mundo humano (Hombre) y el mundo del espíritu (Dios, Espíritu eterno). En cada uno de estos tres mundos el hombre desarrolla sus poderes de pensar y de expresar o comunicar sus pensamientos por medio del lenguaje y las artes en sus diversas formas, lenguaje como medio de comunicación y como instrumento del pensamiento.

Como seres humanos, nuestro cerebro procesa alrededor de 60.000 pensamientos en un día normal. Quizás sean más, en un día ocupado, de estrés o de imprevistos… quizás sean menos en un día de vacaciones. Pero en promedio, unos 60.000 pensamientos, estos serían unos dos pensamientos cada 3 segundos. Cada uno de los pensamientos que tenemos en el día, cuenta con un origen, una raíz desde la cual ha surgido y a través de la cual se ha establecido y solidificado. Lo que pensamos día a día, no es ni remotamente el resultado del azar. Ciertamente existe un trasfondo mucho más profundo y significativo en el ejercicio de pensar. Por una parte, está nuestro carácter, que es formado a través de nuestras experiencias, logros, fracasos, victorias, rechazos… etc. Desde pequeños conformamos el carácter que hoy tenemos y con base en dicho carácter, decidimos lo que decidimos día a día.[6]

Porque no utilizamos de manera eficaz el mayor potencial de nuestra capacidad pensante para la solución de los problemas de nuestro cotidiano vivir nos sentimos deprimidos, frustrados, impotentes, preocupados, fracasados y puesto la mirada en un callejón sin salida.

“A una enfermedad – señala Celis Maya- le queda imposible ubicarse en un cuerpo con mente sana, esto ya no es un secreto y dejó de ser un concepto esotérico hace mucho tiempo gracias a la ciencia. Con tu propio pensamiento tu cuerpo puede cambiar su ritmo cardíaco, segregar endorfinas o adrenalina, producir gammaglobulinas o interferones y con esto alterar la manera como se protege (o no) ante las enfermedades”.

Hoy más que nunca, ante el avance vertiginoso e incontrolable de las ciencias y las tecnologías, quien tiene el conocimiento y el pensamiento, quien cultiva emociones, sentimientos, autoestima y actitudes positivas goza de un gran poder en su diversidad de formas: poder democrático, poder permisivo, poder carismático, poder cognoscitivo, etc.

La calidad de pensamientos que se crean en nuestra mente son las que determinan la clase de vida que llevamos a diario, y constituyen las guías maestras para el diseño y la construcción de nuestro destino. Por ejemplo, se puede acelerar nuestro ritmo cardíaco pensando en una situación peligrosa; se concibe una vida pacífica con la alimentación y el desarrollo de la asociación de pensamientos positivos, pensamientos estratégicos, pensamientos críticos y pensamientos dialécticos.

El poder del pensamiento radica en todo ser humano que impulsa, promueve y desarrolla la “gran industria intelectual”, expresados en las producciones teóricas y prácticas de carácter filosófico, teológico, científico, humanístico y tecnológico, para asegurar la vida y el disfrute de la vida humana tras la aplicación de su obra creativa, la solución de sus problemas y la satisfacción de sus múltiples necesidades, con mayores niveles de libertad, independencia de criterio, justicia social, bienestar y felicidad.

Annie Besant, en su obra “El Poder del Pensamiento, su dominio y cultura”, con fundadas razones señala: “El Conocedor, lo Cognoscible, el Conocer, éstos son los tres en uno que deben ser comprendidos si el poder del pensamiento ha de dirigirse a su debido objetivo, el auxilio del mundo. Con arreglo a la terminología occidental, la Mente es el Sujeto que conoce; el Objeto es lo cognoscible; la relación entre los dos es conocimiento. Debemos comprender la naturaleza del Conocedor, la naturaleza de lo Cognoscible y la naturaleza de la relación establecida entre ambos y cómo se origina tal relación. Una vez esto comprendido, habremos, en verdad, dato un paso hacia este conocimiento de sí mismo, que es sabiduría. Entonces, verdaderamente, podremos ayudar al mundo que nos rodea, convirtiéndonos en sus auxiliares y salvadores; pues éste es el verdadero fin de la sabiduría, que habiendo prendido fuego por el amor, puede sacar al mundo de la desgracia, dándole el conocimiento en el cual cesa para siempre todo dolor”[7].

            El pensamiento constituye un verdadero poder en la vida y el quehacer de todo ser humano, desde el momento mismo de su nacimiento hasta el instante de su muerte.

El poder del pensamiento es grandioso. Guía a las personas en su desarrollo integral, cognoscitivo, social, económico, político, cultural, educativo, ecológico, profesional y laboral, en una sociedad cada vez más compleja y en permanente cambio.

A través del pensamiento, y con la acumulación e intercambio de la experiencia individual y de la experiencia colectiva, se logra incursionar y dominar nuevos sectores de la realidad; también es posible penetrar de manera objetiva y profunda en la esencia y existencia del hombre, de los objetos o cosas e identificar sus contradicciones internas, el proceso evolutivo y la eventual transformación en algo distinto.

En el campo de las empresas y de los negocios, las decisiones a tomar para lograr las soluciones a problemas y el crecimiento de productividad y de rentabilidad dependen del modo de pensar original, innovador, en positivo, realistamente y con sentido previsor.

Decían Dave Marcum, Steve Smith y Mahan Khalsa: “El pensamiento es el núcleo de las empresas: determina no sólo lo que ha de crearse y lanzarse al mercado, sino aquello que ha de sobrevivir. Es el big bang que pone todo en movimiento. Si usted desea modificar sus resultados, lo primero que debe hacer es cambiar su manera de pensar”[8]

El pensamiento permite explicar, prever y penetrar en los cambios cuantitativos y cualitativos de la vida humana y del universo, en el planteamiento y la solución de los problemas.

Sólo con el pensamiento los seres humanos son capaces de interpretar, describir y explicar cómo es la realidad, qué significado y trascendencia tiene lo que se descubre en ella, los resultados del desarrollo de las ciencias y de las nuevas tecnologías.

La filosofía del vivir humano sólo es posible atesorarla y explicarla con el pensamiento y a través del pensamiento. Se logra saber qué es lo que se necesita para actuar, cómo se debe mejorar la calidad de vida de las personas y qué hacer para vivir mejor.

Somos lo que pensamos. Cada pensamiento tiene un valor incalculable en todos los aspectos de la vida. La fortaleza de tu cuerpo y la de tu mente, tu éxito en la vida y el placer que produzca a los demás tu compañía, dependen de la naturaleza y calidad de tus pensamientos. Quien tiene pensamientos positivos, habla poderosamente y produce una impresión profunda en las mentes de quienes le escuchan. El pensamiento configura el carácter. El hombre se convierte en lo que piensa. Piensa que eres fuerte, y fuerte te volverás. Piensa que eres débil y te volverás débil. Si meditas sobre el coraje, instaurarás éste en tu carácter. E igual ocurre con la bondad, la paciencia, la generosidad y el autocontrol, refiere Swami Sivananda.[9]

La vida humana es praxis cotidiana de razonamientos, análisis, síntesis, abstracciones, deducciones, inducciones, intuiciones y generalizaciones, que son utilizados oportunamente como herramientas claves para encarar y resolver las dificultades, problemas y dilemas de los individuos y colectividades, explorar cosas nuevas, enfrentar los retos en lugar de evitarlos, vivir la vida a su máximo potencial, salir airoso de la tentación de pensamientos y actitudes negativas, establecer metas y llegar a ellas… y así abrirse paso hacia el éxito. ¡Lo imposible llegará a ser posible!

El poder del pensamiento radica también en que nos consuela de todo y todo lo remedia, hace posible el ensanchamiento y engrandecimiento de nuestro pequeño ser y es la única vía de progreso de que dispone el ser humano.

El poder del pensamiento es extraordinario en la vida de todo ser humano. Se usa el poder del pensamiento para ayudar a nuestros semejantes en el logro de sus propósitos y en el desarrollo de sus proyectos de vida.

El poder del pensamiento se afirma, multiplica, ensancha, perfecciona, reajusta, depura, rectifica, fortalece y amplía a través de la práctica o el ejercicio metódico, correcto, cotidiano, ininterrumpido y permanente del cerebro.

El hombre se detiene ante el mundo, reflexiona, inquiere una razón que justifique su existencia en un mundo racional y en otra irracional. Pero sigue caminando, estando y pensando en el mundo. El hombre lucha, se esfuerza, trata de incorporarse al mundo de las cosas, del cual depende su vida animal, ajustándose a la conducta que sus pensamientos le dictan. Se percata que no todo lo que encuentra ante sí y lo que anhela es lo más conveniente y útil para su vida exitosa. Entonces trata de penetrar el secreto del mundo que le rodea, de comprender, de dominar y forja su propio destino, según sus propios pensamientos.

¡El que piensa positivamente,

asegura un buen destino!

“Así, surge el mundo de la cultura. Y el hombre sigue avanzando, transforma el orden que le ha sido dado; crea uno nuevo, busca no incorporarse al mundo exterior sino incorporar ese cosmos ajeno a su propio antropocosmos. La lucha del pensamiento con la naturaleza adquiere caracteres de épica sin igual”, asevera Ramón Conde Obregón (1961:22).



[1] Prada Ramírez, José Rafael. Sicología de grupos. Ediciones Paulinas, Santiago de Chile, 1989, p.68.

[2] Tello, María del Pilar. El Poder de la información. Medios de Comunicación y Política. Universidad Nacional Federico Villarreal. Editorial Universitaria, Lima, Primera edición, octubre 2015, p.14.

[3] Toffler, Alvin. La Tercera Ola, Plaza & Janes, S.A. Editores, España, Séptima edición, 1981, p.404.

[4] Toffler, Alvin, Op. cit, p.405.

[5] Ibídem, p.405.

[6] Jusn Sebastián Celis Maya. El inmenso poder del pensamiento. http://www.sebascelis.com/el-inmenso-poder-del-pensamiento/

[7] Besant, Annie. El Poder del Pensamiento, su dominio y cultura, Editorial KIER S.A., Décima segunda edición, Buenos Aires, 1980.

[8] Marcum, Dave, Steve Smith y Mahan Khalsa. Business Think. Principios para tomar decisiones acertadas en los negocios: ¡Ahora y en cualquier situación!. Prólogo de Stepehn R. Covey. Grupo Editorial Norma, Colombia, 2003, p.3

[9]Swami Sivananda.  El poder del pensamiento.

http://www.sivananda.es/pdf/psicologia/pensamiento2.pdf

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17 de octubre de 2022

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO DEL FILÓSOFO BERTRAND RUSSELL

 TEORÍA DEL CONOCIMIENTO DEL FILÓSOFO BERTRAND RUSSELL

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

 

Bertrand Arthur William Russell nació en Trelleck (sudeste de Gales) el 18 de mayo de 1872 y falleció a los 97 años en su casa, Plas Penrhyn, en Penrhyndeudraeth, País de Gales, Reino Unido, el 2 de febrero de 1970 y tres días después su cuerpo fue incinerado en Colwyn Bay y sus cenizas esparcidas en las montañas de Gales.

De familia aristocrática, sus padres fueron John Russell, Vizconde de Amberley; su madre, Katherine Louisa Stanley. A temprana edad quedó huérfano de padre y de madre quedando bajo el amparo de sus abuelos, Lord John y Lady Russell, quienes se preocuparon por su rigurosa formación académica y profesional.

Bertrand Russell

Se casó en cuatro ocasiones, habiendo sido sus esposas Alys Pearsall Smith, Dora Winifred Black, Patricia Ellen Spencer y Edith Finch, llegando a tener solo tres hijos.

A los once años se entusiasmó por las matemáticas, pasión que lo mantuvo durante toda su existencia, llegando él mismo a revelar que llegó a la filosofía por las matemáticas, graduándose en esta disciplina a los veintiún años.

En vida, Russell, pensador prolífico, llegó a decir al inicio de su Autobiografía:  Tres pasiones, sencillas pero arrolladoramente fuertes, han gobernado mi vida: el vivo deseo del amor, la búsqueda del conocimiento y una pena insoportable hacia el sufrimiento humano. Estas pasiones, como vientos poderosos, me han llevado aquí y allá, por caminos caprichosos, sobre un océano profundo de angustia, llevándome al borde de la desesperación.”

Filósofo, escritor, matemático, sociólogo, lógico, profesor universitario, científico, político y Premio Nobel de Literatura de 1950, “En reconocimiento de sus variados y significativos escritos en los que ha luchado por los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento”. Fue tenaz crítico de los nacionalismo opresores y regímenes totalitarios y mantuvo de por vida la independencia de su pensamiento.

Respecto a teoría del conocimiento Bertrand Russell es agnóstico por convicción en busca de la certeza, y crítico del idealismo metafísico y de la teoría del materialismo histórico y dialéctico; propulsor de la filosofía del escepticismo.

Para Russell es a través de la lógica que se puede constituir el verdadero conocimiento, o sea, la ciencia matemática. “Era un monstruo de la lógica. Se cuenta que, en cierta ocasión, Bertrand Russell (1872-1970) defendía que de una afirmación falsa se puede deducir cualquier cosa. Alguien entre el público le formuló entonces una cuestión provocativa: si dos más dos son cinco, ¿se sigue de ello que yo soy el papa? Russell aceptó el desafío y, con una agilidad mental increíble, se sacó de la manga una ingeniosa respuesta. Si dos más dos son cinco, cuatro es igual a cinco. Si restamos tres a ambos lados de la ecuación, tenemos que uno es igual a dos. El Papa y yo somos dos. Como dos es igual a uno, entonces yo soy el Papa. Cuesta poco imaginar su sonrisa satisfecha después de desarmar así a su interlocutor”[1].

Es uno de los fundadores de la filosofía analítica y es el representante más destacado del neopositivismo moderno con notables aportes al desarrollo de la lógica matemática moderna. Es el fundador del neorrealismo y el neopositivismo ingleses, es uno de los más influyentes y grandes filósofos, epistemólogos, lógicos y matemáticos del siglo XX; ferviente antinazi y reputado pacifista del siglo XX durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, férreo opositor a la proliferación de armas nucleares y el que planteó un Tribunal internacional contra los crímenes de guerra.

Para Russell el método de análisis, que consiste en descomponer, dividir y diseccionar un todo complejo en sus elementos o partes más simples, es el único método que permite al ser humano alcanzar el conocimiento cierto, verdadero o la auténtica verdad y liberado de especulaciones metafísicas.

Russell considera que el mundo está conformado por una pluralidad de hechos lógicamente independientes, y que el conocimiento se origina en los datos de nuestra experiencia directa con ellos.

Caracteriza a la filosofía de Russell un cierto atomismo lógico: «La filosofía por la cual abogo, ha dicho, es considerada generalmente como una especie de realismo, y ha sido acusada de inconsistencia a causa de los elementos que hay en ella y que parecen contrarios a tal doctrina. Por mi parte, no considero la disputa entre realistas y sus opositores como fundamental; podría alterar mi punto de vista en ella sin cambiar mi opinión sobre ninguna de las doctrinas que más deseo subrayar. Considero que la lógica es lo fundamental en la filosofía, y que las escuelas deberían caracterizarse más bien por su lógica que por su metafísica. Mi propia lógica es atómica, y éste es el aspecto que deseo subrayar. Por lo tanto, prefiero describir mi filosofía corno un 'atomismo lógico' más bien que como un 'realismo', con o sin adjetivo» («Logical Atomism», en Contemporary British Philosophy, ed. Muirhead, I, 1935, p. 359).

En su teoría filosófica denominado “Atomismo lógico” nos dice Russell: "La razón de que denomine mi doctrina "atomismo lógico” es que los átomos a que trato de llegar, como último residuo en el análisis, son átomos lógicos, no átomos físicos", átomos lógicos que serán buscados y encontrados a través del análisis lógico de la proposición.[2]

 Russell puntualiza: "La primera verdad incontestable hacia la que deseo llamar la atención de ustedes es que el mundo contiene hechos, que son los que son, pensemos lo que pensemos acerca de ellos, y que hay también creencias, que se refieren a esos hechos y que por referencia a dichos hechos son verdaderas o falsas".

En la concepción de Russell el mundo está conformado por una multitud de hechos y una infinita variedad de particulares, propiedades y relaciones, los cuales constituyen los átomos del mundo. El mundo consiste en un número finito o infinito, de entidades que se relacionan entre sí y diversas propiedades y a estas entidades los denomina "un acontecimiento".

Al respecto Martha Cecilia Betancur García, Profesora Asistente Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Caldas, señala: “Los particulares son entes momentáneos que duran un brevísimo lapso, lo que dura nuestra percepción. Un particular no es una "cosa” como una mesa o una silla, porque el concepto de una cosa supone la permanencia y la identidad, de las cuales no tenemos garantía, ni conocimiento cierto; por ello, un particular es nombrado o señalado por un nombre propio como "esto”, lo cual implica la presencia directa del objeto, que constituye lo significado por el nombre. Ese objeto es un particular, solo en el momento en que es señalado, pues la percepción no puede dar garantía distinta. Por ello la cosa" es un concepto inferido, una construcción lógica y no un dato de la percepción. Una propiedad y una relación son entidades porque se dan en el mundo, pero tienen una naturaleza ontológica distinta a la de los particulares, pues éstos existen en sí mismos y son autosubsistentes, mientras que las propiedades y las relaciones siempre se dan "en" un particular Ahora bien, teniendo en cuenta estas características de los elementos constitutivos de los hechos, ¿es posible hablar del conocimiento de esos hechos?, ¿”se da la certeza en ese conocimiento?; este problema nos conduce al problema del conocimiento”.[3]

En su obra “El conocimiento humano” (1983), Russell afirma: "El objeto central de este libro es examinar la relación entre la experiencia individual y el cuerpo general del conocimiento científico"; también puntualiza: "debemos confesar que el empirismo como teoría del conocimiento es inadecuado",  "pero es mejor que todas las anteriores y no tenemos otra cosa". Refiere Russell: “En este libro he intentado abordar, lo más inteligiblemente que he podido, un problema de vasto alcance: ¿cómo es que los seres humanos, cuyos contactos con el mundo son breves, personales y limitados, logran, sin embargo, conocer tanto como conocen? ¿Es parcialmente ilusoria la creencia en nuestro conocimiento? Y si no es así, ¿qué conocernos de otra rnanera que por los sentidos? Puesto que en libros anteriores he abordado algunos aspectos de este problema, me veo obligado a repetir, en un contexto más amplio, el análisis de ciertos asuntos que ya he considerado en otras obras, pero he reducido tal repetición al mínimo compatible con mi propósito”.

“¿Hay en el mundo algún conocimiento tan cierto que ningún hombre razonable pueda dudar de él? Este problema, que a primera vista podría no parecer difícil, es, en realidad, uno de los más difíciles que cabe plantear” señala Russell en “Los problemas de la filosofía”.

“Mientras Russell era un defensor del método científico, el conocimiento derivado de la investigación empírica que es verificada a través de pruebas repetidas, creía que la ciencia solo obtiene respuestas provisionales, y que el progreso científico se construye poco a poco, tratando de encontrar unidades orgánicas considerablemente fútiles”.[4]

Según la concepción russeliana hay dos tipos de conocimiento: el conocimiento de las cosas (directo o por familiaridad) y el conocimiento por descripción.

El conocimiento directo o por familiaridad es el conocimiento de los objetos a los que se tiene acceso directo mediante la percepción y de cuyos objetos "somos directamente conscientes sin mediación de ningún proceso de inferencia ni de ningún conocimiento de verdad". El conocimiento por descripción es el conocimiento de un objeto al que no se tiene acceso mediante una descripción definida que busca referirse unívocamente al mismo.

Según la concepción russeliana los conocimientos se originan en las percepciones, en los hechos que experimentan los sujetos; es el experimento lo que le permite al sujeto conocer, pero las percepciones difieren en función de los conocimientos previos del sujeto. El hecho percibido por el sujeto se constituye en un estímulo para sus órganos sensibles.

El filósofo Bertrand Russell en una de sus obras afirmó: "la teoría del conocimiento, de la que me he ocupado muy por extenso, tiene cierta subjetividad esencial; dicha teoría pregunta ¿cómo conozco yo? e inevitablemente toma su punto de partida de la experiencia personal. Sus datos son egocéntricos, lo mismo que los primeros estadios de su argumentación".

Para Russell la experiencia es el punto de partida de donde nacen el conocimiento y el lenguaje, la experiencia no es un método para la comprobación de los enunciados proposicionales.

“Debemos por lo tanto admitir, decía Russell, que hay un conocimiento general no derivado de los sentidos, y que parte de ese conocimiento no se obtiene por inferencia sino que es primitivo. Tal conocimiento general ha de encontrarse en la lógica. Ignoro si existe algún conocimiento semejante no derivado de la lógica”. 

Refiere, asimismo:  "En todo problema filosófico, nuestra investigación parte de lo que podríamos llamar datos, con lo cual quiero decir materia del conocimiento común, [...]. De esta manera nos vemos conducidos hacia una distinción un tanto vaga entre lo que podríamos llamar datos «duros» (hard) y datos «blandos» (soft). [...] Llamo datos «duros» (hard) a los que resisten la influencia disolvente de la reflexión crítica, y «blandos» (soft) a los datos que bajo la acción de este proceso, se vuelven más o menos dudosos a nuestra mente. Los datos más duros entre los duros, son de dos clases: los hechos particulares de los sentidos y las verdades de la lógica. [...] Debemos, además, recordar que la distinción entre datos duros y blandos es psicológica y subjetiva, de manera que si hay otras mentes distintas de las nuestras —lo cual, por el momento, debe ser mantenido en duda— el catálogo de los datos duros puede ser para ellas distinto de lo que es para nosotros."

Conocimiento directo y conocimiento por referencia[5]

Esta distinción es fundamental para comprender la teoría del conocimiento de Russell, a la vez que tiene consecuencias en su filosofía del lenguaje. La caracterización inicial del propio autor de ambas clases de conocimiento aparece en Los problemas de la filosofía en los siguientes términos:

1.   Conocimiento directo: “tenemos conocimiento directo de algo cuando sabemos directamente de ello, sin el intermediario de ningún proceso de inferencia ni de ningún conocimiento de verdades”.

2.     Conocimiento por referencia: es el conocimiento que se puede construir a partir del conocimiento directo, combinándolo, mezclándolo, deduciendo, infiriendo… Dice Russell: “Conocemos una referencia (o descripción) y sabemos que hay un objeto al cual se aplica exactamente, aunque el objeto mismo no nos sea directamente conocido. En este caso decimos que el conocimiento del objeto es un conocimiento por referencia”.

Russell establece un principio general de su teoría del conocimiento, con el que en cierta manera se aproxima al empirismo: “Todo nuestro conocimiento, lo mismo el conocimiento de cosas que el de verdades, se funda en el conocimiento directo”. Sin embargo, va mucho más allá de los principios empiristas al aceptar que el conocimiento directo es mucho más que los meros datos de los sentidos o, como las llamaría Hume, las impresiones: “[…] todo conocimiento de verdades exige, como lo mostraremos, el conocimiento directo de cosas que poseen un carácter esencialmente diferente de los datos de los sentidos: los objetos que se denominan generalmente «ideas abstractas», pero que nosotros denominaremos «universales».” (Bertrand Russell, Los problemas de la filosofía)

 

El conocimiento directo, en consecuencia, va mucho más allá de los datos que recibimos a través de los sentidos en el momento actual. Russell comienza ampliando el conocimiento directo por medio de la memoria: si en el pasado se ha conocido una verdad a través de la observación, no es necesario repetir esa observación para aceptar la validez de ese conocimiento. La memoria nos ayuda a conocer el pasado, y el recuerdo es también una forma de conocimiento directo. Una consideración similar habría que hacer de la introspección y la conciencia: el ser humano no sólo conoce, sino que sabe que conoce, es decir, somos conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos. Además, en esta ampliación del conocimiento directo incluye Russell los universales, de los que hablaremos más adelante. Con esto, su distancia frente al empirismo de Hume es notable, en tanto que acepta la validez de las ideas abstractas e incluso afirma la posibilidad de conocerlas directamente.

 

En cuanto al conocimiento por referencia, Russell toma como ejemplo los objetos físicos convertidos en concepto o aquellas realidades cuya existencia nos resulta conocida, pero de las que no tenemos un conocimiento directo. Aparecen aquí algunas condiciones que vienen dadas por la filosofía del lenguaje de Russell: el conocimiento por referencia suele expresarse a través de descripciones. Supongamos el siguiente ejemplo: “el presidente de Nueva Zelanda”. Lo más probable es que no tengamos conocimiento directo de quién es el presidente de este país, y sin embargo conocemos su existencia. En el lenguaje y en el conocimiento cotidiano, utilizamos muchas descripciones y basamos parte de nuestro conocimiento en este “conocimiento por referencia”.

 

La tesis central de Russell es la siguiente: el conocimiento por referencia es indispensable para nuestra vida; nos permite ir más allá de nuestra propia experiencia. Sin embargo, eso no legitima cualquier clase de conocimiento abstracto, universal o imaginativo: el conocimiento por referencia ha de poder reducirse o explicarse en función del conocimiento directo. Cuando queremos revisar el conocimiento por referencia estamos pidiendo pruebas, datos empíricos, de la memoria o de la conciencia que permitan dar validez a ese conocimiento indirecto. 

OBRAS PUBLICADAS DE BERTRAND RUSSELL

Russell es autor de más de sesenta obras publicadas, entre ellas cabe mencionar a las siguientes:

1.              1. La socialdemocracia alemana (1896),

2.     Un ensayo sobre los fundamentos de la geometría (1897),

3.     Exposición crítica de la filosofía de Leibniz (1900),

4. Principios de matemáticas (1902),

5.  Sobre la denotación (1905),

6.  Los elementos de la Ética (1910),

7. Ensayos filosóficos (1910),

8. Los problemas de la filosofía (1912),

9. Nuestro conocimiento del mundo externo (1914),

10. Principios de reconstrucción social (1916),

11. Ideales políticos (1917),

12. Los caminos propuestos a la libertad: Socialismo, anarquismo y sindicalismo (1918),

13. La filosofía del atomismo lógico (1918),

14. Introducción a la filosofía matemática (1918),

15. Práctica y teoría del bolchevismo (1920),

16. Análisis del espíritu (1921),

17. El problema de China (1922),

18. El ABC de los átomos (1923),

19. Sobre la vaguedad (1923),

20. Ícaro o el futuro de la ciencia (1924),

21. Cómo ser libre y feliz (1924),

22. El ABC de la relatividad (1925),

23. Lo que yo creo (1925),

24. Sobre la educación especialmente en la infancia temprana (1926),

25. Análisis de la materia (1927),

26. ¿Por qué no soy cristiano? (1927),

27. Bosquejo de filosofía (1928),

28. Ensayos escépticos (1928),

29. Misticismo y Lógica (1929),

30. Matrimonio y moral (1929),

31. Vieja y nueva moral sexual (1930),

32. La conquista de la felicidad (1930),

33. La perspectiva científica (1931),

34. La educación y el orden social (1932),

35. Los límites del empirismo (1935), 

36. Un nuevo análisis social (1938), 

37.Libertad y organización 1814-1914 (1934),

38. Elogio de la ociosidad (1935),

39. Religión y ciencia (1935),

40. ¿Qué camino hacia la paz? (1936),

41. Los documentos de Amberley (1937),

42. El poder en los hombres y en los pueblos (1938),

43. Poder: Un nuevo análisis social (1938),

44.  Investigación sobre el significado y la verdad (1940),

45. Cómo convertirse en filósofo (1942),

46. Cómo leer y entender la historia (1943),

47. El valor del libre pensamiento (1944),

48. Historia de la filosofía occidental (1945),

49. El conocimiento humano. Su alcance y sus límites (1948),

50. Autoridad e individuo (1949),

51. Ensayos impopulares (1950),

52. Nuevas esperanzas para un mundo en transformación (1951),

53. El impacto de la ciencia en la sociedad (1952)​,

54. Satán en los suburbios (1953),

55. Pesadillas de personas eminentes (1954),

56. Sociedad humana, ética y política (1954),

57. Retratos de memoria y otros ensayos (1956),

58. Lógica y conocimiento (1956),

59. Sentido común y guerra nuclear (1959),

60. El impacto de la ciencia sobre la sociedad (1952),

61. La evolución de mi pensamiento filosófico (1959),

62. Los escritos básicos de Bertrand Russell (1961),

63. Hecho y ficción (1961),

64. ¿Tiene el hombre futuro? (1961),

65. Victoria pacífica (1963),

66. Autobiografía (1967-1969),

67. Mi desarrollo filosófico (1959),

68. Crímenes de guerra en Vietnam (1967).

 

FUENTE BIOGRÁFICA

Russell, Bertrand. El conocimiento humano. Ediciones Orbis, S.A., 1983, Barcelona, España.

Bertrand Russell, https://es.wikipedia.org/wiki/Bertrand_Russell#Teoria_del_conocimiento. 

Martha Cecilia Betancur García, en su artículo “Russell: Teoría del mundo y del conocimiento”. Novum Año 5 No. 11.

Russell. Bertrand. La Filosofía del Atomismo Lógico. En: Lógica y conocimiento Madrid: Taurus, 1981, p-252.

Francisco Martínez Hoyos, Bertrand Russell, el filósofo de la paz. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20200202/473227387217/bertrand-russell-filosofo-pacifismo.html

“Logical Atomism”, en Contemporary British Philosophy, ed. Muirhead, I, 1935.

 

 

 



[1] Francisco Martínez Hoyos, Bertrand Russell, el filósofo de la paz. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20200202/473227387217/bertrand-russell-filosofo-pacifismo.html

[2] RUSSELL. Bertrand. La Filosofía del Atomismo Lógico. En: Lógica y conocimiento Madrid: Taurus, 1981, p-252.

[3] Martha Cecilia Betancur García, en su artículo “Russell: Teoría del mundo y del conocimiento”. Novum Año 5 No. 11.

[4] Bertrand Russell, https://es.wikipedia.org/wiki/Bertrand_Russell#Teoria_del_conocimiento. 

[5] Bertrand Russell. Apuntes sobre el filósofo inglés elaborados para la P.A.U. De Castilla y León, https://www.boulesis.com/apuntes/bertrand-russell

 

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16 de octubre de 2022

Fiscal de la Nación de Perú presenta denuncia constitucional contra el presidente Pedro Castillo Terrones

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