Artículos periodísticos y de investigación

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19 de octubre de 2022

La crisis integral del hombre y de la sociedad latinoamericana

 

LA CRISIS INTEGRAL DEL HOMBRE 

Y DE LA SOCIEDAD LATINOAMERICANA

                               Países de latinoamérica envueltos y sacudidos                                          por graves casos de corrupción política y económica

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

 

DESCRIPCIÓN DEL PROBLEMA

En los últimos cuarenta años los países del continente latinoamericano están siendo envueltos y sacudidos por graves casos de corrupción política y económica, que socavan profundamente los cimientos del Estado de derecho, la democracia y afectan los derechos fundamentales de los trabajadores manuales e intelectuales y de la ciudadanía en general.

El filósofo y periodista francés Jean Francois Revel afirma que “ser corrupto es utilizar, de forma directa o indirecta, el poder político o administrativo fuera de su campo legítimo para procurarse ventajas, en dinero o en especie o para distribuirlas a amigos, servidores parientes o partidarios".

Ser corrupto es hacer del poder y de la política gran negocio ilícito, entreguismo, hipoteca, prebenda y campo propicio para la supervivencia de organizaciones criminales; es abusar del poder público para obtener ilícitamente beneficio personal, familiar o grupal.

La problemática referida se resume en una crisis de orden social, político, económico, educativo, cultural, comunicacional, ecológico y moral.


En las sociedades latinoamericanas infectadas por el cáncer de la corrupción e inmoralidad es notoria la falta de respeto a la dignidad de las personas;  la manipulación de conciencias con favores políticos; el recorte o la supresión de los fundamentales derechos humanos; la existencia de algunos “partidos políticos” convertidos en “vientres de alquiler” que reclutan a sus militantes prometiéndoles trabajo o ciertas sumas de dinero; la proliferación de conflictos de intereses creados; la asignación de publicidad del Estado sólo a medios de comunicación que son sumisos y complacientes con los actos corruptos del gobernante de turno; la vacancia de presidentes de la República por flagrantes actos de corrupción; las interrupciones periódicas del orden constitucional de los países latinoamericanos; la realización de procesos electorales nacionales salpicados de irregularidades, presuntos fraudes e inaceptables resultados.

La moral es el conjunto de reglas o normas que rigen y orientan correctamente el pensamiento, la consciencia y la conducta del ser humano en concordancia consigo mismo y las necesidades de crecimiento, desarrollo y progreso de la sociedad.

La moral es el cartabón que mide el bien y el mal en las sociedades. Hombres éticos, sociedades etocráticas progresistas. El hombre sin principios morales, sin sentido ético y sin sentido social es como una pluma que se lo lleva el viento, sin que haya quien lo recoja y muy poco podrá contribuir a consolidar la democracia y sus derechos fundamentales al buen vivir dentro de una sociedad civilizada.

CAUSAS

La crisis moral del hombre y de la sociedad latinoamericana se debe en gran parte al deterioro de la escala de los valores de gobernantes y de gobernados, como producto de los actos de corrupción y de inmoralidad perpetrados por algunos empleados, funcionarios, congresistas, alcaldes, regidores, gobernadores y hasta presidentes de la República; autoridades que son vistos por la población como malos ejemplos para una sociedad con ansias de crecimiento, desarrollo y progreso.

Además cabe mencionar algunas causas que generan la existencia y proliferación de actos de corrupción en los países latinoamericanos: la percepción ciudadana de manera sesgada acerca del grado de corrupción imperante en sus países; las sanciones legales débiles y no ejemplares contra los casos de corrupción; la carencia de una sólida conciencia social, de ética ciudadana, de ética política y de ética profesional en los trabajadores, empleados y funcionarios públicos; los bajos salarios; la existencia de empresas extranjeras corruptas como ODEBRECHT que sembraron el germen de la corrupción en los funcionarios públicos latinoamericanos. Finalmente, la actuación poco eficaz y retardatoria del Ministerio Público y del Poder Judicial para perseguir el delito, combatir y erradicar los actos de corrupción oportunamente.

CONSECUENCIAS

Como consecuencia del fenómeno de la corrupción la convivencia armónica y pacífica se dificulta y hasta deviene en inaplicable; se incrementa la miseria, el hambre, el desempleo, el subempleo, la explotación, la violencia e inseguridad ciudadana, el crimen organizado, el narcotráfico, el terrorismo,  las tensiones entre los sexos y las generaciones; sale a relucir la ineficiencia de los poderes del Estado en la prestación de los servicios a la población y la incapacidad de los gobiernos  en la solución de los problemas.

Los actos de corrupción retrasan el crecimiento, desarrollo y progreso de los países; impiden alcanzar la visión, la misión y los objetivos a corto, mediano y largo plazo de los gobiernos de turno; activan la falta de respeto del pueblo a sus autoridades elegidas, a las que consideran “no nos representan”, “son incapaces, ineficientes, inútiles, corruptos y corruptores y deben renunciar”; generan inestabilidad en las instituciones y en los gobiernos democráticos; espantan a las inversiones extranjeras; desestimulan el trabajo responsable, honesto, transparente y productivo; encarecen el costo de los servicios públicos y dificultan su prestación oportuna; contribuyen a incrementar el déficit fiscal y la deuda externa de los países; bloquean la meritocracia para el ascenso en los cargos públicos.

CÓMO SALIR DE LA CRISIS

Ante la problemática expuesta y como salida de la crisis integral del hombre y de los países latinoamericanos urge lo siguiente:

a)   Verdaderas políticas de moralización a fondo, efectiva, imparcial, frontal, inflexible y ejemplarizadora, para sancionar y erradicar a pillos de cuello y corbata, a pandillas de malhechores, a defraudadores, malversadores,  corruptos y corruptores, a prevaricadores enquistados en los poderes del Estado, que utilizan la caja fiscal con el fin de obtener ventajas pecuniarias, sinecuras y privilegios;

b)   Educación de calidad y conciencia moral permanente que despierte en los ciudadanos, trabajadores, empleados y funcionarios públicos la conciencia de la responsabilidad (pedagogía de la responsabilidad)  y generar el elevado espíritu de lucha por la transformación estructural del país (pedagogía sociopolítica para el cambio), en el entendido que el engrandecimiento de una sociedad o de un país depende del engrandecimiento moral de sus ciudadanos;

c)   Incorporar en las reformas de las Constituciones y en las nuevas Constituciones el nuevo régimen político denominado ETOCRACIA;

d)  Fortalecer y desarrollar las virtudes individuales y familiares; aplicar reglas y obligaciones precisas para las buenas prácticas y la armónica convivencia entre los miembros de la sociedad;

e)   Generalizar la aplicación de códigos de ética en todos los niveles y modalidades del sistema educativo nacional e internacional y a través de profesores calificados.



REFLEXIÓN FINAL

En un gobierno con mucha autoridad moral y con una política efectiva  contra la corrupción todos salen ganando, los más pobres, los que tienen menos y la inmensa mayoría nacional.

Concordamos con las expresiones de Rushworth Kidder: “No sobreviviremos en el siglo XXI con la ética del siglo XX. Pienso que a medida que la situación se haga peor, nos vamos a dar cuenta de la necesidad de tomar aún más en serio el tema de la ética”.

En los nuevos tiempos de la globalización, se ha incorporado una nueva forma de gobierno: etocracia. El término etocracia, etimológicamente procede de las voces griegas ethos, costumbre, y kratos, poder. La etocracia es un sistema de gobierno basado en la moralidad de los gobernantes y gobernados, para el buen manejo de la cosa pública y el aseguramiento de la calidad en la prestación de los servicios del Estado  dentro de un país democrático, inclusivo, participativo y ético. 

Hombres éticos, sociedades etocráticas progresistas.

 Toronto, Canadá, 19 de octubre de 2022.

 

 

 

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18 de octubre de 2022

Introducción ABC del Paradigma Cientifico

 

INTRODUCCIÓN

"ABC DEL PARADIGMA CIENTÍFICO"

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ABC DEL PARADIGMA CIENTÍFICO

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

Vivimos en un mundo globalizado particularmente en las áreas de la informática, las telecomunicaciones, el comercio y las finanzas. El Estado-Nación todavía es relevante y no ha sido sustituido, pero ya se habla de la existencia del Estado-red como producto de la tecnoglobalización y de la aparición de una “nueva economía”. 

En la historia de la humanidad se desarrollaron los denominados impulsores del cambio. A comienzos del siglo XX uno de los impulsores del cambio fue la industrialización; en los años cuarenta, la transición de la economía de guerra; en los cincuenta, la mecanización; en los setenta, la automatización industrial; en la década del ochenta, el boom de la calidad total y las fusiones y adquisiciones; y, en los noventa, la sociedad del conocimiento o sociedad global. 

Neptalí Ramírez Herrera refiere: “En el proceso del devenir de la historia las sociedades cambian a diferentes ritmos debido a su progreso científico y cultural, y van creando y desarrollando nuevas formas sociales que responden a realidades inéditas, que desafían la imaginación y la acción innovadora del ser humano. Este es un reto vital. De allí que no existen ideologías terminadas, sino en permanente cambio, es decir, actualizándose y renovándose constantemente, tal como Haya de la Torre, enunció sabiamente: “La ideología y la doctrina deben refrescar siempre sus principios, afirmando sus grandes propuestas, pero enriqueciéndolas de acuerdo con la realidad y las circunstancias”.1 

El filósofo, escritor y político latinoamericano Víctor Raúl Haya de la Torre en su obra “Espacio Tiempo Histórico” puntualizó: “…podemos partir del principio que de la revolución radical que estamos viviendo en el campo de la ciencia surgirá una nueva filosofía, como ocurrió después de la época copernicana de Galileo, Kepler y Newton. Y esa nueva filosofía tiene que considerar las profundas transformaciones de los conceptos científicos de la materia, de la energía, del movimiento, del espacio, del tiempo y sus relaciones con el pensamiento. Vale decir, que si estos conceptos esenciales han modificado la concepción cosmológica habrá que considerarlos y aplicarlos en el campo de la filosofía, porque son éstos la negación dialéctica de aquellos”.2 

Nunca lo real y lo virtual, lo cercano y lo lejano, lo genuino y lo espurio, lo sagrado y lo profano, lo verdadero y lo aparente, lo público y lo privado, lo importante y lo urgente, lo prioritario y lo secundario se han mezclado tan profunda y casi perfectamente, a tal punto que parece indistinguible, imperceptible. Lo gubernamental y el servicio público se confunden con lo comercial y lo institucional se convierte en organizacional. Nuevas denominaciones de cosas, objetos, formas de pensar, percibir e interpretar el mundo, de actuar y de vivir del hombre surgen a la luz de los adelantos en la ciencia, la humanística y la tecnología de la información y la comunicación. Cabe referir, por ejemplo, algunas de ellas: la inteligencia artificial, la ciudad inteligente, las organizaciones inteligentes, los hogares inteligentes, los parques inteligentes, los automóviles inteligentes; los cibernautas, el ciberespacio, el ciberpunk (neoguerrilla electrónica), el ciberperiodista, el cibereducador, el teletrabajo, el telemercado, el teleprofesor, el teleclase, el comercio electrónico y todo el nuevo y abundante lenguaje de la informática.

En la sociedad del siglo XXI el conocimiento es poder. El poder del conocimiento casi lo puede todo. Se ingresa a lo multidisciplinario y holístico del conocimiento, generándose el cambio de la rutina habitual a la creatividad del género humano. Ocurre el gran auge de la era digital con libros electrónicos (e-books), bibliotecas, laboratorios, aulas y universidades virtuales. La aparición de la sociedad del conocimiento ha sido posible por dos tipos de confluencias fundamentales: la confluencia técnica y la confluencia económica. La confluencia técnica de la informática, las telecomunicaciones y la industria audiovisual; y de la confluencia económica conformada por recursos de capital y de empresas múltiples de diversos sectores de la producción. 

En 1995, en un artículo en Horizon, Alvin Toffler inventó la expresión Shock del futuro, para designar la desastrosa tensión y desorientación que se provoca en los individuos al obligarles a un cambio excesivo en un lapso muy breve. Pero también el hombre deberá comprender la transitoriedad, entendida como temporalidad de la vida diaria del ser humano como “ciudadano de la Era de la transitoriedad”, entendida en términos de velocidad con que cambian nuestras relaciones con las cosas, los lugares, la gente, las organizaciones y las ideas, o entendida como “la rapidez de giro de las diferentes clases de relaciones en la vida de un individuo”. 

En la sociedad del conocimiento, la transitoriedad del conocimiento y de las imágenes de la realidad obligan al ser humano a reorganizar su almacén de imágenes, a aprender de nuevo hoy, lo que ayer creía saber. Hoy las verdades de ayer se convierten súbitamente en ficciones y que deben ser reemplazadas, renovadas, revisadas, revitalizadas cada vez más de prisa. 

El nuevo conocimiento se vuelve fugaz, temporal o transitorio. Los mismos vocablos de los diversos idiomas caen en desuso y son sustituidos por nuevas palabras a una velocidad varias veces mayor que en períodos anteriores. En épocas pasadas se construía cosas para que durasen, la permanencia era el ideal máximo del hombre. Pues al acelerarse el ritmo de cambio en la sociedad global, la economía de permanencia es reemplazada por la economía de la transitoriedad y de la novedad. 

Hoy en día se requiere de una creciente inversión en recursos humanos para que se aprenda a aprender y a emprender de manera creativa e innovadora, para adaptarse fácilmente al cambio tecnológico y desarrollar con éxito un sistema de aprendizaje continuo o de por vida on line, sin límite de edad, sin privilegios ni exclusiones. 

En el siglo XXI estamos pasando de una sociedad tradicional fragmentada a una nueva sociedad global o sociedad del conocimiento, en la que la falta de conocimiento ya no se debe necesariamente a la falta de información, sino más bien al exceso o diluvio de información y que no logramos decodificar en tu totalidad.

Así la existencia del ser humano está inmersa en un tecnosistema, en un nuevo universo de carácter virtual (ciberespacio), en un medio altamente tecnologizado, en el cual prevalece lo artificial, ante un medio técnico creado por el hombre como “tecnosfera”, que trae consigo radicales modificaciones de la percepción del espacio y del tiempo: pues todo el planeta parece más cercano cuando uno se comunica vía Internet con cualquier parte del mundo.

Vivimos un cambio de época y una época de profundos cambios, con grandes e inusitadas transformaciones en las ramas del saber y del quehacer humano. Es la época de cambios de paradigmas, del “menos y más”: menos teoría y más práctica, menos déficit y más rentabilidad, menos pérdida de horas/trabajador y más producción; menos desinformación y más acción formativa; menos ignorancia y más educación de calidad; menos improvisación y más competencias para la producción óptima de conocimientos y la formación de mejores profesionales e investigadores científicos.  

Un paradigma es el recurso y la herramienta intelectual que se usa para abordar, analizar y resolver problemas de diversa naturaleza y complejidad. Un investigador científico que vive dentro de la visión del mundo de Aristóteles o de Darwin se planteará problemas que sólo tienen sentido dentro de esa forma de ver la realidad, muy diferente a la de otro investigador que vive dentro de la visión del mundo de Thomas Kuhn o de Edgar Morin. “Un científico que trabaja en un paradigma concibe la realidad de una forma completamente distinta a otro científico que viva dentro de otro paradigma” (Juan Carlos González García, 2004:306). 

Estos cambios de paradigmas permiten orientar y regular el comportamiento de los profesionales e investigadores científicos, humanísticos y tecnológicos, y, por lo tanto, nos parece bien que estén considerados e incorporados preferentemente en la educación superior universitaria y no universitaria. A la hora de realizar una investigación se puede utilizar cualquiera de las clases de paradigmas y de acuerdo con la naturaleza y/o complejidad del problema que se investiga. Coincidimos con los autores Josefa García de Ceretto y Mirtha Susana Giacobe (“Nuevos desafíos en investigación”) cuando manifiestan que los paradigmas en investigación “sirven de guía en la selección de métodos, técnicas, procedimientos e instrumentos de investigación; definen el concepto de realidad y su modo de abordaje; confirman y validan los conocimientos; permiten clarificar el sentido de las perspectivas de investigación”. 

Con el fin de contribuir al conocimiento básico de los paradigmas dentro de la sociedad global se ha elaborado ABC del paradigma científico, obra básica que consta de dos capítulos. En el primer capítulo se desarrolla el marco teórico del paradigma científico, el mismo que comprende el lenguaje de los paradigmas, la conceptualización multidisciplinar de paradigma, el origen del término paradigma, también el paradigma científico en sus características, funciones, importancia, componentes, dimensiones y ejemplos. En el segundo capítulo se explica el proceso evolutivo y el significado de los paradigmas científicos desde la antigüedad hasta nuestros días, destacando los paradigmas científicos de Aristóteles, Ptolomeo, Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, Einstein, Thomas S. Kuhn y de Edgar Morin. De igual manera, los paradigmas positivista, interpretativo, sociocrítico, cuántico u holístico, cuantitativo y cualitativo; los paradigmas en la sociedad del conocimiento: lógica difusa, teoría del caos, principio de incertidumbre de Heisenberg, pensamiento holístico, educación de calidad, paradigmas éticos. 

Al final de la obra, algunas conclusiones básicas acerca de los paradigmas de investigación científica. Suscribimos las expresiones de la doctora Isabel Seijas Ríos: “El mundo en que hoy vivimos, se caracteriza por sus interconexiones a un nivel global, en el que los fenómenos físicos, biológicos, psicológicos, sociales y ambientales, son todos recíprocamente interdependientes. Para describir este mundo de manera adecuada, necesitamos una perspectiva más amplia, holista y ecológica; que no pueden ofrecer las concepciones reduccionistas del mundo ni las diferentes disciplinas aisladamente”.3 

Ante este complejo y cambiante escenario mundial, Edgar Morin asevera: “Necesitamos una nueva visión de la realidad, un nuevo “paradigma”, es decir, una transformación fundamental de nuestro modo de pensar, de percibir y de valorar. El término “paradigma”, aquí, no se limita a cada una de las distintas disciplinas científicas, sino que incluye la totalidad de la ciencia y su racionalidad”.

Esperamos que esta obra sea útil para los estudiantes, profesionales e investigadores, al facilitarles una mejor asimilación, comprensión y aplicación de los paradigmas en los trabajos académicos, tesis, tesinas y proyectos de investigación. 

 Toronto, Canadá, febrero de 2022. 

Notas de pie de página:

1 Ramírez Herrera, Neptalí. “Siglo XXI: Ocaso y desafío” Nuevos paradigmas políticos y sociedad integradora. Impreso en Inversiones Gráfica G & M SAC. Trujillo-Perú, agosto 2010, p.9 

2 Haya de la Torre, Víctor Raúl. Obras Completas. Espacio Tiempo Histórico. Ed. Juan Mejía Baca, 4ta. Edición, Lima, 1985, Tomo IV. pp. 465- 466.

3 Seijas Ríos, Isabel. Cómo elaborar y asesorar la tesis de grado de bachiller, maestro y doctor. Arigraf Industria Gráfica S.A.C., Lima-Perú, agosto 2016, p.52. 












 








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Teoría del conocimiento de Sócrates

 

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO DE SÓCRATES

                                           Ya está a la venta por Amazon.com la obra                                                  Sócrates: El Maestro, el Filósofo y el Mártir de la Filosofía

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

Tales de Mileto, Jesucristo, Sócrates, Buda, Confucio y tantos grandes hombres de la historia de las civilizaciones no escribieron ninguna obra, sin embargo, se les considera como personajes excepcionales, enigmáticos, de gran talento, de inteligencia y sabiduría inigualables, ejemplos de conducta moral y que más influyeron en el pensamiento occidental y en el pensamiento europeo. Todos ellos, utilizando la razón, la inteligencia, la sabiduría, la verdad y el diálogo como únicas armas, sin esperar recompensa ni distinción alguna, buscaron salvar al hombre de la ignorancia, de los vicios, de la esclavitud, de la opresión, de la desigualdad y de la injusticia social.

Pocas figuras representativas hubo en la antigüedad clásica, como las de Sócrates, Platón y Aristóteles, que despertaron y aún siguen despertando amplias y profundas resonancias e impactos en la cultura de Occidente y en la cultura universal, precisamente por su elevada calidad humana, integridad espiritual, grandeza moral, pedagogía social y por hacer accesible a públicos diversos sus aportes intelectuales y la filosofía de aquella civilización.

Sócrates es el personaje autodidacta y enigmático de todos los tiempos, que revolucionó el mundo de la filosofía y que más influyó en el pensamiento europeo y occidental. Fue el primer filósofo de la historia de la filosofía que, no obstante haber sido el más popular de los ciudadanos atenienses y el más justo y sabio de los hombres de su tiempo, murió víctima de la injusticia.

Fundó la Filosofía moral y la Antropofilosofía; creó la teoría de las ideas; descubrió el método mayéutico, la definición y el concepto; promovió y vulgarizó la educación gratuita y la pedagogía sociopolítica. Sócrates era el ideal de sabiduría en las escuelas filosóficas griegas, en la literatura romana, en los pueblos europeos y entre los judíos y mahometanos.

Promovió el autoconocimiento como condición básica para conocer a las demás personas; abogó por la aristocracia intelectual y postuló que los gobernantes, las autoridades y los funcionarios de los países deberían ser los más capaces, con el máximo de conocimientos y de virtud, ejemplares ciudadanos y respetuosos de la Constitución y las leyes de la República.

Defendió el cosmopolitismo e igualitarismo ateniense. Combatió la concepción tradicional de la justicia que hacía beneficios a los amigos y perjuicios a los enemigos. Defendió la autonomía de la justicia multidimensional y propuso el cultivo del espíritu de equidad en deberes, derechos y oportunidades para todos.

Sócrates se llamaba a sí mismo tábano de los dioses, precisamente porque era consciente que tenía por destino incordiar a quienes profesando la falsa sabiduría creían saber y en realidad no sabían, o también porque censuraba a los ambiciosos y al despotismo de los gobernantes demagogos. Cual experto en persuadir y disuadir, creía ser un tábano porque aguijoneaba a las personas para que se interroguen a sí mismo y procuren descubrir lo que realmente son y cuanto tienen de capacidades, destrezas, habilidades y aptitudes.

Sócrates, el preceptor popular, destacaba mucho sobre el resto de los hombres por la agudeza de sus razonamientos, por la facilidad de palabras, por la rápida persuasión a sus interlocutores, por la crítica a los sofistas de su tiempo, por el descubrimiento del método inductivo, el concepto y la definición y por su aporte al progreso del pensamiento, la filosofía y la ciencia. “Extraordinario”, se dice en griego Atopótatos, calificativo éste que Fedro, inmortalizado por Platón, dio a Sócrates.

En el diálogo Fedón, Sócrates relata su formación intelectual: “Sí, mi caro Cebes, de joven tuve un increíble deseo del saber que se llama ciencia de la naturaleza. Me pareció excelente conocer las causas de las cosas, lo que las hace nacer, perecer, existir; a menudo me movía de uno a otro lado, por examinar, primero, si es porque el calor y el frío se corrompen –como algunos sostienen- por lo que los animales se forman; o si es la sangre lo que hace pensar, o bien el aire o el fuego; o si nada de todo eso es, sino que el cerebro nos proporciona las sensaciones del oído, de la vista, del olfato, de donde provendrían la memoria y la opinión; y si de la memoria y la opinión, más fijas ya, nace la ciencia de las cosas. Examinaba en seguida la corrupción de los seres y los cambios que sufren el cielo y la tierra; pero al fin me hallé tan poco hábil sobre estos objetos, cuanto es posible…”

Sócrates reveló en cierta oportunidad: “…Habiendo oído leer un libro de Anaxágoras, que decía que es un Espíritu quien todo lo ordena y produce, experimenté una gran fruición, pensando haber hallado un maestro que me proponía la causa de todas las cosas, en armonía con mis sentimientos: Anaxágoras. Con gran celo de mi parte tomé su libro, aplicándome a leerlo para poseer lo más pronto posible, la ciencia del bien y del mal”.

Sócrates buscó la verdad en sí mismo e hizo suyo la sentencia del oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”, cual convencido que la verdad está en nosotros mismos y uno deberá responder a los dictados de la voz interior de su conciencia.

Cuando se le preguntó a la Pitonisa de Delfos, quién era el hombre más sabio, respondió de manera categórica y enfática: “Sócrates es el hombre más sabio de toda Grecia” .Y es el más sabio no por el saber acumulado de lo que conocía, sino por saber todo lo que desconocía.

Sus pensamientos, actos, elecciones y decisiones respondían a un mandato del daimon, entendido esto como el genio divino, la guía desde lo alto, la voz de la conciencia o voz interior. Y que cual inteligencia o mente ordenadora le aconsejaba lo que debía hacer y lo que debía evitar, voz interior que le informaba acerca de la conveniencia de ciertas acciones sin conocimiento claro de sus motivos racionales. Para Sócrates filosofar era una misión divina, una tarea confiada por mandato divino.  Algunos autores coinciden en afirmar que su fe religiosa es su filosofía.

Sócrates es el auténtico maestro griego, el guía, el facilitador, el que se presenta no sabiendo nada (“sólo sé una cosa, y es que no sé nada”), pero ayuda con sus preguntas a que los interlocutores encuentren la respuesta y contesten también a las subpreguntas; en caso de no sentirse satisfecho con las primeras respuestas recibidas, hasta lograr una definición universal, correcta y completa del término en discusión. No sólo se contenta con recibir ejemplos dados por sus interlocutores.

Estaba convencido de que para llegar a una definición universal de los términos en discusión era necesario pasar por un proceso de inducción, es decir, pasar de casos particulares a características universales.

Se consagró en vida íntegramente a la enseñanza y a la formación integral de la juventud, en cumplimiento de un “mandato divino”. No se consideraba en esta misión ser autosuficiente en sabiduría y en capacidad de respuesta. “Si alguno de vosotros tiene más facilidad que yo para responder a sus objeciones, puede hacerlo”, decía el maestro Sócrates.

En su acción de pedagogía social aprendía de sus interlocutores y éstos descubrían en sí mismos el saber que desconocían, “aprendían a desaprender lo que saben” y reconocían lo que Sócrates anticipadamente les decía que no sabe lo que cree saber. Sócrates tenía la costumbre de no responder las preguntas que formulaba y hacía que sus interlocutores se contradigan. Trasímaco le reprochaba a Sócrates por no enseñar un saber positivo: “Ésta es la sabiduría de Sócrates, pues él no busca enseñar, sino que da vueltas alrededor de los otros para aprender de ellos y ni siquiera les da las gracias” (Platón, República, I 338b).

La mayéutica socrática

La mayéutica socrática es de carácter inductivo, se funda en la dialéctica en tanto supone la idea de que la verdad está oculta en la mente de cada ser humano y tiene que ser descubierta (dada a luz) mediante la interacción de maestro y alumno. Consiste en que el maestro pregunta al alumno acerca de algo que desea saber y el alumno responde. Luego el maestro rebate la respuesta del alumno por medio del establecimiento de conceptos generales, con el fin de demostrarle que está equivocado, llegando finalmente a un concepto nuevo, diferente del anterior.

El método creado por Sócrates se denomina método mayéutico, llamado también método socrático, método heurístico, método de la pregunta-respuesta o método dialéctico precisamente porque se enseña discutiendo en forma de diálogo, bajo la forma de preguntas y respuestas hábilmente elaboradas, con el fin de llegar a una definición general de las cosas, a la esencia de la naturaleza de las cosas.

El término mayéutico procede del griego “maia” y significa “alumbramiento”, “comadrona”, “arte de dar a luz las ideas”, o “arte obstetrical”, este último comparado a la profesión de la madre de Sócrates, quien era partera, obstetra o comadrona.

En opinión de Dagobert D. Runes[1] “el empleo original del método socrático se basa en la suposición de que los niños nacen con el conocimiento en sus almas, pero necesitan ser ayudados para que lo recuerden (teoría de la Anamnesis)”.

Para Sócrates la mayéutica consiste en preguntar. Cuando quería definir algo o penetrar en la esencia de las cosas lo hacía por intermedio de sus preguntas.  Jenofonte nos dice que Sócrates se proponía determinar la esencia de todos los seres (Memorables, IV, VI, 1). Sócrates, dice Aristóteles, interrogaba, pero no respondía, buscaba dar definiciones generales (Soph. Elecnh., 183, B,7)

Se dice, por ejemplo, que cierta vez cuando trató de definir qué era la valentía, Sócrates salía de su casa, recorría la plaza pública de Atenas y a todo el que encontraba lo requería que definiera lo que es la valentía, hasta que por fin se encontró con un general ateniense y le formuló la misma pregunta: “¿Qué es la valentía?”. Entonces el general le contestó diciéndole que la valentía consiste en atacar al enemigo y en no huir jamás. Sócrates al instante le replicó: Esa contestación que me has dado no es del todo satisfactoria, porque muchas veces en la batalla los generales mandan al ejército retroceder para llevar al enemigo al lugar estratégico donde pueda aniquilarlo o destruirlo. El general toma de buena gana lo referido por Sócrates y le da otra definición ante la cual nuevamente Sócrates se insatisface de ello, y así prosiguen las interrogaciones para alcanzar una definición perfecta, librándose cada vez de imperfecciones, puliéndose, sin llegar a conseguir una definición definitiva y del todo perfecta.

Es por eso que, el método mayéutico consistía en el arte de hacer decir al interlocutor lo que Sócrates pensaba o que lo digan a la manera que él quería, llegando a descubrir la verdad. Sócrates sacaba así la verdad de las inteligencias más limitadas por medio de preguntas bien elaboradas y graduadas, de manera que, poco a poco y por sí mismas, llegasen a dar solución a problemas complejos.

Sócrates es el inventor de la inducción, entendido éste como el pasar de los hechos singulares o particulares al concepto universal. Para Sócrates, este concepto universal constituía la verdadera ciencia, y obtener los conceptos universales (o ciencia de los universales) es el fin de la filosofía.

El conocimiento, el concepto y la definición

Referente a la concepción de Sócrates sobre el conocimiento, el concepto y la definición, Rosental-Iudin[2] precisa lo siguiente: ”El objetivo supremo del saber no es de carácter teórico, sino práctico: el arte de vivir. El conocimiento, según Sócrates, es el pensamiento, el concepto sobre lo general. Los conceptos se ponen de manifiesto por medio de la definición, y se generalizan mediante la inducción. El propio Sócrates dio ejemplos de definición y generalización de conceptos éticos (por ejemplo, de la virtud, de la justicia). La definición de un concepto es precedida de una conversación en cuyo transcurso, por medio de preguntas sucesivas, se hace ver al interlocutor que se contradice a sí mismo. El descubrimiento de las contradicciones permite desechar el conocimiento aparente, y la inquietud en que ello sume al entendimiento, estimula a pensar en busca de la verdad auténtica”.

En el campo de la Psicología, sobre la base del pensamiento de Sócrates, se dio origen a dos métodos psicológicos: el método de la introspección o de la autoobservación, y el método de la extrospección o de la observación externa.

La filosofía

Se inició en la filosofía, probablemente estudiando los sistemas de Empédocles, Diógenes de Apolonia y Anaxágoras. Para Sócrates la tarea de la filosofía era el conocimiento del hombre, encerrada en la divisa “Conócete a ti mismo”. Sólo quien sabe que no sabe procura saber, mientras quien se cree en posesión de un saber ficticio no es capaz de investigar, no se preocupa de conocer su Yo interno y Yo externo y permanece alejado de la verdad, la ciencia y la virtud (Areté). Con Sócrates, la filosofía es la búsqueda de la verdad y el medio para llegar a la sabiduría a través del diálogo. La pasión máxima de Sócrates durante su vida era el amor a la sabiduría, el cariño que tenía por la búsqueda de la verdad poliédrica, del verdadero saber y del bien moral.

En la concepción socrática la filosofía es autoconocimiento o autognosis y sin conocimiento moral no hay autodominio. La filosofía se dirige a engendrar el concepto moral y con ello a engendrar la moralidad en la vida del hombre. La ciencia del hombre se limita a la ciencia de la moral y todo acto moral es el que lleva a la felicidad humana.

Para Sócrates la filosofía tiene por fin obtener los conceptos universales. El hombre es la medida de todas las cosas, pero no el hombre individual en cuanto tiene de personal y subjetivo, sino el hombre como naturaleza y razón. Pero no en el sentido relativo de hombre o de escepticismo antropológico que concebía el sofista Protágoras de Abdera cuando decía que “El hombre es la medida de todas las cosas” y “Cada cosa es para mí, según se me muestra a mí; y para ti, según se te muestra a ti”.

Los órganos sensoriales

En la concepción socrática son falsos los datos que nos proporcionan los sentidos, éstos no sólo engañan, sino que también inducen a error, y sólo el pensamiento nos conduce a la verdad. Y para encontrar la verdad el alma debe separarse o alejarse del cuerpo (solo en la muerte se alcanzará la sabiduría).

Las cosas

Todas las cosas nacen de sus contrarias. Por ejemplo: lo bello es lo contrario de lo feo; lo justo de lo injusto; y lo mismo sucede en una infinidad de cosas;…como también si cuando una cosa se hace más grande, es de toda necesidad que antes haya sido más pequeña, para adquirir después esta magnitud…asimismo, lo más fuerte viene de lo más débil; lo más ligero de lo más lento…la vida tiene su contraria, que es la muerte, así como la vigilia tiene el sueño y entre ellas hay una operación intermedia que hace posible el paso de una a otra…que el paso de la vigilia al sueño es el adormecimiento y el paso del sueño a la vigilia es el acto de despertar.

Hay dos clases de cosas: las cosas visibles, que son siempre las mismas, y las cosas invisibles o inmateriales, que están en continuo cambio. El cuerpo se conforma con las cosas visibles y el alma con las cosas invisibles y como las cosas invisibles no pueden ser vistas el alma deviene en una naturaleza invisible y el cuerpo en naturaleza visible.

El alma y la verdad

El alma descubre la verdad por medio del razonamiento y logra alcanzar la sabiduría. Y es el pensamiento o el razonamiento por el cual se descubre la esencia pura y verdadera de las cosas sin la intermediación de los órganos sensoriales.

El cuerpo, con todas sus pasiones nunca nos conduce a la sabiduría y no deja discernir la verdad. Sólo gozamos de la sabiduría después de la muerte, y mientras estemos en esta vida sólo llegaremos a la verdad con el alejamiento del cuerpo, renunciando a todo comercio con él, y cediendo sólo a la necesidad…hasta que Dios mismo venga a libertarnos.

Siempre que se vea a un hombre estremecerse y retroceder cuando está a punto de morir, es una prueba segura de que tal hombre ama, no la sabiduría, sino su cuerpo, y con el cuerpo los honores y riquezas, o ambas cosas a la vez.

Nuestras almas existían antes de este tiempo, antes de aparecer bajo esta forma humana; y mientras estaban así, sin cuerpos, sabían…pero también el alma existe después de la muerte, puesto que debe volver a la vida.

Sobre la inmortalidad del alma:  si el alma existe previamente y nace de la muerte o del estado de muerte, debe existir después de morir para poder nacer de nuevo. El alma es inmortal, ya que es la causa de la vida, y lo contrario de la vida es la muerte, porque lo que no admite la muerte se dice que es inmortal. El alma además de imperecedero existe en otro mundo y que una vez muerto el alma del hombre va a Hades.

El alma del ser humano se parece a lo que es divino, a lo que es capaz de mandar y de ser dueño. El alma se caracteriza por ser muy semejante a lo que es divino, por ser inmortal, invisible, inteligible, simple, indisoluble, siempre lo mismo y siempre semejante a sí misma.

Dícese que después de la muerte de alguno, el genio, que le ha conducido durante la vida, lleva el alma a cierto lugar, donde se reúnen todos los muertos para ser juzgados, con el fin de que vayan desde allí al Hades con el guía, que es el encargado de conducirles de un punto a otro, y después que han recibido allí los bienes o los males, a que se han hecho acreedores, y han permanecido en aquella estancia todo el tiempo que les fue designado, otro conductor los vuelve a la vida presente después de muchas revoluciones de siglos.

El alma es un ser invisible que marcha a un paraje puro e invisible, a los infiernos, cerca de un dios lleno de bondad y de sabiduría, cerca del cual goza de la felicidad, liberado de sus errores, de la ignorancia, de los temores, pasiones y demás males afectos a la naturaleza humana y para estar con los dioses toda la eternidad. El alma existe antes de venir a animar el cuerpo, pero que ella existía después de la muerte.

No hay nadie que no convenga en que ni Dios, ni la esencia y la idea de la vida, ni cosa alguna inmortal pueden perecer. Si el alma es inmortal, hay necesidad de cuidarla no sólo durante la vida, sino también para el tiempo que viene después de la muerte.

El cuerpo

La única función del cuerpo es atender a los objetos mediante los sentidos. Y cuando el alma se sirve del cuerpo para considerar algún objeto, sea por la vista, el oído o por cualquier otro sentido, se ve entonces atraída por el cuerpo hacia las cosas, que no son nunca las mismas y se extravía, se turba, vacila y tiene vértigos, como si estuviera ebria; todo por haberse ligado a cosas de esta naturaleza.

El cuerpo se parece a lo que es mortal, a lo que es capaz de obedecer y de ser esclavo. Nuestro cuerpo se parece perfectamente a lo que es humano, mortal, sensible, compuesto, disoluble, siempre mutable y nunca semejante a sí mismo.

Cuando la muerte sorprende al hombre, lo que hay en él de mortal muere, y lo que hay de inmortal se retira, sano e incorruptible, cediendo su puesto a la muerte.

La sabiduría

Sólo el alma está preparada y purificada para conocer la verdad. Mientras el alma examina las cosas por sí misma, sin recurrir al cuerpo, se dirige a lo que es puro, eterno, inmortal, inmutable, se une y estrecha con ello cuanto puede y da de sí su propia naturaleza, entonces cesan sus extravíos porque está unida a lo que no cambia jamás y participa de su naturaleza y este estado del alma es lo que se llama sabiduría.

La sabiduría es la única moneda de buena ley, y por ella es preciso cambiar todas las demás cosas.

Saber es conservar la ciencia que se ha recibido y no perderla. Olvidar es perder la ciencia que se tenía antes.

Debemos trabajar toda nuestra vida en adquirir la virtud y la sabiduría, porque el precio es magnífico y la esperanza grande.

De suerte que es de necesidad absoluta que hayamos tenido conocimientos antes de nacer.

El aprender y la reminiscencia

Aprender no es más que acordarse…para acordarse, es preciso haber sabido antes la cosa de que uno se acuerda. Aprender es recobrar la ciencia que teníamos. Reminiscencia es recordar cosas que se habían olvidado por el transcurso del tiempo, o por haberlas perdido de vista.

La virtud

La verdadera virtud es una purificación de toda suerte de pasiones. La templanza, la justicia, la fortaleza y la sabiduría misma son purificaciones.

El concepto de alma

El filósofo Sócrates es el creador del concepto de alma ligado al hombre y que no puede ser captado ni visto por los sentidos, concepto que ulteriormente lo tomaría la concepción judeocristiana.

Fedón, es un diálogo escrito por Platón, en el que se narra las últimas horas de la vida de Sócrates antes de beber la cicuta. Aquí se aborda la inmortalidad del alma, la preexistencia del alma con respecto al cuerpo, la filosofía de la muerte y se expone las razones por las que Sócrates no debe temer la muerte, sino recibirla con alegría y satisfacción por cuanto existe una vida en el más allá y hay una ley cósmica que premia o castiga las almas, según su comportamiento en este mundo terrenal.

En la concepción socrática, es por medio del razonamiento cómo el alma descubre la verdad, y no es mediante el cuerpo porque éste induce al error a través de los sentidos. La muerte consiste en la separación del alma y del cuerpo, de manera que ambos quedan solos. El alma vive después de la muerte del hombre, y los hombres después de la muerte vuelven a la vida; nuestra

El alma, además se caracteriza por ser eterno, invisible, inmaterial, inmortal, inteligible, simple, indisoluble, indestructible, siempre lo mismo y siempre semejante a sí propia y por existir en otro mundo. El alma no puede ser capaz de vicio, el alma combate las pasiones del cuerpo; el alma hace que el cuerpo esté vivo; el alma tiene necesidad de ser cuidada durante la vida y para el tiempo que viene después de la muerte. El alma se parece a lo que es divino y nuestro cuerpo a lo que es mortal.

La obra Fedón contiene las demostraciones de la inmortalidad del alma expresados en el ciclo eterno de los contrarios, en la teoría de la anamnesis, en la simplicidad y en la teoría de las ideas.

Por el ciclo eterno de los contrarios. Existe un ciclo eterno en el que las almas pasan de esta vida a la otra vida y los vivos nacen de los muertos, así como los muertos fueron vivos previamente; si esto es verdad, nadie puede dudar de la inmortalidad del alma y lo encontramos en la ley por la cual los contrarios nacen de los contrarios, así si la muerte es lo opuesto de la vida y surge de ésta, la vida surgirá de la muerte.

Por la teoría de la anamnesis (recuerdo). El conocimiento como recuerdo. El alma, según Sócrates, ha contemplado en otro momento las ideas y el conocimiento en este mundo consiste en recordar aquel contacto. Según lo expuesto se confirmaría la preexistencia del alma antes de nacer en la forma humana. Sócrates hace aquí una exposición de la teoría de la reminiscencia y evoca la idea de igualdad que nos permite conocer los objetos iguales en este mundo. Tenemos que haber recibido el conocimiento de las Ideas de Belleza, Bien etc.... antes de haber nacido y ahora lo recordamos a través de las percepciones puesto que lo habíamos perdido. Queda demostrado que el alma existe antes del nacimiento, pero no que siga existiendo después de la muerte.

Por la simplicidad. Utiliza lo simple (cosas a las que, por su propia naturaleza, les corresponde ser impasibles y no sufrir alteración alguna.) y lo compuesto (cosas a las que corresponde, por su propia naturaleza, el disolverse y perecer), lo visible y lo invisible. Lo que es siempre de la misma manera es lo simple, y lo que cambia es lo compuesto, de la misma forma la realidad invisible se encuentra siempre en el mismo estado y la visible en permanente cambio. El cuerpo es semejante a los seres visibles y el alma a los invisibles. El alma es lo que se relaciona con lo divino y lo inmortal, lo inteligible, lo uniforme y lo indisoluble. En definitiva, mientras que al cuerpo le corresponde disolverse y desaparecer, al alma le corresponde ser completamente indisoluble o aproximarse a este estado.

Por la teoría de las ideas. La mutua exclusión de los contrarios ideales. Lo contrario jamás será contrario a sí mismo, algo no puede ser grande y pequeño a la vez y que no solo las ideas contrarias no soportan la aproximación mutua y que también hay otras muchas cosas como por ejemplo los números pares y los impares. Estos explican que las cosas no siendo contraría a algo igual no acepta esa cualidad contraría, así siendo el alma vida rechaza la muerte, por lo tanto es inmortal e indestructible.

La obra Fedón incluye, finalmente, un mito sobre el destino de las almas después de la muerte, según este existe un sistema de castigos y premios eternos según nuestras acciones.

En términos generales y con respecto a su teoría del conocimiento Sócrates era el eterno enamorado de la verdad, del saber, de la virtud, de la bondad y del bien social. Razonaba sobre las cosas humanas, la virtud, la piedad, la impiedad, lo bello, lo feo, lo justo, lo injusto, la sabiduría, la ignorancia, la poesía, la música, el arte, la locura, la valentía, el mal, el bien, el Estado, la esclavitud, la libertad y el hombre de Estado, etc., para concluir que el hombre libre era aquél que poseía conocimientos, y el hombre esclavo, aquél que carecía de conocimientos.

En el campo de la gnoseología Sócrates se dedicó a la búsqueda del verdadero conocimiento, de la esencia de las cosas (el qué cosa es) como principio fundamental de sus razonamientos cotidianos. Combatió el relativismo y el escepticismo de los sofistas; defendió la posibilidad de un conocimiento genuino, pero al mismo tiempo profesó un singular escepticismo que lo tradujo en el aforismo “Sólo sé que no sé nada”, tratando de refutar tácitamente la pretendida sabiduría que pregonaban sus opositores, los sofistas.  Y al afirmar que no sabía nada estaba reconociendo que le faltaba saber mucho más y estaba reconociendo implícitamente los límites del saber humano.

“Sócrates sólo fue escéptico- indica Jean Wahl[3]- en el sentido de que buscaba la verdad. Tal es el sentido que debemos atribuir a la frase “sólo sé que no sé nada”. No obstante, hubo probablemente en Sócrates y, en menor medida, en Platón, como ha mostrado P. E. More, un ingrediente de escepticismo en el sentido ordinario de la palabra, que apareció más claramente en los filósofos de la Academia Nueva…”

Sócrates trató de eliminar el saber aparente y de encontrar por sí mismo la verdad, el concepto en sí. Creía en la existencia de verdades absolutas que el hombre puede conocer racionalmente. Era un convencido que el auténtico conocimiento surge a través del diálogo, de preguntas y respuestas, del cuestionamiento sistemático, de las actitudes críticas del saber.

Sócrates llegó a sentir mucha obsesión por la sentencia del oráculo de Delfos que decía “Conócete a ti mismo”; es decir, analízate, examínate, pregúntate, acude a tu vida interna en busca de la explicación de tu propio ser, de la verdad, del bien, de la virtud, del saber y de la cultura. “Esta sentencia -dice Leisegang en su Introducción a la filosofía- se consideraba en la Antigüedad como la primera tarea que el filósofo debía proponerse”.

Se interesó muchísimo porque el ciudadano supiese lo que es en particular, que descubriese su virtud y la realizase, que llegara a conocerse a sí mismo para luego conocer a los demás.

El conocimiento auténtico no era para Sócrates el saber teórico o puro, sino el saber práctico (la techne), el saber útil para el hombre.

Sócrates consideraba la sabiduría humana en su sentido relativo, en tanto y en cuanto el hombre tiene que ir paulatinamente descubriéndola a medida que avance en su permanente búsqueda hasta encontrarla e ir acumulando cada vez mayor número de conocimiento.

“La sabiduría - decía Sócrates[4]- es la única moneda de buena ley, y por ella es preciso cambiar todas las demás cosas. Con ella se compra todo y se tiene todo: fortaleza, templanza, justicia; en una palabra, la virtud no es verdadera sino con la sabiduría, independientemente de los placeres, de las tristezas, de los temores y de todas las demás pasiones. Mientras que, sin la sabiduría, todas las demás virtudes, que resultan de la transacción de unas pasiones con otras, no son más que sombras de virtud; virtud esclava del vicio, que nada tiene de verdadero ni de sano…”

En la Grecia antigua Sócrates afirmó que el propósito de nuestro conocimiento debe estar dirigido a aprender a vivir mejor y que uno vive mejor cuando lo que realiza es moralmente correcto. Sócrates enfatiza que cuando los hombres actúan mal, es siempre por ignorancia, lo cual confirma la enseñanza de la ética como meta de la educación (Danto, 1972; Elkind, 1997).



[1] Runes, Dagobert D. Diccionario de filosofía. Editorial Grijalbo, S.A., 3ª. Edición, México, 1981, p.349

[2] Rosental-Iudin. Diccionario Filosófico. Ediciones Universo, Lima-Perú, mayo de 1984, p.436.

[3] Wahl, Jean. Introducción a la Filosofía. Breviarios Fondo de Cultura Económica. Primera reimpresión, Colombia, 1997.

[4] Platón. Diálogos/ Apología de Sócrates. Critón. Fedón. Menón. Editorial Mantaro. Primera edición: julio de 1997, Lima-Perú, p.56

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