miércoles, 8 de julio de 2009

A MAYOR ÉTICA, MAYOR DESARROLLO HUMANO

A MAYOR ÉTICA, MAYOR DESARROLLO HUMANO
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete (*)

En el presente siglo asistimos a una vorágine de transformaciones sociales, económicas, políticas, educativas, culturales, ecológicas, científicas y tecnológicas, de dimensiones y alcances múltiples, como producto del nuevo fenómeno de la globalización, que insta a los seres humanos a fortalecer y consolidar una visión ética de los problemas del desarrollo, para contrarrestar sus insólitos e impredecibles efectos y alcanzar mejores condiciones y niveles de vida.
Desde el siglo pasado e inicios del tercer milenio, excelentes pensadores, filósofos e investigadores sociales vienen abordando el tema del desarrollo desde la ética: Mahatma Gandhi, Raúl Prébisch, L. J. Lebret, Franz Fanon y Gunnar Myrdal., Denis Goulet, Paul Streeten, Amartya Sen, Joseph Stiglitz, David A. Crocker, Peter Singer, Edgar Morin y Bernardo KliKsberg, con el objeto de encontrar alternativas viables frente al modelo económico neoliberal, modelo que concentra la riqueza en pocas manos, que genera alarmante exclusión social y vulnera elementales derechos humanos.
El hombre aún es concebido como un objeto o una cosa y no como una persona. El hombre es valorado no por sus conocimientos, no por su condición de persona, sino por ser un instrumento del capital al servicio del enriquecimiento económico y egoísta de unos cuantos privilegiados de dichos recursos. El hombre más vale por su capacidad de producción de bienes y servicios, por los recursos económicos que dispone para adquirir un producto en el libre mercado.
En opinión de Martín Luther King, Jr. “estamos acostumbrados a medir el éxito sobre la base de nuestros salarios o al tamaño de nuestros carros, y no según la calidad de nuestras relaciones humanitarias”, es decir desde una posición netamente economicista, de cuantificación monetaria. Pero de lo que se trata es medir el éxito desde una óptica interactiva, de relaciones interpersonales, de cualificación ética, a fin de impulsar la construcción de un Estado transparente, libertario, responsable, justo y un gobierno dialogante, con vocación propositiva y resolutiva de los problemas de la sociedad.
Los gobiernos y las grandes inversiones de capital deberían estar al servicio del desarrollo integral del hombre, dentro de una acción solidaria, responsable, transparente y de plena sensibilidad social y una inter-relación ética-economía y ética-desarrollo.
COMPETENCIA, CRECIMIENTO Y DESARROLLO
El crecimiento y desarrollo económico requieren de la competencia en los mercados para producir bienes y servicios a más bajo coste posible que los competidores y que estén al alcance de la economía del mayor número de clientes.
Este reto conlleva a los empresarios, en la mayoría de los casos, a utilizar métodos ilícitos y antiéticos y a realizar patrones de conducta que colisionan con las buenas costumbres y la dignidad de las personas, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo.
Como producto de la competencia sin fronteras dentro de un libre mercado, donde hay de todo y para todos, se genera interminables actos de corrupción, doble facturación, exageración de las bondades del producto o del bien, pago disminuido de impuestos, subvaluación, sobrefacturación, pago de coimas para la obtención de licencias en el menor tiempo posible, manipulación contable, desnivel excesivo de sueldos y salarios entre ejecutivos y trabajadores, prácticas deshonestas para evitar que una empresa sea comprada por otra, delitos informáticos, entre otros.
TENER MÁS O SER MÁS
El Profesor de Mérito de la Universidad de Notre Dame en EE.UU., Denis Goulet, en su obra “Ética del desarrollo. Guía teórica y práctica” (Madrid, 1999), explica que cuando el estudio del desarrollo se propone la búsqueda de una economía más humana “Las expresiones “más humano” y “menos humano” deben entenderse a la luz de una distinción vital entre plus avoir (“tener más) y plus éter (“ser más”). Las sociedades son más humanas o más desarrolladas no cuando los hombres y las mujeres “tienen más”, sino cuando son capaces de “ser más”. Y agrega: “el criterio principal de desarrollo no es el incremento de la producción o del bienestar material, sino el enriquecimiento humano cualitativo”.
SED DE ÉTICA
KliKsberg señala que “hay una sed de ética” en toda América Latina y que se está extendiendo mundialmente, para luchar contra la injusticia histórica, la dominación, la dependencia y el subdesarrollo.

ÉTICA PARA EL DESARROLLO HUMANO
Y para que el capital no continúe devorando al hombre en sus justas aspiraciones de una vida digna, es necesario la aplicación de una ética de desarrollo, ética en la política, ética en la economía y la práctica de principios y valores éticos con sentido social, orientada hacia la humanización del capital.
En virtud a la ética del desarrollo, los actores económicos y sociales tienen la responsabilidad de considerar las causas y consecuencias de sus actividades a fin de distribuir la riqueza en la sociedad con el máximo de equidad y espíritu de justicia para el mayor número de personas.
Según Kjell Magne Bondevik, existen una serie de valores comunes, entre los cuales tres de ellos son esenciales para el desarrollo: 1 Respeto a la vida y a la dignidad humana, reflejado en la protección y promoción de los derechos humanos; 2. Protección del medio ambiente proyectado en el desarrollo sustentable, y, 3 Compasión y solidaridad, base para la promoción de la justicia, el desarrollo económico y social, tanto a nivel nacional como internacional.
Lograr el desarrollo integral del ser humano no es tarea fácil, pero sí es posible. Los gobiernos deberían efectuar profundos cambios en sus políticas educativas, programas sociales, legislación tributaria, legislación laboral, etc. que conlleven a la universalización de los servicios en educación, cultura, salud, seguridad social, transportes, vivienda, energía eléctrica, etc., para que los individuos estén en condiciones suficientes de satisfacer sus necesidades fundamentales.
La ética, la inteligencia emocional y la inteligencia colectiva permitirían potenciar el conocimiento de los seres humanos, la toma de conciencia y la valoración de sus aptitudes, destrezas, habilidades, potencialidades y diferencias individuales, con fiel respeto “al otro” y participación “del otro” dentro de la multiculturalidad y la aceptación con respeto de la validez de las opciones “de los otros”, aun cuando éstos tengan maneras de pensar, de actuar y de vivir diferentes a la de uno mismo.
Sólo la práctica de la ética en las actitudes, acciones y decisiones de los individuos, de gobernantes y gobernados, puede ser la respuesta a la postmodernidad, tiempo caracterizado por una permanente inestabilidad , complejidad, incertidumbre, desterritorialización de las personas, exclusión social, inestabilidad laboral, comunicación global en todos los sentidos, ciudadanía global y pretensiones de pensamiento único.

CIUDADANOS ÉTICOS
El crecimiento y desarrollo económico deberá ir paralelo al crecimiento y desarrollo humano.
Para combatir la pobreza, la desigualdad, la exclusión e injusticia social y lograr un desarrollo nacional sostenible y permanente, no sólo se requiere de normas legales drásticas y de magistrados incorruptibles y competentes, se necesita además de ciudadanos con conciencia ética , con responsabilidad social, con sólida educación axiológica y ética.
Se requiere de empresas públicas y privadas con altos estándares de gerencia social, la concepción y praxis de una economía con rostro humano, ejecutivos con responsabilidad social, jurídica y ética, la existencia de un voluntariado participativo y solidario.
Kliksberg, en su libro “Más ética, más desarrollo”, particularmente en su parte final “Propuestas para una economía orientada por la ética”, señala que hay tres cosas que deben ser superadas en la aplicación de políticas sociales: a) el reduccionismo economicista, para construir políticas socioeconómicas, b) el asistencialismo, para concebir una política social que genere realmente oportunidades, y c) su verticalidad, para dar paso a la participación y a las relaciones horizontales entre todos los sectores de la sociedad.
Y concluye: “Una economía orientada por la ética no aparece como un simple sueño, sino como una exigencia histórica para lograr que la paradoja de la pobreza en medio de la riqueza pueda realmente superarse y construir un desarrollo pujante, sustentable y equitativo”.

(*) Doctor en Educación, periodista, escritor y catedrático de Ética Periodística en la Universidad Jaime Bausate y Meza (www.eudoroterrones.com; eudoro.terrones@yahoo.com; eudoroterrones.blogspot.com)