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3 de febrero de 2024

A los 100 años de vigencia del Apra (X) La revolución social que el Perú necesita

          A los 100 años de vigencia del Apra (X)

LA REVOLUCIÓN SOCIAL QUE EL PERÚ NECESITA 


Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete 

“El Aprismo proclama la necesidad de llegar al Poder para operar desde él la revolución, en un sentido de transformación, de evolución, de renovación, pero sujeta siempre a los imperativos y limitaciones de la realidad”. Haya de la Torre. 

La Academia de la Lengua Española define el término revolución como el cambio violento en las instituciones políticas de una nación. El Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de Manuel Osorio explica que lo que caracteriza a la revolución no es el derrocamiento de los gobernantes; porque ella podría no pasar de un golpe de Estado, sino el cambio de la estructura fundamental de la organización política de la nación, como sería convertir una Monarquía en República o viceversa, una Autocracia en una Democracia, un régimen Federal en uno Unitario, etc. Y agrega: Lo esencial de la revolución es su carácter popular y por eso, cuando triunfa, abre una nueva legalidad, contrariamente a lo que sucede con el golpe de Estado, que casi siempre, por no decir siempre, tiene carácter militar y por eso, por no significar una revolución popular es, aun triunfante, irremisiblemente ilegal. Así lo demuestra la Historia”.

El Aprismo concibe el término revolución como cambio radical de las injustas y arcaicas estructuras del Estado, cambio radical pero en democracia y con plenos derechos humanos, a través de un Programa científico, coherente y realista de gobierno, cambio integral preparado y conducido de abajo hacia arriba, con fiel respeto a la dignidad personal, la libertad de expresión,  la Constitución política y las leyes de la República.

Como partido revolucionario, el Aprismo se propone arribar a la auténtica y profunda transformación del país. Como partido revolucionario el Aprismo es la alternativa política y económica para solucionar de manera integral y progresiva la problemática nacional; la liquidación de privilegios, de corrupción, de vicios y de males sociales; la igualdad de deberes y derechos entre los trabajadores manuales e intelectuales y clases sociales; la capacidad para gobernar con equidad y espíritu de justicia; y, el firme compromiso por la desaparición del poder hegemónico de grupos dominantes.

Para el Aprismo, la realidad económico-social de América Latina es el punto de partida de su acción política. Y descubrir esa realidad ha sido, es y seguirá siendo, de por vida, su primera misión revolucionaria.

Haya de la Torre señala que en el Perú culminó la revolución emancipadora en 1924, consecuentemente el aprismo es el anunciador del Nuevo Ayacucho; es una fuerza revolucionaria de acción y no de palabrería, capaz de llegar a las más extremas realizaciones pero de acuerdo en todo instante con la realidad de cada país latinoamericano, a fin de no provocar a la reacción y dar origen, por tácticas falsas, a movimientos fascistas.

El Aprismo es la fuerza revolucionaria capaz de imponer la revolución del campesino, y de establecer la lucha organizada de esa revolución contra el imperialismo, que es el capitalismo, opresor del obrero, y contra el latifundismo, que es la explotación del campesino.

Este fenomenal movimiento político, que fue capaz de resistir y de subsistir a todo tipo de dictadura y de gobernantes reaccionarios,  niega el absurdo principio de la violencia por la violencia o el simplismo de la revolución sólo para tener el poder.

“Pero el Poder – refiere Haya de la Torre- no puede conquistarse sin lucha, sin guerra. Toda lucha y toda guerra - a medida que el enemigo es más poderoso - necesitan su táctica y su estrategia. Táctica y estrategia primero, para conseguir el Poder, después para mantener la revolución en el Poder y hacer la revolución desde el Poder. Revolución como mera toma de Poder, es cuartelazo o montonera de éxito. Revolución como transformación fundamental en el orden económico y social es la obra que nosotros queremos resaltar, obra difícil antes y después de la toma del Poder”

Y agrega: “Lo que interesa al Apra es que la revolución se cumpla, tanto más amplia, tanto más radical, tanto más izquierdista, tanto más roja cuanto la realidad lo permita”.

El Aprismo proclama la necesidad de llegar al Poder para operar desde él la revolución, en un sentido de transformación, de evolución, de renovación, pero sujeta siempre a los imperativos y limitaciones de la realidad. El Aprismo tiene la responsabilidad histórica de conducir la verdadera revolución social al triunfo.

Para los apristas el sentido de la palabra revolución es sinónimo del vocablo «transformación», “disciplina en la acción para el cambio integral de la sociedad”. Revolución no como sinónimo de caos, de alboroto, de demagogia y de destrucción violenta, no como sepulturera de la historia. Revolución sí, pero revolución social, educativa, cultural y moral, revolución profunda en la conciencia del pueblo, que lo prepara y lo predispone a cambios trascendentes y permanentes. Revolución como “cambio de estructuras” del país, dentro de un proceso democrático, de manera pacífica y constructiva, con autonomía doctrinaria surgida de la realidad indoamericana, de abajo hacia arriba y que tiene por función estar al servicio de los sagrados e irrenunciables derechos, necesidades y aspiraciones de libertad y de justicia de las personas y de la colectividad nacional.

En este sentido, el término revolución debe entenderse como proceso irreversible de transformaciones constructivas y pacíficas en los campos económico, político, social, jurídico, cultura, educativo y moral. Debe entenderse como proceso de evolución y de renovación permanentes, con la participación de las organizaciones populares de manera disciplinada y con orden, pero “sujeta siempre a los imperativos y limitaciones de la realidad” (Haya de la Torre). El aprismo no sólo niega el simplismo de la revolución “sólo para tener el poder”. También proclama su negación al absurdo principio de “la violencia por la violencia”.

“Revolución – decía Haya de la Torre- no es caos; es más bien disciplina en la acción dirigida certeramente hacia nuevos rumbos. La lucha renovadora impone, más que ninguna otra, convicciones arraigadas capaces de afirmar energías tenaces” (Obras Completas. T.1:34) Puntualizaba que “El hombre moderno y el revolucionario auténtico, deben entregarse abiertamente a su obra sin permitir jamás en el seno de las entidades a que pertenezcan, actos de indisciplina interior, que son siempre manifestaciones histéricas y contraproducentes” (Op.cit. T. 1:20), por lo que la tarea de un revolucionario debe ser “ante todo y sobre todo, la acción y la lucha efectiva” y si no se hace esto –recalca- “todo se adormece, se apaga, se prostituye y la revolución se limita a discusiones metafísicas, a fantasías, a masturbaciones mentales” (Ibidem. T. 5:253).

La eficacia y eficiencia del nuevo Estado revolucionario dependerá de cómo el gobierno aplique un estilo nuevo en su quehacer diario, una ética superior en la conducción política, económica, educativa y cultural, buscando aproximar las acciones gubernamentales con la existencia misma de los grupos sociales y de la población en su conjunto.

Dependerá también de cómo se afecte y supere los errores y defectos de los gobernantes, de cómo se aliente y afirme las virtudes y cualidades ciudadanas, sin hacer la guerra interna entre los hombres del campo y de la ciudad. El yoyismo, el individualismo, los intereses creados y subalternos, la abulia y la apatía, la indiferencia y el conformismo deberán ser superados en un proceso de revolución social para asegurar mejores condiciones de vida y de bienestar de la población.

La clase gobernante tendría que agotar todos los esfuerzos posibles y las vías adecuadas que permitan encontrar, como lo quería Haya de la Torre, “nuestros propios caminos para realizar en nosotros mismos, con nuestros propios medios y con nuestras propias ideas la transformación social de nuestros pueblos”.

El proceso revolucionario tendría que incubarse en las bases mismas del pueblo,  tendría que ser propiciado, impulsado, querido, sentido, vivido y retroalimentado por la conciencia objetiva y conciencia subjetiva de las organizaciones e instituciones populares coaligados en el Frente Único de Clases Explotadas, y no por cúpulas de dirigentes o por la clase capitalista que sólo busca el Poder como botín de guerra y de ambición económica para acuñar cada vez más utilidades y riqueza para su propio bienestar.

El Apra, está obligado moralmente como partido mayoritario del Perú a cumplir su misión histórica de lograr la victoria definitiva de las clases explotadas sobre las clases explotadoras, de las clases productoras sobre las clases parasitaria y meramente consumidoras.

Para ello, más allá de satisfacer ambiciones personales de sus propios militantes y dirigentes por ocupar importantes cargos públicos cuando se encuentren en el Gobierno, tendrá que abrir las puertas de participación de los mejores cuadros técnicos aún no siendo apristas, tendrá que descubrir los mejores medios, tendrá que aprovechar las máximas oportunidades políticas y captar a los mejores luchadores profesionales, sindicales, políticos y sociales con el objeto de debilitar a los opresores, moralizar totalmente la administración pública y asegurar el triunfo de la revolución en favor de los oprimidos, marginados y de la inmensa mayoría nacional. Revolución sí empezando en la conciencia del pueblo, pero revolución de verdad, es decir “con ciencia”, sin reclutamiento de tránsfugas políticos que ya fueron envenenados por el oportunismo político y por ideologías importadas y que antaño traicionaron a sus propios electores.

No está demás recalcar que partido político que llega al Gobierno y no cumple su cometido histórico de transformar las anacrónicas estructuras socioeconómicas y  los inoperantes modos y sistemas de producción; partido político en el Gobierno que no cumple con erradicar los privilegios y las desigualdades sociales, que no promueve la inversión productiva con criterio más técnico que político, más social que de rentabilidad electoral, que no redistribuye de manera justa y oportuna los ingresos, recursos y riquezas de la nación, que mantiene intactas la administración defectuosa de la cosa pública, que convive con trusts, monopolios y oligopolios, que ampara los lazos de alienación, dominación y dependencia desencadenados por el imperialismo o la globalización económica y que sólo logra arrancarle al paso algunos frutos malogrados y algunas flores estériles a la sociedad decadente no es un partido político científico y revolucionario, porque sólo, entonces, existe en el papel para servir a los intereses y a las necesidades de los grupos de presión y de los grupos de poder económico de adentro y de afuera.

Lima, 3 de febrero de 2024 / ETN.

 

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