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viernes, 6 de noviembre de 2020

HAYA DE LA TORRE Y LA MORALIZACIÓN COMO BASE DE LA RECONSTRUCCIÓN Y REORGANIZACIÓN DEL PERÚ

HAYA DE LA TORRE Y LA MORALIZACIÓN COMO BASE DE LA RECONSTRUCCIÓN  Y REORGANIZACIÓN        DEL PERÚ

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

 

Víctor Raúl Haya de la Torre, El Presidente Moral del Perú.

Históricamente,  la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) fundada por Víctor Raúl Haya de la Torre, desde sus inicios tuvo que enfrentarse al imperialismo yanqui, después a todo tipo de imperialismo, al Oro y el Hierro de las grandes grupos de poder económico, luego continuar luchando contra la derecha conservadora (portavoz de la plutocracia limeña), el comunismo internacional (caja de resonancia del colonialismo mental europeo) y el militarismo (representante de la oligarquía económica nacional y violador del Estado de derecho). Todo esto lo hizo el Apra en defensa de la democracia, de las libertades fundamentales del ciudadano y de la justicia social en el Perú y en los países de Indoamérica.

Determinados personajes de undécima hora, pensando dividir para reinar o seguir reinando, formaban agrupaciones a montones, un año antes de cada elección nacional, para desaparecer después del segundo día de su derrota electoral. No se dieron cuenta que les faltó de todo: preparación profesional, formación política, cultura cívica, ética política, espíritu de fraternidad y de justicia social, disciplina partidaria, sentido de responsabilidad social, política, jurídica y ética,  buenos planes y programas de gobierno para reconstruir y reorganizar el Perú.

Algo más, carecieron de cultura, de pedagogía política, de conciencia de patria y de visión de futuro. Exhibían ante el público sus auto-condecoraciones de ser los campeones del insulto, del chavetazo verbal, del lenguaje soez y  toda forma baja y repudiable de lucha. Hacían gala de su dinero mal habido, de sus jugosas cuentas bancarias, de sus amigos pro-golpistas que de cuando en cuando arrasaban a nuestra débil democracia.

Han transcurrido muchos años y estando a escasos meses de conmemorar el Bicentenario de la Independencia de Perú es lamentable que la política  aún no recupera su verdadero sitial como ciencia de buen gobierno.

Felizmente en el Perú,  el Partido Aprista Peruano nació con el más sólido sentimiento patriótico para «tatuar con sangre en la historia, la huella pujante y triunfal, que dará a los que luchen mañana, digno ejemplo de acción contra el mal».

Desde su fundación el Apra viene luchando por una nueva sociedad con Libertad, Pan y Justicia social; por una nueva sociedad liberada de las fuerzas oscuras e inmorales del materialismo criollo, de las dictaduras y tiranías, del contrabando, del narcotráfico y del terrorismo, de la explotación del hombre por el hombre y del hombre por el Estado. El Apra viene luchando contra todo tipo de privilegios, gollerías y prerrogativas en los estamentos oligárquicos del anti-cambio y de la anti-reforma.

Sobradas razones tuvo Víctor Raúl Haya de la Torre cuando afirmó que  la educación técnica, la educación económica, la educación política y la educación moral constituyen las firmes palancas para impulsar el desarrollo, el crecimiento y el progreso de los pueblos de Perú e Indoamérica, por cuanto despiertan y fomentan en las personas la conciencia de la responsabilidad (pedagogía de la responsabilidad) y  el elevado espíritu de lucha por la transformación estructural de la sociedad (pedagogía sociopolítica para el cambio).

Cuando Haya abogaba por una educación moral ciudadana lo hacía con el sano propósito de defender a la sociedad de sus enemigos internos y externos, de procurar que los trabajadores manuales e intelectuales acepten con responsabilidad los cargos públicos para los cuales puedan estar preparados, y posibilitar el manejo de la cosa pública y privada de manera eficiente, honesta y transparente,  con autoridad incorruptible y conducta ejemplar.

Haya de la Torre decía en sus años iniciales de lucha: “Los mejores programas económicos y políticos fracasarían sin una enérgica tentativa para la educación moral del Perú. Ambos son para nosotros primordiales”. 

Haya era uno de los pocos y convencidos líderes políticos y estadistas de Perú que para reconstruir y reorganizar el país era fundamental: a) reorganizar totalmente nuestra economía; b) aplicar de manera eficaz una política educativa integral, c)  moralizar la administración de los poderes del Estado,  d) educar al pueblo más con el ejemplo moral que con la palabra, y e) aplicar sanciones drásticas: que el que robó, devuelva lo robado; que el que es delincuente responda ante la justicia, porque un movimiento como el aprista nacido para gobernar no puede tolerar pillos en su seno y debería ser una fuerza de inflexible y estricta moralización y de cura política que traiga como consecuencia justicia, libertad y bienestar para la colectividad.

Dentro de la concepción filosófica moral de Haya de la Torre,  la moralidad gubernativa es una de las enseñanzas básicas que debe darse al pueblo. Los gobernantes, los diputados y senadores, los ministros, los alcaldes, los funcionarios, los trabajadores manuales e intelectuales deben ser ejemplos de conducta moral, deben practicar los principios y valores éticos, demostrar ser honrados e incorruptibles y trabajar en el Estado para servir a la sociedad, lograr el bienestar colectivo y construir el futuro del país.

En un país como el nuestro, donde todo se «amansa, apaga, tuerce y larva», Haya de la Torre supo conducir y mantener el Apra como una organización política sólida y disciplinada, con una estructura y personalidad ejemplar y un liderazgo incorruptible, firme e indeclinable en su línea de moralización. Supo exigir a cada uno de sus militantes y dirigentes probada honestidad, responsabilidad, transparencia y ejemplaridad en el ejercicio de los cargos públicos.

Vale la pena recordar como ejemplo de honestidad. Cuando se produjo el golpe militar de octubre de 1968, comisiones especiales pasaron largos meses en las oficinas del Congreso – donde los apristas habían sido mayoría- en el esfuerzo inútil de encontrar latrocinios. Al final, tuvieron que abandonar su intento. Lo mismo ocurrió en los centenares de municipios electos donde había alcaldes apristas. El aprismo, sus dirigentes y miembros de la Célula Parlamentaria Aprista fueron ejemplo de moralidad, de honestidad y de corrección.

Sin moralización no hay ni habrá solución a los actos de corrupción en la estructura del Estado. En este sentido, Haya de la Torre sostiene que “la moralización debe empezar por los moralizadores”, quienes deben dar ejemplo de honradez, de veracidad y de dignificación de la política gubernamental con el objeto de que el pueblo les tenga fe y confianza. Y para esto hay que seguir educando moralmente al pueblo, con la palabra, el mensaje y el ejemplo, desde el hogar, la escuela, el instituto, la universidad, el centro laboral y los medios de comunicación. El engrandecimiento del Perú depende del engrandecimiento moral y espiritual de sus autoridades, dirigentes y ciudadanos.

Haya de la Torre siempre pensó con visión futurista en la necesidad de moralizar los poderes del estado, por cuanto esta acción permitiría alcanzar la austeridad en el gasto público y el superávit empresarial, recuperar la confianza y la fe perdida en las instituciones y autoridades. Y sobre todo porque haría posible rescatar el principio de autoridad, erradicar el caciquismo político influyente, superar toda forma de autoritarismo, de «amiguismo», de «compadrazgo», de nepotismo en el sector público paraestatal y romper el espinazo del poder de las cúpulas oligárquico-dirigenciales. 

HAYA DE LA TORRE Y LA MORALIZACIÓN EN EL PERÚ 

Del análisis de las Obras Completas de Haya de la Torre se pueden extraer la variable moralización como base de la reconstrucción y reorganización del país y que los peruanos de buena voluntad debemos de compartir y apoyar incondicionalmente. 

Necesidad de una revolución integral: social, económica, educativa y moral. “En el Perú no sólo necesitamos una revolución económica, social, educativa, sino también moral; y necesitamos que la bandera de que tantas veces se habló, se enarboló y tantas veces se prostituye, en la juventud no sea una falsificación torcida, ni una defraudación, ni un burdo engaño y una mentira. En la juventud debe ser un principio, una norma y un designio. Y cada vez que digamos que hay que moralizar, democraticemos la idea de la moralización, y digamos: La moralización debe empezar por los moralizadores”.

La moralización como base de la reconstrucción y reorganización del país. Hace 93 años que Haya de la Torre escribió en Londres, en el año de 1927: “Reconstruyamos y reorganicemos el país sobre las bases siguientes: 1) Reorganización total de la economía. Nacionalismo económico, liberación del yugo imperialista; contralor nacional de la producción y de la distribución de la riqueza; supresión del tributarismo al extranjero; defensa de la producción, defendiendo al productor; redención económica del indio (campesino); 2) Educación integral; moralización estricta de la administración; elevación del nivel espiritual del pueblo; 3) Sanción, que el que robó, devuelva lo robado; que el que es delincuente responda ante la justicia”.

La moralidad gubernativa. “Los pueblos no se educan únicamente en las escuelas, colegios o universidades, se educan primordialmente en el ejemplo. La moralidad gubernativa es una de las enseñanzas fundamentales que deben darse a un pueblo. Cuando un aprista delinca ¡acúsenlo! Quien delinca será dos veces culpable y castigado, porque recibirá la maldición del pueblo aprista y la maldición de la Patria. No tengan miedo de acusarlo, porque se encontrará en el partido los mejores fiscales para condenar al culpable. Por tal razón, está demás el dicterio, el ultraje, porque nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos. Pero exigimos del otro lado no profanar la verdad. Es necesario que cuando alguien pueda levantar el dedo para acusar a un aprista, que sea en verdad una acusación justificada. Nosotros garantizamos que un movimiento como el nuestro no puede tolerar pillos en su seno”.

Siendo honrado no nos importa que no sea aprista. “Quiero decir también al funcionario que no es aprista y que es honrado, que nada tiene que temer del Partido, porque siendo honrado no nos importa que no sea aprista, basta que cumpla con su labor con eficiencia y con probidad”.

Somos fuerza moral del país que señala el camino de una nueva política dignificada y humana. “El mejor fundamento de nuestro Partido, es, consecuentemente, nuestro deseo de incorporarnos como fuerza moral del país que señala el camino de una nueva política dignificada y humana. Ha llegado el momento de demostrar que en el Perú las masas nacionales pueden construir sus bases democráticas sin recurrir al soborno y sin recurrir a la política de los viejos métodos”.

Sí es posible salvar a la Patria por el camino de la renovación moral. “Mi única aspiración, desinteresada y legítima, ha sido y es demostrar al pueblo y a la juventud que sí es posible salvar a nuestra Patria por un camino de auténtica renovación moral, en el más elevado y constructivo sentido del concepto”.

La caudalosa riqueza moral de los apristas. “Por eso es que puedo decirles que nuestro Partido tiene esa caudalosa riqueza moral, que hace de cada uno de nuestros líderes, que hace de cada uno de nuestros militantes, un verdadero personero de lo que significa el APRA como valor inteligente y espiritual en la vida del Perú”.

Fuerza de moralización y de cura política. “No perder energías y hacer del APRA una poderosa fuerza de moralización y de cura política que traiga como consecuencia justicia y bienestar”.

El gobierno aprista, fuerza moral renovadora, no repetirá vicios del pasado. “Jóvenes y viejos, este gobierno no repetirá vicios del pasado, no tendrá tarjetas de recomendación. No es para ambiciosos ni busca puestos. Es para trabajadores sacrificados y decididos a lograr la felicidad del Perú. El APRA ha nacido como fuerza moral y renovadora para forjara hombres nuevos para un Perú y una América Latina nuevas. Ha nacido para “tatuar con sangre en la historia, la huella pujante y triunfal, que dará a los que luchen mañana digno ejemplo de acción contra el mal”.

Organizaremos un Estado con servidores capaces, especializados y técnicos, excluyendo la politiquería de la administración y acabando con las tarjetas de recomendación y los puestos de favor. “Nosotros debemos tender, fundamentalmente, a organizar un Estado con servidores capaces, con servidores especializados, con servidores técnicos. Para este fin hay que excluir, en cuanto se pueda, la politiquería de la administración y, siguiendo este propósito, acabar con los puestos de favor, establecer un escalafón, el examen de todos los que quieran servir al Estado, abolir las tarjetas de recomendación y terminar con la mendicidad en las puertas de los ministerios y con los puestos como paga de servicios electorales”.

Carrera administrativa basada en el mérito de eficiencia. “De otro lado, en un país como el Perú en que los servicios del Estado resultan el objetivo profesional de grandes sectores de nuestra clase media, la organización de la carrera administrativa, basada en el mérito de eficiencia, sería un factor efectivo de moralización. El servidor del Estado adquiriría la plena conciencia de que sólo su capacidad y su severo sentido del deber serán garantías plenas de posesión del empleo y de progreso en su carrera; el pretendiente a un empleo del Estado sabría también cuál es el único camino para conseguirlo. Abolido el puesto de favor personal o político, el Estado generaría un máximum de servicio que tendría derecho a exigir, y cumpliría una eminente misión educadora, proscribiendo la humillación, el servilismo y la venalidad que son consecuencia de nuestro viciado método actual de distribución de empleos. El ascenso de los oficiales debe reposar sobre la garantía de su capacidad técnica y de su honorabilidad para que no se convierta a favor ni en pago de servicios políticos. Nosotros no somos una fuerza política para repartir puestos públicos”.

Ética puritana y nueva. “El aprismo cree en el misticismo social y político como expresión colectiva del ámbito fondo religioso del individuo. Y en este aspecto, la disciplina aprista expresa una ética puritana y nueva. Por eso, el aprismo se llama también “fuerza moralizadora”. ¡Pureza, honradez, lealtad, desinterés”.

Dignifiquemos la lucha política. “¡Que el ambicioso no tenga sitio en nuestras filas! Seamos diferentes de todos aquellos que toman la política como una aventura, como un negociado. El único camino para dignificar las luchas políticas consiste en que el bando más consciente de su misión histórica dé ejemplo de serenidad y de fortaleza moral. Partimos de un plan de reconstrucción económica nacional y de reorganización técnica y moral del Estado sabiendo que son normas para un vasto desarrollo integral. Nuestra disciplina, nuestra organización, nuestra unidad, nuestro absoluto desinterés personal, son medios morales de educación individual, social y política, absolutamente necesarios en un pueblo como el nuestro al que faltó siempre el ejemplo saludable de directores preclaros. Porque es necesario repetirlo: tan importante como la obra de reorganización material del país, consideramos la de su moralización. Una y otra están relacionadas”.

El Partido Aprista Peruano no excluye de sus rangos a nadie. “Nuestro Partido no excluye de sus rangos a nadie que esté listo al servicio sacrificado y altruista del país. Sólo no caben en él los egoísmos y los traficantes, los fariseos de la democracia y los sórdidos servidores del despotismo y la injusticia. Nuestro Partido reclama, pues, en nombre del pueblo, que no olvide el gobierno que la conciencia nacional exige la renovación de las instituciones del Estado, viciadas por la corrupción y manchadas por el crimen. Es necesario acometer resueltamente la obra de devolver a la nación sus derechos integrales”.

El APRA es una fuerza social con espíritu de justicia. “En este país de vicios, corrupción y peculados, en este país de crímenes y de vergüenza ha aparecido una fuerza empujada por el pueblo, que es todo pureza, todo espíritu de justicia, todo sentido de realidad. Los miopes no supieron comprenderla. Esto ha pasado siempre en la Historia”.