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17 de abril de 2026

EN EL PERÚ, NUNCA MÁS “DIVIDE Y REINARÁS” (Parte I)

EN EL PERÚ, NUNCA MÁS “DIVIDE Y REINARÁS”




Escribe: 

Dr. Eudoro Terrones Negrete




(Parte I)


BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA FRASE “DIVIDE Y REINARÁS”


La frase "Divide y Reinarás" (del latín “divide et impera”), ha sido atribuida históricamente no solo al emperador romano Julio César, -quien la utilizó para conquistar la Galia debilitando a sus opositores mediante la división-,  sino también a figuras desde Felipe II de Macedonia hasta Maquiavelo. 

Julio César (100 a.C.-44 a.C.), rey, comandante militar y ex dictador romano, del siglo I a.C., en sus “Comentarios sobre la guerra de las Galias”, describe cómo aprovechó las facciones opuestas dentro de las tribus galas para conquistarlas una a una. Para el Imperio Romano, la división de los enemigos era una herramienta de gestión administrativa y militar. Son célebres las frases de Julio César sobre poder, valentía y estrategia como “Veni, vidi, vici” (Vine, vi, vencí) y “Alea iacta est” (La suerte está echada), “Si tienes que romper la ley, hazlo para tomar el poder: en los demás casos observarla”.

Felipe II de Macedonia (382 a.C.-336 a.C.), padre de Alejandro Magno, fue uno de los primeros en aplicar esta táctica para debilitar, dividir y enfrentarlas entre sí a las ciudades-estado griegas, fomentar rivalidades internas, aprovecharlas para que no pudieran unirse contra él y así expandir su poder.

Entre las estrategias utilizadas por Felipe II figuran: Formó alianzas con algunas ciudades-estado griegas, solo para traicionarlas más tarde y conquistarlas;utilizó su riqueza para sobornar a líderes y políticos griegos, creando divisiones y debilidades en las ciudades-estado; fomentó conflictos entre las ciudades-estado griegas, debilitándolas y haciéndolas más fáciles de conquistar; utilizó la propaganda y la manipulación para crear una imagen de sí mismo como un líder fuerte y unificador, mientras que presentaba a sus enemigos como débiles y divididos.

En el 338 a.C., Felipe II derrotó a las ciudades-estado griegas en la Batalla de Queronea, unificando Grecia bajo su liderazgo. Esta victoria marcó el comienzo de la hegemonía macedónica en Grecia y sentó las bases para la expansión del Imperio Macedónico bajo Alejandro Magno.

Nicolás Maquiavelo, filósofo y político italiano del siglo XVI en su obra “Del arte de la guerra”,formaliza la idea de que un líder debe sembrar la sospecha entre sus oponentes."Un capitán debe esforzarse con todas sus artes en dividir las fuerzas del enemigo, ya sea haciendo que sus jefes sospechen unos de otros, o dándoles motivos para que se separen." Para Maquiavelo, la división no es solo una acción física (separar tropas), sino psicológica: romper la confianza y la unidad de propósito.

Nicolás Maquiavelo en  "El Príncipe" también escribe: "Un príncipe no debe tener otro objetivo ni otro pensamiento que la guerra y el orden y disciplina de sus ejércitos, porque esto es el único arte que se requiere para gobernar". En este contexto, la estrategia de "Divide y Reinarás" se refiere a la capacidad de un líder para dividir a sus enemigos y mantener el control sobre ellos.

Para aplicar la estrategia de “Divide y Reinarás”, Maquiavelo aconsejó a los líderes que dividan a sus enemigos y los enfrenten entre sí, para debilitarlos y mantener el control; que mantengan a sus aliados cerca, pero no demasiado cerca, para evitar que se vuelvan demasiado poderosos; que utilicen la astucia y la manipulación para lograr sus objetivos, en lugar de la fuerza bruta.

APLICACIÓN MODERNA


En su aplicación moderna la estrategia “Divide y Reinarás” se utiliza en política, economía, psicología, sociología y en el arte de la guerra para sembrar desconfianza entre rivales, ganar control fragmentando oposiciones, gobernar con autoritarismo para las minorías, controlar el poder, mantenerse en el poder y afianzar el poder.

Esta estrategia sigue siendo relevante en la política moderna, donde la fragmentación de partidos políticos y la manipulación de los resultados de procesos electorales, -con el apoyo de la concentración de medios de comunicación, redes sociales y encuestas elaboradas sin rigor técnico-, son utilizadas para ganar poder y control político. 

Gustavo Petro, utiliza la lógica de "nosotros contra ellos" para movilizar a sus seguidores y consolidar poder, lo que ha generado polarización en Colombia.


El filósofo español José Ortega y Gasset, en “España invertebrada”, advirtió sobre los peligros de la fragmentación social y política. Decía que cuando una sociedad deja de tener un proyecto común, se divide en grupos "estancos" o particularismos. En este contexto, el "divide y vencerás" no es una táctica externa, sino una enfermedad interna donde las partes olvidan el todo, facilitando que el poder se ejerza de forma autoritaria sobre una masa desarticulada y atomizada.


Jürgen Habermas, filósofo y sociólogo alemán, ofrece una visión contemporánea sobre cómo se fractura la sociedad. En su análisis de la acción comunicativa, plantea que los sistemas (el poder político y el dinero) a menudo fragmentan la solidaridad del "Mundo de la Vida" (Lebenswelt).Habermas puntualiza que el poder moderno utiliza la especialización técnica y la burocracia para aislar a los ciudadanos. Al "dividir" la capacidad de diálogo y de entendimiento mutuo mediante discursos expertos o intereses económicos, el sistema "reina" sobre una población que ha perdido su capacidad de deliberación democrática cohesionada.


No cabe duda que la estrategia de "Divide y Reinarás" es efectiva para mantener el poder y el control más fácilmente si se fragmenta a los oponentes y se evita que formen una coalición sólida, pero tiene consecuencias negativas para la sociedad, como la erosión de la cohesión social y el aumento de la violencia, la criminalidad, el sicariato y la permanente inseguridad ciudadana. También puede exacerbar la desigualdad y la exclusión de grupos vulnerables.


EN EL CONTEXTO PERUANO

La estrategia "divide y reinarás" ha sido recurrente en la historia peruana, usada por potencias externas y élites internas para fragmentar o dividir a las sociedades, a los partidos políticos y a los movimientos opositores, facilitando el control. Ejemplos clave abarcan desde la conquista incaica, virreinato español, guerras civiles y hasta la época republicana, explotando rivalidades étnicas, regionales o políticas.

Conquista incaica (1532-1572)

Los españoles, liderados por Francisco Pizarro, capitalizaron la guerra civil entre Atahualpa y Huáscar, hijos de Huayna Cápac, para capturar al Inca en Cajamarca y dividir el Tahuantinsuyo. Aliaron con grupos étnicos rivales como huancas, chachapoyas y cañaris contra los incas cusqueños, y manipularon marionetas como Manco Inca y Paullu Inca para sofocar rebeliones. Esto permitió la conquista pese a la superioridad numérica inca, culminando con la ejecución de Túpac Amaru I en 1572.

Virreinato español (1542-1824)

Durante el Virreinato del Perú, la Corona española fomentó divisiones territoriales (creación de Nueva Granada en 1717 y Río de la Plata en 1776) y étnicas, segregando "república de españoles" e "indios" mediante reducciones y mitas. Virreyes como Francisco de Toledo reprimieron revueltas indígenas (Túpac Amaru II en 1780) aliándose con caciques leales y explotando rivalidades andinas. Las Reformas Borbónicas intensificaron esto, debilitando élites locales para centralizar el poder en Lima.

Guerras civiles 

Francisco Pizarro y Diego de Almagro se dividieron en facciones (pizarristas vs. almagristas), generando guerras civiles que diezmaron a los españoles y facilitaron el control real. Gonzalo Pizarro se rebeló contra las Leyes Nuevas (1542), pero Pedro de la Gasca lo derrotó en 1548 dividiendo sus aliados con promesas de perdón. Esto consolidó el Virreinato bajo la Corona, eliminando encomenderos autónomos.

Época republicana (Siglos XIX-XX) 

En la República, oligarquías usaron caudillismo y multipartidismo para fragmentar el voto popular, como en elecciones con "distrito múltiple" que favorecían divisiones regionales. Contra el APRA (fundado en México, el 7 de mayo de 1924), gobiernos dictatoriales proscribieron a este partido y lo aislaron de alianzas, reprimiendo brutalmente la Revolución de Trujillo del 7 de julio de 1932 con el fin de dividir y desaparecer al pueblo aprista del norte de Perú. La Revolución fue liderada por el Partido Aprista Peruano contra el gobierno dictatorial de Luis Miguel Sánchez Cerro, teniendo por causas las desigualdades sociales y laborales en las haciendas azucareras, la persecución política contra el APRA y el autogolpe de Estado de Sánchez Cerro en enero de 1932. La “Matanza de Chan Chan” fue uno de los episodios más trágicos, con más de 6,000 civiles asesinados.En dictaduras como el Oncenio de Augusto B. Leguía (1919-1930) o las de Juan Velasco Alvarado (1968-1975), se exacerbaron divisiones clasistas y étnicas. (Continuará)

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