Artículos periodísticos y de investigación

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1 de febrero de 2023

La muerte como problema existencial del hombre (8)

 LA MUERTE COMO PROBLEMA EXISTENCIAL DEL HOMBRE

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


VIII.                    LA MUERTE COMO PROBLEMA EXISTENCIAL DEL HOMBRE

Filósofos, científicos, biotecnólogos, antropólogos, psicoanalistas, psicólogos, sociólogos, escritores, sacerdotes, teólogos, pedagogos, poetas, periodistas y hombres de a pie en algún momento de sus vidas han reflexionado y siguen reflexionando sobre el fenómeno de la vida como valor, el fenómeno de la muerte como antivalor y como problema existencial fundamental del hombre ante la urgencia de encontrar una respuesta al reto de la muerte.

Desde hace muchos años, personas y empresarios filantrópicos vienen invirtiendo miles de millones de dólares en proyectos de investigación científica para salvarnos de la muerte prematura, regenerar órganos y tejidos, prolongar o triplicar, cuando menos, la esperanza de vida, luchar contra la muerte, vencerla o garantizar la eterna juventud y con ello revolucionar la sociedad global.

Yuval Noah Harari, en su obra “Homo Deus. Breve historia del mañana”, asevera que “El vertiginoso desarrollo de ámbitos tales como la ingeniería genética, la medicina regenerativa y la nanotecnología fomenta profecías cada vez más optimistas. Algunos expertos creen que los humanos vencerán a la muerte hacia 2200, otros dicen que lo harán en 2100, Kurzweil y De Grey son incluso más optimistas: sostienen que quienquiera que en 2050 posea un cuerpo y una cuenta bancaria sanos tendrá una elevada probabilidad de alcanzar la inmortalidad al engañar a la muerte una década tras otra. Según Kurzweil y De Grey, cada diez años, aproximadamente, entraremos en la clínica y recibiremos un tratamiento de renovación que no sólo curará enfermedades, sino que también regenerará tejidos deteriorados y rejuvenecerá manos, ojos y cerebro. Antes de que toque realizar el siguiente tratamiento, los médicos habrán inventado una plétora de nuevos medicamentos, mejoras y artilugios. Si Kurzweil y De Grey están en lo cierto, quizá algunos inmortales caminen ya por la calle junto al lector…, al menos si este camina por Wall Street o la Quinta Avenida”.[1]

Diríamos con Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina 1906: “Quien no se preocupa de la constitución del Universo y de los problemas de la vida y de la muerte, no pasa de ser un cuadrúmano con pretensiones”.

No con poca razón se afirma que la filosofía se origina cuando el hombre empieza a filosofar. La filosofía es producto de la actividad del filósofo (el filosofar). Filosofar que algunos lo han definido como “aprender a vivir” y “aprender a morir”, una ocupación intelectual o reflexiva propia del filósofo que trata de conseguir explicaciones válidas, confiables y útiles a cuestiones, dilemas y problemas de la cotidiana existencia humana.

Para Sócrates: “—Es cierto, por consiguiente, Simmias, que los verdaderos filósofos se ejercitan para la muerte, y que ésta no les parece de ninguna manera terrible. [...] siempre que veas a un hombre estremecerse y retroceder cuando está a punto de morir, es una prueba segura de que tal hombre ama, no la sabiduría, sino su cuerpo, y con el cuerpo los honores y riquezas, o ambas cosas a la vez”.

Manuel Kant en la Introducción de sus “Lecciones de Lógica” formuló estas 4 preguntas básicas que deberían ser planteadas por la filosofía en su sentido cósmico: ¿Qué es el hombre? (a esta pregunta responde la Antropología) ¿Qué puedo saber? (a esta pregunta responde la Metafísica), ¿qué debo hacer? (a esta pregunta responde la Moral)  y ¿qué me cabe esperar?  (a esta pregunta responde la Religión). Preguntas que implican una reflexión profunda sobre la naturaleza última de la existencia humana, en tanto y en cuanto el hombre es un ser mortal que lleva impregnado en el destino de su naturaleza y existencia el germen de la muerte.

En su recorrido existencial los hombres pasan del nacimiento a la muerte a veces alegres por haber alcanzado sus objetivos, fines y metas trazados, y a veces tristes o renegando por no haber podido satisfacer sus ambiciones, aspiraciones y necesidades plenas para sí o para toda su familia. Unos lograron entender y dar respuesta a los problemas de la vida sobre la base de esfuerzos, sacrificios, privaciones y capacitaciones; otros, con sus actitudes pesimistas, mezquinas y egoístas se quedaron en medio camino, insatisfechos y descontentos.

En la Edad Antigua, Platón concebía al filósofo como “el espectador de todo tiempo y de toda existencia”. Posteriormente, Aristóteles precisó: “Todo hombre desea naturalmente saber”. En la Edad Media, Santo Tomás de Aquino en su obra Suma Contra Gentiles afirma: “La naturaleza ha depositado en cada hombre la necesidad de saber la causa de aquello que ve; y precisamente por la admiración de lo que veían (los hombres), y cuyas causas les eran desconocidas, los hombres empezaron a filosofar, y finalmente descansaron al encontrar la causa de cuanto buscaban”. En la Edad Contemporánea, Karl Jaspers enfatiza: “Todo hombre en cuanto hombre filosofa”.

La población mundial al 2022 llegó a ocho mil millones de personas. Dentro de este contexto el vivir humano deviene en preocupación constante por la variedad y complejidad de los problemas que embarga, y el fenómeno de la muerte aún más inquieta, preocupa y aterroriza a los seres humanos. Los hechos (sociales, políticos, educativos, culturales, ecológicos, económicos, jurídicos, etc.) no van ni vienen como el hombre quiere ni como lo planifica o dispone.

La muerte es la materia prima de la actividad pensante del ser humano; es  motivo de reflexión crítica y autocrítica, de regocijo y aflicción; es tema enigmático y tabú en las culturas, países, naciones y civilizaciones; es el peor de los males en el planeta Tierra, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días.

San Agustín (354-430 d.C.) en su obra La Ciudad de Dios, puntualiza: “Desde el instante en que comenzamos a existir en este cuerpo mortal, nunca dejamos de tender hacia la muerte. Ésta es la obra de la mutabilidad durante todo el tiempo de la vida (si es que vida debe llamarse): el tender hacia la muerte. No existe nadie que no esté más cercano a la muerte después de un año que antes de él, y mañana más que hoy, y hoy más que ayer, y poco después, más que ahora, y ahora, poco más que antes. Porque el tiempo vivido es un pellizco dado a la vida, y diariamente disminuye lo que resta: de tal forma, que esta vida no es más que una carrera hacia la muerte”.

El hombre es el único animal racional que “sabe que debe morir”, es consciente de que va a morir tarde o temprano, pero no sabe cuándo va a morir, cómo va a morir, dónde va a morir, de qué va a morir, por qué va a morir y para qué va a morir. El hombre es el único animal que es consciente y capaz de enterrar o de cremar a sus muertos.

Los progresos en la bioética, en la medicina, en las diferentes ciencias y en la tecnología si bien es cierto han contribuido a mejorar la calidad de vida de las personas y prolongar la vida, pero no nos han enseñado cómo combatir con efectividad, eficacia y eficiencia la muerte y como evitar la muerte para tranquilidad y felicidad absoluta de la humanidad.

Para el psicólogo canadiense Otto Klineberg (1899-1992) “La muerte es motivo de aflicción, no sólo en nuestra sociedad, sino probablemente en la mayoría de las culturas conocidas. Sin embargo, hay casos en que es motivo de regocijo. Se sabe de ciertos grupos de naturales de Siberia y de esquimales, así como de pobladores de las Islas Fidji que sentían verdadera ansiedad por morirse antes de entrar de lleno en la vejez. Esos isleños creían que la vida en la tierra era, simplemente, el preludio a una vida eterna, en la que poseerían las facultades corporales y mentales que tuviesen en el momento de morir. Si vivían hasta que fueran decrépitos, así continuarían para siempre. Por esta razón, un hijo respetuoso podía matar a sus padres, con la firme convicción de que les estaba haciendo el mayor favor posible. La creencia en la inmortalidad también existe entre nosotros, pero no la abrigamos con tanta convicción”[2]

El hombre es una indisoluble unidad biológica, psicológica y axiológica; es un ser social que nace, crece, se reproduce, se desarrolla, se realiza y muere en un determinado espacio y tiempo histórico. El ciclo biológico del hombre se inicia con la concepción y el desarrollo prenatal en el seno materno y culmina con la muerte.

El hombre es una unidad indisoluble por su aptitud emocional, por su poder creativo, por su motivación de logro, por su capacidad de planificación y de organización, por su visión de futuro. Tiene conciencia psicológica y conciencia moral, tiene pensamiento, conocimiento, experiencia, razón, voluntad, intuición, sentimiento, e inteligencia, y tiene también memoria, imaginación, lenguaje articulado, capacidad perceptiva y capacidad comunicativa.

La evolución biológica comprende el crecimiento y desarrollo de las partes del cuerpo, el aumento de estatura y de peso, transformaciones en las glándulas de secreción interna y cambios en la conducta.

La evolución psicológica del hombre comprende la maduración psíquica, es decir el desarrollo de capacidades mentales como la inteligencia, la memoria, la imaginación, la atención, la percepción, el pensamiento, las emociones, la capacidad de aprender conocimientos, el desarrollo del lenguaje, el aprendizaje de nuevos idiomas y las diversas formas de conducta.

Desde el nacimiento hasta la muerte el hombre vive en un proceso de adaptación e integración a la sociedad, desplegando sus actividades, realizando sus aspiraciones, sorteando y superando obstáculos, afrontando los problemas cotidianos, luchando y procurando alcanzar formas y niveles de vida, bienestar y felicidad compatibles con la dignidad humana. El hombre se esfuerza por conocerse a sí mismo y conocer a los demás: busca mejores posibilidades, alternativas y vías de autorrealización plena, recibe y asimila las influencias positivas del mundo externo (estímulos, satisfacciones e insatisfacciones).

Durante el transcurso de la existencia humana solemos escuchar expresiones cono éstas: “Notorio es que los años no poseen la misma duración subjetiva al terminar que al iniciarse el curso de la existencia. De niños, decimos: “Un año más, ¡qué alegría! De viejos, pensamos: “Un año menos, ¡qué pena!” escribía Santiago Ramón y Cajal, en sus “Charlas de Café” (Madrid, 1932). Hay personas que se “hacen el muerto”, al quedar inactivos o en silencio para no ser advertidos por las otras personas de su entorno o de la comunidad en el que trabaja o vive. Hay personas que “no tienen donde caerse muerto”, al carecer de dinero o vivir en la miseria por motivos diversos. O que al restablecerse de una enfermedad gravísima “vuelven de la muerte a la vida”. O “estar uno a la muerte” al encontrarse en riesgo o peligro inminente de morir.

El insigne Menéndez y Pelayo exclamaba en su lecho de muerte: “¡Qué lástima morirse cuando me faltaba tanto que leer”! Y quedando tantos angustiosos misterios por esclarecer.

El médico y científico español, Santiago Felipe Ramón y Cajal, refiere en la siguiente anécdota que “A dos leguas de Alcantarilla (Murcia), y en pleno socarral, vivía una familia de centenarios. Lo habían sido el padre y el abuelo, y llevaba camino de emularlos una hija, tronco de tres generaciones robustas. Cuando la vi, frisaba en los noventa y siete; dormía en una especie de pocilga húmeda y angosta; caminaba todos los días cuatro leguas para vender en Alcantarilla huevos y comprar provisiones, y abusaba lastimosamente del aguardiente y del tabaco. Pregunté a la anciana si se sentía satisfecha de su senectud fuerte y lozana, y respondióme con aire melancólico y desolado: “No, señor; me cansa la vida; deseo que cuanto antes se me lleve la Virgen del Carmen.” Y la ingenua viejecita murió dos años después, no por caducidad irremediable, sino a causa de un hartazgo de higos chumbos”.[3]

Los misterios de la vida y los secretos de la muerte están en el genoma humano. En el globo terráqueo todo tiene su inicio (la vida), todo tiene su fin (la muerte) y todo lo que vive muere.

A través del llanto y del luto el hombre manifiesta su tristeza por la muerte de un ser querido, de un amigo o una amiga, de un personaje importante o de una autoridad de la comunidad.

Las opiniones acerca de la muerte siempre son mayoritariamente en contra y minoritariamente a favor. Para unos, la muerte es un fenómeno trágico, triste, no tiene sentido y es muy fácil de soportar; para otros, les resulta muy difícil. El teólogo y escritor francés Francois Fénelon enfatizaba: “La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella”.

Para el filósofo existencialista alemán Martín Heidegger el hombre es en el mundo un extranjero que se precipita en la nada. El hombre es un “ser-para-morir”, pero no sólo para morir una vez, sino que en cada instante se realiza como “un-ser-que-muere”. La muerte es un hecho biográfico, se inscribe en su misma existencia, como la corporalidad: vivir es morir. Los vivos lo estamos…porque “todavía no hemos muerto”.

Por su parte, el filósofo francés Jean-Paul Sartre  manifiesta que “Es absurdo que hayamos existido y es absurdo que muramos”. “Todo existente nace sin razón, se desarrolla por debilidad y muere por azar”. “La vida es proyecto y espera. El término debiera ser fruición y goce y reposo. Pero jamás se llega a ese término. La muerte interrumpe, desde el exterior, la propia realización. Estamos condenados a unas conquistas sin sentido y a unos anhelos sin cumplimiento. “La vida es una pasión inútil.”[4]

No cabe duda que la muerte no respeta ni perdona a nadie, ocurre a cualquier edad del ser humano, unifica a todos los individuos, iguala a todos los seres humanos, juzga con la misma vara a todos y carece de preferencias o simpatías individuales. Lao-Tsé, decía: “Diferentes en la vida, los hombres son iguales en la muerte.”

Quien mal vive, poco vive, porque quien vive una vida desordenada y con malos hábitos alimenticios estos suelen acarrear enfermedades de todo tipo y que conducen a la muerte y terminan con la muerte.

Quien poco o nada tiene hace corto su testamento o muere sin dejar testamento, por ser muy poco o nada lo que tiene que heredar. Lo que no ocurre con los millonarios que no duermen bien por pensar antes de morir en los muchos bienes muebles e inmuebles que tiene que incluir en su testamento y hacen largo su testamento.

La mayoría de personas del mundo abrigan el interés y la curiosidad de saber qué es la muerte, cómo es la muerte, cuáles son las primeras y las últimas manifestaciones de la persona fenecida, quiere saber a qué causas se debe la muerte, de qué manera puede esquivarse de la muerte y cuáles sus consecuencias. Es consciente que nadie tiene la vida comprada y que en cualquier momento puede fallecer. El hombre presiente y percibe la muerte a través de su amenaza o de la muerte de un pariente o de otras personas y consiguientemente tiene el deber de prepararse para un buen morir y así ejercitar su derecho a una muerte planificada y digna.

Confesó el marxista Adam Schaff[5] que la muerte es, sin discusión, el “talón de Aquiles” de la Cosmovisión marxista. Porque “también en el socialismo mueren los hombres, y este es el más grave problema que la filosofía no puede resolver”. Y Ernesto Bloch[6], marxista alemán, reconoció que “la muerte es la respuesta más dura a la utopía”.

Los marxistas lo saben, porque consciente o inconscientemente minimizan el problema, considerando la muerte como un “hecho biológico intrascendente”, no como un absurdo ni un valor”[7]. Los Manuales del marxismo ortodoxo eluden cuidadosamente la cuestión; sus Diccionarios ni siquiera contienen el término “muerte”[8].

Manuel Kant en la Introducción de sus “Lecciones de Lógica” formuló estas 4 preguntas: ¿Qué es el hombre? ¿Qué puedo saber?, ¿qué debo saber?  y ¿qué me cabe esperar? Preguntas que implican una reflexión profunda sobre la naturaleza última de la existencia humana, en tanto y en cuanto el hombre es un ser mortal que lleva impregnado en el destino de su naturaleza y existencia el germen de la muerte.

La muerte es un fenómeno bio-fisiológico que forma parte del proceso de vivir del ser humano, cuya experiencia es privativa del ser humano. Es un acontecimiento mundano terrenal; es la crisis suprema y definitiva del hombre; es algo propio de cada uno que puede llegar en cualquier instante sin que lo quiera, lo pida ni lo rechace. El fenómeno de la muerte es una posibilidad presente, permanente e indetenible en la vida de todo ser humano. Así, la vida deviene en un adecuado arte de enfrentar, prevenir, alejar y superar periódicamente sus posibles manifestaciones.

Se afirma no con poca razón que la muerte es una necesidad fundamental como parte del proceso de la naturaleza, pues de no existir no cabrían más seres humanos en el globo terráqueo, y la sobrepoblación ilimitada e incontrolada rebalsaría y haría imposible la supervivencia humana. Por esta razón el equilibrio llega a establecerse por la desaparición continua de seres que rinden su tributo a la muerte al enterarse que la muerte es el remedio de todos los males y que se usa una sola vez.

En su artículo “El sentido de la muerte”, Mijail Malishev explica: “La conciencia de la muerte introduce, entre el animal y el hombre, una ruptura más profunda que la capacidad del segundo para fabricar utensilios, hablar y pensar. Quizá el hombre se convirtió en hombre desde el momento en que empezó a enterrar los cadáveres de sus congéneres, inventó el ritual funerario y elaboró las creencias en la supervivencia o en la resurrección en el más allá de los fallecidos. En todo caso, el hombre es el único ser vivo que sabe que tarde o temprano va a morir y, por tanto, piensa no sólo en cómo va a vivir, sino también en cómo va a morir. Ante la amenaza del arribo de la muerte, el hombre identifica al hombre y se identifica a sí mismo como ser humano. Podemos suponer que el hombre primitivo sabía ya, cuando enterraba a sus congéneres, del sentido de la muerte, pues en caso contrario difícilmente hubiera inhumado a sus cadáveres”[9].

 



[1] Yuval Noah Harari,  “Homo Deus. Breve historia del mañana”, México, primera edición, diciembre, 2016, pp.36-37.

[2]  Klineberg, Otto. Psicología Social.  Fondo de Cultura Económica, Biblioteca de Psicología y Psicoanálisis dirigida por Erich Fromm, México, Primera edición en español, 1963, p.170.

[3] Ramón y Cajal, Santiago, Obras Literarias Completas. Charlas de Café.  Aguilar, S.A. de Ediciones, Madrid (España), 1950, p.1010-1011.

[4] Sartre, Jean-Paul. “El ser y la nada”, trad.Valmar, Bs.As., 1966, especialmente pp.656-660.

[5] Schaff, A., “Marxismo e individuo humano”, México, 1967, p.47.

[6] Bloch, E., “Das Prinzip Hoffnung”, Frankfurt A. M., 1959, p.15.

[7] Cf.Vuillemin, “Essai sur la signification de la mort”, París, 1948.

[8] Cf,p.ej., Varios, “Fundamentos de la Filosofía marxista-leninista”, Berlín, 1972, O el “Diccionario Filosófico del marxismo-leninismo”, de BUHR, M y KOSING, A., Berlín, 1974.

[9]Mijail Málishev, El sentido de la muerte. https://www.redalyc.org/pdf/104/10410106.pdf

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La muerte como problema existencial del hombre (VII)

 LA MUERTE COMO PROBLEMA EXISTENCIAL DEL HOMBRE

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


VII.             TIPOS O FORMAS DE MUERTE

Muerte aparente es la que se produce cuando deja de percibirse los signos de vida (calor, respiración, etc.). Es el estado de insensibilidad e inmovilidad absoluta que se presenta en los que han estado a punto de ahogarse, después de una grave enfermedad y también en los recién nacidos. Suele combatirse, según los casos, con la respiración artificial, tónicos cardíacos, etc.

Muerte accidental es la que sobreviene antes del término natural de la vida, por violencia exterior.

Muerte civil es la situación| en que queda la persona que ha quebrado en su empresa, quien no puede cobrar, pagar, ni tener derecho a la inviolabilidad de su correspondencia. Mutación de estado por la cual la persona en quien acontece se considera como si no existiese para el ejercicio o la ordenación de ciertos derechos.

Muerte cerebral es la muerte funcional permanente de los centros del cerebro que controlan la respiración y otros reflejos vitales; es cuando cesa totalmente y de manera irreversible toda la actividad encefálica (que comprende tres partes: cerebro, cerebelo y bulbo raquídeo) y la conciencia es totalmente abolida.

Muerte chiquita es el estremecimiento nervioso o convulsión instantánea que suele sobrevenir a algunas personas.

Muerte de una ideología es cuando la gente de una ideología deja de creer en ella, deja se luchar por ella y deja de vulgarizarla y de promoverla en diversos espacios y tiempos históricos del universo.

Muerte enigmática es aquella muerte que deviene en enigmática por las circunstancias especiales que la rodearon y cuyas hipótesis formuladas para determinar las causas no permitieron llegar a un consenso común.

Muerte legal. Jesús Mosterín, en su obra “La Naturaleza Humana” señala: “En Estados Unidos, desde 1981, la definición oficial de la muerte legal (UDDA, Uniform Determination of Death Act) se basa en aceptar como muerto al individuo con cesación irreversible de la función cardíaca y respiratoria, y también al individuo con cesación de todas las funciones en todo el cerebro, incluyendo el tronco cerebral. El primer criterio es el tradicional; el segundo es un torpe intento de definir la muerte cerebral o encefálica, pero es demasiado exigente, pues no reconoce como legalmente muertos a los individuos con cesación irreversible de las funciones corticales. Por lo tanto, los pacientes en estado vegetativo persistente no se declaran legalmente muertos, sino que se mantienen artificialmente en vida, con gran coste económico y psicológico para todos y sin beneficio alguno para nadie, y en especial, sin beneficio alguno para el paciente mismo, ya muerto como persona.”[1]

Muerte molecular es el último término de un proceso catabólico.

Muerte natural es la muerte esperada en todo instante de la vida, pero que sucede frecuentemente por accidente de tránsito, la enfermedad o consunción y no por lesión alguna traumática.

Muerte piadosa es la muerte por piedad o por compasión, de manera fácil o sin dolor, para liberarlo a la persona de un padecimiento psicosomático insoportable e incurable, tras la terminación intencional de la vida de una persona, a solicitud de la misma y previo consentimiento informado.

Muerte presunta es la muerte supuesta, aun no encontrando el cadáver. “En Derecho, se declara jurídicamente después de una ausencia prolongada del sujeto, sin conocer noticias de su persona, y tiene como efectos legales la determinación de normas para la administración de sus bienes o la apertura de la sucesión, y en algunas legislaciones, permitir la disolución del vínculo matrimonial del cónyuge supérstite” señala Pedro Flores Polo en su “Diccionario jurídico fundamental”, Perú, 1988.

Muerte real es la cesación definitiva de las funciones vitales de la persona, cuyo signo principal es la putrefacción.

Muerte senil es la que sobreviene por pura vejez o decrepitud de la persona.

Muerte súbita es aquella que sobreviene en una persona sana de un momento a otro de manera imprevista, repentina, inesperada y sospechosa, que parece no exhibir causa que explique el deceso.

Muerte súbita infantil es la muerte de un lactante en la cuna por causas de infecciones víricas y reacciones alérgicas.

Muerte simultánea es la muerte de dos o más personas acaecidas al mismo tiempo o con pequeñas separaciones de tiempo. sea por razones de accidente de tránsito, incendios y otras catástrofes.

Muerte violenta es la que se ejecuta privando de la vida a uno con hierro, veneno u otra cosa.



[1] Mosterín, Jesús. La Naturaleza Humana. Espasa Libros S.L.U, Madrid (España), agosto de 2011, pp.328-329.





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La muerte como problema existencial del hombre (IV-V-VI)

 LA MUERTE COMO PROBLEMA EXISTENCIAL DEL HOMBRE

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


IV.             CONSECUENCIAS DE LA MUERTE

Entre los efectos que produce el fenómeno de la muerte refrendada por el certificado de defunción y tras la desaparición de la personalidad jurídica de las personas se consideran la extinción de los derechos y obligaciones personales del fallecido, la transmisión de las demás a sus sucesores, la extinción de los contratos de sociedad o mandato, la disolución del matrimonio.

Además, entre las consecuencias que produce la muerte de una persona figuran el experimentar el sufrimiento como una reacción mental, reacción física, social o emocional. Las reacciones mentales: el enojo, la culpabilidad, la ansiedad, la tristeza y la desesperación. Las reacciones físicas: problemas para dormir, cambios en el apetito, problemas físicos o enfermedades.

La muerte de una persona tiene un gran impacto particularmente entre los familiares del occiso y en el grupo de sus amistades.

 

V.            SIGNOS GENERALES DE LA MUERTE

Son signos generales de la muerte “la suspensión permanente del funcionamiento del organismo como un todo”[1]; la cesación de la respiración espontánea y de los latidos del corazón, el desplome de la presión arterial, el enfriamiento y la palidez, la inmovilidad y la rigidez absolutas del cuerpo humano, el proceso de descomposición del cadáver, las células del cabello continúan su proceso de crecimiento durante varias horas después de la muerte y ciertos movimientos del intestino pueden ser provocados hasta doce horas después de la muerte, el alma se desprende del cuerpo. Siete minutos tardan en morir las células cerebrales. Y el alma espiritual del hombre se torna inmortal.

Son, además, signos que denotan que se ha producido la muerte: Sin respiración por un largo período de tiempo; sin latidos del corazón; los ojos fijos y ligeramente abiertos, con pupilas dilatadas; mandíbula relajada, con la boca ligeramente abierta[2]

 

VI.          LA MUERTE COMO SÍMBOLO

Como símbolo, la muerte no sólo significa el final sino también la regeneración, puesto que todo lo creado debe morir al mundo viejo para renacer al mundo nuevo o al mundo por venir. Por eso aparecen representaciones de la muerte en todos los ritos de iniciación. En la masonería, por ejemplo, el candidato antes de comenzar el ritual, debe permanecer en la cámara de reflexión y redactar un testamento filosófico, pues una vez finalizada la ceremonia simbólicamente será un hombre nuevo. La muerte se asocia también a la idea del sacrificio aceptado pues aparece como el paso obligado para obtener un beneficio para la comunidad. En la época tardomedieval aparecieron las famosas danzas de la muerte, donde se representaba a un esqueleto danzante que iba a buscar a todos los hombres, con independencia de rangos, poder, etcétera. Fue la imagen que recogió las formas antiguas del Memento mori [ver imagen], es decir, del recuerdo que debemos morir. En esta idea estaba incluido, obviamente, la vida en el más allá y la salvación En la India, el dios Shiva representa la destrucción (o muerte), así como Purusha, la creación, y Vishnu, el mantenimiento. En los escritos herméticos o alquímicos la muerte se asocia a la disolución previa a la coagulación, una vuelta al caos primigenio, para que de él surja una nueva creación mucho más perfecta.[3]



[1] Bernat JK, Culver G. On the definition and criterion of death. Ann Intern Med 1981; 94: 389-94

[2] Signos que muestran se ha producido la muerte. https://www.google.com/search?q=signos+generales+de+la+muerte&oq=signos+generales+de+la+muerte&aqs=chrome..69i57j33i160j33i22i29i30l3j33i15i22i29i30j33i22i29i30l2.11876j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8

[3] Muerte (símbolo). https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Muerte_(simbolo)

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La muerte como problema existencial del hombre (III)

 LA MUERTE COMO PROBLEMA EXISTENCIAL DEL HOMBRE

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


III.             CAUSAS DE LA MUERTE

Entre las causas de la muerte de un ser humano y que son registrados en un certificado de defunción se consideran las siguientes: enfermedades incurables, enfermedades transmisibles y no transmisibles, enfermedades asociadas al envejecimiento, accidentes (tipo terrestre, aéreo, marítimo, accidentes cerebrovasculares, accidente automovilístico o sísmico etc.),

También son causas de la muerte los enfrentamientos entre grupos armados, guerras, catástrofes naturales (terremotos, erupción de volcanes, tsunamis, inundaciones, sismos, huracanes, etc.), terrorismo, puñalada en el abdomen durante una pelea, suicidio, homicidio, administración de una droga equivocada, enfermedad de Alzheimer, cáncer (cáncer de colon, de recto, de mama y de próstata, cáncer de tráquea, pulmón y bronquios), cardiopatía, cirrosis del hígado, soledad, angustia. miedo, estrés extremo, violencia interpersonal, suministro de veneno, aplicación de la pena de muerte, entre otras.

Origen de la muerte[1]

Este mito lo trae De Goeje en su trabajo «The Inner Structure of warao Language of Guiana» y procede de la región del Surinam; más en el fondo es universal entre los guaraos, según los cuales la causa de la muerte fue la desobediencia.

Cuando el mundo estaba recién hecho y todos los animales podían hablar, un jefe de indios habló a su gente y les dijo:

-Esta noche va a pasar la muerte, por tanto, no durmáis.

Pero a pesar de la advertencia, un joven se fue a dormir.

Siguió diciendo el jefe:

-El primero que va a llamar esta noche es la muerte; el que llamará después es un espíritu bueno. Si nosotros contestamos a este último no moriremos nunca; pero si contestamos a la primera llamada, moriremos sin remedio.

Llegó la noche y todo estaba en el más profundo silencio en la ranchería. Cuando he ahí que hacia la media noche oyeron una voz.

Los indios no respondieron.

Mas un muchacho que estaba dormido, se despertó sobresaltado y contestó a la voz.

Aquella era, en efecto, la llamada de la muerte.

Se cumplió inexorablemente la sentencia.

Y desde entonces los indios comenzaron a morir.

 

Pena de muerte

La pena de muerte, denominada también pena capital o ejecución, es la sanción más grave y antigua de la humanidad, En la mayoría de los países del mundo la pena de muerte ha sido abolida porque atenta contra la dignidad, libertad de vivir y los derechos humanos, por ser una pena cruel, inhumana y degradante y porque siempre hay el riesgo de ejecutar a una persona inocente

Entre algunos métodos que se utilizan para aplicar la pena de muerte figuran: la silla eléctrica, la cámara de gas, el ahorcamiento, la lapidación, la decapitación, la inyección letal y el fusilamiento con disparos.

El propósito de la pena de muerte es castigar los delitos de asesinatos, actos de espionaje, traición a la patria, rapto de menores de edad, servir a las armas de potencias extranjeras especialmente comunistas, la organización y formación de guerrillas rurales o urbanas, violación de menores de 7 años de edad, los crímenes de guerra que causen la muerte de la víctima, el genocidio, el uso de un arma química que cause la muerte de las víctimas, el parricidio, el asalto en cuadrilla de malhechores y piratería; el separatismo, la rebelión armada, al homicida con alevosía, premeditación o ventaja; al plagiario, al salteador de caminos, atraco a mano armada, entre otros.

La pena de muerte se aplica a las personas que incurrieron en la comisión de uno de los delitos capital y condenada por parte del Estado. Y sólo se ejecutará de conformidad con una sentencia definitiva emitida por un tribunal competente, con pruebas claras convincentes, tras un proceso jurídico que ofrezca todas las garantías posibles para asegurar un juicio imparcial, transparente y justo. La ejecución de la pena de muerte se hará de forma que se cause el menor sufrimiento posible. No serán condenados a muerte los menores de 18 años en el momento de cometer el delito, ni se ejecutará la sentencia de muerte en el caso de mujeres embarazadas o que hayan dado a luz recientemente, ni cuando se trate de personas que hayan perdido la razón. No se ejecutará la pena de muerte mientras estén pendientes algún procedimiento de apelación u otros procedimientos de recurso o relacionados con el indulto o la conmutación de la pena. La persona condenada a muerte tiene derecho a apelar obligatoriamente ante un tribunal de jurisdicción superior, y deberán tomarse medidas para garantizar que esas apelaciones sean obligatorias. También tiene derecho a solicitar el indulto o la conmutación de la pena; en todos los casos de pena capital se podrá conceder el indulto o la conmutación de la pena ( http://www.ordenjuridico.gob.mx/TratInt/DerechosHumanos/PI130.pdf)

 



[1] Origen de la muerte. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/origen-de-la-muerte--0/html/ff644028-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

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La muerte como problema existencial del hombre (II)

 LA MUERTE COMO PROBLEMA EXISTENCIAL DEL HOMBRE

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


II.             CARACTERIZACIÓN DE LA MUERTE

La muerte es el mayor de todos los males y como mal mayor o supremo mantiene un proceso inevitable, irreversible, irreparable e insuperable.

La muerte se produce en un solo instante; en cambio, el proceso de morir podría ser doloroso, duradero, extenso y generar sufrimiento.

La muerte se caracteriza también por ser un hecho objetivo en el mundo real; es personal, inimitable, dolorosa, impredecible, comprobable por medio de procedimientos apropiados, universal en su alcance e irrebasable. “La muerte es también irrebasable porque constituye la posibilidad extrema de la existencia que se aniquila a sí misma” precisa Mijail Málishev.

A su vez, escribe Jankélévitch, ‘‘se trata de mí, es a mí a quien la muerte llama personalmente por mi nombre, a mí a quien señala con el dedo y de quien tira de la manga, sin darme la oportunidad de hacer pasar delante el vecino; no queda escapatoria, se me han agotado los plazos; el aplazamiento para más tarde, lo mismo que las coartadas y las postergaciones son ahora imposibles por más empeño que ponga el hombre concernido; la tercera persona ya no puede servirme de pretexto’’[1]

La propia muerte no puede ser vivida, pues según afirma Epicuro “cuando existimos, la muerte no existe y cuando está la muerte no existimos”.

La muerte es una coordenada del proceso existencial del ser humano, es un fenómeno bio-fisiológico y una situación-límite de la vida humana, que responde a determinas causas y produce serias consecuencias. El conocimiento que adquirimos  sobre la muerte se incorpora al bagaje cultural de nuestro mundo subjetivo.

La muerte es un fenómeno ligado a la naturaleza humana, es un fenómeno que reviste las características de ser enigmático, omipresente y ecuménico. “La muerte es un acontecimiento omnipresente y ecuménico porque llega a todos, sin importar rango o lugar, y nadie podría escaparse de sus tentáculos” subraya Mijail Málishev.

La muerte se caracteriza, además, por ser un hecho extraordinario, inesperado, inimaginable, lamentable, inadjudicable, intransferible, inescapable, inajenable, indeseable y amarga. “La propia muerte es inimaginable. En cualquier intento de imaginarla podemos darnos cuenta de que uno permanece presente como el observador” precisa Sigmund Freud.

La muerte es la cárcel eterna del hombre, es el fin del ciclo de la vida humana, llega siempre en el momento menos esperado y abre las puertas del recuerdo imperecedero.



[1] Jankélévitch, V. (2002:35). La muerte. Pre-textos, Valencia. 

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La muerte como problema existencial del hombre (I)

 

LA MUERTE COMO PROBLEMA EXISTENCIAL DEL HOMBRE

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

I.             INTRODUCCIÓN AL PROBLEMA DE LA MUERTE

Desde los inicios de la humanidad la muerte ha sido, es y siempre lo será un gran problema para la reflexión y de análisis crítico de los filósofos, científicos, investigadores, escritores, literatos, sociólogos, antropólogos, educadores, poetas, novelistas y periodistas.

El cese de la existencia individual constituye un verdadero acontecimiento social y un evento cultural que incluye ritos, juramentos, oraciones, duelos, cantos fúnebres, danzas, ceremonias religiosas, embalsamiento de los cuerpos, cremaciones, culto a los muertos, pompas fúnebres, entre otros, como si hubiera mediado un contrato entre vivos y muertos. A tal punto que el mexicano Octavio Paz, premio Nobel de Literatura, llegó a decir: “Nuestro culto a la muerte es culto a la vida”.

En los pueblos primitivos la muerte no era concebido como un final absoluto de la vida del hombre; ellos creían en la inmortalidad del alma, creían en la transición de la existencia carnal a otra espiritual. Los ritos funerales cumplían funciones específicas.

E. Adamson Hoebel, en su obra “Antropología: El estudio del hombre” (Barcelona, 1973:330) precisa que los ritos funerales cumplen cinco funciones básicas: 1) La participación en las ceremonias mortuorias, mediante la habitual dramatización de la creencia en la inmortalidad, prepara a los vivos para afrontar la muerte que les aguarda. “La creencia en la inmortalidad -escribió Malinowski-, vivida a través de lo ritual…les hace acariciar más fuertemente la creencia en su propia vida futura. Así, los ritos antes de la muerte confirman la perspectiva emocional que el hombre en trance de muerte llega a necesitar en su conflicto supremo”. 2) Los ritos sirven mágicamente para asegurar la separación del alma de su cuerpo, para guiar al muerto segura y convenientemente a través del tránsito supremo. 3) Sirven para reajustar a la comunidad después de la pérdida de uno de sus miembros y para regularizar las perturbaciones emocionales derivadas del trastorno de los hábitos afectivos en conexión con los muertos. La muerte generalmente evoca pesar. 4) Cuando se realizan festejos y regalos de propiedad, los ritos mortuorios efectúan incidentalmente una redistribución de la riqueza. 5) Finalmente, proporcionan esplendor y colorido, riqueza y profundidad a la vida a través del drama de su realización”.

A través del tiempo los investigadores del fenómeno de la muerte se formularon algunas preguntas como las que siguen: ¿Qué es la muerte? ¿nace el hombre destinado a morir? ¿es la muerte un sueño eterno, un misterio de la naturaleza o una eternidad sin fondo? ¿es la muerte una maldición o una bendición para el ser humano? ¿es cierto que los cobardes mueren antes de su muerte?

¿Por qué existe la muerte? ¿por qué muere el hombre? ¿por qué la muerte es el supremo enigma aún indescifrable de la vida humana? ¿por qué hay el temor a la muerte? ¿cómo se genera la angustia ante la muerte? ¿por qué la gente le teme a la muerte? ¿por qué hay personas que mueren de rabia?

¿Cuáles son las manifestaciones de una persona que está por morir? ¿cuándo la vida es un martirio el suicidio es un derecho? ¿se encontrará en los años venideros un remedio eficaz contra la muerte? ¿es justo y digno descender en el negro refugio de la muerte?

¿De vez en cuando es mejor la muerte que la vida? ¿vivimos después de la muerte? ¿se puede erradicar la muerte? ¿contiene el genoma humano los secretos de la muerte? ¿es la muerte el origen y el estímulo de toda filosofía? ¿es posible aprender a morir? ¿se podrá algún día derrotar a la muerte y garantizar a los humanos la eterna juventud?

Durante su existencia el hombre tiene que escoger entre el camino de la buena muerte o eutanasia o el camino de la mala muerte o cacotanasia.

La definición de muerte es un problema polémico, por cuanto los tratadistas no se ponen de acuerdo para dar una definición integral de muerte que cubra todos los aspectos que comprende.

Bien sabemos que el término muerte procede del latín mors, mortis, es la cesación de la vida del ser humano; cesasión que constituye desde su aparición un tema tabú y sobre el que no se habla, no se escribe mucho menos aún se investiga lo suficientemente.

La muerte es un fenómeno misterioso para el hombre, por cuanto no sabe de dónde viene la muerte, con qué viene la muerte, cómo viene la muerte y para qué viene la muerte. El hombre no sabe con seguridad y certeza qué hay después de la muerte y cómo evitar definitivamente la muerte.

La muerte es una dimensión y situación-límite de la vida humana, es el eterno despedirse sin retorno del mundo terrenal y de todo cuanto existe en el universo, y que aleja definitivamente el aburrimiento de la inactividad.

El hombre desde que tiene uso de razón sabe que es un ser mortal, que su estancia en el mundo es temporal o transitoria, sabe que debe morir, que tiene que morir en algún instante de su existencia y por alguna causa: enfermedad incurable, accidente, caída, incendio, veneno, bala, terremoto, etc., pero no sabe cómo, cuándo, dónde y por qué va a morir.

El hombre es la única especie animal cuya posibilidad de cancelación de su vida está omnipresente mientras viva, que aún piensa y cree en la sobrevivencia, en la resurrección de los muertos y en la inmortalidad del alma.

El hombre se distingue y diferencia de los animales porque mientras vive es capaz de pensar sobre su muerte al contratar un seguro de vida o al escribir su testamento, es capaz de proyectar y dar sentido a su vida con optimismo, fe y esperanza en tiempos mejores. Empero ante la muerte no tiene sentido su posición social, su patrimonio, sus riquezas o bienes materiales e intelectuales, sus planes, programas, proyectos de vida, sueños, ilusiones, pasiones y aspiraciones.

La muerte se abre paso y es aceptada por todas las personas del planeta Tierra y lo aceptan sin temor, sin resistencia, sin murmuro ni renegaciones, porque la muerte es un hecho inevitable e infranqueable, ante la cual no cabe actitud evasiva y no se puede excluir ni rehuir y solo cabe resignación y aceptación.

A medida que las personas van envejeciendo, tienen una mayor conciencia y experiencia de la muerte de amigos y de seres queridos y sienten un extraordinario temor cuando comprenden que ellos también van a morir. Aunque también hay otras personas que aceptan a la muerte con serenidad y resignación.

“Los pueblos griegos y latinos representaban a la muerte como una figura triste, con una antorcha apagada en las manos. A partir del cristianismo se la simboliza con un esqueleto armado de una guadaña”.[1]

La muerte no perdona a nadie; ante ella todos los seres humanos son iguales, sin tener en cuenta su lugar de nacimiento, su situación económica, su edad, su color, su raza, su calidad profesional, su género, su ideología y religión.

El fenómeno de la muerte es el mayor de todos los males que tiene el ser humano.

La persona que muere perpetúa su especie a través de sus seres queridos que quedan viviendo en el mundo terrenal y pasa al álbum del recuerdo imperecedero con sus producciones intelectuales, investigaciones realizadas y obras creadas.

No cabe duda que cuando un amor se rompe se reconstruye, pero cuando se rompe la vida con la muerte, jamás se vuelve a la vida.

Cada pensador y cada cultura poseen formas particulares de conceptualizar y de analizar el fenómeno de la muerte desde sus propios espacios y tiempos históricos.

El filósofo griego Sócrates, por ejemplo, subrayó: “La filosofía es una meditación de la muerte”, “El filósofo debe acudir gozoso a la muerte”. “Los que no cultivan la filosofía, lo único que cultivan es la muerte”, “Podría existir vida después de la muerte, pero no se puede demostrar” y “Las almas de los muertos existen en alguna parte de donde vuelven a la vida”. 

El novelista Pasternak decía que cualquier corriente filosófica es “un inmenso esfuerzo por superar el problema de la muerte y del destino”.

Por su parte el filósofo, poeta y ensayista español George Santayana había aseverado que “una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntar lo que piensa acerca de la muerte”.

En cambio, el filósofo chino Confucio llegó a formular, no con poca razón, la pregunta: “Si no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?”

Con Thomas Nagel diríamos: “…mi muerte es un capítulo de mi biografía que todavía está por escribir”.

Ya el filósofo neerlandés Baruch Spinoza precisó: “El hombre libre en ninguna cosa piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es meditación de la muerte, sino de la vida”[2]

Rainer M. Rilke pedía: “Oh Señor, dale a cada uno su muerte propia”. Todo lo que vive, muere y sería necio pretender escapar a esta ley universal.

En entrevista de Manuel Cisneros Milla, para el Dominical del diario El Comercio y ante la pregunta ¿podíamos concluir afirmando que nacemos programados para todo, incluso el morir? Jesús Mosterín respondió: “Claro, esto es evidente. Estamos programados para todo y en especial para morir. Hay unos experimentos muy conocidos para determinar lo que se conoce como el límite de Hayflick, que se da cuando se saca una célula de un feto, por ejemplo, del tejido epitelial, y se pone en un plato del laboratorio a una temperatura conveniente y en un líquido que tiene los nutrientes adecuados. Al cabo de un tiempo esa célula se divide en dos, y estas dos en otras dos y así las cuatro en otras, y se van duplicando y se tienen cada vez más. Esto puede durar semanas, meses y de pronto todas las células del plato se mueren a la vez y es entonces cuando se dice que han alcanzado su límite de Hayflick, que es el número de divisiones que experimenta una célula antes de dejar de dividirse y morir, lo que es distinto en cada especie. O sea que la muerte está programada”.[3]

A continuación, presentamos reflexiones breves sobre el fenómeno de la muerte efectuadas por célebres pensadores de diferentes épocas históricas:

Anaximandro: “De donde los seres humanos tienen origen, allí también tienen la destrucción según necesidad”.

Platón: “La muerte es la separación del alma del cuerpo” (Fedón, 64 c)

Plotino: “Si la vida y el alma existen después de la muerte, la muerte es un bien para el alma porque ejerce mejor su actividad sin el cuerpo. Y si con la muerte el alma entra a formar parte del Alma universal: ¿qué mal puede haber para ella?” (Enn., I,7,3).

Jean Jacques Rousseau: “La necesidad de morir proporciona al hombre sabio una razón para soportar las penas de la vida.”

Schopenhauer: “La condición de no ser después de la muerte no difiere de la condición anterior al nacimiento. Por lo tanto, la una no puede ser más lamentable que la otra”.

Carlos Marx: “la muerte aparece como la dura victoria de la especie sobre el individuo”.

Martín Heidegger: “Ninguno puede asumir el morir del otro. Eso sí, cada uno puede “morir” por Otro”.

Wittgenstein: “La muerte no es un evento de la vida; no se vive la muerte”. (Tractatus, 6.4311)

Jean-Paul Sartre: “La muerte es un puro hecho, como el nacimiento; viene hacia nosotros desde el exterior y nos transforma en exterioridad. En el fondo no se distingue de manera alguna del nacimiento y denominamos facticidad a la identidad del nacimiento y de la muerte” (L´etre et le néant, 1955, p.630)

Adam Schaff: “La muerte es un sin-sentido total, que convierte todo lo que hacemos en algo incierto”.

Miguel de Montaigne: “Quien enseña al hombre a vivir, le enseña a vivir.”

Séneca: “La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo, y para muchos un favor.”

Napoleón Bonaparte: “La muerte es un ensueño sin ensueños.”

Mahatma Gandhi: “Si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel.”

Juan Luis Vives: "Es la muerte la falta de instrumentos del alma por los cuales se prolonga la vida."

Moliére: "La muerte es el remedio de todos los males; pero no debemos echar mano de éste hasta última hora."

José Luis Borges: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.”

Francis Bacon: “He meditado mucho sobre la muerte y encuentro que es el menor de todos los males.”

León Tolstoi: “La muerte no es más que un cambio de misión.”

Marco Aurelio: “Morir no es otra cosa que cambiar de residencia.”

John Milton: “La muerte es la llave de oro que abre el palacio de la eternidad.”

Baltasar Gracián: “La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.”

Walter Scott: “¿La muerte es el último sueño? No, es el último despertar.”

Maximilian Robespierre: “La muerte es el comienzo de la inmortalidad”.

Tom Wolfe: “La muerte es el último viaje, el más largo y el mejor.”

Pedro Antonio de Alarcón y Ariza: “La muerte es el puerto de todos los dolores.”

Mario Benedetti: “Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida.”



[1] Enciclopedia Ilustrada Cumbre, Tomo VIII, Editorial Cumbre, S.A., México, D.F, Tercera Edición, 1962, p.392.

[2] Baruj de Spinoza, Ethica, parte IV, prop. LXVII.

[3] Mosterín, Jesús. Filosofía y Ciencia. Un continuo. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Fondo Editorial. Lima, Primera Edición, setiembre de 2011, pp.72-73.

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