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lunes, 12 de octubre de 2020

EL CAPITAL INTELECTUAL EN LA SOCIEDAD GLOBAL

 EL CAPITAL INTELECTUAL EN LA SOCIEDAD GLOBAL

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


El siglo XXI es el siglo del saber, el siglo de la revolución de la información y la comunicación, el siglo de la libertad y de la esperanza, el siglo de la racionalidad científica y tecnológica, pero por sobre todas las cosas es el siglo de la sociedad del conocimiento.

No cabe duda alguna que vivimos en una sociedad del conocimiento, en la que el tiempo es más corto (lo que se conoce como «aceleración de la historia») y el espacio es más pequeño (lo que se denomina «aldea global»). Lo cercano y lo lejano, lo real y lo virtual, lo importante y lo urgente, lo verdadero y lo falso, lo genuino y lo espurio, lo exaltado y lo degradado, lo público y lo privado se confunden, se mezclan tan profunda y casi perfectamente, hasta el punto de parecer indistinguibles o imperceptibles. Lo gubernamental y el servicio público se confunden con lo comercial, lo institucional se convierte en organización; lo cierto se hace dudoso y lo utópico puede convertirse en probable

Hernando Gómez Buendía, en su obra «Educación: La agenda del siglo XXI hacia un desarrollo humano», con fundadas razones asevera que «La revolución científica es el motor de este tempo de vértigo. Aunque no sea fácil medir el conocimiento, dicen los entendidos que, si la vida del Homo Sapiens sobre la Tierra hubiese durado una hora, el 95 % de su saber provendría de los últimos 20 segundos. En los últimos 4 segundos -en el siglo XX- se han producido 9 décimos de aquel saber, y en el último segundo- en estos 25 años- hemos aprendido tres veces más que durante el medio millón de años anteriores»

Bien vale la pena recordar que en 1750 se duplicó por primera vez el conocimiento de la humanidad. Ciento cincuenta años después, o sea en 1900, se repite el mismo fenómeno. Nuevamente se duplica alrededor de 1955. A la fecha el conocimiento humano se duplica cada 5 años. Y se estima que para el año 2020 se duplicaría cada 73 días.

En 1969 Jean-Jacques Servan-Schreiber, en una de sus obras más leídas, El Desafío Americano, se adelantó en advertir que «Ni las legiones, ni las materias primas, ni los capitales son ya las marcas ni los instrumentos de poder. Y las propias usinas son sólo su signo externo. Las fuerzas modernas son la capacidad de inventar, o sea, la investigación, y la capacidad de introducir las invenciones en los productos, es decir, la tecnología. Los yacimientos que hay que explorar no están hoy ni en la tierra, ni en el número, ni en las máquinas – residen en el espíritu. Más precisamente, en la aptitud de los hombres para reflexionar y crear... La formación, el desarrollo, la explotación de la inteligencia, ése es el único recurso. No hay otro...»

El capital intelectual o conocimiento es el capital más importante con que cuenta el mundo del tercer milenio, como producto de la tecnoglobalización. La tecnoglobalización posibilita el desarrollo de la industria de programas informáticos, la venta de productos en línea, la prestación de servicios administrativos y de control más eficaz, la práctica de la telemedicina, la teleducación, el conocimiento de los pronósticos metereológicos, el impulso del telecomercio y del teletrabajo.

El conocimiento constituye el valor agregado principal e imprescindible en todos los procesos de producción de bienes y de servicios de una nación, y convierte el dominio del saber o conocer sin fronteras en el factor básico e irremplazable de su desarrollo autosostenido, de las cuales dependerá en mucho el éxito de las empresas, universidades e industrias en el presente y el futuro.

La transitoriedad del conocimiento y de las imágenes de la realidad, obligan a los estudiantes y a las personas a reorganizar su almacén de imágenes, aprender de nuevo hoy lo que ayer creían saber; pues las verdades de ayer se convierten súbitamente hoy en ficciones y que deben ser reemplazadas, renovadas, revisadas, revitalizadas cada vez más de prisa. El conocimiento se vuelve fugaz, temporal y transitorio. Para adaptarse positivamente a la ambivalente sociedad global las personas y los estudiantes deberán aprender de nuevo la realidad.