Artículos periodísticos y de investigación

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15 de julio de 2019

EL APRISMO Y LA DESCAUDILLIZACIÓN DEL PODER


EL APRISMO Y LA DESCAUDILLIZACIÓN DEL PODER

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Partido sin caudillo, ni nombres propios, el nuestro debe ser un Partido de principios y no de personas. Sin duda el primero que aparece en el Perú de nuestro siglo.

Haya de la Torre.

El caudillaje es un sistema de acción política y de gobierno, que se caracteriza por la preeminencia de los caudillos militares y sus disputas por el poder político.
Al respecto, el historiador Jorge Basadre señala: “Es la adaptación tropical de la democracia. Es la venganza de la realidad contra los cánones rígidos que se quiere trasplantar de tierras ultramarinas, o de libros enfáticos. En vano se suceden las Constituciones con modificaciones intrínsecas, más o menos trascendentales: el caudillaje persiste con sus revoluciones, su fatal secuela. Y las revoluciones son, o pretenden ser, dictaduras plebiscitarias. El caudillaje resulta favoreciendo a la democracia a su manera. Derriba el mito legalista, pero permite el encumbramiento de genuinos productos del pueblo, a cuya clase social no estaba abierta aún la posibilidad de la cultura y del auge. Es una válvula de ascensión que no ofrecía en lo demás la vida de entonces, que dejó intactas las bases feudales de la economía de la colonia…) Pero fue funesto porque acentuó la desorganización, porque implicó el predominio de intereses bastardos o mezquinos, porque no se sedimentó en una gran figura estable, porque no mató del todo a la colonia”.
El caudillo es todo líder político, cuyo poder discurre de la ascendencia emocional sobre las masas populares. Por extensión, se aplica a dictadores y tiranos, cuyo gobierno, en escala regional o nacional, se basa esencialmente en el apoyo irrestricto de adeptos civiles y militares.
El caudillismo fue un fenómeno social y político surgido en el siglo XIX en Hispanoamérica. Pero también fue una consecuencia de la etapa del régimen colonial a la independencia. Las nuevas instituciones políticas, creadas después de 1810 se inspiraron en un pensamiento teórico y en la imitación de formas de gobierno republicano, sobr3e todo de los E.U.A. Las primeras constituciones políticas de Hispanoamérica pretendieron implantar instituciones que surgieron en condiciones históricas diferentes y cuyo funcionamiento real era desconocido por la casi totalidad de sus propugnadores. De ahí que tuvieron gran dificultad para aplicarlas en beneficio de la mayoría de las nuevas naciones, llegando a generar frecuentes golpes de estado y revoluciones, o reformas constitucionales para legitimar anormalidades políticas.
A raíz del caudillismo aparecieron en cada país de América Latina líderes carismáticos cuya forma de acceder al poder y llegar al gobierno se basaba en mecanismos informales y difusos de reconocimiento del liderazgo por parte de fracciones importantes de las masas, que depositaban en el caudillo su confianza, apoyo y facultad para resolver los problemas colectivos como mejor le parecía. Cuando el caudillo no satisfacía las expectativas de las mayorías y éstas se veían frustradas o desengañadas, las fracciones de las masas se ponían de acuerdo para seguir a otro caudillo que lograra interpretar sus aspiraciones, anhelos, intereses y necesidades en procura del desarrollo del país.
En un artículo suscrito por Haya de la Torre, en el mes de octubre de 1924, en Londres, se lee lo siguiente: “Después de la batalla de Ayacucho, nuestra historia nacional es sólo un cúmulo de indignidades. El Perú republicano como el Perú Colonial, ha vivido bajo el sometimiento más oprobioso, bajo la explotación más cínica de todas aquellas castas de caudillos y politicastros que han usufructuado de los presupuestos fiscales durante un siglo. Los apellidos de las grandes familias se repiten constantemente en nuestra historia política. Hemos soportado una verdadera dinastía gubernamental y todos sabemos que de cada cien fortunas noventaicinco son de origen fiscal en el Perú”.
Las causas de la aparición del caudillismo en América Latina fueron principalmente la ausencia de consenso político, la existencia de teorías de gobierno utópicas y la guerra de la independencia. Los partidos de los caudillos eran hombre de armas y personas de las clases adineradas que ofrecían su concurso económico con la esperanza de recuperarlas con creces tan pronto se hacían del gobierno. Así surgieron los caudillos que deponían por la fuerza y la punta de las bayonetas a los gobernantes de turno, disolvían el Congreso o se autoproclamaban presidentes provisionales, para ulteriormente convocar a un nuevo Congreso y a nuevas “elecciones” y auto-elegirse mandatario de la Nación.
El caudillismo se desarrolló principalmente en México, España, Portugal, Perú, Argentina, Colombia, Bolivia, Paraguay, Ecuador y Venezuela.
Entre algunos de los caudillos de mayor influencia podemos mencionar a Jorge Eliécer Gaitán, en Colombia; Juan Manuel de Rosas, en Argentina; Antonio López de Santa Anna, en México; José Gaspar Rodríguez de Francia, en Paraguay; José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, José Tadeo Monagas, en Venezuela; Francisco Franco, en España; Antonio de Oliveira Salazar, en Portugal y Agustín Gamarra Messía en Perú
Son consecuencias principales del caudillaje la inestabilidad política debido a los sucesivos años de enfrentamientos políticos presididos por las diferentes facciones que se disputaban el poder periódicamente y que en algunos casos desembocó en dictaduras, represiones a la oposición, estancamiento y retraso económico, político y cultural.
De esta forma, las repúblicas hispanoamericanas se constituyeron sobre una base inconsistente, sobre un Estado desorganizado económicamente y caótico en el orden político, sin planes de gobierno, imperando sí la fuerza bruta como herencia. Se reorganizaba el gobierno sólo para desacreditar al anterior presidente y jalar agua para su molino, abandonando las obras emprendidas y ejecutando otras nuevas de mayor impacto político-electoral. Se llegó a consolidar fuertes regionalismos o chauvinismos parroquianos al compás de las ambiciones personales del caudillo. Agustín Gamarra Messía, por ejemplo, representó los intereses del sur andino, del Cuzco; Andrés de Santa Cruz, los de Bolivia y Arequipa.
Desde que Perú fue una república independiente atravesó por una etapa gubernamental de inestabilidad política, de guerras, de despilfarro, de corrupción e inmoralidad, de lucha de caudillos organizados por los militares para alcanzar la presidencia de la República. La larga sucesión de caudillos políticos, de militares en el poder, impidió concretar cualquier tipo de políticas a largo plazo que promoviera el bienestar individual y colectivo.
Leguía permaneció en el poder durante once años (1919-1930) con una política de manipulación del orden jurídico y amedrentamiento de la oposición. Este período, conocido como el Oncenio, terminó en 1930 con el popular golpe de estado de Luís Miguel Sánchez Cerro, que inició un período de gobiernos militares y de irrupción de movimientos populares –como el APRA o el Partido Comunista Peruano – en el escenario político. Al final de este período se sucedieron presidentes democráticos interrumpidos primero por el Ochenio de Manuel Arturo Odría A., y un breve golpe militar para continuar con la sucesión presidencial. Durante los años 60 la crisis política se hizo patente, lo que provocó la revolución de las Fuerzas Armadas, en 1968, al comando del general Juan Velasco Alvarado, con una política anti-estadounidense y relativamente anti oligárquica. La presidencia de la República de Perú había sido asumida por el general Francisco Morales Bermúdez en el año de 1975 y se puso fin a la Revolución de las Fuerzas Armadas y se retornó a la democracia. Se redactó entonces una nueva Constitución política mediante una Asamblea Constituyente en 1979, asamblea presidida por Víctor Raúl Haya de la Torre y se convocó a elecciones en 1980.
Víctor Raúl Haya de la Torre, en sus Obras completas explica que el aprismo es un partido político anti-caudillista: “Y el aprismo no es Partido para mí, cosa que jamás pensé ni a la que jamás aspiré. Es un partido para el pueblo y allí está” (Obras completas, Tomo 1:365). “En el Partido las personas quedan atrás. Son los principios, los ideales, los caminos, los designios, los rumbos, los que nos guían, nos inspiran, nos dirigen. Porque son las verdaderas consignas con que nosotros trabajamos por el Perú”  Obras completas, Tomo 5:504).  Haya de la Torre, al aceptar, de manera responsable y consciente de sus consecuencias, la designación por su partido, el Apra, como candidato a la Presidencia de la República de Perú, expresó: “En el aprismo, no hay caudillos sino la voluntad de las mayorías, y soldados sumisos que cumplimos las órdenes de las mayorías” ( Luis Alberto Sánchez, Haya de la Torre o el político, Lima, 1979:183).
En su discurso por el Día de la Fraternidad, pronunciado en Lima el 25 de febrero de 1961, Haya de la Torre enfatizó: “En un movimiento como el nuestro, las personas no tienen importancia; por consiguiente, las candidaturas no son fines sino medios. ¡Ay de los impacientes, que quienes podíamos serlo, no lo somos! Hay que tener otras preocupaciones”.
Explicaba Haya de la Torre: “Hasta que el Aprismo aparece, los partidos surgidos habían sido hordas caudillistas que llevaban un nombre propio: pierolismo, cacerismo, gamarrismo, orbegosismo, etc. Nosotros somos, pues, un capítulo nuevo en la historia política del Perú, cuando aparece un Partido que no lleva el nombre de una persona, pero que tiene su partida de bautismo heroica en un nombre y apellido que representa a la familia peruana, que quiere justicia y libertad” (Ediciones Okura, Revolución sin balas. 15 discursos de Haya de la Torre, Lima, 1984: 207).
Decimos que el aprismo es un partido anti-caudillista por varias razones: No lleva el nombre propio de un caudillo ni de hombres providenciales. El aprismo se formó al conjuro de ideas, de principios, de programas y no de personas ni de familias. El aprismo es un partido en el que predomina la voluntad, las decisiones, orientaciones y órdenes de las mayorías.
En el Perú debe superarse definitivamente aquellas etapas nefastas en que imperó el caudillaje político que castró rebeldías, frustró esperanzas, engendró golpes de Estado, acentuó la dependencia al imperialismo y la exp0lotación de clases sociales, que dio origen a la geminación y consolidación de oligarquías militares y financieras en contra de los intereses nacionales.
El futuro de los pueblos demanda gobiernos populares que sean capaces de promover la transformación total de las estructuras y arribar a la felicidad de las mayorías nacionales, cosa que sería imposible de alcanzar a través de gobiernos-caudillo.

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