domingo, 8 de marzo de 2009

EL TERCER MILENIO Y EL CAMBIO EN LO ÉTICO

EL TERCER MILENIO Y EL CAMBIO EN LO ÉTICO
Escribe: Eudoro Terrones Negrete


Algunos piensan que la sociedad global muestra una época de nostalgia e incertidumbre, de actitud nihilista (los valores supremos pierden validez); una época de aproximación lamentable hacia una ética light, época de descrédito de lo absoluto como producto de una nueva idolatría del capital o de una «nueva religión» la del «mercantilismo» (dogma básico: el poder del dinero; sacramentos: los productos comerciales; Iglesias: los bancos, y sacerdotes: los banqueros y financieros).
Estamos viviendo en una sociedad global caracterizada por ser exclusivista y excluyente socialmente, en el que no se respeta la línea divisoria que debe existir entre periodismo y publicidad, entre información periodística y aviso publicitario, entre propaganda y publicidad, con grave perjuicio ético para el periodista y el público.
Es un lugar común el hecho de sostener que el monopolio y el oligopolio de los medios de comunicación en el ámbito mundial viene afectando en forma incontrolable e imparable el derecho de los destinatarios de la información de contar con una información veraz, objetiva, responsable, honesta, transparente y pluralista. Al respecto el Consejo de Ministros de Europa no se equivocó cuando advirtió en el año de 1991 que la concentración de la propiedad de los medios «podría ser perjudicial para la libertad de información y el pluralismo de opiniones, así como para la diversidad de las culturas».
Las libertades de ser, de creer, de discernir, de pensar y de expresarse libremente están siendo desplazadas por la libertad de consumir, la libertad de producir, la libertad del mercado de ganar dinero y más dinero, materializando en demasía la vida del ser humano.
Vivimos en una sociedad mediática, en la que se condiciona la dignidad del ser humano a la economía, al «Tanto tienes, tanto vales», «Si se tiene algo, se vale algo, y si no tiene nada no se vale nada».
Los temas más candentes y de mayores desafíos de la ética se abordan en la bioética, la ética ecológica, la tecnoética, la ética de los negocios, la ética de lo mediático, la ética de la «membresía» o participación en las organizaciones y la ética profesional. Cabe mencionar, por ejemplo, autonomía versus intimidad, regulación o no del vandalismo cibernético (virus, hackers), relación entre lo público y lo privado en Internet, nuevas clases sociales virtuales, los ciborgs, el interés público versus el interés del público, la privacidad y el uso de cámaras ocultas, entre otros.
Los adelantos científicos y tecnológicos nos plantean situaciones, temas, problemas nuevos y nos generan dilemas éticos nuevos, que afectan hondamente nuestra vida: la forma cómo vivimos, pensamos, consumimos, producimos, descansamos, cómo nos relacionamos, cómo entendemos y hasta la forma cómo soñamos.
Los avances en la genética y en la biología molecular son un ejemplo fácil y emblemático de cuanto decimos.
Se ha dicho que la ciencia parece ir mucho más rápido que la conciencia. Se dice, también, que la ética no es estática y que va cambiando conforme cambia la vida y avanza la ciencia y la tecnología, que nos ubica en una posición de seres con déficit ético y con deudas éticas. Y el pago de esta deuda interna ética comporta la complejidad y el problematismo a la del pago de la deuda interna y la deuda externa de los países.
Ya la superación de este déficit y de esta deuda ética implica la búsqueda de una ética generalizada de la responsabilidad civil, de gobernantes y de gobernados, del hombre común y corriente, con el fin de reorientarnos por los caminos morales, de guiarnos en infinidad de situaciones comunes a todos y de público interés.
Hay la necesidad de prepararnos a vivir para saber lo que tenemos que ser y lo que tenemos que hacer en nuestro contexto, en la sociedad del conocimiento. Nueva sociedad que importa nuevos tipos de comportamiento moral, toda vez que cuando hay cambios de paradigmas «todo vuelve a cero».
Los problemas de ayer, no son los problemas de hoy ni del mañana. Hay nuevos problemas de carácter ético y que demandan al ser humano una nueva manera de ser y de comportarse, nueva manera de aprender a pensar en forma dialéctica y no lineal, de aprender a conocer, de aprender a hacer las cosas bien, de aprender a vivir juntos y en paz, de aprender a ser positivos y fraternos, de aprender para la vida y durante toda la vida y saber actuar en un contexto imprevisto, desconocido, azaroso, confuso, momentáneo o continuo.
En este nuevo mundo, el origen de la riqueza y del poder, ya sea económico, político o militar, se encuentra en la capacidad de generar y de manipular la información y de convertirlo en conocimiento.
Hoy en día crece una especial sensibilidad hacia la ética, especialmente en los ámbitos empresariales, políticos, académicos y financieros como condición indispensable para una gestión exitosa. Más aún cuando según la tesis de Giovanni Sartori «el video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns, apra el cual la palabra está destronada por la imagen» («Homo Videns»).
En una economía de mercado que se basa en dar apoyo a la creatividad y a la competitividad, la ética del diseño, la ética de la creatividad, la ética de la investigación y la ética compartida, ocupan un espacio singular y un lugar central.
Entre los grandes temas y problemas éticos de la sociedad del conocimiento se consideran la indiferencia del hombre consigo mismo; la clonación (fabricación) de seres humanos; la demanda de «legalización» del matrimonio entre seres humanos del mismo sexto; la contaminación del medio ambiente; el uso de Internet con fines de promoción y defensa del terrorismo, de los vicios y lacras sociales y la ciberpornografía.
También la cleptocracia; la carrera armamentista; la manipulación de conciencias; el libertinaje; el acoso laboral; la competencia desenfrenada entre países y empresas desiguales; la eutanasia (derecho al suicidio); la impunidad de la corrupción y la inmoralidad; la legalización del aborto; el matrimonio de los sacerdotes de la religión cristiana; la legalización del consumo de drogas; la legalización del narcotráfico con fines de pago de la deuda externa de los países de América Latina.
Además, el autoritarismo de las empresas y de los organismos multinacionales, con respecto a los países de velocidad lenta; la exclusión social que genera el fenómeno y proceso de la globalización económica a nivel de las sociedad del mundo; la división entre los inforricos y los infopobres (infoexclusidos, infooprimidos o infosobrantes), es decir entre aquellas personas que poseen el control de la información, y aquellas que dependen de otros para tenerla; el narcoanálisis; la silla eléctrica; los padres que son Testigos de Jehová y que tienen un hijo al cual no aceptan se le practique una transfusión de sangre; el abandono de millones de niños por la destrucción de sus hogares, ocasionados por padres irresponsables; la perpetuidad del caciquismo de los partidos políticos, de cúpulas burocráticas y de sus dirigentes que son los mismos durante mucho tiempo, con sus mismos defectos, vicios, mañas y artimañas.
Finalmente, el tráfico de influencias para la obtención de posiciones privilegiadas en el mercado; la ingeniería genética: hasta dónde, hasta cuándo, cómo, quién, con qué fines se usa esta tecnología para alterar la capacidad de procreación de las personas; los nacionalismos xenófobos; los grupos religiosos intolerantes que amenazan la paz; la instrumentación de impuestos sobre las transnacionales financieras especulativas; la entrega de las empresas de los Estados nacionales a los grandes consorcios extranjeros y la predominancia de estructuras monopólicas y oligopólicas, en los ámbitos nacional y mundial.
En el futuro, a la etapa de pluralismo en la difusión y la concentración de la producción, es muy probable que le siga una mayor concentración en la que desaparecerá el pluralismo en la difusión, debido a las posibles grandes fusiones de empresas productoras de contenidos y empresas de transmisión de las informaciones.
No es una exageración el sostener que vivimos en una sociedad con las manifestaciones siguientes: sociedad consumista y permisiva de antivalores, que aísla al hombre de su contexto vital y social; los bienes materiales están hondamente concentrados en pocas manos; la falta de solidaridad humanas; el predominio del prurito de acuñar dinero y más dinero o de actuar sólo en términos de rentabilidad económica empresarial; las estructuras socioeconómicas se mantienen inalterables; la brecha social entre ricos y pobres es cada día mayor, la jerarquía de los oficios y de las profesiones de acuerdo con la productividad monetaria: Al que tiene dinero, se le respeta; al que no tiene dinero, se le desprecia. La alteridad del Ser ha si sustituida por la alteridad del Tener. Más vale la persona que dispone de recursos económicos, sin importante de dónde lo extrajo, cómo lo ganó y en qué lo invierte.
Entre otros problemas éticos se consideran los siguientes: el uno desconfía del otro, o todos desconfiamos de todos; la mala distribución y el mal uso del capital; la predominancia de intereses individuales frente a los intereses colectivos; los gobernantes se aprovechan de la buena fe o de la ignorancia de vastos sectores de la población, haciéndoles promesas que a sabiendas nunca las cumplirán. Constituyen problemas éticos en el mundo de hoy: la fetichización de la economía. Se venera o rinde culto al dinero, de manera exagerada e irracional, atribuyéndole poderes mágicos, sobrenaturales y omnímodos, creyendo que el dinero es don caballero, que el dinero lo puede todo y que es el único medio con que se puede contar para solucionar los males de la humanidad.
Finalmente, la deshumanización de las relaciones sociales; la cultura de la muerte (esterilización, anticoncepción, aborto, eutanasia, violencia sádica, etc.). El bien común ha pasado a segundo plano. Vivimos una «moral de los señores» (moral de los opresores, que son los menos) y una «moral de los esclavos» (moral de los oprimidos, que son los más); los jugosos sueldos en las planillas secretas de la administración pública y privada; se afecta la ingenuidad de las personas para lograr la credibilidad de lo que es tácitamente falso y muchas veces insensato.
Y hay quienes, como Alessandro, que piensan en la necesidad de contar con una ética para el ciberhombre, es decir una ética específica para la persona mientras se encuentra navegando y que lo justifica afirmando que la conexión telemática tiene un ethos propio constituido por «el movimiento mismo de la navegación efectiva, en un diálogo constante, cerrado y problemático, que sólo se establece en el juego de las conexiones y que nunca llega a determinar de un modo unívoco reglas ciertas y universalmente válidas» («Por una ética de la conexión telemática»).