miércoles, 11 de marzo de 2009

SÓCRATES, EL MÁRTIR DE LA FILOSOFÍA

SÓCRATES, EL MÁRTIR DE LA FILOSOFÍA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


Sócrates se rebeló contra los templos y los dioses, creía en un solo Dios, por lo que fue víctima de la envidia de sus enemigos, quienes lo acusaron de “impío”, de “no honrar a los dioses que la ciudad honra”, de “corruptor de la juventud” y demandaron que fuese condenado a muerte por el tribunal de los Heliastas debiendo beber la cicuta.

Por la firmeza y serenidad demostrada durante su defensa; por la rectitud de su conducta moral; por su vocación de servicio a la juventud y a la comunidad; por la grandeza de su espíritu, que se sobrepuso a todo tipo de interés subalterno; por su vida austera y ejemplar; por las virtudes que supo cultivar durante su existencia; por su respeto profundo a las leyes de la República, por el cumplimiento de su misión divina sin variar un solo milímetro y por la consecuencia con sus ideas y principios y que muere defendiéndolas con la fuerza de la razón Sócrates es calificado, históricamente, mártir de la filosofía.

En cuanto mártir, Sócrates confesó con serenidad, humildad, valentía y sin jactancia menos aun pedantería, su vocación por la verdad, la justicia, el saber y la conducta moral. Sacrificó, como ningún otro, sus intereses personales y de grupo; no abandonó la filosofía; se sobrepuso con tranquilidad de ánimo a las críticas y denuncias de sus opositores, enemigos declarados y calumniadores.

El mártir de la filosofía se impuso a la posteridad con su energía intelectual, luminosa, consolidada y penetrante; con la autenticidad de su conducta, con el heroísmo en el testimonio de sus principios y creencias que verdaderamente sorprende a los hombres de su época y de la actualidad, sin ceder jamás en la defensa de la verdad, de la educación de las leyes y los intereses de la República.

No quiso pedir perdón, se valió en su defensa de sus propias convicciones, principios e ideas, e inclusive rechazó los medios que le ofrecían sus amigos para escaparse de la prisión. El maestro y filósofo se negó a huir a sabiendas que su condena a muerte era injusta. En cumplimiento de su deber moral y de la ley ateniense, más allá de todo interés personal y dando especial muestra de grandeza de espíritu tomó su copa de veneno (“la cicuta”) y luego de dirigirse a sus discípulos con un elocuente e histórico discurso sobre la inmortalidad del alma murió serenamente convencido de haber pregonado una doctrina justa, digna y humana.

Su muerte se convierte en un mito y pasa a la posteridad como el hombre más sabio, el más justo, el más libre y el más feliz entre los hombres; ejemplo de virtudes morales: bondad, humildad, veracidad, honestidad y responsabilidad.

Sócrates fue una de las primeras víctimas de la democracia de Atenas. En el año 399 fue llevado a juicio acusado de impiedad, de idolatrar a dioses y de corromper a los jóvenes, pero jamás le arredraron las cadenas, las calumnias, las injusticias, el odio, las amenazas de muerte ni la envidia de sus enemigos.