miércoles, 11 de marzo de 2009

CRÍTICAS AL PENSAMIENTO DE SÓCRATES

CRÍTICAS AL PENSAMIENTO DE SÓCRATES
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


ARISTÓFANES Y “LA NUBES”

Aristófanes, el más célebre de los poetas cómicos griegos y el representante más ilustre de la comedia antigua, maestro en la sátira política, es autor de la obra “Las nubes”. En esta obra satiriza a Sócrates y se burla de él: “Este charlatán desvía a la juventud de nuestras enseñanzas”. Le presenta a Sócrates como un sofista que aparece exigiendo altos honorarios a cambio de sus enseñanzas, pero también como un ateo, que no cree en los dioses de la ciudad y como de quien se puede aprender a hacer triunfar la causa débil o injusta sobre la causa fuerte o justa.

Aristófanes, a través de uno de los personajes de la obra, Estrepsíades, manifiesta que Sócrates vivía en una casita denominada “caviladero de los espíritus selectos” en el que “Si se les paga, ellos te enseñan a ganar pleiteando todas las causas, las justas y las injustas”; en el que viven según Fidípides “esos fantasmones, paliduchos y descalzos, entre los que están el desgraciado de Sócrates y Querefonte”.

En la obra de Aristófanes, “Las Nubes”, se dice que Sócrates camina con paso arrogante por las calles, lanza miradas de reojo, soporta descalzo muchas cosas desagradables y presume a costa nuestra (CORO).

Aristófanes hace decir a Sócrates que camina por los aires y pasa revista al sol; que “Son las Nubes celestiales, grandes diosas para los hombres inactivos, que nos facilitan el pensamiento, la dialéctica, la inteligencia, la expresión de invenciones novedosas, el circunloquio, el desconcertar al auditorio y el tenerlo a raya”; que “Zeus ni siquiera existe” y que en lugar de Zeus reina el “torbellino etéreo” (o Dinos); que “Pues ándate listo para que cuando yo lance algunas enseñanzas sabias sobre las cosas celestes, tú las cojas al vuelo”; que “No hagas girar siempre tu pensamiento alrededor de ti mismo; más bien deja que vuelen por el aire tus ideas, como un abejorro atado por la pata con un cordel”.

En nuestra opinión lo que hizo Aristófanes en Las Nubes, es presentarnos a Sócrates totalmente caricaturizado, toda vez que Sócrates nunca fue sofista, por el contrario, los combatió implacablemente; jamás cobró un céntimo por sus sabias enseñanzas; siempre respetó la religión de su ciudad y ha creído en la providencia que gobierna el mundo según las leyes de la razón; aspiraba a reformar la religión popular separándose del culto oficial en todo lo que se apartara de la moral. Sócrates decía, frecuentemente, que debemos rogar a los dioses, no para que nos den esto, aquello o lo otro, sino que nos den lo que sea bueno, por que según él solamente los dioses saben lo que es bueno, lo ven todo y lo saben todo, no sólo los actos, sino las intenciones. Sócrates aconsejaba a sus amigos y discípulos que consulten al dios de Delfos para la mejor toma de sus decisiones y la solución de sus incertidumbres a lo largo de la vida.

NIETZSCHE Y “EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS”

Nietzsche, en su obra El crepúsculo de los ídolos, pretende denunciar lo que él denomina la hipocresía de Sócrates como la falsa interpretación que de su personalidad y doctrina han realizado la mayoría de los autores de todos los tiempos, salvando de su crítica lapidaria sólo a Heráclito por su propuesta del cambio y su rechazo al mundo real.

Nietzsche era un filósofo muy especial y contradictorio, casi nada tolerante con sus adversarios, decía “en general, no gusto de aprobar; prefiero contradecir y hasta negar” (El crepúsculo de los filósofos).

De Sócrates llegó a decir que “fue un polichinea que hizo que le tomaran en serio”, que “era un gran erótico”.

“Esta irreverencia de considerar a los sabios como tipos de decadencia nació en mí precisamente al observar en Sócrates y en Platón síntomas de decadencia, y desde luego los consideré como instrumentos de la descomposición griega, como seudogriegos y antigriegos” (El origen de la tragedia, 1872).

“Los desarreglos que confiesa y la anarquía en los instintos no son los únicos indicios de decadencia en Sócrates; también es un indicio la superación de lógica y aquella malicia raquítica que le distingue. No olvidemos tampoco las alucinaciones del oído que, bajo el nombre de demonio de Sócrates, han sido objeto de una interpretación religiosa. Todo era en él exagerado, bufón, caricaturesco, todo, además, lleno de segundas intenciones, de subterráneos. Quisiera adivinar de qué idiosincrasia pudo nacer la ecuación socrática: razón = virtud = felicidad; la más extravagante de las ecuaciones y contraria, en particular, a todos los instintos de los antiguos helenos” (El crepúsculo de los ídolos).

Cuando habla de Grecia antigua, Nietzsche saca a relucir una confesión expresa cuando manifiesta que “a los griegos no les debo absolutamente nada. De los griegos no se aprende…”.