sábado, 7 de marzo de 2009

EL CONCEPTO DE FILOSOFÍA EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA

EL CONCEPTO DE FILOSOFÍA EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


La filosofía en la edad contemporánea, que comprende desde fines del siglo XIX hasta nuestros días, es la última etapa histórica de la filosofía, es una etapa compleja, controvertible, diversa y de permanente cambio como producto de los avances científicos y tecnológicos, de la acelerada y desbordante floración de doctrinas filosóficas.

“Frente al positivismo y relativismo que dominaron la última media centuria – afirma Ortega y Gasset-, la filosofía del siglo XX va reconociendo nuevamente a la razón un vasto poder de conquistar no pocas verdades absolutas, pero, a la vez, no puede desconocer su carácter originario de función vital entre otras innumerables. Nació, pues, la función intelectual, como las demás, para subvertir a la existencia orgánica y se va desarrollando al hilo de las urgencias vitales” (“Historia como sistema”).

La filosofía contemporánea empezó a partir de la disolución del sistema hegeliano, y se caracteriza por su complejidad y problematismo; por poner en cuestión la verdad misma, su consistencia y existencia, la dimensión filosófica de la realidad y la misma filosofía; por el desarrollo de una diversidad de corrientes y doctrinas, muchas de ellas en radical oposición.

Hay historiadores de la filosofía, como es el caso de Enzo Paci que piensan que la situación de la filosofía contemporánea está determinada en gran parte por la herencia de Kant y por las interpretaciones de la crítica kantiana que el pensamiento del siglo XIX ha dado según su criterio. Desde el comienzo, la obra de profundización del criticismo denuncia, en los filósofos que en él se inspiran, tanto la imposibilidad de no acepta la crítica tal cual es, como la imposibilidad de aceptarla. Kant había presentado la crítica también en función de propedéutica, de introducción a la filosofía. Desde este punto de vista, después de la crítica debía comenzar una nueva filosofía; pero Kant había demostrado también la imposibilidad de una filosofía metafísica: desde este otro punto de vista, la filosofía ya no parecía posible porque se reducía a la actividad misma de la crítica, es decir, al análisis y las condiciones de los límites del conocer. Si la crítica no es la filosofía, si no es un sistema filosófico, el problema consistía en proseguir la obra de Kant llegando a construir el sistema filosófico. El sistema debía basarse sobre un principio fundamental a partir del cual derivar todos los demás. A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX éste es el problema que parece imponerse (“La Filosofía Contemporánea”).

Antonio Cruz Prados, en su “Historia de la Filosofía Contemporánea”, luego de manifestar que esta etapa “constituye posiblemente la etapa más compleja de la Historia de la Filosofía”, señala lo siguiente: “Si la Historia de la Filosofía es –como se ha afirmado repetidas veces- la Historia del concepto de filosofía, de lo que los hombres han entendido por filosofía, la Historia de la Filosofía Contemporánea lo es máximamente. Cada teoría se presenta como un modo –el único- de hacer y concebir la filosofía, negando tal condición a las anteriores. La filosofía va convirtiéndose en actividades distintas, ya sea asimilándose a otros saberes racionales, o vinculándose a otros modos de experiencia no racional. El desacuerdo y la discusión se sitúan en las cuestiones radicales de la filosofía. Se ponen en cuestión su límite –rigor o vigor-; su objeto –un modo de la realidad o los otros saberes-; su finalidad –profundizar en el conocimiento o en el vivir, esclarecer la objetividad o la subjetividad-; su método –lógico o vivencial-; su prioridad –teórica o práctica”.

A. Cruz Prados, intenta caracterizar a la edad contemporánea de la filosofía en los términos siguientes: “Así, mientras unas (doctrinas) se afanan en definir el límite que ha de ceñir a la filosofía, otras intentan rebasarlo por doquier. Mientras unas adoptan una actitud prudente y desconfiada hacia todo absoluto, otras lo buscan como fundamento imprescindible, situándolo, a su vez, en instancias diferentes y contrarias. Si la Historia de la Filosofía es –como se ha afirmado repetidas veces- la Historia del concepto de filosofía, de lo que los hombres han entendido por filosofía, la Historia de la Filosofía Contemporánea lo es máximamente. Cada teoría se presenta como un modo –el único- de hacer y concebir la filosofía, negando tal condición a las anteriores. La filosofía va convirtiéndose en actividades distintas, ya sea asimilándose a otros saberes racionales, o vinculándose a otros modos de experiencia no racional. El desacuerdo y la discusión se sitúan en las cuestiones radicales de la filosofía. Se ponen en cuestión su límite –rigor o vigor-; su objeto –un modo de la realidad o los otros saberes-; su finalidad –profundizar en el conocimiento o en el vivir, esclarecer la objetividad o la subjetividad-; su método –lógico o vivencial-; su prioridad –teoría práctica-…NO sólo cuestiona qué sea la verdad, sino la verdad misma; no sólo su consistencia sino también su existencia. Pone en tela de juicio la dimensión filosófica de la realidad y la misma filosofía. Así la filosofía contemporánea da carta de naturaleza al absurdo, en el hombre y en el mundo” (“Historia de la Filosofía Contemporánea”)..

José Ortega y Gasset expresó: “Desde 1840 a 1900 puede decirse que ha atravesado la humanidad una de sus temporadas menos favorables a la filosofía. Ha sido una edad antifilosófica. Si la filosofía fuese algo de que radicalmente supiese prescindir, no es dudoso que durante esos años hubiera desaparecido por completo. Como no es posible raer de la mente humana su dimensión filosofante, lo que se hizo fue reducirla a un mínimum. Y toda la batalla –que, por cierto, será aún bastante dura- en que andamos trabados a la fecha consiste precisamente en salir de nuevo a una filosofía plenaria, completa; es decir, a un máximum de filosofía” ( “¿Qué es filosofía?”).

“En suma, recapitulando, - escribe José Ingenieros- cinco causas han determinado la crisis filosófica del siglo XIX: La persistencia de la mentalidad feudal en la sociedad moderna; la subordinación de los filósofos; la subordinación de las hipótesis metafísicas a los principios de la ética, no renovados todavía; la singular paradoja de llamarse metafísicos los que se proponen impedir la elaboración de nuevas hipótesis metafísicas y de repudiar esa denominación los que siguen construyéndolas; la confusión entre la historia de los sistemas pasados y la construcción de nuevos sistemas” (“Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía”).

Durante esta época la filosofía pierde determinadas parcelas de conocimiento a medida que las ciencias van estructurándose y se independizan de la filosofía. Con los grandes adelantos en la ciencia y la tecnología surge una nueva sociedad: la sociedad de la información y la comunicación o sociedad del conocimiento.

La filosofía durante la Edad Contemporánea demostró rasgos de escepticismo, agnosticismo, relativismo y crisis acentuada. Fue una época en que se anunció inclusive la muerte de la filosofía pero también su revitalización y relanzamiento en los ámbitos académicos.

Whitehead, Alfred North (1861-1947), llegó a decir que “la filosofía especulativa es un esfuerzo por configurar un sistema coherente, lógico y necesario de ideas generales, mediante las cuales puedan interpretarse todos los elementos de nuestra experiencia” y propuso la necesidad de reconocer una interrelación entre la filosofía y la ciencia para obtener ayuda mutua entre ellas.

En la Edad Contemporánea se habla de dos grandes corrientes del pensamiento filosófico: 1º. La filosofía analítica, centrada en el estudio del lenguaje, la lógica, la epistemología y la estructura de las teorías científicas; y, 2º. La filosofía hermenéutica, centrada en las cuestiones clásicas de la filosofía, en la política, la moral, los sistemas y problemas metafísicos

La filosofía analítica

La filosofía analítica, llamada también filosofía del lenguaje, es una corriente neoempirista y anti-idealista, que nace con Gottlob Frege a finales del siglo XIX y se desarrolla principalmente en Gran Bretaña, EE.UU., Australia, España, Francia, Italia y otros países. Se ocupa de la filosofía de las matemáticas, filosofía de la ciencia o epistemología, filosofía de la mente, la Lógica, la filosofía del lenguaje y la ética. Considera que la metafísica es un tema inapropiado para los filósofos y que dificulta la elaboración de un sistema propio de la filosofía continental.

Para los filósofos analíticos “la filosofía es más que todo una práctica de análisis lógico y análisis lingüístico y no un cuerpo de doctrinas… La filosofía es análisis. Frase, proposición, significado, indican desde muy temprano su carácter lingüístico. La actividad clarificadora de los enunciados es fundamental de la analítica” (Víctor Florián B., “Diccionario de Filosofía”).

La filosofía hermenéutica

El término hermenéutico proviene del griego hermeneuein, interpretar. Consiste en la reflexión filosófica sobre los símbolos religiosos, los mitos y sobre cualquier forma de expresión humana y que requieren de una “interpretación” y una comprensión. La existencia humana es un “signo” cuyo sentido, orientación, límite y posibilidad de futuro debe ser buscado por el filósofo.


Las escuelas filosóficas y los filósofos de la edad contemporánea

La filosofía contemporánea se desarrolla a través de una serie de escuelas filosóficas y filósofos que abordan diferentes problemas y postulan posiciones singulares:
Empiriocriticismo o machismo: Ernest Mach y Richard Avenarius.
Existencialismo: Sartre, Jaspers, Camus, Marcel, Heidegger y Merleu-Ponty.
Neopositivismo, positivismo lógico o filosofía analítica: Carnal, H. Reichenbach, Schlick, Tarski, Ryle, Ayer, Russell y Wittgenstein.
Neotomismo: Jacques Maritain y Etienne Wilson.
Hermenéutica filosófica: Hans-Georg Gadamer.
Marxismo: Carlos Marx, Federico Engels, Lenin, Stalin.
Neokantismo: Cohen, Cassier, Müller, Riehl.
Positivismo: Comte, Stuart Mill y Spencer.
Pragmatismo: Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey.
Fenomenología: Martrín Heidegger, Jean-Paul Sastre y Maurice Merleau-Ponty, De Waelhens, Levinas, E.Fink, E. Husserl.
Vitalismo o filosofía de la vida: Nietzsche, Klags, Dilthey y Bergson. Voluntarismo: Arturo Schopenhauer.


El positivismo

El término positivismo proviene del latín “positivus”, significa “positivo”, parte de la experiencia. Surge en contraposición al idealismo.

El positivismo es una doctrina filosófica de Comte y sus discípulos, que se funda en la segunda mitad del siglo XIX y llega a ser favorecida con los grandes progresos de las ciencias naturales, algunos críticos como F.M. Sciacca lo califican como la edad bárbara de la filosofía, precisamente por su carácter antimetafísico, irreligioso, materialista y determinista hasta la coronilla y porque hace perder al hombre el sentido de lo sobrenatural y porque pretende convertirse en “una religión de y para la Humanidad”.

Esta corriente destaca la importancia que las ciencias de la naturaleza tienen para la filosofía y rechaza los problemas metafísicos tradicionales (relación entre el ser y la conciencia, etc.) por no estar sujetos a comprobación experimental; considera la experiencia como fuente primigenia y única del conocimiento y como criterio de verdad y concilia el conocimiento científico con el conocimiento filosófico.

Según los positivistas no podemos conocer las cosas en sí mismas; podemos llegar a tener, sobre los fenómenos, juicios ciertos que tengan valor universal; el espíritu humano ha pasado por tres estados: el estado teológico o ficticio; el estado metafísico o abstracto; el estado positivo o científico; la ciencia positiva es la forma definitiva y única legítima del conocimiento; la teología y la metafísica no tienen razón de ser.

El positivismo niega a la filosofía su calidad de concepción del mundo por no ser susceptible de comprobación experimental; reconoce el desarrollo de la ciencia y de la fe religiosa; sostiene la incognoscibilidad de la esencia de los fenómenos; propone la eliminación de la metafísica por referirse a la existencia de seres suprasensibles o inobservables; plantea que los problemas filosóficos son insolubles y que la evolución es la ley suprema y constituye la ciencia de la realidad.

Augusto Comte (1798-1857). Augusto Comte es el fundador del positivismo. Esta doctrina filosófica niega la legitimidad de la filosofía como ciencia independiente, pero sí la considera como una disciplina científica. Formuló la siguiente interrogante ¿Qué quedará de la filosofía el día que las últimas ciencias se hayan desprendido de ella y adquirido plena autonomía? Según su fundador toda evolución del espíritu humano logra alcanzar una fase que él llama estado positivo o científico, en la que el espíritu intenta explicar los fenómenos relacionándolos con otros hechos. “Toda proposición que no pueda, finalmente, reducirse a un hecho particular o ley general, debe considerarse ininteligible”.

Para Comte la filosofía se diferencia de la ciencia únicamente por la generalidad de sus explicaciones; y que la solución de los problemas que la ciencia deja por resolver correspondería a la filosofía, o más exactamente, a la metafísica.


Spencer, Herbert (1820-1903). El filósofo inglés autodidacto, Herbert Spencer, es autor de la frase “La supervivencia del más apto” y llegó a diferenciar ciencia y filosofía al sostener que si “La ciencia es el conocimiento parcialmente unificado; la filosofía es el conocimiento completamente unificado”.


EL MARXISMO

Se denomina marxismo a la teoría filosófica de Carlos Marx y de Federico Engels surgida durante la década de 1840, es decir a mediados del siglo XIX. Esta teoría está expuesta con claridad y precisión por Marx en su obra “El Capital”.

El marxismo es la aplicación del materialismo dialéctico a los fenómenos históricos y sociales (materialismo histórico). El marxismo aplica el movimiento de la historia, la evolución de las sociedades, a partir de realidades económicas. Afirma que la materia eterna e infinita es el fundamento de todo cuanto hay y existe en la realidad. Asimismo, señala que las formas objetivas y universales de la existencia de la materia son: Tiempo, Espacio y Movimiento y que éstas existen en interacción mutua o relación dialéctica. La conciencia humana es producto de la materia organizada (cerebro). El conocimiento nace de la práctica y retorna hacia ella, pero transformándola. La sociedad se desarrolla en base a modos de producción siguientes: Comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo y capitalismo.

La filosofía marxista vincula la teoría con la práctica social; proporciona al hombre una concepción científica e integral del mundo: concepción social, política, económica, educativa e histórica y que es incompatible con todo tipo de dogmatismo.

La teoría social del marxismo se funda en los conceptos de determinismo económico y en el carácter clasista de la sociedad. Dentro de este escenario propicia la desaparición del Estado, de la propiedad privada, de la religión y propugna la instauración de una sociedad sin clases, donde no exista la explotación del hombre por el Estado y no haya desigualdades sociales, económicas ni políticas.

La lucha de clases, para el marxismo, constituye el verdadero motor de la historia, -la lucha de clases es la partera de la historia-, cuya radicalización es necesaria, inabdicable e impostergable para lograr la transformación de la sociedad, toda vez que según Marx “no puede abatirse ningún tipo de servidumbre sin abatir todo tipo de servidumbre”, por lo que se hace ineludible la supresión del régimen de propiedad privada por medio de su colectivización y la supresión definitiva del Estado. El marxismo asigna la función violenta al proletariado para derrocar a la burguesía, mediante la “dictadura del proletariado”, dictadura que se organizaba, implementaba y practica a través del Politburó o buró político integrado por lo más representativo de la dirigencia política.

“El materialismo histórico – escribe Alfredo Cruz Prados- es una forma de determinismo económico que se apoya en el supuesto de que la producción es la fuerza determinante de la historia. Marx lo formula tomando como punto de partida la distinción entre base económica y superestructura: el modo de producción (fuerzas productivas que relacionan al hombre con la Naturaleza y relaciones de producción que se establecen en torno al trabajo) condiciona toda la vida social, determinando sus organizaciones políticas y jurídicas, sus formulaciones filosóficas y sus creencias religiosas. Solamente la aplicación de este principio hace posible la comprensión real de las diversas etapas de la historia. Dijo Marx: “El conjunto de esas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (“Historia de la Filosofía Contemporánea”).

Para Marx el papel de la filosofía no sólo debe ser teórico sino también eminentemente práctico; no se trata ahora que la filosofía sirva para comprender, interpretar, explicar y dominar la naturaleza sino ante todo para transformarla en un lugar apropiado y en el cual pueda fructificar con creces la vida de los seres humanos.

Mientras Augusto Comte negaba la filosofía en nombre de la ciencia, Carlos Marx negaba la filosofía en nombre de la praxis. Decía: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, propiciando con ello que la filosofía se realice en la acción, del mismo modo que el hombre se realiza en el trabajo y la filosofía se realiza en la lucha del proletariado contra la burguesía, por cuanto la clase burguesa al quitarle al trabajador el producto de su trabajo le está quitando el derecho a su existencia misma.


MARX, KARL HEINRICH (1818-1883). Fundador del comunismo científico y del materialismo histórico y dialéctico. Conjuntamente con F. Engels son fundadores de la escuela filosófica denominada materialismo dialéctico. De las ideas de Hegel extrae las conclusiones más radicales y ateas, como aquella que dice: “La religión es el opio de los pueblos”.

ENGELS, FEDERICO (1820-1895). Filósofo socialista alemán, llamado por Lenin “el consejero y guía de los socialistas europeos”, fundador con Marx de la teoría del materialismo dialéctico e histórico y defensor del proletariado. Lenin dijo que “No es posible comprender el marxismo ni es posible exponerlo coherentemente sin tener en cuenta todas las obras de Engels”.

Engels es prolífico autor de las obras : “Principios del comunismo” que sirvió de base para la elaboración del “Manifiesto del Partido Comunista” de 1848; “La guerra campesina en Alemania”, “Revolución y contrarrevolución en Alemania”, “Ludwig y Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, el “Anti-Düring”, “El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado”, “Dialéctica de la naturaleza”, “Esbozo de una crítica de la economía política”, “La situación de la clase obrera en Inglaterra”.

Define la filosofía como “el arte milenario de operar con conceptos”. “Engels se niega decididamente a asignar a la filosofía el papel, que no le corresponde, de ciencia de las ciencias y hace hincapié en el valor metodológico de aquélla. Proporcionó a la filosofía una brújula para orientarse en los innumerables sistemas y escuelas del pasado al formular el problema básico de la filosofía y al poner de manifiesto el carácter de clase que ésta posee” (“Diccionario soviético de filosofía”).

“Engels demostró la necesidad de pasar de la pequeña economía campesina privada a la economía colectiva, y subrayó que este paso no se ha de realizar por la fuerza sino por medio del ejemplo y de la ayuda social. A la vez que indicó la necesidad de expropiar la gran propiedad territorial y la propiedad industrial capitalista, admitió la posibilidad de que se indemnizaran” indican Borísov, Zhamin y Makarova en su “Diccionario de Economía Política”.

GRAMSCI, ANTONIO (1891-1937). Filósofo marxista italiano, consideró que la postura del oficialismo soviético en materia de filosofía era decadente. Fue partidario de una filosofía de la praxis o historicismo absoluto, señaló que la actividad pensante es praxis y por tanto no debe ser concebido como algo separado de la realidad.

Expresó que la filosofía de la praxis en la “mundialización y terrenalidad absoluta del pensamiento, un humanismo absoluto de la historia”.

Para entender la historia, dice, no sirven las filosofías especulativas idealistas ni los viejos y obsoletos sistemas del marxismo vulgar; para la comprensión de la historia debería utilizarse el método dialéctico, que es la llave de acceso al conocimiento de la realidad.

Pensó que “la filosofía de la praxis ha nacido por pura casualidad en forma de aforismos y de criterios prácticos, porque su fundador dedicó sus esfuerzos intelectuales, en forma sistemática, a otros problemas, especialmente económicos, pero en estos criterios prácticos y en estos aforismos se halla implícita toda una concepción del mundo, una filosofía”.

ALTHUSSER,LOUIS (1918-1990. Es uno de los grandes teóricos del marxismo del siglo XX. Confesó ser “marxista en filosofía”; postuló una concepción de la filosofía marxista sobre la base de las obras de Carlos Marx y de Federico Engels y convocó a la elite pensante y militancia revolucionaria “volver a leer a Marx” en sus propias fuentes primigenias. Afirmó, sin titubeos, que “la filosofía es, en última instancia, la lucha de clases en la teoría” y que la ciencia requiere de la filosofía, de una práctica teórica para establecer las relaciones entre el sujeto y el objeto del conocimiento a fin de “abrirle camino” a la ciencia- El criterio de verdad de toda ciencia –según Althusser- está dado por la práctica, por su capacidad de transformar (praxis) la realidad que investiga. Denominó “idealista” o “ideología teórica” a la tesis filosófica que pone límites al conocimiento, y “materialista” o “ideología práctica”, a las que tienden a ampliarlo.

NEOPOSITIVISMO

Según Moritz Schlick (1882-1936) el neopositivismo o neoempirismo se define en los términos siguientes: “1) Oposición a toda concepción filosófica especulativa entendiendo por especulación toda teoría o doctrina que rebase la realidad respaldada por las ciencias positivas; 2. unificación de las ciencias y su método, rechazando cualquier corriente que pretenda dividirlas, por ejemplo, en ciencias naturales y ciencias de la cultura o del espíritu; 3. se propugna una filosofía científica con un lenguaje científico que evite todo pseudoproblema; 4. exigencia de una nueva lógica con antecedentes en la lógica matemática (Frege, Peano) y en la doctrina de Russell y Whitehead; 5. afirmación del carácter empirista de la nueva doctrina teniendo como modelo al filósofo David Hume”.

RUSSELL, BERTRAND (1872-1970). Filósofo y matemático británico, recurrió a la sociología, la psicología, la física y las matemáticas para refutar las doctrinas del idealismo; creía que los objetos percibidos por los sentidos poseen una realidad inherente al margen de la mente.

Llegó a decir que su propósito era “exhibir la filosofía como parte integral de la vida social y política; no como las especulaciones aisladas de individuos notables, sino como causa y efecto del carácter de las varias comunidades donde han florecido los diversos sistemas”.

Referente a los fines de la filosofía escribió lo siguiente: “La filosofía ha tenido, desde sus comienzos, dos objetivos diferentes, que se consideraban estrechamente relacionados entre sí. Por una parte tendía al entendimiento teórico de la estructura mundial; por la otra trataba de descubrir e inculcar el mejor modo de vida posible” (“Diccionario del hombre contemporáneo”).

Con respecto a la tarea histórica de la filosofía manifestó que “debería ser amplia y audaz en la sugerencia de hipótesis acerca del universo que la ciencia no está aún en condiciones de confirmar ni refutar. Pero éstas deberían ser siempre presentadas como hipótesis, no (como se hace frecuentemente) como certidumbres inmutables semejantes a los dogmas religiosos. Aunque, además, la construcción amplia es misión de la filosofía, yo no creo que sea la parte más importante. La parte más importante, a mi entender, consiste en la crítica y el esclarecimiento de conceptos que suelen ser mirados como fundamentales y aceptados sin crítica” (op.cit.).


EMPIRIOCRITICISMO

El empiriocriticismo, término que procede del griego y significa “experiencia” y “juzgar”, niega la existencia de las “cosas en sí” (realidad objetiva) y afirma que no se puede llegar a conocer la esencia de las cosas sino únicamente sus apariencias. Sus representantes máximos son Richard Avenarius y Ernest Mach.

Según esta corriente filosófica la ciencia únicamente se limita a describir cómo ocurren los acontecimientos; la Economía del pensamiento es el principio básico que rige el conocimiento científico, entendiendo por Economía del pensamiento el conjunto de conceptos, fórmulas, leyes y aclaraciones científicas que son producto de la mente y que no reflejan la realidad objetiva y que sólo sirven para satisfacer la necesidad del sujeto cognoscente; el conocimiento consiste en afirmaciones sobre contenidos que dependen de un sistema conceptual en el hombre en la forma de experiencia; el ideal del conocimiento es lograr una concepción del mundo enteramente empírica y la eliminación de todo dualismo y categoría metafísica; no admire diferencia básica entre lo físico y lo psíquico, sujeto y objeto, conciencia y ser.

VITALISMO

El término Vitalismo proviene del latín “vitales”, que significa “con vida”. El vitalismo, llamado también filosofía de la vida, surge en la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX.

El vitalismo es la doctrina filosófica que explica los fenómenos físico-químicos en un determinado organismo partiendo de un principio vital e intenta crear una cosmovisión global con el objeto de oponerse a la concepción científica del mundo. Niega le existencia de las corrientes filosóficas materialista y espiritualista. Considera la materia como un caso particular o límite de la vida y explica los procesos de la actividad vital a través de factores inmateriales insertos en los organismos vivos (entelequia, élan vital, impulso hacia la forma, etc.), es decir concibe la teoría del impulso vital o pansiquismo según la cual todo es vida y que todo se reduce a una cadena infinita o impulso vital Sostiene que el conocimiento sólo se logra obtener mediante la intuición. Exalta asimismo la voluntad irracional, el instinto, los impulsos y la intuición. Rechaza el conocimiento científico.

Esta corriente entiende por vida en sus sentidos biológico, biográfico e histórico. La filosofía vitalista entiende a la realidad como proceso y afirma que la base de la vida es la voluntad y la voluntad está por encima de la razón. Acepta la razón vital o histórica en reemplazo de la razón tradicional (abstracta, especulativa, científica). Exalta la vida como realidad radical, y afirma que la jerarquización de los valores permite determinar qué es malo y qué es bueno respecto al pensamiento y las acciones de los seres humanos.

Sus representantes máximos son Nietzsche, Klages, Dilthey, Bergson, Ortega y Gasset y Hans Driesch.

BERGSON,ENRIQUE (1859-1941). Filósofo parisiense, el más original, profundo y convincente del vitalismo del siglo XX, autor de la teoría del “Yo profundo” y descollante figura del intuicionismo, habiendo dotado al término intuición de base científica.

Surge en oposición al materialismo y determinismo psíquico o espiritualismo reinante en su tiempo y al deseo de desarrollar el principio de la intuición aplicado a los temas y problemas de la filosofía.

Bergson afirma que el hombre está dotado de dos clase de conocimiento: la inteligencia y la intuición. La inteligencia versa sobre el objeto material o la realidad física y a través de ella intenta concebir la realidad vital (orgánica o mental). Define la intuición como “simpatía intelectual” y “visión directa del espíritu por parte del espíritu” que nos transporta al interior de un objeto para coincidir con él en lo que tiene de único, de inefable; es el retorno consciente de la inteligencia al instinto. La intuición nos revela lo que los seres son en sí mismos, nos permite hacernos conscientes de nuestra libertad y nos hace capaces de alcanzar l´elan vital o “impulso vital” (fuerza creadora de la evolución biológica). Y a través de la intuición se manifiesta la vida mental, llega a concebir la realidad divina como un ser personal viviente y presente a la conciencia humana en forma de un Dios de amor. Por la inteligencia el hombre es capaz de fabricarse instrumentos artificiales y variar su fabricación, el hombre es originariamente “homo faber” y no “homo sapiens”; la inteligencia surge de la vida creadora y está orientada hacia los fines de la vida, hacia la conciencia. Considera, Bergson, que la misión de la filosofía se halla, no en la adopción parcial de uno de los dos tipos de conocimiento referidos, sino en la armonización de ambos.

ORTEGA Y GASSET, JOSÉ (1883-1955). El más grande y más leído de los filósofos españoles contemporáneos, tanto en su país como en el resto del mundo. Un serio problema por resolver es el hecho expuesto por Ortega y Gasset cuando dijo que “Los filósofos son todo menos eso- son políticos, son pedagogos, son literatos o son hombres de ciencia” y demandaba para salvar a Europa que “la filosofía impere, es decir, con que los filósofos sean filósofos”.

La doctrina de Ortega y Gasset es la filosofía de la razón vital, que ha sido definida en la expresión “Yo, soy yo y mi circunstancia”.

La razón –señala Ortega y Gasset- no puede independizarse de la vida ni éste de aquella. El Yo no puede existir independientemente de las cosas, el Yo no se encuentra nunca solo, sino siempre con las cosas, haciendo algo con ella, por tanto no hay cosas sin Yo y viceversa, pues hay una interdependencia entre las cosas y el Yo.

La razón, dice, es la facultad humana que procura en cada instante de la vida el conocimiento de las cosas que circundan al hombre; es una “función vital”, no es una función de razón pura; pues vivir es convivir, es estar cercado por la circunstancia y el universo, con sus problemas e inseguridades y ante las cuales el hombre usa de su razón para saber “ a qué atenerse en la vida”, para saber qué va a hacer para llegar a ser lo que se propone ser.

La vida es, compromiso, responsabilidad, compenetrarse de las cosas, es orientación, elevación y decisión frente a la vida y el mundo. La vida es vocación por un vivir plenamente, sorteando obstáculos, tomando decisiones, seleccionando entre este, aquello o lo otro para una vida ascendente. “Cada individuo es un punto de vista sobre el universo”.

FENOMENOLOGÍA

La fenomenología es una disciplina filosófica que funda la teoría del conocimiento en la investigación de las esencias tal como éstas se ofrecen a la intuición. Es característica de las esencias expresar la verdad de las cosas, no en tanto que seres u objetos tangibles y contingentes, sino en virtud de las funciones en que participan y les dan sentido y realidad.

Entre los máximos representantes están Kant, Hegel, Husserl, Peirce, Hartmann, Stumpf, Brentano, Meimin. El primero en aplicar el nombre “fenomenología” a una filosofía completa fue indiscutiblemente Edmundo Husserl en el siglo XX.

HUSSERL, EDMUNDO (1859-1938). Prominente filósofo, matemático y lógico alemán, discípulo de Brentano y creador de la fenomenología en cuanto método y sistema o cuerpo de doctrina filosófica. Contribuyó en gran medida al esclarecimiento de los tres grandes problemas de la filosofía: el del ser, el de la conciencia y el de la verdad.

El fracaso de las filosofías del pasado, según Husserl, radica en la falta de un verdadero método filosófico, en la indefinición de sus conceptos básicos, en el establecimiento de teoremas no demostrados y en la tendencia a construir sistemas acabados, definitivos, cerrados y divorciados de la realidad de las cosas. Para superar estas deficiencias y que le permitiera alcanzar el conocimiento absoluto, fundado sobre sí mismo y que fuera fundamento de una verdadera ciencia rigurosa y libre de presupuestos elaboró precisamente un nuevo método al que denominó la “epoché o reducción fenomenológica”.

La “epoché” es la puesta entre paréntesis o suspensión del juicio, y la “reducción fenomenológica” es su consecuencia, que conduce a desechar una serie de aspectos, situaciones o hechos, teorías, opiniones y creencias que conducen a presuponer el mundo, a afirmar una creencia existencial relativa a éste; y quedarse con otros más primarios y fundamentales a fin de dejar hablar a las “cosas” tal como se dan o se producen y sólo en cuanto se dan inmediatamente a la conciencia.

La fenomenología husserliana es la “ciencia de las esencias”, ciencia de objetos ideales según se den en la conciencia (“eidética”). Se propone aprehender y descubrir la esencia de los objetos (lo que los objetos son en sí) partiendo de lo inmediatamente dado, de los fenómenos y de los hechos empíricos, a fin de descubrir el principio último de toda realidad. Se trata, pues, de establecer “el comienzo de una filosofía en serio” y desarrollar una “actitud trascendental”.

Husserl indica que para la aplicación de este método el filósofo “deberá abstenerse de cree o de pensar acerca de la existencia espacio-temporal del mundo. Sólo mediante la suspensión la conciencia fenomenológica puede atenerse a lo dado en cuanto tal y describirlo en su pureza e integridad, entendiendo lo dado como correlato de la conciencia intencional. De tal modo que en este método no hay contenidos de conciencia (no hay psicologismo), sino únicamente fenómenos”. Asimismo, explica por qué no es una psicología sino una fenomenología de conciencia: “De tal manera, escribe Husserl, nosotros encontramos una ciencia, cuya enorme extensión nuestros contemporáneos no se representan todavía, que si bien es una ciencia de la conciencia no por esto es una psicología, sino que es, en cambio, una fenomenología de la conciencia, que se contrapone a una ciencia naturales de la conciencia” (“La filosofía como ciencia estricta”, 1910).

Ferrater Mora al explicar el método fenomenológico de Husserl afirma que “La fenomenología no presupone nada; ni el mundo natural, ni el sentido común, ni las proposiciones de la ciencia, ni las experiencias psicológicas. Se coloca “antes” de toda creencia y de todo juicio para explorar simplemente lo dado. Es como ha declarado Husserl, un “positivismo absoluto”.

VOLUNTARISMO

El voluntarismo es una doctrina filosófica surgida en el siglo XIX con Arturo Schopenhauer, como opuesta al intelectualismo.

Para esta doctrina la esencia del universo, de la realidad o de la existencia y de la actividad del hombre radica en la voluntad; la razón se subordina a la voluntad y no hay nada sujeto a la ley. Afirma que es imposible la cognición científica. Niega que la voluntad humana esté condicionada por el medio circundante.

SCHOPENHAUER, ARTURO (1788-1860). Filósofo alemán, calificó a su sistema de “dogmatismo inmanente” porque “sus doctrinas son muy dogmáticas, pero no van más allá del mundo dado en la experiencia, sino que tan sólo explican lo que es éste, el descomponerlo en sus últimos elementos”.

Este pensador silenciado e ignorado en su tiempo, frente a la filosofía hegeliana a la que todos acudían y reverenciaban, definió la filosofía “el conocimiento incondicional de la esencia del mundo”. La filosofía de Schopenhauer es de carácter intuicionista, artístico y voluntarista, puesto que descansa “en la intuición del mundo”, en el “arte” y en la “voluntad”, y no en el razonamiento a priori menos aún en la especulación conceptual. Dijo que “Mi filosofía, ha de distinguirse de todas las precedentes, si se exceptúa la de Platón…, en que no es precisamente una ciencia, sino más bien un arte”, el arte de ver e intuir la realidad por encima de las apariencias.

Concibió la vida del hombre como un “combate perpetuo, no sólo contra los males abstractos, la miseria o el aburrimiento, sino también contra los demás hombres. En todos los lados hay un adversario: la vida es una guerra sin tregua, y se muere empuñando las armas.. Pena, trabajo, tormento y miseria; tal es sin duda durante la vida entera el lote de la mayoría de los hombres… El mundo es el infierno, y divídanse los hombres en almas atormentadas y diablos atormentadores…A veces paréceme que la manera conveniente de saludarse de hombre a hombre, en lugar de ser “caballero”, “Señor”, etc., podría ser: “Compañero de sufrimientos, socius malorum, compañero de miserias, my fellow suffer”.

Son propias de Schopenhauer las expresiones siguientes: “Es el hombre el más necesitado de los seres; no es en absoluto más que voluntad, deseos encerrados, un conjunto de necesidades, y he ahí cómo vive en la tierra, abandonado a sí mismo, inseguro de todo, menos de la miseria, y de la necesidad que los atenaza.. Es necesario, en fin, que triunfe la muerte; porque le pertenecemos por el hecho mismo de nuestro nacimiento, y no hace sino juguetear con su presa antes de devorarla.. Querer es, en esencia, sufrir, y como vivir es querer, toda vida es sencillamente dolor. Cuanto más ilustrado, más sufre el hombre”

Y esta última: “Quien se mata ama la vida; no se queja sino de las condiciones bajo las cuales a él se ofrece. No renuncia, luego, a la voluntad de vivir, renuncia a la vida, de la cual destruye en su persona uno de los fenómenos pasajeros… Justamente porque no puede cesar de querer, cesa de vivir; y al suprimir en sí el fenómeno de la vida, se afirma en su deseo de vivir. Porque, justamente, el dolor al cual se sustraía, como mortificación de la voluntad, hubiese podido llevarle al sacrificio y a la liberación también”.

EXISTENCIALISMO

El término existencialismo fue creado por Heidegger en su obra “El Ser y el Tiempo” (1927).

Esta doctrina filosófica se caracteriza por tener como objeto de reflexión central la existencia o vida humana; por buscar la raíz óptica y ontológica del ser del hombre; por reconocer que la condición de incertidumbre de problemas y de peligros en que se encuentra el hombre revela la naturaleza o el tipo de realidad en que vive; por hacer consciente al hombre sobre su precaria y difícil situación vital, sobre su compleja, finita y moral naturaleza, sobre sus limitaciones, potencialidades, posibilidades y capacidades para comprender mejor, comprender y explicarse mejor sobre el sentido y la orientación que su vida pueda tener.

Entre los representantes máximos del existencialismo se consideran a Unamuno, Marcel, Kierkegaard, Heidegger, Sartre, Jaspers, Camus y Merleu-Ponty.

UNAMUNO, MIGUEL DE (1864-1936). El escritor y filósofo español Unamuno dice que sólo existe el “hombre de carne y hueso” (el ser concreto e individual). El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere, el que come, be y juega, el que duerme, piensa y quiere; el hombre que se va y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano. Así el hombre no se pregunta por el ser general y abstracto, sino por el ser individual y concreto.

MARCEL , GABRIEL(1889-1973). Filósofo existencialista católico, dramaturgo y crítico francés, postula una filosofía de lo concreto que reconoce que la encarnación del sujeto en un cuerpo y la situación histórica del individuo condicionan en esencia lo que es en realidad.

KIERKEGAARD, SÖREN (1813-1855). Según el filósofo existencialista cristaino danés la existencia humana se explica a través de tres estadios, esferas o etapas: el estadio estético, el estadio ético y el estadio religioso.

La etapa estética consiste en vivir sobre la superficie de la vida, en el plano sensible, procurando sólo el placer sin obligaciones ni compromisos. La etapa ética constituye una vida planeada, racionalizada, ceñida a reglas universales y necesarias, en ella la persona cumple con su deber y sus compromisos, une lo singular con lo general; para el hombre ético es más valioso el deber que el amor, la ley moral que la religión, la existencia social que la divinidad. En la etapa religiosa, que es la etapa superior a todos, aquí se vive lo auténtico, bajo el signo de la fe y la mirada de Dios, la fe viene a ser un medio de relación personal y subjetiva con Dios; en esta etapa la razón resulta absurda o contradictoria frente a los dictámenes de la fe.

HEIDEGGER, MARTÍN (1889-1976). Filósofo metafísico y existencialista alemán, admitió la ideología del nacional socialismo, es el creador de la llamada “Ontología existencial” que contempla la cuestión del sentido del ser por medio de un análisis de la esencia de la existencia humana. Todo el pensamiento de Heidegger gira en torno al tema del Ser y de su Existencia, de ahí deriva el nombre de “Ontología existencial”.

Este gran pensador alemán buscaba “resucitar” el filosofar genuino, el cual, pese a todas las apariencias, se ha perdido en el mundo occidental por causa de la pugna de la ciencia autónoma que disputa a la filosofía su especial posición (Herman Hausheer).

Para Heidegger, el primer problema de la Ontología es determinar cuál es el “ente” que debe ser interrogado y a esto se dirige la pregunta sobre el Ser. A esta pregunta responde afirmando que tal ente es el Hombre. Inicialmente dijo que no es el Ser el que está en la existencia; posteriormente afirmó que la existencia es el que está en el Ser, y el hombre resulta finalmente siendo el “pastor” del Ser, el que pastorea loe entes por cuenta del Ser.

Heidegger distingue tres clases, modos o formas de mundo: a) el mundo alrededor nuestro, constituido por el medio ambiente, el contorno geográfico y biológico de nuestra existencia; b) el “mundo con”, es el mundo de las relaciones e interrelaciones con los demás seres humanos en tanto que éstas nos afectan y modifican directamente; y, c) el mundo propio, es decir, el mundo de uno mismo, de sus relaciones consigo mismo.

SARTRE,JEAN-PAUL (1905-1980). Filósofo, escritor, ensayista, novelista y dramaturgo francés, representante del “existencialismo ateo”. Su filosofía es de corte existencialista, antropocéntrico, subjetivista y ateísta, pero de un existencialismo “humanista”.

Decía Sartre: “El existencialismo es un humanismo. El humanismo de este yo que soy yo; humanismo mío y de todos, porque todos son yo”. Reivindica la importancia de la interrelación entre imaginación y pensamiento, al considerar el comportamiento imaginativo “una función especial de la vida psíquica”, que tiene sentido y utilidad y que nunca es el resultado de la “asociación fortuita”.

Sartre sostiene que el hombre existe antes de ser. La existencia precede a la esencia, es decir, que la personalidad del hombre (su esencia) no constituye un destino, sino que la vida procede de una sucesión de elecciones libres que nunca llegan a justificarse totalmente. Sólo el hombre existe; las demás cosas son.

Para este prominente filósofo existencialista, el hombre está condenado a ser libre, es decir, no es libre de dejar de ser libre. El hombre es íntegramente libre y enteramente responsable de sus actos, absolutamente incondicionado. Sólo nuestros actos nos juzgan: son irreversibles. De hecho, somos una libertad que escoge; pero no escogemos ser libres, estamos condenados a la libertad. Yo estoy obligado a desear, al mismo tiempo que mi libertad, la libertad de los otros. El hombre es lo que él hace de sí mismo. Por lo tanto, afirma Sartre, nuestra ética debe consistir en querer ser libres, en serlo nosotros y en querer que los demás lo sean; en obrar en todo momento para que esta libertad se realice de modo efectivo.

CAMUS, ALBERT (1913-1960). Filósofo y escritor francés, adquirió notoriedad por sus obras “El mito de Sísifo” (1943) y su obra filosófica “El hombre rebelde”, esta última abrió polémica con Jean-Paul Sartre por su crítica al comunismo. A la pregunta ¿qué es un rebelde? Camus responde: “Un rebelde es un hombre que dice no”. “Las ideas éticas de Camus se hallan saturadas de un pesimismo extremo: el hombre siempre se encuentra en una “condición absurda”, en “situaciones absurdas” (celos, ambición, egoísmo) y su destino es una actividad sin sentido y sin objetivo” (Rosental-Iudin, “Diccionario Filosófico”).

HISTORICISMO

El historicismo, surgido con Dilthey, Croce, Ortega y Gasset, Troeltsch, Vico y Simmel, es la interpretación y la explicación de la conducta de las instituciones humanas como productos de circunstancias históricas. Es así cómo todos los productos espirituales del hombre: ciencia, arte, religión, filosofía, moral, etc., tienen un carácter histórico. La filosofía se ocupa en explicar históricamente sus problemas, vale decir, desde el punto de vista de su desarrollo histórico.

DILTHEY, WILHELM (1833-1911). Sostiene que la filosofía es una “ciencia de las ciencias”, vale decir “doctrina de la ciencia” que comienza por el análisis de la conciencia y que sólo este análisis proporciona la esencia de la vida natural y del espíritu partiendo de las vivencias inmediatas del Yo. Para Dilthey, la verdadera filosofía es la filosofía de la filosofía, en la que como hecho histórico, la filosofía se convierte en objeto de sí misma y en ella se dan tres tipos de concepciones del mundo, que se repiten a través de la historia de la humanidad: materialismo, idealismo objetivo e idealismo de la libertad. Con Dilthey la filosofía deja de ser un sistema más y logra abarcar todos los sistemas históricamente dados. Por tanto, según la concepción diltheana, existen filosofía pero no filosofía, toda vez que la filosofía según la época y el lugar toa dignificados diversos.

“En el concepto de filosofía – expresa Dilthey – existe no sólo un contenido universal, sino también una conexión de la filosofía, una conexión histórica. Los filósofos encaran directamente ante todo el enigma del mundo y de la vida; y en esa ocasión surgen los conceptos que forman de la filosofía; cada posición que toma el espíritu filosófico en el curso ulterior vuelve a referirse a este problema fundamental,, cada trabajo filosófico vivo nace de esta continuidad, y el pasado de la filosofía actúa en cada uno de los pensadores de manera tal que aún allí donde se desespera por la solución del gran enigma, determina su nueva posición. Así todas las posiciones de la conciencia filosófica, todas las determinaciones del concepto de la filosofía en que se expresan estas posiciones, constituyen una conexión histórica”. (“Esencia de la filosofía”).

CROCE, BENEDETTO (1866-1952). Es uno de los filósofos italianos más representativos de época contemporánea, para quien la filosofía tiene por objeto el estudio de su propio proceso dialéctico, distinguiendo en este proceso cuatro grados: el arte (intuición), la filosofía (concepto), la economía (precepto) y la moral (bien). “Postula la identificación entre filosofía e historia: todo filósofo es historiador y viceversa, y en toda filosofía está contenida la historia, pues aquélla no es más que un momento concreto en la metodología historiográfica” señala Vicente Villacampa en su enciclopedia “Filosofía y Lógica” (España, edición 1981-82).

HUSSERL, EDMUND (1859-1938). Filósofo alemán, iniciador de la filosofía denominada “fenomenología”. En opinión de este filósofo “La fenomenología es un idealismo que no consiste más que en la autoexplicitación de mi ego como sujeto de todo posible conocimiento, llevada a cabo de modo consecuente en la forma de una ciencia egológica sistemática, y esto con respecto al sentido de todo lo que es, que debe poder tener justamente un sentido para mí, el ego”. Explica, asimismo, que la fenomenología se dedica a describir las cosas en sí mismas y no a inventar teorías.

KORN, ALEJANDRO (1860-1936), filósofo de verdad, una de las figuras más importantes de la filosofía argentina, rompe con el positivismo proclamando la supremacía de la libertad y de los valores en defensa de la dignidad del hombre: “La nueva filosofía ha de libertarnos de la pesadilla del automatismo mecánico y ha de devolvernos la dignidad de nuestra personalidad consciente, libre y dueña de su destino. No somos la gota de agua obediente a la ley del declive, sino la energía, la voluntad soberana que rige al torrente. Si queremos un mundo mejor, lo crearemos”.

BLONDEL, MAURICE (1861-1949). Llamado “el filósofo de la acción”, pensó que la filosofía tiene que “impedir al pensamiento idolatrarse, mostrar la insuficiencia y la subordinación normal de la especulación, iluminar las exigencias y los senderos de la acción, preparar y justificar las vías de la fe”.

SPENGLER, OSWALD (1880-1936). Filósofo alemán, escribió su obra cumbre “La decadencia de Occidente” (1918) en la que trató de demostrar que cada cultura individual tiene un “alma” única o pensamiento y que todas las culturas pasan por un ciclo vital de crecimiento y de decadencia comparable al ciclo biológico de los organismos vivos. En esta obra Spengler explica su concepción acerca de la historia. Confiesa en el prólogo de la obra que “se intentaba, por primera vez, predecir la historia” y niega que haya una historia universal entendida como proceso único.

“La historia humana no es sino el conjunto de enormes ciclos vitales, cada cual con un yo y una personalidad”. Los “enormes ciclos vitales” son las distintas culturas, que sufren procesos semejantes a los de los organismos vivos. Según Spengler, “nacimiento, muerte, juventud, vejez, duración de la vida” son conceptos que tienen, en historia, sentido semejante al que tienen en el campo de la biología.

Para Spengler cada cultura es un organismo de vida limitada en el tiempo. Una cultura, como todo organismo, tiene forma y duración determinada; está destinada a perecer; y así como han perecido las grandes culturas anteriores, perecerá, también nuestra cultura occidental a la que pertenecemos.

“Cada cultura imprime a su materia, que es el hombre, su forma propia; cada una tiene su propia idea, sus propias pasiones, su propia vida, su querer, su sentir, su morir propios”.

Las culturas perecen cuando alcanzan lo que se llama su civilización, que es su grado más extremo: su decrepitud, es el paso de lo orgánico a lo inorgánico, de la vida a la muerte. Y el símbolo típico de la decadencia que anuncia la muerte –dice Spengler- es el imperialismo. Este produce la petrificación de las culturas. El imperialismo que es civilización ya sin cultura, es la condena a muerte del organismo histórico.

Así como la cultura griega pasó a la civilización en sus sucesores los romanos; eso sucedió en el siglo IV; en el siglo XIX se convierte en civilización la cultura occidental, que va a morir como también murió la cultura griega, y como murieron todas las demás.

ZUBIRI Y APALÁTEGUI, XAVIER (1898-1983). Filósofo español, discípulo e Ortega y Gasset y de Juan Zaragüeta, hombre de vasta cultura y de gran temperamento metafísico, asume una posición de plena autonomía en su especulación personal” (R.P. Ceñal), se ocupó de analizar y explicar la realidad a partir de las interrelaciones entre la filosofía, la ciencia y la religión. “La filosofía – ha escrito en “Naturaleza, Historia, Dios”- no es una ocupación suplementaria, ni tampoco la mejor ocupación del hombre, sino un modo fundamental de su existencia intelectual”. Para él, la vida humana no es un simple “hecho” ni un puro “posible”, sino una “misión” impuesta al hombre por una fuerza superior que es Dios. Es que el hombre está “religado” a algo que no es exterior ni constitutivo sino que le hace ser; en resumen, el hombre se encuentra no sólo “arrojado al mundo” como enseña el existencialismo, sino también “religado” por su raíz a un fundamento esencial, Dios. El hombre – dice- va las cosas y las encuentra, en tanto que es en Dios y viene de él, sin poder encontrarlo, pues no es una cosa. Para Zubiri el ser humano se define como “animal de realidades”, que tiene una “inteligencia sentiente” y su función primera radica en enfrentarse de un modo sentiente con la realidad de las cosas. La inteligencia permite que el ser humano realice la aprehensión primera de las cosas como reales y esta aprehensión se expresa a través del logos.

MARCUSE, HERBERT (1898-1979). Prominente filósofo alemán nacionalizado norteamericano, Habermas lo calificó como “Maestro celebrado de la Nueva Izquierda” y como “El filósofo de la rebelión juvenil”. Afirma que los males sociales solamente pueden superarse si se renuncia al proceso democrático liberal, y en las que los más grandes desafíos proceden de estudiantes y grupos minoritarios y no de trabajadores comprometidos con el statu quo. Postula que la filosofía tiene por misión concreta defender la existencia del ser humano que ahora más que nunca se halla amenazada por el capitalismo alienante y deshumanizador. Preconizó y defendió la construcción de una próspera civilización no represiva, en la que se viva la felicidad del Eros liberado, la lógica de la satisfacción y no ya la de la represión, en la que se despliegue el trabajo libidinal y no alienado, el juego, la sexualidad libre y abierta. Convencido estuvo que el capitalismo producía alienación, consumismo, productivismo, pérdida de sentido crítico en el hombre, mass media alienadores, publicidad intoxicante, imposición de un modelo de opresión y de dominación, y que dieron origen a un tipo singular de hombre al que denominó “El hombre unidimensional”.

LÉVINAS, ENMANUEL (1905-1995). Filósofo lituano, dice que “En lugar de actividad teórica, acción práctica, y en lugar de dedicarse a pensarse a sí mismo, el hombre debe preocuparse del prójimo”. Consideró a la Ética como la filosofía primera y a través de la cual las demás ramas de la metafísica adquieren sentido.

Para Lévinas el sujeto no es un ser constituido, sino que se constituye en la medida en que entra en relación con el Otro. El Otro es siempre anterior a mí. Se nota así en Lévinas una postura de descentralización o de trascendencia del Yo y de la conciencia en cuanto el Yo se debe al Otro y el Otro es el que constituye el Yo. Dijo, entonces,: “Doy totalmente solo, así, pues, el ser en mí, el hecho de que existo, mi existir, es lo que constituye el elemento absolutamente intransitivo, algo sin intencionalidad ni relación. Todo se puede intercambiar entre los seres, salvo el existir”

POPPER, KARL RAIMUND (1902-1994). Filósofo de la ciencia, británico y de origen austriaco, criticó la idea prevalerte de que la ciencia es en esencia inductiva; propuso un criterio de comprobación que él denominó “falsabilidad”, para determinar la validez científica; subrayó el carácter hipotético-deductivo de la ciencia. Manifestó que las teorías científicas son hipótesis a partir de las cuales se pueden deducir enunciados comprobables mediante la observación; si las observaciones experimentales revelan como falsos esos enunciados, la hipótesis es refutada y si una hipótesis supera el esfuerzo de demostrar su falsedad, puede ser aceptada al menos con carácter provisional; por tanto, ninguna teoría científica puede ser establecida de una manera concluyente o definitiva.

ZAMBRANO, MARÍA (1907-1991). Filósofa española, discípula de Ortega y Gasset, dijo que la filosofía no era sólo una cuestión de conceptos, sino ante todo de símbolos que deben abordar los problemas esenciales de la trascendencia y los grandes misterios de la vida humana.

ZEA, LEOPOLDO (1912-2004). Eminente filósofo mexicano y discípulo de Ortega y Gasset, señalaba que la filosofía debe ser “una filosofía de la acción, encaminada a subvertir, a cambiar un orden en el que la auténtica esencia del hombre ha sido menoscabada”.

MARÍAS AGUILERA, JULIÁN (1914-2005). Insigne filósofo católico español y distinguido discípulo de José Ortega y Gasset, piensa que la filosofía debe estar unida a las circunstancias de la vida real, debe estar presidida de la denominada “razón vital”, que debe tener siempre un carácter radical y sistemático, considerar siempre las circunstancias de la vida y ofrecer razones para entender la realidad. Este filósofo afirma que las experiencias concretas de la vida humana se unen al carácter circunstancial en el que ésta se desarrolla; el método filosófico que aplica es el método orteguiano de la razón vital.

GORTARI, ELI DE (1918-). Filósofo mexicano, expresó que la filosofía debe actuar con rigor científico, considerando los datos de las ciencias y ayudando a forma una imagen auténticamente científica del universo de carácter general y crítico; destacándose así la filosofía por su carácter crítico respecto a la ciencia y al comportamiento humano.

BUNGE, MARIO (1919-). Filósofo, epistemólogo y físico argentino, considera que el objeto de la filosofía son las Ideas: “Ideas acerca de la naturaleza, la mente, la sociedad y las matemáticas. La filosofía –dice Bunge- se ocupa de cosas concretas solamente en forma indirecta a través del conocimiento que proveen las ciencias y las técnicas”. Y al convocar a los latinoamericanos hacia un trabajo filosófico más serio y responsable manifiesta que “Hay que hacer filosofía y no solamente aprender la filosofía que hicieron otros. Hay que hacer investigaciones originales, pues no podemos ni debemos quedarnos en la repetición libresca”.

En el año 2001 declaró que “La filosofía no ha muerto, pero está gravemente enferma”, frente a Richard Rorty y otros que afirmaron que la filosofía está muerta. En su libro “Crisis y reconstrucción de la Filosofía” señala los diez motivos principales de la crisis actual de la filosofía: 1) profesionalización excesiva; 2) confusión entre filosofar e historia; 3) confusión de oscuridad con profundidad, al estilo de Wittgenstein; 4) idealismo (por oposición al materialismo y al realismo); 5) atención exagerada a mini problemas y juegos académicos; 6) formalismo insustancial y sustancialidad informe; 7) fragmentarismo y aforismo; 8) enajenamiento de los motores intelectuales de la civilización moderna; 9) la ciencia y la técnica; y, 10) permanencia en la torre de marfil.

SAVATER,FERNANDO (1947-). Filósofo español y escritor prolífico, de infatigable pluma y verba, ensayista, polifacético, incisivo y heterodoxo, articulista permanente del diario El País y director de la revista Claves., es autor de más de cuarenta y cinco libros. Se define como un “filósofo de compañía”, aunque es llamado el Sartre español. Defiende la verdad objetiva como “elemento imprescindible para una mente sana”, mediante unos métodos de “conocimiento adecuado”. El profesor Ángel Casado Marcos lo catalogó como “uno de los intelectuales más comprometidos contra el terrorismo”, en defensa de la dignidad de las personas y los derechos integrales del ser humano, para hacer más humana la vida de todos. Llegó a formar parte del Movimiento por la Paz y la Tolerancia, la Iniciativa Ciudadana Basta Ya y de la Coordinadora de Presos en Lucha. Filósofo de amplio bagaje cultural, incursiona en los campos de la ética, la estética, la educación, la política y los problemas fundamentales del hombre. Aborda temas importantes como los relacionados con la naturaleza, la muerte, el universo, la libertad y la justicia; se propone poner la sociedad al servicio de los fines del individuo “rescatándole de su sacrificio irrestricto y ciego”.

“Yo no me siento un Filósofo (con mayúscula), y aún sigo teniendo respeto por las figuras que encarnan la filosofía” declaró a la revista Quirón. Más adelante dijo: “El filósofo tiene la obligación de cumplir con ciertos requisitos para entrar dentro de una tradición, y es por eso que utiliza un lenguaje específico, atiende a una problemática consagrada, se mide con algunos nombres reconocidos, etc. De alguna forma se siente eslabón de una cadena a la cual le debe fidelidad y respeto, y al mismo tiempo no está habilitado para inventar la filosofía en cualquier momento. Yo he sido más bien un dilettante, tal vez un philosophe a la manera francesa (con minúscula y ph). Indudablemente me siento vinculado con esta tradición, porque me han gustado muchas cosas”.

Respecto a la ética es defensor de una ética del querer en contraposición a una ética del deber. Al respecto expresó que en la época actual ha perdido interés “Porque la ética ha quedado convertida en código, en formalización, en juego lingüístico (a veces puramente verbal), y ha olvidado su trasunto donde se fraguan los deseos y por lo tanto los valores. Yo he tratado de retomar esos motivos y ponerlos en primer plano, para revitalizar a una ética ya decrépita”.

Su filosofía es de corte vitalista y de estilo polémico, agudo, incisivo, irónico e iconoclasta.